El polémico prefacio del editor Andreas Osiander

Teólogo protestante, editor alemán y predicador en Nuremberg, la figura de Andreas Osiander (19 de diciembre de 1498 – 17 de octubre de 1552) es recordada por un polémico escrito que causó revuelo en torno a uno de los autores más destacados del campo científico. En la siguiente nota te contamos de qué se trata.

La concepción heliocéntrica del universo planteada por el astrónomo polaco Nicolás Copérnico, la cual se mantenía alejada de los principios aristotélicos del homocentrismo y el geoestaticismo, generó inquietudes en los sectores conservadores y en el círculo científico de aquel entonces. Por ello, Andreas Osiander, versado en la edición de diversos textos matemáticos y conocedor de dicho campo, entabló comunicación con Copérnico a través de cartas, en las cuáles le aconsejó retomar la distinción clásica que separa a la astronomía de la cosmología.

Pese a la negativa de Copérnico, Osiander publicó el libro en 1543, uno de los títulos científicos más importantes de la historia: De Revolutionibus Orbium Coelestium, o en español Sobre la revolución de las esferas celestes. Lo interesante de esta publicación es que el editor, al ver que Copérnico no había tomado en cuenta sus sugerencias, añadió un prefacio no firmado e independiente, en el cual explica que el modelo presentado «no debía ser entendido como una descripción del universo como realmente era, sino como una herramienta matemática para aclarar y simplificar los cálculos que tienen que ver con el movimiento de los planetas».

El comentario de Osiander apareció en las primeras ediciones de la obra de Copérnico, sin embargo, durante mucho tiempo se le atribuyó dicho escrito al autor. Hoy en día se sabe que Copérnico no autorizó la publicación del prefacio; además, ni siquiera sabía que ese texto iba a incluirse en su obra, para evitar posibles críticas y controversias a causa del cuestionamiento al sistema geocéntrico.

Debido a la acción de Osiander, los planteamientos de Copérnico perdieron el matiz revolucionario que pretendían iniciar en la comunidad científica. No fue sino hacia la segunda mitad del siglo XVI que el heliocentrismo copernicano ganó suficientes adeptos para cumplir con su objetivo inicial. Personalidades como Thomas Digges y Giordano Bruno rechazaron el prefacio del editor, cuya identidad fue revelada por el astrónomo alemán Johannes Kepler en 1609.

Alfredo González Prada: el custodio del Apóstol de la muerte

Según el crítico literario Luis Alberto Sánchez, fue un escritor «escritor conciso, refinado y culto», sin que ello le haya hecho justicia a su obra. En esta nota, conoceremos un poco más acerca de la labor Alfredo González Prada, como autor y editor, a quien debemos el cuidado y divulgación de la obra de su padre, Manuel González Prada.

La obra de Alfredo González Prada inició entre los intrincados senderos de la poesía. De hecho, sus inicios se gestaron en el legendario grupo Colónida, liderado por Abraham Valdelomar. Sin embargo, pronto forjó una carrera diplomática que lo llevaría a radicar fuera del Perú durante muchos años. Sin embargo, esto no truncó su vínculo con las letras, pues ejerció como compilador y editor de muchas de las obras de su padre, el llamado Apóstol de la muerte Manuel González Prada.

En paralelo, también tuvo un breve paso por la prensa peruana, como redactor del diario La Prensa. En tanto, mientras fungía como miembro activo de Colónida realizó una contribución a la antología poética Las voces múltiples (1916). En tanto, se dice que abandonó la carrera diplomática debido a que tras el ascenso al poder de Luis Miguel Sánchez Cerro el 8 de diciembre de 1931, Luis Miró Quesada de la Guerra, codirector del diario El Comercio, fue nombrado canciller; por tanto, González Prada decidió no trabajar al lado de quien fue enemigo de su padre durante muchos años.

Tras ello y la muerte de Felipe, su único hijo, en 1933, Alfredo se dedicaría a recorrer Europa, parte de Sudamérica y Estados Unidos, a la vez que se encargaba del manejo de distintos emprendimientos editoriales. Por ejemplo, fue el encargado de publicar Elegías de la cabeza loca (1937), del poeta Alberto Ureta, al igual que Pensamientos, de Fernando Tola. Su proyecto más ambicioso fue la recopilación y edición de nueve volúmenes de la prolífica obra de su padre, las cuales fueron publicadas en una exquisita edición. Dicha tarea no fue fácil, ya que González Prada dejó una vasta obra dispersa en manuscritos muchas veces indescifrables y algunos de ellos perdidos. La titánica labor fue continuada por Luis Alberto Sánchez.

Su cercanía con el círculo literario lo llevó a cooperar con el poeta César Vallejo —y a escribir un estudio sobre su obra—, así como también con José Carlos Mariátegui, entre otros intelectuales de la época. Alfredo González Prada falleció el 27 de junio de 1943, tras lanzarse del piso 22 del edificio Hampshire House de Nueva York, frente al Central Park.

Estos son los candidatos al Premio Nobel de Literatura 2024

Este jueves 10 de octubre, la Academia Sueca anunciará al ganador del máximo galardón de la literatura. Si bien pueden darse sorpresas, aquí te dejamos una nota sobre los candidatos y potenciales ganadores de este premio.

Como cada año, las especulaciones, pronósticos y apuestas giran en torno al escritor que se erigirá con el Nobel de Literatura. Recordemos que el año pasado, para sorpresa de muchos, el escritor noruego Jon Fosse se llevó el premio, pese a la poca difusión de su obra en distintas partes del mundo.

Can Xue, escritora china

Una de las candidatas que resuena en la escena literaria este año es la autora china Can Xue, de estilo experimental y comparada con el escritor checo Franz Kafka, debido a su estilo sombrío y fantástico. Entre sus obras traducidas al español se encuentran las novelas La frontera y Nubes flotantes ya envejecidas (Hermida Editores) y la colección de relatos cortos Hojas rotas (Aristas Martínez).

Gerald Murnane podría dar la sorpresa este año

Por otro lado, en distintos círculos literarios se vocean nombres como el novelista australiano Gerald Murnane, cuya novela más conocida es The Plains, publicada en 1982 y traducida al español como Las llanuras por Carles Andreu y distribuida por la editorial Minúscula.

Salman Rushdie, uno de los favoritos

En tanto, el nombre de Salman Rushdie también ha cobrado fuerza en los últimos días. Tomando en cuenta el atentado que sufrió el 12 de agosto de 2022 y la publicación de Cuchillo (2024), el autor británico se perfila como uno de los candidatos favoritos. Recordemos también que Rushdie es autor de exquisitas novelas como Hijos de la medianoche (1981), Los versos satánicos (1988), La decadencia de Nerón Golden (2017), entre otras.

Haruki Murakami, candidato todos los años y un nombre a tener en cuenta

Asimismo, el escritor japonés Haruki Murakami, asiduo candidato todos los años, salta a la palestra con un galardón importante bajo el brazo: el Premio Princesa de Asturias que recibió el año pasado. Además, le preceden obras como La caza del carnero salvaje (1982), Tokio Blues (1987), Baila, baila, baila (1988), Kafka en la orilla (2002), 1Q84 (2009), Hombres sin mujeres (2014), entre otros.

Anne Carson, favorita y voceada en distintos círculos

Finalmente, nombres como la poetisa canadiense Anne Carson, el escritor antiguano-estadounidense Jamaica Kincaid y el autor húngaro  Laszlo Krasznahorkai también son considerados como potenciales ganadores del premio.

Y para ti, ¿quién es el candidato favorito para llevarse el Nobel de Literatura de este año?

Truman Capote: en la vorágine de la no ficción

Hablar de Capote es sumergirse, irónicamente, en las profundidades de una historia de ficción. A cien años de su nacimiento, lo recordamos así en este artículo.

En 1947, la crítica ovacionaba a un joven escritor de 21 años que acababa de ganar el Premio O. Henry, uno de los galardones literarios más importantes de Estados Unidos. Su nombre era Truman Capote. La distinción provenía de un relato llamado «Shut a final door» (en español, «Cierra la última puerta»), el cual lo encumbró como una joven promesa literaria.

Más aún, los críticos calificaban a Capote como discípulo del mismo Edgar Allan Poe. Esta fue la llave que abrió el arco dramático en la vida de uno de los más grandes autores de la literatura y el periodismo. El ascenso de Capote como autor de culto se basó en su comprensión de su sociedad, así como en la búsqueda incansable de su propia identidad.

Otras voces, otros ámbitos, su primera novela que fue publicada en 1948, refleja precisamente la aceptación de Capote—lo cual deja entrever que Joel, el protagonista, es de algún modo el alter ego del autor— de su homosexualidad, constante que se reflejaría a lo largo de su carrera. De hecho, en Música para camaleones, su último libro, Capote se describe de la siguiente manera: «Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio». En esto reconocemos a un escritor presa de sus demonios y de una genialidad volcada en la construcción de un estilo que no se conforma únicamente con las convenciones tradicionales.

Y esto, además, es punto de discusión, pues A sangre fría (1966), obra maestra de Capote y punto de partida de lo que llamó la novela de no-ficción, no estuvo exenta de críticas, elogios y polémicas. Tal como señala el periodista Juan Carlos Laviana, «solo unos pocos se atrevieron a cuestionar que se trataba de una historia novelada». Es decir, A sangre fría no era más que una novela basada en hechos reales.

Por otro lado, algunos teóricos afirman que la non-fiction-novel tiene un antecedente mucho más lejano. Y es que, en 1957, el escritor argentino Rodolfo Walsh publica Operación masacre, obra que se considera el referente de lo que fue el nuevo periodismo estadounidense. Esta novela narra las entrevistas que se hicieron a los sobrevivientes del movimiento Revolución Libertadora, quienes fueron condenados a ser fusilados en 1956 en el cono urbano de Buenos Aires.

En el caso de Capote, A sangre fría utiliza la misma técnica de Walsh, al recopilar los testimonios de los pobladores del condado de Holcomb sobre el asesinato de una familia de agricultores de Kansas. La noticia fue publicada en el New York Times el 16 de noviembre de 1959, hecho que fascinó a Capote y le hizo pensar que podría tratar esa noticia de forma literaria. De este modo, durante cinco años, el autor entrevistó a testigos, revisó informes policiales y, lo más resaltante de esta investigación, se entrevistó con los autores del crimen: Perry Smith y Richard Hickock.

Capote se ganó la confianza de los prisioneros, de modo que pudo acercarse a la veracidad de los hechos conforme avanzaban las conversaciones. Así, la novela crea una atmósfera de incertidumbre, describiéndose los asesinatos tal cual sucedieron, desprovistos de cualquier tipo de censura. El título de la obra, además, alude a dos cuestiones que pueden extraerse al leer entrelíneas: la crudeza del asesinato de la familia Clutter, pero también la actitud de la sociedad que terminó ejecutando a Smith y Hickock en abril de 1965.

El libro se convirtió en un éxito rotundo y se hablaba de la creación de un nuevo género literario: la novela de no ficción. Aunque, como ya vimos, la corona de dicha corriente se encontraba en el sur. Ejemplos de esa senda pueden encontrarse en el corpus literario contemporáneo, como Una novela criminal del mexicano Jorge Volpi. Y así como reventaban los fuegos artificiales ante su obra, también hubo voces que denunciaron que el mismo Capote había distorsionado muchos de los testimonios recabados, lo cual resultó en pasajes falsos y alejados de la realidad. Sin embargo, esto fue dejado de lado debido al creciente éxito del autor. Y, esa ya es otra historia.

A cien años de la muerte de Capote, controvertido, extravagante, amigo de celebridades y huésped de los más altos círculos sociales, podemos afirmar que no solo se trata de un rey con la corona bien ganada, sino de uno de los escritores que supo aprovechar coyunturas y el talento innato para desplegar una genialidad que, al día de hoy, muchos aspiran, pero pocos consiguen.

Editorial Reino de Redonda publica su última obra

De duelos, brújulas e ilusiones: en recuerdo de Javier Marías es el último título que verá la luz bajo dicho sello.

La editorial fue creada en el año 2000 por el fallecido escritor español y representa su legado más personal. Se dice que era un sello de culto, manejado por Marías casi como una cofradía. El autor, cual sibarita de la literatura, seleccionaba cuidadosamente los títulos y su esposa Carme López Mercader se encargaba de editarlos y publicarlos.

Marías era tan exquisito en sus preferencias que solo aparecían dos o tres títulos al año. Sin embargo, pese a haber rescatado valiosas joyas literarias y traducido al español muchas que permanecían inéditas, Reino de Redonda era una editorial que dejaba más pérdidas que ganancias.

El mismo Javier Marías bromeaba a menudo sobre ello y aducía que su único objetivo era «recuperar maravillosos libros olvidados y ofrecer algunos nuevos que en mi opinión deberían ser conocidos en mi lengua o en mi país. Y, por supuesto, cuidarlos todos por igual». A la fecha llevan editados poco más de 40 títulos. El catálogo de Reino de Redonda lo conforman autores como Joseph Conrad, W.H. Auden, Honoré de Balzac, Robert Louis Stevenson, Rebecca West, Janet Lewis, entre otros.

Es así que llegamos al último título que será editado bajo este sello: De duelos, brújulas e ilusiones: en recuerdo de Javier Marías, un sentido homenaje de López Mercader al laureado escritor. Esta obra representa el yugo de un duelo que se discurre a lo largo de una colección que se ve interrumpida tras la desaparición de su fundador. Asimismo, también es una elegía a la pérdida.

En palabras de López Mercader, «el dolor asociado a las pérdidas no es una aflicción poética, sino algo primario y animalesco. Solo es posible soportarlo, cediendo el paso a las automatismos básicos del día a día: comer, dormir, trabajar».

Te hemos querido tanto: los 95 años de Julio Ramón Ribeyro

El Flaco es uno de los escritores más celebrados y admirados de la literatura peruana. Decenas de lectores promueven la obra de Ribeyro (1929-1994) como uno de los más grandes cuentistas del país. Y es que el universo ribeyriano ha despertado vocaciones, su existencia ha sido causa de alegría y su impronta literaria una de las más admiradas en el mundo.

Razones sobran para querer a Julio Ramón Ribeyro. Acaso por su extrema sencillez, a lo mejor porque muchos se reconocen en esa timidez que, cuentan los que lo conocieron, era una característica indeleble de su personalidad. Quizás porque, de alguna manera, nosotros transitamos muchas veces por los senderos del fracaso, los mismos en los que Ribeyro encontró la senda de su propia salvación.

Debemos tener en cuenta que a pesar de la genialidad cuentística y novelesca que envuelve la literatura ribeyriana, también hay una especie de sufrimiento que, lejos de ir en contra de su propia obra, pareciera ser precisamente el gatillador de las piezas que hoy conocemos. Por ejemplo, en su segundo diario parisino de 1935, recogido en La tentación del fracaso, el 11 de septiembre a la una de la mañana Ribeyro escribe:

He renunciado a proseguir con mi novela. Su bello título El amor, el desorden y el sueño es todo lo que perdurará de este inmenso naufragio. Tal vez quede flotando aquí y allá una que otra escena bien construida, que archivaré para aprovecharla en su oportunidad. La única conclusión que he sacado de esta experiencia es que debo mantenerme aún dentro de los límites del relato corto (…) Tiene razón Roland Barthes cuando sostiene que una novela es «una forma de muerte» porque «convierte la vida en destino».

En este pequeño fragmento encontramos a un Ribeyro derrotado por su propio proceso creativo, sin embargo, es posible encontrar entre líneas un espíritu resiliente, una redención y aprendizaje que, como pocos, el Flaco solo era capaz de evidenciar. Y también es posible hallar un matiz festivo, el triunfo del gozo literario sobre el fracaso, pues como bien apunta Daniel Titinger « Julio Ramón Ribeyro tenía la imagen de un tipo triste, pero no lo era, o al menos no lo era todo el tiempo. Sí era un hombre tímido, pero no apesadumbrado». Por eso, si hablamos de Ribeyro, seria un despropósito encasillarlo únicamente como un escritor obsesionado con la derrota: en tanto, podríamos decir que esos chascos representan una celebración en sí mismos.

El autor español Enrique Vila-Matas considera que Ribeyro es un «fracasista profesional» el cual considera «muy cómico en el fondo, una persona que cree que no ha triunfado y ha triunfado». Pero, ¿qué es el triunfo, en términos ribeyrianos? Me atrevería a pensar que es algo más intangible: el cariño, la admiración, la devoción de legiones de lectores que intentan mantener vivo su legado.

Por ejemplo, el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique señala que en los lejanos años del boom latinoamericano, «terminé sintiéndome más culpable que nunca, el resplandor de los maestros del boom me llegó a cegar y paradójicamente el tiempo perdido en conversar con algunos malos escritores me resultó utilísimo para tomar una distancia que al fin de cuentas me acerco a mí mismo». Lo interesante de ello es que el mismo señala que, en medio de esa efervescencia, la amistad con Ribeyro estuvo presente en «aquellos años parisinos en los que tanto aprendí de un escritor aparentemente nada ejemplar, aparentemente poco disciplinado, descuidado y negligente. Digamos que Julio Ramón era el escritor menos resplandeciente con que uno podía toparse». Es decir, Bryce había encontrado a su maestro. Por eso no duda en afirmar que en Ribeyro encontró la iluminación más allá del boom y sus consecuencias.

Escritores como Guillermo Niño de Guzmán y el mexicano Juan Villoro han declarado la trascendencia que la obra de Ribeyro impregnó en las suyas. El primero, dice deberle muchísimo al Flaco en cuanto al descubrimiento de su vocación literaria, mientras que el segundo declara que el universo literario de Ribeyro fue determinante en su formación como escritor.

Con ello, ¿es posible no querer a Ribeyro? El amigo, el maestro, el cuentista, el triunfador, el derrotado, el fracasista, un tipo que aún si haberlo conocido se hace querer tanto que solo podemos imaginarlo a través de sus cuentos más entrañables. En el Club Ribeyro, liderado por el músico y escritor Pedro Arriola, tienen un lema que dice «Ribeyro vive, leámoslo siempre». Cuánta verdad en una sola frase.

Pedro Arriola: «Ribeyro es, por excelencia, un cuentista»

Este 31 de agosto se cumplen 95 años del natalicio del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro. A lo largo de los años, su obra ha despertado gran interés y se mantiene vigente gracias a lectores que la difunden con cariño y pasión. Uno de ellos es Pedro Arriola, director del Club Ribeyro, quien nos cuenta en esta entrevista su experiencia como lector ribeyriano y propulsor de una interesante iniciativa para los fanáticos del autor.

Por Marco Fernández

La devoción por la literatura ribeyriana es admirable y parte de algo tan sencillo y complejo como el cuento. ¿Qué genera esa chispa que hace que los lectores amen la literatura de Julio Ramón Ribeyro?

Que uno se identifica con los personajes de los cuentos. Desarrolla empatía con ellos. Es que los «mudos» de Ribeyro podemos ser muchos de nosotros.

Se dice que los personajes de Ribeyro nacieron con al estigma de la derrota, recordemos a Arístides o al discípulo de Feifer en La insignia. Lo interesante, tú me dirás, es que dentro de esa pérdida encontramos también una especie de disfrute.

Más que disfrute, diría yo solidaridad. El fracaso conduele.

Cómo lector de Ribeyro, ¿cuál es el factor que te impulsa a disfrutarlo?

El disfrute de la lectura radica en esa prosa diáfana y no pretenciosa; directa, pero bella y conmovedora. Además, claro está, el profundo contenido humanista de la misma.

Sabemos que la producción cuentística del Flaco es prolífera, pero, de alguna manera, debe haber algunos cuentos que te marcaron más que otros.

Todo comenzó cuando leí, con doce años encima, «El profesor suplente». Otros cuentos memorables para mí son «Silvio en el rosedal», «Los gallinazos sin plumas», «Al pie del acantilado», «La juventud en la otra ribera», «Una aventura nocturna», «Doblaje», «Surf», entre otros.

Ribeyro, ¿novelista o cuentista? ¿Consideras que una faceta es superior a la otra?

Ribeyro es por excelencia un cuentista. Toda vez que él, haciendo analogía con el deporte, se consideraba corredor de distancias cortas.

Hablemos de las prosas ribeyrianas, específicamente de Dichos de Luder y Prosas apátridas. ¿Representan estas pequeñas grandes obras la condensación de su universo?

Prosas apátridas son el vademécum de su pensamiento, de su ideología, de su manera de entender el mundo o de cuestionárselo. Aborda los grandes temas que urgen pensar: el sentido de la vida, la muerte, el paso del tiempo, el amor, el desamor, la mujer, los hijos. Dichos de Luder es la puerta irónica, irreverente y lenguaraz en la que también accedes a ese universo, pero de modo lúdico y hasta sarcástico.

Si te dijese que una opción adecuada para adentrarnos en la literatura de Ribeyro es empezar por estas piezas de sabiduría, para luego decalar en los cuentos, ¿estarías de acuerdo con ello?

Siempre sugiero que para adentrarse en la obra del flaco es mejor comenzar por sus primeros cuentos, especialmente aquellos escritos entre las décadas del 50 y 60, pertenecientes a los libros Los gallinazos sin plumas, Cuentos de circunstancias, Las botellas y los hombres y Tres historias sublevantes. Estos cuentos son de su época neorrealista.

El tema de los diarios y la correspondencia de Ribeyro es también una arista importante de su obra, pero a su vez poco explorada.

Felizmente, esa otra área de su obra viene tomando importancia y consideración, tanto de lectores como estudiosos de su obra, toda vez que nos presenta a un Julio Ramón Ribeyro no tanto en su lado formal de escritor que publica, sino en el del escritor de la reserva y lo no convencional, donde sin duda es valioso verlo y conocerlo. Esa figura completa el cuadro del personaje.

A propósito de ello, entonces, ¿es La tentación del fracaso ese primer escalón que podría ayudarnos a entender por qué es que se habla de la derrota como un sello distintivo y ribeyriano?

El escritor español Enrique Vila-Matas dice que Ribeyro es un «fracasista profesional», pues hizo del fracaso su sello distintivo y una posibilidad siempre latente para el propio flaco y su obra. Pero esa tentación al fracaso no está solo en su diario, aunque allí sea, digamos, su hábitat por excelencia, sino que está también en sus cuentos y muy ampliamente. Hasta podríamos decir que el fracaso es algo que palpita siempre alrededor de Ribeyro y de todo lo que hace.

Ahora que hablamos de fracaso, me atrevería a pensar que así como se dice que determinadas situaciones son kafkianas, las hay también «ribeyrianas».

Por supuesto. Es que lo «ribeyriano», además de referirse a la intención por algo que termina en chasco, dice el investigador alemán Wolgang Luchting que «ese algo ribeyriano es el sentido que de la realidad tiene Ribeyro». Es su forma de definirla: es la resultante entre lo que se desea y lo contrario que resulta, lo opuesto. La diferencia, el revés, entre la idea quimérica y el facto fatal y adverso. Ahora, hay una tercera acepción entre los ribeyrianos: «ribeyriano es un adjetivo positivo para definir todo aquello que buenamente se relaciona con el flaco y la defensa de su impronta».

Eres parte de un muy interesante grupo llamado Club Ribeyro. Cuéntanos como surgió esa iniciativa.

El Club Ribeyro comenzó como un esfuerzo eminentemente personal. Yo creé un Facebook personal al que llamé así. Pero, de pronto, me comenzaron a llegar docenas de solicitudes de amistad que luego fueron cientos y después miles. Eso me hizo entender que había una necesidad, una urgencia por configurar un colectivo que abordara la vida y obra de Julio Ramón Ribeyro. Así nació nuestro grupo.

De alguna manera, ustedes mantienen vivo el legado.

Nos hemos sumado a ello. Nuestro gran objetivo es preservar y difundir la obra del flaco querido. Y lo hacemos por gratitud hacia un escritor que nos ha legado una literatura muy rica, humanista y tremendamente sensible. También lo hacemos porque a Ribeyro se le quiere.

Si alguno de nuestros lectores quisiera pertenecer al club, ¿cuáles son los requisitos?

Solo se necesita ser RIBEYRIANO. Es decir que te guste su obra y quieras que se difunda. ¡Ribeyro vive, leámoslo siempre!

*Pedro Arriola es abogado, músico y escritor. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Federico Villarreal y música en la Escuela Superior José María Arguedas. Es, además bibliógrafo especializado, en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Actualmente viene preparando un libro de cuentos con relatos de su creación.

Julio Cortázar: algunos aspectos del cuento*

El universo cortazariano, aparte de Rayuela, encuentra su culmen en la producción cuentística del autor. En ese sentido, Cortázar dedicó gran parte de su vida al estudio, reflexión y escritura del cuento. Aquí les dejamos un fragmento de una conferencia que data de 1970, en la que el escritor argentino hace algunas precisiones sobre el relato corto.

(…) Pero además de ese alto en el camino que todo escritor debe hacer en algún momento de su labor, hablar del cuento tiene un interés especial para nosotros, puesto que casi todos los países americanos de lengua española le están dando al cuento una importancia excepcional, que jamás había tenido en otros países latinos como Francia o España. Entre nosotros, como es natural en las literaturas jóvenes, la creación espontánea precede casi siempre al examen crítico, y está bien que así sea.

Nadie puede pretender que los cuentos solo deban escribirse luego de conocer sus leyes. En primer lugar, no hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese género tan poco encasillable; en segundo lugar los teóricos y los críticos no tienen por qué ser los cuentistas mismos, y es natural que aquellos solo entren en escena cuando exista ya un acervo, un acopio de literatura que permita indagar y esclarecer su desarrollo y sus cualidades. En América, tanto en Cuba como en Méjico o Chile o Argentina, una gran cantidad de cuentistas trabaja desde comienzos de siglo, sin conocerse entre sí, descubriéndose a veces de manera casi póstuma.

Frente a ese panorama sin coherencia suficiente, en el que pocos conocen a fondo la labor de los demás, creo que es útil hablar del cuento por encima de las particularidades nacionales e internacionales, porque es un género que entre nosotros tiene una importancia y una vitalidad que crecen de día en día. Alguna vez se harán las antologías definitivas—como las hacen los países anglosajones, por ejemplo— y se sabrá hasta dónde hemos sido capaces de llegar. Por el momento no me parece inútil hablar del cuento en abstracto, como género literario. Si nos hacemos una idea convincente de esa forma de expresión literaria, ella podrá contribuir a establecer una escala de valores para esa antología ideal que está por hacerse. Hay demasiada confusión, demasiados malentendidos en este terreno.

Mientras los cuentistas siguen adelante su tarea, ya es tiempo de hablar de esa tarea en sí misma, al margen de las personas y de las nacionalidades. Es preciso llegar a tener una idea viva de lo que es el cuento, y eso es siempre difícil en la medida en que las ideas tienden a lo abstracto, a desvitalizar su contenido, mientras que a su vez la vida rechaza angustiada ese lazo que quiere echarle la conceptualización para fijarla y categorizarla. Pero si no tenemos una idea viva de lo que es el cuento habremos perdido el tiempo, porque un cuento, en última instancia, se mueve en ese plano del hombre donde la vida y la expresión escrita de esa vida libran una batalla fraternal, si se me permite el término; y el resultado de esa batalla es el cuento mismo, una síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia.

Solo con imágenes se puede trasmitir esa alquimia secreta que explica la profunda resonancia que un gran cuento tiene entre nosotros, y que explica también por qué hay muchos cuentos verdaderamente grandes.

*Conferencia publicada en Revista “Casa de las Américas”, nº 60, julio 1970, La Habana.

El centenario de Universitario de Deportes en cinco libros

Los cien años del equipo crema despertó diversas iniciativas editoriales que conmemoran este hecho trascendental en la historia de uno de los clubes más populares del país. Aquí te dejamos las más importantes.

100 años, 27 títulos, 11 historias — Pedro Ortiz Bisso

Una de las más reciente publicaciones de Penguin Random House en el que Ortiz Bisso, periodista de gran trayectoria y confeso hincha de Universitario, recorre en once historias los títulos conseguidos por el equipo merengue. Infaltable en la biblioteca de los hinchas.

100 grandes triunfos. Épicos partidos en cien años de garra — Jorge Moreno

Un apasionante repaso por los cien años de historia de la U. Esta publicación cuenta con un selecto anecdotario, reflexiones, datos y fotografías inéditas que ilustran el paso del tiempo sobre el equipo. A modo de un cuadro futbolero, once cronistas deportivos identificados con la U intervienen en las narraciones de esta publicación.

Las copas del campeón — Pablo Fedeli

Durante años, el autor rastreó todos los trofeos obtenidos por Universitario de Deportes. Y, para alegría del hincha crema, también encontró la tan codiciada copa de 1934. Este es uno de los títulos más importantes de Academia Antártica y representa el debut literario de Fedeli.

Centenario. Club Universitario de Deportes: la historia del más campeón en imágenes — El Comercio

Esta publicación del diario El Comercio fue editado por Pedro Ortiz Bisso y escrito por los periodistas Miguel Villegas y Jasson Curi Chang. Este libro recorre los hitos más importantes en la historia crema, conmemorando así los cien años de vida institucional del club.

Padre Nuestro — Miguel Villegas

La segunda edición de uno de los títulos más celebrados de la literatura crema. En este libro encontraremos cinco historias que enrostran la pasión por Lolo Fernández, ídolo máximo de la U, pasando por sus inicios en la hacienda Hualcará, hasta el relato de los botines que rompían las redes de los arcos. Un libro que no hace más que confirmar la leyenda y el mito que envuelve la figura del Cañonero merengue.

Feria de Editores: el bastión de la lectura en Argentina

Del 8 al 11 de agosto se llevará a cabo una nueva edición de la Feria de Editores (2024) en el complejo Artmedia del barrio de Chacarita. Conversamos con Hernán López Winne, cofundador de ediciones Godot y organizador de la FED, quien nos comentó acerca de las novedades que traerá este año uno de los eventos editoriales más importantes de Argentina.

El asunto que nos convoca hoy es paradójico. La venta de libros ha caído en Argentina, sin embargo, la Feria de Editores (FED) viene con muchas novedades y dispuesta a cubrir las expectativas del público lector.

Como dices, este es el peor año en términos socioeconómicos. Pero, hasta ahora, lo que ha pasado con la FED, y es algo que nos da mucha alegría, es que se ha convertido en un evento muy consolidado en el que confluyen muchísimas editoriales. Este año serán más de 300 de Argentina, y 60 de todo Latinoamérica y España. A pesar de todo, la gente quiere ir a la feria. Los que están en el mundo de los libros y les gusta leer saben que tienen este evento no solamente para comprar —obviamente para nosotros es importante que se vendan libros—, sino también como un evento en el que la gente se encuentra para charlar. Por ahí hay gente que se encuentra una vez al año en la FED, pues saben que pueden compartir lecturas. Tenemos muchas charlas y mucho contenido pensado para las lectoras y los lectores, con lo cual es una incógnita saber que va a pasar este año. En la Feria del Libro de Buenos Aires de abril, las ventas cayeron un promedio del 40 % en ejemplares, pero en términos generales, hasta ahora la FED sigue en crecimiento, pese a que tuvimos una pandemia de por medio y muchas otras cosas.

Me interesa mucho el concepto acerca de que la FED es un espacio, un lugar donde la gente se junta para compartir lecturas y las aficiones netas por el libro. La esencia de la feria, más allá de lo comercial, ¿es ir más allá del libro como objeto y como capital simbólico?

Sí. De hecho, el nombre de la FED surge de esa idea. Cuando la feria era muy muy chiquita, tuvimos la idea de que sea un evento que aporte algo más para el lector. Para ellos está buenísimo: ir a la feria y preguntarle a la gente que atiende en los estands por qué eligieron tal título o cómo hicieron tal traducción. A nosotros, como editores, nos parece una instancia superinteresante poder intercambiar opiniones con los lectores, preguntarles qué opinan, tener un feedback desde su lado, respecto a cómo piensan sobre determinado contenido o qué le pareció tal o cual libro. Y todo eso se da en el marco de una feria donde el foco está puesto ahí, es decir, en la interacción entre lectores y editores.

Esta feria está pensada netamente en el lector, en comparación con cualquier otra feria, como la de Buenos Aires, que es más comercial y donde hay intermediarios como los libreros. Si embargo, en la FED, donde el editor le habla directamente al lector, se origina un cambio y un viraje dentro de lo que tradicionalmente se hace.

Vos como lector sabes que, si vas a la FED, vas a encontrar a una persona que te hablará del catálogo y que no es simplemente un empleado contratado para tal fin. Y eso es algo distintivo. Como lectora o como lector, podrás zanjar todas las preguntas que tengas respecto al catálogo que te interesa. Incluso, puedes decir qué libro te gustó y cuál no, o pedir recomendaciones. Eso es algo súper valioso y que solo te lo da una feria con una escala como la nuestra. Por ejemplo, el año pasado ingresaron cerca de 22 000 personas, en comparación con la Feria del Libro. Esa riqueza del vínculo interpersonal es algo que se da por el enfoque que recae tanto lectores como en editores.  

Es casi —yo lo llamaría de este modo— una celebración a la independencia editorial

 Sí. También es una invitación a pensar la lectura y los libros como un evento que excede la dimensión comercial. Por supuesto, todos queremos vender libros y ninguno de los que estamos ahí hace beneficencia. Pero está toda esta otra dimensión simbólica y cultural que es muy importante para nosotros y excede el mero hecho de comerciar o vender libros que has publicado solamente por moda o la tendencia del momento.

Eso es de vital importancia para los autores, en especial para aquellos que están surgiendo. Son nuevos valores dentro del amplio espectro que tiene Argentina y en un evento como la FED se les pone también en vitrina. Este circuito alternativo que es la FED ayuda a que los autores sean un poquito más visibles, en cierto modo.

También sirve para autores nuevos y de algún modo, para aquellos que aún no están publicados. La FED te da un pantallazo amplio para ver lo que se está publicando hoy en Argentina y Latinoamérica. De pronto, también puede servirte para tener un pantallazo general en cuanto a lo que se está publicando en narrativa, poesía o filosofía. Hay una variedad temática muy amplia. Esta vitrina que mencionas, funciona para ir a buscarlos, saber dónde buscarlos y qué cosa buscar.

En el caso de los editores, ¿cómo es que se da este mecanismo del hablabas, respecto a ir más allá de lo netamente comercial? ¿Qué significa la FED para los editores?

Como decíamos antes, es una conjunción. Por un lado, todos los años, cuando termina la feria, hacemos una encuesta anónima para saber cuánto vendió cada estand. Cabe mencionar que el sondeo es anónimo porque no nos interesa saber cuánto venden, pero sí qué representa la FED en términos económicos para las editoriales que participan. El promedio del año pasado fueron 250 ejemplares por estand. Por supuesto, hay quienes venden más o venden menos, pero es bastante en solo cuatro días. Se sabe que en la FED se vende y lo que está pasando —que es algo que ya sucedía en la Feria del Libro de Buenos Aires—, es que, en el cronograma de publicaciones de las editoriales, se considera que los dos momentos fuertes del año son abril y agosto. Es decir, se intensifica el trabajo con las imprentas y se origina un cuello de botella porque todas las editoriales se guardan novedades o una publicación especial para la FED. De pronto, las imprentas colapsan porque les aumenta mucho el trabajo de cara a las ferias. También está bueno saber que hay muchas editoriales que, si quieren tener una novedad para la FED, deben mandarla a la imprenta dos meses antes.

En ese sentido, el editor sabe que va a tener un espacio para conocer a nuevos autores y echar la aguja de la brújula en diversas direcciones.

Totalmente. Incluso diría que supone una oportunidad valiosa para preguntar por qué un libro no funcionó. El termómetro pueden ser los libreros o los lectores. El editor puede decir: «Publicamos este libro, que para nosotros era una gran apuesta, pero no anduvo bien. ¿Vos lo viste?, ¿lo leíste?, ¿no te interesó?». No hay manera de tener todos esos intercambios si no es en la FED. Muchas veces pueden darte un feedback interesante. Uno piensa: «Uy, la pifiamos por tal cosa», cuando resulta que al lector no le gustó la tapa y, para uno, era una tapa espectacular. Tener esa información sirve para mejorar o para hacer las cosas de otra manera.

Hablando de novedades y de este feedback del que nos hablas, ¿qué es lo que encontrarán los lectores este año en la Feria de Editores? ¿Qué autores invitados estarán? ¿Qué editores y editoriales participan?

En el caso de los invitados internacionales, hay tres platos fuertes este año. En principio, Deborah Eisenberg, autora estadounidense, estará hablando con Federico Falco, autor de Anagrama. También vienen dos autores de Godot: Thomas Reinertsen Berg, autor noruego que escribió un libro muy lindo llamado El origen de las especias (2024), una historia del mundo a través de cómo evolucionó el comercio de especias, sobre todo en Europa. Además, viene también la autora canadiense Marie-Pier Lafontaine, quien escribió un libro súper personal y tremendo llamado Perra (2024). Ella va a estar un domingo en una charla interesantísima, no tanto por el contenido del libro que de por sí es realmente terrorífico, al estar basado en su experiencia personal sobre abuso intrafamiliar, sino por los planteamientos que ofrece en términos generales. ¿Qué pasa cuando te das cuenta de que la persona que vos más querés en el mundo está abusando de ti? ¿Qué haces cuando tu madre no hace nada para detenerlo? Esos son los tres invitados internacionales. Después, habrá una chica que hablará sobre populismo e izquierda para tratar de entender la situación política, no solo en Argentina sino también en América Latina. ¿Qué está pasando con los populismos de derecha y el ascenso de ciertos personajes neoliberales al poder? En la charla, la acompañará el pensador argentino Pablo Semán, que publicó hace poco con Siglo XXI.

Antes de la entrevista hablábamos acerca de cómo se entiende esta paradoja de que en un ambiente muy convulso la gente siga leyendo y que las ferias sigan en franco ascenso. Pero ¿cómo es que se da esta paradoja? La gente puede estar en una situación muy difícil, sin embargo, no deja de leer y de comprar libros. Es muy interesante.

Es verdad que en Argentina cayeron mucho las ventas. Pero acá hay una tradición muy grande de librerías de usados. Entonces, las ventas pueden caer, por ejemplo, porque los precios de los libros nuevos se dispararon debido a que los costos de producción subieron—papel, imprenta, logística, etcétera—. Mientras que un libro nuevo cuesta alrededor de 20 000 pesos (21 dólares americanos), el usado está 5000 pesos (5 dólares americanos), la cuarta parte de lo que sale un libro nuevo. Hay mucha gente cuya situación económica también empeoró y está al límite, pero sigue leyendo porque le gusta, porque tiene ese hábito incorporado. Y, si antes compraba libros nuevos, ahora compra usados. Es decir, no deja de leer. Como te decía, en Argentina hay una gran tradición de librerías de usados que tienen buenos libros. A diferencia de las que tienen descartes o desechos, en esas librerías se encuentran buenos libros de saldos. De pronto, en la FED o en la feria de libros usados —que acá es en diciembre— vas con 20 000 pesos y te compras tres o cuatro muy buenos libros y con eso no dejas de leer. Eso es bueno para todos.

Sé que también habrá precios accesibles en la FED. Lógicamente, vamos a encontrar libros que van a servir de mucho y el público podrá conocer diversas ofertas editoriales.

Editoriales hay de todos los tamaños. Desde Daniel Hidalgo, Eterna Cadencia, Godot, Caja Negra, Cats y otras 300 más. Hay de todas las temáticas, como cine o fotografía. Hay editoriales infantiles como Pequeño Editor, Limonero o Lamiqué. Como en Argentina tenemos la ley de precio fijo o Ley de Competencia Librera, el descuento máximo que se pude hacer es del 10 % en los libros. Sin embargo, siempre hay rangos de precios donde, por 15 000 pesos, es posible conseguir un muy buen libro. Y no son los precios de editoriales mucho más grandes que venden solamente best sellers y que pueden poner libros mucho más caros. En enero tuvimos una gran inflación, que ya empezó a bajar. Por eso, estamos seguros que se dará un reacomodamiento de precios que permitirán conseguir buenos libros por precios razonables.

¿Cómo definirías a  la FED?

Te voy a decir tres palabras: una enorme alegría.