César Osorio: «La principal labor de un corrector es auxiliar al texto»

En la siguiente entrevista, ingresaremos a la trastienda de César Augusto Osorio, corrector egresado de las aulas del Centro de Desarrollo Editorial, quien comenta acerca de su vocación como lector, escritor y corrector, oficio sobre el cual ofrece algunas reflexiones.

Háblanos un poco acerca de tus lecturas y cómo surge tu vínculo con las letras

    Diría que todo empezó en la secundaria. Por fortuna, tuve a profesores que encendieron mi curiosidad sobre las incontables historias que pueden ofrecer los libros. A partir de los doce años fui muy receptivo con los conocimientos que impartían mis docentes de Literatura, Lenguaje y Razonamiento Verbal. Al contrario de lo que mis padres esperaban, terminé escogiendo las letras como mi forma de vincularme con la vida. Por otro lado, mi interés por la literatura no se limitaba al placer de las buenas historias, sino que necesitaba entender los procesos con que opera la ficción de los libros que tanto me gustaban. Fue esa inquietud intelectual la que me impulsó a leer más, a escribir mis primeros cuentos, también a estudiar Literatura.

    Sobre mis lecturas, fueron Julio Ramón Ribeyro y Gabriel García Márquez mis primeros grandes referentes cuando era adolescente. Sobre todo el primero, al que conocí gracias a una antología escolar de sus cuentos; él es el culpable de que la mayoría de mis escritos hayan sido relatos breves. De García Márquez adoré el estilo, el ritmo, el color de su narrativa desde mi primer acercamiento a su obra, mediante Relato de un náufrago. Con el paso del tiempo, descubrí a más escritores fantásticos como Natsume Soseki, Samuel Beckett, Camilo José Cela, Dostoievski, Hemingway, Borges, Mann, Kafka, Yourcenar.

    Respecto a la labor del corrector, ¿cuál crees que es su tarea principal?

    La principal labor de un corrector es auxiliar al texto. Con esto me refiero a que el corrector debe estar dispuesto a ayudar a un texto para liberarlo de posibles errores ortográficos, ortotipográficos, gramaticales, sintácticos, de formato. Ojo que hablo de ayudar a eliminar fallos, que a un corrector no le consta meterse con su material de trabajo como si fuera el autor (a menos que el cliente diga lo contrario, por supuesto). La pertinencia para intervenir siempre dependerá de factores como la tipología textual, los criterios normativos de la institución donde se trabaja, en ocasiones incluso de las exigencias específicas del cliente. En mi opinión, un corrector debería adaptarse a todos esos requerimientos de su contexto profesional para suprimir los diferentes errores o erratas en los textos donde opera.

    ¿Cuál consideras es la principal destreza de un corrector?

    Pienso que su principal destreza es la capacidad de adaptarse a cada situación. El lenguaje escrito admite un sinnúmero de posibilidades, las mismas que deslizan una infinita variedad de errores. Por más conocimientos teóricos que un corrector pueda albergar, es más importante saber responder a las circunstancias variopintas al corregir. Más de una vez hay casuísticas rebuscadas, soluciones inciertas o alternativas múltiples para resolver un error. Entonces, tener la cabeza para decidir bien en la corrección de textos es una virtud que se construye con la experiencia. Dicha virtud, por cierto, importa también porque sirve para sustentar la corrección con los demás colegas de profesión, con el cliente, con el equipo de trabajo.

    ¿Cómo surgió tu interés por incursionar en el tema de la corrección?

    Mi interés se despertó en el último año de mi carrera. Buscaba formas de diversificar mi perfil profesional, en especial para ampliar mis horizontes laborales. Me atraía bastante la idea de trabajar en el sector editorial, y la corrección de textos apareció como una vía espléndida para ingresar a dicho sector, aunque requería respaldar esa chance con una formación más dedicada en la materia. Pues no solo veía la conveniencia de una latente opción de trabajo, sino que me llamaba un genuino interés por perfeccionar mi capacidad de corregir escritos, así como de lograr una mejor escritura.

    Coméntanos un poco acerca de tu experiencia en el Curso Integral de Corrección de Estilo.

    Hallé información cuando estaba a pocos meses de egresar de la universidad. Me pareció un programa bastante conveniente para mis objetivos a corto y mediano plazo (nuevas oportunidades de empleo y extensión de mi perfil profesional), por lo que me inscribí con antelación. Debido a que las clases fueron virtuales y se impartían los fines de semana, disponía de una gran comodidad para ajustar mis horarios sin que hubiera cruces problemáticos. Logré trabajar y estudiar a la vez (lo cual no es nada fácil), haciendo posible seguir aprendiendo mientras iniciaba mi trayectoria laboral. En cuanto al curso en sí mismo, guardo un sincero respeto y una inmensa gratitud a los profesores con los que llevé clases a lo largo de los seis módulos del programa. Su conocimiento, experiencia y amabilidad me ayudaron muchísimo a encontrar mis limitaciones, subsanar varios fallos que cometía al corregir y a ser más consciente de lo complejo que es la labor de escribir bien. Aunque no se queda solo en esos aspectos, sino que, gracias a los maravillosos docentes del CICE, aprendí la fundamental lección de que la corrección de textos es una labor humana. Con esto me refiero a que no basta con saber arreglar fallos en los textos. Un buen corrector también maneja una comunicación transparente con los demás agentes alrededor de su oficio. Entiende las implicaciones éticas de sus decisiones con los escritos, así como su lugar dentro de la cadena editorial.

    ¿Cuál crees que es la principal fortaleza del CICE?

    En mi opinión, su principal fuerte es que brinda accesibilidad para la adecuada formación de correctores profesionales. Su oferta académica está bajo la dirección pedagógica de docentes altamente cualificados; por ello, la malla curricular se ha confeccionado atendiendo a una evolución progresiva de los saberes normativos, lingüísticos y prácticos de los alumnos. Además, las clases gozan de modalidades flexibles (la virtualidad es un punto a resaltar), y se mantienen actualizadas de acuerdo a las necesidades del mercado laboral. Por lo que el CICE abre las puertas a los profesionales interesados para que adquieran sólidas destrezas con que operar de mejor modo con los textos.

    Si tuvieses que dejar un consejo para quienes quieran sumarse a la labor de corrección, ¿cuál sería?

    les aconsejaría que piensen su futura especialidad como una especie de mediación entre el texto y el autor. Muchas veces los autores cometen fallos de todo tipo al escribir, lo cual no necesariamente signifique que ellos escriban “mal”. Nunca falta un descuido o un desliz producto de la costumbre, incluso en los escritos de autores con grandes dotes de redacción. Por lo que hay que conservar la modestia y no pretender que vamos a reconstruir siempre todo de pies a cabeza. En cambio, estamos ayudando a los autores, desde nuestro oficio, a que sus obras alcancen una mayor pulcritud. Tal vez ese detalle resulta inspirador: estar detrás de muchos textos maravillosos, sabiendo que de cierta forma les hemos marcado nuestro sello de calidad. O les hemos dado de alta, como quiera que se le mire.

    Reyna Domínguez: «Incluso en tiempos de IA se requiere que haya alguien que guíe el proceso editorial en todos los ámbitos»

    Editora formada en las aulas del Centro de Desarrollo Editorial, Reyna Domínguez, desde México, comenta en la siguiente entrevista acerca de la figura del editor en el trabajo con publicaciones, la formación que debe recibir, así como su experiencia en uno de los cursos más solicitados de nuestra institución.

    En tiempos de inteligencia artificial y avances tecnológicos diarios, ¿cuál es el papel que juega la figura del editor?

    Es de gran importancia, porque incluso en tiempos de IA se requiere que haya alguien que guíe el proceso editorial en todos los ámbitos, sea impreso o digital.  El editor tiene una gran responsabilidad no solo al dirigir a los equipos de trabajo, pues él mismo realiza diversas funciones. Además, se cree que el editor es aquel que únicamente ve las cuestiones relacionadas con los libros; sin embargo, el asunto va más allá, porque justo en estos tiempos, en los que lo digital —como las plataformas y redes sociales— ha cobrado gran relevancia, el trabajo del editor sigue siendo necesario.

    ¿Es imprescindible que un editor opte por formarse profesionalmente? Partimos del punto en que muchas veces este trabajo inicia de forma empírica.

    Por supuesto, ya que los cursos, especialidades o maestrías darán mayor valor a su trabajo. Me parece que hay que celebrar las acciones que se han realizado en diversas universidades y centros de estudio de muchos  países, México incluido, para profesionalizar la labor editorial. Como bien dicen, muchas veces el editor se forma de manera empírica y, aunque no está mal, la profesionalización permite mayor calidad, estandarización y mejores procesos.

    ¿En qué momento decidiste formarte como editora?

    En el momento en que la gente creyó que hacer una revista es copiar y pegar, incluso para el consumo interno en una organización como en la que trabajo. Además, formarme como editora me permitió estandarizar procesos y eso fue de gran ayuda.

    Cuéntanos un poco acerca de tu experiencia en el Curso Integral de Edición de Publicaciones

    La verdad fue una experiencia muy buena. Aprendí muchas cosas que no veía en mi trabajo, porque lo que editamos no se vende. Sin embargo, me será de gran ayuda para mis proyectos independientes.

    ¿Cómo aplicaste lo aprendido en tu quehacer profesional?

    Es muy interesante porque conocí muchísimo acerca de la planeación, lo cual estoy aplicando, pues me permite aprovechar mejor los tiempos. También el curso me ayudó a comprender mejor a todas las partes involucradas en los procesos editoriales.

    ¿Recomendarías el curso a quienes deseen formarse como editores?

    Sin dudarlo, ya que abarca los procesos editoriales de manera integral y hace un repaso del universo editorial, lo que nos permite tener una panorama completa. Además, porque si no eres de Perú te permite aprender un poco de lo que sucede ahí en  materia editorial y eso también amplia la mirada.

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    Marcela Robles: «Creo que Armando fue uno de esos hombres ‘one of a kind’. No era solo lo que hacía, sino su forma de hacerlo, su manera de estar en el mundo, de ser siempre íntegro, polémico, revoltoso, atrevido y apasionado».

    El 7 de febrero se cumplen 100 años del nacimiento de Armando Robles Godoy. Fue el primer cineasta peruano en haber alcanzado reconocimiento internacional, y logrado elevar la calidad artística y técnica. Con motivo de esta conmemoración, entrevistamos a la poeta y periodista Marcela Robles, hija del director.

    Entrevista de Gabriela Pretel

    Armando Robles Godoy fue el precursor del cine de autor en el Perú. Su propuesta destacó por ofrecer un lenguaje artístico y de vanguardia, plagado principalmente por los simbolismos y metáforas. Sin haber tenido una sólida tradición cinematográfica peruana previa, logró renovar el lenguaje del cine en el país. Las cintas En la selva no hay estrellas, La muralla verde y Espejismo fueron los primeros filmes peruanos en obtener premios internacionales. Debido a su naturaleza polifacética, Robles Godoy también incursionó en la literatura. Entre sus obras, destacan la novela Veinte casas en el cielo y la colección de cuentos La muralla verde y otras historias. En 2020, el crítico de cine Emilio Bustamante publicó el libro La batalla por el buen cine, en el que hace una selección de artículos del cineasta, en los que se resalta su concepción del cine como arte.

    Para conmemorar el centenario del nacimiento de Armando Robles Godoy, conversamos con su hija, la poeta y periodista Marcela Robles.

    Armando Robles Godoy fue una persona polifacética: cineasta y narrador. ¿Qué consideras que es lo más grande que Armando ha dejado como parte de su obra?

    Bueno, esto puede sonar algo extraño porque podría elegir una de sus películas. Quizás, La muralla verde, que ha sido considerada la mejor película peruana de todos los tiempos; o algunos de sus cuentos, que son maravillosos. Pero además de su obra, creo que Armando fue uno de esos hombres one of a kind. No era solo lo que hacía; sino su forma de hacerlo, su manera de estar en el mundo, de ser siempre íntegro, polémico, revoltoso, atrevido y apasionado. ¡Ha pasado tanto tiempo y la gente lo sigue recordando! Amaba todo lo que hacía, y lo dejaba todo de sí en las batallas que emprendía. Igual que la batalla por el buen cine, parafraseando el título del magnífico libro de Emilio Bustamante, que sabe más de mi padre que yo misma.     

    Las películas de Armando traspasaron las fronteras. ¿Cuál crees que es el mayor legado que dejó para el cine peruano?

    Además de sus filmes —que hoy hablan por sí mismos y que las nuevas generaciones de cineastas y cinéfilos siguen viendo con interés—, creo que su mayor legado fue la enorme enseñanza que dejó tras de sí, y que sigue viva y vigente. Por algo le decían —y le siguen diciendo— maestro. Muchos realizadores de hoy fueron sus alumnos y manifiestan estar muy agradecidos. Su amor y pasión por el cine era tal que dedicó gran parte de su vida a compartirlo, difundirlo, y tratar de desentrañar y transmitir los misterios que encerraba ese lenguaje.     

    Tú eres escritora. ¿Sientes que ha habido una influencia de Armando en tu obra?

    Curiosamente (porque sería lógico), no. Mi padre era un gran narrador, y yo soy poeta y periodista (él también lo fue). Definitivamente, tenemos lenguajes muy distintos. Pero yo disfrutaba muchísimo de su obra literaria y cinematográfica; y él, de mis poemarios y artículos. Creo que se trataba de una admiración mutua; aunque a veces también muy crítica, por cierto. Quiero decir que el cariño no empañaba nuestra visión profesional o creativa. 

    ¿Nos podrías contar un grato recuerdo de Armando en su faceta como padre?

    ¡Son tantísimos! Muy difícil elegir solo uno. Pero hay una dedicatoria que atesoro. Cuando me entregó un ejemplar de uno de sus libros, había escrito: «A Marcela, con amor, imposible que ella ha hecho posible».

    Felipe Ponce: «Los libros viajan por medio de una serie de asociados utilizando las bondades tecnológicas. Todos estos aspectos modernos se han ido sumando al trabajo editorial; contrastando con los comienzos, no existía nada de esto».

    *Foto de portada: Elizabeth Alvarado

    Felipe Ponce estudió Letras en la Universidad de Guadalajara. Es fundador y codirector de Ediciones Arlequín y Página Seis. También, es docente de los cursos de corrección y diseño editorial en el Departamento de Letras de la Universidad de Guadalajara y en la Escuela de Edición de Lima. Desde 2020, colabora en el área editorial del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco.  

    Entrevista de: Gabriela Pretel

    Ediciones Arlequín tiene alrededor de treinta años en el mercado. ¿Cuáles consideras que son los cambios más relevantes que la editorial ha tenido en este tiempo?

    Son muchos realmente. Estamos viviendo cambios muy agradables. Actualmente, la editorial tiene las posibilidades de vender los libros a impresión bajo demanda en distintos países, teniendo como intermediarios a varias librerías y Mercado Libre. Es maravilloso. No tengo que enviar un contenedor de libros hacia Sudamérica o España. Los libros viajan por medio de una serie de asociados utilizando las bondades tecnológicas. Todos estos aspectos modernos se han ido sumando al trabajo editorial; contrastando con los comienzos, no existía nada de esto.

    En los años noventa, el objetivo era consolidar Ediciones Arlequín, pasar de los cuatro o cinco ejemplares, tras los cuales muchas editoriales renunciaban. Distribuíamos con nuestros amigos. Yo era estudiantes en ese momento. Mochila al hombro, iba a las librerías y entregaba ejemplares para su venta. Ahora, se ha transformado. Estoy muy feliz de estar explorando estos nuevos terrenos vinculados a la tecnología.

    Guadalajara cuenta con la segunda feria más grande del mundo. En esta ciudad específicamente, ¿cómo ha afectado al desarrollo de la industria editorial tapatía?

    En cuanto a una retrospectiva y una crítica, la influencia ha sido parcial en el ramo profesional. Sin embargo, sí ha incidido en las nuevas generaciones de lectores. La ciudad tiene una pujanza enorme y la Feria Internacional del Libro concita muchas personas. Asimismo, la venta en la feria supone una de las mejores ventas del año no solo para nuestra editorial, sino también para otras editoriales. Eso lo logra la ciudad.

    Por otro lado, aunque hay una efervescencia y Guadalajara se ha convertido finalmente en un polo editorial, esta situación es reciente. Se ha tardado mucho. Las condiciones en el mercado mexicano no son muy propicias para que los emprendimientos puedan sobresalir. Ha costado mucho esfuerzo para que empresas como la mía y la de otros colegas salgan adelante. Hay un germen propicio, pero muchas cosas en contra. Sobre todo, temas de políticas públicas, economía, desigualdad social, carencias de libreras, entre otros factores que impiden que haya un desarrollo más grande. Por eso, siempre busco alternativas que puedan paliar estos temas.

    Finalmente, la feria es una gran vorágine anual que atrae a muchas cosas. Es una maravilla durante los nueve días que sucede. Pero, de pronto, la ciudad se queda como en una especie de páramo durante el resto del año.     

    ¿Cuáles son los principales obstáculos que tienen que atravesar las editoriales independientes en Guadalajara?  

    En Guadalajara y en el país, primero se debe acercar los libros a los lectores. En México, es apabullante el poder de las transnacionales. En las cadenas de librerías, tienen copado todo el espacio y las mesas de las novedades. Lo que se les da a ellos con mucha facilidad, se presenta a nosotros con muchas dificultades. Si bien, se pueden presentar casos aislados de una editorial que logra distribuir bien por medio de pactos de comercialización, la inmensa mayoría no los tiene. Lo que se evidencia es que no hay una posibilidad de apoyo o políticas públicas propicias. Además, está la desorganización dentro de todos nosotros. Para lo editores pequeños, ha sido muy complejo poder organizarnos. Veo países con propuestas atractivas. Por ejemplo, Chile con La Furia del Libro, una iniciativa con mucha pujanza. También, hay una valoración al trabajo de las editoriales pequeñas independientes. Eso no lo veo para nada en México. 

    Portada del libro de Felipe Ponce publicado por Ediciones Arlequín. Foto: Felipe Ponce

    Acabas de publicar el libro Letra bastarda sobre la industria editorial mexicana entre 2015 y 2019. Respecto a esos años, ¿cuáles consideras que han sido los cambios dentro del mercado del libro?

    En el libro, compilé mis columnas de opinión que aparecieron en un diario local. Hablaba de todo un poco. De lo que iba aconteciendo en el momento. De pronto, cuando la información era un poco más fría, hablaba de cuestiones mías o de mi formación. Me centro en Guadalajara, pero no dejo de ver la actualidad editorial mexicana y latinoamericana de ese periodo.

    Esos años corresponden a un periodo corto de tiempo para que se den cambios significativos. Sin embargo, en ese entonces, estaba muy presente la preocupación por el libro electrónico. Esta se centraba en el precio o las dificultades de los lectores para llegar a estas plataformas. Ahora es un tema superado, porque la pandemia nos hizo dependientes de esta alternativa ante el cierre de las librerías. Estas nuevas modalidades de lectura no son tan ajenas. Es un falso debate el hecho de que se lee mejor en papel. Se puede leer en electrónico maravillosamente. Estas dos formas no están para nada reñidas. En ese sentido, finalmente lo que nos importan son las historias que nos cuentan. Quizás, ese es el cambio que más percibo. Actualmente, es más natural comprar en línea contenidos electrónicos que físicos. 

    ¿Qué se espera al mediano plazo en el desarrollo del mercado editorial en Guadalajara?

    Acá tenemos el Gremio de Editores de Guadalajara. En las reuniones, pensamos en las políticas públicas o los gobiernos que nos dejaron insatisfechos. Cabe resaltar a la Universidad de Guadalajara que sumó e hizo distintas actividades notables; pero, en términos generales, los actores del libro no fuimos invitados. A los editores no nos benefició, salvo alguna coedición que se hizo. No hay un trabajo activo en las bibliotecas, tampoco una política editorial que pueda hacer una sinergia con los editores independientes. Todo está por construirse. Tenemos que trabajar para que se mejoren las legislaciones y pugnar para que haya instituciones que existen en otros sitios, que en nuestro caso no las hay. Por mencionar algunos, no tenemos museo del libro, ni hay una legislación estatal en torno al libro.

    Clemencia Granados: «Espero que mi caso sea el primero de muchos y que, en cinco o diez años, haya muchas sagas distópicas, de ciencia ficción o de literatura romántica juvenil».

    *Foto de portada: Clemencia Granados

    Clemencia Granados es abogada y escritora. Estudió Derecho en la Universidad de Lima y ha trabajado en los campos del derecho minero y ambiental. Este año, publicó su primera novela Pangea, un espía en el Palatino (Cross Books). Se ha presentado en la Feria Internacional del Libro de Lima y en el festival de literatura juvenil Kokoro Book Fest. 

    Entrevista de Gabriela Pretel

    Tú estudiaste Derecho, ¿en qué momento decidiste enfocarte a la creación literaria?

    La carrera de Derecho dura seis años y, luego, hice mi tesis en dos años. El desarrollo de la tesis jurídica y la forma en la que se estructura el proyecto de investigación, toma un año y medio. Esto me hizo pensar en un proceso de estructuras a largo plazo; en vez de ser una tesis jurídica, que sea una novela. Dije: «Si lo hice una vez, lo puedo hacer dos veces». No tenía mucho tiempo, por lo que avanzaba un poco lento. Pero mi motivación fue ver que, si pude hacer una tesis, podía repetir ese mismo proceso con una obra.

    ¿Crees que ambas carreras se complementan? 

    Yo creo que sí están conectadas. Aparte de haber estudiado Derecho, yo siempre leí muchísimo desde muy pequeña. Leía más los libros que me gustaban a nivel personal, que los que me pedían para la universidad. Nunca dejé que la carrera me separara del gusto por la lectura. Siento que, en el aspecto metodológico, el crear un horario de trabajo y la organización, es muy parecido. Cuando resuelves un caso de derecho, tienes que ver cómo lo vas a enfocar antes de redactar un informe. El proceso de creación de una obra es lo mismo. Tienes que crear el mundo, la estructura y los personajes antes de sentarte a escribir. Me entrenó para ir generando costumbres que, al momento de escribir una novela, se me hizo mucho más fácil.    

    Este año publicaste tu primera novela, Pangea, de ciencia ficción. ¿Qué te llevó a explorar este género?  

    Pangea es una novela distópica futurista. También, se le puede catalogar como fantasía; hay personas que le dicen ciencia ficción. Pero como los protagonistas tienen alrededor de veinte años, se le llama literatura juvenil. Como he leído tantas veces en mi vida, sentía mucha curiosidad por ver cómo yo podía escribirla. Mientras más lees, te inspiras. En mi caso, que no he estudiado literatura o escritura creativa, fue explorar cómo otras personas habían estructurado sus novelas respecto al tema. Más que nada he leído novelas históricas, misterios policiales y distopía fantástica; aunque quiero ampliar mi rango de géneros. En un futuro, me gustaría escribir una novela histórica.   

    Estuviste como invitada en la Feria Internacional del Libro de Lima y, recientemente, en el Kokoro Book Fest. ¿Cómo es la conexión con los lectores de novelas juveniles?

    Cuando terminé Pangea, solo la había leído yo y un grupo pequeño de personas. Luego, firmé con Grupo Planeta y la habían revisado los editores. Pero había sido muy reducido. Cuando se publicó, estuve nerviosa. A la Feria Internacional del Libro de Lima va mucha gente, sobre todo la prensa. Es todo muy grande. Ha sido increíble ver la recepción del público que suele leer novelas juveniles o distopías. Son personas que se emocionan mucho. Fue sorprendente ver los mensajes que me enviaban a las redes sociales.

    Pero he notado la diferencia. En la FIL, como recién se había publicado y era mi primer libro, muchos lectores se sentían atraídas por la portada, o vieron la presentación y les interesó. Eran personas que lo iban a leer por primera vez. En cambio, en el Kokoro Book Fest y, ahora, en la Feria Ricardo Palma, los asistentes han leído la novela. Es un enfoque totalmente diferente. Recibo mensajes por Instagram preguntándome cuándo va a salir la segunda parte. Incluso, hay personas que me comentan que mi libro les ha inspirado para comenzar a escribir. Mientras más pasa el tiempo, la experiencia se vuelve más personalizada y es más entretenido estar en contacto con las personas.   

    Pudiste estar en contacto con otras escritoras del rubro. ¿Cómo fue esta experiencia?  

    En la Feria del Libro, me presentó Ximena Renzo, una escritora peruana de literatura juvenil. En el Kokoro Book Fest, conocí a varias autoras, pero son extranjeras; entre ellas estaban Angie Ocampo de Colombia y Lily del Pilar de Chile. La gran mayoría de ellas vienen de boom de Wattpad. Cuando fui al festival, pude notar que muchas de las personas del público las conocen desde que escribían en internet. En esa plataforma, tienen millones de visualizaciones. Es increíble. Al hablar con las lectoras se establece una conexión personal. Comenzaban leyendo a las escritoras desde el celular y, años después, ellas habían firmado con editoriales importantes como Planeta. Lo que me gusta de todo este fenómeno es que son escritoras jóvenes y latinoamericanas. A pesar que yo era nueva, todos fueron muy amables y receptivos. Las personas que les gusta este tipo de novelas tienen mucha energía.    

    ¿Crees que en el Perú se están abriendo las puertas para que haya una literatura juvenil local?

    Yo creo que sí. Espero que mi caso sea el primero de muchos y que, en cinco o diez años, haya muchas sagas distópicas, de ciencia ficción o de literatura romántica juvenil. Pienso que va a haber sorpresas el próximo año. Este boom recién está comenzando y la pandemia ha impulsado el gusto por la lectura.

    Aarón Alva: «Pienso que en el universo ficcional es difícil concebir algo completamente exitoso, sea una ciudad o un personaje».

    *Foto de Portada: Aarón Alva

    Aarón Alva es músico licenciado por la Universidad Nacional de Música. Ha lanzado los álbumes Matices clásicos (2015) y Valiente (2020). De forma paralela a su carrera musical, es editor en el medio digital cultural Cuenta Artes, donde realiza reseñas literarias y entrevistas. En el 2017, publicó su primer conjunto de relatos titulado Cuentos ordinarios. Este año regresa a la escena literaria con el libro de cuentos Un buen taxista es difícil de encontrar (Editorial Colmillo Blanco), que se presentará este 22 de octubre en a las 6:00 p. m. en la Biblioteca Municipal de Barranco.   

    En tus cuentos se menciona la ciudad de Iliana, como lugar de éxito para algunos personajes. ¿Consideras que el concepto de ciudad «exitosa» aún es posible en la literatura?

    Pienso que en el universo ficcional es difícil concebir algo completamente exitoso, sea una ciudad o un personaje. Mucha de la literatura del siglo XX tuvo a la ciudad como escenario central, señalando un campo de oportunidades; pero también los peligros que traía su crecimiento y sobre todo su formato unidireccional, incapaz de tomar en cuenta las condiciones y posibilidades de todos. Por los años cincuenta, Enrique Congrains describió en su obra a Lima como una «bestia con un millón de cabezas», en clara referencia al anonimato y enajenación que engendrar en mucha gente. Lo mismo ocurre con John Dos Passos, Chuck Palahniuk y un largo etcétera. En mi caso, traté de plantear a Iliana como un lugar ideal —ilusorio quizás— del que los personajes hablan y aspiran a llegar, pero que no es del todo claro. Pues, respondiendo tu pregunta, yo mismo no sabría cómo sería una ciudad «exitosa». En todo caso, me animo a cuestionar: ¿Será que la literatura podrá inventar alguna vez una ciudad del todo exitosa? Porque, al menos en la vida real, esta no parece existir aún.      

    De los cuatro cuentos, dos protagonistas son hombres y dos son mujeres. ¿Fue una decisión premeditada?

    Para nada. Incluso hubo textos que descarté, con personajes hombres y mujeres. De acuerdo con las ideas que iba concibiendo en el proceso de escritura, los personajes llegaron solos. Cada cual requería un tipo de narrador distinto (omnisciente o personaje narrador en primera persona), lo cual obligó a una perspectiva y enfoque particulares. En mi libro anterior escribí un cuento muy corto desde una visión femenina; pero esta vez el reto fue mayor, pues los personajes mujeres tienen vidas abismalmente distintas a las mías. Solo quedaba perfilarlos de acuerdo a lo que sus propias emociones y situaciones me iban dictando. Como decía Raymond Carver: «Tú no eres tus personajes, pero tus personajes sí son tú». Espero que mis personajes sepan mejor que yo de lo que pueden hablar y hacer. Llega un punto de la escritura en que ya no puedes responsabilizarte por ellos.      

    Quitando a Iliana como ciudad prometida, tu literatura se acerca al realismo. ¿Crees que todavía es factible abordar este género?

    Entendiendo el realismo como base de lo subjetivo, puede que sí. Me explico. Si se piensa en la realidad, puede confundirse con lo que muchas veces se toma por objetivo. Hace más de medio siglo, las teorías e investigaciones sociológicas han descartado ese término como un factor fijo e inamovible. Desde un paradigma crítico, lo objetivo no existe y cada cultura crea su realidad, sus costumbres, sus reglas —aunque me desagrade un poco esta última palabra—. El ejemplo más grande de aquella subjetividad es la naturaleza cambiante y nunca estática del lenguaje. Nada es fijo ni lineal. Una parte del realismo como movimiento literario de antaño estaba, en cierto modo, ligado a la objetividad ortodoxa del positivismo, imposible en tiempos modernos. 

    ¿Qué ha cambiado entre el Aarón Alva de Cuentos ordinarios y el de Un buen taxista es difícil de encontrar?

    Muchas cosas. Pero, por suerte, no ha cambiado en nada mi gusto por caminar y pasear en bicicleta. Mientras más lejos, mejor.    

    Stefano Romanini: «Al tratar con un autor, muy a menudo, hay que quitarse la ropa de un redactor-jefe y necesariamente debe usar la de un psicólogo».

    Stefano Romanini es licenciado en Ley por la Università di Roma Tor Vergata (Italia) y cuenta con doce años de experiencia en derecho de autor. Tiene experiencia como docente de escritura de novelas gráficas e historietas y derecho de autor. También es editor-in-chief y administrador para Edizioni NPE (Editorial de Novelas Gráficas de Autores), y consultor editorial para diferentes editoriales internacionales. Como guionista ha publicado algunas adaptaciones al italiano de los cuentos de H. P. Lovecraft en historieta: H. P. Lovecraft: La tomba (2018) y H. P. Lovecraft: La musica di Erich Zann e altri racconti (2019).    

    Trabajando en el género de la novela gráfica, la figura del editor-in-chief es una de las más complejas en el equipo editorial. ¿Con qué figuras tiene que lidiar el editor en su día a día y cuáles son sus principales funciones?

    La figura del redactor-jefe debe conjugar necesariamente varios aspectos de la editorial. Ante todo, es el primer lector real de una propuesta. Incluso, antes de seguir paso a paso las fases de su realización —coordinando el trabajo del autor con el del servicio editorial que luego se encargará de la corrección y creación de la maquetación final—, deberá conciliar su gusto personal con el de la editorial y con la orientación de su catálogo —debiendo elegir también en función de la mayor o menor adaptabilidad del producto con lo que suele publicar su editor—. Esta evaluación no solamente protege un resultado efectivo en términos de ventas para el editor, sino que también permite elegir al propio autor en función de algunas características. Un editor de una editorial que se enfoca mayormente en libros para niños no puede escoger o enfocarse en un ensayo sobre la novela grafica; por muy válido que sea el contenido del volumen. Así como una editorial que se enfoca en historias de terror tendrá dificultades para realzar una propuesta de cómic humorístico.

    ¿Cómo es la relación de un redactor-jefe con los autores de novela grafica y qué criterios debe considerar al momento de trabajar con este tipo de publicaciones?

    Al tratar con un autor, muy a menudo, hay que quitarse la ropa de un redactor-jefe y necesariamente debe usar la de un psicólogo. Muchos autores no tienen una idea clara de la perspectiva «comercial» de su producto; apoyándose en valoraciones personales que no tienen en cuenta la facilidad de venta de su propuesta. Corresponde al redactor-jefe tener el tacto de mantener vivo el entusiasmo del autor, adaptándolo o estandarizándolo a unas necesidades editoriales que mejoren el proyecto y garanticen así una mayor facilidad de venta al editor, pero ante todo al propio autor. Una portada hecha de cierta manera, una tapa dura en lugar de una tapa blanda, un precio bajo, pueden ser armas ganadoras a tener en cuenta que los autores suelen sacrificar en nombre del carácter artístico de su proyecto; proponiendo quizás volúmenes con grandes foliaciones, con formatos bizarros, o con guiones inútilmente complejos y poco fluidos.

    Un redactor-jefe es quizás el primer crítico y el primer «amigo» del autor. ¿Qué tipo de intervenciones requiere un texto de novela gráfica en comparación con otros géneros y qué habilidades se necesitan para ser un editor de textos de este tipo de trabajo?

    El trabajo del editor y del redactor-jefe es recibir la propuesta, evaluarla y finalmente aprobarla. Luego de la aprobación, la propuesta es seguida paso a paso en su realización, hasta la entrega final por parte del autor. En ese momento, el proyecto pasa al servicio editorial que se encargará de la creación gráfica de la maquetación. Esta fase también deberá ser supervisada por el redactor-jefe en todos sus aspectos. Cada una de estas etapas es igualmente desafiante.

    Debido a que la novela gráfica es un género muy particular y quizás más «nicho» que otros, ¿qué tan difícil es poder promover este tipo de género en el mercado y cómo eliges actuar cada vez que tienes que publicar un texto?

    El trabajo en mi editorial (Edizioni NPE, NdR) es muy «instintivo». Elegimos y publicamos los volúmenes que nos gustan —los que, si fuéramos los lectores, nos apresuraríamos a comprar sin dudarlo—. Puede parecer complicado promocionar novelas gráficas, pero cuando crees en la propuesta y en su fuerza comercial, la promoción se vuelve casi automática. Ciertamente, el apoyo del gabinete de prensa y la promoción, a través de las redes sociales hoy día, son básicos para dar a conocer un producto editorial que se considera un producto de nicho como es el cómic y ademas la novela gráfica.

    Chrisel Arquiñigo: «El propósito es poder activar nuevos espacios donde no haya muchas librerías o bibliotecas, y lograr que el púbico se acerque al libro y a las diferentes actividades que realizamos».  

    El primer año de pandemia tuvo una repercusión negativa en el rubro de las librerías. Sin embargo, este panorama no fue impedimento para la creación de espacios que fomenten la lectura y el libre acceso al libro. Entrevistamos a Chrisel Arquiñigo, comunicadora social y gestora cultural, fundadora de Ciudad Librera, un establecimiento que cuenta con servicios de préstamo y venta de libros, salas de lectura, talleres y actividades culturales. Ella nos platicó sobre los inicios de este proyecto, y el compromiso de acercar la cultura y el arte al público. Asimismo, destacó la alianza estratégica con el Fondo de Cultura Económica en la organización de la Feria del Libro «Ciudad con Cultura».

    Entrevista de Gabriela Pretel

    ¿Cómo nació el espacio de Ciudad Librera?

    Yo he participado en varios programas sociales. Uno de ellos fue el programa de lectura «Lima Lee» de la Municipalidad de Lima. Actualmente, soy parte del INABIF donde soy consultora del voluntariado en el que impulso distintas actividades culturales y educativas en beneficio de la población vulnerable.

    Ciudad Librera nació por un proyecto que tenía en mente y que lo pude ejecutar durante la pandemia. Me di cuenta que no podía esperar más tiempo. Primero, logré realizarlo con una sede en el distrito de Magdalena en donde brindamos servicios como la venta y préstamo de libros, y un área reducida para las actividades culturales. El objetivo era no solo ser un espacio donde se vendan libros; sino un ambiente donde las personas puedan compartir, generar comunidad y que sea accesible a distintos públicos.

    Posteriormente, quería hacer más actividades, pero el lugar era muy pequeño. Así, me traslado a Pueblo Libre, un espacio más grande de doscientos metros cuadrados. Además, invito al Fondo de Cultura Económica, que es nuestro aliado. Por eso, tenemos un punto de venta en esta sede. Pude abrir una sala de lectura pequeña, aunque muy importante para aquellas personas que no tienen el poder adquisitivo para comprar un libro. No solo pueden leerlo en la sala, sino que se lo pueden llevar a casa por un plazo máximo de diez días mediante el carné digital.

    En el segundo piso, está la taberna donde las personas, además de leer los libros, consumen piqueos o juegan ajedrez. También, se encuentra la terraza en la que desarrollamos actividades culturales como presentaciones de libro, talleres, tertulias literarias y conciertos. El objetivo es generar comunidad. Por ejemplo, un deportista que no haya tenido acercamiento al libro pueda encontrar alguno sobre deportes. En esta sede hay de todo un poco: desde libros musicales, gastronomía, historia, ente otros.      

    Sala de lectura de la bibliolibrería Ciudad Librera.

    Has mencionado que el Fondo de Cultura Económica es uno de sus aliados. ¿Cómo se llevó a cabo esta asociación?

    Es una alianza que tenemos no solo como punto de venta en la librería, sino que inició en las ferias de libro que realizó de forma descentralizada en diversas zonas de Lima Metropolitana y en provincia. Coincidimos mucho en el objetivo de llevar la cultura del libro a diferentes distritos.

    El propósito es poder activar nuevos espacios donde no haya muchas librerías o bibliotecas, y lograr que el púbico se acerque al libro y a las diferentes actividades que realizamos. Cada feria va acompañada en promedio de cincuenta actividades variadas como los concursos de cosplay, presentaciones de libros, talleres, tocadas y batucadas. El objetivo se está cumpliendo. Hemos estado en distritos como Los Olivos, Santa Anita y Chorrillos donde nunca antes se había realizado actividades relacionadas al libro.

    Punto de venta del Fondo de Cultura Económica ubicado dentro de la sede de Pueblo Libre de Ciudad Librera.

    ¿Qué hace que Ciudad Librera sea diferente a las demás librerías?

    Más que una librería, es una institución que promueve la cultura y el arte. Tiene distintas aristas. Una de ellas es la bibliolibrería, un lugar en el que está disponible el servicio de préstamos de libros que no se puede encontrar en otras librerías. Otorgamos el espacio y la vitrina para que muchos autores y editoriales independientes tengan la oportunidad de que sus libros puedan circular.

    Además, tenemos las actividades que se desarrollan todas las semanas como las proyecciones de películas y talleres; a diferencia de otras librerías que se dedican a la venta como tal. Vamos a impulsar proyectos de responsabilidad social.

    Ciudad Librera es más un espacio cultural. ¿Cómo ha sido la recepción por parte del público?

    Ha sido muy buena. Da satisfacción saber que los vecinos de Pueblo Libre y de los distritos aledaños tienen un establecimiento cultural cerca donde puedan ir a leer un libro o tengan la posibilidad de llevárselo a casa, y beneficiarse con alguna actividad cultural. Ha hecho que poco a poco la gente vaya asistiendo a este espacio. Hay algunos que solo vienen a comprar, pero está el otro público que viene a la sala de lectura, la taberna y disfrutan. Se observa que realmente se está generando comunidad, que es lo que queremos. 

    Hemos tenido mucha acogida con el público. Incluso, nos piden que organicemos más actividades para que puedan venir con toda la familia.

    El área de la taberna ubicada en el segundo piso. El público puede sentarse a leer un libro, además de disfrutar de piqueos o jugar ajedrez.
    La terraza es el lugar donde se llevan a cabo presentaciones de libros, tertulias literarias, talleres y conciertos.

    Ustedes organizan la Feria del Libro «Ciudad Con Cultura» en los diferentes distritos de Lima. ¿Qué los llevó a impulsar este proyecto?

    Como te mencioné al inicio, yo estoy relacionada a los programas sociales. Anteriormente, había organizado ferias de libros. Soy comunicadora social, especializada en comunicación del desarrollo. Me gusta la organización de eventos e involucrarme en programas sociales. Que mejor forma que con mi propia institución se pueda hacer realidad en distintos distritos, contando con el apoyo de los gobiernos locales. Es muy importante su aceptación para que estas ferias se puedan articular y llevar a cabo.

    En estas ferias itinerantes llevamos, de un lugar a otro, diversos libros. Detrás de cada feria, hay participantes que nos vienen acompañando en los distritos y apuestan con nosotros. Están las librerías y editoriales independientes, las pequeñas y medianas distribuidoras. Con el equipo organizamos las actividades. Hasta el momento se han llevado a cabo doce ferias.

    Es importante que se sigan impulsando más ferias en nuestro país. Son espacios para tantas librerías y editoriales. Por un lado, se benefician los feriantes que tienen la posibilidad de ofrecer los libros que tienen; por el otro, los vecinos porque tienen acceso al libro y la lectura al tener una feria gratuita. Queremos seguir con nuevas propuestas. Normalmente nuestras ferias duran de quince o dieciséis días. Tenemos proyectos de generar ferias más cortas en diferentes puntos.  

    Finalmente, ¿cuáles son las proyecciones a futuro para Ciudad Librera?

    Desde la bibliolibrería, queremos impulsar concursos literarios. Pronto los vamos a anunciar en las redes sociales. Me gustaría a mediano plazo abrir otra sede en un distrito donde se pueda realizar este tipo de actividades, pero para poder llevarlo a cabo no se puede tener un espacio reducido. Está en los planes poder expandirnos y acercarnos a nuevos distritos con una sede más cultural y donde se pueda encontrar los servicios que ofrecemos.   

    Con las ferias, deseamos ir a distintas zonas. Llevando no solo la feria de libro, sino ferias que estén relacionadas al tema del arte, educación y cultura que están vinculadas en torno al libro. Para nosotros es importante cambiar ese chip. Seguir con los proyectos de responsabilidad social. Hace unos meses, implementamos en Magdalena los «arbolibros», en los que se colgaban cubos con un código QR. Así, los vecinos podían descargar un libro de forma gratuita. Queremos replicarlo en otros lugares y realizar nuevas actividades en beneficio de la comunidad.

    Gracia Angulo: «Se buscó hacer una nueva política editorial con ejes temáticos definidos y replantear colecciones».

    *Foto de portada: Gracia Angulo

    La Biblioteca Nacional del Perú, en los últimos años, ha manifestado y demostrado la intención de estar más cerca de los amantes del libro y de los promotores de la lectura. Todo este trabajo se hace evidente dentro de una estructura de publicaciones cohesionada que ha sabido adaptarse a los cambios. Conversamos con Gracia Angulo, editora de la BNP.

    Entrevista de Juan Miguel Marthans

    Si consideramos que a solo un mes de proclamada la Independencia del Perú se firmó un decreto para la creación de la Biblioteca Nacional, nos damos cuenta de la importancia que esta institución ha tenido a lo largo de la historia republicana. Pues más allá del hecho de albergar la mayor parte de la producción editorial peruana, hoy es uno de los ejes principales de la actividad cultural, el cual desarrolla una serie de actividades que permite acercarnos más al mundo del libro. Además, la Biblioteca Nacional del Perú ha sido responsable de una larga producción editorial, y hoy el camino que están marcando con sus publicaciones se ve más activo que antaño.

    Para conocer un poco más de cómo se viene aplicando su plan de publicaciones, conversamos con Gracia Angulo, editora de esta institución, para que nos cuente acerca de las decisiones que se vienen tomando y la proyección que se tiene.

    ¿Cómo se ha venido manejando el tema editorial dentro de la Biblioteca Nacional, qué espacios se han generado para definir la «personalidad» de cada título?

    En la Biblioteca Nacional del Perú no hay un fondo editorial, lo que hay es un área de ediciones. Cuando recién entré, hace ya cuatro años, había una política editorial desfazada; era del 2006. No contemplaba libros digitales, tampoco había colecciones. El sello era reflejo del interior de cada director de la biblioteca. Con Hugo Neira y Sinesio López se publicó más ciencias sociales; con María Emma Mannarelli, un poco más de historia; con Ramón Mujica, arte, fotografía e historia colonial.

    Se buscó hacer una nueva política editorial con ejes temáticos definidos y replantear colecciones. Ezio Neyra y yo nos encargamos de la realización. En julio de 2020 la publicamos y establecimos, según las bases de las funciones de la Biblioteca, qué colecciones debíamos tener. Se han mantenido las revistas Libros y Artes y Fénix.

    ¿Y qué colecciones fueron las que se establecieron?

    En primer lugar, está la colección «Lectura, biblioteca y comunidad», que se creó sobre las bases de las reflexiones de las bibliotecas como motores de desarrollo y de la importancia de contar con políticas de lectura y del libro para poder crear una sociedad de lectores. Vimos que en Perú no había muchos ensayos sobre el tema. Necesitábamos hacer una colección que, además, invitara a reconocidos autores extranjeros con experiencia en mediación de lectura y de biblioteca como espacio de experimentación. Ahí publicamos a Daniel Godin, David Landes o Gonzalo Oyarzún. También buscamos que hubiera voces peruanas, por eso invitamos a César Castro, que tiene un centro de lectura en Áncash, y a Alfredo Mires, quien cuenta con una red de bibliotecas comunales en Cajamarca.

    Próximamente, vamos a publicar sobre mediación de lectura en contextos interculturales. El propósito de esta colección es que sea formativa, especialmente para las personas del quehacer bibliotecario, para que reciban el feedback de otras experiencias. Esta colección es gratuita y se reparte a la red de bibliotecas; además, está en formato digital en la página de la Biblioteca Nacional.

    Otra colección se llama «Mira todo lo que sé». Son libros para niños, inspirados en el patrimonio de la biblioteca. La intención es fomentar la lectura desde la primera infancia, y el cariño y cuidado por el patrimonio. En el mercado están los libros álbum, como los de Polifonía, o textos escolares del Plan Lector, pero no hay libros informativos que estén bien estructurados. Esta colección tiene su propia editora que se llama Teresa Marcos.

    Luego, está la colección de arte que se llama «Imagen y memoria» que tiene álbumes del patrimonio fotográfico y artístico de la BNP. La idea es que el público pueda acceder a ese patrimonio a precio módico. Hicimos dos series. La primera es un conjunto de cuadernos similar al formato de Taschen; y la segunda en un formato de postales, que son libros de bolsillos y funcionan como un abrebocas de la colección.

    Por último, tenemos la colección «Cultura impresa» que tiene dos líneas. Una rescata textos que han dejado de circular; y la otra, textos inéditos. Fomentamos la investigación de circulación y producción del libro. Hemos publicado a Evelyn Sotomayor sobre las lecturas de la primera generación de mujeres ilustradas.

    Estas son las cuatro colecciones que tenemos. Además, están las revistasLibros y Artes y Fénix.

    Ha sido como volver a empezar y, dentro del marco de esta política editorial, libro que hacemos, libro que aparece en la plataforma digital.

    ¿Cuál ha sido la respuesta por parte del público dentro de su plataforma digital?

    En la biblioteca digital las visitas, las lecturas y las descargas tienen buenos indicadores. Lo que está faltando es llegar a más librerías. En el esquema de distribución y de ventas, hay una política que nos permite consignar los libros en librerías, pero la Biblioteca como institución del Estado no puede lucrar. El precio debe el precio de costo.

    Todas las colecciones nacieron en pandemia. Todavía editábamos los libros bajo el esquema anterior. También había contratos con entidades para hacer coediciones que estaban por vencer. Había que cumplir. Hoy nos estamos ciñendo a las colecciones y buscamos publicar sostenidamente.

    Por ejemplo, en la colección de «Lectura, biblioteca y comunidad» el primer año publicamos cinco; y el siguiente, seis. Pero se recorta el presupuesto. Y aunque los autores internacionales nos cobran un monto mínimo, se ha tenido que reducir el ritmo.

    Cuando se abre un espacio editorial dentro de una institución tan grande como la Biblioteca Nacional del Perú, es natural que se comience con muchos pendientes para luego mantener un nivel parejo. ¿Cuánto es lo que ustedes están pensando publicar al año?

    El primer año de la pandemia hicimos cuarenta y dos títulos. Para este año tenemos programados treinta y dos. Llegamos a fin de año sin dinero. Por eso, los textos pendientes pasan a impresión para el próximo. La sección infantil tiene su editora, pero yo veo todo lo demás. Es una editora y una diseñadora, no podemos hacer todos los libros. Hemos pensado que no deben pasar los veinte al año.

    El año pasado la BNP cumplió 200 años y publicaron un extraordinario libro de gran formato, Imaginario y memoria. Era necesario una publicación de ese tipo para celebrar el bicentenario.

    Sí, es un libro costoso. Se ha vendido entre los más interesados; solo un público objetivo. Pero no ha logrado ser un bestseller. La finalidad era recoger las tres etapas que mencionan los historiadores. La fundación, la guerra del Pacífico, la reconstrucción de Ricardo Palma; luego, desde Palma hasta el incendio, llega Jorge Basadre, ahí comienza la tercera etapa. Hay una cuarta etapa en la que Juan Mejía logra que le den el terreno actual en San Borja. Esta recoge la experiencia de la pandemia y todo lo que se tuvo que hacer para tratar de seguir siendo accesible. Habla de todos los programas y del paso a la multimodalidad. Es un libro que da una perspectiva de toda la historia de la BNP.

    ¿Qué diferencia encuentras entre la experiencia de trabajar en una editorial comercial con la de ser responsable del área editorial de una entidad como la Biblioteca Nacional, que es el epicentro del libro en el Perú?

    En una editorial comercial hay más libertad, pero uno debe ceñirse al perfil. En el caso de una institución del Estado, hay que seguir lo que te permite el reglamento. Pero lo más rico es que hay acceso a un patrimonio increíble a través de estas ediciones que pueden destacar y ser difundidas. Como material o archivo que se puede usar, es un lujo.

    ¿Qué es lo que menos te agrada del trabajo en el rubro editorial?

    Cuando tengo un autor terco o la soberbia. Cuando estaba en Planeta me tocó lidiar con autores que querían que su texto se mantuviera tal y como estaba; no aceptaban cambios. Después, creo que todo me gusta. No hay algo que no me guste en particular. Aunque, de pronto, la edición científica. Me han llegado trabajos académicos en los que hay que ver las citas y el formato APA. Ese tipo de edición no me gusta, pero sí la hago.

    Mariangela Ugarelli: «La realidad en la que vivimos parece por momentos irreal; el realismo como lo conocemos encuentra severas limitaciones ante esto».

    *Foto de portada: Mariangela Ugarelli

    Mariangela Ugarelli es escritora, académica y artista. Estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú y es candidata a doctorado por la Johns Hopkins University. Sus cuentos han sido publicados en la antología Esta realidad no existe (Estruendomudo), y en compilaciones de editoriales como Aeternum, Grafos & Maquinaciones, Speedwagon Media, Lucerna y El Gato Descalzo. Ha publicado de forma independiente su colección de cuentos Plaqueta 1 y Artilugios (Hipatia Ediciones). Como crítica literaria, ha contribuido con artículos para Latin America Literary Review.

    En el rubro académico, ¿cómo nació tú interés por la literatura fantástica?

    Como lectora, siempre me gustó la literatura no mimética por encima del realismo. En cuanto a lo académico, mi interés por lo fantástico como objeto de estudio se inició en mis últimos años de colegio con la lectura de Edgar Allan Poe. Los primeros ejercicios de crítica literaria que realicé en ese entonces trataban sobre este autor y Gustavo Adolfo Bécquer. Cuando entré a la universidad, quise expandir mi comprensión de la literatura en general, por lo que me dediqué a leer los grandes clásicos universales y trabajar a conciencia los proyectos con los que cada semestre finalizábamos los cursos —de ahí es que nace mi interés por la obra de Guamán Poma de Ayala, por ejemplo—. En otras palabras, abandoné por algunos años la literatura fantástica como objeto de investigación para desarrollarme como crítico literario. Finalmente, y no sin antes pensarlo muchísimo, decidí volver a ello en mi tesis sobre Leopoldo Lugones. Más allá de los “peros” —de los cuales podemos hablar con respecto al propio Lugones— me di cuenta de que podía aplicar lo que había aprendido en la carrera a Cuentos fatales, y crear una hipótesis original al respecto. Como este tipo de literatura es la que siempre me ha gustado leer y escribir, me sentí muy cómoda investigando y desarrollando la tesis; trabajo que ahora continúo en el doctorado.

    ¿La escritura es una faceta que recién estás explorando, o tenías planeado desde antes dedicarte a la creación?

    Mi interés por la creación literaria es anterior a mi interés académico por la literatura. El cuento más antiguo que conservo —como curiosidad, no para publicarlo— lo escribí a los once años; el más antiguo que he publicado lo escribí a los dieciocho: «Tercera Persona» en Plaqueta 1. La especialización en Literatura me interesó a sabiendas de que la carrera no es de creación. Sin embargo, siempre quise estar constantemente rodeada de libros, y que mi trabajo fuese leerlos y estudiarlos. Asimismo, considero que fue invaluable para mi desarrollo como autora y crítico literario el haber leído tantos textos de variada índole, y aprender cómo funciona cada uno en su contexto. La cercanía constante con los textos literarios y con la expectativa de los críticos puede resultar agobiante, y hace que no pocos se alejen permanentemente de la creación. Este no fue mi caso porque esa cercanía era lo que yo estaba buscando.

    De izquierda a derecha: La antología de ciencia ficción Esta realidad no existe (Estruendomudo) y la colección de cuentos Artilugios (Hipatia Ediciones)

    Aparte de escribir, también eres ilustradora. ¿Consideras que ambas artes se complementan?

    No estoy segura de que este sea mi caso. No suelo ilustrar mis textos. Si dibujo personajes de mis cuentos, no es a modo de ilustración —en el sentido de una imagen que ilustra un texto previamente concebido— ya que, cuando esto ocurre, todavía no he terminado el proceso de escritura. Diría que sucede, más bien, porque esa narración es en lo que estoy pensando en ese momento. Por ello, los personajes se cuelan en mi obra plástica. La mayoría de mis dibujos y pinturas no guardan relación con mis propios escritos u otros. La única vez en la que recuerdo haber ilustrado un texto adrede, fue con mis trabajos en torno a la obra de Andréi Biely y su novela Petersburgo. Las imágenes y los colores que utiliza Biely se quedaban en mi cabeza a medida que iba leyéndolo; fui ilustrando algunos pasajes mientras avanzaba.

    Por otro lado, es importante para mí no condicionar —en la medida de lo posible— la imaginación del lector frente a lo que escribo. Prefiero que el lector no tenga paratextos, como lo es una ilustración, que lo puedan predisponer hacia una idea de cómo podría ser lo que se está describiendo. Sino que pueda tener total libertad para imaginar la historia.

    ¿Cómo ves el panorama de la literatura fantástica en el Perú?

    Siempre ha habido autores interesados en la literatura «de género» o «no mimética» en nuestro país. Pero no se les ha dado mucha importancia debido a la preponderancia del realismo; pese a vivir sumergidos en una realidad repleta de historias de fantasmas, leyendas, y mitos de diversos tipos y procedencias. Esto puede obedecer a ciertas claves discursivas asociadas a la idea de nación, y a la utilidad de la literatura en la constitución de la misma. Sin embargo, la era posmoderna —ahora intensificada por la globalización, la pandemia del COVID 19 y el internet— muestra la precariedad de estas consignas decimonónicas. La realidad en la que vivimos parece por momentos irreal; el realismo como lo conocemos encuentra severas limitaciones ante esto. En la actualidad, podemos ver que el realismo no es «real», sino un tipo de modelado literario tan artificial como la literatura «de género». Ahora no solo hay un grupo bastante amplio y variado de escritorxs de todo el país interesadxs en explorar diversos tipos de literatura no mimética, sino que también hay un interés —que va surgiendo de a pocos— por estudiarla. Muchas editoriales pequeñas llevan años, incluso décadas, publicando antologías de género fuera de Lima, pero no han recibido la atención debida. Creo que, ahora más que nunca, la literatura fantástica peruana tiene posibilidades de desarrollarse. Se ha evidenciado que hay un público que desea leerla, y críticos que buscan apoyarla y difundirla.