Consejos para redactar un anuncio laboral

La captación de talento y profesionales de alta calidad es una de las actividades fundamentales de una empresa. ¿Cómo se consigue? El primer paso es redactar un anuncio laboral atractivo. Aquí te dejamos algunos tips sobre como efectuarlo.

Las expresiones son importantes

Muchas empresas consideran indispensable consignar estas frases en sus anuncios laborales: «Disponibilidad inmediata», «se requiere con urgencia», «abstenerse quienes no presenten los requisitos respectivos».

A simple vista pareciera que se trata de un requerimiento inmediato, como ocurre en todo centro laboral. Sin embargo, es recomendable dejar de lado estas expresiones, ya que infunden desconfianza en el postulante, pues podría pensar que algo salió mal en la empresa y cunde el pánico por subsanar el impasse, o que existe una fuerte pugna por el puesto.

El enfoque

Toda empresa desea tener entre sus filas al mejor profesional. Si te han encargado redactar la convocatoria, asegúrate de destacar las capacidades específicas que el postulante debe emplear para el trabajo ofertado.

Para ellos es más importante sentir el impacto que causará en sus carreras el puesto al que aspiran que cumplir con exigencias y formalidades.

¿Cumples con todos los requisitos?

Este punto es semejante al segundo. Y es que muchos potenciales candidatos podrían verse desalentados, o sentirse poco cualificados, si es que en el anuncio se coloca una serie interminable de requisitos.

Lo importante es que la oferta sea atractiva y dirigida a captar a los mejores profesionales. Es mejor que nos ocupemos de las capacidades necesarias para el desempeño del trabajo, que de aquellas que solo dan ventaja a una candidatura.

Una buena descripción es de mucha utilidad

En lugar de solo mencionar las competencias necesarias del postulante, describe como se aplicarán en el puesto ofertado.

Supongamos que se requiere de un postulante que maneje el idioma inglés a nivel avanzado. Pues bien, en lugar de solo mencionarlo, explica en la convocatoria por qué se requiere de este conocimiento y en que situaciones debe aplicarlo.

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Alejandra Bravo: «Lo que se requiere es que los escritos jurídicos sean accesibles para el receptor»

Docente de la Escuela de Edición de Lima redactora del Poder Judicial, Alejandra Bravo comparte en la siguiente entrevista los perfiles, desafíos y lineamientos que rigen el trabajo del redactor de textos jurídicos.

Cuando hablamos de textos jurídicos solemos pensar en escritos conformados por un lenguaje denso y muy especializado. En tal sentido, ¿el desafío de un redactor de este tipo de textos es trasladar esto a palabras sencillas?

Claro, ese es justamente el trabajo de un profesional del sector jurídico. No solamente los abogados escriben dentro de ese contexto, sino también profesionales provenientes de otras especialidades. Por tanto, es necesario que tengan la destreza de simplificar los textos, ya que muchas veces son muy densos y oscuros, incluso en algunos casos no cumplen su función comunicativa. Al no conseguirse este objetivo, esa densidad genera un agotamiento en la lectura. Por eso hay que tener sumo cuidado al redactar este tipo de textos, evitando generar esa densidad característica de estos escritos. Lamentablemente, los abogados se han hecho famosos por construir sus mensajes en base a párrafos farragosos y oraciones muy extensas y subordinadas.

En ese sentido, Alejandra, ¿cuál crees que es la principal destreza del redactor de textos jurídicos?

Lo principal es manejar el lenguaje jurídico. Muchas veces los abogados no lo dominan, debido a diversos factores. En la trayectoria académica de estos profesionales no se les enseña propiamente a redactar en dicho ámbito, sino que se imparten conceptos generales en cuanto a redacción. Ellos necesitan un método de redacción especializado. Esa destreza del uso del lenguaje jurídico, tanto en la arista gramatical como ortográfica, les ayudará mucho al momento de redactar sus textos, consiguiendo la concisión y claridad que necesita.

¿Cuáles son los productos que se derivan de este tipo de redacción?

El redactor de este tipo de textos proviene de distintas especialidades. Por ello, los productos pueden ser diversos, como una sentencia o una resolución. También hay abogados del ámbito administrativo que redactan documentos como oficios, informes o memorándums. Lo que se requiere es que los escritos jurídicos sean accesibles para el receptor, pues muchas veces abogados o distintos profesionales del derecho no piensan en la recepción de estos textos. Se puede manejar un lenguaje jurídico entre colegas, pero es diferente escribir para el público en general, que desconoce de latinismos, tecnicismos y otros elementos del campo legal.

Algunos podrían pensar que la sencillez rivaliza con la elegancia que caracteriza a los textos jurídicos.

Por el contrario, yo pienso que realza la elegancia. El hecho de que haya más cantidad de contenido no implica calidad. De hecho, en este tipo de escritos se debe priorizar la calidad del texto más que la cantidad. Al escribir de manera precisa y concisa le damos un plus a esa elegancia, porque al escribir textos muy extensos —como las clásicas citas del ámbito jurídico, que son extensas y abarcan más de un párrafo— corremos el riesgo de reducir la calidad. La sencillez se expresa también en textos claros y accesibles, pues la mayoría de los escritos del ámbito jurídico están direccionados a ciudadanos que no están familiarizados con este lenguaje.

Se habla de aplicaciones de técnicas y métodos para redactar textos jurídicos. ¿Cuáles son, por mencionar algunas?

Debemos considerar, en principio, que el lenguaje jurídico es básicamente argumentativo, por tanto, se deben aplicar técnicas argumentativas, previo conocimiento del lenguaje del ámbito legal. Si es que uno emplea párrafos muy extensos, oraciones largas o abusa de gerundios y latinismos, probablemente confeccionará un texto que no sea idóneo. Las técnicas también se aprenden llevando cursos especializados y, lamentablemente, los abogados muchas veces menosprecian estas capacitaciones, debido a que creen conocer la materia. A mí me ha sucedido que muchos abogados tienen consultas, pese a que provienen del campo de las letras, por eso considero que es indispensable que se capaciten constantemente y se mantengan actualizados en cuanto a las normas lingüísticas que cambian cada cierto tiempo.

Sabemos, Alejandra, que vas a dictar un curso de Redacción de Textos Jurídicos en la Escuela de Edición de Lima. ¿Qué encontrará el estudiante en esta asignatura?

Tengo el placer de dictar una vez más el curso de Redacción de Textos Jurídicos. Los participantes aprenderán a dominar las reglas ortográficas y qué vicios del lenguaje no deben cometer, ya que muchas veces se observa en este tipo de redacción el uso de los gerundios, las subordinadas, la voz pasiva, entre otros. Asimismo, veremos algunas actualizaciones de la norma, como el uso de los pronombres, el empleo de tildes y otras tantas. En este curso también analizaremos los vicios principales del ámbito jurídico, a través de casos prácticos. Es una gran oportunidad para los profesionales, así como también para los especialistas del ámbito legal, ya que se requiere que estén capacitados sobre el correcto uso del lenguaje jurídico.

La claridad textual

En el siguiente artículo, Luis Miguel Espejo, docente de la Escuela de Edición de Lima, define una serie de conceptos respecto a la claridad y otros aspectos que deben revestir a un texto, en favor de los lectores.

Por Luis Miguel Espejo

Tratamiento del léxico y la expresión

Todos sufrimos al leer textos defectuosos por una serie variada de motivos. En ocasiones, algunos de estos motivos pueden ser solucionados de un modo sencillo, pero siempre que hayamos detectado dónde está la raíz del problema. Para redactar textos aceptables y efectivos, debemos concentrarnos en la búsqueda de la claridad. Sin embargo, la experiencia nos muestra que a veces estamos obligados a releer un párrafo, una idea o un artículo completo (y ciertamente no porque sean hermosos o de factura superior). ¿Por qué ocurre esto? ¿A qué debemos prestarle atención cuando planificamos, redactamos o corregimos nuestros textos? Veremos estas y otras cuestiones relacionadas en las siguientes líneas, y pondremos especial atención a la expresión escrita sencilla y un léxico adecuado.

La comunicación escrita puede ser efectiva o defectuosa, según cómo hayamos planificado nuestro texto. Por supuesto, esto no nos exonera de caer en ciertos vicios del lenguaje (involuntarios). Ambigüedades, arcaísmos, cosismos, cacofonías, barbarismos, muletillas y pleonasmos se encuentran entre los más populares, pero esto aún no nos debe preocupar.

Al comunicarnos por medios escritos, estamos obligados a hacer un checklist esencial que siempre recuerdo a mis estudiantes en la EEL: (i) ¿qué quiero decir?, (ii) ¿a quién se lo quiero decir?, (iii) ¿por dónde me va a leer? Con esta información básica es mucho más sencillo definir el texto completo, pues definiendo el tema, el lector ideal y el medio por donde leerá nuestras ideas, la elección del formato y el tratamiento del contenido nos facilitará enormemente la redacción.

También conviene recordar el propósito de la redacción: que nuestros lectores nos comprendan a la primera lectura. Para lograrlo, necesitamos apostar por la claridad, la mejor garantía de cumplir con este propósito. Una redacción clara es muestra de generosidad, de consideración… es una manera de decirles a los lectores: «Estimados, he estado pensando en ustedes y por eso he planificado, escrito y editado estas palabras; para que no sea necesario que las relean». Un texto «desconsiderado», en cambio, obliga a desentrañar el sentido de las palabras y, a veces, deja a los lectores en una oscuridad cavernaria, insalvable.

La revisión del texto

Para mejorar un texto poco claro debemos revisar el léxico. Sí. Es casi el nivel más básico de la escritura, pero muchos de los vicios en la redacción se resuelven en este nivel: las palabras adecuadas garantizan la comprensión inmediata y, al contrario, las palabras comodín, «gaseosas», indefinidas o los rodeos o circunloquios solo aportan confusión o, en el peor de los casos, sugieren la inseguridad de los autores y de sus contenidos. Si en lugar de «Tenemos que hacer muchas cosas urgentes» dijéramos «Debemos entregar estos archivos antes de la una», ningún lector tendrá dudas. Tenemos suficientes palabras en nuestra lengua para decir exactamente lo que queremos decir; no hay excusa. Así dejaremos de recurrir a los conocidos «el tema de», «la cosa que», la fórmula «poder + V», «lo que es…», y un largo etcétera de combinaciones que a la larga no dicen nada.

Los lugares comunes, por su parte, también operan como muletillas que le dejan al lector una sensación de clichés trillados, que han perdido su sentido a punta de tanta repetición. Frases como «a lo largo y ancho del país», «se hizo un silencio sepulcral» o refranes populares pueden parecer recursos muy usados, pero en el fondo delatan que los autores carecen de creatividad o sinceridad. ¿Cómo evitarlos? Con una revisión cuidadosa y con lecturas habituales de calidad estaremos mejor preparados para pulir algunas secciones que caigan en estas frases hechas.

Recomendaciones finales

Un lenguaje directo debería evitar, pues, rodeos, pleonasmos, ambigüedades y eufemismos (excepto cuando el decoro así lo exija). En suma, evitar —si se me permite— las evasiones. De este modo, descubriremos que muchos textos necesitaban menos palabras para decir casi lo mismo.

Por último, así como debemos alejarnos de la expresión simplona o facilista de palabras «baúl», conviene también estar prevenidos contra el lenguaje excesivamente afectado y la expresión huachafa. Vamos por partes: el exceso y el defecto van en contra de la claridad en la redacción. Hemos visto que se pueden evitar vicios derivados de un léxico pobre, pero también podríamos pecar por un léxico o una expresión demasiado ornamental, llena de fórmulas grandilocuentes que recuerdan a las fachadas barrocas del siglo XVII. Los términos rebuscados como «occiso», «insulso», «onomástico» o «sempiterno» quizás puedan sorprender a lectores desprevenidos, pero lo que consiguen estos textos es atarantar al lector y obligarle a hacer una pausa en su lectura, que debería ser fluida. No se trata de llamar la atención sobre lo que nosotros queremos, sino de poner por delante lo que necesitan los lectores. Recordemos que la idea es ser generosos con los lectores, y la generosidad va en sentido opuesto a la mezquindad y al ego.

Todos ganamos con este cuidado en la expresión clara: redactores, lectores, correctores, editores… Debemos estar atentos a (o más bien “vacunados contra”) estos vicios que reproducimos por aparentar un estilo culto que no siempre dominamos, y que los lectores casi nunca piden ni agradecen. Procuremos la expresión directa, amable y considerada que está al alcance de todos.

Alejandra Bravo Espinoza: «Puedo afirmar con énfasis que la principal fortaleza del CICE es la calidad de sus docentes»

Lingüista y correctora egresada de la Escuela de Edición de Lima, Alejandra Bravo nos comenta su experiencia en el oficio de la corrección, así como su paso por el Curso Integral de Corrección de Estilo, el cual culminó satisfactoriamente.

Cómo lingüista, ¿cuál es tu punto de vista respecto a la labor del corrector de estilo?

La carrera de Lingüística me ha brindado los conocimientos fundamentales de aspectos gramaticales, semánticos, sintácticos, morfológicos, fonológicos y fonéticos del estudio de la lengua. Gracias a esa base entré en contacto con el mundo de la corrección de estilo, en una editorial especializada en temas jurídicos, contables y gubernamentales, donde tuve la oportunidad de ascender y ser coordinadora de un pool de correctores, incluso tuve la propuesta de ser editora. Ahí comprendí la importante labor que desempeñan los correctores como guardianes del texto y de su autor, pero, sobre todo, en el cuidado del lector. Posteriormente, en el 2018, con ese mismo entusiasmo, ingresé a laborar como correctora en la Corte Suprema del Poder Judicial, donde mi enfoque tuvo un ligero cambio, pues la corrección no se orientaba en el marketing de los textos, sino en emplear un lenguaje claro, preciso, libre de frases largas y oscuras. En este poder del Estado —donde continúo hasta la fecha—, con mi desenvolvimiento y profesionalismo, he logrado ganarme el respeto y la admiración pese a no provenir de una carrera legal. Considero que mi formación lingüística ha aportado un valor significativo a mi labor como correctora de sentencias y resoluciones, lo que me ha permitido también dictar capacitaciones a nivel nacional sobre redacción jurídica.


¿Consideras que la corrección de estilo es un oficio reservado exclusivamente para profesionales de las letras?

Existe la percepción equivocada de que cualquier persona que escriba con fluidez puede ejercer la corrección de estilo de manera profesional —y eso me pasa con los abogados—, pero está lejos de la realidad. En mi opinión, no se trata de un oficio exclusivo de profesionales de las letras, pero sí requiere una formación continua a través de cursos, talleres y diplomados, pues nos formamos cada día, con anécdotas y experiencias. Además —y no quiero dejarlo de lado—, un corrector, sumado a su amplio conocimiento de la gramática, debe ser un inquieto lector y tener una base humanística sólida. Es decir, debe saber de filosofía, historia, política, música, entre otras áreas.


¿Cuál crees que es el objetivo del profesional de la corrección de textos?

El objetivo primordial es garantizar que el texto que se encuentra en sus manos sea perfectamente legible. Por ejemplo, en el ámbito jurídico me enfoco en asegurarme de que los escritos sean claros, precisos y, en la medida de lo posible, sencillos —aunque muchas veces la sencillez no sea la preocupación de los abogados—. Los textos deben ser comprensibles para todo el ciudadano común, sin necesidad de la interpretación de un especialista. Es así que, como amante de las letras, mi labor no se limita a embellecer los textos, sino garantizar que empleen un lenguaje claro y accesible.


Cuéntanos un poco tu experiencia en la Escuela de Edición de Lima, tras haber llevado el Curso Integral de Corrección de Estilo (CICE)

Como mencioné previamente, si bien es cierto mi formación lingüística fue de gran ayuda en mi labor como correctora, este oficio demanda una formación continua en cursos o diplomados de especialización, pues mi carrera no proporciona una preparación específica en corrección, idea errada que algunas personas tienen. En el 2019 por fin decidí llevar el Curso Integral de Corrección de Estilo. Inicialmente, asistí de manera presencial, pero, debido a la pandemia, completé el curso de modo virtual en el 2020 (el curso dura casi un año). Mi experiencia en las aulas me permitió compartir conocimientos con otros profesionales —como yo— interesados en el mundo de la corrección, lo cual resultó enriquecedor. La transición a la virtualidad no fue complicada, ya que manejo muy bien la tecnología. De hecho, fue bastante provechosa, pues ya no perdía tiempo en trasladarme y las clases se grababan para una consulta posterior. Los docentes que tuve a lo largo de esos meses destacaron por su profesionalismo; nos proporcionaron los materiales de la clase —que hasta ahora ojeo—, libros, videos, y aprovecharon los recursos tecnológicos para hacer las clases más interactivas.


¿Cuál crees que es la principal fortaleza del CICE?

Puedo afirmar con énfasis que la principal fortaleza del CICE es la calidad de sus docentes que, incluso, desde que empezó la pandemia y con ella la virtualidad, continuaron dictando y se sumaron profesores extranjeros de diversos países del mundo. Ellos siempre estuvieron prestos a absolver mis dudas y se centraron en mis intereses profesionales.


¿Cómo influyó la formación en el curso en cuanto a tu labor profesional?

Si bien es cierto, yo tenía una muy buena base como lingüista, pero llevar el Curso Integral de Corrección de Estilo me ayudó a detectar mis puntos débiles y perfeccionar mis habilidades en la corrección de manera más profesional. Gracias a la teoría, la retroalimentación personalizada de los docentes y el intercambio de conocimientos en clase, ahora me siento más segura cuando asesoro en temas de redacción, puedo proporcionar explicaciones más fundamentadas para cada corrección y hasta transmitir mis conocimientos a través de talleres.   


¿Qué opinión te merece nuestra plana docente?

Los docentes son profesionales destacados que fomentan el aprendizaje continuo, con quienes, hasta la fecha, mantengo comunicación por temas académicos y de corrección. Gracias a sus consejos, a menudo consulto la RAE, el Panhispánico, la Fundéu, Castellano Actual, entre otros. Esto ha enriquecido mi trabajo como correctora.


Déjanos saber tus impresiones finales sobre el curso y la Escuela de Edición de Lima.

Cuando culminé el Curso Integral de Corrección de Estilo me llevé gratos recuerdos y un profundo aprendizaje. Es por ello que pensé que debía regresar por algún otro curso, y así fue. En el 2022, llevé también el Curso Integral de Edición de Publicaciones, debido a mi interés en el rubro editorial y con miras a una futura carrera como editora. Ambos cursos los culminé satisfactoriamente, y ahora puedo decir que tengo una sólida base en corrección y edición de textos para enfrentar nuevos retos.

Recuerda que la XV edición del Curso Integral de Corrección de Estilo empieza este sábado 11 de noviembre. Separa tu vacante en el curso más completo del sector editorial (192 horas lectivas) con nuestros asesores, comunicándote al WhatsApp 968788289 o escribiéndonos al correo comercial@escueladeediciondelima.com.

Abrimos las inscripciones para el curso de Ortografía y Gramática

Si buscas mejorar tus técnicas y habilidades en redacción, este taller es para ti. Conoce las reglas gramaticales y ortográficas, y adquiere los conocimientos prácticos y teóricos necesarios para todo redactor.

Al hablar de ortografía y gramática, podríamos pensar que se tratan de temas intuitivos, incluso densos. Sin embargo, para aquellos que desean incursionar en el oficio de la redacción, de la corrección y edición, estos conocimientos son indispensables.

En este curso se explicarán los principios gramaticales más importantes, ya que el conocimiento teórico es importante para dominar las distintas aristas del idioma en el ámbito de la escritura. Mediante un sistema de enseñanza dinámico y distintas formas de evaluación, los estudiantes consolidarán lo aprendido en clase de forma eficaz.

Asimismo, la asignatura tiene como objetivo mejorar las técnicas y habilidades de redacción de los estudiantes, a través de conceptos que les permitan construir oraciones y frases correctas. Por otro lado, los estudiantes desarrollarán la capacidad de corregir enunciados que presenten inconvenientes gramaticales y ortográficos.

El taller será dirigido por Tatiana Noriega, docente de redacción con más de diez años de experiencia en el nivel educativo superior. Asimismo, es especialista en corrección de textos y escritura académica para investigadores, y cuenta con una maestría en Educación con mención en Docencia e Investigación en Educación Superior por la Universidad Peruana Cayetano Heredia y diplomada en Corrección de Textos Académicos por la Universidad del Salvador de Argentina.

Las clases empiezan este lunes 26 de septiembre, de 19:30 a 21:30 hrs., en línea y en directo. Separa tu vacante comunicándote al 968 788 289 o al siguiente link: https://wa.me/51968788289. También puedes escribirnos a comercial@escueladeediciondelima.com.