Fuga Editorial publica de manera independiente e impulsa la formación de escritores en Panamá. Además de contar con un catálogo variado (ficción, académicos, empresariales), se preocupa por fomentar la creatividad literaria a través de talleres de escritura. De su cantera han salido varios autores locales de calidad.
1. ¿Cuál es el perfil de Fuga Editorial?
Nos interesa la narrativa, porque es la escritura que conocemos a fondo. Sin embargo, hemos brindado servicios complementarios a editores de poemas. De la narrativa, nos centramos en las «historias no contadas» de ficción y no ficción; así es como llamamos nosotros a las obras que nacen con algún acento marginal.
2. ¿Cuánto tiempo llevas con este proyecto en marcha? ¿Cómo empezó?
Empezamos en el año 2010. Como escritor, yo había participado en proyectos de escritura para empresas y dictaba talleres de creación literaria. Fuga se convirtió en el complemento ideal para estas actividades.
3. ¿Cómo se desarrolla el instinto del editor?
Creo que el instinto nace y se fortalece de cara a la realidad. A veces, de manera muy dura. Mientras que el escritor (sombrero que también uso) tiene como norte la mayor libertad creativa, el editor debe encontrar lectores, enfrentar el mercado. La pregunta que lo empuja es: ¿dónde está quien podría interesarse en este libro?
4. ¿Cuánto tiempo dedicas a un libro hasta que está listo para publicar?
Depende de qué tan rápido se pongan de acuerdo autor y editor. Lo demás es bastante mecánico.
5. ¿Quiénes más participan en la editorial? ¿Cómo se compone y organiza un libro?
Tenemos editores, diseñadores y distribuidores. Todos y cada uno de ellos proveen sus servicios de manera bastante autónoma. Son profesionales que suelen cumplir con los plazos establecidos.
6. ¿Cómo escoges a los autores de tu catálogo?
Se recibe una muestra del escrito y, si lo consideramos alineado con Fuga, le enviamos una propuesta al autor. Si acepta los términos, comenzamos el proceso.
7. ¿Cuáles serán las próximas publicaciones?
Tenemos en puerta una novela de género fantástico, un libro para niños y otro sobre el testimonio desgarrador de una madre.
8. ¿A quién te gustaría publicar?
Antologías de cuentos poco conocidos, con autores asiáticos antiguos o latinoamericanos carentes de renombre.
9. ¿Cómo les ha ido en la pandemia?
Nos ha servido para evaluar nuestros diez años de labor, descartar lo que no nos ha funcionado y afianzar lo que sí. Las ventas en línea han aumentado y nuestros talleres virtuales también. Incluso han aparecido más autores tocando nuestras puertas.
10. ¿Cómo se han adaptado a las tendencias digitales?
Hace tiempo que habíamos incursionado en ellas. La pandemia nos ha permitido utilizarlas a fondo; eso sí, tuvimos que pedir ayuda e implementar lo que nos faltaba por hacer. No importa la tecnología que se use, no dará resultados si no se tiene en cuenta a las personas que están al otro lado del cable.
Leyles Rubio León (Callao, 1986). Realizó el máster en Comunicación Corporativa de EAE (España), una especialización en gestión comercial en la UPC (Perú) y el diplomado de Creación Literaria de la UTP (Panamá). Es autor de la novela Bailando descalzo por Madrid (2016) y de la colección de relatos Un salto ornamental en la piscina (2019). Desde hace más de diez años, asesora estrategias de comunicación, storytelling y marketing digital a diversas organizaciones. Del mismo modo, ejerce la docencia universitaria, coordina clubes de lectura y talleres de escritura.
«No pongas excusas para trabajar; haz cosas con el
tiempo, espacio y materiales que tengas ahora». A.K.
¿Puede alguien ser creativo en lo cotidiano? Un buen artista entiende que las grandes ideas provienen gracias a un cúmulo de factores. Según el libro Roba como un artista (Aguilar, 2012) de Austin Kleon (Ohio, 1983), la creatividad radica en la habilidad de uno para «robar» elementos que, con las combinaciones adecuadas, puedan generar una pieza con gran potencial.
Bajo ese sentido, cualquier persona se vuelve un artista; es decir, un coleccionista de ideas que le llamaron la atención y que puede aplicar en su vida diaria. Mientras más distintas sean, mayores serán las posibilidades de éxito en los proyectos. Pero hay que dejar en claro que robar no se refiere a plagiar, sino a aprender de lo ajeno para, tarde o temprano, encontrar el estilo propio.
El libro, plagado de consejos sencillos pero con tramas contundentes, derriba las barreras del idealismo en el arte. En especial los prejuicios que alejan de la libertad. Entrega ideas simples y fáciles de aplicar para cualquiera que desee ser distinto. Desde cómo afrontar la falta de tiempo hasta cómo encontrar la voz propia, pasando por la selección del árbol familiar, trazar objetivos y un calendario.
Del mismo modo, el autor pide ser curioso, observador, siempre con un cuaderno y lapicero a la mano en caso se presenten pensamientos, conversaciones ajenas o pasajes de libros dignos de rescatar. No se trata solo de copiar lo que gusta, sino de interiorizar la forma en que uno ha visto el mundo en ese momento.
Muchas veces el problema se centra en no entender el valor de lo que uno hace, o en lo aburrido del proceso. Ante eso, las páginas invitan a conocer el mundo, a no dejar que el cerebro entre en zona de confort, o simplemente, a caminar. Después de todo, uno nunca sabe adónde puede llegar la gran idea.
En definitiva, ¿por fin existe la guía para ser más creativo? No. Estos no son los únicos métodos para que se encienda la lámpara de las ideas. Si estos métodos no resultaron, hay que seguir buscando otros. Hay que soltar para poder «robarle» a los demás.
Leyles Rubio León (Callao, 1986). Realizó el máster en Comunicación Corporativa de EAE (España), una especialización en gestión comercial en la UPC (Perú) y el diplomado de Creación Literaria de la UTP (Panamá). Es autor de la novela Bailando descalzo por Madrid (2016) y de la colección de relatos Un salto ornamental en la piscina (2019). Desde hace más de diez años, asesora estrategias de comunicación, storytelling y marketing digital a diversas organizaciones. Del mismo modo, ejerce la docencia universitaria, coordina clubes de lectura y talleres de escritura.
Hace poco más de un año falleció Kobe Bryant, un jugador amado y odiado por su excelente juego y por su controvertida vida.
«Black Mamba», apodo que escogería Kobe Bryant (Filadelfia, 1978 – California, 2020) para que su mentalidad sea identificada con una de las serpientes más peligrosas, dejó a millones de fans perplejos cuando su helicóptero cayó y él murió instantáneamente con su hija y otras nueve personas.
Cuarenta y un años. Cinco títulos de la NBA. Dieciocho selecciones al Juego de las Estrellas. Más de treinta y nueve mil puntos. Una esposa y cuatro hijas. Veinte temporadas con la camiseta de los Lakers. Un Óscar. Más de trescientos millones de dólares acumulados. Una acusación por violación. Una demanda a sus padres por la venta de sus pertenencias a una subasta. Siete libros publicados.
Acompañaba a su hija para verla jugar —ella también moriría. Iban otras nueve personas, todas formaban parte del equipo. El piloto había tratado de colocarse encima de una capa de nubes cuando el helicóptero viró a la izquierda y cayó a 366 metros.
En el anhelo por recordarlo, encuentro un libro: Mentalidad Mamba (Alienta, 2018). Una manera de ver desde dentro el mundo en el que vivió Kobe. Una recopilación de pensamientos de un hombre obsesionado en descifrar a todos sus rivales, estudiar las tácticas y trabajar su propio cuerpo.
El libro lista comentarios sobre otros jugadores y situaciones con ellos, cómo va desarrollando la rivalidad y la forma de enfrentar a cada jugador. Sobre todo, cómo extrapolaba su mentalidad a los asuntos cotidianos de la vida. Algo que puede quedar en nosotros.
Leyles Rubio León: Nació en el Callao en 1986. Tiene estudios en marketing, comunicación y responsabilidad social para empresas multinacionales y un diplomado de Creatividad Literaria de la UTP (Panamá). Es autor del libro Bailando descalzo por Madrid (2016) y algunos cuentos divulgados en diversas antologías, revistas y publicaciones digitales. Enseña talleres de escritura, storytelling, comunicación y cursos de liderazgo y maneja un sello para servicios editoriales llamado León de Abril.
Las personas que compraban libros al comienzo del año pasado no son las mismas que lo hacen este año. Y todos los que pertenecen al sector editorial deberán tener eso muy en cuenta.
Escribe Leyles Rubio
La pandemia también nos acompañará este 2021. Los lectores no volverán a ser los mismos con esta segunda ola. No quieren regresar a lo que fue el inicio, tras haber vivido presionados por temor a la escasez, a las compras iniciales de pánico. Seguirán lejos de las multitudes y reducirán las actividades al aire libre.
Al no poder salir con regularidad, los puntos de contacto también han cambiado. Los canales de venta y las reuniones sociales o laborales se han trasladado al mundo digital. El internet se ha vuelto el lugar más visitado. Y el redescubrimiento de los espacios del hogar han permitido nuevas interacciones.
La evolución de las preferencias y de los comportamientos se ha marcado por más conciencia en la salud y por reducir el estrés. Quizá al inicio de esta locura fue difícil concentrarse con alguna lectura; sin embargo, hoy se presenta como una alternativa de ocio de bajo costo. Más aun con la virtualidad y lo digital. Ahora, el lector se ha inclinado por un contenido más visual, menos trascendente y muy relacionado a la inmediatez de las redes sociales.
Hoy reconocen mejor las historias genuinas, no las creadas solo para vender. También quieren estar cerca de los autores vivos, no para que les vendan, sino para estrechar un vínculo profundo que genere confianza y seguridad.
Por eso, las editoriales deben entender este cambio, reinventarse rápido, innovando y volviéndose más flexibles. La compra de libros será una consecuencia natural, pero aún falta que esta retorne como la conocíamos antes.
Leyles Rubio León: Nació en el Callao en 1986. Tiene estudios en marketing, comunicación y responsabilidad social para empresas multinacionales y un diplomado de Creatividad Literaria de la UTP (Panamá). Es autor del libro Bailando descalzo por Madrid (2016) y algunos cuentos divulgados en diversas antologías, revistas y publicaciones digitales. Enseña talleres de escritura, storytelling, comunicación y cursos de liderazgo y maneja un sello para servicios editoriales llamado León de Abril.
Emplear moldes en torno a la comunicación de las marcas no dará los mismos resultados. Las organizaciones pueden aplicar estos consejos de manera abierta, de acuerdo a sus realidades. No obstante debe imaginar a su audiencia, entender sus sentimientos. De esa forma sus historias brindarán una experiencia más completa, intensa y participativa.
1. Encuentra la esencia de la marca. Su reason why
El intangible más importante, lo que hace que sea única a la marca. El porqué de lo que ofrece. Es decir, la propuesta de valor para la sociedad. El propósito de sus productos o servicios.
2. Escoge temas que sean cotidianos
Toda historia trata temas de fondo. Es importante que lo tengamos en cuenta. Seleccionar un tema y desarrollarlo hará que estas sean más profundas o más interesantes. Aquí algunos tópicos: la vida, la salud, el miedo, el futuro, entre otros.
3. Identifica a los héroes del relato
Los personajes son vitales en el storytelling. Suscitan interés cuando ejecutan planes o al momento de alguna acción. Dada la coyuntura, se podría tomar como protagonistas a los empleados o clientes de la empresa, o a los profesionales que está en la primera línea de defensa —doctores, enfermeras, militares o policías—.
4. Narra a partir de una estructura
La secuencia de las acciones debe seguir un orden. Esto permitirá mantener la atención del relato. Si bien existen distintas variables en la estructura, en estos tiempos debemos optar por el arco clásico: introducción, desarrollo, clímax y conclusión. Que una historia sea simple no significa que sea banal.
5. Las peripecias dan vitalidad
En una buena historia, los personajes deben resolver problemas. El journey captará la atención conforme las crisis se intensifiquen. La peripecia debe ser tan compleja que permita fracasos en cualquier momento.
6. Redefine los mensajes
Debe abarcar un contenido relevante y de interés. Inclusivo, coherente y sencillo. La clave de toda historia radica en la verosimilitud. Ello permitirá que sea entendible y fácil de recordar. La base concreta, única y sorprendente podrá ser compartida.
7. Da un enfoque transmedia, adaptable a cualquier plataforma
Hay que crear historias que cubran un abanico amplio de formatos. Adaptable en el ámbito social (WhatsApp, Facebook, blogs), online (web, newsletter, ebooks, aplicativos), papel (revista corporativa, memorias, infografíá), multimedia (videos, podcasts.), entre otros. El contenido debe trasladarse a través de diferentes soportes y desde diferentes puntos de vista.
8. Monitorea las métricas
Las historias deben medirse para ver si están entregando el resultado esperado. Esto ayudará a identificar si la narración está generando clientes o ventas. Analizar las estadísticas permitirá pilotear o amplificar los mensajes en tiempo récord.
9. Microexperimenta
Si hay un hábito que debe sumarse en las comunicaciones es el de hacer pequeños ensayos . Si un elemento del storytelling funciona mejor que otro —un personaje, la peripecia—, hay que decidir el cambio rápido. La velocidad importa.
10. Fomenta la participación y diálogo
Las historias generan fidelización. El consumidor debe sentir que la marcas están de su lado, que aligeran su vida y tienen mucho para ofrecerle. Un beneficio que va más allá del producto o servicio per se. Los mensajes deben aportar valor, y fomentar la participación de los públicos, generando comunidad y conexiones en torno a la marca.
Leyles Rubio León: Nació en el Callao en 1986. Tiene estudios en marketing, comunicación y responsabilidad social para empresas multinacionales y un diplomado de Creatividad Literaria de la UTP (Panamá). Es autor del libro Bailando descalzo por Madrid (2016) y algunos cuentos divulgados en diversas antologías, revistas y publicaciones digitales. Enseña talleres de escritura, storytelling, comunicación y cursos de liderazgo y maneja un sello para servicios editoriales llamado León de Abril.
Yael Weiss (Ciudad de México, 1977) crea una rutina para escribir. La hace convivir con otros encargos, como el de ser editora, traductora y conductora de televisión cultural. Hablamos de eso, también de su último libro: Hematoma (Elefanta, 2019) y del futuro que no descansa.
Por: Leyles Rubio León (@checherule)
¿Qué función cumple la literatura para ti?
La de moverme en un mundo lleno de significado, más espeso y más palpable. Desde la literatura puedo volver a mi vida cotidiana con una comprensión más profunda de las cosas, de la gente y sus actos. Y también con una aceptación más poética de la vida. Esto me sucede tanto al leer las obras de otros como al escribir, porque este oficio me obliga a escarbar dentro de mi propia experiencia para comprenderla y trasmitirla, además de fijarme mejor en los rostros y los objetos para poderlos describir. No obstante, cuando decido no escribir por pereza, por miedo a sufrir o a la frustración, empiezo a perder el interés por la vida. La literatura obliga a encontrar sentido.
¿Escribes con una rutina?, ¿cómo equilibras el día a día?
Me siento a escribir desde las 6:30 hasta las 9:30 de la mañana, seis días por semana. El séptimo lo reservo para ir con mi bici a la montaña. Mi grupo de ciclistas sale muy temprano y no puedo ir en otro momento.
A las 9:30 dejo la escritura y me dedico al trabajo remunerado que tengo en la Revista de la Universidad de México. También desempeño algunos trabajos freelance como editora, traductora y conductora de televisión cultural.
¿Por qué Yael cuenta historias?
Cuando se me ocurre una historia, quiero escribirla por instinto. No me imagino creando una pieza musical, ni filmando una película, ni pintando. Fui una alumna aplicada en la escuela primaria (me rebelé después, en la secundaria) y recuerdo que nos obligaban a escribir historias. Me gustaba y creo que de ahí viene ese reflejo de escribir lo que imagino.
El punto de partida de mis historias siempre es una escena que me produce una emoción potente (perturbación, inquietud, alegría, tristeza). Me intriga, quiero empezar a explorarla. Me pregunto: ¿Cómo llegamos a esta escena? ¿Qué pasó antes? ¿Qué podría pasar después? ¿Quiénes son los que participan? ¿De dónde llegaron y adónde van? ¿Qué piensan? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Cómo es su pasado? Poco a poco la escena inicial queda solo como un eslabón dentro de todo un cuento.
¿Eres de corregir mucho?
Sí, muchísimo. Pero aspiro a corregir menos porque me parece que la prosa pierde un poco de su «carne» en el proceso, algo de su respiración natural. Se vuelve más matemática. Espero poco a poco acortar los tiempos entre el primer borrador y la versión final. ¡A veces siento que nunca acabaré!
¿Por qué hematoma? ¿Y por qué darle al libro el mismo del primer cuento?
El primer cuento con su título «Hematoma» existía antes de que se reunieran las diez piezas del libro. Decidimos abrir con ese cuento porque nos pareció —al editor y a mí— que tenía un elemento muy visual y era más fácil de recordar. Que impactaba la imaginación. El relato trata de hematomas con formas y colores distintos.
El libro tomó entonces ese título siguiendo la tradición de nombrar el libro según el cuento más protagónico. Pero también porque me parecía que la palabra hematoma podía ser un símbolo para varios relatos del conjunto. La violencia física está muy presente, con el dolor y el placer que provoca. El hematoma, igual que una cicatriz, es la marca que deja el contacto del individuo con el mundo exterior, es la prueba de que su cuerpo existe y que está en relación con otros cuerpos con los que puede entrar en colisión.
¿Cómo nacieron las ideas de los cuentos? De dónde sacaste elementos tan perturbadores.
Cada cuento tiene un origen distinto. Pienso que jamás volveré a ser tan libre como en este primer conjunto de cuentos. Escribí cada uno de manera independiente, por mero deseo y placer. Solamente después me di cuenta de que podían formar un libro. Hematoma es el libro del deseo.
Los cuentos de Hematoma surgen de estímulos diversos. «Escombro», de una nota de prensa amarillista que hablaba de un hombre que se disfrazaba de socorrista para robar. «La deriva», de una noche en que deambulé por las calles de Bruselas con un perfecto desconocido que me aseguraba que en Estados Unidos existía un pueblo de escritores. El cuento «Hematoma», de la exploración que me hizo una médica forense después de que me golpearon en la calle. «Ju», de una conferencia donde Juan Villoro y John Lee Anderson decían que quizás ya había empezado la tercera guerra mundial y del deseo de contárselo a mi mejor amiga (ella acababa de fallecer).
¿Qué fue lo más difícil al momento de construir los relatos?
Me costó trabajo llegar a un equilibrio entre la concisión y el placer de las palabras, de su proliferación.
Lo más importante para mí es la claridad de la primera lectura. Deseo que el lector lea sin dificultad el texto, que comprenda sin dificultad todas las oraciones. Para ello, hay que depurar la prosa, quitarle el exceso de florituras. Sin embargo, aquí reside un peligro pues los mejores pedazos de literatura a veces surgen en las derivas.
Es difícil determinar qué eliminar y qué dejar escrito. Qué decir y qué callar.
¿Hay soledad y violencia? ¿Escogiste esos temas a conciencia?
La soledad fue un ingrediente esencial de mis ficciones desde el inicio. Me interesan ciertas situaciones «perturbadoras». Pero para que sean posibles y nos perturben como algo «fuera de lo normal», tiene que ser protagonizadas por personajes un poco fuera de lo normal también. Deben de ser personajes ligeramente «locos», o sea: alienados, aislados, solos, hombres y mujeres que no tienen con quién dialogar para permanecer en el terreno compartido del llamado «sentido común».
La violencia, en cambio, surgió de motu proprio. Es parte tan intrínseca de la realidad, que se coló en las narraciones naturalmente.
¿Cuándo decides terminar una historia? Me dieron la sensación de que podían continuar o detallarse más.
La cuestión de los finales es complejísima. Es difícil determinar el origen de algo, pero es casi imposible conocer el final de algo. Una vez que algo existió, sus consecuencias pueden extenderse hasta el final de los tiempos.
Cortázar predicaba que la novela ganaba por puntos y el cuento por knockout. No estoy de acuerdo. Algunos cuentos pueden acabar de manera sorpresiva y redonda, y me gustan, otros pueden acabar por agotamiento, o simplemente interrumpirse, y me gustan también.
Los cuentos que acaban con knockout perfecto me parecen divertidos pero artificiales. La vida no es así de perfecta.
¿Cuáles son tus próximos proyectos literarios?
Estoy en las correcciones finales de un libro de cuentos que debería salir durante el primer semestre de 2021. En todos los cuentos la protagonista es una mujer. Pero en cada relato se trata de una mujer diferente, de edad diferente. El tema de los cuentos es un momento de duda identitaria en cuanto al género y la sexualidad, sobre todo en cuanto a los roles predefinidos de lo que es ser una mujer.
Asimismo, estoy retomando una novela sobre la muerte de una amiga. Es una novela más autobiográfica. Es un proyecto de largo aliento y presiento que me tardaré al menos tres años más en verlo publicado.
Leyles Rubio León
Nació en el Callao en 1986. Tiene estudios en marketing, comunicación y responsabilidad social para empresas multinacionales y un diplomado de Creatividad Literaria de la UTP (Panamá). Es autor del libro Bailando descalzo por Madrid (2016) y algunos cuentos divulgados en diversas antologías, revistas y publicaciones digitales. Enseña talleres de escritura, storytelling, comunicación y cursos de liderazgo y maneja un sello para servicios editoriales llamado León de Abril.
En los últimos meses, a medida que el virus continúa propagándose, millones de personas viven aisladas, los viajes han quedado restringidos y la crisis económica global se intensifica y genera incertidumbre.
Los nuevos retos solo dejan una elección para el sector editorial: acelerar. No hay tiempo para prepararse mucho; se debe correr considerando las nuevas tendencias, que van de la mano con la transformación digital. Lo que sigue es entender los grandes ejes que guiarán los próximos años. A continuación algunos ejemplos.
Big Data e Inteligencia Artificial: La interpretación de datos a través de IA ayudará a entender los gustos y necesidades de los lectores. Optimizará mensajes, personalizará campañas o comunicaciones para clientes.
Bot-marketing: La interacción entre clientes y bots crecerá, pues estará disponible 24 horas, los 7 días de la semana. Así las librerías, por ejemplo, podrán recortar gastos y, además, aumentarán su eficiencia. A través de los robots conocerán mejor a sus clientes.
Comunicación más humana: Los consumidores cambian, el contenido y las herramientas también evolucionan. Pero no la esencia. El storytelling ayudará a llegar mejor a las personas. Lo mismo que sus variables como el storydoing, o lo que llamo el datatelling.
Comercio omnicanal: El e-commerce se volverá una práctica común. No solo desde la web o aplicativos, sino también en blogs, redes sociales o con la comunicación activa con los usuarios. Esto ya no es una opción.
Influencers: Los genuinos serán los aliados del momento para expandir el alcance online. Ideales a medida que crece el engagement con contenido del «mundo real».
El confinamiento ha incrementado el consumo de historias (a través de plataformas streaming o libros). El hogar se ha vuelto el centro de interacción para muchas familias. Hay que aprovechar eso.
Leyles Rubio León
Nació en el Callao en 1986. Tiene estudios en marketing, comunicación y responsabilidad social para empresas multinacionales y un diplomado de Creatividad Literaria de la UTP (Panamá). Es autor del libro Bailando descalzo por Madrid (2016) y algunos cuentos divulgados en diversas antologías, revistas y publicaciones digitales. Enseña talleres de escritura, storytelling, comunicación y cursos de liderazgo y maneja un sello para servicios editoriales llamado León de Abril.