¿Cómo se mide la huella de carbono de un libro?

En un artículo anterior, el editor Dante Antonioli inició una conversación necesaria sobre la huella de carbono editorial y por qué es urgente para el sector entenderla. Para ello, en esta segunda parte presenta un primer acercamiento técnico para entender el ciclo de la vida editorial.

Por Dante Antonioli

¿Cómo medir la huella de un libro? Parece una pregunta simple, pero detrás hay una diversidad de metodologías, normas internacionales, decisiones técnicas y, sobre todo, una manera completamente distinta de mirar el proceso editorial. Este artículo busca explicar (sin abrumar) las bases de esa medición, para que podamos avanzar hacia una comprensión más sólida y, eventualmente, hacia mediciones locales. Estudios recientes, como La huella ambiental del libro (Cerlalc, 2025), muestran que esta discusión ya se está abriendo camino en la región y que el análisis de ciclo de vida es una herramienta viable para nuestro contexto.

¿Qué mide el Análisis de Ciclo de Vida(ACV)?

La herramienta utilizada a nivel internacional para evaluar la huella ambiental de un producto es el Análisis de Ciclo de Vida (ACV). Aunque parezca técnico, su lógica es sencilla: se analiza un producto desde que nace hasta que “muere”.

En el caso del libro, un ACV considera los siguientes puntos:

  • Extracción de materias primas
  • Producción del papel
  • Procesos de impresión y acabados
  • Transporte y distribución
  • Almacenamiento y devoluciones
  • Infraestructura digital (para ebooks y audiolibros)
  • Uso, reuso y disposición final

La fotografía completa del ciclo permite identificar puntos críticos, es decir, etapas con mayor impacto, para orientar mejoras reales.

Las normas ISO que fundamentan el análisis

Para que este tipo de evaluación sea comparable entre industrias y países, existen normas internacionales que definen exactamente cómo debe estructurarse un estudio de ACV. Las principales son:

ISO 14040 / ISO 14044 — Metodología del ACV

Definen cómo estructurar un estudio: objetivos, límites del sistema, inventarios, evaluación de impactos e interpretación. Son el “esqueleto” metodológico del análisis.

ISO 14067 — Huella de carbono de productos

Se concentra específicamente en emisiones de CO₂ equivalente y explica cómo cuantificar emisiones directas e indirectas y cómo reportarlas.

Estas normas no dicen “cuánto contamina un libro”, pero sí establecen cómo debe realizarse un estudio riguroso, independientemente del país o del tipo de industria.

El Protocolo GHG: entender dónde realmente se concentra el impacto

Además del ACV, existe una herramienta fundamental para clasificar las emisiones y entender de dónde provienen: el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero (GHG Protocol).  Este método organiza las emisiones en tres alcances y permite visualizar con claridad qué parte del proceso editorial genera mayor impacto.

Lo esencial no es memorizar la clasificación, sino comprender lo que revela sobre el libro como producto cultural. Para el sector editorial, esta lectura es clave:

  • Alcance 1 (emisiones directas): suele ser el componente menor. Se limita a maquinaria o combustibles propios de una imprenta.
  • Alcance 2 (electricidad comprada): depende del consumo operativo y de la matriz energética de cada país.
  • Alcance 3 (emisiones indirectas de la cadena de valor): aquí se concentran casi todas las etapas intensivas del proceso editorial: producción del papel, transporte, logística, devoluciones y operación de plataformas digitales.

La evidencia internacional es consistente: la mayor parte de la huella del libro ocurre antes de que llegue al lector y sucede en actividades que tradicionalmente han quedado fuera del radar de las editoriales si no existen mecanismos de medición y coordinación.

Comprender los alcances del GHG Protocol no es un ejercicio técnico aislado: es una herramienta estratégica para identificar dónde actuar primero y cómo orientar decisiones editoriales que realmente reduzcan el impacto ambiental.

Lo que muestran los estudios internacionales

Aunque América Latina recién está empezando a medir, otros países llevan más de una década estudiando la huella del libro. Algunos ejemplos:

Reino Unido — Publishers Association: ACV comparativos entre libro impreso, ebook y audiolibro. Conclusión central: el papel y la logística concentran la mayor carga ambiental.

Francia — ADEME: estudios integrales sobre el libro como producto cultural. Destacan el impacto de las devoluciones y el peso del transporte en la huella total.

España — iniciativas de ecoedición: (Cataluña, Andalucía y Ministerio para la Transición Ecológica) pioneras en el mundo hispanohablante: criterios de diseño eficiente, uso de papeles certificados, optimización de tirajes y métricas para calcular impactos. Incluye el proyecto Greening Books, el Manual de la buena ecoedición y la guía pública EcoEdición del MITECO. El Dosier Ecoedición del Cerlalc (2022) resume estas tres líneas de trabajo españolas y las pone en diálogo con la agenda regional.

Canadá — BookNet: investigaciones sobre distribución y almacenamiento: transporte multimodal, reducción de inventarios y mejoras en eficiencia logística.

Patrón común

  • El mayor impacto ocurre antes de llegar al lector.
  • Las decisiones editoriales influyen más de lo que parece.
  • Algunas de las medidas más efectivas son reducir tirajes, sobreimpresiones y devoluciones.

¿Qué pasa con el libro impreso, el ebook y el audiolibro?

No existe una respuesta universal de “qué contamina más”, porque depende de contextos específicos. Pero los estudios coinciden en:

Libro impresoEbookAudiolibro
Huella inicial alta (papel + impresión + logística).
Huella baja en uso.
Depende del destino final (reciclaje, disposición).
Huella baja por descarga/almacenamiento.Huella alta por fabricación del dispositivo (si se considera en el análisis).Se “compensa” cuando el lector utiliza mucho el e-reader.La huella está casi totalmente en servidores, streaming y almacenamiento.
Sube en función de horas de escucha y del tipo de plataforma.

Lo importante no es decidir “qué formato es mejor”, sino cómo se gestiona cada etapa del ciclo de vida.

Indicadores que podría adoptar la industria editorial peruana

Aun sin realizar un ACV completo, el sector peruano puede comenzar con indicadores simples:

Indicadores básicos (nivel 1)

  • kWh consumidos en impresión.
  • Porcentaje de papel certificado (FSC/PEFC) o reciclado.
  • kg de papel consumido por año.
  • Porcentaje de devoluciones.
  • Kilómetros recorridos en transporte editorial.

Indicadores intermedios (nivel 2)

  • Emisiones de CO₂ por tiraje.
  • Emisiones por tipo de papel.
  • Porcentaje de títulos producidos bajo POD (impresión bajo demanda).
  • Ratio de ejemplares vendidos / ejemplares impresos.

Indicadores avanzados (nivel 3)

  • ACV completo de un título representativo.
  • Medición integral de Alcance 3.
  • Benchmarking con proveedores internacionales.

Estos indicadores no solo ayudan a medir, sino también a tomar decisiones más inteligentes, eficientes y sostenibles.

Un camino posible para el Perú

Las experiencias internacionales muestran que este tema no se aborda de manera aislada: requiere coordinación entre editoriales, imprentas, distribuidores y librerías.

El Perú no necesita reinventar la rueda, pero sí adaptarla a su realidad:

  • Fragmentación de la cadena.
  • Alta dependencia de importaciones.
  • Tirajes pequeños.
  • Concentración de imprentas en pocas ciudades.
  • Porcentaje elevado de devoluciones.

Si entendemos cómo se mide la huella y qué se mide, podremos comenzar a construir un modelo adecuado para nuestra industria editorial.

Conclusión

Medir la huella de carbono del libro no es un ejercicio técnico, sino una nueva forma de mirar la cadena editorial. Los estudios internacionales ya ofrecen una hoja de ruta, y los avances regionales —como el reciente informe del Cerlalc— muestran que esta discusión también es posible en América Latina.

Para el Perú, el desafío está en desarrollar datos locales, construir una metodología propia y abrir espacios de coordinación sectorial. En próximos artículos profundizaremos en los requerimientos técnicos, los actores clave y los pasos iniciales para un estudio piloto nacional.

La sostenibilidad del libro también se construye midiendo.

La huella de carbono editorial: un tema urgente que el Perú debe empezar a discutir

Poca es la discusión en el país en torno a los efectos ambientales que genera la producción de un libro. En este artículo, el editor Dante Antonioli abre el debate, tomando como punto de partida las fases iniciales del proceso editorial.

Por Dante Antonioli

Durante muchos años he trabajado en distintos frentes del mundo editorial: edición de mesa, corrección, diseño, maquetación, acompañamiento de autores, comercialización, consultorías, formación y proyectos de investigación. Siempre he intentado ver la industria en su conjunto y anticipar hacia dónde se mueve. Dentro de este movimiento, había un tema ineludible que decidí investigar hace muy poco: la huella de carbono y el impacto ambiental del libro.

Empecé a leer materiales dispersos, experiencias internacionales, reportes técnicos que apenas mencionaban a la industria cultural. Pero la verdadera claridad llegó recientemente, cuando el Cerlalc (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe) publicó La huella ambiental del libro, un estudio exhaustivo que analiza el ciclo de vida completo de un libro producido en Colombia (https://acortar.link/gfabXV).

El documento, riguroso y metodológicamente sólido, confirmó varias intuiciones que ya venía explorando: nuestros libros tienen un impacto ambiental real, medible y complejo; y todavía sabemos muy poco sobre él.

Este artículo nace, justamente, de ese proceso personal: de ir encontrando piezas sueltas, de intentar comprender este tema en un sector que casi no lo discute y de la convicción de que el Perú necesita empezar a conversar, y pronto.

¿Qué es la huella de carbono editorial?

La huella de carbono editorial evalúa las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a todas las etapas del ciclo de vida del libro, desde la extracción de materias primas hasta su disposición final. Esto incluye lo siguiente:

  • La producción del papel, tintas, colas, cartones y empaques
  • La impresión, los acabados y los procesos industriales
  • El transporte, almacenamiento y distribución
  • Las devoluciones y los libros destruidos
  • El uso, el reciclaje o la disposición final
  • La infraestructura digital que sostiene ebooks, audiolibros, plataformas y servicios en la nube.

En otras palabras, no se trata solo de la impresión, no se limita al papel, ni se resuelve cambiando un insumo por otro. El libro no es solo un objeto cultural, sino también un objeto material que deja una huella ambiental en cada paso.

El aporte del estudio del Cerlalc

El análisis realizado por el Cerlalc representa, quizá, el primer estudio sistemático y de alcance nacional que se publica en América Latina sobre el tema. Y sus hallazgos son clave para entender por dónde empezar. Analicemos algunas de ellos.

  • El mayor impacto está en las materias primas, especialmente en la fabricación del papel.
  • La impresión digital y offset no muestran diferencias tan grandes por ejemplar como solemos imaginar; el tipo de papel pesa más que la tecnología.
  • Muchos impactos ambientales no tienen que ver con emisiones de CO₂, sino con categorías como toxicidad humana, eutrofización o agotamiento de recursos.
  • La recolección de datos es difícil, pero posible, si hay colaboración entre editoriales e imprentas.
  • Las decisiones de diseño editorial y la planificación de tirajes influyen más de lo que pensamos.

Que exista este estudio colombiano es una buena noticia: contamos con una base sólida desde la cual el Perú puede comenzar a aprender, comparar y adaptar.

Por qué este tema importa para el Perú

Nuestro mercado editorial enfrenta limitaciones estructurales: tirajes reducidos, altos costos logísticos, devoluciones frecuentes, infraestructura desigual, papel importado, procesos heterogéneos entre imprentas y una cadena del libro muy fragmentada. Todo ello significa que no conocemos nuestra propia huella y, sin medición, no hay diagnóstico; sin diagnóstico, no hay mejora.

Además, los lectores jóvenes son cada vez más sensibles a temas ambientales, las regulaciones internacionales ya están cambiando, como el Reglamento Europeo sobre Productos Libres de Deforestación (https://acortar.link/ed8bxE), que afectará directamente las cadenas globales de papel y derivados) y las industrias culturales del mundo están incorporando la sostenibilidad como criterio básico de gestión. El Perú no puede quedarse fuera de esta conversación.

Mitos que debemos abandonar

A medida que profundizo en el tema, encuentro ideas que necesitan matices:

  • El libro digital no contamina. No es tan simple: depende del uso, de los dispositivos y de la infraestructura digital.
  • El impacto está solo en la imprenta. El papel, el transporte y las devoluciones pesan muchísimo.
  • Lo sostenible es más caro. A veces sí, pero muchas veces implica simplemente planificar mejor.
  • No podemos hacer nada. Siempre hay puntos de mejora; incluso los más pequeños suman.

¿Por dónde empezar? Pasos alcanzables para la industria peruana

No se trata de transformar todo de un día para otro, sino de comprender y avanzar gradualmente. A continuación, les dejo algunas acciones iniciales:

  • Medir consumos internos (energía, papel, transporte).
  • Dialogar con proveedores sobre papeles certificados o alternativas renovables.
  • Optimizar tirajes y reducir sobreproducción.
  • Disminuir devoluciones mediante planificación más fina.
  • Evaluar el uso de POD (print on demand) para ciertos títulos.
  • Capacitar equipos en ecoedición y sostenibilidad aplicada al libro.
  • Son pasos modestos, pero abren camino.

Hacia una conversación más profunda

Mi intención es explicar de manera clara qué significa medir la huella de un libro, qué metodologías sirven, cómo interpretarlas y qué podrían hacer las editoriales peruanas —grandes, medianas y pequeñas— para prepararse.

Si el estudio colombiano muestra algo, es que necesitamos datos locales, acuerdos sectoriales, diálogo entre imprentas y editoriales y una agenda que mire la sostenibilidad no como un obstáculo, sino como un camino de mejora.

El libro tiene un enorme valor cultural. Cuidar su impacto también es cuidarlo a él.