Un recorrido por las librerías de algunas ciudades del Perú

En el marco de las celebraciones del Día de las Librerías, les dejamos una lista de los mejores espacios del libro en algunas ciudades del país, tanto en el ámbito físico como virtual. Esta es una buena ocasión para darse una vuelta por tu librería favorita y ver las novedades que ofrecen.

Librería El Virrey

Fundada en 1973 , es considerada como una de las librerías más tradicionales de la capital, con espacios para la lectura y la degustación de café, inigualable combinación. Se ubica en Miraflores

Librería Communitas

En los últimos años, esta librería se ha convertido en el punto de atención del publico lector debido a su especialización en literatura, humanidades, ciencias y derecho. Asimismo, muchos lectores visitan sus instalaciones en San Isidro, pues consideran que es una de las librerías más completas de Lima, además de poseer títulos rebuscados y algunas rarezas.

Book Vivant

En esta librería encontramos el maridaje perfecto: libros y vinos. Ubicada en San Isidro, ofrece una grata experiencia al público lector, debido al amplio catálogo de títulos que poseen. Libros de editoriales como Ampersand, Gris Tormenta y Godot son distribuidas en esta librería especializada en literatura, libros sobre libros y estudios literarios.

Librería-café Vallejo

Esta innovadora propuesta ofrece la fusión clásica de café y libros. Por otro lado, es centro de diversas actividades culturales, como conversatorios y presentaciones de libros.

Placeres compulsivos

Ubicada en pleno corazón de Barranco, la propuesta de esta librería busca promover la literatura femenina, rompiendo así como muchos estereotipos incrustados en el sector. Libros de autoras como Mariana Enríquez, Chimamanda Ngozie Adichie, Lucía Berlín, Katty Adaui, entre otras, permanecen en las repisas de esta interesante librería.

Crisol, Íbero y SBS

Representan las cadenas más importantes de librerías a nivel nacional. En el caso de Crisol, cuenta con más de cuarenta tiendas en todo el Perú y planea algunas expansiones en Lima. Íbero Librerías, por otro lado, mantiene locales en ciudades estratégicas como Huancayo, Ica y la capital.

Licántropo

Ubicada en la segunda cuadra de la calle Santa Marta, en Arequipa, esta librería es dirigida por Misael Ramos, librero con más de treinta años de experiencia. Entre su vasto catálogo, se encuentran libros académicos, técnicos y literarios, así como poemarios y obras de distintos autores arequipeños.

Librería Inkari

Se encuentra en el centro del Cusco y es el punto perfecto para lectores amantes de los libros de historia, arqueología y arquitectura.

¿Qué encontramos en redes y web?

Tras la pandemia del covid-19 es imposible hablar de librerías si se soslaya el ámbito web. Y es que entre el 2020 y el 2024, diversos emprendimientos libreros online mantienen cautivo a lectores que buscan títulos exclusivos, y algunos descatalogados.

Este es el caso de Librería Fraga, conocida por ofrecer títulos de historia, literatura y novela gráfica, a precios accesibles y con ofertas interesantes. También tenemos a Noa Librería, especializada en literatura y estudios literarios; La pluma del mendigo también es otra interesante librería que en los últimos meses amplió su catálogo con títulos de la editorial Anagrama. Por otro lado, están La gata bajo la lluvia y Desdémona Librería, que es un caso particular, pues si bien se mantiene en redes sociales, posee un local en el jirón Camaná, en el Centro de Lima.

El Día de las Librerías (y una breve lista de libros sobre librerías)

A quienes nos gusta estar rodeados de libros, por lo menos una vez se nos ha cruzado por la cabeza tener una librería propia: desayunar, almorzar y cenar libros, de lunes a domingo, durante todos los días del año. Y es que las librerías son lugares cargados de magia, que hipnotizan y nos secuestran, aunque sea unos minutos, cuando pasamos frente a una.

Además, vivimos haciendo nuestra propia lista de las librerías favoritas que vamos encontrando, ya sea en un viaje, o andando por ahí, o incluso hoy en formato virtual, o tal vez con dealers que suben sus novedades y ofertas en redes sociales.

Y hoy, 11 de noviembre, se celebra lo que son —en su mayoría— espacios idílicos (aunque existan librerías que más bien generan el rechazo de sus clientes con libreros malhumorados, con vendedores imberbes sabelotodo u otros que más bien ignoran incluso lo que venden y que podrían despachar perfumes por catálogo tan igual que libros; o librerías que se ganan mes a mes la repulsión de sus proveedores por obvias razones… por favor, perdonen el exabrupto).

Esta fecha nos sirve para hacer un repaso por títulos en los que las librerías (y los libros) son los personajes principales. Aunque algunos no lo crean (quizás los más ajenos al sector editorial), la lista que se podría hacer es bastante larga, por lo que he tenido que limitarla a veintiunodos. No todos los libros que aparecen los he leído; hay algunos que solo los he revisado, otros que están en la cola por leer, y otros incluso habitan aún en la lista navideña de deseos.

  1. 84, Charing Cross Road, Helene Hanff (Anagrama)

Este libro es el deleite de muchos. Quienes viven los libros han disfrutado leer estas misivas entre Helene Hanff —que escribe desde Nueva York— y Frank Doel —librero en Marks & Co., en Londres—. Esta correspondencia que nace de solicitudes que parecen reclamos, se va transformando en una amistad que dura muchos años.

2. Librerías, Jorge Carrión (Anagrama)

Este libro es un recorrido por las principales librerías del mundo, las que a su vez sirven para reflexionar acerca de la importancia de estos espacios y de cómo han influido en la sociedad.

3. Contra Amazon, Jorge Carrión (Galaxia Gutenberg)

Partiendo de un manifiesto en contra de Amazon, en el que se presenta los problemas que el dominio de este gigante puede significar en negocios tan singulares como el de las librerías, luego Carrión retoma la línea de lo que fue Librerías, rescatando más espacios que mantienen la pasión hacia los libros.

4. Shakespeare and Company, Sylvia Beach (Trama)

Libro relativamente nuevo en el catálogo de Trama, editorial que alberga una larga lista de libros para interesados en el mundo del libro. Sylvia Beach, norteamericana, en 1919 abrió una librería en París que se convirtió en una leyenda: Shakespeare and Company, punto de encuentro de la intelectualidad parisina de la época. Sylvia Beach también es recordada como la primera editora del Ulises de Joyce.

5. El gabinete mágico, Emilio Pascual (Siruela)

Este título de Emilio Pascual acaba de salir publicado. Aunque no se trata necesariamente sobre librerías, es acerca de bibliotecas, y sobre bibliotecas imaginarias que aparecen en la literatura universal: como la Biblioteca de Babel de Borges, o la de la abadía de Umberto Eco, o la del Quijote. Igual que quede en esta lista porque estoy seguro que será del interés de muchos.

6. La librería más famosa del mundo, Jeremy Mercer (Malpaso)

Vuelve a aparecer Sylvia Beach en la lista, pero esta vez no como autora, sino como personaje de una crónica de Jeremy Mercer acerca de la emblemática Shakespeare and Company.

7. Cosas raras que se oyen en las librerías, Jen Campbell (Malpaso)

En definitiva, es el libro más jocoso de esta lista, pues recoge una serie de frases anecdóticas que se pueden oír en una librería.

8. La librería como negocio, de Giorgio Brunetti, Umberto Collesei, Tiziano Vescovi y Ugo Sòstero (Fondo de Cultura Económica)

Una librería es un negocio y este libro busca reforzar la parte dura, la de los números y las estrategias que se deben seguir para poner los pies sobre la tierra. Pues la librería, por más negocio romántico que sea y así tenga un sinnúmero de particularidades, debe ser rentable para sobrevivir.

9. La librería, Penelope Fitzgerald (Impedimenta)

En un pequeño pueblo una mujer decide abrir una librería en una casa antigua. Es la primera librería del pueblo, y aún siendo la única hay mucha gente que se rehúsa a aceptarla, más aún cuando pone en venta Lolita. En el 2017, la española Isabel Coixet la llevó al cine.

10. Fahrenheit 451, Ray Bradbury (Debolsillo)

Un clásico. Una lectura obligatoria para todos quienes se sienten atraídos por los libros. En un oscuro futuro distópico la quema de libros es algo obligatorio. Están prohibido los libros. Todos deben ser destruidos. Pero un grupo de personas han logrado rescatar varios títulos: los han memorizado. François Truffaut hizo una maravilla con ese libro al llevarlo al cine.

11. Un librero, Álvaro Castillo Granada (Literatura Random House)

Una serie de breves cuentos que suceden en una librería de viejo. En algunos los libros son los mismos personajes que observan lo que sucede alrededor de ellos. Álvaro Castillo Granada, colombiano, nos transmite la pasión que se respira dentro de una librería, dentro de los libros mismos y de las historias que estos guardan —a veces más allá de sus páginas.

12. La librería encantada, Christopher Morley (Periférica)

Este clásico estadounidense es la continuación de Una librería ambulante. La pareja conformada por Roger Mifflin y Helen McGill se establecen en un viejo local de Brooklin en el que montan una librería por donde transitarán divertidos personajes.

13. Desde el ojo del huracán, Marina Sanmartín (Ariel)

Este reciente ensayo de Sanmartín es un recorrido por la historia de las librerías y de los libros, y cómo estos han cambiado nuestra vida. Un título que se ve muy interesante, sobre todo ahora que El infinito en un junco nos ha mostrado lo mucho disfrutamos la historia del libro.

14. El librero, Roald Dahl (Nórdica)

William Buggage vendía libros raros en Charing Cross Road —sí, donde tenía su librería Frank Doel—. Tenía su ayudante, la señorita Tottle. Roald Dahl nos cuenta una historia de libreros no muy atentos a la librería, que vivían sumidos en sus propios asuntos.

15. Rialto, 11, Belén Rubiano (Libros del Asteroide)

La librería Rialto cierra sus puertas en 2002. Este libro, quizás autobiográfico parcialmente, es la vida de la librera y cómo comenzó a formar parte del mundo de los libros. Un libro que rescata todo lo puede suceder al interior de este negocio.

16. Memoria de la librería, Carlos Pascual, Paco Puche y Antonio Rivero (Trama)

Este libro recoge la experiencia de los tres autores, libreros españoles experimentados, quienes desde sus diversas vivencias nos muestran cómo es el mundo librero.

17. Memorias de un librero, Héctor Yánover (Trama)

El autor fue un referente importante en el mundo del libro argentino. Fue el responsable de la Librería Norte. Un libro imprescindible.

18. La librera de París, Kerri Maher (Navona)

El tercer libro en la lista que tiene a Shakespeare and Company de personaje central. Esta vez Kerri Maher construye una novela en torno a la historia de esta emblemática librería.

19. Diario de un librero, Shaun Bythell (Malpaso)

En el 2001, Shaun Bythell compra The Bookshop, una librería de viejo, la más grande de Escocia. Esta es la historia de su aventura y recorrido a través de muchas anécdotas.

20. Mis días en la librería Morisaki, Satoshi Yagisawa (Letras de Plata)

La primera novela de Yagisawa. Una historia ligera en la que una chica japonesa, defraudada por su antigua pareja encuentra un nuevo sentido en su vida gracias a la magia de los libros.

21. Nuestras riquezas, Kaouther Adimi (Libros del Asteroide)

Un libro que mezcla realidad y ficción y que, por lo que dicen, cuenta con una buena documentación. En 1935, Edmond Charlot, un joven que vuelve a Argel luego de haber estado en París. En Argel funda una librería y una editorial que se convierte en punto de reunión de intelectuales. Es en Argel donde publica un libro del aún desconocido Albert Camus. La librería se llamaba Las Verdaderas Riquezas. Por otro lado, en 2017 un joven ajeno al mundo literario llamado Ryad tiene la misión de pintar el viejo local de la librería. En estos dos planos temporales, Adimi nos cuenta la historia de la librería y del amor hacia los libros.

22. Mendel, el de los libros, Stefan Zweig (Acantilado, Godot)

Mendel es un librero de viejo que atiende a una selecta clientela. Vive ensimismado en sus lecturas mientras opera desde el Café Gluck. Al estallar la Primera Guerra Mundial es llevado a un campo de concentración. Al volver, el mundo ya no es igual. Un breve relato que logra conmover. Un imperdible de Zweig.

El Ateneo Grand Splendid: Veinte años del teatro que se llenó de libros

En Buenos Aires, sobre lo que alguna vez fue el Teatro Nacional Norte, se levantó el cine-teatro Grand Splendid. Inaugurado en 1919, ayudó a consolidar la trayectoria de personajes como Carlos Gardel y Roberto Firpo. Es ahí donde, el 4 de diciembre del 2000, se inauguró una de las más bellas librerías del mundo: El Ateneo Grand Splendid.

En el barrio Recoleta de la capital argentina, en la avenida Santa Fe, se encuentra la librería El Ateneo Grand Splendid, la que podría ser una de las más espectaculares, al nivel de la portuguesa Lello e Irmão o la Selexyz Dominicanen en Holanda, que habita en una iglesia de más de 700 años.

Sobre lo que por casi 80 años fue un cine-teatro cargado de historia, la cadena El Ateneo decidió abrir en el 2000 un local que generaría un cambio sin igual en una ciudad que siempre ha albergado una gran cantidad de librerías. Con un espacio de 2000 metros cuadrados —que la convierte en la librería más grande de Latinoamérica—, cuenta con la más variada carta editorial, estratégicamente ordenada a lo largo de lo que alguna vez estuvo copado principalmente por butacas. En el sótano, el visitante puede encontrar libros infantiles, música y películas; en la planta baja encontrará libros de ficción y no ficción; si sube una planta más, verá que donde estuvieron los palcos se han acondicionado espacios que funcionan como salas de lectura; y en el último piso podrá encontrar música clásica. Cabe destacar que en lo que fue el escenario donde Carlos Gardel se presentó en varias ocasiones, se encuentra un café-restaurante desde donde se disfruta de la vista total de la librería mientras revisas tus nuevos libros.

El Ateneo Grand Splendid, desde una inauguración, se convirtió en un ícono y colocó a Buenos Aires en la ruta de las librerías más hermosas del mundo, manteniendo con fuerza más de 100 años de vida cultural bonaerense.

Esa sí que, amigo lector, es necesario visitarla por lo menos una vez en la vida.

El libro ante la crisis del Covid-19

Escribe Dante Antonioli Delucchi

Se ha comentado mucho sobre cómo la pandemia transformó nuestras vidas en varios aspectos. Luchamos por acostumbrarnos al encierro durante los primeros meses, «aprendimos» a lavarnos las manos con mucha más frecuencia que la habitual, peleamos con las mascarillas y los protectores faciales, nos percatamos más de las personas que caminaban a nuestro lado, reorganizamos nuestros horarios para comer y trabajar. Volvimos a casa y, muchas veces, tal vez, nos sentimos extraños en ellas. Con el Covid-19 también apareció la crisis económica, el desempleo y la reducción de ingresos.

El mundo del libro no ha sido ajeno a todos estos cambios. Al igual que todas las actividades económicas y culturales, también sufrió un severo impacto. En efecto, no pocas empresas editoriales, imprentas, librerías, distribuidoras, así como profesionales vinculados al sector, se han visto fuertemente afectados por las consecuencias del Covid-19. Desde la paralización casi total hasta la implementación de protocolos para el reinicio de actividades, algunas empresas cerraron y muchos profesionales quedaron desempleados. Aunque todavía no contamos con datos «oficiales» sobre el efecto de esta crisis en el mercado del libro, los cálculos más conservadores estiman una reducción de la actividad económica de entre 40% y 50% respecto del año pasado.

En el recorrido de este ya largo camino, surgieron transformaciones que, de alguna manera, permitieron que los negocios continúen operando con distinto éxito.

Transformación del trabajo (home office).

Esta ha sido la primera y más generalizada de las transformaciones ocurridas en el sector (y en casi todos los sectores). Desde que se dictaron las medidas de restricción del tránsito de personas y de actividades económicas, las empresas implementaron distintas modalidades de trabajo a distancia, buscando una solución inicial ante las medidas promovidas debido a la cuarentena.

Sin embargo, al paso del tiempo surgieron no pocos inconvenientes. En muchos casos, los empleados no contaban con equipos apropiados para el trabajo desde casa (o no los tenían) y/o su plan doméstico de Internet no tenía el ancho de banda suficiente para realizar vídeo llamadas. Adicionalmente, el uso masivo de Internet en distintas zonas de la ciudad colapsó el servicio o lo hizo extremadamente lento. El trabajo en casa, en simultáneo con las clases escolares y universitarias a distancia, todo ello funcionó como «potenciador» de los problemas indicados líneas atrás.

Esta situación ha ido estabilizándose; el tiempo transcurrido nos ha permitido organizarnos mejor y optimizar algunos de nuestros recursos. Todavía nos falta.

Las nuevas librerías (ecommerce) y la expansión del delivery.

La restricción de actividades económicas y culturales que implicaban reunión de personas impactó de inmediato a las librerías y a otros espacios de comercialización del libro. Aunque unas pocas contaban con tiendas virtuales, el negocio de la venta de libros en muchos de nuestros países había sido, tradicionalmente, presencial.

La pandemia impulsó el desarrollo de plataformas para la venta por Internet, no pocas librerías y editoriales lanzaron sus tiendas virtuales para movilizar sus stocks y algunas pudieron acelerar el desarrollo de contenidos digitales. Sin embargo, dado que la actividad librera no fue considerada esencial por nuestros gobiernos, estas iniciativas debieron enfrentarse a la restricción del tránsito de vehículos motorizados. En un primer momento, la venta de libros y contenidos digitales a través de soluciones ecommerce fue la única opción.

Para superar esta restricción, se implementaron sistemas de entrega a pie o en bicicleta. Si bien el volumen inicial no permitió recuperar las ventas pre Covid-19, en los meses posteriores, con la modificación en las condiciones de inamovilidad y la apertura de varios sectores de la economía, la solución inicial se complementó con el uso de los servicios motorizados de las empresas de recojo y entrega a domicilio.

Inicialmente utilizada para el envío de comida rápida y algunos productos del rubro regalos, la entrega por delivery de libros llegó para quedarse, fortaleciendo, de esta manera, un canal que había tenido uso limitado en Latinoamérica.


La crisis del sector del libro aún está muy lejos de resolverse. Las ferias en su modalidad virtual no han logrado cubrir el espacio y el alcance que antes tenían; los niveles de facturación de antes de la pandemia difícilmente se recuperarán hasta que no se defina el retorno a clases o la continuidad de la virtualidad; la expansión de los catálogos digitales de los editores está limitada a sus disponibilidad de recursos. El consumidor tiene que desarrollar una mayor confianza en las transacciones en línea y acceder a mecanismos de protección de fraude rápidos y efectivos.

La implementación de soluciones durante esta grave crisis sanitaria ha sido un proceso complejo de «prueba y error», adaptando, innovando, rediseñando, arriesgando. Pero, ¿acaso no ha sido así siempre?


Dante Antonioli

Economista por la Pontificia Universidad Católica del Perú, ha seguido cursos de postgrado en edición (UNESCO), evaluación de proyectos y planeamiento estratégico (BID). Se ha desempeñado como editor académico durante más de 25 años y como gerente comercial de Pearson Educación entre 2012 y 2021. Es docente de Derechos de Autor y Gestión Editorial en la Escuela de Edición de Lima. Es consultor en temas editoriales y planeamiento estratégico para diversas organizaciones, ha participado en diversos congresos, foros y debates sobre el libro y la lectura en Perú y América Latina. Por encargo del Congreso de la República del Perú, participó de la revisión de las autógrafas de las leyes del libro de 2003 y 2020. Es autor de Derecho de autor para autores y editores (EEL, 2019) y de artículos que han aparecido en diversos medios de Hispanoamérica.

Juan Mejía Baca y aquella vieja librería

Uno de los referentes editoriales más importantes que tiene el Perú es Juan Mejía Baca, quien fue librero, editor y promotor cultural. De su librería, un paso obligado para los miembros del ambiente intelectual nacional, ya no quedan rastros, pero vive la historia misma como homenaje a quien fue Juan Mejía Baca.

Escribe: Ricardo Meinhold

La calle Huérfanos no es muy larga. Puedes recorrerla de principio a fin en pocos minutos; llevo muchos más buscando un sitio que hace setenta años era casi mítico y hoy nadie recuerda.

—Cerró hace muchos años —me comenta el dueño de una de las muchas imprentas informales que parecen haber devorado esta histórica calle de una Lima que no se va—. Ya se fue.

Miro a mi alrededor y solo encuentro una gran puerta cerrada en el jirón Azángaro número 722.

Hace frío y el olor a tinta es muy fuerte. Cansado, me dirijo al único testigo de mi búsqueda: la panadería llamada —curiosamente también— Huérfanos. Pido un café y una empanadita caliente y me siento en la pequeña mesa junto a la puerta de la esquina a ver a la gente pasar: vendedores, obreros, gente sin hogar, empleados.

Me siento frustrado. Miro nuevamente mi celular para sorprenderme otra vez observando una de las pocas fotos donde se ve, en el umbral de una librería, al gran escritor Martín Adán. En ella aparece animado, casi diría contento, en esta misma calle que en la fotografía parece de otro tiempo. Junto a él, su amigo entrañable Juan Mejía Baca: librero, editor y uno de los promotores culturales peruanos más importantes del siglo xx, cuya librería —o lo que queda de ella— es objeto de mi pesquisa.

Juan Mejía Baca, Martín Adán y Raúl Porras Barrenechea en la librería ubicada en Los Huérfanos a mediados de la década de 1950.

De padres lambayecanos, quienes estimularon en el futuro librero-editor el gusto por las artes y la música, nació en Piura en 1912. Estudió en el colegio nacional San José de Chiclayo, bajo la dirección del educador alemán Karl Weiss, quien influyó definitivamente en sus estudiantes. Decidido a convertirse en médico, estudió en la universidad de San Marcos, pero tuvo que dejarla por motivos económicos. Luego intentó seguir la carrera de Letras y Ciencias Políticas, pero tampoco concluyó por las mismas razones. Fue entonces que tuvo que ganarse la vida como músico tocando en orquestas; llegó a destacar en el violín. Incluso acompañó a Libertad Lamarque la primera vez que vino al Perú en 1934. Alguna vez comentó: «Como músico gané más dinero que en ninguna actividad posterior».

Pero lo suyo eran los libros y, en 1945 ―con el dinero obtenido con la música― fundó una librería. Su carisma y generosidad convirtieron el lugar en un imán para intelectuales que no solo iban a comprar libros sino a intercambiar ideas. Es difícil imaginar ahora que en las décadas de los cincuenta y sesenta esta librería no solo era muy conocida, era parada obligatoria para cualquier intelectual de entonces.

Pido otra taza y recuerdo haber leído que este sitio era una suerte de sucursal de la librería donde las tertulias se remataban con un café, similar al que estoy saboreando y, seguramente, con alguna otra bebida más espirituosa.

Cuando Mejía Baca se sorprendió con la dificultad que significaba entonces para un autor peruano publicar, cambió su función de librero a editor con el libro Cuentos andinos de Enrique López Albújar. El resto, como suele decirse, sería historia: publicó a más de 140 autores peruanos, con grandes tirajes, incluyendo a Martín Adán, César Vallejo, Luis Alberto Sánchez, Haya de la Torre y Luis E. Valcárcel. También editó diccionarios, importantes enciclopedias y hasta promovió festivales del libro. Crítico de su tiempo, a él debemos la famosa frase: «Para quemar un libro se necesitan sólo dos cosas: un libro y un imbécil», aludiendo a la orden de un funcionario del gobierno para requisar y quemarlibros considerados «subversivos» a finales de los años sesenta.

Pero como estamos en el Perú, esta aventura editorial llegó a su fin en los años ochenta. No obstante, él continuó con su misión de darle a los libros un espacio en la vida de los peruanos. Entre 1986 y 1990 fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, y aprovechó el cargo para obtener el terreno en el distrito de San Borja, donde actualmente se encuentra la nueva sede. Lamentablemente, un ataque al corazón acabó su vida en 1991, y no pudo verla.

Veo la cuadra siete del jirón Azángaro sin amor, como en la novela de Vargas Llosa (quien cuando era estudiante universitario venía cada semana a perderse en sus estantes buscando las novedades). Mirando su deterioro, su abandono, su peligro latente, entiendo por qué aquel sitio estaba condenado a desaparecer. Al igual que él y su visión romántica de la edición.

Un poco aquí y en todas partes el negocio de los libros es eso: un negocio. No es malo. Pero si es «solo eso», algo inevitablemente se pierde. Porque el editor, además de ser la cabeza del proceso editorial ―desde el autor y el manuscrito hasta el libro impreso―, también es el que cuida al lector editando un libro que, independientemente de la moda o no, estará allí para ser descubierto.

Para ello, quienes somos editores debemos recordar lo que Mejía Baca alguna vez dijo: «Siempre fui un lector. De lector pasé a librero, y de librero, a editor. Es casi lo mismo, es sólo como subir una grada; luego pasé a la Biblioteca Nacional. No quiero decir que esto sea una carrera o un camino: ha sido sólo mi vida. El libro ha sido siempre muy importante para mí, tanto que me he permitido a través de él hacer una definición más del ser humano. El hombre es el único animal que lee. El loro puede hablar, el mono puede jugar, la hiena se ríe, pero no hay ningún animal que lea».

Termino mi café y noto que todos se están yendo. Es tarde ya. Yo también me voy y ya no lamento que nadie recuerde aquella vieja librería.