Se conforma el Gremio de Editores de Guadalajara

Los dos editores entrevistados representan a los siete miembros del Gremio de Editores de Guadalajara, armado para fortalecer a las editoriales independientes de la región tapatía.

Con la intención de unir fuerzas frente a las dificultades económicas debido a la pandemia, y para visibilizar a las editoriales independientes fuera de la Ciudad de México, siete editoriales decidieron conformar el Gremio de Editores de Guadalajara. Esto se dio también en el marco de futuros compromisos, como el caso del nombramiento de Guadalajara como Capital Mundial del Libro en 2022 por la Unesco, así como el nombramiento de Guadalajara como invitada de honor a la Liber 2021, que se llevará a cabo en Madrid entre el 13 y el 15 de octubre.

Felipe Ponce y Luis Armenta están a la cabeza de Ediciones Arlequín y Mantis Ediciones, respectivamente. En esta entrevista conversaron sobre la situación de las editoriales independientes en México fuera de la capital, y la necesidad que vieron para conformar un gremio que pudiera profesionalizar la labor de estas editoriales independientes y fortalecerse mutuamente. También mencionaron qué perfil buscan para las editoriales que quisieran unirse al gremio.

El Gremio está conformado por siete editoriales tapatías: Ediciones Arlequín, Impronta Casa Editora, Literalia, Mantis Ediciones, Paraíso Perdido, Petra Ediciones y Salto Mortal.

¿Este gremio busca descentralizar la industria editorial en México? ¿Por qué?

Luis Armenta: Más que descentralizar la industria buscamos su visibilización. Las instituciones, sobre todo las nacionales, tienden a mirar a Ciudad de México como lo único que hubiera en el país y esto es una mentira. Hay editoriales como Petra Ediciones, cuya directora está con nosotros en el gremio, que tiene más de 30 años. Además, cuenta con premios internacionales de publicaciones infantiles en ferias como la de Boloña o la de Fráncfort. Siempre ha sido invitada por instituciones extranjeras, pero cuando hay algún evento nacional, de Secretaría de Cultura, antes Conaculta, rara vez toman en cuenta a esta clase de editoriales. Y hablar de Petra es hablar de Arlequín o de cualquiera. Y hay una gran variedad de editoriales fuera de la capital que no se toman en cuenta. Entonces no se trata de descentralizar ―las que están en CDMX se van a quedar allí―, sino que se vean las que no estamos en la capital y que se capten con mayor calidad, con más trascendencia internacional.

Felipe Ponce: Guadalajara es muy conocida por la Feria Internacional del Libro, y también pienso que para nosotros es una gran oportunidad. Pero quizá para el exterior se invisibiliza el trabajo que hacemos por la magnitud de la Feria. Nosotros llevamos a cabo una labor editorial con larga trayectoria y profesionalidad, y buscamos hacernos más visibles para un frente común con ciertos aspectos que se han estado dando. La FIL es una de las causas por la cual nuestra ciudad ha sido nombrada por la Unesco como Capital del Libro para el 2022, ese es un poco el contexto por el que estamos enarbolando las banderas, haciéndonos más visibles, y también otros acontecimientos que se han sumado: hay una feria que cada año cambia de sede en España que es la feria Liber; unos años es en Madrid, otros en Barcelona. Se compone inminentemente de asistentes profesionales y nuestra ciudad es la invitada distinguida de la edición de este mismo año. Esto es algo importante para nosotros y queremos tener una participación activa.

¿Qué otras agrupaciones de este tipo hay en México y qué cambios se han visto a partir de ellas?

L.A.: La gran organización editorial es la Cámara de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM), que se compone de una cantidad infinita, muy amplia, de editoriales, incluyendo los grandes grupos comerciales. Por lo tanto, el apartado independiente es una minoría en esta cámara. Felipe ha luchado desde años recientes, junto con otros colegas, para que se le otorgue un peso, aunque sea mínimo, a las editoriales independientes en una conformación gremial que privilegia, por supuesto, los intereses empresariales. No digo que es negativa para los grupos independientes, la Cámara ve por todos, pero los que más pesan son los grupos internacionales. Hay un grupo mayor― en tamaño, por supuesto―, que es la Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes, la AEMI, a la que también pertenecemos algunos de nosotros. Esta se conforma por veinte editoriales y también intenta ser nacional, aunque se concentran muchísimas editoriales de CDMX, desde hace unos años conforman también editoriales independientes. Pero no están tan formados jurídicamente, es más una alianza, no hay esta parte profesional. No lo digo de manera negativa, pero desde el gremio sí queremos ser un grupo jurídicamente establecido para volvernos un frente mucho más poderoso a los embates que podamos encontrar. Nuestra experiencia de querer ser grupo viene antes de la designación de Guadalajara como Capital del Libro y como ciudad invitada a Liber. Las licitaciones, las reuniones con la Secretaria de Cultura, con la Universidad de Guadalajara y otras instituciones y la licitación de libros vienen desde antes; no aparecíamos en su mapa o aparecíamos casi como si nos quisieran hacer un favor; además, nos imponían unas reglas que como elementos independientes e individuales era muy difícil decir «acepto» o «no acepto». Empezamos a reunirnos para tratar estos asuntos con las bibliotecas, con la red estatal de Jalisco y a partir de allí inició la inquietud. Se suman estos elementos que ya mencionó Felipe y a partir de aquí queremos hacerlo. Pero insistimos con tener una agrupación ya formada completamente, con todos los estatutos, con todos las obligaciones y derechos sumándonos a la AEMI y a la CANIEM.

F. P.: La AEMI, como bien comentaba Luis, fue la primera organización de editoriales independientes. Eso fue un mérito muy grande, si no me equivoco tendrá unos quince años, es una pionera en ese sentido. Mantuvo y mantiene diálogos con organizaciones similares en distintos países de Latinoamérica y forma parte de la alianza mundial de editores independientes. Y el trabajo de la AEMI es muy meritorio, como menciona Luis, pertenecemos a ella como miembros activos, y nuestro Gremio se suma a estos esfuerzos, no establece ningún tipo de competencia, ayudará a trabajar en conjunto. En principio, tiene la peculiaridad de estar conformada por las editoriales afincadas en Guadalajara, y buscará representar a otras editoriales de otras latitudes, pero sobre todo las que no están en la CDMX. El país es muy grande pero no todo pasa en la capital, y sabemos que hay editores en otros estados que probablemente se sienten un tanto desprotegidos y quisieran tender puentes a una organización como la que estamos planteando ahora.

¿Cuál es la participación que buscan tener dentro del sector editorial en Guadalajara en particular y en general en todo México?

L.A.: En Guadalajara buscamos ser una parte más del diálogo activo, que se nos conceda para aprovechar la experiencia de la parte profesional. Los editores somos los actores principales en cuestiones como la Capital Mundial del Libro, y en algunas otras cuestiones como la FIL Guadalajara, donde hay un pasillo de editoriales independientes; este surge a partir de ciertas convocatorias, peticiones, o exigencias a veces, de que estuviéramos representados, porque antes la FIL no nos tenía en mente para conformar un pasillo. Esto se peleó y también la AEMI ha peleado por la Ley del Libro: muchas cuestiones a favor de reglamentar el libro, como la ley del precio único, vienen por incidencia de la AEMI, entonces queremos hacer algo parecido dentro de nuestro Estado. Que la red estatal de bibliotecas, y las instituciones, tanto las estatales como las municipales, nos consideren para dialogar con ellos, sumar esfuerzos. Lo hemos dicho muchas veces, que no sientan que somos el grupo disidente de otras alianzas. Somos el grupo que viene a complementar en esta manera local lo que la AEMI viene haciendo de manera nacional y que se hace de manera global con la CANIEM.

F. P.: Además, podemos incidir mucho en nuevas políticas públicas que contemplen mejoras en la cadena del libro. Por ejemplo, el tema de las bibliotecas, que nos preocupa muchísimo. Las bibliotecas nacionales están, podríamos decir, en semi abandono, las mantienen en los aspectos básicos, pero por ejemplo no hay políticas claras de atención, nada está programado, ni siquiera organizado, para que pudieran darse compras de manera periódica, no hay nada de eso. En ese aspecto yo creo que la conformación del Gremio podría incidir en estos aspectos y otros más.

¿Cómo va el tema de la Ley del Libro en México?

L.A.: Es muy curioso el tema, porque fue publicada hace unos años, pero el reglamento tardó en aparecer. Lo mismo está ocurriendo ahora con la ley de bibliotecas. También estamos obligados a nuevos repositorios, pero para eso tampoco hay un reglamento establecido. Estas cosas ocurren mucho en México: aparece una ley que obliga a que la cumplas, como la del precio único, y según la ley anterior estamos obligados a cumplirla por dieciocho meses, no podemos modificar los precios de estos libros llamados «novedades», pero en su momento no existía un reglamento, entonces no había penalización si alguien lo modificaba. Y quienes incurrían en esto mayormente eran las grandes librerías, que lo modificaban a su antojo. Nosotros les mandábamos el libro con el precio único, pero ellos después te pedían un descuento independientemente de la consignación. Esto ha sido también un problema con el que tenemos que luchar sobre todo los independientes, porque si nos obligan a hacer una consignación del 40% o 50% y aparte te piden un descuento del 30% que ellos van a ofrecer a nombre de una librería y no a nombre del editor,  los precios de producción ya no están siendo respetados; y eso que están bajo una ley, imagínate cuando estábamos a la libre oferta y demanda. Eso puede ocurrir en México y, de hecho, ocurre.

F.P.: Y es lo mismo que hace Amazon cuando unilateralmente da un descuento. Ofrece más baratos los libros para ganar, evidentemente, ser más atractivos y perjudicar a la competencia. Esto no está reglamentado, y obviamente los grandes grupos editoriales en México y grandes grupos de librerías hacen exactamente lo mismo. Hay un desequilibrio entre ellos y los pequeños libreros, y hay muchos esfuerzos libreros en el país, minúsculos, muy heroicos, pero que dan una batalla importantísima contra estas grandes superficies de venta de libros. En cambio, estas sí dan esos descuentos afectando al sector y sin pactar con el editor. Finalmente, el que asume ese descuento es la última parte, es decir nosotros, los editores. Nosotros podemos negociar un descuento con los libreros, pero casi de rigor se ha impuesto un 40% de consignación.

L.A.: La consignación, que es la parte de ganancia de las librerías ―que, por supuesto tienen que tenerlo, porque pagan rentas, servicio, luz, agua, personal― sí la negociamos, pero el precio único de venta al publico no se negocia. Nosotros trabajamos con librerías pequeñas porque son quienes más leales resultan; no tanto las grandes cadenas, mucho menos de las que habla Felipe porque son internacionales y entonces no negocian,  imponen el precio e imponen el descuento. Esto es un negocio del precio de consignación, pero el libro se mantiene al precio único que nosotros ya debimos haber programado con los gastos de producción, prorrateado con los gastos de envío, la publicidad, prensa, etcétera. Si nos equivocamos, tenemos que respetar esos dieciocho meses a dos años. Los libros que salen de la categoría «novedad», luego de los dieciocho a veinticuatro meses establecidos, ya se les puede modificar el precio, ya podemos hacer promociones, pero el que se considera novedad es intocable. Podemos hacer otras promociones alrededor, pero ese precio de salida al público no se negocia.

Estamos hablando de tiempos de pospandemia, que en todos lados golpeó no solo a la distribución sino a la desaparición de librerías. Ahora es un milagro que, en algunas ciudades de México ―al menos en Guadalajara y Monterrey, que yo sepa―, están creciendo, están naciendo librerías independientes, esto habla de que nuestros aliados naturales deben ser estos libreros que arriesgan por el libro a pesar de que no son los mejores momentos para abrir una librería.

Por lo que se ha visto, las editoriales y librerías han ganado un poco de ventaja a lo largo de una pandemia, debido a que en ellas participan menos personas.

F.P.: Yo escuché en una conversación el otro día que las editoriales independientes somos muy resilientes, resistimos y nos adaptamos rápido justamente por el tamaño.

L.A.: Pero esto parte más allá de las ventajas. Yo no podría ver una pandemia como ventajosa para un editor independiente de ninguna manera, se cerraron los canales tanto de distribución como de venta, inclusive con las actividades que hicimos en línea. A la gente le puede gustar ver una presentación o una charla, pero no te compra el libro de inmediato; está más acostumbrada a que se compre dentro de la presentación, que se lo firmen, y todo este conjunto de elementos que conforman esos eventos. Entonces no estuvo nada fácil. Lo que sí, absorbemos muchos menos gastos que los editores grandes, es verdad, pero también lo que nos mantiene es la pasión por los libros. Generalmente, los independientes somos poetas, narradores, ensayistas, entonces estamos preocupados por la literatura en serio, y no porque dependamos de un sueldo, un aguinaldo o una prestación como puede ocurrir en caminos más amplios como los negocios más comerciales. Creo que la pasión por los libros es lo que nos mantiene resistiendo e insistiendo, no tanto las ventajas o las desventajas del mercado y las posibilidades sociales y económicas.

Aun con la pasión, que es lo mas importante, tenemos que comer, tenemos que vivir, tenemos que pagar renta, y esto sale con la venta de libros y el pago de otros servicios, conferencias y demás.

¿Qué perfil buscan en sus agremiados? ¿Qué requisitos deben cumplir?

F.P.: Que tengan el mismo perfil de independencia, que publiquen literatura y apuesten por sus autores. Hacemos una distinción muy clara entre las entidades editoriales que ofrecen servicios editoriales y las que apuestan por una conformación de su catálogo; a nosotros nos interesan las segundas, aquellas que se comprometan en promover y publicar autores. No necesariamente deben contar el perfil literario, pero es preferible que lo tengan.

Luis: Aparte del perfil, que es importante, también buscamos que sean profesionales. En Jalisco, al igual que en muchas partes del mundo, hay editores ocasionales, los que aparecen cuando hay algún apoyo o beca, los que no sacan el ISBN porque no les preocupa que la publicación circule o se venda, o los que sacan el libro y se lo entregan a un autor y ya consideran que hicieron su trabajo; estos que algunas veces se llaman «editores puros», que hacen el libro, lo entregan a sus autores y no sienten otro compromiso al respecto. Este tipo de editores, si bien los respetamos, no los vamos a aceptar en el gremio. Queremos a otro tipo con mayor compromiso.

Componen el Gremio de Editores de Guadalajara:

Ediciones Arlequín. Se fundó en 1994. Su catálogo publica narrativa de autores contemporáneos provenientes de culturas periféricas. Están presentes en Facebook, Instagram y su página web.

Unisex, de Enrique Olmos de Ita (2021).

Impronta Casa Editora. Fundada el 2014, se dedica a publicar con tecnologías antiguas, como los tipos móviles y linotipia. Su catálogo se compone de poemas largos, conferencias o poemarios cortos. Están presentes en Facebook, Instagram y su página web.

Bisel, de Julian Herbert (2014).

Literalia Editores. En el mercado desde 1988, ha publicado a más de 130 autores mexicanos en libros colectivos de poesía y narrativa. Están presentes en Facebook.

La mujer rota, de Alicia Albornoz Bueno (2008).

Mantis Editores. Se dedica a publicar poetas desde 1996. En su catálogo hay más de 400 escritores en varios idiomas. Están presentes en Facebook, Instagram y su página web.

La espera /The Waiting, de Usha Akella (2019).

Paraíso Perdido. La editorial se fundó el año 1998. Desde entonces, han publicado a ciento treinta autores, entre mexicanos y extranjeros, que van desde la narrativa, el ensayo, la crónica, la novela gráfica, los libros ilustrados y la traducción de poesía. Están presentes en Facebook y su página web.

Las elegantes, de Didí Gutiérrez (2021).

Petra Ediciones. Edita libros sobre iniciación al arte, fotografía, literatura, documentales o informativos, teatro, divulgación científica y creación de ciudadanía para públicos infantil y juvenil. Están presentes en Facebook, Instagram y su página web.

Dientes, de Antonio Ortuño y Flavia Zorrilla (2015).

Salto Mortal. Desde el 2012 esta editorial publica poesía, libro álbum, cuentos y no ficción. Están presentes en Facebook, Instagram y su página web.

Inflexiones de la luz, de Elsa Cross (2018).

Alfredo de Cossío: «Escribir, para mí, es un acto de descubrimiento. Uno descubre su novela mientras la escribe».

El intervalo del diablo, Alfredo De Cossio

A propósito de la reciente publicación de la novela El intervalo del diablo (Colmillo Blanco), entrevistamos al escritor peruano Alfredo de Cossío para hablar acerca de los temas que motivaron la historia detrás de la obra, así como las fuentes de inspiración y las causas.

Entrevista Erick Saavedra

El intervalo del diablo se presentará este jueves 25 de marzo a las 8:00 p. m. a través del Facebook de la editorial Colmillo Blanco. Los comentarios estarán a cargo de los escritores Erick Benites y Luis Francisco Palomino.

La novela muestra la conexión entre dos mundos diferentes, Europa y Perú. Va de frente a la acción y a partir de ahí se desarrollan los personajes.

Para mí es muy importante que la lectura sea fácil. Puedo disfrutar de una literatura muy lírica, aprecio mucho a los autores que tratan de construir el lenguaje de sus novelas; pero cuando yo escribo, lo que quiero es que el lector se enganche y se le haga fácil, que cuando se dé cuenta ya haya leído cuarenta páginas en veinte minutos. Es lo que a mí me gusta. Siempre estoy pensando en crear contenido interesante, en la historia, en los personajes. Soy amante de los escritores que crean sus propios mundos, aquellos que ponen la mirada en los aspectos de la sociedad que no mucha gente conoce, como el black metal noruego.

Se presentará este 25 de marzo a las 8:00 p. m. Los comentarios estarán a cargo de los escritores Erick Benites y Luis Francisco Palomino.
Ya está disponible en la librería El Virrey.

Hay un cuento brillante del chileno Álvaro Bisama titulado «Death Metal». ¿Qué otro referente en la literatura latinoamericana podemos encontrar que hable acerca de metal extremo?

¿Que hable del heavy metal extremo? No se me viene a la cabeza ninguno. ¿Si tuve alguna fuente de inspiración específica? No, no con el tema. Mi fuente de inspiración fue la música. Para escribir una novela acerca de esto iba a un concierto de una banda que se llama Amon Amarth, una banda sueca de death metal, y curioseando en el evento de Facebook vi que muchos participantes del concierto tenían fotos como las de los álbumes de los músicos de black metal noruego, con cruces invertidas, caras pintadas de blanco y negro —lo que se llama corpse paint—, una tumba y una lápida. Entonces me llamó mucho la atención, y dije «acá hay mucho material». Y comencé a escribir un poco sobre los personajes, la trama. Me inspiré de dos fuentes, la primera fueron algunas novelas de Don DeLillo, que es un autor ítalo-americano, uno de mis autores preferidos; y las películas de los hermanos Coen, como The Big Lebowski o Barton Fink, donde los personajes se ven envueltos en situaciones caóticas, fuera de su control, conocen gente que los meten en conspiraciones o de repente tienen un amigo obsesivo que los mete en problemas. Agarré esos elementos y fui pensando en la novela.

Se nota bastante esa dinámica conflictiva que acabas de exponer y también, la estética de estas bandas. También es una experiencia porque, en Latinoamérica, lo religioso es un tema tabú; y el death metal es uno de esos géneros musicales que toma referentes religiosos.

La novela trata sobre el black metal, ese estilo es el que tiene esa onda pagana, anticristiana. Yo escucho todo tipo de heavy metal, incluido el black metal; conozco varias bandas, tengo discos. Pero descubrí que había una corriente de black metal peruano —que en la novela se exagera—. Ese fue el punto de partida. Digamos que en la superficie la novela trata de la movida del black metal en el Perú, pero el tema que yo quería desarrollar era la identidad: cómo los jóvenes a veces buscan los aspectos más incomprendidos o antisociales para imponerse en la sociedad, para decir «aquí estoy y así soy». Nosotros somos una sociedad religiosa, mayormente cristiana, católica y conservadora, y qué mayor forma de alienación que alguien buscando la música nórdica, tan ajena a nuestra realidad, que ataca los valores cristianos típicos de nuestra sociedad. Yo dije: «Uy no, aquí tenemos un tema bueno para la novela».

Es interesante el conflicto de la identidad, aquello con lo que uno se identifica y la herencia que tiene de Latinoamérica.

Sí, para mí era muy importante. Muchos de estos temas, de esos conflictos, se me fueron ocurriendo mientras escribía. No soy de esos escritores que tienen todo mapeado al comenzar. Como dice Paul Auster, «si ya tengo todo en mi cabeza, ¿para qué escribir?». Escribir, para mí, es un acto de descubrimiento; uno descubre su novela mientras la escribe. Todo el tema de la peruanidad que aparece en la novela, y mucho de la figura paterna del Tincho, el papá de Satana, se me fue ocurriendo mientras la escribía. Y planteo preguntas. Me gustan mucho las novelas que plantea inquietudes, interrogantes y no plantea respuestas; es lo mejor de todo. Primero, a un músico, a un artista: ¿qué lo hace peruano? En realidad, estas preguntas se pueden aplicar a cualquiera: ¿qué nos hace peruanos?, ¿qué es ser peruano?, ¿soy menos peruano porque toco música nórdica?, ¿o soy más peruano si cambio y ya no toco black metal, sino cumbia? Estas preguntas se me ocurrían mientras escribía la novela, y las introduje para usarlas como parte de la narrativa.

Estamos en el año del bicentenario, así que es interesante tratar el tema de la identidad peruana con algo que nos es ajeno, como el black metal. Por otro lado, ¿por qué optaste por juntar dos realidades tan diferentes como la de Perú y los países nórdicos?

Me parece bacán la idea de una novela en la que nos adentramos en un ambiente tan ajeno, a lo que se considera normal en otras sociedades, porque solo hablamos de bandas que no tocan heavy metal únicamente, sino que han escogido tocar el tipo de metal más extremo y que tiene detrás una filosofía o una historia muy cargada de violencia. Toda la parte de la historia de la banda Mayhem es verdad, no lo inventé yo. Quería que el lector conozca algo, que si no es por la novela nunca lo va a conocer, o nunca va a saber que existe. De esa manera busqué plantear un cuestionamiento interesante de quiénes somos, qué nos hace peruanos, cuál es nuestra forma de pensar. Mientras más escribía, más se metía en mi cabeza la idea de que no solo sería una movida musical, sino que lo iba a convertir en una tribu, porque las reglas son tribales, las reuniones, los códigos, el líder de cada banda es como el jefe de una tribu. También, la idea de comenzar cada parte con la letra de una canción era para hacer de la lectura una experiencia inmersiva para el lector.

¿Cómo pasan estos eventos (los de la banda Mayhem) a formar parte de la psique de cada personaje?

Bueno, lo que pasó con el black metal es que hubo asesinatos, suicidios, quema de iglesias. Fue un momento muy problemático que ocurrió en Noruega. Hoy todos esos músicos ahora están en sus cincuentas. Siguen tocando black metal, pero muy pocos se siguen pintando la cara, muy pocos siguen con la filosofía. Yo lo exageré en la novela, al asegurar que aquí hay gente que toma eso como su propio evangelio, prácticamente su modelo de vida, como si fueran la mitología griega. Aquella vez que Euronymous, el guitarrista de Mayhem, haya dicho tal cosa, o el momento en el que Dead, el vocalista, caminó por el bosque antes de suicidarse, son mitos. Todo para decir que esa tribu urbana, esa movida de black metal noruego, necesita de eso para sentirse parte de algo más grande que ellos, para sentirse importantes, contestatarios, que es parte de lo que se cuenta.

¿Qué novelas de rock te han influenciado?

Novelas de rock… Ahora estoy viendo mi biblioteca, acá, de frente. De rock no he leído muchas novelas. Lo que sí he leído son novelas de gente obsesionada por algo. Por ejemplo, hay una novela de Don DeLillo que se llama Fin de campo. Se trata de un jugador de fútbol americano, estudiante, en Estados Unidos, que relaciona las estrategias de fútbol americano con estrategias bélicas, y los personajes están obsesionados con el fútbol americano o con la guerra. Ese es mi tipo de influencia, o en todo caso, Los detectives salvajes de Bolaño. Son poetas, pero desde mi punto de vista, la novela los plantea como rockstars. Ulises Lima y Arturo Belano, los grandes personajes de la narrativa de Bolaño, son prácticamente rockstars. Y también la aproximación que hace Vila-Matas, autor catalán, sobre la misma literatura. Leerlo me hizo pensar que tú puedes hacer una literatura que se adentre en todo tipo de arte, una literatura musical, por ejemplo. Y no importa que hables de una banda que el lector no conozca; el hecho de hablar de esas bandas y explicar de qué tratan y qué expresan. Todo esto puede hacer que cualquier lector se enganche. No tiene tanto que ver con que haya leído novelas de rock o metal, sino que sean novelas que enganchen, que hagan migrar cualquier tipo de expresión artística de una u otra manera.

La literatura sirve como medio o plataforma para poder aprender nuevos temas. Eso me trae a la cabeza: antes de la pandemia, ¿asistías a conciertos de rock?

Sí, fui a Vivo por el rock, vi a Slipknot. Estuvo bueno. Lo que pasa es que yo escucho todo tipo de rock, en general. No escucho solo metal. Tengo un polo de Rush, una banda de rock progresivo que estuvo vigente desde los setenta hasta hace cinco años. Si tú ves mi colección de discos, gran parte es heavy metal, pero también escucho a Phil Collins. Es igual con la literatura. La cosa es leer de todo; al igual que en la música, escuchar de todo. Pero si hay un género o subgénero que tiene más potencial literario, creo que lo elegí bien, no hay subgénero musical que tenga la historia del black metal, en el rock no hay. Claro, están Jimi Hendrix, Jim Morrison, sus novelas son las típicas historias de abuso de drogas. Pero ese tipo de historias está muy tocada, y durante la investigación, lo poco que encontré es acerca de todo lo que pasó en Noruega, entre los años 1991 y 1993, y eso me bastó para escribir la obra.

¿Qué bandas estás escuchando ahora y qué novelas estás terminando de leer?

Bandas de música, escucho muchísimas. Mis bandas preferidas las divido en contemporáneas, metal y clásicas. En contemporáneas mis bandas preferidas son The Smashing Pumpkins, Tull, Radiohead, Marilyn Manson, Deftones. Las clásicas son Genesis, Rush, Pink Floyd, Beach Boys, King Crimson. Y de metal, Metallica, Enslaved, Morbid Angel. Y ahora he comenzado a escuchar un subgénero musical que se llama math rock, donde lo matemático entra en lo rítmico, los patrones rítmicos son secuencias numéricas, ahí escucho a This Town Needs Guns, banda inglesa, y otra banda que se llama Delta Sleep; son bandas actuales, vigentes.

Sobre lo que estoy leyendo, acabo de terminar Los errantes de Olga Tokarczuk, una escritora polaca que hace algunos años ganó el Nobel. También estoy leyendo a Peter Handke, el alemán que también ganó el Nobel. He estado completando la bibliografía de Don DeLillo, Vila-Matas. He estado leyendo a Javier Cercas, Paul Auster. También estuve leyendo a Sebald, un autor alemán que falleció en un accidente automovilístico, escribía estas novelas ochenta por ciento ensayísticas y veinte por ciencia ficción, que se supone es la tendencia hoy en día. Yo cuando escribo trato de no cerrarme mucho. Algo que siempre nos repetía el profesor de la maestría que fui a estudiar a Barcelona es que la tendencia de la literatura de ficción, hoy en día, es que tiene que ser en primera persona; tiene que ser digresiva, ensayística y de alcance global. Por eso, cuando escribí El intervalo del diablo, quería que la historia se desarrollara en Perú, pero que también trate sobre lo que pasó en Noruega. Yo bromeaba y decía «estoy escribiendo la primera novela peruano-noruega de la historia», porque quería que tuviera un alcance más global. Pero la novela que estoy escribiendo ahora sucede en Barcelona, y en otras partes de Europa. Es una novela más extranjerizada.

Juan Carlos Cortázar: «A las personas trans no las matan de un tiro en el pecho, en la nuca… Cuarenta puñaladas, sesenta tiros. Destrozan los cuerpos porque hay miedo».

Entrevista de Erick Saavedra

Escritor y sociólogo, autor de la novela Cuando los hijos duermen y del libro de cuentos El inmenso desvío, Juan Carlos Cortázar acaba de publicar la novela Como si nos tuvieran miedo, una historia de temática LGTB enmarcada en la época del terrorismo en el Perú, entre la década de 1980 y 1990.

Erick Saavedra: ¿Cuál fue el proceso de escritura de Como si nos tuvieran miedo, específicamente por los temas que están relacionados? Tenemos al sujeto disidente sexual, las transexuales y, por otro lado, tenemos toda la época de terrorismo en el Perú.

Juan Carlos Cortázar: En algún momento me propuse, casi como un ejercicio, escribir algo desde una mirada que no correspondiera a mi mirada cisgénero, masculina, gay. Siempre me ha atraído la mirada trans, explorarla como ficción de base. A raíz de la matanza en una discoteca de Orlando, en Miami, me puse a investigar noticias sobre asesinatos en discotecas LGTB, trans en Perú. Allí encontré los escritos de Giovanni Infante sobre las matanzas en los ochenta y noventa. Luego, el corto de Juan Carlos Goicochea, El pecado social, que aborda lo que fueron las matanzas en Tarapoto. Y uno va sumando cosas. Al final se mete todo en una licuadora, o en una juguera, y sale algo. Luego, elegí el año 1992 porque fue la época de esas matanzas en Tarapoto. Además, el año 1992 me pareció un año particular conforme fui revisando diarios y revistas de la época. Ese mismo año Fujimori cerró el Congreso, fue el atentado de Tarata, se capturó a Abimael. Fue un año muy denso. La violencia estaba a tope, había esta sensación de cerco de Lima. Los barrios desplazados eran una realidad muy dura. Yo conocí algunos. Yo sé que lo que era un barrio desplazado en 1992. E inventé uno mezclando las experiencias que tuve de adolescente y joven en el Callao y el Cono Norte. Aparecieron personajes. Tomé a Angie —que lo había trabajado antes en otras narraciones—. De hecho, en el cuento donde aparece Angie, «El inmenso desvío», ya sale Melgar como barrio creado sobre recuerdos míos en esa zona del Callao, al borde del río. Y así, se fue sumando y sumando personajes. Apareció Miluska, luego Leoncio y la historia comenzó a desarrollarse. Como soy una persona que no tiene tanto tiempo escribiendo, siempre busco que alguien, algún escritor cuya escritura me guste y me motive, me acompañe. En este caso fue Hernán Ronsino, escritor argentino que fue mi profesor en Buenos Aires cuando estudiaba allá. Fue un proceso que tomó cuatro años. Lo más interesante (creo) y lo más desafiante ha sido tratar de enganchar la mirada trans. Es una mirada muy compleja, muy rica y muy móvil. Entonces lo que hice fue —y allí otra vez mi formación de sociólogo— hablar con gente trans, conversar, ir a sus lugares de trabajo. Hablé con personas trans que estaban trabajando en el mundo de la peluquería, de la política, en el mundo del arte. Creo que esto ha sido lo más desafiante.

Tapa de la última novela de Juan Carlos Cortázar, Como si nos tuvieran miedo, publicada por Animal de Invierno.

E. S.: ¿Cómo trasladar esta disidencia que vemos en el mundo real al espacio de la escritura, a la literatura?

J. C. C.: Es parte del oficio. Para mí un ícono de texto que logra enganchar con una mirada más trans es Salón de belleza de Mario Bellatin; ese personaje maravilloso que es el narrador. Y no hay personaje más puntual en El Sexto de Arguedas como «el Rosita». Y una cosa que a mí me surgió en la escritura, medio naturalmente y que lo vi en Arguedas y me alegró, es el juego con los pronombres: es él, es ella. Los tres personajes centrales, por razones distintas, por el tema trans o por temas más políticos tienen dos nombres: uno pasado y el actual. Formar en palabras una mirada y una sensibilidad que no es la de uno —como sí sucede cuando tengo personajes que son hombres homosexuales, por ejemplo—, pasa por el sentir. Quien escribe es una especie de pararrayos: usa sus sensaciones, sus sentimientos, temores, alegrías, su placer, su dolor, su cuerpo como un pararrayos para captar la energía, los sentimientos, las vivencias, los dolores y los cuerpos de otros. Y uno trata de traducirlo en palabras. No tendría una repuesta muy metódica, pero creo que el ejercicio básico es ese: cómo sientes, cómo te vinculas. Tuve la suerte de conversar acá en Chile con una amiga con la que tenía mucha confianza como para hacerle preguntarle; entendí así acerca de la sensibilidad y el deseo trans que, para mí, como hombre homosexual, son distintas, raras, queer. Es un arco grande: transformistas, travestis, transgénero, transexuales… Pero hay mucho por explorar en la dimensión de lo que podemos llamar trans.

E. S.: ¿Se puede hablar de «trauma» dentro de tu novela, entendiendo esta palabra como la experiencia vivida en un momento específico y las consecuencias que esta tiene?

J. C. C.: Hay una superposición de varios traumas. Tengamos en cuenta que hay muchos tipos de poblaciones o comunidades que viven discriminación. Por ejemplo, la discriminación racial o por pobreza; pero también la discriminación por orientación sexual o por identidad de género, de las pocas donde tu espacio íntimo, incluso tu familia, se convierte en un lugar de discriminación y agresión. En el caso de una discriminación racial puede haber formas familiares, pero ya en el caso de una persona homo, lesbi y, sobre todo, en el caso trans hay un golpe inicial que es abrirte al mundo, identificarte y sentirte alguien, y que tu padre o hermano te digan: «No, tú eres otra cosa». Eso me parece que debe ser fundante como grieta que luego se busca otra vez, curar. También está el trauma que la violencia política nos dejó a todos: si salías a la calle, si ibas a determinadas zonas más calientes, incluso si mirabas las noticias y los periódicos. Hoy en día tal vez nos hemos olvidado, pero era un periódico que chorreaba sangre. Las fotos. Ver un noticiero te dejaba con los huevos acá. Daba miedo, y ese miedo genera un trauma. Y luego está la violencia específica dirigida, en este caso, a la población trans, u homo si lo queremos ver (aunque en este caso es más difuso), es un tipo de violencia que existe hasta ahora: la transfobia. Por alguna razón, a las personas trans no las matan de un tiro en el pecho, en la nuca o una puñalada. No. Cuarenta puñaladas, sesenta tiros. Destrozan los cuerpos porque hay miedo. Y de ahí, viene el título de la novela —que me lo robé de José Donoso, maravilloso escritor chileno y unos de mis mayores héroes—: Como si nos tuvieran miedo. En algún momento pongo la frase en la boca de un personaje: «Como si nos tuvieran miedo». El odio nace del miedo; la transfobia y la homofobia nacen del miedo. Por eso, debe ser tan agresiva y destructiva del cuerpo. La persona ya está muerta, pero igual la siguen destruyendo por miedo. Esa violencia todavía existe y la novela trata de aportar a eso. Lo puedo haber instalado en el 1992 porque es un tema que me interesaba vincularlo con la violencia política y los personajes me llevaron allí. Pero la violencia, sobre todo en el caso de las personas trans en el Perú, en América Latina y en el mundo es algo permanente. Fijémonos que el promedio de vida de las personas trans es entre 35 a 40 años, dependiendo de cada país.

E. S.: ¿Cuál ha sido tu forma de experimentar tu labor de escritor en este tiempo de pandemia? ¿Cuáles han sido esos acercamientos que has tenido con la literatura?

J. C. C.: Lo que más extraño es ir a bares, discotecas, saunas, gimnasio o el box. En cuanto a literatura, he leído mucho. Me metí a leer algo muy grande, y lo he ido leyendo muy despacio (no soy un lector rápido), Paradiso, de Lezama Lima. Y en medio, le he metido muchas cosas, en medio voy metiendo a leer otra cosa, otro cuento, otra novela. Terminé de leer a Marchant Lezcano, leí los cuentos de Kathy Serrano (los microcuentos, digo)… La verdad me ha pasado, como a todo el mundo, y nunca voy a terminar de leer todo lo que tengo, pero sigo comprando. Entonces, sí he leído mucho. Estuve muy metido en este proyecto en terminar de cerrar con Lucho Zúñiga, el editor de Animal de Invierno, el texto final de Como si nos tuvieran miedo. Luego estuve trabajando con otro editor peruano, un texto que probablemente aparezca el año que viene. Luego, hubo una propuesta de Campo Letrado para hacer una antología de diversidad sexual. Esto también está dando vueltas. Ahora, sí he leído cosas buenas, por ejemplo, la última novela de Lola Fernández, Preguntas frecuentes, que tiene que ver con el encierro y la pandemia. Bárbaro texto. Luego, acá en Chile el tema de la pandemia en el barrio donde vivo, que es el centro de Santiago, está muy mezclado con la exclusión social. Entonces, ambas generan una sensación de agresividad muy grande en las calles, por descontento, por necesidad material. Esa agresividad llegó, hace poco, a que yo tuviera una situación complicada con la policía. Y eso, probablemente, me provoca un texto. Quiero escribir un texto bastante distinto a las cosas que he escrito. Este es un resultado de pandemia, encierro y explosión social. Todo simultáneo.

Yael Weiss: «El punto de partida de mis historias siempre es una escena que me produce una emoción potente».

Yael Weiss

Yael Weiss (Ciudad de México, 1977) crea una rutina para escribir. La hace convivir con otros encargos, como el de ser editora, traductora y conductora de televisión cultural. Hablamos de eso, también de su último libro: Hematoma (Elefanta, 2019) y del futuro que no descansa.

Por: Leyles Rubio León (@checherule)

¿Qué función cumple la literatura para ti?

La de moverme en un mundo lleno de significado, más espeso y más palpable. Desde la literatura puedo volver a mi vida cotidiana con una comprensión más profunda de las cosas, de la gente y sus actos. Y también con una aceptación más poética de la vida. Esto me sucede tanto al leer las obras de otros como al escribir, porque este oficio me obliga a escarbar dentro de mi propia experiencia para comprenderla y trasmitirla, además de fijarme mejor en los rostros y los objetos para poderlos describir. No obstante, cuando decido no escribir por pereza, por miedo a sufrir o a la frustración, empiezo a perder el interés por la vida. La literatura obliga a encontrar sentido.

¿Escribes con una rutina?, ¿cómo equilibras el día a día?

Me siento a escribir desde las 6:30 hasta las 9:30 de la mañana, seis días por semana. El séptimo lo reservo para ir con mi bici a la montaña. Mi grupo de ciclistas sale muy temprano y no puedo ir en otro momento.

A las 9:30 dejo la escritura y me dedico al trabajo remunerado que tengo en la Revista de la Universidad de México. También desempeño algunos trabajos freelance como editora, traductora y conductora de televisión cultural.

¿Por qué Yael cuenta historias?

Cuando se me ocurre una historia, quiero escribirla por instinto. No me imagino creando una pieza musical, ni filmando una película, ni pintando. Fui una alumna aplicada en la escuela primaria (me rebelé después, en la secundaria) y recuerdo que nos obligaban a escribir historias. Me gustaba y creo que de ahí viene ese reflejo de escribir lo que imagino.

El punto de partida de mis historias siempre es una escena que me produce una emoción potente (perturbación, inquietud, alegría, tristeza). Me intriga, quiero empezar a explorarla. Me pregunto: ¿Cómo llegamos a esta escena? ¿Qué pasó antes? ¿Qué podría pasar después? ¿Quiénes son los que participan? ¿De dónde llegaron y adónde van? ¿Qué piensan? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Cómo es su pasado? Poco a poco la escena inicial queda solo como un eslabón dentro de todo un cuento.

¿Eres de corregir mucho?

Sí, muchísimo. Pero aspiro a corregir menos porque me parece que la prosa pierde un poco de su «carne» en el proceso, algo de su respiración natural. Se vuelve más matemática. Espero poco a poco acortar los tiempos entre el primer borrador y la versión final. ¡A veces siento que nunca acabaré!

¿Por qué hematoma? ¿Y por qué darle al libro el mismo del primer cuento?

El primer cuento con su título «Hematoma» existía antes de que se reunieran las diez piezas del libro. Decidimos abrir con ese cuento porque nos pareció —al editor y a mí— que tenía un elemento muy visual y era más fácil de recordar. Que impactaba la imaginación. El relato trata de hematomas con formas y colores distintos.

El libro tomó entonces ese título siguiendo la tradición de nombrar el libro según el cuento más protagónico. Pero también porque me parecía que la palabra hematoma podía ser un símbolo para varios relatos del conjunto. La violencia física está muy presente, con el dolor y el placer que provoca. El hematoma, igual que una cicatriz, es la marca que deja el contacto del individuo con el mundo exterior, es la prueba de que su cuerpo existe y que está en relación con otros cuerpos con los que puede entrar en colisión.

¿Cómo nacieron las ideas de los cuentos? De dónde sacaste elementos tan perturbadores.

Cada cuento tiene un origen distinto. Pienso que jamás volveré a ser tan libre como en este primer conjunto de cuentos. Escribí cada uno de manera independiente, por mero deseo y placer. Solamente después me di cuenta de que podían formar un libro. Hematoma es el libro del deseo.

Los cuentos de Hematoma surgen de estímulos diversos. «Escombro», de una nota de prensa amarillista que hablaba de un hombre que se disfrazaba de socorrista para robar. «La deriva», de una noche en que deambulé por las calles de Bruselas con un perfecto desconocido que me aseguraba que en Estados Unidos existía un pueblo de escritores. El cuento «Hematoma», de la exploración que me hizo una médica forense después de que me golpearon en la calle. «Ju», de una conferencia donde Juan Villoro y John Lee Anderson decían que quizás ya había empezado la tercera guerra mundial y del deseo de contárselo a mi mejor amiga (ella acababa de fallecer).

¿Qué fue lo más difícil al momento de construir los relatos?

Me costó trabajo llegar a un equilibrio entre la concisión y el placer de las palabras, de su proliferación.

Lo más importante para mí es la claridad de la primera lectura. Deseo que el lector lea sin dificultad el texto, que comprenda sin dificultad todas las oraciones. Para ello, hay que depurar la prosa, quitarle el exceso de florituras. Sin embargo, aquí reside un peligro pues los mejores pedazos de literatura a veces surgen en las derivas.

Es difícil determinar qué eliminar y qué dejar escrito. Qué decir y qué callar.

¿Hay soledad y violencia? ¿Escogiste esos temas a conciencia?

La soledad fue un ingrediente esencial de mis ficciones desde el inicio. Me interesan ciertas situaciones «perturbadoras». Pero para que sean posibles y nos perturben como algo «fuera de lo normal», tiene que ser protagonizadas por personajes un poco fuera de lo normal también. Deben de ser personajes ligeramente «locos», o sea: alienados, aislados, solos, hombres y mujeres que no tienen con quién dialogar para permanecer en el terreno compartido del llamado «sentido común».

La violencia, en cambio, surgió de motu proprio. Es parte tan intrínseca de la realidad, que se coló en las narraciones naturalmente.

¿Cuándo decides terminar una historia? Me dieron la sensación de que podían continuar o detallarse más.

La cuestión de los finales es complejísima. Es difícil determinar el origen de algo, pero es casi imposible conocer el final de algo. Una vez que algo existió, sus consecuencias pueden extenderse hasta el final de los tiempos.

Cortázar predicaba que la novela ganaba por puntos y el cuento por knockout. No estoy de acuerdo. Algunos cuentos pueden acabar de manera sorpresiva y redonda, y me gustan, otros pueden acabar por agotamiento, o simplemente interrumpirse, y me gustan también.

Los cuentos que acaban con knockout perfecto me parecen divertidos pero artificiales. La vida no es así de perfecta.

¿Cuáles son tus próximos proyectos literarios?

Estoy en las correcciones finales de un libro de cuentos que debería salir durante el primer semestre de 2021. En todos los cuentos la protagonista es una mujer. Pero en cada relato se trata de una mujer diferente, de edad diferente. El tema de los cuentos es un momento de duda identitaria en cuanto al género y la sexualidad, sobre todo en cuanto a los roles predefinidos de lo que es ser una mujer.

Asimismo, estoy retomando una novela sobre la muerte de una amiga. Es una novela más autobiográfica. Es un proyecto de largo aliento y presiento que me tardaré al menos tres años más en verlo publicado.


Leyles Rubio León

Nació en el Callao en 1986. Tiene estudios en marketing, comunicación y responsabilidad social para empresas multinacionales y un diplomado de Creatividad Literaria de la UTP (Panamá). Es autor del libro Bailando descalzo por Madrid (2016) y algunos cuentos divulgados en diversas antologías, revistas y publicaciones digitales. Enseña talleres de escritura, storytelling, comunicación y cursos de liderazgo y maneja un sello para servicios editoriales llamado León de Abril.

Erika Stockholm: «La educación es el agente transformador más importante de la sociedad».

A propósito de la salida de El clavel rojo, conversamos con Erika Stockholm acerca de este libro que busca romper los estereotipos que los niños cargan desde sus casas.

CDEYC: El poemario Abracadabra, sin leche de cabra lo has adaptado al formato de cuentacuentos.

Erika Stockholm: Me gusta mucho la poesía y, definitivamente, no se está produciendo poesía para niños, no se publica alguna que esté enfocada a ellos, toda va en función al Plan Lector. Mi intención con este libro era incentivar la producción de poesía para niños.

CDEYC: Tus libros, por lo general, han tenido una gran acogida.

E. S.: Escribo sin pensar lo que se va a hacer después. Me enfoco realmente en el libro, después aparecen otros formatos. Abracadabra tiene su cuentacuentos y se puede volver una obra de teatro tranquilamente. Empezó como un poemario, con poemas libres donde todos estaban enmarcados en una casona de Miraflores, en donde cada habitación tenía su propio poema con su propia métrica según las necesidades de lo que quería contar. Tiene la estructura de un cuento… con un conflicto. La protagonista se queda atrapada en la casa de una bruja, está convertida en una araña y se pregunta qué va a pasar con ella. Esto hace que exista una secuencia lógica dentro del poemario. Lo hice así para que sea más llevadero en las escuelas. Espero que le vaya muy bien a este libro, porque ha sido una maravilla escribirlo.

CDEYC: La mayor parte de las publicaciones sobre literatura infantil hechas este año están más enfocadas en la imaginación de los niños o la revalorización del pasado. En tu último libro, El clavel rojo, has decidido abordar un tema muy actual: la tolerancia en la sociedad y el bullying. ¿A qué crees que se debe esta falta de atención ante hechos que se evidencian día a día?

E. S.: El bullying es la punta del iceberg. Es consecuencia de otras cosas que están debajo. De nada sirve hablar del bullying si no se busca el motivo por el cual ocurre. El bullying aparece cuando hay una persona que parece más débil o se ve diferente. Es una cuestión de estereotipos; ese es el principal problema. Estamos estereotipando todo: hay cosas que tienen que ser para las niñas y otras para los niños. Nos meten esta idea en la cabeza para que pensemos que las cosas tienen que ser así. Es tan fuerte esta idea que uno lo hace inconscientemente aún sabiendo que no debe ser así, es automático. Todo el mundo por default está discriminando. Y el tema central del libro es la lucha contra los estereotipos.

Erika Stockholm, en El clavel rojo, nos muestra la importancia de respetar los pensamientos ajenos en un mundo lleno de estereotipos.

CDEYC: Arturo es el bully que termina por molestar a Nico por decir que las flores no son solo para niñas. ¿Crees que este tipo de actitud es común entre los niños?

E.S.: Es común. Todo parte desde casa. Un bully va a buscar cualquier diferencia para agarrarse de ella. Es alguien agresivo, con problemas en casa y que se desfoga con otro simplemente porque es diferente. Como el otro le contesta, aprovecha que es bajito y flaquito para atacarlo, ese es el momento perfecto para agredirlo. Y no hablemos del bullying típico. Si uno te está molestando, y los demás no le hacen caso, no pasa nada, queda una cosa de uno a uno. Otra historia es cuando aparece el bully y el resto lo sigue. Esta persona agredida se empieza a quedar sola, como sucede con Nico, que termina encerrándose en el baño. ¿Por qué sucede eso? Porque el bullying es tan dañino que la gente le tiene pánico. A veces lo hacen solo para no ser ellos las víctimas. Apoyan cosas que no representan sus verdaderos valores, ni su propio pensamiento. Empiezan a tener un pensamiento grupal y estereotipado. Todo esto porque tienen terror al bulliyng.

CDEYC: Hay momentos donde los compañeros de Nico no aceptan sus deseos por ser una flor, lo que contrasta con la idea de que los niños son «inocentes y no saben de esas cosas». ¿Dónde crees que se inicia esta falta de tolerancia por parte de los niños y de qué forma la literatura ayuda a que esto cambie?

E. S.: La educación es el agente transformador más importante de la sociedad. Esto hace que la literatura se vuelva la herramienta número uno de los maestros y un agente de cambio. Por eso es importante tocar estos temas en la literatura, para poder conversarlos con los niños. Los maestros deben tener estas herramientas que abran el diálogo y generen el pensamiento crítico en los niños. Por eso es importante abordar estos temas. Es la única manera de cambiar la sociedad. Los maestros también han crecido en un mundo estereotipado de por sí, al igual que yo.

CDEYC: En la actualidad, ¿los estereotipos se han fortalecido dentro del mundo de los niños o, por el contrario, crees que hay un mayor interés por parte de ellos por diferenciarse?

E. S.: Espero que exista un mayor interés por diferenciarse. Hay que ser diferentes. Greta Thunberg, la niña ambientalista, es diferente y lo dice. A veces, ser diferente puede ser —como ella lo dice— un superpoder.

CDEYC: El bullying es la manifestación más clara de lo que es la intolerancia infantil. Este tema, aunque se trata mucho en las aulas, no ha sido profundizado. ¿A qué crees que se deba?

E. S.: Las propias editoriales —y te lo digo porque lo sé desde dentro— lo tocan con pinzas. El clavel rojo lo he tratado de publicar desde hace un año. Ha sido un año entero buscando casa, y los editores me dicen: «Me encanta el libro porque toca el tema de los estereotipos». Pero, aun así, nadie lo quiso publicar por evitar molestar a otros; y la verdad es que para cambiar las cosas hay que molestar un poco y salir de la zona de confort. Lo que ellos quieren es vender. Si el libro que van a sacar no resulta un buen negocio —al fin de cuenta las casas editoriales son eso—, entonces no te lo publican. Por eso no hay más libros de este tipo de literatura. Te ilustro un poco, la editora de Santillana moría por este libro. ¿Qué pasó? Lo llevo a marketing y le dijeron: «Está difícil». Con vergüenza me dijo que no lo podían publicar porque tenían miedo de los números.

CDEYC: ¿Y cómo lograste publicar este libro?

E. S.: Fui tocando puertas, y todos mis allegados pensaron que en SM no me harían caso. Cuando me presenté me dijeron: «Sí, se necesita esto. Inmediatamente. Lo queremos». Por otra parte, cuando comencé a mover el libro las casas editoriales no sentían la urgencia de tocar «este tema». Lo estaban evitando porque hay mucho lío con eso y tienen miedo al público conservador. Pero llegó un punto donde todo cayó por su propio peso. Después de un año, este tema es prácticamente obligatorio. Ha sido un libro que estaba listo hace tiempo, y la gente tenía miedo de enfrentarlo. Al final, surgió la necesidad.

CDEYC: ¿Cómo es el proceso de adaptar un libro a otro formato? ¿Cómo se decide qué material es adaptado y cuál no va?

E. S.: Han sido varios libros que se han adaptado al teatro: Albertina y las zapatillas de lana, María Julia y el árbol gallinero, Capitán, el perro marinero y otros más. No trabajo sola, me acompaña Simoneta Vela quien es directora de teatro y arte. Ella es mi socia, trabajamos juntas el libreto y dividimos las escenas. Vemos qué partes se desarrollan y obtienen un diálogo. Cogemos las partes donde podemos tocar temas de actualidad. Actualmente hago híbridos por el tema de la pandemia, una combinación entre obra de teatro, cuentacuentos y narración animada para incentivar a la lectura desde internet. Esta situación nos ha obligado a mezclar géneros, a ser inventivos y usar cualquier herramienta para llegar a través de la pantalla. Antes lo hacía a través del teatro como tal, en vivo y en directo, que es otra técnica. En general, todos mis libros han pasado por una metamorfosis a diferentes grados, las hemos presentado en una obra de teatro en Arequipa, o hemos hecho teatro de calle. Con Pabellón nos hemos ido por todo Lima, a todos los barrios populares, en las plazas, teatros circulares; ahora tiene una versión con títeres. Lo hemos pulido de mil formas. Yo agarro de donde sea y hay muchas formas de adaptar. Lo importante es contar con el entusiasmo, usar diferentes tonos de voz cuando uno va a narrar para no aburrir; coger una herramienta como un títere, o hacerlo sola con tu voz y tu cuerpo.

CDEYC: ¿Pasará lo mismo para El clavel rojo?

E.S.: Para El clavel rojo estamos preparando una narración diferente. Una mezcla de teatro y manejo de títeres, será algo totalmente nuevo.

Si desean ver el booktrailer pueden seguir el siguiente enlace: https://www.facebook.com/erikastockholm2020/videos/678977222994312

* Erika Stockholm es actriz, escritora y productora teatral, Ha escrito once libros entre cuentos, novela y poesía. Es presidente de la Asociación Cultural ¡Al teatro por primera vez! Asociación que adapta sus cuentos en obras de teatro y que han llegado a más de 5000 niños de poblaciones vulnerables, incentivando el arte desde temprana edad. Es miembro de la Red Internacional de Cuentacuentos.