Halloween 2023: cinco libros para aumentar el terror

Te dejamos nuestro top 5 de libros que harán que más de uno se lleve un buen susto. Toma nota y, por si acaso, deja una luz encendida.

El exorcista – William Peter Blatty

Un clásico de todos los tiempos, que tuvo su versión cinematográfica en 1973. Se dice que Blatty escribió esta novela, luego de oír acerca de un exorcismo llevado a cabo en 1949. La historia narra el enfrentamiento del Padre Lankester Merrin contra fuerzas demoniacas, mientras que en la ciudad de Georgetown , la joven Regan MacNeil es poseída por un espíritu que la llevará a experimentar una serie de cambios físicos y mentales.

El quinto hijo – Doris Lessing

Publicada en 1988, esta novela narra los cambios que experimentan los esposos Harriet y David Lovatt, tras el nacimiento de Ben, su quinto hijo. El que antes había sido un lugar de regocijo y felicidad, pronto se torna en una pesadilla, pues Ben tiene una apariencia monstruosa, es egoísta, hambriento y posee un comportamiento violento incomparable con el de sus hermanos.  

Lunar Park – Bret Easton Ellis

Una novela extraña que volará la cabeza de más de uno. En principio, el protagonista es el mismo autor, quien goza de fama y dinero, gracias a su prominente carrera de escritor. En una fiesta de Halloween, Easton Ellis cree ver a uno de sus personajes más temibles conduciendo un automóvil. Por otro lado, una muñeca ha cobrado vida en la habitación de su hijastra. De pronto, ocurren una serie de asesinatos y desapariciones de niños de la misma edad de su hijo. Una de las mejores novelas del llamado enfant terrible de la literatura estadounidense.

El país de octubre – Ray Bradbury

La crítica considera a esta colección de cuentos una de las mejores del autor. Consta de 19 narraciones de terror escritos por Bradbury, entre los que resaltan «El enano», «El esqueleto», «La multitud», «Tío Einar», «La caja de sorpresas», entre otras.

El umbral de la noche– Stephen King

El libro es considerado por muchos como la mejor colección de relatos cortos del autor. Cinco de estos cuentos fueron llevados al cine («Los chicos del maíz», «El último turno», «El coco», «Campo de batalla» y «Camiones»), mientras que algunos sirvieron como prefacio de otros libros, como «Los misterios del gusano», que es un acercamiento a lo que más adelante sería la novela El misterio de Salems Lot. El libro contiene veinte relatos inquietantes. Muy recomendado para los amantes del terror.  

Día del Gato y cinco libros para celebrarlo

¿Te gustan los gatos? Pues, esta nota es para ti. Aquí te dejamos cinco títulos (y una interesante yapita) para seguir celebrando el Día del Gato. Tomen nota.

Gatos ilustres – Doris Leesing

Un libro digno de una auténtica amante de los gatos. Esta obra narra las experiencias de la autora desde su niñez en África hasta su vida adulta en Londres, la cual tiene como protagonistas a todos los gatos que le hicieron compañía en ese trayecto. ¡Súper recomendado!

Soy un gato – Natsume Sōseki

Es curioso que los escritores japoneses tengan cierta predilección por los felinos. Esta novela iba a ser, originalmente, un relato corto. Sin embargo, el editor de la revista Hototogisu, en la que se publicó originalmente en 1905, pidió que se convirtiera en una novela por entregas.

La historia es narrada por un gato sin nombre, quien también es protagonista de la misma y crítico de la sociedad japonesa de su época. Escondido entre casas y calles, el gato observa conductas, escucha conversaciones y presencia hechos que fortalecen su pensamiento filosófico.

Kafka en la orilla – Haruki Murakami

De la pluma del galardonado escritor japonés, llega este clásico de la literatura. La historia se divide en dos partes. Los capítulos impares narran la historia de Kafka Tamura, joven de 15 años que abandona la casa de su padre. De este modo, llega a una biblioteca donde conoce a Oshima, un bibliotecario y a la enigmática Saeki. Curiosamente, Kafka pasa sus días leyendo la obra de Natsume Sōseki.

Los capítulos pares cuentan la tragedia de Saturo Nakata, un anciano que se dedica a buscar gatos perdidos en su barrio. El detalle está en que Nakata tiene la habilidad de comunicarse con los felinos. De este modo, los destinos de Kafka y Nakata entrarán en una colisión inminente. Si gustas de los gatos y la buena literatura, esta novela será todo un reto.

El paraíso de los gatos – Émile Zola

Una extraordinaria fábula sobre la vidaque llevan los gatos. Este cuento plantea una premisa muy interesante: ¿debemos asegurar la vida o salir en busca de aventuras e ideales, a cosa de ello? Un carismático gato explica las razones y sus experiencias, trasladando estas interrogantes a los lectores.

El gato al que le gustaba la lluvia – Henning Mankell

Una novela infantil para los pequeños que gustan de la compañía de un gatito. Un día, Lukas descubre que Noche, su gato, ha desaparecido y sale en su búsqueda. A través de alegorías y escenarios coloridos, la novela hace referencia a las cuestiones principales de la vida, como el amor y la libertad.

BONUS TRACK

El gato del infierno – Stephen King

Gatos y miedo, excelente combinación. El maestro del terror nos entrega este cuento, perteneciente a la colección Después del anochecer. Un multimillonario de nombre Drogan contrata a un asesino a sueldo, llamado Halston, para que mate a un gato, pues es el responsable de las muertes de varios miembros de su familia y, probablemente, irá por él.

De este modo, Halston emprenderá una lucha contra el felino, quien al parecer, lleva la muerte tatuada en el lomo.

¿De qué hablamos cuando hablamos de corrección de estilo?

Al referirnos a la corrección de estilo, abarcamos una amplia gama de herramientas, conceptos y áreas de acción. Es necesario conocer estos aspectos del oficio para comprender cuál es la magnitud del trabajo que se realiza. Katherine Pajuelo, correctora de estilo, traductora y docente del Centro de Desarrollo Editorial y de Contenidos y la Escuela de Edición de Lima, responde a esta pregunta y nos comenta acerca de otros detalles propios del trabajo del corrector de textos así como el perfil que debe tener.

1 ¿A qué hacemos referencia al mencionar «corrección de estilo»?

Primero, es necesario definir los límites de la pregunta y asignarle un punto de partida: el texto escrito. Dicho esto, hacemos referencia a la «corrección de textos». Con esta respuesta terminaría el uso de la primera persona en plural y pasaría a la del singular, pues no soy la voz cantante de los correctores. Lo que viene ya es un tête à tête.

Al hablar de «corrección» doy por entendido que se va a trabajar sobre algo que está mal hecho. Al decir que está mal hecho pareciera que el otro lo hizo sin ganas o de manera descuidada (aunque hay casos, ojo). Sin embargo, también me topo con textos bien escritos y solo necesitan un retoque. El corrector, en efecto, corrige errores, sean estos ortográficos, ortotipográficos, sintácticos o gramaticales. Lo que hace después con el texto es pulirlo, darle forma y dejarlo listo para que pueda cumplir su función: ser inteligible. En principio, esa sería la función. Una de las preguntas de arranque que se le debe hacer al autor sería cuál es su intención con el texto y qué quiere que haga yo como corrector.

2 ¿Podría decirse que la corrección de estilo es exclusiva de un sector de profesionales provenientes del campo de las letras o la lingüística?

No. Nada de exclusividad. Puede ser corrector quien se lo proponga. Una de mis compañeras de aula en la Fundación Litterae trabajaba atendiendo al público en una relojería de la Av. Corrientes y muchas otras eran secretarias, es decir, no necesariamente habían cursado letras. Los lingüistas no tienen por qué dedicar su vida a la corrección de textos ni tampoco los literatos. El año pasado, un maestrista de literatura me dijo que él no necesitaba escribir bien, que para eso estaban los correctores. Lo dejo ahí. Con esto no estoy diciendo que los estudios lingüísticos no sean necesarios, claro que lo son. No en vano, en Litterae, nos hicieron llevar dos años de gramática, uno de normativa y otro de latín. Pero esto no implica que solo los de letras sean los futuros correctores, te puedes convertir en el camino. Hay que estudiar, eso sí. Y hay que comprometerse con las letras, además.

3. En tal sentido, ¿qué herramientas del trabajo de la corrección de estilo nos sirve para el quehacer profesional del día a día?

En un curso integral de corrección se adquieren las herramientas que serán esenciales en la práctica profesional. Esto no quiere decir que se termina el curso y, listo, nos convertimos en correctores. El aprendizaje, como en toda profesión, es constante. Reitero, uno mismo se va formando. Con el tiempo y las lecturas, irás viendo dónde poner el ojo, «cómo detectar mentiras», diría Paul Ekman, o cómo identificar los «copipegas» de un autor apurado. Por último, dudarás. El día que dejes de dudar será que estás totalmente equivocado (acéptenme la exageración).

4 ¿Cuál es el perfil del profesional de la corrección de estilo?

Para mí (hago énfasis en que es mi opinión y no hablo en nombre de la comunidad de correctores), el profesional que se dedique a la corrección de estilo está obligado a ser lector; no queda de otra. Primero, porque se va a dedicar a leer el trabajo de terceros. Segundo, porque, según el tipo de texto que aborde, será necesario ver cómo trabajaremos esa gramática, esa ortografía o ese ortotipo. Es probable que nos enfrentemos a textos donde lo «incorrecto» sea precisamente lo «correcto».

5. Sobre esta última acotación, respecto a lo «incorrecto» que termina siendo «correcto», ¿en qué casos se suscita?

Por ejemplo, en obras literarias donde los nombres propios se escriben con inicial minúscula, como en la nouvelle de Filonús Gonzáles (2023), Un delicado temblor. En otros donde no encontramos punto y coma, o que después de una coma empiecen con mayúscula, como en El hombre duplicado de Saramago; que tengan párrafos extensos donde varias voces, sin rayas de diálogo que las identifique, hablan entre sí o piensan ensimismadas, como en El otoño del patriarca de don Gabriel García Márquez. Quién podría corregir literatura, ¿un literato? Después de la respuesta de aquel maestrista que dijo «no importa cómo escriba, después contrato un corrector», dudo que la respuesta sea que un literato sea idóneo para ello. Ni me quiero imaginar lo que habrá sido corregir la traducción al español de Yo he de amar una piedra, de Lobo Antunes, los desafío.

6. Entonces, es un error pensar que solo basta con tener ciertos conocimientos afines al oficio.

No basta conocer la ortografía, gramática y ortotipo del idioma; el corrector, a partir de la lectura, reconoce el texto como una unidad cohesiva y coherente. Si no lee, ¿cómo podría darse cuenta de los diferentes estilos que traen consigo los autores de literatura, académicos o administrativos? ¿Cómo podría asesorar en cómo expresar mejor una idea, en cómo lucir mejor el texto, en qué decir primero y qué después? El perfil del corrector se forma más allá del curso de corrección que el interesado siga. A decir verdad, parte del compromiso de cada futuro corrector, y ese compromiso comienza con la lectura.

7. En su opinión, ¿cuál sería el objetivo principal de un corrector de estilo?

El objetivo principal es entregar un texto limpio e inteligible. Para llegar a dicho objetivo, sería conveniente cumplir con unos pocos ideales como entrevistarse con el autor y conocer qué quiere transmitir, a quién, cómo se lo quiere decir y qué quiere conseguir. Después estaría investigar sobre el tema que se va a corregir y pedir material de referencia si es necesario. Por último, tener material de consulta lingüística confiable en internet y en físico, pues no cambiamos un texto partiendo del «no me gusta» o porque «lo prefiero así». Debemos ser capaces de justificar nuestros cambios.

8 ¿Cuál es el proceso de la corrección de estilo? ¿Existe algún método o pauta a seguir?

No creo que haya un método definitivo, cada corrector tendrá el suyo. Depende también del tipo de texto que tengamos que corregir. Por ejemplo, si tenemos un documento ya maquetado y hay que darle una última revisión, observo primero qué característica general tiene el texto. Si estuviera diseñado en columnas y con palabras cortadas con guion al final del renglón, encendería la alerta máxima y dirigiría mi atención a los extremos laterales de cada columna. He visto cómo cortaron «peruano» a final de línea: en la línea superior quedó «peru-», en la inferior, «ano», y no es lo recomendable.

Considero que la corrección de estilo no es una receta de cocina, mejor dicho, podemos crear nuestra propia receta según los ingredientes que tengamos a la mano y los utensilios con los que contemos. Es decir, usaremos hornilla a gas, eléctrica, ¿fogón? El método dependerá definitivamente del texto que se trabaje, aquí tenemos para hablar largo y tendido.

9 ¿Es lo mismo «editar un texto» que «corregir un texto»?

Cuando corrijo, edito. Salvo que el autor o la casa editorial me indiquen lo contrario, mi trabajo trasciende lo ortográfico, ortotipográfico y gramatical. Creo que la corrección de textos es un trabajo integral. ¿Cómo podría preguntarle al cliente si solo quiere que le corrija ortografía o gramática? ¿Cómo podría preguntarle si también quiere incluir ortotipografía sin que se le queden los ojos en blanco? «Señor cliente, puede agrandar su combo con una revisada de ortotipo si gusta. Claro, tiene que pagar más». Imposible, es integral, es el todo. Por eso empecé diciendo que dependerá de las instrucciones previas.

No tengo una lista de servicios: si quieres este servicio, tanto; si quieres esto otro, tanto… No podría trabajar así, ¿cómo podría frenar a mi cerebro y decirle que no mire o no preste atención a algo que está mal o que podría ir mejor? Yo no puedo, no soy tan robótica; estaría bueno, pero no puedo, tampoco lo recomiendo.

10 ¿Qué libros recomendaría a quienes desean incursionar en la corrección de estilo?

En las primeras respuestas, mencionaba que uno de los deberes de todo corrector es leer, esto implica que saber leer también; ser crítico con la lectura, no quedarse en el «me gusta» o «no me gusta». Una vez un joven sabio me dijo: «Sobre si te gusta o no, lo podemos conversar en un bar, aquí lo que importa es que te alejes del texto y tengas una percepción crítica». Saber leer y saber escribir van de la mano. Y es que, en el universo de las letras (cuyos agentes principales son el autor, corrector, lector), los correctores quedamos en el medio, en un lugar que nos exige saber de ambos oficios.

Dicho esto, no voy a recomendar libros sobre corrección de estilo propiamente dicho, pero sí libros vinculados con la literatura que nos pueden orientar en nuestro oficio. Mencionaré apenas cinco, pero, en realidad, el que quiere incursionar en la corrección tiene que haber pasado ya por varios libros.

Capítulo 112 de Rayuela, de Julio Cortázar (luego tiren la piedrita al casillero 99); Mientras escribo, de Stephen King; De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami; Como una novela, de Daniel Pennac; El infinito en un junco, de Irene Vallejo, lectura recomendada para los amantes de los libros o para los que quieran hacer votos de amor con ellos. ¡Nos vemos en la Escuela!