Los libros más comentados del 2023 en Perú

A pocos días de terminar el año, te presentamos los libros y autores peruanos más comentados durante el 2023.

Los genios — Jaime Bayly

La literatura hace todo posible, Bayly bien lo sabe. De este modo, mediante una exquisita técnica narrativa y licencias propias de la ficción, el autor explora el declive de la amistad entre Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, hecho que fue sellado con un certero golpe contra el escritor colombiano, «por lo que le hizo a Patricia». Precisamente, Bayly trata de imaginar el hecho a través de una historia trepidante que recoge no solos los egos, temperamentos y personalidades de ambos autores, sino también esa parte que todos quisiéramos creer: que ambos genios eran inseparables. La crítica y los medios especializados consideran que esta novela es uno de los proyectos literarios más ambiciosos del autor.

Le dedico mi silencio – Mario Vargas Llosa

Cuando Vargas Llosa anunció que esta sería su última novela, las rotativas se paralizaron. Y es que, tras varias décadas, el premio nobel ha decidido poner punto final a la ficción, para enfocarse en otras direcciones de su carrera literaria. Esta es la historia de Toño Azpilcueta, un hombre que sueña con utilizar a la música criolla como factor unificador de un país fracturado. El día en que Toño escucha el lamento de la guitarra de Lalo Molfino, confirma su pasión por la música peruana y se anima a averiguar más sobre este enigmático músico, quien podría ser la clave para solucionar los problemas de la identidad que los peruanos parecen haber perdido.

Cien cuyes — Gustavo Rodríguez

Esta novela ganó el Premio Alfaguara de novela 2023. A modo de tragicomedia, la historia recorre la vida de Eufrasia Vela, quien atravesará por un conflicto existencial a raíz de su trabajo como cuidadora de ancianos. Temas como la eutanasia, el amor filial, la vejez y la soledad de esta etapa de la vida, según la crítica, revelan la defensa del amor extremo por parte del autor, quien imprime ternura y calidez a sus personajes, quienes parecen compadecerse unos de otros. La figura de los cuyes como conejillos de indias, simbolizan a la moral, la cual es puesta en debate en esta novela.

El camarada Jorge y el dragón — Rafael Dumett

Obras como El espía del Inca (2021) colocaron a Dumett bajo los reflectores de la crítica. Con esta nueva novela, se perfila como una de las voces más destacadas de la literatura peruana contemporánea. Eudocio Ravines es un conspirador incómodo para los gobiernos, ya que se le acusa de haber fraguado tres golpes de estado en Perú. Por ello fue deportado cinco veces de la patria y, tras mantener una relación estrecha con Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui, se convierte en agente propagandístico de la CIA. La novela narra los años de aprendizaje de Eudocio en Cajamarca, los cuales cimientan parte de la historia peruana del siglo pasado.

El mundo que vimos arder — Renato Cisneros

Un periodista peruano regresa a España, dispuesto a superar las consecuencias de su reciente divorcio. Décadas atrás, Matías Giurato Roeder atravesó por el mismo problema, con la diferencia de que viajó a Estados Unidos donde se topó con las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, la migración, entre otros hechos históricos. En una especie de línea frontal, ambas historias se complementan mediante la aventura épica y la experiencia del hombre de a pie, primando temas como el amor, la política y la guerra, en un mundo en el que Cisneros consigue que el lector tenga la sensación de estar ante un estallido inminente.

Bonus: Francisca, Princesa del Perú — Alonso Cueto

La prosa exquisita de Cueto regresa con una apasionada novela histórica que narra la vida de Francisca Pizarro Huaylas Yupanqui, descendiente de los incas e hija del conquistador Francisco Pizarro. Un relato cargado de devoción por el pasado, pasión, nobleza e intrigas políticas, en un naciente virreinato peruano que deja entrever las grietas que marcarían el futuro de una nación en constante conflicto.

Actor y escritor Luis Galli presenta su libro «El bosque de Cucho»

Mediante una divertida lectura dramatizada, el reconocido actor, graduado en el Actor’s Studio, New School University, presentó este particular libro, en coautoría con su hermana María Angela Galli, el cual va dirigido tanto a niños como para adultos.

La presentación tuvo lugar el pasado sábado 23 de septiembre en el Café-Librería Vallejo de San Isidro, en medio de una gran expectativa. Y es que, tal como mencionó el autor, El bosque de Cucho representa una promesa de amor cumplida. Según contó Luis Galli, su hermana María Angela, fallecida hace algunos años, inició esta historia. Esa magia, iniciada por Lupita, se ha convertido en realidad y quedó sellada con un gran beso al cielo y una ola de aplausos.

La lectura dramatizada estuvo a cargo de los reconocidos actores Milagros López Arias y Kike Casterot, quienes interpretaron a diversos personajes que intervienen en esta divertida historia. En tanto, el autor anunció que este 11 de octubre se realizará una escenificación del libro en The New School University de Nueva York.

Galli narra las aventuras de Cucho y Bruno, dos ositos perezosos, la mariposa Marbel y la polilla Parda, quienes ven su hogar, amenazado por la deforestación y la mano del hombre. Una mañana, cuando ambos ositos bajan a comer las hojas de los árboles, se dan cuenta que muchos de ellos han desaparecido. De este modo, Cucho organizará a los animales del bosque para evitar la destrucción de la selva amazónica peruana y juntos emprenderán la búsqueda de un nuevo hogar.

El bosque de Cucho, lanzado por el sello editorial 10/6 del Centro de Desarrollo Editorial y de Contenidos, deja un interesante mensaje ambientalista, en el que salen a relucir problemas latentes como la deforestación, la acción indiscriminada del hombre y el desplazamiento de las especies. Por ello, este libro no solo es entretenido, sino que también busca concientizar a los lectores sobre el cuidado del planeta.

El libro cuenta con las ilustraciones del artista Diego Ato y se encuentra a la venta en la librería Vallejo.

Más de 50 museos con entrada gratuita este domingo

Los primeros domingos de cada mes, el Ministerio de Cultura lleva acabo la iniciativa de Museos abiertos, siendo una de las actividades culturales más esperadas por los ciudadanos.

La cultura es uno de los baluartes más preciados del país. Sin embargo, la falta de accesibilidad y el desconocimiento de la ciudadanía respecto a los museos hace que el nivel de visitas a estos locales sean mínimos.

Por ello, la campaña busca generar un vínculo entre los ciudadanos y los museos, bajo los lineamientos de la Política Nacional de Cultura. Asimismo, se tiene como objetivo fortalecer la diversidad cultural y fomentar la valoración del patrimonio cultural peruano.

Desde el año 2017, el primer domingo de cada mes los ciudadanos peruanos y residentes tienen acceso gratuito a los sitios arqueológicos, museos y lugares históricos administrados por el Estado. A la fecha, cerca de un millón de personas han visitado los distintos locales culturales en el país, gracias a dicha iniciativa.

Este domingo 3 de septiembre, se llevará a cabo la sexta edición de Museos Abiertos. Entre los museos que se podrá visitar gratuitamente se encuentran el Lugar de la Memoria, Tolerancia y la Inclusión Social (LUM) Museo de Arte Italiano, Museo de Sitio Pucullana de Miraflores, Museo de Pachacamac, Complejo Arqueológico Mateo Salado, entre otros. Puedes revisar la lista completa aquí: https://bit.ly/3zYj3TK

Día de la fundación de Arequipa: cinco autores célebres de la Ciudad Blanca

Arequipa está de fiesta. Hoy se cumplen 483 años de la fundación de una de las ciudades más importantes del Perú y cuna de grandes escritores del canon literario nacional. En la siguiente nota, te presentamos a algunos de los autores arequipeños más destacados.

Mario Vargas Llosa

Considerado uno de los novelistas y ensayistas más relevantes de la literatura contemporánea peruana, es orgullo de su ciudad natal por sus logros literarios, especialmente por la obtención del Premio Nobel de Literatura en el 2010. En distintas ocasiones ha manifestado su cariño por Arequipa, pese a que permaneció allí hasta antes de cumplir dos años. Asimismo, en el 2017 donó cerca de cinco mil libros a la biblioteca de la ciudad, la cual lleva su nombre.

Oswaldo Reynoso

Profesor, escritor y miembro de la llamada «Generación del 50». Es autor de obras entrañables como Los inocentes, En octubre no hay milagros, entre otras. A diferencia de Vargas Llosa, Reynoso pasó su niñez y adolescencia en Arequipa, para luego abandonarla en 1950. En el 2015, el autor regresó a su tierra y recorrió los lugares que marcaron los principales pasajes de su vida. En su obra Arequipa, lámpara incandescente (2014) a modo de un intercambio epistolar con un joven aspirante a escritor, Reynoso habla sobre el origen de sus obras y coloca a la Ciudad Blanca como inspiración de sus principales creaciones.

Teresa Ruiz Rosas

Escritora, traductora literaria y docente arequipeña. Es hija del poeta José Ruiz Rosas y autora de obras como la colección de cuentos El desván (1989) y la novela El copista (1994), la cual fue finalista del Premio Herralde. En el 2020, su novela Estación delirio fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura.

Gamaliel Churata

Fue un novelista, escritor periodista y filósofo arequipeño. Se le considera como el exponente máximo del vanguardismo y el indigenismo extendido en América Latina. Su obra, además, es calificada como una de las complejas de la cultura occidental. Su trabajo cumbre es El pez de oro (1957) la cual fue publicada en el 2012 pese a haber sido escrito muchos años antes. Es una mezcla de hayllis, harawis, poemas y fragmentos narrativos, con la que Churata intenta recrear las leyendas y mitologías de la región del Collao. Actualmente, esta obra viene siendo estudiada, puesto que resulta casi imposible de clasificar.

Mariano Melgar

Poeta y revolucionario independentista peruano. Es conocido por haber popularizado los yaravíes, cantos sentimentales de origen popular. El tema central de su obra es el amor por Silvia, la cual se convierte en dolor y despecho. La crítica coloca a Melgar como precursor del romanticismo en América. En Arequipa se le recuerda como un poeta enamorado, pero también como uno de los forjadores de la independencia del Perú.

Cinco años sin Enrique Verástegui

Poeta, ensayista, filósofo, cuentista, novelista, dramaturgo, guionista, músico, acuarelista, físico y matemático, la figura de Verástegui solo puede ser colocado en el altar de las leyendas. A cinco años de su partida, lo recordamos así.

De ascendencia africana por la rama paterna y tusán-china en línea materna, lo cierto es que Enrique Verástegui salió más limeño que cualquiera y cañetano de formación. Desde muy joven encendió la pasión por la literatura y el arte. Corría el año 1970 y el joven Enrique dirigía y redactaba artículos para una revista económica de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Al año siguiente, empezaría el ascenso literario. Con la publicación de En los extramuros del mundo, su voz empieza a resonar en Latinoamérica. En 1975, graba sus primeros poemas para la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, haciendo que su nombre se esculpa en conversaciones y comentarios.

Curiosamente, la pluma de Enrique Verástegui se paseó por todos los diarios de Lima, no solo para ocuparse del quehacer literario, sino de temas de diversa índole. Asimismo, trabajó para revistas de la Amazonía y fue seleccionado para participar del homenaje al poeta Allen Ginsberg en París, por parte de intelectuales de todo el mundo.

El aporte más significativo de Verástegui al corpus literario nacional fue la fundación del movimiento Hora Zero, junto a poetas de la talla de Carmen Ollé (con quien estuvo casado) Jorge Nájar, entre otros. Ya en 1978, representando a la comunidad peruana, da lectura a sus poemas ante la tumba del poeta César Vallejo, lo cual dejó admirado al escritor Julio Ramón Ribeyro, quien por aquel entonces era cónsul del Perú ante la Unesco.

La cumbre de su carrera llegaría en 1992, tras la publicación de la trilogía novelesca Terceto de Lima. Dicha obra está conformada por tres nouvelles diferentes, aunque unificadas por el estilo, en la que se pone de manifiesta la experiencia y pasiones de toda una generación de intelectuales en la capital. Dicha obra fue elogiada por el mismo Riberyro, Alfredo Bryce Echenique y Mario Vargas Llosa, por su riqueza estilística y significativa.

«Piedra de sacrificio». Un cuento de Cronwell Jara

En el marco del cumpleaños 74 del laureado cuentista nacional, te dejamos uno de sus cuentos más conocidos.

Los guerreros enemigos no osan reconocer mi jerarquía, oh Madre Luna, ayúdame.

Constantemente en sueños revivo todas las batallas; derrotaban nuevamente a mis bravos ejércitos; arranchaban los pescuezos a los heridos, les hundían las agudas jabalinas, les cortaban las lenguas o les despojaban los ojos para negarles la luz; no quedaban heridos, había risa de pitillos y tambores festejando la sangre sobre los lamentos; los capitanes vencedores bebían licor en los cráneos de mis capitanes vencidos y nos otorgaban los más despiadados castigos para escarmiento; deseaban jade, turquesas y los más finos tejidos, y no les dimos; deseaban las más hermosas vírgenes de nuestras hijas, y no les dimos; deseaban algodón azul catil y el pardo, y no los oímos;  soy Yoveraqué, Gran General de Guerreros, el que no se rinde, el que no suplica; ordené defender nuestro pueblo, preferible era morir a recibir la humillación de los impuestos.

Salimos a las dunas, se enfrentaron los ejércitos, fieros rostros con signos geométricos se lanzaron el uno contra el otro; sonaron las porras estrellando petos de escamas de bronce y cráneos con turbantes; impactaron las jabalinas sobre los pequeños escudos de madera forrados con algodón; las finas lanzas apuntaladas con filos de bronce traspasaron pescuezos y vaciaron vientres; baladraron heridas pero rabiosas las trompetas de caracol marino en ambos bandos, y percutían con rumores de huesos triturados los tambores con piel de hombre, por todo lado anunciando la derrota del contrario.

En la primera defensa vencimos y en la segunda también, y era dulce goce el enroscar nuestros brazos y cuellos con las vísceras de los vencidos y el embriagarnos bañándonos con sus sangres para ahuyentar la sed y a los cercanos enemigos; pero a la tercera matanza fue aniquilado el contingente más heroico de nuestro ejército, y en la batalla que continuó hundidos fueron sus cráneos, arranchadas las lenguas y vaciados los ojos de los más viejos; en la última sólo defendían las fronteras de nuestra ciudad pocos guerreros y los cientos de espantadizas mujeres y niños.

Cinco de mis encorajinadas concubinas, entre hermanas y queridas, por protegerme perdieron los blandos pescuezos por los largos cuchillos en las lanzas que nos cercaron, y diez de mis mejores guerreros por escudarme ya deshechos los escudos y desangrados, vieron vaciados sus intestinos y tasajeados sus testículos; soy Yoveraqué, Gran General de Guerreros, el que no se rinde, el que no suplica; mi larga porra rajó los cráneos, brazos y muelas de los primeros en osar rozarme, y tuvieron que arrojar las sogas para sujetar mis pies y brazos y lograrme intacto; ya me habían elegido, esta vez no sería la sangre de niña virgen sino la de Yoveraqué, el de la dignidad de un dios, la que gima ante la piedra de sacrificio y salpique ante el altar de la Madre Luna, Madre de la Noche y Progenitora del Alto Señor que Ilumina el Día.

Me despojaron de mis atavíos de guerra en el camino, mis pasos se llenaron de saliva, mofas, música de trompeta y de tamborcillos triunfales; las punta de las lanzas me arreaban como a animal de monte, y tiraban con fuerza de la firme soga que anudaron a mi pescuezo; atadas mis manos a la espalda, fácil presa de humillación fui para las mujeres que me esperaban en los pórticos de ingreso de la ciudadela enemiga; bajo el dintel y los altos torreones, riendo y dando alaridos de fiera, me azotaron con ramas de espinos y provocaron a los osos y pumas domesticados para que me rasgaran a zarpazos.

Gran fiesta había, desde la alta atalaya un guerrero sopló furioso su caracol marino anunciando mi llegada; por las paredes de adobe jubilosos brincaban los niños con máscaras del Dios Gato de Monte y agitaban otros los brazos con largas alas de cóndor; me pasearon por áridas calles en donde el ciego mendigo de frutas ignoraba mi alta dignidad y el aguatero con las calabazas al hombro se negaba a creer que Yoveraqué era un dios que iba al sacrificio.

La vida bullía en una pequeña plaza de alfareras y tejedoras donde entre frutas y aves de corral mis soldados eran vendidos como esclavos; vi, de paso, enormes jaulas y pozas con hombres y mujeres de mi pueblo alimentados para engorde con yuca y camote, hasta llegar a una plaza mayor en cuyo centro me ataron a un poste; ahí en mi entorno se celebró la victoria y bebió licor de maíz por tres días y tres noches, engendraron a diez de mis vírgenes favoritas, pasearon a sus dioses, revolaron multicolores las antorchas en las manos de los acróbatas y hábiles luchadores de espléndidos músculos y movimientos felinos, en mi honor celebraron cuerpo a cuerpo hermosos combates.

El campeón que codiciaba hacerle soltar una lágrima a la más dulce de mis vírgenes y la gloria de verme humillado bajo sus pétreas plantas, oh Suavísima Madre Luna, oh Divina Hacedora del Divino Yoveraqué, el que todo lo puede, el que nunca suplica, aquél indigno mortal compitió conmigo.

La lucha fue cruel y sangrienta; fuimos contra las reglas, urdía él arrancarme los ojos y Yoveraqué arrancharle las muelas; Yoveraqué estaba entrenado para luchar contra pumas y osos, él sólo contra hombres; forcejeamos a muerte hasta que jalándome él del cabello, en raudo giro de cuerpo y nueva llave, crujieron los huesos de su columna y emitió música de tamborcillo la vértebra de su pescuezo quebrado.

Luego fui conducido a uno de los recintos de tu Gran Templo, oh Dulcísima Madre Luna, adonde Yoveraqué, Gran General de Guerreros, el que no se rinde, el que no suplica, fue obligado a ayunar por quince lunas continuas, sostenido sólo por sorbos de sangre de iguana, sin probar ni fruto ni carne hasta lograr la transparencia del espíritu y la pureza de los reptiles.

Pero tú sabes que Yoveraqué, tu casi semejante, oh Purísima Señora Celeste, nunca deseó morir de esta manera; el que no se rinde, pensando en Ti, estas quince noches, el que no suplica, rogándote en quince lunas, a Ti te lo dice cerrando los ojos para no mirarte, ante Ti se ha arrodillado y se aferra ahora que oigo vienen a mi recinto para prepararme; ahora que debilitado mi cuerpo obligado soy a beber los últimos sorbos adormecedores del licor de maíz y vestido soy con túnicas de garza rosada, magníficos collares de jade y turquesas, y transportado ante tu altar pese a mis gritos, oh Madre Luna, oh Espléndida y Divina, ayúdame a no morir; te lo pide el Gran Guerrero Yoveraqué, el que a ningún mortal suplica, el que nunca vertió una lágrima, el de Categoría de Gran Inmortal, el Más Sagrado que fue en su palacio, el Admirado por Divino; no permitas que mi sangre vierta y sea derramada para deleite y complacencia de los mortales.

Que no profanen mi tiempo que es el Tuyo, no consientas que no siga siendo el Admirado, a quien seducen núbiles muchachas, le llueven florecillas de algarrobo y le ensalzan con los mejores himnos, magníficos y sublimes, y que son regocijo y envidia para otros dioses.

He transitado, estoy transitando por oscuras galerías, la del Recinto del Dios de las Cejas Prominentes, la de la Sanguinaria Diosa Felina, cuatro sacerdotes y diez guerreros me orientan hacia las fogatas y antorchas exteriores de tu alta pirámide con jardines de flores perfumadas; me adiestran y rezan en un idioma de pájaros y felinos que no entiendo; pero el más anciano en un soplo mágico me dice algo que ilumina mi oído: “Pic–Cus”, y Yoveraqué no entiende pero le responde aturdido: “¿Vicús? ¿Vicús?”

Haz que caiga una lluvia de arena de oro y ahógalos ahora que me desnudan y tienden sobre la pulida piedra donde me aguarda el gran sacerdote. Yoveraqué soy, Tu Hijo Predilecto, oh Altísima Madre Celeste, el Engendrado de tu Luz y Altura, no me abandones.

El Gran Sacerdote ha alzado ahora el Sagrado Puñal de Obsidiana del Sacrificio, detenlo, transfórmalo en estiércol y muéstrales que poseo la perennidad de los tiempos, los ciclos perfectos de los días y las noches, la Inmortalidad de los Divinos.

Pero me aterro cuando el Gran Sacerdote desciende, chispeante de luz, la traslúcida y filosa piedra. Instante en que un diáfano soplo de luz celeste barre las llamas de las antorchas, paraliza al indigno puñal sin herirme, y se detiene el tiempo. Fina lluvia de oro sé que se cierne sobre el Anciano Sacerdote y su inmóvil puñal y mi gesto congelado en espanto. Sé que transcurren los siglos con sus miles de noches y de lluvias, relámpagos y sequías; hasta que en una alborada de Todos los Santos, iluminadas por tu resplandor, oh Altísima Madre Celestial, oigo voces, y siento que una manos enormes escarbando en la arena de oro y las sombras, nos rescatan a la luz y dialogan:

—Observe, doctor Matos, este espécimen de manufactura tosca, Vicús I, tumba número dieciséis: ¡un guerrero tendido ante un anciano sacerdote, puñal en alto, en actitud de sacrificio! ¡Qué bello ceramio!

—Sí, y qué gestos, ¡parecieran vivos! ¡Como si acabáramos de despertarlos de un largo sueño!