Recomendaciones para publicar tu primer libro con un final feliz

Autores decepcionados con las empresas con las que publicaron sus primeros libros, son algo común. Quizá las expectativas son muy altas para los autores, y por otro hay empresas de autopublicación que ofrecen demasiado por desembolsos ridículos. Por eso, hay que tener clara la diferencia entre una empresa de servicios editoriales (ESE) y una editorial tradicional; además hay que ser conscientes de qué se trata una autopublicación, sus riesgos y saber que el éxito no siempre está asegurado. Juan Miguel Marthans, director de la Escuela de Edición de Lima, nos brinda algunos consejos importantes a tener en cuenta.

Por Juan Miguel Marthans

Quizás al leer estas líneas percibas pesimismo, pero es todo lo contrario; es el deseo de que sepas qué esperar y minimizar riesgos. Todo sea para que ese primer libro tenga un final feliz.

Cuidado con quién trabajas.  Siempre es recomendable hacer una búsqueda de antecedentes y ver si la empresa —o la persona— está verdaderamente en posición de cumplir todo lo que te ofrece. Hay muchas empresas de servicios editoriales (ESE) que asumen compromisos que escapan totalmente de sus manos: como colocar a un autor nuevo en todas las librerías y todas las vitrinas, o bien una cobertura mediática en prensa. Una ESE lo más seguro es que tenga poca rotación de mercadería debido a que son autores nuevos, y la ESE no es dueña de los medios como para asumir la responsabilidad de cumplir con una amplia cobertura.

Abre los ojos y siempre duda de las opiniones favorables de una ESE. Si pagas, lo más seguro es que todas las ESE te dirán que tu obra es genial y marcará un antes y un después en la literatura mundial. Si así fuera, arriesgarían como una editorial tradicional. Pero no. Es evidente que tu libro necesitará muchos ajustes, y todo eso es parte del proceso. Más bien, confía en quienes tengan opiniones críticas a tu obra y te den soluciones reales, o bien te digan que lo vuelvas a intentar y que aún no es el momento para publicar tu trabajo. Y, sobre todo, desconfía de las palmaditas en la espalda que llegan acompañadas de un presupuesto sospechosamente económico.

Jamás termines de cancelar por un trabajo que no esté terminado o por salir. Se sabe de ESE que te ofrecen incluso descuentos por «pronto pago» o pagos anticipados. Una empresa que está desesperada por tener caja, lo más seguro es que quiera mover tu dinero para cumplir con compromisos ya demorados de otros autores. Y, así, tendrás que esperar a que lleguen nuevos autores a quienes les dirán lo mismo para que tu libro pueda salir.

Aunque parezcas desconfiado, siempre pide ver el tiraje de los libros. Es común encontrar empresas que hacen tiradas muy por debajo de lo pactado. Esto se pone en evidencia fácilmente, más ahora que hay imprentas que pueden hacer tiradas muy bajas. Si tiras quinientos, seguro te dirán algo así: «Te doy cien para ti y los otros cuatrocientos van a librerías y te voy reportando conforme se vendan». Luego te darás con la sorpresa de que solo está en tres librerías y dejaron cinco ejemplares en cada una.

Nunca aceptes un presupuesto demasiado bajo por parte de una ESE. De hacerlo, es posible que tu libro no salga nunca. El trabajo de producción de un libro no es barato. La mayoría de costos en el trabajo editorial son fijos, por lo que producir un libro nunca será económico. Editor, corrector, diseñador, maquetador… es un equipo grande, y cada uno tiene un presupuesto asignado más allá del tiraje que pactes. Si es económico es porque se están obviando algunos agentes o porque están necesitando caja para, en el mejor de los casos, liberar algún título pendiente.

Evita la imagen de coedición autor-editor. No existe tal cosa. La gente cobra y debe cobrar por su trabajo. Es lo normal. Decirle a un autor nuevo y desconocido y que vive en un país con un mercado cultural contraído que uno va a ganar un porcentaje por la venta del libro… ¿es creíble? ¿Cuántos libros debería venderse para cubrir la inversión de la ESE en edición, corrección, diseño, distribución, marketing, prensa, control de ventas, etc.? ¿Cien o quinientos? Lo único que pasará es que se generará un hueco en el presupuesto que será cubierto con el porcentaje del autor y con lo que se le está cobrando desde un inicio. Luego el autor dirá: «Me deben mis “regalías”».

Goza el momento. Trabajar tus primeros libros debería ser la suma de momentos agradables, de conversaciones, debates, aportes y sugerencias entre el autor y el —o los— responsable del texto. Si percibes indiferencia y un trabajo tan solo a nivel técnico, el texto no se mejorará. La indiferencia y la limitación a las tildes y uno que otro problema de puntuación, no basta para obtener el mejor resultado. Y esta indiferencia, es evidente, se dirigirá también al plano comercial. Lo más gratificante de las primeras publicaciones es pasarla bien y que el libro salga lo mejor posible y digno de tentar suerte con algunos lectores.

Reflexiona acerca de cuál es tu público objetivo. Si crees que el mercado va a responder a un autor nuevo que se está autopublicando, podría ser que funcione. Pero hay que ver cuál es el porcentaje de éxito en estos casos. Pensar que la gente te pedirá autógrafos o te esperará en el aeropuerto, no pasará. Te lo aseguro. Mover un primer libro es un proceso muy lento y que seguro irá de la mano de un segundo trabajo. Y si la ESE no te ha comentado eso, duda. A algunas personas que han escuchado eso argumentan casos de éxito de dos o tres nombres en un océano inabarcable de millones de personas autopublicadas en Amazon. Con ese pensamiento, no habrá final feliz. Los malentendidos estarán al acecho permanentemente.

Agradece a quienes sean sinceros contigo, a los amigos que te hayan leído y criticado, a los profesionales con los que has trabajado, a quienes te han abierto las puertas en algunos medios y en espacios de venta. Así no te guste lo que escuches, agradécelo. En este trabajo, un comentario negativo vale más que cien aplausos. Sé consciente de que tus amigos y familiares son el primer círculo donde circulará tu libro y quienes tendrán en sus manos una importante difusión de tu trabajo. Piensa en que los que no te conocen no tienen ningún interés en tu libro. Y esto me lleva a invitarte a hacerte esta pregunta: ¿Has ido a una librería y comprado motu proprio el libro de un desconocido? Si no lo has hecho, ¿por qué lo tendría que hacer otro por ti? Así que si conoces el caso de alguien que de manera espontánea haya comprado tu libro sin saber quién eres, agradécele más que a todos.

Amistades que trascienden las aulas (y el tiempo)

Ricardo Meinhold, Gloria Cabrejos y Cinthya Carbonell y André del Águila, exalumnos de la Escuela de Edición de Lima, junto a Juan Miguel Marthans, director de la EEL, se juntaron en el marco del Día de la Amistad para recordar los mejores momentos que pasaron en la institución, donde forjaron un vínculo que se mantiene hasta hoy.

¿Cuál es el recuerdo más importante que tienen respecto a su amistad forjada en la Escuela de Edición de Lima?

Ricardo Meinhold: Con Gloria, editar la revista que trabajamos junto a un grupo de amigos «letraheridos» de la Escuela. Con Cinthya, su buen gusto recomendando libros y actividades culturales.

Gloria Cabrejos: Recuerdo mucho el tiempo en el que nos reuníamos para realizar el proceso editorial completo de dos de las revistas de la Escuela —Una revista de libros y Beppo— las cuales eran trabajadas íntegramente por alumnos y profesores. Fueron reuniones de trabajo voluntario extremadamente divertidas y gratificantes, en las que todos aprendíamos de todos, pues como equipo teníamos que dividirnos las tareas para lograr el objetivo: publicar una revista con contenido de calidad.

Cinthya Carbonell: Para mí es la participación en Corcho Libro. Ahí los escuché, los conocí más y aprendí de ellos y de todos los demás integrantes.

André del Águila: Las parrilladas en el primer local de la EEL, en Mariano Odicio. Todos congregados alrededor de un fuego diminuto, pero que era la excusa perfecta para conocer gente y charlar por horas sobre libros.

Juan Miguel Marthans: La Escuela de Edición de Lima lleva casi nueve años operando y una pandemia de por medio. Por lo que muchas cosas han pasado. Antes de la pandemia hubo proyectos que buscaban que los alumnos y profesores se acercaran entre ellos. Un proyecto que nació ahí por el 2016 fue Corcho Libro, el cual mutó de un ser un club de lectura a ser un grupo de buenos amigos lectores. Hasta hoy nos reunimos y hacemos actividades, conversamos de libros e intercambiamos lecturas. Esperamos que pronto se puedan plantear ideas que generen nuevos espacios como Corcho Libro.

¿Podríamos decir que el amor por los libros y la labor editorial también fue un aliciente para fortalecer su amistad?

RM: Desde luego. Compartir gustos o visones relacionadas con la cultura —palabreja tan maltratada— era un lujo no muy común en estos tiempos de TikTok e influencers.

GC: Por supuesto. Si bien nuestras carreras son distintas, el punto en común de nuestra amistad gira alrededor de nuestro amor por los libros, por la lectura y por la escritura. Debido a nuestra pasión por los libros, la Escuela creó un club de lectura al que llamamos Corcho Libro. Lo bonito de este club no solo era que todos los que participábamos escogíamos un mismo libro para leer, sino que también nos reuníamos —y lo hacemos hasta la fecha— para intercambiar puntos de vista. Fue interesante también habernos reunido con algunos escritores peruanos como Carlos Schwalb y Antonio Gálvez Ronceros para hablar sobre sus obras. 

CC: Sí, todas las personas de la EEL que conocí durante estos siete años aman los libros y hablan con gran entusiasmo de los contenidos, los autores, las novedades literarias y las ferias.

AA: Definitivamente. Encontrar gente con intereses similares a los tuyos que pese a tener un trabajo diario de ocho hora a más y con labores completamente disímiles, llegaban a la Escuela y compartían su verdadera pasión. Creo que es uno de los aspectos que más destaco. La EEL fue un oasis para muchos de nosotros.

JMM: El amor por el trabajo editorial es un punto en común muy fuerte dentro de la Escuela. Y no solo es amor por los libros sino también pasión, tanto para leerlos como hacerlos. Así que ¿qué puede ser más fuerte que una pasión para cultivar buenas amistades?

¿Se mantienen en contacto después de tanto tiempo y haber compartido aulas juntos?

RM: Como las buenas amistades —hemos pasado en poco tiempo vivencias tan intensas— nuestra amistad perdura a pesar de los largos intervalos.

GC: Siempre. Cada vez que podemos nos reunimos. Cabe mencionar que una reunión infaltable una vez al año es nuestro clásico intercambio de regalos que, para nosotros, siempre es un intercambio de buenos libros.

CC: Sí, nos comunicamos a través de Corcho Libro y por mensajes. 

AA: Sí. Con algunos hemos viajado juntos. Tratamos de reunirnos cada vez que podemos y procurando que coincida la mayoría. Llevamos más de siete años haciéndolo.

JMM: Hasta el día de hoy nos reunimos. Quizá no con la frecuencia de antes, pero eso hace que cada reunión sea sumamente especial. Al final, Corcho Libro terminó siendo un grupo de grandes amigos.

Para ustedes ¿cuál es el significado de la amistad?

RM: Si la amistad es el reflejo de nuestras personalidades, de nuestras diferentes formas de ver la vida, ellas representan mi mejor reflejo.

GC: Para mí, la amistad es pensar en una persona con cariño y aunque no la vea con regularidad siempre será un placer encontrármela nuevamente, tomarnos un café y conversar largo y tendido. Pienso que la amistad se mide en función al tiempo de calidad que pasamos con personas con las que estamos a gusto y con las que podemos conversar de todo y de nada a la vez.

CC: La honestidad, la lealtad y la empatía. 

AA: Compañeros de aventuras y pasiones. Una mano que siempre estará tendida para cuando la necesites.

JMM: La amistad… complicado encontrar un significado exacto, pero sí se puede hacer un listado de cualidades en torno a ella como la pasión, el cariño, el respeto, la honestidad y la solidaridad. Ya sobre eso se pueden construir cosas extraordinarias y descubrir personas que consideres verdaderos amigos.

El Día de las Librerías (y una breve lista de libros sobre librerías)

A quienes nos gusta estar rodeados de libros, por lo menos una vez se nos ha cruzado por la cabeza tener una librería propia: desayunar, almorzar y cenar libros, de lunes a domingo, durante todos los días del año. Y es que las librerías son lugares cargados de magia, que hipnotizan y nos secuestran, aunque sea unos minutos, cuando pasamos frente a una.

Además, vivimos haciendo nuestra propia lista de las librerías favoritas que vamos encontrando, ya sea en un viaje, o andando por ahí, o incluso hoy en formato virtual, o tal vez con dealers que suben sus novedades y ofertas en redes sociales.

Y hoy, 11 de noviembre, se celebra lo que son —en su mayoría— espacios idílicos (aunque existan librerías que más bien generan el rechazo de sus clientes con libreros malhumorados, con vendedores imberbes sabelotodo u otros que más bien ignoran incluso lo que venden y que podrían despachar perfumes por catálogo tan igual que libros; o librerías que se ganan mes a mes la repulsión de sus proveedores por obvias razones… por favor, perdonen el exabrupto).

Esta fecha nos sirve para hacer un repaso por títulos en los que las librerías (y los libros) son los personajes principales. Aunque algunos no lo crean (quizás los más ajenos al sector editorial), la lista que se podría hacer es bastante larga, por lo que he tenido que limitarla a veintiunodos. No todos los libros que aparecen los he leído; hay algunos que solo los he revisado, otros que están en la cola por leer, y otros incluso habitan aún en la lista navideña de deseos.

  1. 84, Charing Cross Road, Helene Hanff (Anagrama)

Este libro es el deleite de muchos. Quienes viven los libros han disfrutado leer estas misivas entre Helene Hanff —que escribe desde Nueva York— y Frank Doel —librero en Marks & Co., en Londres—. Esta correspondencia que nace de solicitudes que parecen reclamos, se va transformando en una amistad que dura muchos años.

2. Librerías, Jorge Carrión (Anagrama)

Este libro es un recorrido por las principales librerías del mundo, las que a su vez sirven para reflexionar acerca de la importancia de estos espacios y de cómo han influido en la sociedad.

3. Contra Amazon, Jorge Carrión (Galaxia Gutenberg)

Partiendo de un manifiesto en contra de Amazon, en el que se presenta los problemas que el dominio de este gigante puede significar en negocios tan singulares como el de las librerías, luego Carrión retoma la línea de lo que fue Librerías, rescatando más espacios que mantienen la pasión hacia los libros.

4. Shakespeare and Company, Sylvia Beach (Trama)

Libro relativamente nuevo en el catálogo de Trama, editorial que alberga una larga lista de libros para interesados en el mundo del libro. Sylvia Beach, norteamericana, en 1919 abrió una librería en París que se convirtió en una leyenda: Shakespeare and Company, punto de encuentro de la intelectualidad parisina de la época. Sylvia Beach también es recordada como la primera editora del Ulises de Joyce.

5. El gabinete mágico, Emilio Pascual (Siruela)

Este título de Emilio Pascual acaba de salir publicado. Aunque no se trata necesariamente sobre librerías, es acerca de bibliotecas, y sobre bibliotecas imaginarias que aparecen en la literatura universal: como la Biblioteca de Babel de Borges, o la de la abadía de Umberto Eco, o la del Quijote. Igual que quede en esta lista porque estoy seguro que será del interés de muchos.

6. La librería más famosa del mundo, Jeremy Mercer (Malpaso)

Vuelve a aparecer Sylvia Beach en la lista, pero esta vez no como autora, sino como personaje de una crónica de Jeremy Mercer acerca de la emblemática Shakespeare and Company.

7. Cosas raras que se oyen en las librerías, Jen Campbell (Malpaso)

En definitiva, es el libro más jocoso de esta lista, pues recoge una serie de frases anecdóticas que se pueden oír en una librería.

8. La librería como negocio, de Giorgio Brunetti, Umberto Collesei, Tiziano Vescovi y Ugo Sòstero (Fondo de Cultura Económica)

Una librería es un negocio y este libro busca reforzar la parte dura, la de los números y las estrategias que se deben seguir para poner los pies sobre la tierra. Pues la librería, por más negocio romántico que sea y así tenga un sinnúmero de particularidades, debe ser rentable para sobrevivir.

9. La librería, Penelope Fitzgerald (Impedimenta)

En un pequeño pueblo una mujer decide abrir una librería en una casa antigua. Es la primera librería del pueblo, y aún siendo la única hay mucha gente que se rehúsa a aceptarla, más aún cuando pone en venta Lolita. En el 2017, la española Isabel Coixet la llevó al cine.

10. Fahrenheit 451, Ray Bradbury (Debolsillo)

Un clásico. Una lectura obligatoria para todos quienes se sienten atraídos por los libros. En un oscuro futuro distópico la quema de libros es algo obligatorio. Están prohibido los libros. Todos deben ser destruidos. Pero un grupo de personas han logrado rescatar varios títulos: los han memorizado. François Truffaut hizo una maravilla con ese libro al llevarlo al cine.

11. Un librero, Álvaro Castillo Granada (Literatura Random House)

Una serie de breves cuentos que suceden en una librería de viejo. En algunos los libros son los mismos personajes que observan lo que sucede alrededor de ellos. Álvaro Castillo Granada, colombiano, nos transmite la pasión que se respira dentro de una librería, dentro de los libros mismos y de las historias que estos guardan —a veces más allá de sus páginas.

12. La librería encantada, Christopher Morley (Periférica)

Este clásico estadounidense es la continuación de Una librería ambulante. La pareja conformada por Roger Mifflin y Helen McGill se establecen en un viejo local de Brooklin en el que montan una librería por donde transitarán divertidos personajes.

13. Desde el ojo del huracán, Marina Sanmartín (Ariel)

Este reciente ensayo de Sanmartín es un recorrido por la historia de las librerías y de los libros, y cómo estos han cambiado nuestra vida. Un título que se ve muy interesante, sobre todo ahora que El infinito en un junco nos ha mostrado lo mucho disfrutamos la historia del libro.

14. El librero, Roald Dahl (Nórdica)

William Buggage vendía libros raros en Charing Cross Road —sí, donde tenía su librería Frank Doel—. Tenía su ayudante, la señorita Tottle. Roald Dahl nos cuenta una historia de libreros no muy atentos a la librería, que vivían sumidos en sus propios asuntos.

15. Rialto, 11, Belén Rubiano (Libros del Asteroide)

La librería Rialto cierra sus puertas en 2002. Este libro, quizás autobiográfico parcialmente, es la vida de la librera y cómo comenzó a formar parte del mundo de los libros. Un libro que rescata todo lo puede suceder al interior de este negocio.

16. Memoria de la librería, Carlos Pascual, Paco Puche y Antonio Rivero (Trama)

Este libro recoge la experiencia de los tres autores, libreros españoles experimentados, quienes desde sus diversas vivencias nos muestran cómo es el mundo librero.

17. Memorias de un librero, Héctor Yánover (Trama)

El autor fue un referente importante en el mundo del libro argentino. Fue el responsable de la Librería Norte. Un libro imprescindible.

18. La librera de París, Kerri Maher (Navona)

El tercer libro en la lista que tiene a Shakespeare and Company de personaje central. Esta vez Kerri Maher construye una novela en torno a la historia de esta emblemática librería.

19. Diario de un librero, Shaun Bythell (Malpaso)

En el 2001, Shaun Bythell compra The Bookshop, una librería de viejo, la más grande de Escocia. Esta es la historia de su aventura y recorrido a través de muchas anécdotas.

20. Mis días en la librería Morisaki, Satoshi Yagisawa (Letras de Plata)

La primera novela de Yagisawa. Una historia ligera en la que una chica japonesa, defraudada por su antigua pareja encuentra un nuevo sentido en su vida gracias a la magia de los libros.

21. Nuestras riquezas, Kaouther Adimi (Libros del Asteroide)

Un libro que mezcla realidad y ficción y que, por lo que dicen, cuenta con una buena documentación. En 1935, Edmond Charlot, un joven que vuelve a Argel luego de haber estado en París. En Argel funda una librería y una editorial que se convierte en punto de reunión de intelectuales. Es en Argel donde publica un libro del aún desconocido Albert Camus. La librería se llamaba Las Verdaderas Riquezas. Por otro lado, en 2017 un joven ajeno al mundo literario llamado Ryad tiene la misión de pintar el viejo local de la librería. En estos dos planos temporales, Adimi nos cuenta la historia de la librería y del amor hacia los libros.

22. Mendel, el de los libros, Stefan Zweig (Acantilado, Godot)

Mendel es un librero de viejo que atiende a una selecta clientela. Vive ensimismado en sus lecturas mientras opera desde el Café Gluck. Al estallar la Primera Guerra Mundial es llevado a un campo de concentración. Al volver, el mundo ya no es igual. Un breve relato que logra conmover. Un imperdible de Zweig.

Ley del Libro: ¿qué impresiones dejó esta nueva medida?

El pasado 10 de octubre, el Ejecutivo promulgó la Ley del Libro y la Lectura, la cual busca acortar la brecha de acceso al libro. ¿Qué impresiones ha suscitado esta iniciativa, en cuanto a acciones concretas de acercamiento al libro y la lectura? Aquí te dejamos las respuestas de Pablo Cotrina1, Karen Calderón2 y Juan Miguel Marthans3.

En torno a la ley, ¿basta solo con la exoneración del IGV y la protección a las editoriales para conseguir un real fomento de la lectura en el país?

Pablo Cotrina: La exoneración del IGV ayuda a que la industria no se vea penalizada por los impuestos debido a que no se puede tratar el libro como un comodity, pero para un fomento de la lectura hay que hacer estrategias separadas. El Plan Lector y otras iniciativas privadas exitosas de lectura pueden tener continuidad con esta medida.

Karen Calderón: Son medidas necesarias para coadyuvar a las políticas de fomento de la lectura en nuestro país. Sin embargo, creemos que, de manera complementaria, se pueden trabajar en otros formatos que van de la mano con la capacitación o formación de mediadores de lectura. Por ejemplo, diseñar y ejecutar un Plan Nacional de Mediación de Lectura, en donde la comunidad educativa de la educación básica regular, la educación técnica y universitaria, los gestores culturales vinculados al mundo del libro (bibliotecas, editoriales, instituciones del Estado, entre las principales) puedan trabajar en el fomento de la lectura de manera obligatoria (política de Estado con presupuesto asignado).

Juan Miguel Marthans: La exoneración del IGV es un gran paso. Enorme. Ahora, vivir esta incertidumbre cada cierto tiempo solo indica la poca relevancia que le da el Gobierno a las políticas culturales en cuanto a mercado editorial. El real fomento del ecosistema editorial se dará cuando se plantee y desarrolle un verdadero fortalecimiento de la red de bibliotecas, como espacios culturales activos, modernos y con contenido actualizados.

¿Qué papel juegan las librerías en el fomento de la ley, pues no se les ha tomado en cuenta en cuanto a la promoción de la lectura en el país?

Pablo Cotrina: Las librerías son una parte fundamental del eslabón de la cadena del libro, sin embargo, integrarla dentro de la promoción de la lectura es difícil porque la librería es, sobre todo, un vendedor y para un plan de promoción de lectura el acceso continuo a los textos es crítico y debe ser gratuito. Eso no lo provee una librería, más sí una biblioteca o un entorno de lectura diseñado en casa o en otros medios digitales.

Karen Calderón: Las librerías, como parte de la cadena de distribución son muy importantes pues son una plataforma de acceso al libro. No obstante, es importante recordar que el acceso al libro o aprender a leer son derechos educativos y culturales que debemos defender. En cuanto a la ley del libro, creo que sería mejor indagar cuál es la propuesta que sobre este sector tiene el Ministerio de Cultura. En cuanto al trabajo del fomento de la lectura, es importante entender que el libro es un producto cultural que se vende y, por lo tanto, las familias deben poder adquirir libros sin la preocupación de la economía familiar. Entonces, sí creo importante consultarles.

Juan Miguel Marthans: Las librerías son agentes relevantes dentro del ecosistema del libro, pero no son determinantes en un plan de desarrollo de la lectura o de promoción del libro en el país. Y esto por varias razones y antecedentes que se han dado.  Las librerías son espacios comerciales, en su gran parte la mercadería que manejan es importada y el vínculo con las editoriales nacionales —medianas y pequeñas— muchas veces se ve empañada por la falta de cumplimiento de los compromisos, además de la priorización de atención a productos de alta rotación —que no está mal, pero muestra su rol principalmente como agente comercial.

¿Cuál deberían ser las propuestas de mejora del Ejecutivo sobre la ley, para articular un sólido fomento del libro y la lectura en el país?

Pablo Cotrina: Lo mejor que pueden hacer es seguir en comunicación con los distintos gremios de toda la cadena del libro (editores, librerías, bibliotecas, autores, distribuidores) para recoger las necesidades cambiantes que tienen y atenderlas con medidas paliativas o de protección, por ejemplo, reducir el impacto de los precios del papel y los insumos para producir libros, los precios distintos que tiene un mismo libro en distintas plataformas, los estímulos para creación y más. Integrar a los privados en iniciativas conjuntas para el fomento de la lectura también es una necesidad que el Ejecutivo puede ayudar a articular.

Karen Calderón: Lo ideal sería que la Política Nacional del Libro y la Lectura tenga un mayor alcance en cuanto a su difusión, y pensar que una ley del libro futura debe acoger un programa nacional donde se garantice el trabajo del fomento de la lectura para acortar brechas. Un programa que permita diseñar cursos de formación o capacitación según tipos de lectores; que garantice el fomento en diversas lenguas (nacionales y extranjeras); que permita recoger data sobre qué tipo de lectores tenemos, cuál es la brecha en temas de acceso al libro, de comprensión lectora; de bibliotecas por número de ciudadanos. Es importante que los programas nacionales propongan panoramas y resultados para que los contenidos de estos se revisen todo el tiempo, y se planteen siempre mejoras para el fin común: que la mayor parte de la población tenga acceso al libro.

Juan Miguel Marthans: La red de bibliotecas es lo primordial. Es lo que permitirá al sector editorial mejorar la calidad de sus propuestas. Eso se lograría con propuestas editoriales serias, que maduren rápido y que sean viables. También es de gran relevancia la profesionalización de los agentes del sector. Muchas veces el entusiasmo de muchos desaparece al poco tiempo, y eso es por no contar con una serie de herramientas para entender cómo se comporta el mercado editorial. Por otro lado, se hace necesario el fortalecimiento de las instituciones que representan a los agentes del sector editorial. El mundo del libro no es hacer ferias únicamente, ni mantener agrupaciones débiles y que parecieran tener una única voz. En los últimos años se han generado iniciativas que promueven el estímulo a nivel de la oferta editorial, activar la participación gratuita de un grupo de editoriales dentro de las principales ferias (incluso su propia feria), la entrega de los estímulos económicos (que definitivamente aporta), pero ver qué se estimule la demanda a través de actividades…  Sería interesante ver eso, le daría dinamismo e inyección económica al sector.

1Pablo Cotrina es editor con experiencia en edición comercial y académica. Ha dirigido distintos proyectos editoriales, como director nacional del fondo editorial de la Universidad César Vallejo. Asimismo, posee un máster en edición por la Universidad de Salamanca (España). Actualmente es docente de la Escuela de Edición de Lima.

2Karen Calderón es productora editorial, gestora cultural y cuenta con un máster en edición (España). Es profesora universitaria y magíster en Literatura Peruana y Latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Actualmente es directora de la Casa de la Literatura Peruana y docente de la Escuela de Edición de Lima.

3Juan Miguel Marthans es editor especializado en publicaciones no periódicas, con cerca de veinte años de experiencia en el sector editorial. Ha dirigido cerca de 350 publicaciones de diversas temáticas. Actualmente es director de la Escuela de Edición de Lima y del Centro de Desarrollo Editorial y de Contenidos, la cual es una propuesta que va de la mano con la EEL y que se expande a toda Latinoamérica en busca de estudiantes, docentes y autores de la región.

Cuatro lecturas recomendadas para quienes comienzan en el trabajo editorial

El oficio del editor nace de una costumbre sana y apasionante: la de un lector compulsivo. Juan Miguel Marthans, director de la Escuela de Edición de Lima, nos recomienda una serie de lecturas para todos aquellos que deseen instruirse en la labor editorial.

El eco del primer paso que se da en el mundo editorial es un vaticinio propio de la mafia: el que entra, no sale. Esto lo he visto en casi todos los jóvenes que, estando en los últimos ciclos de la universidad, optaron por «practicar» en la editorial en la que trabajé por muchos años. Y digo «casi todos» porque unos cuantos se retiraron a las pocas semanas: los que nunca encontraron sintonía con esta labor.

Recordar a estos jóvenes entusiastas, dispuestos a realizar todo tipo de labor propia del día a día editorial, me hace barajar en la memoria qué títulos les hubiera sugerido leer en ese momento. Quizás en aquel entonces no era consciente de que luego de varios años los vería en lo mismo, pues este trabajo tiene altas dosis de terquedad, de costumbre, libertad y esclavitud.

Y aunque cuatro es un número bastante pudoroso para recomendar libros, creo que es suficiente para un primer contacto que no defraude ni tampoco asuste. He seleccionado títulos que considero de utilidad para quienes empiezan a transitar por los pasillos de la vida editorial. Seguro que la lista podría ser mucho más extensa, pero este es solo el comienzo de una serie de lecturas por descubrir y en las que uno mismo se irá sumergiendo.

El primer recomendado está a cargo de Kurt Wolff: Autores, libros y aventuras (Acantilado, 2010). Este libro lleva el siguiente subtítulo: «Observaciones y recuerdos de un editor, seguidos de la correspondencia del autor con Franz Kafka». Aunque no fue escrito con la intención de ser publicado como tal, reúne charlas que fueron emitidas en la radio, las cuales manifiestan la posición de Wolff frente al trabajo editorial: «O edita o bien los libros que considera que la gente debería leer, o bien los libros que piensa que la gente quiere leer. Los editores de la segunda categoría, es decir, los editores que obedecen ciegamente al gusto del público no cuentan, ¿verdad que no? Pertenecen a otro ordo, por utilizar ese bonito término católico. Para esa actividad editorial no se requiere ni entusiasmo ni buen gusto». Este libro nos presenta a un editor de la vieja escuela y lo que aspiramos, en el fondo, quienes realmente disfrutamos de este trabajo.

Otro título imprescindible es Los primeros editores, de Alessandro Marzo Magno, publicado por Malpaso. Marzo Magno reúne once historias bien referenciadas acerca de los años iniciales del trabajo editorial. Desde la labor de los editores en Venecia, presentando a Aldo Manuzio y las innovaciones que este trajo consigo, pasando por los armenios, los griegos, los editores especializados en música, cosmética, salud y gastronomía. Este es un libro que nos remite a la base del trabajo editorial y que ahonda aún más en el lado romántico y apasionado de esta profesión.

Leslie Sharpe e Irene Gunther nos entregan la tercera recomendación: Manual de edición literaria y no literaria. La primera edición en inglés data de 1994 y su aparición en castellano se dio once años después gracias al Fondo de Cultura Económica, bajo su colección «Libros sobre libros», dirigida en aquel entonces por Tomás Granados. Si alguien espera encontrar acá un manual estructurado con ítems a manera de recetas de pastelería, quedará defraudado. Este manual es una extensa narración que transita por las diferentes aristas del trabajo editorial, mostrándonos tanto la visión organizativa del mundo de las publicaciones no periódicas, así como la del ejercicio más próximo a la producción de contenidos. Sharpe y Gunther hacen en estas páginas una muy buena radiografía de lo que es el trabajo editorial.

Una última sugerencia es La marca del editor de Roberto Calasso, gran intelectual y editor insigne que tuvo a su cargo el delicado catálogo de Adelphi. En este libro, el autor nos introduce en su concepto del «libro único» y su necesidad para basar sobre ellos un catálogo editorial.

La voz de Calasso logra hacerse muy cercana al lector, como quien va aconsejando y compartiendo anécdotas que enriquecerán a quienes den sus primeros pasos en este mundo. Dice Calasso: «Un buen editor es aquel que publica aproximadamente una décima parte de los libros que querría y quizá debería publicar». La marca del editor invita a dar el salto hacia el mundo de los libros, a los referentes, a los personajes, y ver todo lo que sucede alrededor.

Estos cuatro libros tienen los ingredientes perfectos para afianzar la pasión por este trabajo, y serán el contrapeso necesario en el momento en que se abran los ojos y se complique comprender decisiones basadas únicamente en resultados comerciales (también importantes para seguir en el camino).

Espero que, quienes comiencen en este mundo, consideren estas recomendaciones. Ya luego me cuentan qué les parecieron.