¿Por qué es necesario aprender las reglas fundamentales de sintaxis?

Si te enfrentas por primera vez a la hoja en blanco, es probable que salte esta pregunta. Y es que podríamos pensar que bastan unos cuantos conocimientos y algo de intuición para obtener una óptima redacción. Los conocimientos de sintaxis son mucho más útiles de lo que se cree.

Sintaxis es una parte de la gramática que estudia la combinación de palabras, gracias a la cual una persona es capaz de organizar ideas y estructurar oraciones, textos, entre otras formas de expresión.

Este concepto es clave: el conocimiento de la sintaxis es indispensable para expresar ideas con claridad. Pese a ello, muchos estudiantes consideran que no hay mucha utilidad en ello. Muchas veces se supedita esta disciplina al análisis frío de las oraciones —identificar el sujeto, verbo y predicado—, por lo que la sintaxis adquiere más bien un atributo vaporoso.

El asunto es que sirve para pensar y conseguir una mejor forma de expresión. Sin ella, sería imposible escribir de forma precisa.  Por eso, depende mucho la forma en que se enseñe la sintaxis y los modos de aprendizaje por parte de los estudiantes.

Por ejemplo, un docente podría pasar un par de horas definiendo los conceptos sobre sujeto, complementos, sintagmas, adjetivos, verbos, determinantes, preposiciones, entre otros elementos, con lo cual se abren dos caminos: o se genera un aprendizaje memorístico o, mediante ejemplos y casos concretos, un aprovechamiento práctico.

Analizar una canción o fragmentos de una novela o poema; realizar puzles de palabras o discusiones entre estudiantes sobre las partes de una oración son algunos de los métodos que pueden suscitar una mejor captación y aplicación de las normas fundamentales de la sintaxis.

En la Escuela de Edición de Lima iniciaremos pronto nuestro curso de Sintaxis. Si deseas participar, da clic aquí.

La claridad textual

En el siguiente artículo, Luis Miguel Espejo, docente de la Escuela de Edición de Lima, define una serie de conceptos respecto a la claridad y otros aspectos que deben revestir a un texto, en favor de los lectores.

Por Luis Miguel Espejo

Tratamiento del léxico y la expresión

Todos sufrimos al leer textos defectuosos por una serie variada de motivos. En ocasiones, algunos de estos motivos pueden ser solucionados de un modo sencillo, pero siempre que hayamos detectado dónde está la raíz del problema. Para redactar textos aceptables y efectivos, debemos concentrarnos en la búsqueda de la claridad. Sin embargo, la experiencia nos muestra que a veces estamos obligados a releer un párrafo, una idea o un artículo completo (y ciertamente no porque sean hermosos o de factura superior). ¿Por qué ocurre esto? ¿A qué debemos prestarle atención cuando planificamos, redactamos o corregimos nuestros textos? Veremos estas y otras cuestiones relacionadas en las siguientes líneas, y pondremos especial atención a la expresión escrita sencilla y un léxico adecuado.

La comunicación escrita puede ser efectiva o defectuosa, según cómo hayamos planificado nuestro texto. Por supuesto, esto no nos exonera de caer en ciertos vicios del lenguaje (involuntarios). Ambigüedades, arcaísmos, cosismos, cacofonías, barbarismos, muletillas y pleonasmos se encuentran entre los más populares, pero esto aún no nos debe preocupar.

Al comunicarnos por medios escritos, estamos obligados a hacer un checklist esencial que siempre recuerdo a mis estudiantes en la EEL: (i) ¿qué quiero decir?, (ii) ¿a quién se lo quiero decir?, (iii) ¿por dónde me va a leer? Con esta información básica es mucho más sencillo definir el texto completo, pues definiendo el tema, el lector ideal y el medio por donde leerá nuestras ideas, la elección del formato y el tratamiento del contenido nos facilitará enormemente la redacción.

También conviene recordar el propósito de la redacción: que nuestros lectores nos comprendan a la primera lectura. Para lograrlo, necesitamos apostar por la claridad, la mejor garantía de cumplir con este propósito. Una redacción clara es muestra de generosidad, de consideración… es una manera de decirles a los lectores: «Estimados, he estado pensando en ustedes y por eso he planificado, escrito y editado estas palabras; para que no sea necesario que las relean». Un texto «desconsiderado», en cambio, obliga a desentrañar el sentido de las palabras y, a veces, deja a los lectores en una oscuridad cavernaria, insalvable.

La revisión del texto

Para mejorar un texto poco claro debemos revisar el léxico. Sí. Es casi el nivel más básico de la escritura, pero muchos de los vicios en la redacción se resuelven en este nivel: las palabras adecuadas garantizan la comprensión inmediata y, al contrario, las palabras comodín, «gaseosas», indefinidas o los rodeos o circunloquios solo aportan confusión o, en el peor de los casos, sugieren la inseguridad de los autores y de sus contenidos. Si en lugar de «Tenemos que hacer muchas cosas urgentes» dijéramos «Debemos entregar estos archivos antes de la una», ningún lector tendrá dudas. Tenemos suficientes palabras en nuestra lengua para decir exactamente lo que queremos decir; no hay excusa. Así dejaremos de recurrir a los conocidos «el tema de», «la cosa que», la fórmula «poder + V», «lo que es…», y un largo etcétera de combinaciones que a la larga no dicen nada.

Los lugares comunes, por su parte, también operan como muletillas que le dejan al lector una sensación de clichés trillados, que han perdido su sentido a punta de tanta repetición. Frases como «a lo largo y ancho del país», «se hizo un silencio sepulcral» o refranes populares pueden parecer recursos muy usados, pero en el fondo delatan que los autores carecen de creatividad o sinceridad. ¿Cómo evitarlos? Con una revisión cuidadosa y con lecturas habituales de calidad estaremos mejor preparados para pulir algunas secciones que caigan en estas frases hechas.

Recomendaciones finales

Un lenguaje directo debería evitar, pues, rodeos, pleonasmos, ambigüedades y eufemismos (excepto cuando el decoro así lo exija). En suma, evitar —si se me permite— las evasiones. De este modo, descubriremos que muchos textos necesitaban menos palabras para decir casi lo mismo.

Por último, así como debemos alejarnos de la expresión simplona o facilista de palabras «baúl», conviene también estar prevenidos contra el lenguaje excesivamente afectado y la expresión huachafa. Vamos por partes: el exceso y el defecto van en contra de la claridad en la redacción. Hemos visto que se pueden evitar vicios derivados de un léxico pobre, pero también podríamos pecar por un léxico o una expresión demasiado ornamental, llena de fórmulas grandilocuentes que recuerdan a las fachadas barrocas del siglo XVII. Los términos rebuscados como «occiso», «insulso», «onomástico» o «sempiterno» quizás puedan sorprender a lectores desprevenidos, pero lo que consiguen estos textos es atarantar al lector y obligarle a hacer una pausa en su lectura, que debería ser fluida. No se trata de llamar la atención sobre lo que nosotros queremos, sino de poner por delante lo que necesitan los lectores. Recordemos que la idea es ser generosos con los lectores, y la generosidad va en sentido opuesto a la mezquindad y al ego.

Todos ganamos con este cuidado en la expresión clara: redactores, lectores, correctores, editores… Debemos estar atentos a (o más bien “vacunados contra”) estos vicios que reproducimos por aparentar un estilo culto que no siempre dominamos, y que los lectores casi nunca piden ni agradecen. Procuremos la expresión directa, amable y considerada que está al alcance de todos.

Inteligencia artificial y correctores: un desafío (y una oportunidad)

Juan Carlos Almeyda, docente del curso IA para correctores de la Escuela de Edición de Lima, nos presenta en este artículo algunos planteamientos respecto a la inteligencia artificial y el desafío que representa para los correctores integrar esta tecnología en su labor.

Cuando nos referimos a la integración de la inteligencia artificial (IA) en el ámbito de la corrección de estilo y la edición de textos, es habitual que esta se piense en términos de sustitución de los seres humanos en la asignación de tareas. En ese contexto catastrofista, es coherente la lectura que se le dio al difundido estudio «GPTs are GPTs», que supuestamente aseguraba la extinción de los empleos cognitivos no rutinarios.

No era así. Es más, aunque no profundicemos en esta investigación sobre el impacto generalizado que tendrían modelos como ChatGPT en el mercado laboral, sí es menester destacar la hipótesis de los evaluadores acerca de que los trabajos centrados en la ciencia y el pensamiento crítico tienen menos riesgo antes estos modelos de IA, en comparación con los relacionados a la programación y la escritura. Resaltamos esa última idea porque dicha afirmación parece contraponer estos dos grandes campos. ¿Acaso los trabajos vinculados al lenguaje, la redacción y la escritura nunca implican el ejercicio del pensamiento crítico?

La corrección, de acuerdo con Juan Luis Blanco, es el proceso de detección y eliminación de las interferencias que impiden o dificultan que el texto alcance su máxima eficacia comunicativa. En ese sentido, para que el texto logre su propósito, además de las competencias lingüísticas formales —el manejo de la gramática y la ortografía—, el corrector debe comprender el entorno comunicativo, las intenciones del autor, las expectativas del lector ideal, el género, registro o formato de la publicación, el funcionamiento del proceso editorial… Es decir, implica que el corrector haga uso de su criterio o juicio para distinguir lo relevante de lo que no lo es, en un contexto determinado, para lo cual el pensamiento crítico es ineludible. En este punto, cabe recordar que las palabras «criterio» y «crítica» comparten la misma raíz, el verbo griego krineín, que significa «juzgar»; es decir, desde sus orígenes estos conceptos estaban vinculados.

Si en la corrección de estilo debemos rechazar la visión del corrector «como un ser antipático, cerrado y autoritario» —en palabras de Nuria Gómez—, también es necesario tomar distancia del «tecnopesimismo» que asume que toda utilización de herramientas de IA supone sustitución laboral. En efecto, el uso de estas nuevas tecnologías, siguiendo a Carlos Scolari, debería entenderse en tanto «integración crítica» y no como «exclusión acrítica», lo que derivaría en una escritura caligráfica, manual, artesanal. Ahora bien, esto tampoco debe implicar la «integración acrítica» de la IA, propia de los tecnoptimistas, puesto que, en el campo de la edición y corrección de textos, la intervención humana es imprescindible.

La presencia del corrector, al interactuar con modelos conversacionales como ChatGPT, Copilot, Gemini o Claude, debe manifestarse tanto en la producción de textos de entrada o prompts, como en la interpretación de los textos de salida o respuestas del sistema. Por un lado, existen técnicas para que los algoritmos respondan de manera más eficiente y el usuario consiga aquello que está buscando específicamente; esto es lo que se conoce como «ingeniería de prompts».

Por el otro, los productos de los chatbots deben pasar por los procesos de evaluación —respecto a la construcción de los argumentos— y verificación —en cuanto al contraste de datos factuales—, como indica Lluís Codina, antes de ser tomados como las versiones finales de nuestros textos. Asimismo, en la actualidad, nadie más que el corrector humano será capaz de interpretar con minuciosidad matices y subtextos; detectar y corregir contenidos que puedan ser culturalmente sensibles o inapropiados; o personalizar el texto y adaptarlo al propósito comunicativo específico.

En la medida en que el criterio humano sea indispensable para trabajar con modelos de IA, podemos referirnos a la integración crítica de estas tecnologías. Sin embargo, esta no es la única forma para considerar esta relación entre la inteligencia artificial y el ámbito de corrección de estilo. ChatGPT y otros asistentes conversacionales similares están teniendo efectos en la edición, la búsqueda de fuentes académicas, la redacción académica, la escritura creativa.

En fin, sus consecuencias se irán apreciando en la misma concepción de escritura y lenguaje. Jorge Carrión, en su libro Los campos electromagnéticos, propone la idea de escritura artificial o automatizada, en tanto intervención cultural colectiva que implica una liberación racional. Al contrario, el historiador Yuval Noah Harari ve con sospecha cómo la inteligencia artificial ha adquirido capacidades de generación de textos, «hackeando» el sistema operativo de nuestra civilización. Por su parte, el filósofo Éric Sadin, en La inteligencia artificial o el desafío del siglo, cuestiona el valor de verdad oracular que se le otorga a las respuestas que ofrecen los nuevos sistemas de IA.

Los correctores, como celadores del lenguaje y garantía de que este cumpla eficazmente su propósito comunicativo, también debemos prestar atención a estas reflexiones. Asimismo, tenemos que ser conscientes de los cambios en nuestro contexto. En la actualidad, por ejemplo, vivimos una exagerada profusión de libros creados con IA y publicados en plataformas digitales de venta sin explicar su origen verdadero. De otro lado, en el Perú se ha establecido un sistema paralelo de compra-venta de artículos y tesis académicas de escaso valor científico-humanístico, pero útil para los fines extracadémicos de quienes los solicitan.

El empleo de herramientas de IA en un sistema perverso como el descrito podría ponernos en una situación aún más complicada que en la que estamos. Por ello, una vez más, los correctores de estilo debemos obrar con criterio y responsabilidad ética. La inteligencia artificial implica una revolución tecnosocial y, por lo tanto, requiere de los trabajadores de la edición el conocimiento de estas tecnologías y el pensamiento crítico para saber cómo utilizarlas.

La inteligencia artificial como herramienta del corrector de textos

En tiempos IA y desarrolladores digitales de contenido, el corrector de textos puede ver en esta tecnología un interesante potenciador de su trabajo. A continuación, te presentamos algunos beneficios de la IA en el campo de la corrección.

Herramientas de corrección

Los desarrolladores de inteligencia artificial han implementado correctores gramaticales y ortográficos capaces de detectar errores que muchas veces pasan desapercibidos a ojos del corrector.

No estamos diciendo que la herramienta reemplace el criterio y experiencia del profesional de la corrección, sino que puede emplear estos sistemas para sumar valor a su trabajo.

De este modo, se asegura la efectiva transmisión de los mensajes en los contenidos que el corrector tiene a su cargo. Entre los más conocidos están Trinka, QuillBot, entre otros.

Diversidad de soluciones

Gracias a los modelos de aprendizaje automático de los programados desarrollados con IA, estos son capaces de detectar errores gramaticales y ortográficos e integrarlos a una base de datos que siguen reglas y patrones de acuerdo con un contexto determinado.

De esta manera, generan un catálogo con una serie de soluciones en las que el corrector de textos podrá seleccionar en base a sus requerimientos.

Categorización de sugerencias

Correctores digitales como Grammarly categorizan los errores encontrados en un texto, mostrando diversas alertas de acuerdo con la cantidad de erratas detectadas.

Agilización del proceso de corrección (más no suplantación)

Esto no quiere decir que el trabajo de corrección se deje al libre albedrío de la inteligencia artificial, sino que el corrector de textos puede apoyarse en estas herramientas para detectar de forma más rápida los posibles errores que afectan un escrito. Basta con copiar y pegar el texto en la herramienta para conseguirlo.

Luego, con la experiencia y conocimientos del corrector, se procederá a evaluar cada errata detectada.

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Oswaldo Toscano: «Mucha gente cree que corregir textos es solo subsanar faltas de ortografía. Esa es una visión muy limitada del oficio del corrector»

Educador y corrector de textos egresado del Curso Integral de Corrección de Estilo, Oswaldo Toscano nos cuenta su experiencia en el CICE y cómo influyeron los conocimientos adquiridos en su quehacer profesional.

¿Cómo nació tu interés por el oficio de la corrección de textos?

Fue una casualidad. Hace muchos años que hago opinión en varios medios. Algunas personas me pedían que les ayude a corregir textos, documentos, hasta tesis. Allí nació mi interés por ir un poco más allá y encontré la propuesta de la Escuela de Edición de Lima. Fue una gran formación. Comprendí muchos de los aspectos clave del oficio. Sobre todo, la calidad humana de los profesores me generó una grata experiencia. 

¿Consideras que todo docente debe ser capaz de corregir sus propios textos?

Absolutamente. Aunque parezca que los textos escritos han sido suplantados por las imágenes, la verdad es que el contenido textual adquiere cada vez más importancia. Sobre todo, ahora que las nuevas tecnologías se introducen poco a poco en las aulas y en los procesos de aprendizaje-enseñanza. El problema radica en que mucha gente cree que corregir textos es solo subsanar faltas de ortografía. Esa es una visión muy limitada del oficio del corrector.

Cuéntanos un poco acerca de tu experiencia en el Curso Integral de Corrección de Estilo.

Tengo una grata experiencia. Lo que más recuerdo es la calidad humana de sus profesores. El respeto al alumno. Luego he tenido otras experiencias en otras instituciones donde el aspecto humano era menos importante que el económico. Además, todos los profesores del Curso, tenían un nivel de profesionalismo altísimo. 

¿Fue una ventaja llevar el curso a distancia?

Claro, porque yo no vivo en Lima. Entonces se facilitó tomar el programa. 

¿Cuál crees que es la principal fortaleza del CICE?

Como lo dije antes, sus profesores, su director y el equipo que da soporte a los alumnos. 

Eres docente de profesión, ¿cómo influyó lo aprendido en el CICE en tu vida profesional?

Mucho. Me hizo más consciente de la importancia de hacer textos claros, que transmitan las ideas de una forma eficiente. Además, me llevó a descubrir una nueva actividad profesional. A partir del curso, también corrijo tesis de pregrado o maestría y ofrezco servicios de contenido para blogs. 

Sabemos que también eres docente en la Escuela de Edición de Lima. Coméntanos un poco más sobre esta experiencia.

Los ejecutivos de la EEL me dieron la oportunidad de abrir un curso en modalidad virtual, acerca de la escritura para blogs. Es una actividad bastante específica, que, sin duda, va a convertirse en una necesidad para muchas organizaciones. Actualmente, un blog es el eje central de las estrategias de web marketing. Es el medio a través del cual se conecta con la comunidad. Considero que el curso Blogging, del cual soy docente, va a crecer a la par de la consciencia que se desarrolle sobre la necesidad de diferenciarse en la web.

Hoy es el Día Internacional del Corrector de Textos

Cada 27 de octubre se conmemora esta fecha, a modo de homenaje para aquellos profesionales que intervienen y trabajan con textos. La Escuela de Edición de Lima y el Centro de Desarrollo Editorial y de Contenidos saluda a todos los correctores en su día.

La Fundación Litterae instituyó el Día Internacional del Corrector de Textos en esta fecha debido a que coincide con el nacimiento del teólogo y filósofo holandés Erasmo de Róterdam, quien tradujo y corrigió textos en latín, echando mano de un lenguaje accesible.

La labor del corrector es imprescindible dentro del proceso editorial. El objetivo de su trabajo es aplicar las normas ortográficas, gramaticales y ortotipográficas en un texto, con el fin de ofrecer un escrito de calidad, libre de erratas y listo para ser publicado. Por ello, esta tarea solo puede ser realizada por profesionales especializados en dicha materia.

Esto engloba no solo a quienes provienen de carreras afines, tales como la literatura o la lingüística, sino también a todas aquellas personas que tomen la iniciativa de incursionar en este oficio con seriedad y responsabilidad. Si bien corren los tiempos de la inteligencia artificial y de los avances tecnológicos (muchos insertados en el campo de la corrección) nada podrá equiparar las destrezas y habilidades de un profesional formado durante años para llevar a cabo esta tarea.

La Escuela de Edición de Lima y su compromiso con los correctores de textos

En la Escuela de Edición de Lima, desde su fundación, le hemos dado suma importancia al desarrollo de las habilidades que se requieren para ser un buen corrector de textos, pues reconocemos que son pieza clave en todo proceso editorial. Por eso contamos con una serie de cursos que buscan el crecimiento profesional de los correctores.

Entre ellos está el Curso Integral de Corrección de Estilo, el programa más completo que cuenta con 192 horas de duración —que se llevan a lo largo de un año y que está conformado por doce materias—. En este curso uno aprenderá todo lo necesario para empezar en este apasionante oficio.

Las clases empiezan el sábado 11 de noviembre y serán de 9:00 a. m. a 1:00 p. m. Separa tu vacante con un asesor, escribiendo al siguiente enlace: http://wa.link/gb8ory. También puedes comunicarte al teléfono 968788289 o al correo comercial@escueladeediciondelima.com.

Comunicación personal: letras a una joven correctora

El trabajo del corrector de estilo es una carrera de largo aliento. Por ello, Katherine Pajuelo Lara, docente de la Escuela de Edición de Lima, nos entrega esta comunicación para aquellos que busquen consejos y recomendaciones en torno al oficio de la corrección.

Estimada X:

Agradezco infinitamente tu tiempo y paciencia con mi artículo. Me permito tutearte por este medio, aunque creo que también se me escapó en los comentarios formales en el Drive, espero no te moleste. Me parecieron brillantes todas tus observaciones; me pregunto si cada sugerencia tuya fue espontánea o, como dices cargada de humildad, representó para ti un desafío. Estamos iguales: escribirlo fue todo un desafío para mí. Si bien tus sugerencias de cambio en el estilo eran magníficas (y también fueron muchas, muchísimas), mi respuesta a casi todas fue «Sugerencia no aceptada», y esto se debió a que si las aceptaba, ese texto iba a dejar de ser mío. Una vez le dije a mi asesor de tesis que a mí me costaba mucho usar el estilo académico, peco de directa, quizás. Lo quiera o no, mi estilo en formación me ha hecho batallar en la redacción de mi tesis; no se escribe de la noche a la mañana, cuesta. A ti, sin embargo, como a él, te sale natural. No obstante, fuera de la tesis, me doy la libertad de vestir ideas con estructuras menos acartonadas.

En cuanto a las comas, esas cuya ausencia te espantaba (lo notaba) en las oraciones de orden envolvente, te diré que aprendí que había una puntuación cerrada y otra más flexible. Soy partidaria de esta última. Y es que con la literatura aprendí también que, en ocasiones, las comas estorban, que son como piedras en una acequia, bloquean la fluidez de las ideas. Espero no haber sido una libertina con mi falta de comas al inicio de mis enunciados, pero, sabes, interrumpían. Sentía que (im)ponerlas porque era lo estrictamente correcto le restaba sentido —sí, sentido— a lo que venía después.

Sobre tu estilo de corrección, ahora me toca a mí, si me lo permites, darte mis sugerencias: 1) corrige lo necesario. Si un enunciado funciona sin coma, déjalo. Léelo y reléelo, fíjate el matiz que le da la coma o le quita, entonces sabrás si la dejas o no. 2) Evita dejar comentarios al autor. Hazlo solo cuando el texto corra el riesgo de no ser entendido o percibes que le falta información, que hay información errada o cuando sospechas que un fantasma malo copipegó párrafos de otro texto mientras el autor dormía. Solo lo puntual. Olvídate del «Sugiero que le agregue un espacio», «Sugiero que justifique», «Sugiero…», porque si sugieres, entonces es optativo y estaríamos frente a una lucha de subjetividades. Reduce tus comentarios a lo estrictamente necesario (ojo, yo también agrego comentarios) y corrige de frente, sin miedo, sin pedir permiso por aquello que realmente está mal. 3) No me parece prudente que corrijas en el Drive, porque se vuelve un espiral. Mientras yo te contestaba, tú ya me estabas respondiendo. En esa inmediatez, a ti o al autor se les puede pasar un comentario, porque él también querrá responderte al instante. Que tú respondas mientras el autor responde es un elemento distractor.

Por último, la sugerencia que siempre doy sin que nadie me la pida es leer. Lee. Lee literatura. Por lo general, los expertos en lengua que se dedican a la corrección son cuadraditos: la norma dice, blanco y negro, punto, sanseacabó. Lee con la intención no solo de disfrutar de las letras, sino también de entender; pregúntate por qué el autor escribió así. Sé crítica. Lee los Monólogos de Gálvez Ronceros, pregúntate qué corregirías ahí. Lee a Saramago, por ejemplo, El hombre duplicado o Ensayo sobre la ceguera, por mencionar solo algunitas, y pregúntate cómo harías si te dan un texto suyo, donde escasean los puntos seguidos, los puntos y coma, las rayas de diálogo. Los diálogos los separa con comas, en un mismo párrafo y después de la coma empieza con mayúscula. Lee mucho. Sorpréndete con Yo he de amar una piedra, de Lobo Antunes, ódialo, ámalo, pregúntate qué se corrige. Lee El Espía del Inca, de Dumett, ¿cómo harías? ¿Cómo lo hizo? ¿Cómo se hace? Qué se hace, qué se toca, qué se deja. Pero, sabes, sobre todo, disfruta del camino, que recién empiezas.

Por último, me honras al decirme que no sabías si ibas a estar a la altura de mi escrito. Exagerada. Tienes todas las herramientas a tu favor y un par de ojos de lince acechante. Estás muy bien encaminada, joven caminante. Habías escuchado eso de que para romper las reglas, primero hay que conocerlas, ¿verdad? Tú ya las conoces, date permiso a volar cada tanto. Esas alas te las da la literatura.

Agradecida,

Katherine

Gislene Coloma: «Después de llevar el Curso Integral de Corrección de Estilo, puedo decir que soy una correctora profesional»

Comunicadora, escritora y ahora correctora. Gislene Coloma comparte sus impresiones acerca del Curso Integral de Corrección de Estilo, el cual se encuentra pronto a concluir.

¿Cómo inició tu vínculo con los textos, la redacción y los libros?

Soy comunicadora de profesión y tengo un máster también en comunicación y dirección de contenidos. Leo desde muy chica, eso lo heredé de mi mamá, quien tenía una gran biblioteca. Era de las chicas «raras», a la que premiaban con libros. Cuando tuve que escoger una carrera, me di cuenta de que quería crear cosas distintas con las palabras. La redacción creativa me encantaba, pero no había una carrera dedicada solo a ello. Vi que en la carrera de comunicaciones podía desarrollar esa vocación y el talento que yo creía tener para escribir. Empecé trabajando como guionista y productora de dos programas en Univisión de Costa Rica. Luego regresé a Perú y entré a trabajar como redactora creativa en una multinacional, lo cual me permitió vivir tranquila, criar a mis hijos y estudiar otros temas relacionados a mis aficiones. Sin embargo, sentía que me faltaba una formación profesional, pues todo se basaba simplemente en mi destreza como lectora, pero no conocía las reglas exactas.

Actualmente estás cursando el Curso Integral de Corrección de Estilo en la Escuela de Edición de Lima. ¿Cuál es tu experiencia en el curso? ¿Cómo ha sido este perfeccionamiento y de qué forma lo vienes asimilado?

Me siento mucho más segura para sustentar lo que antes era instintivo. Empecé con un taller de corrección de estilo, el cual me abrió todo un mundo lleno de posibilidades. En aquel entonces yo ya había escrito un libro de haikus y quería escribir más. A decir verdad, me la paso corrigiendo todo lo que leo, así que pensé que tenía alma de correctora. Además, por lo que me enteré, la Escuela de Edición de Lima era la única que daba esa formación. En el 2022 entré al Curso Integral de Corrección de Estilo, que ofrece una formación de casi un año. Puedo asegurarles que me siento más segura al sustentar cualquier cambio hecho por el autor o cualquier variación en la redacción. Sabemos que los autores somos muy sensibles con nuestros textos, pero estoy en la capacidad de mejorarlos y sustentarlos con conocimiento de causa. Conozco las reglas, sé por qué se tiene que escribir de una manera y no de otra. Hoy en día trabajo como consultora de comunicaciones y he incursionado ya en el tema de la corrección profesionalmente. Estoy corrigiendo una novela para una autora que vive en Estados Unidos. A medida que corrijo aprendo más, practico más y me agrada el hecho de que puedo hacerles consultas a los profesores. Me falta muy poco para terminar el Curso Integral de Corrección de Estilo, pero puedo decir que ya soy una correctora profesional.

Dices que la plana docente de la Escuela de Edición de Lima te ha ayudado con tus consultas, es decir, ¿consideras que la formación y el vínculo con los profesores es algo que se ha fortalecido en este tiempo?

Estoy encantada con los profesores. Cada docente es una fuente de sabiduría que yo no me imaginaba que existía. Son muy buenos, la selección de profesores es extraordinaria e impecable. Tal es así que, si pierdo una clase, siento que se me escapa algo importante, porque cada clase descubro nuevas cosas. El nivel de los profesores es muy alto, lo cual me ha dejado gratamente sorprendida. Creo que todo aquel que trabaje con las palabras debería tomar esta formación en corrección de estilo. Lo recomiendo totalmente.

¿Cómo ha sido tu experiencia al llevar el curso de manera virtual?

Sí funciona. Hay algunos temas un poco más pesados que otros, porque hay que leer bastante. Ahora estamos en una etapa en la que leemos mucho, analizamos y corregimos sobre lo que está en pantalla, cosa un poco más densa. Pero más son las ganancias, porque, por ejemplo, cuando llevé el primer curso en la Escuela de forma presencial, me era difícil llegar a la hora. Con la virtualidad, en cambio, es excelente. No lo tomaría de otra manera.

En algunas promociones ingresan también estudiantes de otros países, quienes comparten sus experiencias en el salón.

Sí, es súper interesante. Tengo compañeros de México, de Chile, de Colombia y es muy enriquecedor compartir con ellos, lo cual no podría ser posible en la presencialidad.

Tú eres comunicadora y te asumes como una correctora de estilo profesional. ¿Qué importancia tiene redactar bien en el trabajo? ¿Cómo aplicamos el tema de la redacción y la corrección en el trabajo, después de adquirir las herramientas en el Curso Integral de Corrección de Estilo?

En principio, debemos entender que la corrección no es redactar. Pasa mucho que te dan textos mal redactados para corregir y eso supone ya otro trabajo, pues implica no solo revisarlos sino, en ocasiones, reescribirlos. Puedes corregirlos, obviamente, pero si la casa está mal construida, por más que la pintes, la tarrajees o le pongas un nuevo techo, la base seguirá endeble. Cuando recibo textos, los leo por completo para saber si voy a pintar la casa o a cambiar tuberías, pues encuentro que muchas personas no saben redactar, que es lo primero. El corrector está para descubrir lo errores sobre algo que está más o menos bien redactado. Este curso de corrección me ha servido para saber identificar esos puntos.

Hay personas que dicen: «Soy de otra carrera, por lo tanto, no tengo la obligación de redactar bien». Desde tu punto de vista como redactora, ¿esto es un error?

Todos tenemos que aprender a redactar. Ahora, no es que estudias un curso de redacción y listo, ya sabes redactar. Hay todo un bagaje de lectura detrás. En una oportunidad fui jefa de redacción y luego gerente de contenidos, y lo que me más me costaba encontrar era buenos redactores. En principio, porque no hay una carrera específica de redacción y porque el redactor es una rara avis que lee mucho y que no sabe canalizar todo ese conocimiento. El redactor no nace con un solo curso; se macera con los años, la lectura y la práctica. Un buen redactor se nutre de lecturas, hasta que alcanza su perfeccionamiento. No tiene que ver con la carrera sino con haber leído mucho.

Quisiéramos saber tus impresiones finales sobre la escuela, los profesores, los compañeros.

Bueno, la Escuela me parece maravillosa, los profesores excelentes, me encantaron las clases. Estoy muy orgullosa por la certificación que voy a obtener. Gracias a este curso he despertado la curiosidad por investigar qué otras actividades sobre corrección hay en otros países. He descubierto que hay un gran universo de correctores. Pero, además de corregir, también quiero escribir y creo que ahora puedo hacerlo mejor. Asimismo, creo que se abre para mí un mundo que yo creía que no existía, la verdad no sabía que podían generarse ingresos corrigiendo textos. Tengo la posibilidad de trabajar en corrección, escribiendo mejor, sustentar cualquier cosa que haga en el campo de la comunicación e, incluso, en la docencia. Gracias a la Escuela, he descubierto todo este abanico de posibilidades.