La huella de carbono editorial: un tema urgente que el Perú debe empezar a discutir

Poca es la discusión en el país en torno a los efectos ambientales que genera la producción de un libro. En este artículo, el editor Dante Antonioli abre el debate, tomando como punto de partida las fases iniciales del proceso editorial.

Por Dante Antonioli

Durante muchos años he trabajado en distintos frentes del mundo editorial: edición de mesa, corrección, diseño, maquetación, acompañamiento de autores, comercialización, consultorías, formación y proyectos de investigación. Siempre he intentado ver la industria en su conjunto y anticipar hacia dónde se mueve. Dentro de este movimiento, había un tema ineludible que decidí investigar hace muy poco: la huella de carbono y el impacto ambiental del libro.

Empecé a leer materiales dispersos, experiencias internacionales, reportes técnicos que apenas mencionaban a la industria cultural. Pero la verdadera claridad llegó recientemente, cuando el Cerlalc (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe) publicó La huella ambiental del libro, un estudio exhaustivo que analiza el ciclo de vida completo de un libro producido en Colombia (https://acortar.link/gfabXV).

El documento, riguroso y metodológicamente sólido, confirmó varias intuiciones que ya venía explorando: nuestros libros tienen un impacto ambiental real, medible y complejo; y todavía sabemos muy poco sobre él.

Este artículo nace, justamente, de ese proceso personal: de ir encontrando piezas sueltas, de intentar comprender este tema en un sector que casi no lo discute y de la convicción de que el Perú necesita empezar a conversar, y pronto.

¿Qué es la huella de carbono editorial?

La huella de carbono editorial evalúa las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a todas las etapas del ciclo de vida del libro, desde la extracción de materias primas hasta su disposición final. Esto incluye lo siguiente:

  • La producción del papel, tintas, colas, cartones y empaques
  • La impresión, los acabados y los procesos industriales
  • El transporte, almacenamiento y distribución
  • Las devoluciones y los libros destruidos
  • El uso, el reciclaje o la disposición final
  • La infraestructura digital que sostiene ebooks, audiolibros, plataformas y servicios en la nube.

En otras palabras, no se trata solo de la impresión, no se limita al papel, ni se resuelve cambiando un insumo por otro. El libro no es solo un objeto cultural, sino también un objeto material que deja una huella ambiental en cada paso.

El aporte del estudio del Cerlalc

El análisis realizado por el Cerlalc representa, quizá, el primer estudio sistemático y de alcance nacional que se publica en América Latina sobre el tema. Y sus hallazgos son clave para entender por dónde empezar. Analicemos algunas de ellos.

  • El mayor impacto está en las materias primas, especialmente en la fabricación del papel.
  • La impresión digital y offset no muestran diferencias tan grandes por ejemplar como solemos imaginar; el tipo de papel pesa más que la tecnología.
  • Muchos impactos ambientales no tienen que ver con emisiones de CO₂, sino con categorías como toxicidad humana, eutrofización o agotamiento de recursos.
  • La recolección de datos es difícil, pero posible, si hay colaboración entre editoriales e imprentas.
  • Las decisiones de diseño editorial y la planificación de tirajes influyen más de lo que pensamos.

Que exista este estudio colombiano es una buena noticia: contamos con una base sólida desde la cual el Perú puede comenzar a aprender, comparar y adaptar.

Por qué este tema importa para el Perú

Nuestro mercado editorial enfrenta limitaciones estructurales: tirajes reducidos, altos costos logísticos, devoluciones frecuentes, infraestructura desigual, papel importado, procesos heterogéneos entre imprentas y una cadena del libro muy fragmentada. Todo ello significa que no conocemos nuestra propia huella y, sin medición, no hay diagnóstico; sin diagnóstico, no hay mejora.

Además, los lectores jóvenes son cada vez más sensibles a temas ambientales, las regulaciones internacionales ya están cambiando, como el Reglamento Europeo sobre Productos Libres de Deforestación (https://acortar.link/ed8bxE), que afectará directamente las cadenas globales de papel y derivados) y las industrias culturales del mundo están incorporando la sostenibilidad como criterio básico de gestión. El Perú no puede quedarse fuera de esta conversación.

Mitos que debemos abandonar

A medida que profundizo en el tema, encuentro ideas que necesitan matices:

  • El libro digital no contamina. No es tan simple: depende del uso, de los dispositivos y de la infraestructura digital.
  • El impacto está solo en la imprenta. El papel, el transporte y las devoluciones pesan muchísimo.
  • Lo sostenible es más caro. A veces sí, pero muchas veces implica simplemente planificar mejor.
  • No podemos hacer nada. Siempre hay puntos de mejora; incluso los más pequeños suman.

¿Por dónde empezar? Pasos alcanzables para la industria peruana

No se trata de transformar todo de un día para otro, sino de comprender y avanzar gradualmente. A continuación, les dejo algunas acciones iniciales:

  • Medir consumos internos (energía, papel, transporte).
  • Dialogar con proveedores sobre papeles certificados o alternativas renovables.
  • Optimizar tirajes y reducir sobreproducción.
  • Disminuir devoluciones mediante planificación más fina.
  • Evaluar el uso de POD (print on demand) para ciertos títulos.
  • Capacitar equipos en ecoedición y sostenibilidad aplicada al libro.
  • Son pasos modestos, pero abren camino.

Hacia una conversación más profunda

Mi intención es explicar de manera clara qué significa medir la huella de un libro, qué metodologías sirven, cómo interpretarlas y qué podrían hacer las editoriales peruanas —grandes, medianas y pequeñas— para prepararse.

Si el estudio colombiano muestra algo, es que necesitamos datos locales, acuerdos sectoriales, diálogo entre imprentas y editoriales y una agenda que mire la sostenibilidad no como un obstáculo, sino como un camino de mejora.

El libro tiene un enorme valor cultural. Cuidar su impacto también es cuidarlo a él.

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