El recuento de un 2024 lleno de éxitos

Un año más termina. Y el Centro de Desarrollo Editorial quiere compartir contigo los logros y las satisfacciones de las cuales has sido parte este 2024 y que nos animan a afrontar nuevos retos en este 2025.

En marzo, dentro de la Escuela de Edición, abrimos un curso muy especial: Empezar un Proyecto Editorial desde Cero, el cual estuvo dirigido por Víctor Malumián y Hernán López Winne, editores y cofundadores de la editorial Godot de Argentina.

De izquierda a derecha: Hernán López Winne, Víctor Malumián y Diego Barros

En mayo sumamos a nuestro equipo de docentes de la Escuela a Diego Barros, editor argentino de larga experiencia en torno al mundo del libro. Con él dimos comienzo a los cursos de Edición de Libros y Materiales Educativos, y Editing en el Proceso Editorial, asignatura indispensable para conocer cómo se gestionan los contenidos.  

También se sumó la lingüista Fiorella Moreno, quien dicta los cursos de Gramática, Ortografía y Puntuación. De este modo, fortalecimos a nuestra plana docente, con miras a ofrecer muchas más iniciativas educativas para este 2025.

Nuevos programas

Este 2024 significó el despegue de muchas iniciativas. En ese sentido, colocamos dentro de nuestra oferta educativa nuevos programas que han fortalecido a nuestra institución. De este modo, en octubre iniciamos el Programa de Escritura Académica, propuesta que busca perfeccionar a nuestros estudiantes en la elaboración de textos propios del sector académico, como el artículo y el ensayo, así como la redacción de proyectos de tesis. Cabe mencionar que ha sido uno de nuestros programas más solicitados.

Por otro lado, uno de los proyectos más ambiciosos del Centro de Desarrollo Editorial en este año fue la creación de la escuela de escritura creativa Capítulo Uno, cuya convocatoria a la primera promoción del Programa de Escritura Creativa se encuentra en curso. Dicha iniciativa tiene una duración de diez meses y brinda las herramientas y técnicas necesarias para que los participantes desarrollen el oficio de la escritura. El programa está conformado por seis cursos más un laboratorio editorial y tendrá como docentes a César López, Katherine Pajuelo, Lenin Heredia y Nancy García, quien nos acompañará desde México. El curso culminará con una publicación conjunto con todos los participantes.

Libros a la orden

Finalmente, el 2024 también significó la reactivación y potenciamiento del lanzamiento de publicaciones dentro de los distintos sellos del Centro de Desarrollo Editorial. De este modo, títulos como Kafka: Seres inquietantes y Ribeyro en dos ensayos, del autor peruano Miguel Gutiérrez, presentados en junio y diciembre respectivamente, se suman a nuestra producción editorial, la cual aloja valiosos rescates literarios que iniciaron con la publicación de la segunda edición de la novela Perro con poeta en la taberna, de Antonio Gálvez Ronceros, en el 2023.

En tanto, apareció también el sello Lorem Ipsum, con el lanzamiento del libro testimonial de Virginia Galindo, Cada día es un momento para recordar en un futuro. Así también, para nuestro sello 10/6, la versión en inglés del libro El bosque de Cucho, del autor peruano Luis Galli, el cual fue presentado en Estados Unidos y Canadá.

A todos ustedes muchas gracias por acompañarnos, y a todo el equipo del Centro de Desarrollo Editorial las gracias por ser parte de cada aventura que se inicia y se mantiene en nuestra institución.

Te invitamos a permanecer con nosotros y vivir la experiencia editorial en primera fila. Feliz y próspero 2025.

Da el primer gran paso hacia el sector editorial

¿Eres un apasionado por los libros? Entonces, este curso es para ti. En la Escuela de Edición de Lima hemos diseñado uno de los programas más completos que te ayudará a dar un gran paso hacia el sector editorial.

Coordina tu participación aquí: wa.me/51968788289.

Trabajar con manuscritos y emprender el proceso correcto hasta darle forma a una publicación, qué duda cabe, es un oficio de orfebrería. En tiempos en los que la necesidad de generación de contenidos para distintos soportes ha sobrepasado la demanda, la figura del editor cobra especial relevancia, como aquel profesional que los gestiona y hace funcional cada parte que los compone.

Un gran paso hacia el rubro editorial

La Escuela de Edición de Lima presenta el Curso Integral de Edición de Publicaciones (CIEP) uno de los programas más completos (160 horas lectivas) de formación de editores capacitados para emprender proyectos vinculados al sector libro. A la fecha, cuenta con 22 promociones de editores egresados, quienes se encuentran laborando en distintas instituciones, empresas del rubro o han iniciado fructíferos proyectos propios.
El CIEP está dirigido para todos los profesionales que busquen poner en marcha iniciativas editoriales propias o de terceros. Mediante sesiones teóricas y prácticas, los estudiantes conocerán los fundamentos que rigen la labor editorial, así como los distintos casos en los que interviene el editor durante el proceso de publicación. Asimismo, el curso ofrece también una serie de asignaturas que complementarán los principales saberes de la edición.

Las clases empiezan el lunes 25 de noviembre, en línea y en directo para todo Perú, Argentina, México e Hispanoamérica. A través de nuestra plataforma de transmisiones y el sistema de registro, las clases quedarán grabadas, por lo que los participantes podrán seguir el programa tanto de manera sincrónica como asincrónica.
El curso está compuesto por cinco módulos repartidos en diez meses. Asimismo, cada alumno contará con un pase determinado para acceder a las grabaciones y descargar los materiales brindados por los docentes en clase. De este modo, el CIEP no solo se convierte en una interesante alternativa de perfeccionamiento profesional, sino también en un sistema de aprendizaje constante.

¿Cómo puedo participar?

Comunícate con nuestros asesores en línea, accede a nuestras promociones especiales de lanzamiento y separa tu vacante. Puedes escribirnos a los siguientes contactos:
???? WhatsApp: https://wa.me/51968788289
???? comercial@escueladeediciondelima.com
???? México, Colombia, Ecuador, Argentina, Paraguay, Panamá, Chile, España:
WhatsApp: https://wa.me/5215564945588
comercial@cdeyc.com
???? Página Web: https://bit.ly/3tZpYHM

Cinco cursos para redactores y editores

En octubre y noviembre, la Escuela de Edición de Lima ha preparado diversos cursos que te ayudarán a perfeccionar tus técnicas de redacción y poner en marcha tus proyectos editoriales. En la siguiente nota te dejamos los detalles.

Editing en el Proceso Editorial

Diego Barros, sociólogo argentino y editor de la Universidad de Buenos Aires, dictará este curso, el cual es uno de los más solicitados. Los participantes conocerán de primera mano las distintas fases que conforman la etapa de decisiva de una publicación. Un curso esencial para emprender las iniciativas editoriales. Las clases van desde el martes 22 de octubre de 7:00 a 10:00 p.m.

Ortotipografía

¿Conoces los distintos estilos tipográficos? En este curso, los estudiantes aprenderán las principales convenciones ortotipográficas, requisito indispensable para elaborar textos legibles y de alto valor estético. Nuestra docente Alejandra Bravo estará a cargo de la asignatura. Las clases empiezan el sábado 26 de octubre de 9:00 a.m. a 1:00 p.m.

Tipología Textual

Conocer los principales tipos de texto nos ayudarán a tener un amplio panorama respecto a los escritos con los que trabajo un redactor, un corrector o un editor. El profesor Pedro Salazar dictará el curso en el que los estudiantes aprenderán a diferenciar entre los textos descriptivos, argumentativos, narrativos y expositivos. Las clases empiezan el lunes 28 de octubre de 7:30 p.m. a 9:30 p.m.

Redacción SEO

Conocer las principales técnicas de redacción web te ayudará a posicionar tus artículos en los primeros resultados de los motores de búsqueda de la red. Renzo Rotta impartirá el curso que irá desde el viernes 8 de noviembre de 7:00 p.m. a 10:00 p.m.

Ortografía

Aprende con nuestra docente Fiorella Moreno las principales reglas de ortografía y aplícalas en tus trabajos y en los que se te encomienden. Las clases inician el viernes 8 de noviembre de 7:00 p.m. a 10:00 p.m.

Inscríbete con nuestros asesores en línea, escribiéndonos a https://wa.me/51962764212 o al correo ventas@escueladeediciondelima.com.

El «editing»: meollo del oficio editorial

El trabajo con manuscritos y textos originales de autores es una de las fases principales del proceso de manufactura del libro. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de editing? En el siguiente artículo, Diego Barros, editor y sociólogo de la Universidad de Buenos Aires, precisa este y otros conceptos respecto a la etapa decisiva de una publicación.

Por Diego Barros

En su Lección inaugural en el College de France «Escuchar a los muertos con los ojos» (2007), el historiador francés Roger Chartier (1945) afirmó: «Los autores no escriben libros, ni siquiera los suyos. Los libros, manuscritos o impresos, son siempre el resultado de múltiples operaciones que suponen decisiones, técnicas y competencias muy diversas».

En este y en tantos otros análisis en torno al libro y a la lectura, Chartier ha echado luz sobre la especificidad y significación de la tarea del editor, una profesión que, según afirma, surgió en Francia hacia 1830, al separarse definitivamente del impresor y del librero.

En efecto, buena parte de aquellas «múltiples operaciones» a las que hace referencia Chartier, pueden resumirse en lo que en la jerga editorial se conoce con el nombre de editing, y en donde confluye una sucesión muy variada de miradas profesionales que no solo terminan transformando el manuscrito del autor sino que le dan al mismo una serie de valores agregados que, se suponen, hacen posible la adecuada llegada de un libro a sus destinatarios.

Un recorrido guiado por el know-how editorial

A examinar de modo sistemático y en profundidad las implicancias del llamado editing, está destinado el curso Editing en el Proceso Editorial a dictarse en la Escuela de Edición de Lima todos los miércoles, a partir del 12 de febrero.

Partiendo de la indispensable distinción —a veces no tan claramente evidente para muchos— entre «texto» y «libro», este curso abordará las diferentes dimensiones y etapas propias del trabajo del editor, un profesional —una vez más con Chartier— que puede ser definido «… en tanto coordinador de todas las posibles selecciones que llevan a convertirse en un libro, y al libro en mercancía intelectual, y a esta mercancía intelectual en un objeto difundido, recibido y leído» (Cultura escrita, literatura e historia. Conversaciones con Roger Chartier).

Haciendo especial foco en la relación fundante que la define —la que se entabla entre el autor y el editor— las clases guiarán a los alumnos en el abordaje, en una primera instancia, del estatus del manuscrito producido por el autor, así como de los modos posibles en que un editor debe posicionarse para juzgar un producto que es expresión de la plena subjetividad de su creador.

Así, se espera poder dar respuesta a preguntas tan cruciales como: ¿Es posible emitir un juicio crítico objetivo de un texto con dichas características?, ¿Es posible hacerlo sobre una materia en la que el editor no se encuentre formado profesionalmente? Y aún más: ¿es posible enjuiciar un texto ficcional y, en todo caso, cómo debe hacerse de un modo profesional? Las respuestas a estos y otros interrogantes de este tenor, no hacen sino tematizar la condición del editor en tanto un «lector profesional», tema frente al cual se impone presentar algunas sugerencias y recomendaciones cuando se está frente a un texto para su publicación posterior.

Pero lo cierto es también que más allá de poder postularse para la actividad editorial un cierto flujo ideal de trabajo, a la vez se vuelve necesario abordar algunos casos específicos de libros, en función de los diferentes géneros discursivos y formatos editoriales.

La edición, entre textualidades y materialidades

Pero así como a la hora de abordar el editing se pone en juego la «textualidad del libro», se impone también prestar atención a la “materialidad del texto”, es decir, a ese conjunto de intervenciones relacionadas con los aspectos visuales y materiales que hacen al libro como objeto. Así, el editing incluye vérselas también con los efectos que el diseño gráfico, el tratamiento de los para-textos y, desde luego también, la materialidad misma en tanto todos esos aspectos pueden dar lugar a modos de apropiación bien diferentes por parte de los lectores, volviendo aún más crucial las prácticas editoriales.

Poniendo a dialogar en todo momento la experiencia concreta al frente de procesos editoriales con un ejercicio de conceptualización desde una perspectiva sociocultural, se espera que este trayecto formativo contribuya a mejorar las prácticas cotidianas de los editores y, de algún modo, poder coincidir con el fundador de Anagrama, Jorge Herralde, cuando afirma que «… el valor intangible aportado por un buen editor a los autores y a los títulos incorporados a su catálogo es el aura que su sello logra transmitir a los lectores; esto es, la garantía de calidad, trabajo bien hecho y continuidad de los criterios ofrecidos por el conjunto de las obras previamente publicadas» (Un día en la vida de un editor y otras informaciones fundamentales).

Sobre Diego F. Barros (Buenos Aires, 1964)

Sociólogo especializado en temas culturales. Doctorando en Ciencias Humanas (Universidad de San Martín). Posee más de treinta años de experiencia haciendo, pensando y enseñando la edición. Es  docente de la Escuela de Edición de Lima en los cursos de Edición de Libros y Materiales Escolares, Mercado Editorial y próximamente Editing en el Proceso Editorial.

Miguel Gutiérrez: sobre Kafka y sus muchos seres inquietantes

Hoy se cumplen ocho años del fallecimiento de uno de los autores más importantes de la literatura contemporánea. Aquí lo recordamos con una reseña de Cesar Augusto López, escritor y docente de la Escuela de Edición de Lima, sobre el libro Kafka: Seres inquietantes, en la cual Gutiérrez despliega una gran capacidad intelectual y ofrece uno de los mejores estudios de su producción ensayística.

Por Cesar Augusto López

La experiencia de aproximarse a un ensayo que no se encuentra interesado en la pretensión, sino en la relación cercana de un escritor fundamental de la literatura peruana con un ícono como Franz Kafka, es un privilegio. La edición que el lector tendrá entre sus manos, será un trabajo más cuidado que el primero (1999) y busca recuperar un testimonio literario con un clásico universal del siglo XX. Pero ¿qué se puede decir después de que mares de elogios se han vertido sobre la obra de Kafka? Consideramos que la sinceridad y los deslindes con los lugares comunes son la base de lo propuesto por Gutiérrez.

En esta ocasión, el libro contiene unas «Palabras preliminares» de Ricardo González Vigil y la «Presentación» que escribiera el autor de El viejo saurio se retira para el primer tiraje. Luego ingresa de lleno al ensayo, dividido en cuatro capítulos, y a un apéndice que consta, entre otros detalles, de una bibliografía fundamental junto con una selección de textos que son de mucha ayuda para precisar, aún más, los juicios del Gutiérrez. De esta forma, el lector no se sentirá ante un texto erudito o distante, sino a uno que quiere conducirnos por una lectura que procurará hacernos sentir próximos del mismo Kafka.

En la primera sección, Gutiérrez nos brinda aquello que nos promete: desacralizar al autor de El castillo (p.14). Para esto, recurre al mismo Kafka como un lector, como un conocedor de la tradición europea, no a un iluminado o un escritor salido de la nada. Además, se busca quitar del camino las tendencias de lecturas «clásicas» para reconocerlas como «irritantes» (p. 20). En ese sentido, no nos encontramos ante un intérprete, sino ante un lector que no busca darle más espacio a la obra de Kafka que su misma tarea estética y literaria, su orientación al goce (p.27).

Quizá muy adelantado a nuestro momento inmediato y con toda prudencia, Gutiérrez nos propone, en la segunda sección, un ordenamiento de los seres que desfilan por la creación kafkiana. Sin embargo, su modo de abordarlos no tiene que ver con un ánimo taxonómico del tipo medieval, como bestiario; antes bien, procura ordenar aquellas criaturas inquietantes como recurrencias en las narrativas e insistencias expresivas de Kafka. Es decir, no busca encasillarlo como un tipo de narrador, fantástico, por ejemplo, sino como un explorador de formas u obsesiones (p.29). Esto implica que no se cae en la fácil descripción y en el listado irreflexivo, mucho antes de que aparecieran los estudios sobre animalidad, por ejemplo.

Escribir sobre Kafka no puede evadir la paradigmática novela corta sobre la vida y muerte de Gregorio Samsa. En la tercera parte del ensayo, Gutiérrez no se sustrae a dicha responsabilidad. A esta altura del ensayo, se puede experimentar mayor cercanía en el testimonio del autor con La metamorfosis y con las marcas que dejó su lectura. Incluso la experiencia de la monstruosidad absurda se nos presenta como un movimiento doble, de rechazo y de compasión, incluso se puede decir que el mismo ensayista se sintió como un insecto, alguna vez, en su etapa juvenil (p.58). ¿Por qué esta obra breve es clave para nosotros, desde los ojos del autor de La violencia del tiempo? Esto se debe a que nos confronta, nos pone a prueba frente a un suceso.

Finalmente, en la sección cuarta, se realiza un balance de lectura que retoma la perspectiva crítica y además reconoce la influencia de Kafka en una serie importante de escritores, sobre todo para el caso peruano. Aquí podemos percibir otro aspecto importante del ensayo: su autor estaba informado sobre escritores cercanos al año 1998. En otros términos, Gutiérrez tenía muy en claro la actualidad de la prosa peruana de aquel momento y nos permite rastrear la presencia kafkiana en ellos. El cierre de esta obra, nos permite, entonces, reconocer un cuidado responsable, a pesar de la brevedad del trabajo y una exposición que oscila entre la confesión y una metacrítica accesible para quien quiera entender y animarse a ingresar a Kafka desde nuestro país, desde nuestro continente y sus peculiaridades.

La reedición del libro Kafka: seres inquietantes es una decisión certera en un momento clave para recuperar el pensamiento de uno de los narradores más importantes de la creación verbal de nuestra nación. Por otro lado, saber que el libro no es pretencioso, sino producto de años de lecturas, relecturas y valoración íntima del autor de La muralla china, nos coloca en un lugar privilegiado, porque nos encontraremos con un libro sobre un escritor ofrecido por otro. Quizá ese sea uno de los mejores presentes que nos legó Miguel Gutiérrez y que no deberíamos perder de vista, ya que sus palabras son más que aleccionadoras.

Participa en el curso especializado de Análisis Léxico-Semántico

La asignatura está dirigida para editores, correctores, docentes, lingüistas y periodistas. Por preventa, tendremos una interesante promoción.

Uno de los niveles más importantes del estudio lingüístico es el léxico-semántico, en el cual se busca comprender el significado del lenguaje y su relación con los distintos elementos de la comunicación. En este análisis intervienen diversas disciplinas para determinar conceptos implícitos en un texto y el lenguaje que lo compone.

En el curso de Análisis Léxico-Semántico, los participantes adquirirán destrezas y herramientas que les permitirán conocer como se utiliza el lenguaje para diversos fines y campos de acción (editorial, pedagógico, comunicacional, periodístico, entre otros).

La asignatura consta de un total de 24 horas (ocho sesiones) y será dictada por el docente José Manuel Rodríguez Paredes, licenciado en Humanidades, con mención en Lingüística Hispánica, por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Asimismo, es magíster en Comunicaciones por la PUCP. Su trayectoria profesional abarca distintas empresas editoriales, como el Grupo Norma-Carvajal, Grupo SM y Santillana. Por otro lado, desempeñó funciones como corrector de estilo en el Fondo Editorial del Congreso de la República y ha ejercido la docencia en distintas universidades como la Universidad Tecnológica del Perú (UTP), Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), entre otras.

Las clases empiezan este martes 6 de agosto, en línea y en directo para todo Perú e Hispanoamérica a las 7:00 p.m., a través de la plataforma académica de la Escuela de Edición de Lima. Por preventa, ofrecemos un veinte porciento de descuento por concepto de matrícula.

Para más información, pueden comunicarse con los asesores de la EEL en el siguiente enlace: https://wa.me/51968788289

Franz Kafka: tras las huellas del genio

El canon kafkiano trasciende hasta nuestros días como una de las obras más influyentes de la literatura universal. De ahí que diversos autores, críticos y estudiosos manifiesten admiración por el escritor checo.

Por el centenario del fallecimiento de Kafka (1883-1924), recopilamos una serie de comentarios por parte de escritores, editores, docentes y egresados de la EEL respecto al trabajo del creador de La metamorfosis. Aquí se los dejamos.

«Siempre se dijo que cuanto más invisibles fueran las huellas que dejara un editor en las creaciones de un autor, mejor. Solo con los años, pudo conocerse y dimensionarse el lugar que en el cuidado de la obra de Franz Kafka ocupó su editor Kurt Wolff. No por nada, fue el también exquisito editor fundador del sello Acantilado, Jaume Vallcorba, quien reivindicó ese cuidado y la también exquisita relación que mantuvo el autor de La metamorfosis con su editor.  Entre los textos que Vallcorba compiló de Wolff, debe destacarse el juicio, sin duda inapelable, que el poeta W.H.Auden formuló sobre Kafka: “Si me preguntan qué poeta representa mejor nuestro tiempo, del mismo modo en que Dante, Shakespeare o Goethe representaron el suyo, tengo que nombrar en primera instancia a Kafka… Es tan importante para nosotros porque sus problemas son los problemas del hombre de hoy” (Wolff, K. Autores, libros, aventuras. Barcelona. Acantilado. 2010, p.93). Poeta y editor hicieron justicia con Kafka. Allí quedaron sus obras –hoy clásicos- para que cada generación de lectores haga la propia». Diego Barros, editor, sociólogo de la Universidad de Buenos Aires y docente de la Escuela de Edición de Lima.

«Kafka es el narrador de la modernidad, porque entendió la hondura de la nada y pudo convertirla en historias que demostraban, con fría claridad, nuestra pequeñez frente a sistemas que no son humanos, a pesar de que estos han sido creación de nuestra especie. Él reconoció que la épica vida con sus conquistas y orgullo no es más que una ilusión frente al hombre de a pie que debe trabajar, proyectar, pedir, pero que en medio de todo su quehacer no tiene espacio para el sueño real, el enmarcado en el deseo, o para saber dónde se encuentra y a dónde va. En esto reside lo kafkiano, en no tener ninguna certeza frente a un mundo lleno de órdenes y señales de las que no formamos parte sincera, sino que pasamos por una larga serie de espacios y hechos para corroborar que todo es ajeno e, incluso, estamos desamparados por nosotros mismos». Cesar Augusto López, novelista y docente de la Escuela de Edición de Lima.

Quien no haya leído aún a Franz Kafka tiene la suerte del descubrimiento. Quienes lo hayan leído, poco o mucho, tienen el beneficio de la relectura y de adentrarse en sus cuentos e historias breves. A pesar de su mundo literario gris y angustiante, Kafka ha iluminado a varios escritores, entre ellos, Gabriel García Márquez quien, luego de leer La metamorfosis a los 17 años y ver que era posible que un hombre amaneciera convertido en un enorme escarabajo, descubrió que iba a ser escritor. Es sabido que la lectura nos hace personas empáticas. Si se preguntan cómo es posible sentir empatía por un insecto gigante encerrado en una habitación, lean la historia de Gregor Samsa e imagínense cómo sería hablar sin ser entendidos o vivir escuchando que tu núcleo familiar desea tu muerte porque «tú ya no eres tú». Imaginen ser Joseph K. a quien vienen a detenerlo sin la menor explicación. Visiten el laberinto kafkiano, siéntanse libres de habitarlo o escapar de él (si pueden, claro). Katherine Pajuelo Lara, editora y docente de la Escuela de Edición de Lima.

La obra de Kafka nos plantea con frecuencia situaciones complejas y angustiantes gobernadas por reglas ocultas, ilógicas o incomprensibles, las cuales se convirtieron en el sello característico de su autor, al punto que en la actualidad usamos el término kafkiano para identificar sucesos absurdos y desconcertantes. Los personajes kafkianos padecen debido a cambios drásticos que quiebran su cotidianeidad, como ocurre con Gregorio Samsa en la famosa novela La metamorfosis, pero también por el peso de sus propios códigos morales o su incapacidad de ver más allá de sus obsesiones, como sucede con los protagonistas de los cuentos «Un artista del hambre» y «Un artista del trapecio». El quiebre hacia lo fantástico se refleja no solo en sucesos inexplicables (como en la ya mencionada La metamorfosis y en relatos como «El cazador Gracchus» y «Una confusión cotidiana») sino también en la presencia de criaturas peculiares, como en los cuentos «El híbrido» o «Las preocupaciones de un padre de familia». Asimismo, en algunos textos podemos identificar una crítica a las autoridades públicas, en particular a la administración de justicia, que es retratada como inflexible, absurda e inhumana. Esto lo leemos en la novela El proceso y en cuentos como «Ante la ley», «La colonia penitenciaria» y «Un golpe a la puerta del Cortijo». Óscar Sandoval, escritor y egresado de la Escuela de Edición de Lima.

Indiscutiblemente, Franz Kafka representa, a través de su obra, el malestar y los vicios de la sociedad occidental de inicios del siglo XX. Sus novelas, sobre todo, destacan por exponer al hombre ante un “sistema” que lo vulnera y le quita sentido de existencia. Es gracias a él que empezamos a cuestionar los valores modernos y su impacto en nuestra cotidianeidad: ¿Quiénes somos realmente? Kafka derriba esos límites y cruza las fronteras de lo racional y nos enajena tocando puntos de angustia y vacío. El proceso (1926), por ejemplo, es un juicio absurdo donde convergen elementos realistas y surrealistas. Nunca sabemos de qué se le acusa al protagonista Josef K., tampoco él lo sabe. Sin embargo, el proceso continúa y el entorno somete más al personaje y lo convierte en un sujeto abandonado y nulo ante la justicia. Kafka recrea una paradoja de su tiempo: la deshumanización de los hombres por los mismos hombres. Luis Paliza, director de la editorial Reino de Almagro y egresado de la Escuela de Edición de Lima.

Impotencia, frustración, enigma, desconcierto. Leer a Kafka es sumergirse en un dédalo de trajines inconducentes donde todo parece símbolo, metáfora. Lo liberador de Kafka es precisamente eso: el mundo que plantea —esos cielos grises y opresivos, esos estrechos callejones de impersonalidad y confusa burocracia que no llevan a ninguna parte— nos remite a la experiencia de lo real y puramente cotidiano, a la experiencia común de ser retados por un dedo que nos acusa tan pronto abrimos los ojos a un nuevo día. Kafka nos redime de la realidad porque nos la muestra en toda su crudeza. Defendernos de un delito que no sabemos cuál es; apurar gestiones para entrevistarnos con personas que no sabemos qué hacen ni quiénes son; esperar pacientes frente a una puerta que en verdad siempre estuvo abierta para nosotros; despertar sin voz, sin faz reconocible, con un pesado y monstruoso caparazón a cuestas… Todo en Kafka es de una actualidad apabullante. Es la pesadilla de todos los días. Nadie como él, burócrata de los más competentes, para dibujar un paisaje plagado de laberintos, que al cabo fueron también los suyos propios. Horacio Hidalgo Ledesma, escritor.

Cuando Franz Kafka despertó una mañana tras un sueño eterno se descubrió que efectivamente habían pasado cien años. El sueño, o quizás la pesadilla, se había hecho realidad. La Tierra giró, cambió, se hizo más pequeña y él de alguna forma se había vuelto más grande durante una cerrada de ojos. Su rostro se había vuelto monumentos en las calles; su escritura, una fuente de inspiración; y su nombre, una característica… De lo más absurdo y angustioso.  Entonces intentó registrar su nombre, hacer entender que seguía vivo. Su rostro no bastaba; sus huellas, tampoco. Cualquier pieza de su identidad podía ser reemplazada por algo llamado IA. Y necesitaba plata. Probó ingresar a distintos oficios; pero le pedían papeles… Una identificación. A la cual no podía acceder. No sin identificarse y pagar.  Entonces ingresó a una librería para intentar entender el mundo. Había estantes con su nombre y libros que nunca terminó. ¿Cómo podían estar terminados y publicados si él nunca los finalizó? Si ordenó su quema… Y los que sí terminó, vivieron sin éxito y con su familia y amigos como sus únicos lectores. Pero ya no. Ahora vivían en las estanterías y en miles de casas las más variadas ediciones de sus escritos. Su rostro en portadas… “¿Me parezco?” se dijo mientras llevaba el libro al lado de su rostro para tratar de ver su reflejo. Quizás era otro. Otro Franz Kafka se había adueñado del mundo mientras él dormía. Entonces rio. Porque ahora hasta dejar de existir tras haber vivido se había vuelto también un proceso imposible de escapar; y el mundo era más absurdo y angustioso que nunca. Katherine Castañón, escritora.

Kafka, uno de los narradores en alemán más importantes del siglo XX, pasó la mayoría de su vida en Praga. Praga, a orillas del Moldava, es la madre de las ciudades. El corazón de Europa. La ciudad de las cien torres. La ciudad dorada. Praga es admirada como una de las ciudades más hermosas del mundo.  Con la paradoja de ser al mismo tiempo la cuna del autor que más ha impactado por su temática de miedo y angustia existencial, conocido hoy a cien años de su legado como estilo kafkiano, mezcla de realismo y fantasía. Cuando Gabriel García Márquez leyó La Metamorfosis (Die Verwandlung) la obra más reconocida de Franz Kafka dijo: «Una mañana después de un sueño tormentoso, Gregor Samsa se encontró convertido en un gigantesco insecto. Lo recuerdo como si me hubiera caído de la cama en ese momento, fue una revelación, si esto se puede hacer, esto si me interesa». No se entiende Praga sin Kafka, ni Kafka sin Praga, la capital checa es kafkiana. Está la casita 22 del callejón de oro al lado del castillo de Praga, un estudio donde el autor se recogía a escribir después de su trabajo de abogado; el museo en el barrio del distrito pequeño de Malá Strana, donde se exhiben también dibujos del autor, pocos saben que Kafka también fue dibujante, segunda pasión que conocemos gracias a su amigo y editor Max Brod; la escultura en bronce de Jaroslav Róna inspirada en su primer cuento «Descripción de una lucha», que representa al autor en hombros sobre su propio traje vacío, ubicada junto a la Sinagoga española, en el centro de Praga; y la famosísima cabeza gigante giratoria, escultura de espejo de Kafka, de David Cerny, son toneladas de acero, piezas en movimiento gracias a una proeza tecnológica, ubicada junto al centro comercial Quadrio, un espectáculo coreográfico de 15 minutos que representa la transformación del mismo Kafka, quien solo fue reconocido tras el fin del régimen comunista controlado por la Unión soviética. Hoy es considerado el mayor símbolo de los checos. Úrsula Abarca Torres, gestor cultural en cine, moda y fomento de la lectura, y egresada de la Escuela de Edición de Lima.

¿Por qué es necesario aprender las reglas fundamentales de sintaxis?

Si te enfrentas por primera vez a la hoja en blanco, es probable que salte esta pregunta. Y es que podríamos pensar que bastan unos cuantos conocimientos y algo de intuición para obtener una óptima redacción. Los conocimientos de sintaxis son mucho más útiles de lo que se cree.

Sintaxis es una parte de la gramática que estudia la combinación de palabras, gracias a la cual una persona es capaz de organizar ideas y estructurar oraciones, textos, entre otras formas de expresión.

Este concepto es clave: el conocimiento de la sintaxis es indispensable para expresar ideas con claridad. Pese a ello, muchos estudiantes consideran que no hay mucha utilidad en ello. Muchas veces se supedita esta disciplina al análisis frío de las oraciones —identificar el sujeto, verbo y predicado—, por lo que la sintaxis adquiere más bien un atributo vaporoso.

El asunto es que sirve para pensar y conseguir una mejor forma de expresión. Sin ella, sería imposible escribir de forma precisa.  Por eso, depende mucho la forma en que se enseñe la sintaxis y los modos de aprendizaje por parte de los estudiantes.

Por ejemplo, un docente podría pasar un par de horas definiendo los conceptos sobre sujeto, complementos, sintagmas, adjetivos, verbos, determinantes, preposiciones, entre otros elementos, con lo cual se abren dos caminos: o se genera un aprendizaje memorístico o, mediante ejemplos y casos concretos, un aprovechamiento práctico.

Analizar una canción o fragmentos de una novela o poema; realizar puzles de palabras o discusiones entre estudiantes sobre las partes de una oración son algunos de los métodos que pueden suscitar una mejor captación y aplicación de las normas fundamentales de la sintaxis.

En la Escuela de Edición de Lima iniciaremos pronto nuestro curso de Sintaxis. Si deseas participar, da clic aquí.

Luis Miguel Espejo: «Lo que necesita la educación y la producción de la industria del futuro es que las personas puedan pensar»

La lectura, ese hábito maravilloso y en constante cambio, es uno de los fenómenos más estudiados a lo largo de la historia. ¿Cuáles son sus beneficios? ¿Cómo se enfoca en las escuelas y ante los lectores del nuevo siglo? ¿Cómo se gesta el gusto por la lectura? Luis Miguel Espejo, docente de la Escuela de Edición de Lima, responde estas interrogantes en la siguiente entrevista.

Por Marco Fernández

Mucho se ha hablado, teorizado y emprendido en favor de la lectura. Pero vamos a la semilla, ¿cómo es que se despierta este hábito en los niños? ¿Dónde tiene su origen?

Los niños siempre tienen curiosidad por el mundo. Es natural en ellos preguntar por qué y también imitar, sea lo bueno o lo malo. Si en casa hay disponibilidad de material de lectura, revistas— lo que en mi época llamábamos “chistes”— o libros y, además, hay ejemplo de los adultos que leen, los niños pueden sentir esta atracción y curiosidad por esa acción. En realidad, el acto de leer en esa etapa se trata de un acompañamiento, ya sea leer un cuento antes de dormir o acompañarlos cuando tienen una tarea escolar y no entienden un texto. Es necesario comprender que hablamos de niños del siglo XX, pues a estas alturas también están leyendo en pantalla textos breves o en Youtube. Es decir, se están acostumbrando al consumo de información en movimiento.

Mencionaste una palabra muy importante: curiosidad. Digamos que esta característica lleva al niño explorar el libro y todas sus dimensiones. Pero, ¿qué pasa con ese niño que está creciendo y de pronto se topa con el libro equivocado? Como decía Daniel Pennac en su libro Como una novela, no hay libro malo sino malas experiencias que necesitan de una reconciliación.

Esto puede suceder en la niñez o en la adolescencia también. A veces uno tiene que leer ya sea por el colegio o por obligación. De pronto, el libro no cala, no entra, no corre. Recuerdo que en una conversación con Jorge Eslava saltó el tema del libro bueno, el libro malo, el lector bueno y el malo, y convenimos en lo que dices respecto a que no hay libro malo, sino un mal momento para leer. Cuando leí Rayuela tenía unos dieciocho años y me costó bastante. Pero volví a ella a los diecinueve, a los veintitrés, veinticinco, treinta y tantos y, cada vez que la leo la entiendo y disfruto mucho más. Lo mismo pasa con Moby Dick y un montón de clásicos. Una buena herramienta que pueden tener los padres y los mismos jóvenes al enfrentar una situación de este tipo es recordar, a modo de mantra: «A lo mejor no es el momento para este libro. Ya vendrá otro». Otra cosa en la que concordamos con Jorge en aquella conversación fue que, sino encuentras en las primeras páginas ese enganche para leer, no te obligues a hacerlo. Si no estás leyendo por placer, déjalo y busca otro libro. En esa búsqueda es posible que encuentres una joya insospechada. Lo importante es propiciar el ejercicio de la lectura porque activas rutas neuronales que no podrán efectuarse de otra manera. Además, el libro, a diferencia del periódico que se descarta y olvida al día siguiente de ser consumido, tiene la fascinante característica de la relectura, sobre todo si es que hablamos de literatura.

Ya que hablábamos de Pennac, recuerdo mucho los Derechos del Lector, donde dice que una persona tiene derecho a abandonar un libro si no le gusta. En los colegios, por lo general, la lectura es casi una imposición más que una actividad placentera.

La lectura por placer sería el ideal, sin embargo, es cierto que muchas veces se generan lecturas por obligación. Para poder dar un examen sobre la obra de Homero o los clásicos, necesariamente debes leerlos, no basta con ver un resumen. Y, ¡tienes que sufrir a Homero! El asunto es que, tanto Homero, como la Biblia o los clásicos son libros que fueron escritos para personas de una época específica. Lo mismo ocurre con los libros de ahora. No es fácil entrar sin acompañamiento a algunas lecturas como, sin ir tan lejos, Don Quijote de la Mancha. Me parece excelente que haya versiones adaptadas para jóvenes, pero sería oportuno que se pueda hacer una lectura del texto original de la primera y segunda parte con un acompañamiento bastante integral. No se trata solo de leer la novela, sino analizar que situación atravesaba España en aquel momento, por qué surgió ese libro, qué necesidad tenía Cervantes de acabar con las novelas de caballería, el nivel de analfabetismo en España, la alimentación de la gente, entre otros factores. Todo esto va configurando un entorno que facilita entender por qué hay ritmo en la lectura del Quijote, por qué usa algunas frases, por qué hay frases largas, las interacciones entre la narración, la historia y los personajes.  El contexto ayuda bastante a entrar en ese disfrute.

Es posible que estemos frente a una cadena de malas percepciones, de libros equivocados y momentos poco oportunos. De alguna manera, esto también influye en la percepción que un educador puede tener sobre la lectura. No se dice en voz alta, pero muchas veces los profesores no leen, entonces, ¿cómo podrían inculcar a sus estudiantes el placer y el disfrute de la lectura?

Otra vacuna que pueden inculcar los educadores y lectores adultos es que la literatura no habla consigo misma, sino que dialoga con otras literaturas. El Quijote hace referencia a las novelas de caballería. Hay superhéroes que salen de tragedias o mitos griegos. Incluso todas las telenovelas mexicanas clásicas provienen de unos cuantos de esos mitos: la lucha contra el destino, el chico que desea superar las barreras sociales, la chica que busca el amor y al final se casa y todo es color de rosa. Eso es un tópico tan antiguo como el agua hervida. Otra recomendación es leer más allá del texto, no quedarse solamente en el libro. De todas maneras, hay conexiones con otras tradiciones literarias. Por eso la literatura es uno de los pocos espacios donde los libros se reeditan tal cual. Si haces una buena traducción, sumada a una buena edición, tienes un buen libro asegurado.

Daniel Cassany menciona que más que leer, se trata de comprender. Tenemos tantas cifras en pruebas PISA y otras tantas cuestiones que nos arrojan que en el Perú no se lee mucho. Pero no solo se trata de la cifra dura, sino analizar por qué la gente no lee. Pienso que solo nos guiamos por los números para luego lamentarnos por lo que no se hace. Pero, la pregunta es al final quién arregla este problema.

Si intentásemos encontrar una solución al problema, tardaríamos por lo menos una o dos generaciones. Esto no se arregla con una ley ni con una práctica. Muchas de las cosas que faltan es información de buena calidad. Por ejemplo, estaba dictando una clase —solamente eran mujeres— y les dije a mis alumnas: «¿Cuándo fue la última vez que vieron a un hombre leyendo?». La misma pregunta me la realicé yo mismo y recordé a un hombre leyendo un libro en enero de este año. Eso puedes verlo en Buenos Aires, en Madrid, quizás en México, en un mundo de habla hispana me refiero. Pero acá en Perú eso es un poco difícil. La mayoría de los hombres aquí leen periódicos, pero si he visto a mujeres leyendo libros. Preguntarse el por qué es válido, pero se necesita data para corroborar. Sabemos que el sistema educativo está muy abandonado, manoseado y estancado. Yo siento que estamos yéndonos un poquito más hacia tiempos medievales con este abandono de la educación en general. A los chicos no se les está enseñando a pensar de forma crítica, sino que se insiste con la misma cantaleta de leer, memorizar y responder preguntas. Eso es un nivel muy básico. Lo que necesita la educación y la producción de la industria del futuro es que las personas puedan pensar. De hecho, más importante que solamente enseñar y paporretear respuestas es fomentar el pensamiento crítico en los estudiantes, es decir, enseñarles a debatir, a escuchar, a sopesar ideas, a obtener información y a discriminarla, y a formular conclusiones. Es un trabajo enorme, pero siento que no se está fomentando en las escuelas. Tengo dos hijos en edad escolar y me dejan la sensación de que están haciendo con ellos lo mismo que hacían conmigo en los años ochenta. ¿Cómo se soluciona esto? Por varios frentes. Por un lado, la disponibilidad y el acceso a los libros. Aquí en Perú todavía es caro comprar libros. Y no hablo de que se generen subvenciones, sino que se desarrolle una política integral que hiciese tanto del libro electrónico como del físico un objeto de acceso sencillo. De este modo, un estudiante de cualquier parte del Perú podría acceder a una biblioteca bien surtida, a plataformas que le permitan una lectura cómoda y completa de libros digitales. Necesitamos repensar y trabajar los temas educativos.

Martín Kohan, un escritor argentino, decía que la lectura necesita menos sermones y más actos concretos. ¿Cuál sería un acto de este tipo en torno a lectura y el fomento de esta?

Un acto concreto es que tengamos una proporción razonable entre lectores y creadores. Por ejemplo, alguna vez, cuando visité Islandia, me dijeron un dicho que data de hace muchos años: «Si un islandés no está leyendo un libro es porque está escribiéndolo». Fue sorprendente. La producción editorial en un idioma que solamente podían entender 230 000 islandeses en aquel momento superaba de lejos a la que tenía el Perú.

Algunos autores afirman que antes de ser escritor uno se forma como lector. Alguna vez escuché que, antes de formar en los talleres a escritores, se deben formar lectores que, en el futuro, devendrán en la actividad creativa.

Tú puedes tener un carpintero que, con unos clavos, un martillo y un par de sierras puede hacer algunas piezas básicas. Pero si a ese mismo carpintero le das varios tipos de martillos o diferentes tipos de madera, se conseguirá otro tipo de ebanistería, más fina o elaborada si él quiere. Cualquiera puede animarse a hacer creación en literatura, en lírica, en narrativa o en artes escénicas. Mientras más herramientas tengas, mucho mejor. Tú menú va a ser mucho más rico, mucho más grande y tu producción, por tanto, podría ser más variada o exploratoria. Entonces, mientras más tengas para elegir, mayores probabilidades tendrás para producir. Sería bueno encontrar formadores de lectores antes de, o durante los talleres de creación literaria.

Incluso, hay aspirantes a escritores que dicen que no leen porque «están buscando su propio estilo». Y, uno se pone a pensar a qué estilo se están refiriendo si no tienen un referente que pueda alimentar, justamente como usted lo menciona, esas técnicas, esos caminos exploratorios que podría tener sobre el proceso creativo.

En La tía Julia y el escribidor, el escribidor era este señor que hacía los guiones de radio para las radionovelas y que afirmaba que no leía nada para no contaminar su estilo. Si se fijan bien, el maestro Vargas Llosa presentaba el mismo estilo en todos los capítulos que le tocaban al escribidor. Entonces, todo el tiempo parecía el mismo personaje de nariz aguileña, frente amplia, actitud y serenidad en la mirada. El héroe de cada una de las radionovelas —porque cada capítulo que le tocaba al escribidor era una radionovela diferente e inconclusa— aparecía  como un personaje que era igual al propio escribidor. Un tipo de mediana estatura, con frente amplia, nariz aguileña y serenidad en el semblante. Se repetía lo mismo. Claro, tú puedes encontrar tu propio estilo. Pero, experimentar con otros estilos en algún momento dará alguna clave para forjar un estilo propio y realmente original. No por «descontaminarte» con otros escritores vas a estar protegido. Para nada. Y no hay problema si es que te salen cosas iguales. Esta famosa «cleptomnesia», en la que tú te robas algo sin darte cuenta de ello, al menos en el plano literario es natural. Es normal que si estás escribiendo algo y no recuerdas si leíste algo de Ricardo Palma o de Hemingway cuando estabas en la adolescencia, te salga una frase parecida a la de ellos. Alguien más se dará cuenta y dirá: «Oye, por acá se te ha escapado algo que tú ya tenías allá en tu arsenal y ha pasado inadvertido porque lo has escrito con tus propias manos».

Víctor Malumián: «La independencia editorial toma en cuenta, por sobre todas las cosas, el criterio de edición y el mercado»

La independencia es un valor muy disputado, ya sea por la libertad de decisiones por parte del editor o por la capacidad de publicar títulos de mayor preferencia. Sin embargo, la definición de este término es un poco más compleja de lo que se piensa. Víctor Malumián, cofundador de Ediciones Godot (Argentina), coautor del libro Independientes, ¿de qué? y docente de la Escuela de Edición de Lima, define la independencia del editor en la siguiente entrevista, tomando como punto de partida los elementos intervinientes en el proceso editorial.  

Nos compete en esta conversación definir la independencia editorial, que parece ser la panacea al que todo mundo aspira. Pero pareciera que, en el sector editorial, ser independiente es pertenecer a una casta reivindicadora y, en cierto modo, ser un «sangre pura» del medio.

El término para definir con mayor capital simbólico y agrupar a las editoriales pequeñas y medianas ha sido redefinido infinidad de veces. Se habla de editoriales «autogestivas», «a pulmón», «independientes», «pequeñas», «con pocos recursos». La discusión por el término es lo menos importante. Uno puede reivindicar un término u otro, pero a mí me interesa más la definición. Cuando escribimos el libro Independientes, ¿de qué? con Hernán López Winne, mi socio, lo que pensamos fue en una «zona», si no parecería que hay una regla que te mide y exactamente te dice que estás al 100 % o al 0 % de la independencia. De golpe, una editorial está orbitando en el centro y es comprada por un grupo y orbita un poco más lejos de la periferia. El primer punto para empezar a definir lo que entendemos por esta zona de independencia es más un modo de hacer que una variable en particular. Y por modo de hacer puedes englobar una cantidad de cosas: cómo te relacionas con las otras personas con las cuales trabajas, si elaboras contratos justos y equitativos, cómo es la forma en la que piensas tu catálogo; ¿lo asumes simplemente como una nuez que flota en el océano de las modas? Que seas pequeño no quiere decir que no puedas publicar en torno a una moda de mercado. Y eso tampoco te convierte en una persona maligna: simplemente estás tomando ese camino. Hay algo de independencia ahí que se pierde. La independencia editorial toma en cuenta, por sobre todas las cosas, el criterio de edición y el mercado.

En ocasiones se asume la independencia como un sacrificio de recursos, de energía, incluso de la propia visión del editor. Es decir, sacrificar muchas veces la salud económica y artística sobre el acto de publicar.

En cada país, por supuesto, es distinto. Por lo menos en Argentina, México y Chile, que los veo más de cerca, hay una discusión interna en torno a la profesionalización de la edición. Y, de nuevo, a mí no me interesa mucho el término, o si es que se utiliza «profesionalización» u otro. A mí lo que me interesa es el contenido. En la discusión significante/significado, me quedo con el contenido. Para mí, hacer las cosas cada vez un poco mejor y que sean rentables tiene sentido. Se puede ir en detrimento de la anchura física del libro, con tal de ahorrarse unos centavos y hacerlo mejor; ¿se puede hacer en detrimento de la corrección para no pagar a un corrector y ganar más plata? No. Todo eso me parece que atenta contra lo que estamos hablando. Ahora, la mirada opuesta es donde hay una negligencia al distribuir o cuando el catálogo no posee un balance entre un libro que tiene una pequeña apuesta de romper el círculo más duro de lectores o lectoras versus publicar lo único que se me ocurre, lo que me gusta a mí y que no tendrá ningún tipo de recorrido. Ahí debe haber un equilibrio en el cual convivan libros que tienen una mayor posibilidad de ventas con uno de menor posibilidad. Dentro de esto se abre como una minifisura de cierto automatismo estilístico. Es decir, si publico lo que a mí me gusta, probablemente les guste a quinientas o trescientas personas. Generalmente, detrás de una venta casi nula se esconde un problema de logística, de prensa o de comercialización. Es muy sacrificado, como probablemente lo sean otros rubros. El gran aporte de una editorial es su capital simbólico anclado en su catálogo. Hasta que no se construya una identidad de catálogo y haya una comunidad que palpita en torno a las novedades que publica ese catálogo será mucho más duro dar a conocer las novedades.

Tal vez el término no sea tan importante, como mencionas, y sabemos que puede ser hasta un despropósito definirlo. Pero, si tratásemos de acercarnos un poco a la definición de independencia, ¿cuál sería tu propuesta?

Es una zona delimitada por cinco o seis variables. La primera es cierta libertad en los criterios antes de publicar. Y eso se puede definir en la posibilidad que posee el editor, la editora o la persona que lleva adelante al sello de decir no a un tema con total libertad. A veces eso está cruzado por un montón de problemas. Por ejemplo, estás en la universidad y le tienes que decir que no a un profesor, obviamente no se puede. Si diriges la editorial de un partido político y, por determinados lineamientos u objetivos de esa editorial, deseas publicar a alguien que piensa lo contrario a la ideología que tiene ese partido político sin importar cuál sea, no podrías hacerlo. O a lo mejor eres de una editorial religiosa y claramente no vas a poder publicar textos ateos. Esa es la versión de las editoriales comercialmente activas. Vamos viendo como editoriales de determinado tamaño van dejando libre ese espacio porque la rentabilidad y la cantidad de ejemplares que se pueden vender en esa área temática no pagan los costos para mover la maquinaria. Entonces, en todo ese mundo —y podemos seguir definiéndolo y ampliando, pero creo que se entiende el norte—, en esa zona de acción hablamos de libertad de criterios para elegir qué quieres publicar y qué no. La segunda variable es que el norte esté en la calidad del lector o la lectora y no en la rentabilidad económica. El tercero, tranquilamente puede ser un estándar de diseño y de calidad. Muchas veces vemos determinados ejemplos de diseño o de colección que están mucho más anclados en la velocidad, el tiempo y demás, que en tomarse el tiempo de la respiración que necesita ese libro, esa tapa, esa maqueta, etc. Así podríamos seguir definiendo otros. Para mí es imposible decir: «La edición independiente es…». No es blanco y negro. Es más, una zona de grises. Hay cosas que se acercan más al negro o más al blanco.

En tu libro se menciona que la independencia «es una zona tensa donde hay varios actores en pugna por ella» ¿A qué se hace alusión esta premisa?

En el fondo, puedes tener dos lecturas. Por un lado, cuando viene toda esta discusión por la nomenclatura de la categoría, hay una lucha de fuerzas por apropiarse de este capital simbólico. Si hablamos entre los participantes del rubro, las multinacionales son malas y las independientes son buenas. Hay editores y editoras independientes que mejor es perderlos que encontrarlos. Hay editores dentro de las multinacionales que son grandes editores y viceversa. Hay una pugna por qué grupo logra conquistar y quedarse con el capital simbólico, poniendo esa categoría. Generalmente no coinciden entre los mismos grupos, un término u otro. Por otro lado, hay una discusión que es un poco más amplia, a dónde van a parar los lectores. En este sentido, seguramente hay un rango de lectoras y lectores que le compran tanto a la multinacional como a las independientes. Decirles, por ejemplo, “multis”, en realidad, engloba un montón de sellos editoriales donde se publica una vastedad de cosas que, para mí pueden ser malísimas o buenísimas. Ahora, también es cierto que lo que para mí estaba buenísimo, para otro puede ser soporífero y viceversa. Esa pugna por cómo se establecen estos sellos editoriales en torno a las lectoras y lectores no es ni simpática ni amena. Por algo, si miras la lista de las diez autoras y autores más vendidos, por lo menos en el caso argentino y ni qué decir del caso latinoamericano, nueve publicaron su primer libro y el segundo en una editorial pequeña y los siguientes en una de las grandes. Eso te está hablando de un montón de cuestiones y tensiones.

Derribemos algunos mitos sobre la independencia. Por ejemplo, «soy independiente porque publico lo que me venga en gana». ¿Cierto o falso?

Un punto es cierto. La independencia es un modo de hacer, por ende, no es un objetivo llegar ahí. Puedes autodenominarte como quieras y publicar lo que te da la gana. Pero si a los colaboradores que trabajan contigo no les ofreces un trato justo, me parece que estás por fuera de la lógica de independencia y de lo que busca. Porque hay allí una relación de poder, sobre la cual no estarías siendo crítico con tu postura dentro de esa relación. Yo no quiero hablar en nombre de la independencia, sabe Dios que eso es como un político que predica aquello de «La gente dice». Pero, por lo menos como lo entendemos nosotros, hay algo ahí de que ese tratamiento tiene que ser justo. No va tanto si publicas lo que se te da la gana o no, sino en la forma que te relacionas con el ecosistema del libro. Si algo tenemos claro todos es que, cuando hablamos de ecosistema, estamos todos interrelacionados. Volviendo a esta particularidad de «las multis son malas, los independientes somos buenos», ambas tienen muchas más conexiones de las que parecen. No solo en la puja por quien tiene a determinado autor o por los espacios de exhibición en las librerías, sino por un montón de cuestiones que tienen que ver con la macroeconomía de un país, el papel, las imprentas y un montón de cuestiones. Seguro, una editorial independiente y chiquita tiene más que ver con un productor artesanal de miel que con una gran multinacional. Pero también tiene cosas que ver ahí. No en vano están en el mismo rubro.

Segundo mito: «A mayor cantidad de libros en el catálogo, menor capacidad de independencia».

Eso de «capacidad de independencia» me hace pensar en los caballos de fuerza de un motor. Como si fuera algo muy medible. Puedes tomar el caso de alguna editorial española que era señera en lo que se consideraba la independencia, después fue comprada por un grupo y no se podría decir que en algún momento era 100 % independiente. Pero no porque tenía muchos títulos en su catálogo. No va por cuántos libros tienes en el catálogo, ni tampoco por la estructura. Porque si no, independiente sería todo lo que no es multinacional. Y no funciona así. Tenemos editoriales de autor muy pequeñas que trabajan bajo la lógica del negocio de una imprenta. Ganan plata cuando el libro está impreso, no cuando está vendido. Tampoco me parece que sea muy independiente eso. La persona que lleva adelante esa empresa te dirá: «Soy superindependiente, mis autores son independientes». No va por ese lado, sino por la forma en que uno se relaciona con el resto del ecosistema.

El último mito: «soy independiente porque jamás en la vida ni en cualquier plano de la existencia voy a permitir ser absorbido por las multinacionales, porque eso me limita y me hace pasar al lado ‘oscuro». Muchos puristas podrían decir que jamás en la vida virarán hacia el otro lado, porque estamos en esa delgada línea de los malos y los buenos.

Tiene sentido porque lamento decirte que son pocos los experimentos que se pueden hablar de independencia cuando son comprados por un gran grupo. Esa es una línea que no hay que cruzar. Ahora, lo de malo o bueno, yo me permito ponerle un montón de comillas. Es más compleja la realidad que una idea binaria. Por otra parte, ¿qué sucede si te compran? Lo interesante es que, si no hay tentación real de compra, lo de la independencia se convierte en una declaración muy tribunera, como para hacer un exabrupto. Para que esta sentencia, ya que estamos en este juego de mito o verdad, tenga sentido y vos te puedas inflar el pecho, golpeártelo y decir que llegaste a lo más alto de independencia, alguien debe desear comprarte. Si nadie te quiere comprar es muy fácil decir que no estás a la venta.

Hace un momento hablábamos del catálogo y cómo es que se manejan los contenidos dentro de las llamadas editoriales independientes. ¿En esta zona se sigue una línea rígida o se puede optar por seguir alguna tendencia o algún patrón imperante en el mercado?

Mientras el libro no desentone con el catálogo, la editora o el editor tiene toda la libertad de hacer lo que venga en gana. Si el libro que creaste, publicaste y tradujiste, si esa publicación pone en juego la sociedad como editor o editora, si se nota que pertenece al catálogo o dialoga con otros libros, no hay ningún problema. Puede abordar la temática que uno quiera. Hay ejemplos de editoriales donde el mismo editor o editora te dice: «Ningún lector o lectora puede leer todos los libros de mi editorial. Soy tan ecléctico para elegir que no hay problema». Sin ir muy lejos, el caso de Adelphi. Pero sí hay un tratamiento dentro de los temas que era muy Adelphi. Y así puedo pensar también en otras editoriales como Sigilo en Argentina; el tratamiento es muy Sigilo y, sin embargo, han sabido publicar libros de muy distinta índole. Lo que tiene haber por sobre todas las cosas es coherencia en el catálogo, que no se tuerza la apariencia del catálogo por un negocio o por los resultados económicos en última instancia, sino que uno tenga la capacidad de, quizás si hay un tema de moda y te interesa, abordarlo desde un lugar en el cual sigues siendo fiel a tu catálogo.

¿Independencia, zona de independencia es sinónimo de un trabajo editorial genuino?

Para mí, sí. También es cierto que todas las editoras y editores cuando empezamos editábamos cien veces peor de lo que hacemos ahora con más trayectoria. Tienes que ser muy genio para arrancar editando desde cero espectacularmente bien. Para mí, independencia es sinónimo de calidad. Por otro lado, yo miro lo que hicimos los primeros años de Godot y muchas cosas me parecen imperdonables. En eso debemos tener cierto nivel de autocrítica sobre lo que hacemos, pues, de lo contrario, no podremos mejorar ni avanzar. Dicho esto, creo que sí hay una voluntad de excelencia en la edición independiente. Tiene que ser rentable o al menos aspirar a ello, para que puedas vivir de y con la editorial. Pero en ese medio uno apunta hacia la excelencia. Tratas de que las cosas salgan lo mejor posible. Por eso te remarcaba algunas cuestiones como si el rendimiento en última instancia es solo lo económico, y te ves tentado de recortar un corrector o una correctora y dices: «Bueno, vemos cómo lo corregimos». Quizás ahí es donde está el peor error para recortar, porque si arrancaste una editorial independiente o una editorial pequeña para publicar lo mismo que ya está publicando una multinacional, eso es muy mal negocio. La multinacional tiene mucha más capacidad de logística, de prensa, de marketing y difusión para hacer lo mismo, por tanto, no tiene sentido. Si vas a hacer algo distinto, probablemente apuntes a un lector más refinado. Con más refinamiento no digo necesariamente la última literatura eslovena o un nicho muy particular que puede sonar grandilocuente. Quizás quieres hacer libros de empresas, pero con un toque distinto. A lo que me refiero con esto, es que se supone que debes ser obsesivo en este tema y querer crear algo que no exista en el mundo, aunque eso se puede discutir. Por lo menos tienes que estar convencido de que eso funcionará y que tu catálogo será único.