Incontables son los homenajes y tributos que vienen apareciendo en diversos medios a Mario Vargas Llosa. En el siguiente artículo, les presentamos el testimonio de Ricardo Meinhold, corrector y editor egresado del Centro de Desarrollo Editorial, quien se despide de Varguitas con un escrito que demuestra ese cariño que se forja entre lector y autor.
La noche del domingo me encontraba releyéndolo cuando me enteré de la noticia. Por alguna razón me sentía triste, desanimado. Para remediarlo recurrí, como casi siempre hago, a la lectura. Y si me siento realmente deprimido a causa de la especie humana, a la relectura. Y tal vez por alguna extraña intuición de lector me encontraba hojeando entre aquellos libros suyos sus memorias y columnas más personales. Textos escritos con una prosa cristalina y elegante, porque para él la claridad era una cuestión ética además de estética. Fue un golpe para mí: Mario Vargas Losa había muerto ese domingo. Sin embargo, me tranquilizó saber que falleció en compañía de sus seres queridos y, sin duda alguna, de sus libros.
Ahora me siento solo. No sabría explicarlo, pero lo que me asalta ahora es un sentimiento de orfandad. Es absurdo lo sé. Aunque, en realidad no lo es tanto. Empecé a leerlo a los veinte años, cuando el Perú sufría la peor crisis económica de su historia y la política salvadora del gobierno de turno pensaba que el fin justificaba los medios.
En ese momento, el cinismo ganaba a mi generación, ganó a las que vendrían después, y no había quien respondiera las preguntas que me hacía en ese momento: ¿Por qué hay tanta violencia? ¿Qué hago? ¿Hacia dónde voy? Era entonces un nobel lector y leía sobre todo a escritores del siglo XIX y principalmente a Ricardo Palma, con quien descubrí un refugio y me enseñó que la ficción es la manera de reinventar la realidad para que calce con nuestros deseos.
Pero fue Mario quien respondió aquellas preguntas que me hacía y me ayudó a tener siempre una actitud critica hacia mi realidad. A entender que el poder tiene su propia lógica y que como joven y ciudadano me correspondía cuestionarlo, señalarlo, incluso condenarlo. A ser critico con nuestros gobiernos y entender que es uno mismo el responsable de su destino. Que de nosotros depende encontrar el éxito o el fracaso. A seguir tu vocación por encima de todo.
Textos como La literatura es fuego. El poder de la mentira. Sebastián Salazar Bondy y la situación del escritor en el Perú, Albert Camus y la moral de los límites, o El país de las mil caras (muchos de cuyos párrafos releo a mis hijos) se volvieron textos de cabecera en esos años.
Si uno busca sus precursores, como escribió Borges alguna vez, entonces fue gracias a Vargas Llosa que empecé a encontrar a los míos. Desde el mismo Borges hasta escritores y ensayistas imprescindibles para mí como André Malraux, Ernest Hemingway, George Orwell, Albert Camus, Octavio Paz, críticos como Cyril Connolly o Edmund Wilson y pensadores como Raymond Aron y Jean Francois Revel.
Aprendí que uno es su lenguaje. Que corromper tu lenguaje es corromper tus valores. Decir lo que se piensa y hacer lo que se dice debería ser la regla y no la excepción. Que en política los medios no deben justificar los fines sino al revés. Y que la gran desgracia de la historia moderna ha sido ver como aquellos hermosos fines fueron traicionados o destruidos por los terribles y bárbaros medios que el hombre usó para justificarlos.
La literatura vino después. Dejo para otro momento el impacto que su literatura tuvo y tiene para mí no solo como lector sino como escribidor. Solo baste decir que la primera secuencia de Conversación en La Catedral te enseña más sobre como escribir ficción que muchos libros y talleres de escritura. Y que Los cachorros sigue siendo una pequeña obra maestra que no envejece y que recomiendo leer o releer.
En estos momentos que leo como aquí y en todas partes escriben qué a Vargas Llosa hay que leerlo, pero no escucharlo, que solo hay que recordarlo como el gran novelista que fue, descubro como la intolerancia, la descalificación, la inercia y el lugar común siguen siendo moneda corriente entre mis contemporáneos. Yo sé, parafraseando algún texto suyo, que mi vida hubiera sido peor sin los libros que escribió Vargas Llosa.
Ahora me siento solo y con la tristeza de saber que no volveré a leer nada nuevo de su pluma. Quedan sus libros y su figura ejemplar tanto en sus aciertos como en sus equivocaciones. Pero voy a echar de menos sobre todo su sonrisa particular, aquella con la que remataba algún comentario que lo alegraba o irritaba. Ni mas ni menos que lo que sentía por mi padre o mi abuelo.
La lectura, ese hábito maravilloso y en constante cambio, es uno de los fenómenos más estudiados a lo largo de la historia. ¿Cuáles son sus beneficios? ¿Cómo se enfoca en las escuelas y ante los lectores del nuevo siglo? ¿Cómo se gesta el gusto por la lectura? Luis Miguel Espejo, docente de la Escuela de Edición de Lima, responde estas interrogantes en la siguiente entrevista.
Por Marco Fernández
Mucho se ha hablado, teorizado y emprendido en favor de la lectura. Pero vamos a la semilla, ¿cómo es que se despierta este hábito en los niños? ¿Dónde tiene su origen?
Los niños siempre tienen curiosidad por el mundo. Es natural en ellos preguntar por qué y también imitar, sea lo bueno o lo malo. Si en casa hay disponibilidad de material de lectura, revistas— lo que en mi época llamábamos “chistes”— o libros y, además, hay ejemplo de los adultos que leen, los niños pueden sentir esta atracción y curiosidad por esa acción. En realidad, el acto de leer en esa etapa se trata de un acompañamiento, ya sea leer un cuento antes de dormir o acompañarlos cuando tienen una tarea escolar y no entienden un texto. Es necesario comprender que hablamos de niños del siglo XX, pues a estas alturas también están leyendo en pantalla textos breves o en Youtube. Es decir, se están acostumbrando al consumo de información en movimiento.
Mencionaste una palabra muy importante: curiosidad. Digamos que esta característica lleva al niño explorar el libro y todas sus dimensiones. Pero, ¿qué pasa con ese niño que está creciendo y de pronto se topa con el libro equivocado? Como decía Daniel Pennac en su libro Como una novela, no hay libro malo sino malas experiencias que necesitan de una reconciliación.
Esto puede suceder en la niñez o en la adolescencia también. A veces uno tiene que leer ya sea por el colegio o por obligación. De pronto, el libro no cala, no entra, no corre. Recuerdo que en una conversación con Jorge Eslava saltó el tema del libro bueno, el libro malo, el lector bueno y el malo, y convenimos en lo que dices respecto a que no hay libro malo, sino un mal momento para leer. Cuando leí Rayuela tenía unos dieciocho años y me costó bastante. Pero volví a ella a los diecinueve, a los veintitrés, veinticinco, treinta y tantos y, cada vez que la leo la entiendo y disfruto mucho más. Lo mismo pasa con Moby Dick y un montón de clásicos. Una buena herramienta que pueden tener los padres y los mismos jóvenes al enfrentar una situación de este tipo es recordar, a modo de mantra: «A lo mejor no es el momento para este libro. Ya vendrá otro». Otra cosa en la que concordamos con Jorge en aquella conversación fue que, sino encuentras en las primeras páginas ese enganche para leer, no te obligues a hacerlo. Si no estás leyendo por placer, déjalo y busca otro libro. En esa búsqueda es posible que encuentres una joya insospechada. Lo importante es propiciar el ejercicio de la lectura porque activas rutas neuronales que no podrán efectuarse de otra manera. Además, el libro, a diferencia del periódico que se descarta y olvida al día siguiente de ser consumido, tiene la fascinante característica de la relectura, sobre todo si es que hablamos de literatura.
Ya que hablábamos de Pennac, recuerdo mucho los Derechos del Lector, donde dice que una persona tiene derecho a abandonar un libro si no le gusta. En los colegios, por lo general, la lectura es casi una imposición más que una actividad placentera.
La lectura por placer sería el ideal, sin embargo, es cierto que muchas veces se generan lecturas por obligación. Para poder dar un examen sobre la obra de Homero o los clásicos, necesariamente debes leerlos, no basta con ver un resumen. Y, ¡tienes que sufrir a Homero! El asunto es que, tanto Homero, como la Biblia o los clásicos son libros que fueron escritos para personas de una época específica. Lo mismo ocurre con los libros de ahora. No es fácil entrar sin acompañamiento a algunas lecturas como, sin ir tan lejos, Don Quijote de la Mancha. Me parece excelente que haya versiones adaptadas para jóvenes, pero sería oportuno que se pueda hacer una lectura del texto original de la primera y segunda parte con un acompañamiento bastante integral. No se trata solo de leer la novela, sino analizar que situación atravesaba España en aquel momento, por qué surgió ese libro, qué necesidad tenía Cervantes de acabar con las novelas de caballería, el nivel de analfabetismo en España, la alimentación de la gente, entre otros factores. Todo esto va configurando un entorno que facilita entender por qué hay ritmo en la lectura del Quijote, por qué usa algunas frases, por qué hay frases largas, las interacciones entre la narración, la historia y los personajes. El contexto ayuda bastante a entrar en ese disfrute.
Es posible que estemos frente a una cadena de malas percepciones, de libros equivocados y momentos poco oportunos. De alguna manera, esto también influye en la percepción que un educador puede tener sobre la lectura. No se dice en voz alta, pero muchas veces los profesores no leen, entonces, ¿cómo podrían inculcar a sus estudiantes el placer y el disfrute de la lectura?
Otra vacuna que pueden inculcar los educadores y lectores adultos es que la literatura no habla consigo misma, sino que dialoga con otras literaturas. El Quijote hace referencia a las novelas de caballería. Hay superhéroes que salen de tragedias o mitos griegos. Incluso todas las telenovelas mexicanas clásicas provienen de unos cuantos de esos mitos: la lucha contra el destino, el chico que desea superar las barreras sociales, la chica que busca el amor y al final se casa y todo es color de rosa. Eso es un tópico tan antiguo como el agua hervida. Otra recomendación es leer más allá del texto, no quedarse solamente en el libro. De todas maneras, hay conexiones con otras tradiciones literarias. Por eso la literatura es uno de los pocos espacios donde los libros se reeditan tal cual. Si haces una buena traducción, sumada a una buena edición, tienes un buen libro asegurado.
Daniel Cassany menciona que más que leer, se trata de comprender. Tenemos tantas cifras en pruebas PISA y otras tantas cuestiones que nos arrojan que en el Perú no se lee mucho. Pero no solo se trata de la cifra dura, sino analizar por qué la gente no lee. Pienso que solo nos guiamos por los números para luego lamentarnos por lo que no se hace. Pero, la pregunta es al final quién arregla este problema.
Si intentásemos encontrar una solución al problema, tardaríamos por lo menos una o dos generaciones. Esto no se arregla con una ley ni con una práctica. Muchas de las cosas que faltan es información de buena calidad. Por ejemplo, estaba dictando una clase —solamente eran mujeres— y les dije a mis alumnas: «¿Cuándo fue la última vez que vieron a un hombre leyendo?». La misma pregunta me la realicé yo mismo y recordé a un hombre leyendo un libro en enero de este año. Eso puedes verlo en Buenos Aires, en Madrid, quizás en México, en un mundo de habla hispana me refiero. Pero acá en Perú eso es un poco difícil. La mayoría de los hombres aquí leen periódicos, pero si he visto a mujeres leyendo libros. Preguntarse el por qué es válido, pero se necesita data para corroborar. Sabemos que el sistema educativo está muy abandonado, manoseado y estancado. Yo siento que estamos yéndonos un poquito más hacia tiempos medievales con este abandono de la educación en general. A los chicos no se les está enseñando a pensar de forma crítica, sino que se insiste con la misma cantaleta de leer, memorizar y responder preguntas. Eso es un nivel muy básico. Lo que necesita la educación y la producción de la industria del futuro es que las personas puedan pensar. De hecho, más importante que solamente enseñar y paporretear respuestas es fomentar el pensamiento crítico en los estudiantes, es decir, enseñarles a debatir, a escuchar, a sopesar ideas, a obtener información y a discriminarla, y a formular conclusiones. Es un trabajo enorme, pero siento que no se está fomentando en las escuelas. Tengo dos hijos en edad escolar y me dejan la sensación de que están haciendo con ellos lo mismo que hacían conmigo en los años ochenta. ¿Cómo se soluciona esto? Por varios frentes. Por un lado, la disponibilidad y el acceso a los libros. Aquí en Perú todavía es caro comprar libros. Y no hablo de que se generen subvenciones, sino que se desarrolle una política integral que hiciese tanto del libro electrónico como del físico un objeto de acceso sencillo. De este modo, un estudiante de cualquier parte del Perú podría acceder a una biblioteca bien surtida, a plataformas que le permitan una lectura cómoda y completa de libros digitales. Necesitamos repensar y trabajar los temas educativos.
Martín Kohan, un escritor argentino, decía que la lectura necesita menos sermones y más actos concretos. ¿Cuál sería un acto de este tipo en torno a lectura y el fomento de esta?
Un acto concreto es que tengamos una proporción razonable entre lectores y creadores. Por ejemplo, alguna vez, cuando visité Islandia, me dijeron un dicho que data de hace muchos años: «Si un islandés no está leyendo un libro es porque está escribiéndolo». Fue sorprendente. La producción editorial en un idioma que solamente podían entender 230 000 islandeses en aquel momento superaba de lejos a la que tenía el Perú.
Algunos autores afirman que antes de ser escritor uno se forma como lector. Alguna vez escuché que, antes de formar en los talleres a escritores, se deben formar lectores que, en el futuro, devendrán en la actividad creativa.
Tú puedes tener un carpintero que, con unos clavos, un martillo y un par de sierras puede hacer algunas piezas básicas. Pero si a ese mismo carpintero le das varios tipos de martillos o diferentes tipos de madera, se conseguirá otro tipo de ebanistería, más fina o elaborada si él quiere. Cualquiera puede animarse a hacer creación en literatura, en lírica, en narrativa o en artes escénicas. Mientras más herramientas tengas, mucho mejor. Tú menú va a ser mucho más rico, mucho más grande y tu producción, por tanto, podría ser más variada o exploratoria. Entonces, mientras más tengas para elegir, mayores probabilidades tendrás para producir. Sería bueno encontrar formadores de lectores antes de, o durante los talleres de creación literaria.
Incluso, hay aspirantes a escritores que dicen que no leen porque «están buscando su propio estilo». Y, uno se pone a pensar a qué estilo se están refiriendo si no tienen un referente que pueda alimentar, justamente como usted lo menciona, esas técnicas, esos caminos exploratorios que podría tener sobre el proceso creativo.
En La tía Julia y el escribidor, el escribidor era este señor que hacía los guiones de radio para las radionovelas y que afirmaba que no leía nada para no contaminar su estilo. Si se fijan bien, el maestro Vargas Llosa presentaba el mismo estilo en todos los capítulos que le tocaban al escribidor. Entonces, todo el tiempo parecía el mismo personaje de nariz aguileña, frente amplia, actitud y serenidad en la mirada. El héroe de cada una de las radionovelas —porque cada capítulo que le tocaba al escribidor era una radionovela diferente e inconclusa— aparecía como un personaje que era igual al propio escribidor. Un tipo de mediana estatura, con frente amplia, nariz aguileña y serenidad en el semblante. Se repetía lo mismo. Claro, tú puedes encontrar tu propio estilo. Pero, experimentar con otros estilos en algún momento dará alguna clave para forjar un estilo propio y realmente original. No por «descontaminarte» con otros escritores vas a estar protegido. Para nada. Y no hay problema si es que te salen cosas iguales. Esta famosa «cleptomnesia», en la que tú te robas algo sin darte cuenta de ello, al menos en el plano literario es natural. Es normal que si estás escribiendo algo y no recuerdas si leíste algo de Ricardo Palma o de Hemingway cuando estabas en la adolescencia, te salga una frase parecida a la de ellos. Alguien más se dará cuenta y dirá: «Oye, por acá se te ha escapado algo que tú ya tenías allá en tu arsenal y ha pasado inadvertido porque lo has escrito con tus propias manos».
El Centro de Desarrollo Editorial presenta el curso más completo de corrección, con 192 horas lectivas y un equipo de docentes de primer nivel y experiencia comprobada.Las clases empiezan este martes 14 de enero.
La corrección de estilo es imprescindible, entendida como la labor desempeñada por aquel profesional que representa el primer filtro de todo escrito. Por ello, es importante que el corrector adquiera habilidades que profesionalicen su trabajo, de manera que logre minimizar errores y resaltar los atributos de un texto en distintos niveles.
El Curso Integral de Corrección de Estilo (CICE) del Centro de Desarrollo Editorial, en conjunto con la Escuela de Edición de Lima, tiene como objetivo formar correctores profesionales y capacitados para intervenir distintos tipos de escritos. Para ello, ofrece una formación integrada por distintos saberes y materias que complementan el oficio de corrección en diversas áreas.
Desde las normas básicas del castellano respecto a la ortografía, ortotipografía y gramática, hasta la revisión de herramientas tecnológicas aplicadas en la corrección, el plan de estudios abarca elementos indispensables para la formación de nuestros futuros correctores, lo que lo convierte en el curso más completo dentro del sector editorial.
El CICE consta de doce materias repartidas en seis módulos bimestrales. En total, el curso ofrece 192 horas lectivas, transmitidas en vivo y en directo a través de nuestra plataforma virtual de transmisiones. Además, los estudiantes podrán volver a ver sus clases en todo momento, ya que quedan grabadas en el sistema. Asimismo, nuestra plana docente es de primer nivel y cuenta con una gran experiencia en esta profesión.
Las clases empiezan el martes 14 de enero de 2025. Separa tu vacante con nuestros asesores. Escríbenos al siguiente enlace: http://wa.link/gb8ory. También puedes comunicarte al teléfono 968788289 o al correo comercial@escueladeediciondelima.com.
En el marco de la Feria Internacional del Libro de Lima, ayer se presentó el conversatorio Enseñanza, crítica y creación: conversando con Martín Kohan, en el que el escritor argentino, ganador del Premio Herralde de Novela, abordó puntos interesantes respecto a los escritores como entes creativos, la literatura y la lectura.
Kohan manifestó su autopercepción como escritor y por lo tanto como creador. En ese sentido, señaló que la escritura se mueve por dos tipos de deseo. «Mi deseo desde chico siempre fue escribir, es decir, el deseo de la escritura, la cual disfruto mucho. Mi condición de escritor se deriva de mi práctica de la escritura. Alguien que quiere ser escritor, debe escribir».
Por otro lado, criticó la tendencia que asocia a los escritores con sufrimientos y angustias, señalando que su visión es la de pasarla bien con el oficio. Incluso, bromeó con el hecho de que algunos aspirantes a escritores se angustian con el mito de la página en blanco. Asimismo, dijo que «la vida tiene muchas angustias por sí solas. No hay un mundo esperando tu obra. Si no hay disfrute, si te angustia (la escritura) no lo hagas».
La fama ingrata
Martín Kohan compartiendo con los asistentes del conversatorio
En otro momento, consideró como un error revestir a la literatura de un afán de figuración personal, pues esta, muchas veces, no responde. Por eso, remarcó que si no hay pasión por la escritura ni por la lectura se genera la frustración. «La fama es tan módica que tiene algo de caricaturesco: solo hablan de ti los que te conocen. Lo valioso en la literatura son estos espacios para compartir sobre el oficio. Mientras más canales haya para la conversación literaria, mucho mejor, sea en radio, en televisión o en la web.
¿Se puede enseñar a escribir?
En este punto, Martín Kohan aseveró que no cree que exista un método para enseñarle a una persona a ser escritor. En principio, rechazó que algunos talleres denominen a su actividad como «escritura creativa», ya que esto solo engloba a géneros como el cuento, la novela o la poesía, relegando a otros textos como el ensayo, la monografía y la crítica literaria fuera del ámbito creativo.
Finalmente, refirió que, en vez de formar escritores, los talleres deberían enfocarse en moldear lectores. «Mi trabajo fundamental es formar lectores. Ese es el asunto, porque ese lector luego encontrará su tipo de escritura proveniente de su formación frente a la lectura. Un escritor tiene mucho más que aprender como lector, pues lo sustancial es preguntarle a un texto cómo está hecho».
Dante Antonioli Delucchi, docente de la Escuela de Edición de Lima y del Centro de Desarrollo Editorial y de Contenidos, nos ofrece un interesante punto de vista sobre las revistas depredadoras, las cuales engloban a publicaciones fraudulentas que buscan réditos sin someterse a los procesos editoriales de rigor.
Hace algunas unas semanas, en mi artículo Plagio, malas prácticas y conciencia pública, comentamos que las infracciones al derecho de autor, las malas prácticas y las faltas éticas han invadido (impunemente) muchos espacios del ambiente académico. También nos referimos al silencio de las autoridades responsables de proteger el derecho de autor, lo cual fortalece esta impunidad.
No resulta extraño que las noticias de los últimos días hablen de un “supuesto” plagio presidencial, tal como se habló (y mucho) hace algunos meses del presunto plagio del anterior presidente peruano. Al parecer, estamos condenados a que no pase nada, al menos en los canales formales. ¿Qué le espera, entonces, a los investigadores, autores y editores que invierten tiempo, dinero y reputación en desarrollar contenidos originales durante prácticamente toda su vida?
Continuando con la explicación sobre las malas prácticas editoriales, nos referiremos a una modalidad de fraude académico ampliamente difundido, principalmente por el incremento del uso de internet en la investigación y a la amplia difusión de los contenidos de acceso abierto1 .
Este tipo de fraude académico involucra a las denominadas revistas depredadoras (predatory journals) término acuñado en el año 2008 por Jeffrey Beall de la Universidad de Colorado, en Denver, para referirse a publicaciones académicas falsas o fraudulentas cuyo objetivo principal (o único, tal vez) es el de obtener ganancias al publicar artículos de numerosos autores sin la revisión externa y/o por pares, ni los procesos editoriales correspondientes.
Los pseudo-journals, como los llama Lluís Codina, catedrático de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, se aprovechan de la necesidad de los investigadores de publicar sus trabajos (para acceder a ratificaciones, ascensos o cargos académicos) y de su falta de conocimiento o experiencia en el campo de la publicación académica.
En una interesante investigación realizada por Larissa Shamseer et al., en 2017, se mencionan 13 características que ayudan a identificar estas publicaciones. Entre las más resaltantes tenemos:
La amplitud de los temas y especialidades que publican.
Un sinnúmero de errores ortográficos y gramaticales en sus sitios web y en las publicaciones mismas.
Imágenes distorsionadas o borrosas, mostrando situaciones inexistentes y sin autorización de uso, también en sus sitios web.
Falsa calificación Index Copernicus Value2de los artículos que publican.
Muy bajo costo de procesamiento o publicación de los artículos, entre otras que apuntan a la organización formal de una revista.
Las características identificadas por Shamseer et al., son resumidas en un artículo de Elsevier Connect3 (2019) y que en el acápite «Señales sospechosas» presenta pistas para detectarlas. Veamos.
Búsqueda intensiva de manuscritos
Agresivas estrategias de promoción dirigidas a autores para solicitarles artículos, principalmente a través de mails masivos, pero desde cuentas de correo no profesionales o no académicas, los mismos que suelen terminar en el buzón de spam. Asimismo, ofrecen una rápida publicación de los artículos recibidos y la comunicación está dirigida a autores más que a lectores o al público científico.
Amplitud de temas y especialidades
Gran cantidad de publicaciones anuales de una muy amplia y diversa gama temática. Bajo costos de publicación o APC (Article Publishing Charge) como una de las herramientas para captar a más autores.
Afiliación y procesos dudosos
Difícil comprobación del vínculo entre la revista y sus editores o miembros del consejo editorial. Inexistente o pobre política de rectificaciones, correcciones, erratas y plagios. Procesos incompletos, poco transparentes, sin revisión por pares, así como falta de información sobre la difusión en línea.
Errores y malas prácticas
Exceso de errores ortográficos e imágenes distorsionadas o no autorizadas. Falsa declaración en la medición del factor ICI. Cantidad excesiva de anuncios publicitarios.
Como señala acertadamente Codina (2021):
«Quizás desde el punto de vista de un juez el cobro sea lo importante. Pero, desde el punto de vista de la integridad y de la ética científica es el incumplimiento deliberado de los estándares de calidad lo que hace que una revista sea depredadora, aunque no cobrase ni un céntimo por ello».
La mayoría de las investigaciones consultadas refieren que este tipo de fraude se convierte en un problema particularmente grave en países con baja producción académica, un mercado realmente en expansión por las necesidades de publicar “para obtener recompensas, como sea y rápido”.
Citas
[1] Según UNESCO, el acceso abierto (en inglés, Open Access, OA) es el acceso gratuito a la información y al uso sin restricciones de los recursos digitales por parte de todas las personas.
[2] El ICI es un sistema de indexación internacional de revistas mediante una evaluación multidimensional positiva que se basa en más de 100 criterios.
[3] Elsevier Connect es una organización que es parte de la empresa del mismo nombre, uno de los grupos editoriales académicos más grandes del mundo y propietario de The Lancet, Cell, ScienceDirect, Trends, la base de datos de citas en línea Scopus, entre otras fuentes de información académica de uso frecuente.
Referencias
Bealls, J. (2021). Beall’s list of potential predatory journals and publishers. https://beallslist.net/
Shamseer, L. Moher, D., Maduekee, O., Turner, L., Barbour, V., Burch, R., et al. (2017). Potential predatory and legitimate biomedical journals: can you tell the difference? A cross-sectional comparison. BMC Medicine, 15(28). https://doi.org/10.1186/s12916-017-0785-9