¿Cuántos sistemas de citación conoces?

Un trabajo de investigación sigue ciertas normas en cuanto al citado de fuentes. Pero ¡atención! No todos los sistemas son iguales.

Conocer los diferentes sistemas de citación no solo es primordial para llevar una investigación por el mejor camino, sino que además le da un gran valor agregado al investigador.

Cuando se conocen y dominan los estilos de citación, el profesional es capaz de elegir el más adecuado, de acuerdo a la disciplina y el tema que aborda. A continuación te dejamos una lista de los principales sistemas de citado de información.

APA (American Psychological Association)

Este sistema es predominante en la mayoría de trabajos y el más conocido. Se emplea en ciencias sociales como Psicología, Sociología, Educación, Economía y Derecho.

Su base es el sistema autor-fecha, usado para facilitar la identificación rápida de la fuente en el texto y que el lector pueda consultar la referencia completa al final. Por ejemplo, en un texto se citaría de la siguiente manera: (González, 2020).

Chicago

Este sistema tiene dos variantes. La primera es el sistema de notas con bibliografía. Es común encontrarlo en humanidades, especialmente Historia, Literatura y artes, donde las fuentes se citan en notas a pie de página o de fin de texto.

Un ejemplo de esta primera modalidad podría ser el siguiente: David García, Historia de la literatura española (Madrid: Ediciones Clásicas, 2017), 129. Muy recomendado para citar ibros, artículos, documentos, fuentes electrónicas y archivos históricos

Por otro lado, tenemos el sistema autor-fecha, usado especialmente en ciencias naturales y sociales.

Vancouver

Suele usarse en Medicina y Ciencias de la Salud. Emplea un sistema numérico que asigna un número correlativo a cada fuente citada, que se repite cuando se vuelve a citar.
Por ejemplo, tenemos el siguiente enunciado: El estudio muestra una mejora significativa (1). Por tanto, la referencia sería:

  1. Smith J, Brown P. Clinical trials in cardiology. Journal of Medicine. 2018;12(3):123-30.
    Este sistema facilita la lectura de textos densos en citas bibliográficas y se adapta muy bien a publicaciones científicas.

MLA (Modern Language Association)

Utilizada en Literatura, Lingüística y estudios culturales, la cita en el texto incluye el apellido del autor y el número de página, sin coma ni año: (Gómez 102). En la bibliografía, una referencia podría ser:
Gómez, Luis. Teoría literaria contemporánea. Ediciones Babel, 2019.
Es común para citar textos literarios, ensayos y fuentes que necesitan una referencia precisa a páginas, siendo muy usada en análisis detallado de textos.

La huella de carbono editorial: un tema urgente que el Perú debe empezar a discutir

Poca es la discusión en el país en torno a los efectos ambientales que genera la producción de un libro. En este artículo, el editor Dante Antonioli abre el debate, tomando como punto de partida las fases iniciales del proceso editorial.

Por Dante Antonioli

Durante muchos años he trabajado en distintos frentes del mundo editorial: edición de mesa, corrección, diseño, maquetación, acompañamiento de autores, comercialización, consultorías, formación y proyectos de investigación. Siempre he intentado ver la industria en su conjunto y anticipar hacia dónde se mueve. Dentro de este movimiento, había un tema ineludible que decidí investigar hace muy poco: la huella de carbono y el impacto ambiental del libro.

Empecé a leer materiales dispersos, experiencias internacionales, reportes técnicos que apenas mencionaban a la industria cultural. Pero la verdadera claridad llegó recientemente, cuando el Cerlalc (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe) publicó La huella ambiental del libro, un estudio exhaustivo que analiza el ciclo de vida completo de un libro producido en Colombia (https://acortar.link/gfabXV).

El documento, riguroso y metodológicamente sólido, confirmó varias intuiciones que ya venía explorando: nuestros libros tienen un impacto ambiental real, medible y complejo; y todavía sabemos muy poco sobre él.

Este artículo nace, justamente, de ese proceso personal: de ir encontrando piezas sueltas, de intentar comprender este tema en un sector que casi no lo discute y de la convicción de que el Perú necesita empezar a conversar, y pronto.

¿Qué es la huella de carbono editorial?

La huella de carbono editorial evalúa las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a todas las etapas del ciclo de vida del libro, desde la extracción de materias primas hasta su disposición final. Esto incluye lo siguiente:

  • La producción del papel, tintas, colas, cartones y empaques
  • La impresión, los acabados y los procesos industriales
  • El transporte, almacenamiento y distribución
  • Las devoluciones y los libros destruidos
  • El uso, el reciclaje o la disposición final
  • La infraestructura digital que sostiene ebooks, audiolibros, plataformas y servicios en la nube.

En otras palabras, no se trata solo de la impresión, no se limita al papel, ni se resuelve cambiando un insumo por otro. El libro no es solo un objeto cultural, sino también un objeto material que deja una huella ambiental en cada paso.

El aporte del estudio del Cerlalc

El análisis realizado por el Cerlalc representa, quizá, el primer estudio sistemático y de alcance nacional que se publica en América Latina sobre el tema. Y sus hallazgos son clave para entender por dónde empezar. Analicemos algunas de ellos.

  • El mayor impacto está en las materias primas, especialmente en la fabricación del papel.
  • La impresión digital y offset no muestran diferencias tan grandes por ejemplar como solemos imaginar; el tipo de papel pesa más que la tecnología.
  • Muchos impactos ambientales no tienen que ver con emisiones de CO₂, sino con categorías como toxicidad humana, eutrofización o agotamiento de recursos.
  • La recolección de datos es difícil, pero posible, si hay colaboración entre editoriales e imprentas.
  • Las decisiones de diseño editorial y la planificación de tirajes influyen más de lo que pensamos.

Que exista este estudio colombiano es una buena noticia: contamos con una base sólida desde la cual el Perú puede comenzar a aprender, comparar y adaptar.

Por qué este tema importa para el Perú

Nuestro mercado editorial enfrenta limitaciones estructurales: tirajes reducidos, altos costos logísticos, devoluciones frecuentes, infraestructura desigual, papel importado, procesos heterogéneos entre imprentas y una cadena del libro muy fragmentada. Todo ello significa que no conocemos nuestra propia huella y, sin medición, no hay diagnóstico; sin diagnóstico, no hay mejora.

Además, los lectores jóvenes son cada vez más sensibles a temas ambientales, las regulaciones internacionales ya están cambiando, como el Reglamento Europeo sobre Productos Libres de Deforestación (https://acortar.link/ed8bxE), que afectará directamente las cadenas globales de papel y derivados) y las industrias culturales del mundo están incorporando la sostenibilidad como criterio básico de gestión. El Perú no puede quedarse fuera de esta conversación.

Mitos que debemos abandonar

A medida que profundizo en el tema, encuentro ideas que necesitan matices:

  • El libro digital no contamina. No es tan simple: depende del uso, de los dispositivos y de la infraestructura digital.
  • El impacto está solo en la imprenta. El papel, el transporte y las devoluciones pesan muchísimo.
  • Lo sostenible es más caro. A veces sí, pero muchas veces implica simplemente planificar mejor.
  • No podemos hacer nada. Siempre hay puntos de mejora; incluso los más pequeños suman.

¿Por dónde empezar? Pasos alcanzables para la industria peruana

No se trata de transformar todo de un día para otro, sino de comprender y avanzar gradualmente. A continuación, les dejo algunas acciones iniciales:

  • Medir consumos internos (energía, papel, transporte).
  • Dialogar con proveedores sobre papeles certificados o alternativas renovables.
  • Optimizar tirajes y reducir sobreproducción.
  • Disminuir devoluciones mediante planificación más fina.
  • Evaluar el uso de POD (print on demand) para ciertos títulos.
  • Capacitar equipos en ecoedición y sostenibilidad aplicada al libro.
  • Son pasos modestos, pero abren camino.

Hacia una conversación más profunda

Mi intención es explicar de manera clara qué significa medir la huella de un libro, qué metodologías sirven, cómo interpretarlas y qué podrían hacer las editoriales peruanas —grandes, medianas y pequeñas— para prepararse.

Si el estudio colombiano muestra algo, es que necesitamos datos locales, acuerdos sectoriales, diálogo entre imprentas y editoriales y una agenda que mire la sostenibilidad no como un obstáculo, sino como un camino de mejora.

El libro tiene un enorme valor cultural. Cuidar su impacto también es cuidarlo a él.

Feria del Libro Ricardo Palma regresa desde el 21 de noviembre

El evento literario más tradicional y emblemático de Lima llega en una nueva edición, con diversos eventos para todo tipo de lectores.

La Feria del Libro Ricardo Palma celebrará dentro de poco su edición número 46 en el parque Kennedy de Miraflores. Del 21 de noviembre al 9 de diciembre, lectores de todas las edades encontrarán miles de títulos, así como más de 150 actividades culturales en las que podrán participar de manera libre.

Por ejemplo, por primera vez se presentarán clubes de lectura, lo cual supone una oportunidad para aquellos lectores que gustan de comentar lecturas y conocer a nuevos autores de la escena literaria.

En tanto, las presentaciones de libros, así como conversatorios y talleres estarán presentes en esta edición que contará con invitados especiales como Alonso Cueto, Karina Pacheco, Cecilia Bákula, Ricardo Sumalavia, José Carlos Yrigoyen, entre otros.

A su vez, en la feria se le rendirá un tributo a Gaby Cevasco, periodista y escritora autora de tres libros de cuentos y un poemario, recientemente fallecida.

La feria abrirá sus puertas de lunes a domingo, de 11:00 a.m. a 10:00 p.m. Las actividades culturales y presentaciones comenzarán desde el mediodía.

«Diccionario panhispánico de dudas»: a veinte años de su publicación

Constituido por más de siete mil entradas distribuidas entre artículos temáticos y específicos, esta obra continúa siendo un material de consulta imprescindible en la industria editorial.

En el año 2005, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) publicaron el Diccionario panhispánico de dudas (DPD) con el objetivo de resolver y aclarar algunas dudas frecuentes sobre el uso correcto de la lengua española.

Las entradas que lo componen tratan algunas cuestiones generales como acentuación, puntuación o uso de mayúsculas, así como temas específicos sobre construcciones que generan vacilaciones. También incluye apéndices acerca de conjugaciones verbales, abreviaturas, símbolos, gentilicios y glosarios de diversos términos lingüísticos.

En la actualidad, el DPD es respaldado por las 23 academias asociadas y ha sido adoptado como norma básica por medios de comunicación de España y América. A veinte años de su publicación, se ha convertido en material de consulta indispensable en el trabajo de editores y correctores de textos.

Antes de su aparición, los profesionales del sector editorial absolvían sus dudas mediante diccionarios normativos o publicaciones que no siempre recogían las problemáticas del momento o fenómenos lingüísticos fijados fuera de la norma. Por ello, el Diccionario panhispánico de dudas cubrió esta necesidad, pues reflejaba el estado actual de la lengua.  

La nueva edición del Diccionario Panhispánico de Dudas

En junio de 2025, por los veinte años de su aparición, la RAE presentó la segunda edición ampliada y actualizada del DPD. Esta nueva edición contiene 370 nuevas entradas, de las cuales 368 son artículos no temáticos (con neologismos y extranjerismos) que reflejan los cambios lingüísticos de los últimos años. En tanto, ocho de ellos (temáticos) resuelven dudas en torno a gerundios y prefijos.

En total, se citaron 3260 obras y 399 publicaciones periódicas, abarcando diversos territorios como Filipinas y Guinea Ecuatorial. En su vigésimo aniversario, se destaca la vitalidad y capacidad del DPD para adaptarse a los diversos cambios que afectan al español, con un fuerte arraigo panhispánico.

Exintegrante de Milli Vanilli es nuevamente nominado al Grammy

Fab Morvan, exmiembro del controvertido dúo que desató polémica en 1990, ha sido nominado a los Grammy 2026, lo que ha dejado atónito a más de uno.

El 21 de julio de 1989, en la ciudad de Connecticut, Fab y Rob Morvan, vocalistas de la banda Milli Vanilli, ofrecieron un concierto que determinaría el final de la banda. Durante la interpretación del tema «Girl You Know It’s True», el sistema de sonido falló, lo cual reveló ante el público que el dueto utilizaba playback en sus presentaciones. Por si fuera poco, ambos artistas obtuvieron el Grammy de 1990 en la categoría al mejor artista revelación, sin embargo, la organización de los premios les quitó el galardón.

De derecha a izquierda: Rob y Fab Morvan cuando recibieron el Grammy en 1990

Los años pasaron y ahora Fab Morvan ha vuelto por la puerta grande a los Grammy. Y es que el artista ha sido nominado en la categoría de Mejor Audiolibro, Narración y Grabación, por sus memorias Sabes que es verdad: la verdadera historia de Milli Vanilli. En dicha categoría, Morvan compite con el Dalai Lama (Meditaciones: reflexiones de su santidad el Dalái Lama), Kathy Garver (Elvis, Rocky & Me: The Carol Connors Story), entre otros

Sabes que es verdad: la verdadera historia de Milli Vanilli, el audiolibro de Fab Morvan

En el rubro editorial los audiolibros han tomado relevancia, debido a que se han convertido en una opción de lectura alternativa. Así, desarrolladores de contenido echan mano de este soporte para adaptar obras ya existentes o crear material original. Por ejemplo, la aplicación Natural Reader permite leer tanto un documento en PDF como un libro físico y destaca por ofrecer al usuario una gran variedad de voces creadas con IA, con distintos tonos y matices.
Es evidente que el rubro de los audiolibros se encuentra en crecimiento constante.

Que los Grammys hayan creado una categoría exclusiva para esta producción, demuestra que hay mucho campo para explorar, crecer y aprender. Y también sea quizá una oportunidad dorada (tal vez la última) para que Morvan se redima ante un público que mira con expectativa su nominación en los premios.

«In memoriam»: un tributo para José Antonio Mazzotti

Hoy se cumple un año de la partida de una de las voces más importantes de la poesía peruana. A modo de homenaje, el poeta Manuel Liendo recuerda vivencias y anécdotas vividas con José Antonio Mazzotti. Aquí les dejamos la transcripción del discurso que preparó para la presentación del poemario La estrella más cercana.

Por Manuel Liendo

El año pasado había terminado de dar clases y sonó mi teléfono. Era una llamada de José Antonio. Contesté y le dije: «Maestro, ¡qué sorpresa!, me llamas a esta hora. ¿Qué pasa, maestro?». Del otro lado, me contesta Barbara, su esposa: «Manuel», dijo, acongojada. «Barbara, ¿cómo estás?», le dije. «Ha pasado algo, Manuel. Se fue José Antonio», respondió. Me quebré, sin más.  

Lo cierto es que desde ese momento comencé a ver a José Antonio en todas partes y tuve muchas conversaciones en silencio con él. Lo primero que hice fue llamar a Raúl (Mendizábal), porque Barbara me encargó dar la noticia. Sin embargo, cada vez que la daba me iba quebrando más y más.

El tema es que yo sabía de esta situación, pero no quería admitirlo. Me acuerdo que cada vez que José Antonio llegaba a Lima y terminaban las reuniones, yo pensaba: «José Antonio se está yendo». Las últimas veces que lo vi ya no podía subir escaleras y le faltaba el aire. La última cena que hubo en casa con los amigos, José Antonio prácticamente se despidió de nosotros.

Tengo muchas escenas de él en la memoria. Su figura en el patio de letras de San Marcos, un muchacho que siempre tenía un maletín azul lleno de libros y poemas. Ese era José Antonio, siempre atento a lo que sucedía. Y era Mazzotti, no José Antonio. Era Mazzotti la palabra que sonaba en San Marcos: el que sabía todos los cursos, el que discutía con los profesores, el que te decía cuál era el mejor curso o qué curso no llevar.

A veces teníamos clases que empezaban a las cuatro de la tarde y terminaban a las tres o cuatro de la mañana, porque nos invitaban a sus casas Antonio Cisneros, Paco Carrillo, Carlos Germán Belli, Pablo Guevara… en fin, muchos otros. Washington Delgado era un espectáculo dictando clases sobre el siglo de oro.

José Antonio era parte de estos grupos en los que siempre él terminaba con la parte teórica y, por supuesto, la poesía. Siempre con su parker en el bolsillo, anotando, escribiendo versos y discutiendo, sobre todo eso, discutiendo en el mejor sentido de la palabra. No creo haber conocido un mejor anfitrión que José Antonio: tú llegabas a su casa y podía haber el peor caos, una gran bulla, es decir, el mayor movimiento, pero José Antonio siempre era pausado, recogía, llevaba, servía, «¿qué quieres?», nos decía. Y a todos complacía, a todos le daba. Ese era José Antonio. Es más, en una oportunidad pasábamos por una tienda y le dije: «Oye, me voy a comprar una camisa». «No, vas a gastar mucho, gástalo en invitar a los amigos», me decía. Ese era mi amigo José Antonio.

Y, por otro lado, hubo una etapa muy interesante de José Antonio en la que ayudó a mucha gente organizándoles recitales. Por ejemplo, hizo muchos recitales en Harvard y él no participaba. La gente le decía: «oye, ¿ya no escribes?». «No yo sigo escribiendo, pero estoy mostrando la poesía peruana», respondía con amabilidad. Además, viajamos mucho con él, especialmente a los congresos que hizo por Europa, como por ejemplo en España, en Francia, en Portugal, en La Habana, en Cuba. Es decir, era una persona que tenía una gran energía que nos dejó hasta el día de su muerte.

Dirigió la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, que fue el legado de Antonio Cornejo Polar: una de las revistas más importantes de Latinoamérica, una revista fundacional, una crítica literaria latinoamericana, nada eurocentrista. Recuerdo que él decía: «Hay muchos textos que no los podemos estudiar con una base teórica específica, tenemos que crear nuestra propia base. Tenemos que crear nuestras propias bases». Así, llevó por lo alto al Inca Garcilaso de la Vega, a César Vallejo, a la poesía peruana e Hispanoamericana. Permítanme leer un breve textoacerca del libro que nos convoca: La estrella más cercana,«La inmensa poesía».

La partida de José Antonio ha dejado un enorme vacío en nuestra generación. Sin lugar a dudas, tenía la mente más brillante de la generación de los ochenta. No solo desarrolló una obra poética consagrada a la palabra, sino al oficio de converger versos en categorías significativas. Dueño de una voz poética transbarroca, Mazzotti nos canta poesía para callarse, en su hora, ante los mosquitos de la vida, dixit José Antonio.

Incansable académico, aportó una bibliografía numerosa y consistente para el estudio de autores como el Inca Garcilaso de la Vega y César Vallejo, así como para la poesía peruana e hispanoamericana contemporánea Apreciado por su bonhomía y desprendimiento vital, Mazzotti reunía a lo más graneado de la academia mundial a través de eventos nacionales e internacionales.

Su último poemario, La estrella más cercana, es como una despedida. Aparentemente podemos decir que es un diario de muerte, pero el poemario de muerte está en los Poemas posthumanos, que es el libro anterior donde avisaba que ya se iba. José Antonio renace preparando la muerte para estar próximos al fulgor de una estrella que alumbra su memoria, la continua erosión del olvido. Su calor se chorrea en el baúl, para luego recaer en la infancia, en la vorágine del tiempo que deja de girar. Un viaje transbarroco a la semilla desde el desempeño vital de las flores, hasta secarse en galaxias separadas con velos ardiendo de continuo.

Domingo de Ramos y Manuel Liendo

En la poesía de José Antonio la vida relampaguea en tecnicolor donde nadie es dueño de nada, congelando cenas familiares, evocando la infancia, sus primeras caídas, golpes y heridas sangrantes. De ahí los caminos fáciles, José Antonio, de ver el cielo con manchitas rojas capaces de engullir el más precoz deseo, sabiendo que todos están vivos a pesar del Cuco. La madurez tanto en la vida como en una película. La ciudad ejemplificada evoca los huariques, el torito de Surco Viejo donde se come bien. José Antonio tenía un gran diente. Se disfruta el ambiente de vendimia, el olor a uvas, la provincia que ya no es, para estar a tiro de piedra del progreso. Los versos variados para Raquel, su primera profesora de nido, nos ayudan con la pintura de Zurbarán a imaginar su mito, su belleza, su luz y contraluz, su presencia idealizada que solo puede venir del cielo.

Y en el poema «Mar-vientre» retoca el tópico humanista de la vita flumen, toda vida es un río, con la diferencia que la vida regresa al mar. Recordarán dijo Manrique: «Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir». Machado también, Javier Heraud también de una u otra forma lo dicen, pero acá José Antonio hace este giro: en lugar de ir a la muerte regresa al mar que ya no es la muerte, sino es el vientre donde se recibe otra vez la vida. Un tempus fugit irreparable, la fugacidad del tiempo irreparable que convive para seguir entre nosotros es en realidad susurrado siempre por Céfiro, que es el dios del viento. Magnífico poema que reconfigura los tópicos desde su núcleo.

En la casa en Santa Clara evoca al chiquillo de alquitrán y paja, de obediencia, de una docilidad enorme, irreflexión con la esperanza menguada. Recuerda que la primera novia, la imagen indesmayable del amor que resiste agolpándose ante todas sus preguntas. En «Chosica» la casa del abuelo se convierte en refugio de un nazi. Ahí aparecen los primeros morbos, las calatas de Playboy y el plumazo que lo cambia todo.

En «El buscador de estrellas», su padre Luis es demiurgo de las constelaciones con sus mapas, su astrolabio, el abecedario de los cuerpos celestes. Y su madre, Rosa, tenemos que mencionar a Rosita porque José Antonio fue un hijo extraordinario, siempre venía a verla, siempre estaba expectante para saber qué pasaba con Rosita. Y Rosita era realmente como nuestra segunda madre: íbamos, la engreíamos y siempre estábamos con ella. Tenía una lucidez impresionante. Nunca faltaron las llamadas de Rosita, y se fue prácticamente un año atrás, unos meses. Ella, quien abre todas las puertas se convierte en poesía misma para José Antonio.

«Tarapoto» es el nombre de nuestro ambiente donde vivió nuestro niño. Su padre fue militar, así que él estuvo en varias partes del Perú y también vivió un tiempo en Polonia. Un mundo elocuente e imperecedero a pesar de sus lágrimas. En «Blefuscu» y la playa hondable cerca de Ancón surgen imágenes que enternecen: orquestas naturales, murallas de hielo bajo el sol chillante y ella mirándolo. Así conoció el amor, en atardeceres donde las tardes terminan incendiándose.

Finalmente, el poema doce, con final intrínseco, regresa a su amada como altar, avanzado para convertirse en estrella, gozando su carne y hueso hasta el final de sus días. José Antonio Mazzotti nos conmueve con el cierre poético de su trayectoria y nos guía hasta la estrella más cercana de su inmensa poesía.

Acerca de «Borges: Novelista virtual»

En el marco de los 126 años del nacimiento del escritor argentino Jorge Luis Borges, les dejamos la transcripción de la presentación que realizó Marcela Robles, poeta y periodista, sobre el ensayo Borges: Novelista virtual, del ensayista piurano Miguel Gutiérrez.

Por Marcela Robles

Traigo algunas ideas anotadas después de pasar un par de semanas con Borges y Miguel Gutiérrez en la cabeza. Espero que en algún momento ambos me permitan articular algunas palabras propias en lugar de las suyas, que son inminentemente maravillosas.

Este rescate literario —respecto a Borges: Novelista virtual— merece seguir adelante para no olvidar a Miguel Gutiérrez, escritor piurano extraordinario que nos trajo una de las palabras más increíbles y estimulantes de la literatura peruana.

En lo personal, este ensayo me ha servido, entre muchas otras cosas, para reencontrarme con Borges a través de relecturas que siempre descubren algo nuevo de nuestros autores favoritos; sobre todo en esta época en que la hondura, la sabiduría y el riesgo parecen haberse desvanecido. Esperemos que temporalmente, porque salvo honrosas excepciones, que por supuesto las hay, lo superficial, lo meramente descriptivo, lo insustancial parecen haber tomado el lugar de la reflexión y la originalidad en la literatura actual. Así que este reencuentro con Borges se lo debo a Miguel Gutiérrez y a su clara y deslumbrante prosa. Les recomiendo encarecidamente que lean este bello libro, porque es de lectura imprescindible.

He tomado nota de las reflexiones, ideas, emociones y asociaciones, que es lo que hace de alguna manera Miguel, porque cruza a Borges con absolutamente todo. Y, ¡por Dios!, atreverse a decir que Borges si bien no escribió novelas fue prácticamente el precursor de la novela latinoamericana, pues equivale a algo tan temerario como aventarse de un precipicio. Sin embargo, creo que consiguió su objetivo.  

Lo fascinante de los buenos escritores es que al descubrirnos su universo nos remiten a grandes temas y descubrimientos que trascienden, y esto es importantísimo para todo escritor: que trascienden incluso a los protagonistas o temas principales de sus historias. Esa mirada abarcadora que va más allá de su propia percepción y que generosamente —con muchísima sabiduría— nos cuestiona, nos alimenta, nos incomoda y nos fascina, pero sobre todo nos eleva. Precisamente para no quedarse solo en la superficie o en lo meramente anecdótico. Escritores que no se jactan ni se complacen consciente o inconscientemente de sus capacidades, dejando a la vez un margen para nuestro propio juicio y, sobre todo, dando rienda suelta a tres cosas fundamentales: la imaginación, la curiosidad y el asombro. Tres condiciones que, a pesar del apocalipsis que vivimos, nos mantienen vivos e interesados. Como dice el dicho: «Es mucho mejor estar interesados, que ser interesante».

Gutiérrez, en el prólogo la colección que tituló Biblioteca para el siglo XXI, afirma que en su doble condición de lector impenitente de ficciones sigue siendo un autor que aún no ha perdido la esperanza de escribir una buena novela. Imagínense, esto lo escribió Gutiérrez en 1999 y se publicó en el 2000 si no me equivoco. Es decir, nueve años después de publicar La violencia del tiempo. Solo le queda la esperanza de escribir una buena novela. Entonces me preguntó yo: ¿Qué será de nosotros, pobres mortales, tratando de escribir algo decente cuando él se sentía inseguro de la obra magistral que había escrito?

Y esto demuestra una vez más que casi todos los escritores padecen de alguna u otra manera del famoso síndrome del impostor: esa inseguridad que hace dudar de su potencial hasta a los más notables de la tribu, evidentemente. Me acuerdo, por ejemplo, de una carta famosa y hermosísima de Ernest Hemingway, publicada en Cartas memorables, que le escribe a su amigo Scott Fitzgerald, nada menos. Fitzgerald, que ya había publicado El gran Gatsby en ese entonces, le manda el borrador de la primera copia de Tender is the night, Tierna es la noche —prefiero Tierna es la noche, que Suave es la noche, como lo traducen algunos—y Hemingway lo destroza. Eran muy amigos y, por supuesto, Hemingway lo critica con cariño, con respeto y de alguna manera, con delicadeza, pero fue sumamente crítico. Hablando del síndrome del impostor, si Scott Fitzgerald dudaba de su talento, entonces, como repito, mejor nos dedicamos a la repostería; pero Hemingway le dice: «Scott, estoy completamente seguro de que tú en este momento ya eres capaz de cualquier cosa. Tú puedes escribir lo que quieras en este momento. Tú puedes hacer lo que quieras con tu literatura. Entonces déjate de tonterías y de rodeos y ponte a escribir». Por supuesto, nueve años le tomó a Fitzgerald escribir Tierna es la noche. ¡Y miren lo que resultó!

En verdad, cuando a uno le piden una opinión sobre el trabajo que está realizando un amigo, que quizás esté escribiendo una novela, una debe ser honesto, porque los aplausos no sirven de nada, no hacen más que alimentar un ego que no sirve para nada. Sería bueno aprender esa lección memorable que nos dio Hemingway.

No sé si Borges tenía aquel síndrome. Pienso que no, porque cuando la gente menciona a Borges parece que les salieran plumas de la cabeza. Pero hay que aprender a desacralizar a los clásicos, a nuestros autores favoritos y a los grandes escritores. Hay que aprender a bajarlos a tierra y hacerlos más cercanos a nosotros. Pero lo que sí sé —dicho por el mismo en sus entrevistas, que son una delicia— es que era sumamente crítico de sí mismo y de su escritura. Ustedes lo deben saber. Incluso escribió varios libros que decidió no publicar porque le parecían insuficientes, o que consideraba no debían llegar a los lectores porque no merecían la pena. Era un genio. Excepto, naturalmente por algunos desubicados que van por el mundo sin rumbo buscando los aplausos y la gloria, el éxito es efímero, pero no les haremos ningún caso.

Gutiérrez dice en este maravilloso libro Borges: Novelista virtual que no tiene un carácter académico ni erudito, sino hedonístico, personal y desacralizado; aunque sin detrimento del necesario rigor que la lectura de un texto literario exige, lo siguiente: «Mis clásicos, los he circunscrito al área de occidente del cual de una u otra manera forma parte Latinoamérica. El objetivo que me he propuesto es ofrecer a los lectores una introducción relativamente completa de la novela de este siglo que culmina, pero que a la vez implique un balance y una apertura y proyección a los años iniciales del siglo XXI». Vaya tarea la que se impuso nuestro querido Miguel, piurano de pura cepa, que representa emblemáticamente la literatura regional de nuestro país a los que todos deberíamos volver y no olvidar nunca.

Este libro no solo trasciende fronteras, sino que se convierte en una especie de guía indispensable para recorrer no solo literatura borgeana, sino a todos los escritores influenciados por ella. Y, además, por la cantidad de información minuciosa y extensa contenida en los anexos —que prácticamente son un libro aparte— es un gran instrumento de consulta en cualquier biblioteca. No exagero al decir que los apéndices parecen la enciclopedia británica.

Por supuesto, no podemos dejar de escuchar las palabras de Borges. Atribuyo sus grandes libros a la labor de comunidades, a personajes de los mismos libros, a dioses, a héroes o simplemente al tiempo. Una de las principales obsesiones borgianas es el tiempo. Tales atribuciones son, por supuesto, meras evasiones o juegos, no así la última.

Nadie puede condenar una antología que sea mucho más que un museo de sus simpatías y diferencias, pero el tiempo acaba por evitarlas. Espero que esta especie de antología que Miguel trataba de armar el tiempo la recuerde eternamente. Lo que un hombre no puede hacer, las generaciones lo hacen. Los infolios de Calderón dejan de abrumarnos y perduran; nueve o diez páginas de Coleridge, uno de los poetas favoritos de Borges, borran la gloriosa obra de Byron y el resto de la obra de Coleridge. No hay antología cronológica que no empiece bien y no acabe mal. El tiempo ha compilado el principio y el doctor Marcelino Menéndez y Pelayo el fin. En breve, sigue Borges, la cifra de mis años será setenta. El tiempo, cuya perspicacia crítica he ponderado, en recordar dos textos: «Fundación mítica de Buenos Aires» y «Hombre de la esquina rosada». Que curioso que él mencione este cuento. Si los he incluido aquí, dice Borges, es porque los espera el lector. Lo cual refleja el respeto que Borges tenía por sus lectores.

Quién sabe, añade, qué virtud oscura habrá en ellos. Naturalmente prefiero ser juzgado por —y nombra sus cuentos— «Límites», «La intrusa», «El golem» o «Junín». Sospecho que un autor debe intervenir lo menos posible en la elaboración de su obra, fundamental. Debe de tratar de ser un amanuense del espíritu o de la musa, ambas palabras son sinónimas, no de sus opiniones, que son lo más superficial que hay en él. Así lo entendió Rudyard Kipling, el más ilustre de los escritores comprometidos. A un escritor, decía Kipling, le está dado inventar una fábula, pero no la moralidad de esa fábula. Ojalá las páginas que he elegido prosigan su intrincado destino en la conciencia del lector. Mis temas habituales están en ellos: la perplejidad metafísica, los muertos que perduran en mi memoria, la germanística, el lenguaje, la patria, la paradójica suerte de los poetas.

Quince años después: el silencio, la escritura y un hombre llamado José Saramago

En el décimo quinto aniversario del fallecimiento del premio nobel portugués, hacemos un breve repaso por la vida y obra de uno de los representantes máximos de las letras universales.

Saramago publicó en 1947 Terra do pecado, su primera novela, la cual pasó desapercibida ante los ojos de la crítica. Tras el fracaso de dicha empresa, el escritor compuso Claraboya, obra con la que pretendía sostener un segundo asalto en la escena literaria. Sin embargo, no vería la luz sino hasta el lejano 2012, dos años después de la muerte de su creador.

Contrario a lo que se piensa, respecto a que un autor existe en la medida que sea publicado, José Saramago optó por el silencio editorial. Durante más de veinte años no publicó ningún libro, aunque realizó diversos trabajos, entre estos, las traducciones de las obras de Maupassant, Baudelaire, Tolstói, entre otros, al portugués.

A decir del mismo Saramago, no publicó porque «sencillamente no tenía algo que decir y cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar». Cabe preguntarse si en aquellos años perdidos se forjó aquel estilo lírico e inimitable, aquellas historias satíricas, acaso proféticas, que componen el corpus de su universo.

Al aparecer Manual de pintura y caligrafía, en 1977, la crítica, antes esquiva, trataba con expectativas el renacimiento de Saramago, pero no fue sino hasta 1980, tras la publicación de Levantado del suelo, que se consolidó como uno de los escritores más importantes en lengua portuguesa. Es decir, recién a los 58 años alcanzó el éxito.

Lo demás, historia es. Desde aquel momento, publicó sin descanso. Quien supo callar, ahora era incapaz de hacerlo. Pero es preciso detenernos en 1991. Y es que, en dicho año, la fama de Saramago se catapulta a niveles superiores, a raíz de la publicación de El Evangelio según Jesucristo, novela que reescribe, de manera caótica, la vida de Jesús, y que causó un revuelo en Portugal.

Diversos sectores religiosos tildaron a Saramago de blasfemo, por lo que el autor, a modo de protesta, se exilió en la isla de Lanzarote. En ello reconocemos el trabajo comprometido de Saramago con su proceso de creación, en el que echa mano de la ficción para resonar en las realidades sociales, políticas y religiosas. Esto les permitió a sus relatos, situados en contextos imaginarios, reflejar las contradicciones del mundo contemporáneo, por lo que sus obras cargan con una fuerte crítica a la sociedad y la condición humana.

Hijos de ello son las novelas Ensayo sobre la ceguera (publicado en 1995, y acaso su libro más famoso) y Las intermitencias de la muerte, las cuales abordan con suma maestría la complejidad del ser humano, en la que critica las etiquetas que encapsulan al hombre en roles predeterminado. Asimismo, es clara la defensa del pensamiento humano y las decisiones que acarrean consecuencias irreversibles, pero llenas de libertad (La caverna es uno de esos ejemplos edificantes).

A quince años del fallecimiento de Saramago, es preciso recordarlo como una alegoría a la vida misma y a la razón más heterodoxa, así como un cántico a la lucha contra los poderes opresores, pero desde una óptica compasiva, tal vez irónica, de que el mundo necesita ser retratado por la ficción para ser comprendido, al menos, en una milésima parte.

En Caín, su última novela, encontramos una frase final que representa, acaso como broma o como un testimonio que soportará la inclemencia del tiempo, la oda perfecta a ese silencio que lo acompañó en su vida: «La historia ha acabado, no habrá más que contar».

Thomas Mann: cinco libros indispensables

Hoy se cumplen 150 años del nacimiento de uno de los autores más importantes de la literatura alemana. Si aún no conoces su obra, te dejamos una lista de cinco libros con los que puedes empezar.

Los Buddenbrook (1901)

Primera novela del escritor que narra el ascenso y decadencia de una familia de comerciantes de la ciudad de Lübeck, entre los años 1835 y 1877. La novela tuvo un éxito rotundo tras su publicación, al punto que a mediados de 1929 se habían vendido más de 185 000 ejemplares de la edición alemana. Precisamente, ese mismo año se le otorgó a Mann el Premio Nobel de Literatura y, según lo dicho por el jurado, fue «principalmente por su gran novela Los Buddenbrook».

La muerte en Venecia (1912)

La trama de esta novela reflexiona sobre la pasión como desequilibrio y senda directa hacia la degradación del hombre. Contrario a lo que se piensa, esta historia cuenta una sencilla anécdota: el escritor Gustav Aschenbach llega a Venecia en busca de inspiración y se obsesiona con un joven llamado Tadzio, que representa la belleza idealizada. Las acciones que despliegan son mínimas y los escenarios en los que transcurre la narración se reducen principalmente a las habitaciones de un exclusivo hotel de veraneo veneciano y a la playa que queda cerca de allí.

La montaña mágica (1924)

Considerada como la obra maestra de Mann y una de las más importantes de la literatura universal de la primera mitad del siglo XX. La historia sigue las peripecias de Hans Castorp, un joven ingeniero que visita a su primo Joachim Ziemssen en un sanatorio de los Alpes suizos, destinado para el cuidado de pacientes tuberculosos.

Lo que sería una estancia breve, se prolonga por tiempo indefinido, lo cual le permite a Hans reflexionar sobre la vida, la muerte y el amor, pilares fundamentales de la existencia humana. La novela es tomada como un fiel reflejo de la sociedad burguesa antes de la Primera Guerra Mundial.

José y sus hermanos (1933-1943)

Esta es una de las más grandes obras de Thomas Mann, dividida en una tetralogía que reinventa la historia bíblica de José, consignada en el libro del Génesis. Mann narra la vida de José, pasando por su juventud, la traición de sus hermanos, el ascenso de José en Egipto y la reconciliación familiar, que simboliza la entrada de los israelitas en tierras egipcias.

Doktor Faustus (1947)

La novela fue escrita durante el exilio de Mann en Estados Unidos y recibió numerosos aportes de personalidades como Ígor Stravinski y Theodor W. Adorno. La historia narra la vida de Adrian Leverkühn, prodigio de la música, la cual coincide, de forma intencional, con la historia moral de Fausto, personaje de la mitología medieval alemana, que se vendió al demonio Mefistófeles.

El relata deja al lector intuir si la presencia del demonio era parte de la imaginación de Leverkühn. De cualquier forma, el músico lleva su arte hasta el nivel más extremo, culminando con su muerte fatídica.

Periodismo y literatura: cinco cronistas que debes conocer

A lo largo del tiempo, la crónica periodística ha dejado una huella imborrable en el campo de las letras, debido a que combina el proceso de investigación con las principales técnicas narrativas. El objetivo: emocionar y conmover al lector. Aquí te dejamos a cinco cronistas que deberías conocer y leer.

Rodolfo Walsh y el periodismo narrativo

El escritor argentino fue el pionero de la llamada novela de no ficción, tras la aparición de su obra Operación Masacre en 1957. El escrito combina una rigurosa investigación periodística sobre los asesinatos de prisioneros el 9 de junio de 1956 —episodio conocido como los fusilamientos de José León Suárez— con herramientas narrativas, lo cual devino en un texto que se ha convertido en referente del periodismo argentino y latinoamericano.

Esta novela se adelantó seis años al boom que desataría la publicación de A sangre fría, del estadounidense Truman Capote.

Ryszard Kapuściński y la cobertura de conflictos globales

Considerado como uno de los máximos exponentes del periodismo moderno, Kapuściński cubrió diversos conflictos provocados por dictaduras, regímenes y tensiones políticas en África, Asia y América Latina. Su enfoque narrativo acerca la realidad de los menos favorecidos hacia los lectores, lo cual estableció una nueva óptica en torno a la narración periodística de conflictos.

Famosas son sus crónicas El emperador, de 1978, la cual narra la decadencia del régimen del emperador Haile Selassie de Etiopía; Ébano, de 1998, un relato profundo de los viajes del periodista por África en el que describe no solo guerras y dictaduras, sino también la vida cotidiana y las tradiciones de distintos pueblos africanos; La guerra del fútbol, de 1992, relata el conflicto armado entre El Salvador y Honduras, conocido como la Guerra de las cien horas, echando mano de la narrativa literaria para explicar las causas y consecuencias de la controversia.

Bob Woodward y Carl Bernstein: periodismo de investigación

Uno de los clásicos de la historia del periodismo. Woodward y Bernstein, reporteros del Washington Post, causaron una gran revolución en el campo del periodismo de investigación de Estados Unidos, tras destapar el escándalo Watergate en 1970.

Dicho caso surgió a raíz del robo de documentos en el complejo de oficinas Watergate, sede del Comité Nacional del Partido Demócrata de Estados Unidos, en Washington, y el intento de la administración del presidente Richard Nixon por distraer la atención de este hecho. La historia se narra en el libro Todos los hombres del presidente, texto que demostró el poder del periodismo para exponer la corrupción en altos niveles y generar cambios sociales.

Martha Gellhorn: corresponsal de guerra

La periodista estadounidense cubrió los conflictos más importantes del siglo XX, como la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Sus escritos constan de un sutil toque personal y una marcada línea comprometida con la verdad de los hechos.

Entre sus escritos más importantes resaltan El rostro de la guerra, de 1959, una recopilación de crónicas de distintos conflictos bélicos entre 1937 hasta 1985; también está Cinco viajes al infierno: aventuras conmigo y ese otro, de 1978, que es un relato de sus viajes y experiencias personales en zonas de conflicto; por último, tenemos Vietnam: A New Kind of War, de 1966, que es una serie de reportajes sobre la guerra en suelo vietnamita y las consecuencias en la población civil.

Tom Wolfe y Hunter S. Thompson

En el caso de Wolfe, es considerado como uno de los creadores del nuevo periodismo, debido a que fue de los primeros en combinar la narrativa literaria con la investigación. Entre sus crónicas más famosas resalta La hoguera de las vanidades (1987), pues, aunque es tomada como novela, se basa en una crónica social y política de la ciudad de Nueva York, en la que se dan a conocer las contradicciones de dicha sociedad, así como la realidad social y racial.

Por su parte, Hunter S. Thompson, llevó la innovación periodística hacia un siguiente nivel, tras la creación del llamado periodismo Gonzo. Sus escritos más importantes son La maldición de Lono, crónica que cubre la maratón de Hawái en el aniversario del ataque de Pearl Harbor; Los ángeles del infierno, de 1966 en la que el periodista se mezcla con el mundo de los motociclistas de Hell’s Angels para narrar sus experiencias.