Día Internacional de la Mujer: el rol femenino en el sector editorial

En esta importante fecha, reunimos a cuatro profesionales del rubro de México y Perú, quienes se animaron a comentar respecto al rol que desempeñan las mujeres en el campo editorial, así como los desafíos que afrontan en una rama en la que vienen ganando un merecido espacio.

¿Qué expectativas tienes respecto al desarrollo del sector editorial, ahora que la mujer tiene un papel preponderante dentro de la industria? Recordemos que Eva Congil y Núria Cabutí son CEO de Anagrama y Penguin Random House, respectivamente.

Karen Calderón (Gestora cultural peruana y productora editorial)

Sin restar valor al rol de los hombres en el mundo editorial —que histórica y culturalmente ha sido predominante—, la industria editorial empieza a tener una base sólida gracias a la ley del libro, que en cada actualización incorpora reconocimientos y beneficios. En ese camino, el rol de la mujer como gestora cultural en el rubro editorial está posicionándose cada vez mejor, no solo con nombres como los de Nuria o Eva, sino que en el caso peruano tenemos a importantes representantes del ciclo o cadena de la producción editorial. Hace unos años, Jessica Rodríguez creó Ediciones de Lirio; Carmen Plaza produce libros infantiles en la editorial de la UCV; Silvia Meza hace lo mismo en el Zorro Rojo; pero, además, nuestras ilustradoras como Isa Watanabe, correctoras como Sofía Rodríguez y Alessandra Canessa son muestras de que vamos por buen camino. Las gestoras culturales van a seguir desarrollando grandes ideas desde la autoría, producción editorial, elaboración de políticas para el sector, entre otras iniciativas.

Elizabeth Alvarado (Editora mexicana y conductora del programa Edición Libre. Somos bibliodiversos, de Jalisco Radio)

Creo que la atención hacia la incursión de la mujer en el terreno editorial y a nivel gerencial de los grupos editoriales se centra primero en destacar el relevo del género masculino, de la mano de una trayectoria demostrable y de la implementación de una tersa transición que no merme los dividendos. De tal manera que la estrategia innovadora es el papel de la mujer dentro de la industria como consecuencia de la realidad social; digamos que responde a la lucha por la igualdad de género. Visto de esta manera, la industria demanda mayor pluralidad en cuanto a contenidos, mayor atención a lo que ofrecen los productos desde el punto de vista cultural y mayor atención a las dinámicas comerciales leoninas que, en todo momento, padecemos los editores independientes. En el caso de las mujeres que, desde cero, emprenden un proyecto editorial independiente, la primera expectativa es saber si lo mantendrán y no sucumbirán a replicar prácticas no solo masculinas, sino emanadas de las editoriales transnacionales, tratando de evitar el riesgo que caracteriza a la edición independiente y andando sobre los pasos de lo que ya está garantizado.

Svetlana Rojas Zimin (editora peruana)

Me gusta pensar que es una señal muy positiva para el sector. El liderazgo de mujeres como Eva Congil o Núria Cabutí refleja que la industria editorial está evolucionando hacia espacios más diversos y abiertos. Sin quitarle mérito a figuras fundamentales como Jorge Herralde, tengo la sensación de que muchas mujeres aportamos a la edición una mirada especialmente integral y cuidadosa. Solemos tener una gran sensibilidad para los matices de una historia, una atención muy fina a los detalles y, al mismo tiempo, la capacidad de movernos entre muchas tareas a la vez sin perder de vista lo esencial. Quizá por eso somos tan multifacéticas: pensamos en el libro como obra, pero también en lo que transmite, en lo que hace sentir y en cómo dialoga con los lectores. Pensamos en el libro como un todo. Hace casi dos décadas trabajaba en Editorial Océano, que en ese momento representaba el fondo de Ediciones Salamandra. Recuerdo que Salamandra acababa de lanzar el último libro de Harry Potter y, en esas coordinaciones editoriales, tuve la oportunidad de conocer a Eva. Siempre me llamó la atención lo pendiente que estaba de cada detalle, con un profesionalismo muy sólido, pero también con una amabilidad y libertad muy genuinas.

Nancy García (Directora y socia fundadora de Lecturable)

Veo un sector editorial que seguirá creciendo de forma mesurada, pero también de manera más colaborativa, más plural y cada vez más consciente de su papel cultural. En mi experiencia —formándome, trabajando y colaborando dentro de la industria del libro— he tenido la oportunidad de acompañar a mujeres que lideran proyectos editoriales exitosos. En la mayoría de los casos he visto algo en común: los cambios no llegan con acciones estridentes, sino con decisiones constantes y sostenidas que, poco a poco, terminan teniendo un impacto muy claro en la forma en que se construye el sector. Ejemplos cada vez más visibles por la presencia de mujeres en puestos estratégicos, ha sido una apuesta más amplia por la diversidad de voces. Bajo el liderazgo de mujeres, muchas editoriales han fortalecido catálogos más abiertos a autoras, a nuevas miradas generacionales y a temas que antes tenían menos presencia en el mercado. Esto contribuye a enriquecer la bibliodiversidad y a conectar con lectoras y lectores contemporáneos.

Angie Arce (Editora peruana, docente y creadora de contenido)

Ahora que se ha visibilizado la presencia de más mujeres en cargos directivos de editoriales internacionales, como Eva Congil en Anagrama o Núria Cabutí en Penguin Random House, mi expectativa es que se normalice la participación femenina, pues ya no solo sostiene la industria desde el trabajo cotidiano, sino también desde la dirección estratégica. Asimismo, me gustaría que el sector editorial refuerce una visión más colaborativa, que se normalice tener mujeres como figuras admirables y que se eliminen etiquetas como «literatura femenina» cuando se habla de ciertos géneros.

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan las mujeres en el sector editorial?

Karen Calderón

Vivimos una paradoja. En los últimos años hubo más presencia de las mujeres en el sector editorial, pero el reconocimiento no se visibiliza. Estamos en 2026 y aún nos encontramos luchando por derechos laborales, estabilidad laboral y reconocimientos. La contradicción latente es que nos alegramos al establecer leyes, normas, bases, estímulos indicando qué «beneficios» deben tener las mujeres —casi somos sinónimos de «población vulnerable»— cuando esta base normativa no debería existir en un Estado coherente y respetuoso de la paridad de género, de la valía de hombre y mujer como agentes de cambio, como gestores culturales, creadores y productores. Ahora que estamos a puertas de elegir a nuestras nuevas autoridades nacionales, deberíamos revisar la propuesta en el sector cultura para las mujeres. Tenemos un largo camino por recorrer: formalidad del trabajo, capacitaciones, fomento de la microempresa editorial, dar oportunidad gerencial a la mirada femenina. Hay que seguir remando.

Elizabeth Alvarado

El desafío, en el caso de la edición independiente, de una mujer que se lanza a posicionar su catálogo es validarse a sí misma y no buscar que otros, que ya tienen camino andado, la validen dentro del gremio. Generalmente esto sucede cuando la ruta no es clara y se confunde brindar un servicio editorial enmascarado de edición independiente. Es como un grito de ayuda permanente que lleva implícito el mensaje «Soy mujer e intento que vean mi trabajo, pero lo estoy haciendo mal porque ni siquiera tengo claro cómo formar un catálogo e imprimirle mi sello personal femenino». Pero aquí estoy haciendo libros igual que todos y capitalizando la suma de mi género al nominativo de edición independiente.

Svetlana Rojas Zimin

Creo que uno de los principales desafíos es que, aunque las mujeres somos mayoría en muchos equipos editoriales, no siempre hemos tenido la misma presencia en los espacios de mayor toma de decisiones. Afortunadamente eso está cambiando. Otro desafío importante tiene que ver con la enorme carga de trabajo que implica la edición. Muchas mujeres en el sector somos profesionales multifacéticas: editamos, coordinamos, acompañamos autores, pensamos en el lector y en el posicionamiento del libro. Lograr equilibrar esa intensidad profesional con otras responsabilidades personales sigue siendo un reto para muchas. Y, por supuesto, está el desafío de seguir abriendo espacio a más voces y perspectivas en los catálogos. Creo que muchas editoras tenemos una sensibilidad especial para los matices de las historias y para entender cómo un libro puede dialogar con su tiempo y con sus lectores. Esa mirada —muy atenta a los detalles y a los «sentires» de una obra— me gusta pensar que es algo que puede seguir enriqueciendo muchísimo el mundo editorial.

Nancy García

Históricamente, el sector editorial ha tenido una presencia femenina muy fuerte en áreas como la edición, la comunicación, la promoción de lectura o la gestión cultural. Sin embargo, esa presencia no siempre se ha reflejado con la misma claridad en los puestos de dirección. Hoy es alentador ver a cada vez más mujeres liderando editoriales, librerías y proyectos vinculados con el libro, pero todavía hay varios desafíos por atender. Uno de ellos sigue siendo el ámbito laboral. En muchas empresas del sector aún podemos ver el llamado «techo de cristal», donde las mujeres sostienen gran parte del trabajo editorial, pero no siempre acceden en la misma proporción a los espacios de decisión, al reconocimiento profesional o a condiciones salariales equivalentes. Es una conversación pendiente en ésta y muchas otras industrias. También existen retos institucionales/gubernamentales. En algunos espacios editoriales públicos —casualmente liderados por varones—, la participación de mujeres sigue pensándose desde la lógica de «cumplir cuotas», cuando lo que debería estar al centro es la calidad y la trayectoria de su trabajo literario, académico o de gestión. El desafío es pasar de la representación simbólica a un reconocimiento real de su autoridad intelectual y profesional. Finalmente, hay un desafío que atraviesa a todo el sector editorial: la adaptación tecnológica. La incorporación de herramientas digitales, plataformas e inteligencia artificial está transformando la manera en que se producen, circulan y promueven los libros. El reto será apropiarnos de estas herramientas sin perder de vista la dimensión cultural y humanista que sostiene al ecosistema del libro.

Angie Arce

Uno de los desafíos sigue siendo que el liderazgo femenino se reconozca con la misma naturalidad que el masculino. Aunque muchas mujeres sostienen proyectos editoriales, dirigen equipos y construyen catálogos, todavía existe cierta tendencia a asociar su labor con el cuidado cultural más que con gestión profesional. En mi experiencia, por ejemplo, cuando atiendo el estand de la editorial Colmillo Blanco en ferias, es frecuente que las personas dirijan sus preguntas sobre la editorial a los hombres presentes, incluso cuando en más de una ocasión se ha tratado simplemente de un familiar que me estaba acompañando. Sin embargo, también creo que hay algo muy potente ocurriendo: cada vez hay más redes de colaboración entre editoras, escritoras y gestoras culturales en América Latina. Esas redes no solo permiten sostener proyectos, sino también imaginar una industria editorial más horizontal, diversa y consciente de su impacto cultural.

Ley del Libro: ¿qué impresiones dejó esta nueva medida?

El pasado 10 de octubre, el Ejecutivo promulgó la Ley del Libro y la Lectura, la cual busca acortar la brecha de acceso al libro. ¿Qué impresiones ha suscitado esta iniciativa, en cuanto a acciones concretas de acercamiento al libro y la lectura? Aquí te dejamos las respuestas de Pablo Cotrina1, Karen Calderón2 y Juan Miguel Marthans3.

En torno a la ley, ¿basta solo con la exoneración del IGV y la protección a las editoriales para conseguir un real fomento de la lectura en el país?

Pablo Cotrina: La exoneración del IGV ayuda a que la industria no se vea penalizada por los impuestos debido a que no se puede tratar el libro como un comodity, pero para un fomento de la lectura hay que hacer estrategias separadas. El Plan Lector y otras iniciativas privadas exitosas de lectura pueden tener continuidad con esta medida.

Karen Calderón: Son medidas necesarias para coadyuvar a las políticas de fomento de la lectura en nuestro país. Sin embargo, creemos que, de manera complementaria, se pueden trabajar en otros formatos que van de la mano con la capacitación o formación de mediadores de lectura. Por ejemplo, diseñar y ejecutar un Plan Nacional de Mediación de Lectura, en donde la comunidad educativa de la educación básica regular, la educación técnica y universitaria, los gestores culturales vinculados al mundo del libro (bibliotecas, editoriales, instituciones del Estado, entre las principales) puedan trabajar en el fomento de la lectura de manera obligatoria (política de Estado con presupuesto asignado).

Juan Miguel Marthans: La exoneración del IGV es un gran paso. Enorme. Ahora, vivir esta incertidumbre cada cierto tiempo solo indica la poca relevancia que le da el Gobierno a las políticas culturales en cuanto a mercado editorial. El real fomento del ecosistema editorial se dará cuando se plantee y desarrolle un verdadero fortalecimiento de la red de bibliotecas, como espacios culturales activos, modernos y con contenido actualizados.

¿Qué papel juegan las librerías en el fomento de la ley, pues no se les ha tomado en cuenta en cuanto a la promoción de la lectura en el país?

Pablo Cotrina: Las librerías son una parte fundamental del eslabón de la cadena del libro, sin embargo, integrarla dentro de la promoción de la lectura es difícil porque la librería es, sobre todo, un vendedor y para un plan de promoción de lectura el acceso continuo a los textos es crítico y debe ser gratuito. Eso no lo provee una librería, más sí una biblioteca o un entorno de lectura diseñado en casa o en otros medios digitales.

Karen Calderón: Las librerías, como parte de la cadena de distribución son muy importantes pues son una plataforma de acceso al libro. No obstante, es importante recordar que el acceso al libro o aprender a leer son derechos educativos y culturales que debemos defender. En cuanto a la ley del libro, creo que sería mejor indagar cuál es la propuesta que sobre este sector tiene el Ministerio de Cultura. En cuanto al trabajo del fomento de la lectura, es importante entender que el libro es un producto cultural que se vende y, por lo tanto, las familias deben poder adquirir libros sin la preocupación de la economía familiar. Entonces, sí creo importante consultarles.

Juan Miguel Marthans: Las librerías son agentes relevantes dentro del ecosistema del libro, pero no son determinantes en un plan de desarrollo de la lectura o de promoción del libro en el país. Y esto por varias razones y antecedentes que se han dado.  Las librerías son espacios comerciales, en su gran parte la mercadería que manejan es importada y el vínculo con las editoriales nacionales —medianas y pequeñas— muchas veces se ve empañada por la falta de cumplimiento de los compromisos, además de la priorización de atención a productos de alta rotación —que no está mal, pero muestra su rol principalmente como agente comercial.

¿Cuál deberían ser las propuestas de mejora del Ejecutivo sobre la ley, para articular un sólido fomento del libro y la lectura en el país?

Pablo Cotrina: Lo mejor que pueden hacer es seguir en comunicación con los distintos gremios de toda la cadena del libro (editores, librerías, bibliotecas, autores, distribuidores) para recoger las necesidades cambiantes que tienen y atenderlas con medidas paliativas o de protección, por ejemplo, reducir el impacto de los precios del papel y los insumos para producir libros, los precios distintos que tiene un mismo libro en distintas plataformas, los estímulos para creación y más. Integrar a los privados en iniciativas conjuntas para el fomento de la lectura también es una necesidad que el Ejecutivo puede ayudar a articular.

Karen Calderón: Lo ideal sería que la Política Nacional del Libro y la Lectura tenga un mayor alcance en cuanto a su difusión, y pensar que una ley del libro futura debe acoger un programa nacional donde se garantice el trabajo del fomento de la lectura para acortar brechas. Un programa que permita diseñar cursos de formación o capacitación según tipos de lectores; que garantice el fomento en diversas lenguas (nacionales y extranjeras); que permita recoger data sobre qué tipo de lectores tenemos, cuál es la brecha en temas de acceso al libro, de comprensión lectora; de bibliotecas por número de ciudadanos. Es importante que los programas nacionales propongan panoramas y resultados para que los contenidos de estos se revisen todo el tiempo, y se planteen siempre mejoras para el fin común: que la mayor parte de la población tenga acceso al libro.

Juan Miguel Marthans: La red de bibliotecas es lo primordial. Es lo que permitirá al sector editorial mejorar la calidad de sus propuestas. Eso se lograría con propuestas editoriales serias, que maduren rápido y que sean viables. También es de gran relevancia la profesionalización de los agentes del sector. Muchas veces el entusiasmo de muchos desaparece al poco tiempo, y eso es por no contar con una serie de herramientas para entender cómo se comporta el mercado editorial. Por otro lado, se hace necesario el fortalecimiento de las instituciones que representan a los agentes del sector editorial. El mundo del libro no es hacer ferias únicamente, ni mantener agrupaciones débiles y que parecieran tener una única voz. En los últimos años se han generado iniciativas que promueven el estímulo a nivel de la oferta editorial, activar la participación gratuita de un grupo de editoriales dentro de las principales ferias (incluso su propia feria), la entrega de los estímulos económicos (que definitivamente aporta), pero ver qué se estimule la demanda a través de actividades…  Sería interesante ver eso, le daría dinamismo e inyección económica al sector.

1Pablo Cotrina es editor con experiencia en edición comercial y académica. Ha dirigido distintos proyectos editoriales, como director nacional del fondo editorial de la Universidad César Vallejo. Asimismo, posee un máster en edición por la Universidad de Salamanca (España). Actualmente es docente de la Escuela de Edición de Lima.

2Karen Calderón es productora editorial, gestora cultural y cuenta con un máster en edición (España). Es profesora universitaria y magíster en Literatura Peruana y Latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Actualmente es directora de la Casa de la Literatura Peruana y docente de la Escuela de Edición de Lima.

3Juan Miguel Marthans es editor especializado en publicaciones no periódicas, con cerca de veinte años de experiencia en el sector editorial. Ha dirigido cerca de 350 publicaciones de diversas temáticas. Actualmente es director de la Escuela de Edición de Lima y del Centro de Desarrollo Editorial y de Contenidos, la cual es una propuesta que va de la mano con la EEL y que se expande a toda Latinoamérica en busca de estudiantes, docentes y autores de la región.