El centenario de Universitario de Deportes en cinco libros

Los cien años del equipo crema despertó diversas iniciativas editoriales que conmemoran este hecho trascendental en la historia de uno de los clubes más populares del país. Aquí te dejamos las más importantes.

100 años, 27 títulos, 11 historias — Pedro Ortiz Bisso

Una de las más reciente publicaciones de Penguin Random House en el que Ortiz Bisso, periodista de gran trayectoria y confeso hincha de Universitario, recorre en once historias los títulos conseguidos por el equipo merengue. Infaltable en la biblioteca de los hinchas.

100 grandes triunfos. Épicos partidos en cien años de garra — Jorge Moreno

Un apasionante repaso por los cien años de historia de la U. Esta publicación cuenta con un selecto anecdotario, reflexiones, datos y fotografías inéditas que ilustran el paso del tiempo sobre el equipo. A modo de un cuadro futbolero, once cronistas deportivos identificados con la U intervienen en las narraciones de esta publicación.

Las copas del campeón — Pablo Fedeli

Durante años, el autor rastreó todos los trofeos obtenidos por Universitario de Deportes. Y, para alegría del hincha crema, también encontró la tan codiciada copa de 1934. Este es uno de los títulos más importantes de Academia Antártica y representa el debut literario de Fedeli.

Centenario. Club Universitario de Deportes: la historia del más campeón en imágenes — El Comercio

Esta publicación del diario El Comercio fue editado por Pedro Ortiz Bisso y escrito por los periodistas Miguel Villegas y Jasson Curi Chang. Este libro recorre los hitos más importantes en la historia crema, conmemorando así los cien años de vida institucional del club.

Padre Nuestro — Miguel Villegas

La segunda edición de uno de los títulos más celebrados de la literatura crema. En este libro encontraremos cinco historias que enrostran la pasión por Lolo Fernández, ídolo máximo de la U, pasando por sus inicios en la hacienda Hualcará, hasta el relato de los botines que rompían las redes de los arcos. Un libro que no hace más que confirmar la leyenda y el mito que envuelve la figura del Cañonero merengue.

Jorge Eduardo Eielson: cien años después

Hoy, en el centenario del nacimiento de uno de los artistas mayores del Perú, realizaremos un breve repaso por su obra, la cual ha generado seguidores devotos tanto de su poética, narrativa y legado plástico.

Resulta un despropósito destacar a Eielson solo como poeta, como narrador, como artista plástico, como dramaturgo. Y es que al referirnos a él hacemos alusión a todo un repertorio integrado. Un solo gran nudo, si se quiere, cuyas amarras son precisamente las artes que exploró a lo largo de su trayectoria. Sería más conveniente, de algún modo, calificarlo por encima de todo como creador.

Si abordamos el plano literario, quizás el frente más recurrente, la figura de Eielson es fundamental en la gestación de la Generación del 50, la cual reuniría también a poetas como Carlos Germán Belli, Javier Sologuren, Washington Delgado, entre otros.

En los albores de su producción lírica —es decir, de la cual se tiene registro, porque desde muy joven mostró afición por la escritura, las artes y la música—, Eielson demuestra predilección por el simbolismo, por ende, es notaria la influencia de autores como Rilke y Rimbaud en sus primeros trabajos.

De esta admiración, junto con la lectura intimista de los mitos griegos, surgen poemarios como Ájax en el infierno (1945) y Reinos (1944), el más importante de sus trabajos tempranos. Y es que, con solo 21 años, Eielson obtiene por estos poemas el Premio Nacional de Poesía en 1945.

La trascendencia de Reinos no solo radica en el entusiasmo que generó en la palestra literaria por la obra de Eielson, sino que mostró una ruptura y reforma de la estética y las convenciones líricas, tal como sucedió con Vallejo tras la aparición de Trilce (1922) dos años antes del nacimiento de Eielson.

Poeta en tierra extranjera

La visión artística de del poeta no solo se limita a la observación y compromiso con el paisaje natal. Y si bien con él se rompe aquella creencia de los profetas negados en su tierra, es el mismo Eielson quien decide exiliarse por cuenta propia.

Pero ello no es un acto gratuito, sino un manifiesto. El mundo necesita ser transformado a través de las palabras y el compromiso del artista, según su visión, es mirarlo y abordarlo más allá de la formación artística misma.

Tal vez por ello, y el mismo espíritu místico y cosmopolita que lo inquietaba lo llevo a continuar su producción en Italia, específicamente en la Roma milenaria, en donde se gestan las obras Habitación en Roma (1952), Noche oscura del cuerpo (Roma, 1955) y Arte poética (Roma, 1965).

En esta etapa se hace patente la religiosidad y múltiples guiños a los clásicos, pero sobretodo el culto al cuerpo, lo cual marcaría claramente la perspectiva y el devenir de la producción eielsoniana. Otra de las características plasmadas de esta etapa es también el alejamiento de la lírica, para recaer en piezas en prosa o fragmentos que trabajan una idea hasta secarla por completo.

Los nudos eternos

Las últimas etapas de Eielson están marcadas por la observación plena del drama humano, aquel que se desarrolla bajo el manto de la cotidianeidad. De esta visión íntima nace Nudos, la cual es el testimonio pleno de la problemática del hombre frente al mundo.

Dejemos de hacer poesía (literalmente hablando) y abordemos también la faceta plástica del autor. Muchos recuerdan a Eielson por sus famosos quipus y los nudos, que son más que nada una manifestación personal de su visión artística. Pero sobre los quipus mucho se dice e interpreta. Y, quizás por ello, se hace más interesante su apreciación.

En un artículo del diario El Comercio de marzo del 2016, se dice que los quipus tal vez fue la manera en la que Eielson decidió mirar al Perú desde las tierras lejanas que habitaba, acercándose de alguna manera hacia el país que lo vio partir a los 25 años.

También se hace mención a José María Arguedas, quien fue su maestro de secundaria, y quien probablemente jamás le perdono que abandonase el Perú. Si esta fue o no una forma de hacer las paces con él, lo cierto es que el compromiso del artista es únicamente con su visión del mundo y la de Eielson traspaso su propia tierra.

A cien años de su nacimiento, y a lo mejor dentro de cien años más, seguiremos encontrando nuevas lecturas, nuevas interpretaciones y símbolos en su obra.



Ida Vitale: Cien años de poesía y entrega literaria

La última representante viva de la llamada generación del 45 , a la cual perteneció también Mario Benedetti, cumple hoy cien años. Su poesía está marcada por un fuerte acercamiento a los clásicos y a la literatura universal. Aquí te dejamos un breve repaso sobre la obra de una de las poetas uruguayas más importantes.

Para Vitale, todo ya ha sido dicho, sin embargo, no todo ha sido escrito. Su poesía sigue la trayectoria de las vanguardias latinoamericanas , pasando por un marcado simbolismo que toma lo más impactante de la naturaleza para generar sensaciones. Vitale demuestra en su poesía que las palabras, incluso el verso se encuentra en constante cambio, no por nada una de las características más resaltantes de su obra es la búsqueda estética y existencial de las palabras.

Repetición constante (pero original)

Uno de los tópicos más importantes de su obra es la constante intertextualidad literaria, que no es más que la conexión con otras literaturas. Por ello es que la poeta señalaba que la repetición constante de temas en la literatura es algo natural, lo cual lleva a plantearse diversas conjeturas sobre la originalidad.

Si nos remontamos a lo dicho por el escritor argentino Abelardo Castillo, quien señala la desnudez como una representación concreta de lo «original», las teorías de Vitale sobre la originalidad calzarían bien con los cuestionamientos sobre este concepto. Por ello es que la poeta insiste en que todo debe volver a decirse, de diferente manera pero vuelto a decir.

Ida universal

La poeta uruguaya Ida Vitale (Montevideo, 1923) durante la entrevista con EFE en Madrid, en la que ha hablado de su poemario «Tiempo sin claves» .EFE/ Fernando Alvarado

Si seguimos con la intertextualidad de Vitale, su obra dialoga constantemente con la mitología griega. En el poema La grieta en el aire, vemos una referencia sustancial a la figura de Penélope, símbolo de la fidelidad matrimonial y la espera paciente. Obligaciones diarias trae consigo la figura de Ariadna.

Y, no solo encontramos referencias a los clásicos, sino también a autores de la talla de Mallarmé, Constantino Cavafis, entre otros, con los que los poemas de Vitale se interconectan y rinden una especie de tributo que, lejos de ser una copia desmedida, termina cogiendo la esencia de cada uno de ellos para formar un estilo propio e inimitable.

¿Cómo empezar a leer a Ida Vitale?

La primera etapa de la poeta puede ser leída en poemarios como La luz de esta memoria, Palabra dada, Cada uno en su noche y Paso a paso. Por otro lado, en la web podemos encontrar poemas esenciales de la autora para acercarnos un poco más a su obra, como lo son «En el dorso del cielo», «Cuadro», «Penitencia», «Residua», entre otras.