Tributo definitivo: Borges, la novela y Miguel Gutiérrez

El escritor piurano Lenin Heredia Mimbela analiza el ensayo Borges: Novelista virtual, planteando diversas hipótesis sobre lo que el ensayista Miguel Gutiérrez escribió acerca de Jorge Luis Borges. Aquí les dejamos la transcripción de la presentación que realizó sobre el libro.

Por Lenin Heredia Mimbela

Me gustaría empezar comentando algo que me parece interesante, respecto a la vigencia de Miguel Gutiérrez. El año pasado se reeditó algo que se denominó la edición definitiva de La violencia del tiempo. Más allá del título, es bastante valioso que se haya reeditado esta gran novela que efectivamente, como lo mencionó Marcela Robles, es una edición hermosa de más de mil páginas que se une ya a las otras ediciones de dos o tres tomos que tenía esta novela.

En este contexto particular, valida también la vigencia de Miguel Gutiérrez la reedición de La destrucción del reino, una de sus novelas de 1993. Por tanto, me parece especialmente elogiable que una editorial independiente haya optado por la misión de reeditar sus ensayos. Pues nos muestra a otro Miguel, pues lo conocemos bien por sus novelas, pero pienso que también estuvo muy interesado en que conociéramos también dicha faceta: la de ensayista.

Recuerdo que leí con muchísimo gusto su ensayo La invención novelesca, que es más o menos una fundición de varios otros ensayos publicados previamente. En dicho libro hay un epígrafe que me parece muy interesante: «pasión por las ideas, amor por las palabras». Eso es en realidad el ensayo.

De derecha a izquieda: Leni Heredia, Mendis Inocente y Marcela Robles

Y cuando uno lee Borges: novelista virtual, lo primero que surgen son varias preguntas y expectativas. Cuando descubrí que Miguel Gutiérrez tenía un ensayo sobre Borges pensé, ¡vaya!, escribir un ensayo sobre Borges. Y es que Borges es un objeto de estudio difícil, acaso un objeto de difícil análisis; o es que escribir sobre Borges es sumamente complejo, porque no solamente era un escritor oceánico, titánico y amplio. ¿Quién se atreve, o quién se atreviera, o quién podría atreverse a escribir sobre Borges sin defraudar? Sin duda alguna, como bien nos hace notar este libro, esa persona es Miguel Gutiérrez, hombre culto y de muchas lecturas.

Eso es lo primero que me gustaría rescatar: este ensayo de Miguel Gutiérrez plantea varias cuestiones al mismo tiempo. Por un lado, es una especie de ruta de lectura de Borges, que es lo más básico. Y nos ayuda, creo yo, a mirarlo desde otra perspectiva. Estas cuestiones que nosotros no habíamos visto, o que habíamos leído en los cuentos de Borges, pero no habíamos terminado de entender en ciertos aspectos. Lo segundo es que Gutiérrez nos acompaña o nos pide que lo acompañemos en su análisis, es decir en su lectura de Borges. Sin embargo, esto no es tarea fácil, pues nos deja la valla muy alta, ya que, si bien menciona algunos textos conocidos en su estudio, también hace referencia a otros textos que podrían sentirse lejanos. De algún modo, el lector objetivo son personas apasionadas por la lectura y la literatura, pero para un mayor disfrute, el lector ideal sería alguien que no solo ha leído a Borges, sino todos esos otros textos a los que hace mención Gutiérrez cuando discute, por ejemplo, la influencia de Borges en la novela latinoamericana.

La segunda cuestión va por el título del ensayo. Han transcurrido casi 25 años desde la publicación de Borges: Novelista virtual, y en la actualidad tenemos otra idea de lo que es o lo que podría ser lo «virtual». No me sorprendería que algún joven piense que ser un «novelista virtual» tenga relación con el internet o el ciberespacio. Obviamente el tema no va por ahí, pero de cualquier forma es interesante percibir las distintas concepciones en torno a ello.

Ahora bien, es muy seductora la hipótesis que plantea Miguel Gutiérrez respecto a que Borges solo escribió cuentos y no novelas; y ¿por qué no escribió novelas? Esa es la pregunta central del libro. En el primer capítulo se plantea lo que el autor denomina como una «herejía borgeana», para hacernos notar cómo es que Borges rechazaba la idea de la novela o, por lo menos, la imagen que Borges había construido todo el tiempo de sí mismo. Y es que los escritores hacen eso también: crean una imagen pública de sí mismos y con sus declaraciones —ya Marcela nos ha hecho notar el talante de las declaraciones de Borges— había planteado una especie de rechazo hacia la novela. Una de las primeras ideas que discute Miguel Gutiérrez en este ensayo es que quizá ese rechazo que Borges decía sentir por la novela no era tal. Por tanto, intenta hacer un rastreo de por qué no era tal y nos dice «en primer lugar, Borges ha influido por supuesto por el lenguaje que utiliza, que les enseñó a los escritores la precisión en la palabra». Cabe mencionar que Gutiérrez lo dice respecto de sí mismo, a la par de otros escritores latinoamericanos.

Por otro lado, el ensayo plantea que Borges fue una especie de precursor —vamos a llamarlo de ese modo— o que preparó el terreno para lo que luego vendría a ser y la nueva novela latinoamericana. Hay que ser muy avezado para señalar tal cosa. Pero Miguel Gutiérrez empieza a trazar las referencias entre una y otra cuestión; por ejemplo, desde el punto de vista técnico él abre el camino y lo otros lo siguen, pero también desde el punto de vista temático, desde el punto de vista de mirar la realidad peruana desde otra óptica. Eso que detestaba Borges, dice Miguel Gutiérrez. Quizá Borges lo que en realidad detestaba era eso que se podía llamar un realismo limitante, por decirlo de alguna forma, pues él creía que la realidad era mucho más compleja.

Sobre la interrogante de por qué Borges no escribió una novela, Gutiérrez nos plantea varias hipótesis. Tal vez no lo hizo por cuestiones teóricas, tal vez no lo hizo por cuestiones estéticas, tal vez no lo hizo por cuestiones sociales, porque creía que la novela era una cuestión más burguesa y Borges no se asumía así mismo como tal. O tal vez no lo hizo por cuestiones ideológicas, por ejemplo, pero resulta tan persuasivo el ensayo, que primero Miguel Gutiérrez nos esboza estas hipótesis. Y a continuación en el siguiente capítulo, que se llama justamente «Borges: novelista virtual», no lo dice de forma explícita, pero apunta muy bien a la tesis que está defendiendo en este ensayo. Es decir que Borges no necesitaba escribir una novela porque sus cuentos en sí mismos son síntesis de varias novelas en distintos niveles. Sería válido pensar entonces, y Gutiérrez lo traza también de ese modo, para qué necesitamos escribir tal o cual novela si la podemos resumir de la forma en que Borges lo hacía en un cuento. Creo que es la hipótesis central de este texto.

Para lograr su cometido analiza varios otros textos, por ejemplo, «Pierre Menard, autor del Quijote», «Examen de (la obra de) Herbert Quain», entre otros. A propósito de ello, una de las cuestiones que me interesó mucho de este libro fue esta idea de que aún cuando Miguel Gutiérrez escribió este libro a inicios de este siglo, tenía mapeados a varios autores que, según dijo, no por imitación, sino por creación habían tomado la posta de Borges o de alguna forma habían sentido una influencia creativa a partir de su obra. Este es el caso de Italo Calvino, de Umberto Eco y, por supuesto, el de Cortázar. Por ello, el ensayista señala que en determinado momento Borges deja de ser una especie de gran secreto entre los lectores y se hace mucho más conocido.

Una última cuestión rescatable del ensayo es lo planteado en el último capítulo, donde Gutiérrez cuenta básicamente su experiencia respecto a Borges y los escritores peruanos que pueden o podrían haber recibido una influencia borgeana. En este punto me parece decisivo hablar sobre la técnica de Gutiérrez como ensayista. El escritor utiliza una estrategia bastante adecuada, porque inicia mencionando cuestiones analíticas que pueden ser un poco lejanas para el lector, pero concluye su ensayo con temas más personales, por ejemplo, ese vaivén que sintió Gutiérrez por la obra de Borges y por el autor; esa especie de descubrimiento y entusiasmo inicial con la lectura pausada que hacía Luis Jaime Cisneros de los cuentos «El Aleph» y «Hombre de la esquina rosada». Por otra parte, están también las tensiones que solemos tener con algunos escritores, quizás con los que más nos gustan, que versan en el acercamiento y el alejamiento. Luego, con la madurez, uno vuelve a ellos.

Como bien sabemos, estamos ante una interesante colección de ensayos. Ya tenemos el de Kafka, está también el ensayo sobre Ribeyro y en este último sobre Borges, en las páginas finales del texto, Gutiérrez señala que lo que él está realizando es una relectura de estos autores y señala que «hay algunos autores que sostienen una relectura, es decir, que quedan de pie después de una relectura y otros que no tanto». Si bien no menciona a estos que «no tanto», es categórico en señalar que Borges si lo resiste y que eso es lo que más le apasiona. Considero que esta fue la razón para que le dedicara un ensayo de este tipo.

Finalmente, si bien Gutiérrez no menciona esta cuestión en el ensayo, pero me parece importante decirlo, es que siento que el autor hizo una especie de homenaje a Borges, no sé si de forma directa o indirecta. Lo simpático del ensayo es que el autor puede presentarse haciendo acto en primera persona, mostrarnos sus dudas y la forma en cómo relaciona sus ideas. Hay una parte en la que Gutiérrez parece decir «¡bingo!» o «¡eureka!», pues halló una idea que le pareció genial y que luego retoma. Ya explicaré cómo.

Para ello, me permito tomar esta pequeña cita de la página 107, a propósito del cuento y la novela de Italo Calvino Si una noche de invierno un viajero: «Cuántos novelistas habrán acariciado el sueño de ser Herbert Quain, de ser Borges». Y luego entre signos de admiración dice: «¡Escribir una novela incesante, infinita, tener los atributos de todos los novelistas para poder realizarlo, que extraordinario reto, tal vez varios lo pensaron, pero tal vez retrocedieron ante lo que juzgaban una fantasía irrealizable!».

En efecto, Miguel Gutiérrez no lo dice, pero percibo que él se sintió retado por la figura de Borges. Si evaluamos la obra de Gutiérrez y pensamos, por ejemplo, en la novela publicada en 1969 El viejo saurio se retira o en esta especie de western Hombres de caminos, o en La violencia del tiempo, novela que incluye varias novelas, en ellas hay varios escritores distintos que son Miguel Gutiérrez. Es decir, él mismo asume el reto de Borges de escribir distintas novelas.

Y en su última etapa, que llega justo con el nuevo siglo, Gutiérrez sintió que debía asumir a plenitud su vocación como escritor, narrador y novelista, por lo que hizo todo lo posible por explorar todos los géneros posibles; por ejemplo, tenemos Una pasión latina, novela de corte policial sobre un asesinato; luego está Kymper, novela más bien de tintes políticos. Me permito decir que he leído toda la obra de Miguel Gutiérrez con enorme placer y lo considero un escritor definitivamente admirable.

Queda claro entonces que en Borges: novelista virtual, Gutiérrez lee a Borges, deduce a Borges, nos envía una tesis sobre Borges, la demuestra y nos traza el camino, pero a un nivel personal e íntimo en el que asume el reto y lo cumple, o procura cumplirlo dentro de todas sus expectativas. Sabemos que Miguel Gutiérrez hasta el final estuvo dedicado a la novela y me parece que sin duda este ensayo es un homenaje a Jorge Luis Borges, más Gutiérrez en su propia obra rindió un tributo que es muchísimo mayor.

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