Luis Miguel Espejo: «Lo que necesita la educación y la producción de la industria del futuro es que las personas puedan pensar»

La lectura, ese hábito maravilloso y en constante cambio, es uno de los fenómenos más estudiados a lo largo de la historia. ¿Cuáles son sus beneficios? ¿Cómo se enfoca en las escuelas y ante los lectores del nuevo siglo? ¿Cómo se gesta el gusto por la lectura? Luis Miguel Espejo, docente de la Escuela de Edición de Lima, responde estas interrogantes en la siguiente entrevista.

Por Marco Fernández

Mucho se ha hablado, teorizado y emprendido en favor de la lectura. Pero vamos a la semilla, ¿cómo es que se despierta este hábito en los niños? ¿Dónde tiene su origen?

Los niños siempre tienen curiosidad por el mundo. Es natural en ellos preguntar por qué y también imitar, sea lo bueno o lo malo. Si en casa hay disponibilidad de material de lectura, revistas— lo que en mi época llamábamos “chistes”— o libros y, además, hay ejemplo de los adultos que leen, los niños pueden sentir esta atracción y curiosidad por esa acción. En realidad, el acto de leer en esa etapa se trata de un acompañamiento, ya sea leer un cuento antes de dormir o acompañarlos cuando tienen una tarea escolar y no entienden un texto. Es necesario comprender que hablamos de niños del siglo XX, pues a estas alturas también están leyendo en pantalla textos breves o en Youtube. Es decir, se están acostumbrando al consumo de información en movimiento.

Mencionaste una palabra muy importante: curiosidad. Digamos que esta característica lleva al niño explorar el libro y todas sus dimensiones. Pero, ¿qué pasa con ese niño que está creciendo y de pronto se topa con el libro equivocado? Como decía Daniel Pennac en su libro Como una novela, no hay libro malo sino malas experiencias que necesitan de una reconciliación.

Esto puede suceder en la niñez o en la adolescencia también. A veces uno tiene que leer ya sea por el colegio o por obligación. De pronto, el libro no cala, no entra, no corre. Recuerdo que en una conversación con Jorge Eslava saltó el tema del libro bueno, el libro malo, el lector bueno y el malo, y convenimos en lo que dices respecto a que no hay libro malo, sino un mal momento para leer. Cuando leí Rayuela tenía unos dieciocho años y me costó bastante. Pero volví a ella a los diecinueve, a los veintitrés, veinticinco, treinta y tantos y, cada vez que la leo la entiendo y disfruto mucho más. Lo mismo pasa con Moby Dick y un montón de clásicos. Una buena herramienta que pueden tener los padres y los mismos jóvenes al enfrentar una situación de este tipo es recordar, a modo de mantra: «A lo mejor no es el momento para este libro. Ya vendrá otro». Otra cosa en la que concordamos con Jorge en aquella conversación fue que, sino encuentras en las primeras páginas ese enganche para leer, no te obligues a hacerlo. Si no estás leyendo por placer, déjalo y busca otro libro. En esa búsqueda es posible que encuentres una joya insospechada. Lo importante es propiciar el ejercicio de la lectura porque activas rutas neuronales que no podrán efectuarse de otra manera. Además, el libro, a diferencia del periódico que se descarta y olvida al día siguiente de ser consumido, tiene la fascinante característica de la relectura, sobre todo si es que hablamos de literatura.

Ya que hablábamos de Pennac, recuerdo mucho los Derechos del Lector, donde dice que una persona tiene derecho a abandonar un libro si no le gusta. En los colegios, por lo general, la lectura es casi una imposición más que una actividad placentera.

La lectura por placer sería el ideal, sin embargo, es cierto que muchas veces se generan lecturas por obligación. Para poder dar un examen sobre la obra de Homero o los clásicos, necesariamente debes leerlos, no basta con ver un resumen. Y, ¡tienes que sufrir a Homero! El asunto es que, tanto Homero, como la Biblia o los clásicos son libros que fueron escritos para personas de una época específica. Lo mismo ocurre con los libros de ahora. No es fácil entrar sin acompañamiento a algunas lecturas como, sin ir tan lejos, Don Quijote de la Mancha. Me parece excelente que haya versiones adaptadas para jóvenes, pero sería oportuno que se pueda hacer una lectura del texto original de la primera y segunda parte con un acompañamiento bastante integral. No se trata solo de leer la novela, sino analizar que situación atravesaba España en aquel momento, por qué surgió ese libro, qué necesidad tenía Cervantes de acabar con las novelas de caballería, el nivel de analfabetismo en España, la alimentación de la gente, entre otros factores. Todo esto va configurando un entorno que facilita entender por qué hay ritmo en la lectura del Quijote, por qué usa algunas frases, por qué hay frases largas, las interacciones entre la narración, la historia y los personajes.  El contexto ayuda bastante a entrar en ese disfrute.

Es posible que estemos frente a una cadena de malas percepciones, de libros equivocados y momentos poco oportunos. De alguna manera, esto también influye en la percepción que un educador puede tener sobre la lectura. No se dice en voz alta, pero muchas veces los profesores no leen, entonces, ¿cómo podrían inculcar a sus estudiantes el placer y el disfrute de la lectura?

Otra vacuna que pueden inculcar los educadores y lectores adultos es que la literatura no habla consigo misma, sino que dialoga con otras literaturas. El Quijote hace referencia a las novelas de caballería. Hay superhéroes que salen de tragedias o mitos griegos. Incluso todas las telenovelas mexicanas clásicas provienen de unos cuantos de esos mitos: la lucha contra el destino, el chico que desea superar las barreras sociales, la chica que busca el amor y al final se casa y todo es color de rosa. Eso es un tópico tan antiguo como el agua hervida. Otra recomendación es leer más allá del texto, no quedarse solamente en el libro. De todas maneras, hay conexiones con otras tradiciones literarias. Por eso la literatura es uno de los pocos espacios donde los libros se reeditan tal cual. Si haces una buena traducción, sumada a una buena edición, tienes un buen libro asegurado.

Daniel Cassany menciona que más que leer, se trata de comprender. Tenemos tantas cifras en pruebas PISA y otras tantas cuestiones que nos arrojan que en el Perú no se lee mucho. Pero no solo se trata de la cifra dura, sino analizar por qué la gente no lee. Pienso que solo nos guiamos por los números para luego lamentarnos por lo que no se hace. Pero, la pregunta es al final quién arregla este problema.

Si intentásemos encontrar una solución al problema, tardaríamos por lo menos una o dos generaciones. Esto no se arregla con una ley ni con una práctica. Muchas de las cosas que faltan es información de buena calidad. Por ejemplo, estaba dictando una clase —solamente eran mujeres— y les dije a mis alumnas: «¿Cuándo fue la última vez que vieron a un hombre leyendo?». La misma pregunta me la realicé yo mismo y recordé a un hombre leyendo un libro en enero de este año. Eso puedes verlo en Buenos Aires, en Madrid, quizás en México, en un mundo de habla hispana me refiero. Pero acá en Perú eso es un poco difícil. La mayoría de los hombres aquí leen periódicos, pero si he visto a mujeres leyendo libros. Preguntarse el por qué es válido, pero se necesita data para corroborar. Sabemos que el sistema educativo está muy abandonado, manoseado y estancado. Yo siento que estamos yéndonos un poquito más hacia tiempos medievales con este abandono de la educación en general. A los chicos no se les está enseñando a pensar de forma crítica, sino que se insiste con la misma cantaleta de leer, memorizar y responder preguntas. Eso es un nivel muy básico. Lo que necesita la educación y la producción de la industria del futuro es que las personas puedan pensar. De hecho, más importante que solamente enseñar y paporretear respuestas es fomentar el pensamiento crítico en los estudiantes, es decir, enseñarles a debatir, a escuchar, a sopesar ideas, a obtener información y a discriminarla, y a formular conclusiones. Es un trabajo enorme, pero siento que no se está fomentando en las escuelas. Tengo dos hijos en edad escolar y me dejan la sensación de que están haciendo con ellos lo mismo que hacían conmigo en los años ochenta. ¿Cómo se soluciona esto? Por varios frentes. Por un lado, la disponibilidad y el acceso a los libros. Aquí en Perú todavía es caro comprar libros. Y no hablo de que se generen subvenciones, sino que se desarrolle una política integral que hiciese tanto del libro electrónico como del físico un objeto de acceso sencillo. De este modo, un estudiante de cualquier parte del Perú podría acceder a una biblioteca bien surtida, a plataformas que le permitan una lectura cómoda y completa de libros digitales. Necesitamos repensar y trabajar los temas educativos.

Martín Kohan, un escritor argentino, decía que la lectura necesita menos sermones y más actos concretos. ¿Cuál sería un acto de este tipo en torno a lectura y el fomento de esta?

Un acto concreto es que tengamos una proporción razonable entre lectores y creadores. Por ejemplo, alguna vez, cuando visité Islandia, me dijeron un dicho que data de hace muchos años: «Si un islandés no está leyendo un libro es porque está escribiéndolo». Fue sorprendente. La producción editorial en un idioma que solamente podían entender 230 000 islandeses en aquel momento superaba de lejos a la que tenía el Perú.

Algunos autores afirman que antes de ser escritor uno se forma como lector. Alguna vez escuché que, antes de formar en los talleres a escritores, se deben formar lectores que, en el futuro, devendrán en la actividad creativa.

Tú puedes tener un carpintero que, con unos clavos, un martillo y un par de sierras puede hacer algunas piezas básicas. Pero si a ese mismo carpintero le das varios tipos de martillos o diferentes tipos de madera, se conseguirá otro tipo de ebanistería, más fina o elaborada si él quiere. Cualquiera puede animarse a hacer creación en literatura, en lírica, en narrativa o en artes escénicas. Mientras más herramientas tengas, mucho mejor. Tú menú va a ser mucho más rico, mucho más grande y tu producción, por tanto, podría ser más variada o exploratoria. Entonces, mientras más tengas para elegir, mayores probabilidades tendrás para producir. Sería bueno encontrar formadores de lectores antes de, o durante los talleres de creación literaria.

Incluso, hay aspirantes a escritores que dicen que no leen porque «están buscando su propio estilo». Y, uno se pone a pensar a qué estilo se están refiriendo si no tienen un referente que pueda alimentar, justamente como usted lo menciona, esas técnicas, esos caminos exploratorios que podría tener sobre el proceso creativo.

En La tía Julia y el escribidor, el escribidor era este señor que hacía los guiones de radio para las radionovelas y que afirmaba que no leía nada para no contaminar su estilo. Si se fijan bien, el maestro Vargas Llosa presentaba el mismo estilo en todos los capítulos que le tocaban al escribidor. Entonces, todo el tiempo parecía el mismo personaje de nariz aguileña, frente amplia, actitud y serenidad en la mirada. El héroe de cada una de las radionovelas —porque cada capítulo que le tocaba al escribidor era una radionovela diferente e inconclusa— aparecía  como un personaje que era igual al propio escribidor. Un tipo de mediana estatura, con frente amplia, nariz aguileña y serenidad en el semblante. Se repetía lo mismo. Claro, tú puedes encontrar tu propio estilo. Pero, experimentar con otros estilos en algún momento dará alguna clave para forjar un estilo propio y realmente original. No por «descontaminarte» con otros escritores vas a estar protegido. Para nada. Y no hay problema si es que te salen cosas iguales. Esta famosa «cleptomnesia», en la que tú te robas algo sin darte cuenta de ello, al menos en el plano literario es natural. Es normal que si estás escribiendo algo y no recuerdas si leíste algo de Ricardo Palma o de Hemingway cuando estabas en la adolescencia, te salga una frase parecida a la de ellos. Alguien más se dará cuenta y dirá: «Oye, por acá se te ha escapado algo que tú ya tenías allá en tu arsenal y ha pasado inadvertido porque lo has escrito con tus propias manos».

El amor en los tiempos de la Escuela

Luis Espinoza y Andrea Doria se conocieron hace algunos años en la Escuela de Edición de Lima. Hoy, comprometidos y junto a su pequeña Emilia, compartieron con nosotros una tarde en la que recordaron los momentos más felices que pasaron en la EEL. Por el Día de San Valentín, les dejamos esta entrevista que sella una bella historia de amor que nació en las aulas de la Escuela.

Por Marco Fernández

Ustedes se conocieron en la Escuela de Edición de Lima ¿Cómo se dio ese primer encuentro?

Luis Espinoza: ¿Quieres su versión o la mía? [risas]. Yo fui tu profesor.

Andrea Doria: No, mentira, no fue mi profesor. El curso final era el de proyectos, lo dictaba otro docente llamado Erick. No sé qué ocurrió, pero lo llamaron a Luis no para enseñar, sino para evaluar proyectos.

Luis Espinoza: Erick me invitó para evaluar los proyectos.

Andrea Doria: Así es. No era el profesor, simplemente fue a comentar los proyectos.

Luis Espinoza: Era profesor…

Andrea Doria: Pero no nuestro [risas].

De todas maneras, quieres decir que fuiste su profesor.

AD: Quiere la historia del profesor y la alumna, pero no le va a ligar. Ahí nos vimos, fueron como dos o tres veces.

LE: Cuatro fines de semanas. Yo me quedaba después de mi clase media hora más para evaluar los proyectos.

AD: Después vino fin de año, se dio el intercambio de libros de la Escuela y ojitos van y ojitos vienen.

LE: Alguien se despidió con un medio piquito.

Entonces, si fue en el truequetón de la Escuela, podría decirse que los unió los libros.

AD: Claro, no me tocó ni su libro, ni mi libro le tocó a él, pero había ojitos ahí. En verdad, yo le había echado el ojo desde antes, pero ahí fue cuando empezó todo. Lo agregué a Facebook y empezamos a conversar. No había Instagram en aquel entonces. Luego pasamos a mensajearnos por WhatsApp.

Si bien se conocieron en la EEL, donde nació el amor, ¿compartían muchas cosas en común, como la pasión editorial?

LE: Curiosamente, no. Yo era profesor de marketing editorial; si bien me gustan los libros, mi pasión es vender. No es que yo sea un lector ávido, más bien ella es la lectora ávida que tiene cincuenta mil libros en la casa. Yo tengo los libros tipo coffee table, como mis libritos de Tarantino, de Zelda, de videojuegos con portadas hermosas. He retomado el tema de la lectura, más que todo digital, pero Andrea es la apasionada por los libros.

AD: En verdad, cuando comenzamos más unían las películas que los libros.

LE: Nos unían bastantes cosas. De hecho, sí los libros, porque a mí me gustan mucho las novelas de terror, soy muy fanático de Edgar Allan Poe, Lovecraft y Stephen King. Justamente en ese tiempo estaba leyendo el último libro de Pablo de Santis de aquel entonces, El enigma de París, que ganó el Premio Planeta. Siempre comentábamos acerca de ese libro y sobre cómo escribía De Santis, por lo que, si bien hemos tenido ganchos literarios, más fue el tema de la música, la comida, series de televisión y películas lo que nos llevó a congeniar.

De algún modo comparten cosas en común, ¿alguna vez han trabajado juntos un proyecto?

AD: Una hija [risas]. La verdad, ninguno.

LE: En algún momento quisimos lanzar una editorial para niños, pero llegó la pandemia y todo se estancó.

AD: Nunca fue una idea de nosotros juntarnos para hacer algo. Yo tenía un trabajo, él tenía el suyo. Nos unían otras cosas. Nos conocimos en la Escuela y ese fue el punto de partida.

Digamos que fue el destino, entonces.

LE: En verdad, fue bastante suerte.

AD: Si no nos conocíamos ahí, no nos hubiéramos conocido en ningún otro lado.

LE: Yo llego a los libros porque conseguí un trabajo como jefe de marketing en una editorial. Ahí empieza mi afición por la edición, no es que yo lo haya buscado estar ahí, sino que se dio la oportunidad. En la Escuela conocí a Andrea y a todas las personas involucradas. Antes de eso no tenía ninguna experiencia editorial, no sabía cómo se hacían los libros, no sabía que Garamond era la fuente más recurrente para la impresión. Esas cosas las aprendí en el día a día. Si no hubiera sido por el trabajo en la Escuela, por esa oportunidad de enseñar, no habría tenido otro momento para conocer a Andrea.

AD: No teníamos amigos en común, ninguno. Si no hubiera sido por la Escuela, nunca nos hubiéramos conocido.

Andrea acaba de decir algo muy importante: «si no hubiera sido por la Escuela, nunca nos hubiéramos conocido». En cierta forma, es su evento canon.

AD: ¡Sí! Es más, inscribirme en la Escuela también fue una cuestión de suerte. Yo estaba en la playa y de pronto vi una publicidad en Facebook de que se iban a abrir cursos. No es que yo estuviera buscando estudiar eso, simplemente lo vi, me pareció interesante y me metí.

LE: En mi caso, una de las personas que estaba en la editorial era parte de la Escuela y me dijo que tenía un proyecto y que necesitaba a una persona que se encargara de las actividades de marketing. Acepté y me empapé del tema, porque si bien tenía una estrategia para ver temas de revistas y de editoriales, tuve que aprender cómo se hacen los libros, cómo se comercializan o cómo es la rentabilidad. Fue una experiencia muy bonita aprender la parte comercial del sector editorial, qué hace a un libro rentable, qué hace a un libro más atractivo para la compra, cómo puedo lograr que más gente visualice el contenido en una portada realmente genial. Gracias a ello he tenido la oportunidad de trabajar en varios proyectos muy buenos. Uno de los pocos que vieron la luz fue Libertad y prejuicio, de Yesenia Alves, que trata acerca de los prejuicios contra la comunidad LGTB acá en Perú. Me gustó bastante porque fue un proyecto que salió de la Escuela y se vio materializado. Fue bastante bonito que la autora me hiciese llegar el libro con una dedicatoria bonita por las enseñanzas de la Escuela.

Nunca imaginaron terminar juntos y con una hija.

LE: Todo fue tema de suerte. Yo llego a Comunica porque un amigo es amigo de un amigo y es amigo de otro amigo. Tuve que estudiar en la universidad que estudié para conocer a ese amigo para llegar a ese trabajo, sin el cual nunca hubiera llegado a la Escuela de Edición de Lima.

AD: Por eso te decía que, si no fuera por la Escuela, esto no hubiera sucedido.

Luis, dile algo bonito a Andrea.

LE: Qué tan cursi quieres que sea [risas]. Lo mejor que me pudo pasar en la Escuela fue Andrea. Fue una aventura muy bonita y mira, quedó materializada en nuestra hija.

Ahora tú, Andrea.

AD: Mi proyecto, por más bueno que fue, no salió, pero de ahí llegó el mejor proyecto de vida de ambos, lo cual agradezco infinitamente.

La Escuela los unió, que la Escuela los bendiga para siempre.

AD: ¡Así es! Una vez pasamos por el local antiguo de Miraflores (en Mariano Odicio) pero la casa estaba abandonada.

LE: Nos dio pena, pero ahí nos acordamos de que algún día tendremos que pedir esa casa para hacer la recepción de nuestro matrimonio, porque ahí fue donde nos conocimos. ¡Sería algo paja!

Ley del Libro: ¿qué impresiones dejó esta nueva medida?

El pasado 10 de octubre, el Ejecutivo promulgó la Ley del Libro y la Lectura, la cual busca acortar la brecha de acceso al libro. ¿Qué impresiones ha suscitado esta iniciativa, en cuanto a acciones concretas de acercamiento al libro y la lectura? Aquí te dejamos las respuestas de Pablo Cotrina1, Karen Calderón2 y Juan Miguel Marthans3.

En torno a la ley, ¿basta solo con la exoneración del IGV y la protección a las editoriales para conseguir un real fomento de la lectura en el país?

Pablo Cotrina: La exoneración del IGV ayuda a que la industria no se vea penalizada por los impuestos debido a que no se puede tratar el libro como un comodity, pero para un fomento de la lectura hay que hacer estrategias separadas. El Plan Lector y otras iniciativas privadas exitosas de lectura pueden tener continuidad con esta medida.

Karen Calderón: Son medidas necesarias para coadyuvar a las políticas de fomento de la lectura en nuestro país. Sin embargo, creemos que, de manera complementaria, se pueden trabajar en otros formatos que van de la mano con la capacitación o formación de mediadores de lectura. Por ejemplo, diseñar y ejecutar un Plan Nacional de Mediación de Lectura, en donde la comunidad educativa de la educación básica regular, la educación técnica y universitaria, los gestores culturales vinculados al mundo del libro (bibliotecas, editoriales, instituciones del Estado, entre las principales) puedan trabajar en el fomento de la lectura de manera obligatoria (política de Estado con presupuesto asignado).

Juan Miguel Marthans: La exoneración del IGV es un gran paso. Enorme. Ahora, vivir esta incertidumbre cada cierto tiempo solo indica la poca relevancia que le da el Gobierno a las políticas culturales en cuanto a mercado editorial. El real fomento del ecosistema editorial se dará cuando se plantee y desarrolle un verdadero fortalecimiento de la red de bibliotecas, como espacios culturales activos, modernos y con contenido actualizados.

¿Qué papel juegan las librerías en el fomento de la ley, pues no se les ha tomado en cuenta en cuanto a la promoción de la lectura en el país?

Pablo Cotrina: Las librerías son una parte fundamental del eslabón de la cadena del libro, sin embargo, integrarla dentro de la promoción de la lectura es difícil porque la librería es, sobre todo, un vendedor y para un plan de promoción de lectura el acceso continuo a los textos es crítico y debe ser gratuito. Eso no lo provee una librería, más sí una biblioteca o un entorno de lectura diseñado en casa o en otros medios digitales.

Karen Calderón: Las librerías, como parte de la cadena de distribución son muy importantes pues son una plataforma de acceso al libro. No obstante, es importante recordar que el acceso al libro o aprender a leer son derechos educativos y culturales que debemos defender. En cuanto a la ley del libro, creo que sería mejor indagar cuál es la propuesta que sobre este sector tiene el Ministerio de Cultura. En cuanto al trabajo del fomento de la lectura, es importante entender que el libro es un producto cultural que se vende y, por lo tanto, las familias deben poder adquirir libros sin la preocupación de la economía familiar. Entonces, sí creo importante consultarles.

Juan Miguel Marthans: Las librerías son agentes relevantes dentro del ecosistema del libro, pero no son determinantes en un plan de desarrollo de la lectura o de promoción del libro en el país. Y esto por varias razones y antecedentes que se han dado.  Las librerías son espacios comerciales, en su gran parte la mercadería que manejan es importada y el vínculo con las editoriales nacionales —medianas y pequeñas— muchas veces se ve empañada por la falta de cumplimiento de los compromisos, además de la priorización de atención a productos de alta rotación —que no está mal, pero muestra su rol principalmente como agente comercial.

¿Cuál deberían ser las propuestas de mejora del Ejecutivo sobre la ley, para articular un sólido fomento del libro y la lectura en el país?

Pablo Cotrina: Lo mejor que pueden hacer es seguir en comunicación con los distintos gremios de toda la cadena del libro (editores, librerías, bibliotecas, autores, distribuidores) para recoger las necesidades cambiantes que tienen y atenderlas con medidas paliativas o de protección, por ejemplo, reducir el impacto de los precios del papel y los insumos para producir libros, los precios distintos que tiene un mismo libro en distintas plataformas, los estímulos para creación y más. Integrar a los privados en iniciativas conjuntas para el fomento de la lectura también es una necesidad que el Ejecutivo puede ayudar a articular.

Karen Calderón: Lo ideal sería que la Política Nacional del Libro y la Lectura tenga un mayor alcance en cuanto a su difusión, y pensar que una ley del libro futura debe acoger un programa nacional donde se garantice el trabajo del fomento de la lectura para acortar brechas. Un programa que permita diseñar cursos de formación o capacitación según tipos de lectores; que garantice el fomento en diversas lenguas (nacionales y extranjeras); que permita recoger data sobre qué tipo de lectores tenemos, cuál es la brecha en temas de acceso al libro, de comprensión lectora; de bibliotecas por número de ciudadanos. Es importante que los programas nacionales propongan panoramas y resultados para que los contenidos de estos se revisen todo el tiempo, y se planteen siempre mejoras para el fin común: que la mayor parte de la población tenga acceso al libro.

Juan Miguel Marthans: La red de bibliotecas es lo primordial. Es lo que permitirá al sector editorial mejorar la calidad de sus propuestas. Eso se lograría con propuestas editoriales serias, que maduren rápido y que sean viables. También es de gran relevancia la profesionalización de los agentes del sector. Muchas veces el entusiasmo de muchos desaparece al poco tiempo, y eso es por no contar con una serie de herramientas para entender cómo se comporta el mercado editorial. Por otro lado, se hace necesario el fortalecimiento de las instituciones que representan a los agentes del sector editorial. El mundo del libro no es hacer ferias únicamente, ni mantener agrupaciones débiles y que parecieran tener una única voz. En los últimos años se han generado iniciativas que promueven el estímulo a nivel de la oferta editorial, activar la participación gratuita de un grupo de editoriales dentro de las principales ferias (incluso su propia feria), la entrega de los estímulos económicos (que definitivamente aporta), pero ver qué se estimule la demanda a través de actividades…  Sería interesante ver eso, le daría dinamismo e inyección económica al sector.

1Pablo Cotrina es editor con experiencia en edición comercial y académica. Ha dirigido distintos proyectos editoriales, como director nacional del fondo editorial de la Universidad César Vallejo. Asimismo, posee un máster en edición por la Universidad de Salamanca (España). Actualmente es docente de la Escuela de Edición de Lima.

2Karen Calderón es productora editorial, gestora cultural y cuenta con un máster en edición (España). Es profesora universitaria y magíster en Literatura Peruana y Latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Actualmente es directora de la Casa de la Literatura Peruana y docente de la Escuela de Edición de Lima.

3Juan Miguel Marthans es editor especializado en publicaciones no periódicas, con cerca de veinte años de experiencia en el sector editorial. Ha dirigido cerca de 350 publicaciones de diversas temáticas. Actualmente es director de la Escuela de Edición de Lima y del Centro de Desarrollo Editorial y de Contenidos, la cual es una propuesta que va de la mano con la EEL y que se expande a toda Latinoamérica en busca de estudiantes, docentes y autores de la región.

Jorge Eslava dictará un curso de lectura y escritura creativa en la Escuela de Edición de Lima

La EEL abre las inscripciones para la segunda edición del curso que iniciará el martes 9 de enero del 2024, bajo la dirección del reconocido narrador Jorge Eslava.

El placer de la escritura es consecuencia de una lectura compulsiva. En algún momento de la vida aparece de pronto una novela o cuento que rompe esquemas y, en algunos casos, enciende esa flama que impulsa a los escritores a vivir sus propias aventuras sobre el papel. Este curso busca forjar el proceso creativo de la escritura, tomando como punto de partida las habilidades del lector, a través de lecturas en las que el estudiante será capaz de reconocer diversas técnicas narrativas, con el objetivo de adaptarlas a su propio proceso.

El curso estará dirigido por el reconocido escritor peruano Jorge Eslava, quien compartirá con los participantes una serie de textos que complementarán las sesiones, pues lo importante es la práctica y el aprendizaje constante del estudiante. Por ello, se propondrán ejercicios de escritura que deberán ser presentados semanalmente. Además, estos serán compartidos en clase y debatidos entre compañeros.

Las inscripciones están abiertas. La segunda edición del curso de lectura y escritura creativa inicia el 9 de enero e irá todos los martes de 19:00 a 21:30 hrs., y consta de 12 sesiones presenciales, en Miraflores, lo cual suma un total de treinta (30) horas lectivas en las que el alumno incorporará las bases para emprender y conocer su propio proceso de escritura.

El curso de lectura y escritura creativa inicia el 16 de septiembre e irá todos los sábados de 10:30 a 01:00 pm., y consta de doce (12) sesiones presenciales, en Miraflores, de 150 minutos (dos horas y media), lo que hace un total de treinta (30) horas lectivas en las que el alumno incorporará las bases para emprender y conocer su propio proceso de escritura.

Jorge Eslava Calvo es un reconocido escritor peruano, docente en prestigiosas universidades. Él estudió Sociología y Literatura en la UNMSM, donde obtuvo el Magister y el Doctorado en Literatura. Efectuó estudios de posgrado en Madrid y Lisboa. A lo largo de más de cuatro décadas ha sido profesor de todos los niveles de nuestro sistema educativo. Ha publicado libros de poesía y narrativa, periodismo y ensayo; los cuales se han convertido en clásicos indispensables de la literatura peruana. Entre sus principales obras figuran Templado, Navajas en el paladar, Un placer ausente. Apuntes de un profesor sobre la lectura escolar, entre otros. Su ensayo Jugar a las escondidas. Una invitación para escribir cuentos en la escuela será utilizado como lectura guía en el curso y será entregado a los participantes de forma virtual.

El curso será certificado por la Escuela de Edición de Lima y el Centro de Desarrollo Editorial y de Contenidos. Las vacantes son limitadas. Para más informes e inscripciones comunícate al 968788289 o consulta con una asesora al WhasApp: wa.link/gb8ory. También puedes escribir al correo comercial@escueladeediciondelima.com

Argentina: lanzan campaña para «poner de moda los libros»

Figuras de la literatura, la música y el cine argentino participan de la campaña Leyendo.Arg, la cual busca establecer el gusto por los libros y la lectura en dicho país.

Eduardo Sacheri, Claudia Piñero, el músico Fito Páez, la periodista Leila Guerrero y otros 197 artistas protagonizan esta interesante iniciativa de promoción de la lectura, incentivada por la Fundación El Libro Cuenta, la cual fue lanzada hoy en el marco del Día del Lector, al conmemorarse los 124 años del natalicio del escritor argentino Jorge Luis Borges.

La campaña consta de videos cortos en los que cada artista manifiesta su amor por la lectura y el vínculo que tienen con los libros, como medio para ingresar a nuevos universos y mundos creados a partir del efecto que causan las palabras. Las redes sociales son el principal canal de transmisión.

Ignacio Iraola, promotor principal de esta actividad, precisó que el objetivo principal es que los libros, y especialmente la lectura, estén de moda en la vida de las personas, pues: «los libros son algo central en la vida de todos, nos salvan».

Gislene Coloma: «Después de llevar el Curso Integral de Corrección de Estilo, puedo decir que soy una correctora profesional»

Comunicadora, escritora y ahora correctora. Gislene Coloma comparte sus impresiones acerca del Curso Integral de Corrección de Estilo, el cual se encuentra pronto a concluir.

¿Cómo inició tu vínculo con los textos, la redacción y los libros?

Soy comunicadora de profesión y tengo un máster también en comunicación y dirección de contenidos. Leo desde muy chica, eso lo heredé de mi mamá, quien tenía una gran biblioteca. Era de las chicas «raras», a la que premiaban con libros. Cuando tuve que escoger una carrera, me di cuenta de que quería crear cosas distintas con las palabras. La redacción creativa me encantaba, pero no había una carrera dedicada solo a ello. Vi que en la carrera de comunicaciones podía desarrollar esa vocación y el talento que yo creía tener para escribir. Empecé trabajando como guionista y productora de dos programas en Univisión de Costa Rica. Luego regresé a Perú y entré a trabajar como redactora creativa en una multinacional, lo cual me permitió vivir tranquila, criar a mis hijos y estudiar otros temas relacionados a mis aficiones. Sin embargo, sentía que me faltaba una formación profesional, pues todo se basaba simplemente en mi destreza como lectora, pero no conocía las reglas exactas.

Actualmente estás cursando el Curso Integral de Corrección de Estilo en la Escuela de Edición de Lima. ¿Cuál es tu experiencia en el curso? ¿Cómo ha sido este perfeccionamiento y de qué forma lo vienes asimilado?

Me siento mucho más segura para sustentar lo que antes era instintivo. Empecé con un taller de corrección de estilo, el cual me abrió todo un mundo lleno de posibilidades. En aquel entonces yo ya había escrito un libro de haikus y quería escribir más. A decir verdad, me la paso corrigiendo todo lo que leo, así que pensé que tenía alma de correctora. Además, por lo que me enteré, la Escuela de Edición de Lima era la única que daba esa formación. En el 2022 entré al Curso Integral de Corrección de Estilo, que ofrece una formación de casi un año. Puedo asegurarles que me siento más segura al sustentar cualquier cambio hecho por el autor o cualquier variación en la redacción. Sabemos que los autores somos muy sensibles con nuestros textos, pero estoy en la capacidad de mejorarlos y sustentarlos con conocimiento de causa. Conozco las reglas, sé por qué se tiene que escribir de una manera y no de otra. Hoy en día trabajo como consultora de comunicaciones y he incursionado ya en el tema de la corrección profesionalmente. Estoy corrigiendo una novela para una autora que vive en Estados Unidos. A medida que corrijo aprendo más, practico más y me agrada el hecho de que puedo hacerles consultas a los profesores. Me falta muy poco para terminar el Curso Integral de Corrección de Estilo, pero puedo decir que ya soy una correctora profesional.

Dices que la plana docente de la Escuela de Edición de Lima te ha ayudado con tus consultas, es decir, ¿consideras que la formación y el vínculo con los profesores es algo que se ha fortalecido en este tiempo?

Estoy encantada con los profesores. Cada docente es una fuente de sabiduría que yo no me imaginaba que existía. Son muy buenos, la selección de profesores es extraordinaria e impecable. Tal es así que, si pierdo una clase, siento que se me escapa algo importante, porque cada clase descubro nuevas cosas. El nivel de los profesores es muy alto, lo cual me ha dejado gratamente sorprendida. Creo que todo aquel que trabaje con las palabras debería tomar esta formación en corrección de estilo. Lo recomiendo totalmente.

¿Cómo ha sido tu experiencia al llevar el curso de manera virtual?

Sí funciona. Hay algunos temas un poco más pesados que otros, porque hay que leer bastante. Ahora estamos en una etapa en la que leemos mucho, analizamos y corregimos sobre lo que está en pantalla, cosa un poco más densa. Pero más son las ganancias, porque, por ejemplo, cuando llevé el primer curso en la Escuela de forma presencial, me era difícil llegar a la hora. Con la virtualidad, en cambio, es excelente. No lo tomaría de otra manera.

En algunas promociones ingresan también estudiantes de otros países, quienes comparten sus experiencias en el salón.

Sí, es súper interesante. Tengo compañeros de México, de Chile, de Colombia y es muy enriquecedor compartir con ellos, lo cual no podría ser posible en la presencialidad.

Tú eres comunicadora y te asumes como una correctora de estilo profesional. ¿Qué importancia tiene redactar bien en el trabajo? ¿Cómo aplicamos el tema de la redacción y la corrección en el trabajo, después de adquirir las herramientas en el Curso Integral de Corrección de Estilo?

En principio, debemos entender que la corrección no es redactar. Pasa mucho que te dan textos mal redactados para corregir y eso supone ya otro trabajo, pues implica no solo revisarlos sino, en ocasiones, reescribirlos. Puedes corregirlos, obviamente, pero si la casa está mal construida, por más que la pintes, la tarrajees o le pongas un nuevo techo, la base seguirá endeble. Cuando recibo textos, los leo por completo para saber si voy a pintar la casa o a cambiar tuberías, pues encuentro que muchas personas no saben redactar, que es lo primero. El corrector está para descubrir lo errores sobre algo que está más o menos bien redactado. Este curso de corrección me ha servido para saber identificar esos puntos.

Hay personas que dicen: «Soy de otra carrera, por lo tanto, no tengo la obligación de redactar bien». Desde tu punto de vista como redactora, ¿esto es un error?

Todos tenemos que aprender a redactar. Ahora, no es que estudias un curso de redacción y listo, ya sabes redactar. Hay todo un bagaje de lectura detrás. En una oportunidad fui jefa de redacción y luego gerente de contenidos, y lo que me más me costaba encontrar era buenos redactores. En principio, porque no hay una carrera específica de redacción y porque el redactor es una rara avis que lee mucho y que no sabe canalizar todo ese conocimiento. El redactor no nace con un solo curso; se macera con los años, la lectura y la práctica. Un buen redactor se nutre de lecturas, hasta que alcanza su perfeccionamiento. No tiene que ver con la carrera sino con haber leído mucho.

Quisiéramos saber tus impresiones finales sobre la escuela, los profesores, los compañeros.

Bueno, la Escuela me parece maravillosa, los profesores excelentes, me encantaron las clases. Estoy muy orgullosa por la certificación que voy a obtener. Gracias a este curso he despertado la curiosidad por investigar qué otras actividades sobre corrección hay en otros países. He descubierto que hay un gran universo de correctores. Pero, además de corregir, también quiero escribir y creo que ahora puedo hacerlo mejor. Asimismo, creo que se abre para mí un mundo que yo creía que no existía, la verdad no sabía que podían generarse ingresos corrigiendo textos. Tengo la posibilidad de trabajar en corrección, escribiendo mejor, sustentar cualquier cosa que haga en el campo de la comunicación e, incluso, en la docencia. Gracias a la Escuela, he descubierto todo este abanico de posibilidades.

Cinco libros sobre descanso y vacaciones

El tiempo de ocio es uno de los más esperados de todo el año. En las historias presentadas, las vacaciones son el escenario central.

Cada vez se hace más difícil poder ocuparse de algo más que no sean las obligaciones diarias. El mundo de hoy exige no solo trabajar, sino capacitarse constantemente, hacer proyectos alternos, e incluso mantener más de un trabajo para sobrevivir. Con todo este tiempo ocupado, es muy difícil encontrar un tiempo para lo que nos gustaría hacer. Por eso, para muchos, las vacaciones son el momento perfecto para leer.

Las historias en esta lista se tratan precisamente de ese tiempo, días largos de descanso y ocio que transcurren de forma paralela a la cotidianidad. Los personajes descubren la naturaleza, se encierran del mundo o se enfrentan a enredos personales que en otro espacio-tiempo no habrían podido encontrar. En estas obras ―cuatro novelas y una obra de teatro―, los protagonistas se encuentran de vacaciones.

Mi año de descanso y relajación, de Ottessa Moshfegh (2019)

Alfaguara, 2019.

La narradora de esta novela decide encerrarse un año en su departamento, ubicado en una de las zonas más exclusivas de Manhattan. Gracias a una buena herencia, se permite pasar la mayor parte del tiempo con fármacos, durmiendo todo lo que puede y viendo películas de Whoopi Goldberg y Harrisson Ford. El tiempo de la historia se da entre el 2000 y 2001, por lo que, al tiempo que ella sale de su largo descanso, la ciudad que la rodea y el mundo despiertan de sus respectivas individualidades con la caída de las torres el 11 de septiembre.

El libro del verano, de Tove Jannson (1972)

Compañía Naviera Ilimitada (Argentina) publicó una traducción el 2018.

Sophia pasa largos veranos en una isla del archipiélago finlandés junto a su abuela y su padre. Los días se van en descubrimientos de la caprichosa naturaleza de la zona, discusiones entre la niña y la abuela, una persona solitaria, y excursiones con el padre hacia el mar Báltico.

Crónica de San Gabriel, de Julio Ramón Ribeyro (1962)

Pesopluma publicó una edición el 2014.

En la primera novela de la carrera del autor, un adolescente limeño es obligado a pasar sus vacaciones en San Gabriel, una hacienda en la sierra peruana. Pasado el aburrimiento que implica no estar rodeado de nada de lo que acostumbra y verse en un espacio solitario, rural y antiguo, Lucho descubre el racismo, el clasismo, las diferencias sociales, y comienza a descubrir el amor y la atracción.

La gaviota, de Anton Chéjov (1896)

Por su extensión, La gaviota suele publicarse junto a otras obras del autor.

El escenario de esta obra de teatro es una casa en el campo, adonde acuden varios personajes para pasar una temporada de verano. Entre estos se encuentran un escritor famoso que trabaja en su próxima gran obra, también amante de la hermana del dueño de la casa. Al transcurrir el tiempo vemos las complejas relaciones amorosas entre todos los personajes, y ninguno es totalmente correspondido.

La muerte en Venecia, de Thomas Mann (1912)

Debolsillo, 2020.

Gustav Aschenbach es un escritor reconocido y mayor que va de vacaciones a Venecia. Llega en busca de inspiración y para reflexionar en un entorno idílico. En el hotel conoce a Tadzio, un joven polaco que también está de vacaciones con su familia. Este chico se convierte en su objeto de deseo; desde que lo ve, Gustav se dedica a la contemplación estética del muchacho y a sufrir por el amor imposible.

Javier Arévalo: «En lo cultural, el Mincul no tiene ninguna orientación política. Hacen actividades, pero no hay una guía definida».

Javier Arévalo es escritor, periodista y promotor cultural. Tuvimos la oportunidad de hablar con él para que comparta su visión acerca de los hábitos de lectura en nuestro país, las limitaciones que tiene el Plan Lector para revertir estos problemas y lo que se podría aplicar para redireccionarlo.

CDEYC: ¿Qué agentes de la industria editorial se quedaron fuera de la nueva Ley del Libro?

Javier Arévalo: La nueva Ley del Libro no está enfocada directamente —como en las anteriores—, a vender la idea que con beneficios tributarios o con exoneraciones de impuestos vamos a generar más lectores. La industria lo que necesita son lectores. Los lectores de todo el país son formados en las escuelas, donde los niños tienen acceso al libro y a la lectura. El Estado tiene como meta hacer que cada niño en este país tenga acceso a una biblioteca. Ese es un objetivo que impacta en toda a industria editorial.

CDEYC: ¿Qué beneficios brinda esta nueva Ley del Libro?

J. A.: He trabajado desde hace diez años para que esta ley tenga el enfoque de ahora. El impulso de la industria es que tenga clientes, o que se vea beneficiada hasta que logre tenerlos. Por ejemplo, para que una industria como la del teatro o de la lectura logre tener un público, ese público tiene que ser educado en el uso y en el deseo de su producción. La lógica desde el Estado no es colaborar con una industria, es formar un sujeto que desea leer o que sabe y desea la experiencia y el beneficio que le da leer. Hasta ahora eso no había ocurrido. Si tú piensas en 50 000 escuelas públicas y 100 000 escuelas privadas, y en todas ellas se logra tener una biblioteca con estándares de calidad internacional, entonces habrá editores, libreros, bibliotecarios, promotores de lectura, maestros. Y los demás usuarios estarán beneficiados, incluso la industria editorial. Esto es porque los libros tienen que comprárselos a alguien; los autores tienen que hacer los libros; los diseñadores tienen que ilustrarlos y diagramarlos; las imprentas imprimirlos. Toda la cadena está atada a una sola visión: que un ciudadano peruano, en general, y un niño, en especial, tengan acceso a una biblioteca. Ese es el verdadero foco. La industria debería verse así. Las exoneraciones jamás han formado un solo lector en nuestro país.

Javier Arévalo: La verdad es que el país tiene tantos problemas para comprender en qué consiste una biblioteca, que cree que una tablet es una biblioteca.

CDEYC: ¿Ha habido algún tipo de estímulo dirigido al sector cultural como para superar la crisis debido al covid-19?

J. A.: Hubo varias actividades enloquecidas para soltar dinero. La última compra de libros se hizo sin consulta y sin orientación alguna. Solo para repartir dinero entre un grupo de personas de la industria. Precisamente eso es lo que ocurre alrededor de la gestión cultural, ha estado tan abandonada que no tiene foco. Todos esos libros que van a comprar ahora ¿a dónde van a ir?, ¿qué sistema de bibliotecas tenemos para que los recepcione? Han comprado imprudentemente. En lo cultural, el Mincul no tiene ninguna orientación política. Hace actividades, pero no hay una guía definida.

CDEYC: ¿Esto se debe a problemas ocasionados por la antigua ley del libro?

J. A.: Hemos tenido una ley del libro enfocada en disminuir el pago a los importadores y ofrecer beneficios tributarios a la industria. Terrible. Esa lógica es la que nos tiene atados a un país donde siete de cada diez adolescentes no comprenden lo que leen. El foco no es darme a mí, como importador de libros, el beneficio dudoso de no pagar el 18%. Como editor, he sido beneficiado por la ley del libro. He colocado libros de animación a la lectura por el Grupo La República. Esto fue más atractivo para los socios porque nos devolvían el IGV. Con esto, el editor podía recuperar mucho del dinero. En especial cuando se vende más de quince millones de libros, como yo. ¿Eso hizo posible que haya más lectores? Los libros que vendí eran de bajo costo, precisamente pensando que serían usados dentro del Plan Lector. Mientras tanto, las editoriales que han publicado mis novelas con un tiraje de mil ejemplares están beneficiadas por el retorno del IGV. ¿Quién más se beneficia con esto? Algunos pocos lectores. Es cierto que las importaciones del libro benefician a los lectores, pero ¿quiénes son lectores en este país? Siempre son grupos favorecidos, con recursos para desarrollar su hábito lector y su comprensión de lectura; han tenido una mayor instrucción, un mayor respaldo de la familia que los ha provisto de libros. Ese sector es pequeño. Esa lógica tenía que cambiar, y ya cambió.

CDEYC: ¿Cómo ha afectado esta pandemia en el fomento de la lectura en niños y jóvenes?

J. A.: Hubo un impacto mediático de algunas acciones realizadas por gente independiente que han publicado libros y que han llamado la atención sobre la necesidad de que los niños tengan acceso al libro en cualquier situación, y más en una situación de encierro. La municipalidad de Pueblo Libre, en una pequeña iniciativa de un grupo de promotores y generadores de cultura, en poco más de tres meses, ha llevado más de cinco mil libros en préstamos a niños del distrito. Además, en medio de la pandemia se aprobó la Ley del Libro. Su impacto dentro de la pandemia ha sido bueno para los niños.

CDEYC: ¿Han existido otros canales? ¿O solo se ha llevado libros impresos a los niños y jóvenes?

J. A.: Hay un gravísimo problema respecto a la distribución de tablets. Primero, es necesario aclarar que el problema no fue las tablets y la corrupción que se insinuó que hubo. Sobre ese tema no tengo mucho conocimiento. La verdad es que el país tiene tantos problemas para comprender en qué consiste una biblioteca, que cree que una tablet es una biblioteca. Nadie realiza estas preguntas al Estado: ¿Qué libros has conseguido? ¿Qué bibliotecas virtuales has contratado para que los niños puedan acceder a alguna lectura? Eso no lo preguntan, solo ven al aparato como si fuera mágico y los condujera directamente a libros que puedan leer. Otro problema es el analfabeto funcional digital, que es muchísimo más grave que el analfabeto funcional analógico. Tenemos un grave problema de concepción de lo que es acceder a la lectura. Acceder a la lectura no es tener una computadora o un celular. Este país tiene dos o tres celulares por habitante, pero no lee. No usa el celular para leer, y quienes leen en el celular, leen algo que corresponde con la pobreza de su lenguaje y la pobreza de su curiosidad.

CDEYC: Se está viendo que plataformas como YouTube o Spotify están empezando a crear espacios de diálogo para los lectores. ¿Crees que se lograrán aprovechar las nuevas tecnologías de forma adecuada para el fomento de la lectura?

J. A.: Uno se hace lector desarrollando gusto y hábito lector en determinado momento. Nosotros tenemos una población que es Homo videns de memes, de figuritas de calatas y calatos, de jueguitos. Pero no lee, y no porque no le guste leer. El problema con el peruano es que no desarrolló las habilidades y destrezas necesarias, el vocabulario necesario para poder leer algo de profundidad. Solo ve; como te digo, es un Homo videns. Los vídeos y los memes los satisface. Esto no es únicamente el caso peruano, es un mundo entero que ha cedido al Homo videns tan naturalmente como la aparición de los memes. En la actualidad, la misma universidad peruana se basa en la lectura de sumillas. Por ejemplo, el profesor reparte sus sumillas entre sus alumnos y sobre eso estudian; no usan libros, ni textos completos. Solo sumillas o resúmenes que sirven al alumno para memorizar algunas cosas y dar el examen. Eso es porque no hay lectores, hay reproductores y memoristas de textos. Un lector es un sujeto altamente competente que devora información continuamente, cuyo vocabulario se expande en función del desarrollo neurológico al tejer nuevas conexiones neuronales, lo que le permite procesar toda esa información veloz y críticamente. Eso no tenemos. Tú le puedes otorgar celulares o tablets a todo el mundo, pero no lo usarán para leer porque no tienen el hábito.

CDEYC: En la industria del libro hay muchas propuestas que alientan el Plan Lector y cada editorial tiene una selección propia para este proyecto. Ante tanta variedad, ¿cuáles crees que deberían ser los lineamientos a considerar para la gestación de un buen Plan Lector?

J. A.: Se deben tener dos consideraciones cuando hablamos en este país sobre el Plan Lector. La primera: el Plan Lector Nacional, que yo diseñé en el 2006, supone una meta nacional de lectura de un libro al mes para el alumno y su maestro, que se realiza en biblioteca. Un Plan Lector es una estrategia pedagógica que adopta una escuela para promover la lectura dentro de la escuela entre los alumnos, sus maestros y la comunidad. En ese sentido, un Plan Lector empieza a estar atado a diferentes consideraciones por parte de la escuela. Inicialmente, muchas de ellas creían que el Plan Lector está enfocado en la literatura. Pero el Plan Lector, como estrategia pedagógica, lo que busca es desarrollar hábito y gusto. El modelo que se ha instalado en las escuelas es el que proponen las editoriales con libros para niños, púberes y adolescentes normalmente anclado en literatura. No tendría que ser así. Si una editorial quiere innovar tendrá que remar en contra de lo que ya está establecido. Yo siempre recomiendo a los colegios que adopten libros de ciencia y divulgación porque el Plan Lector no es el curso de Literatura, ni de Comunicación. Pero muy difícilmente lo entienden y esto es así porque no son lectores. Tenemos seis de cada diez maestros que no comprenden lo que leen. Si tú trasladas eso al mundo escolar, vas a encontrar una escuela paporretera donde la lectura es escolarizada. Es decir, lees para dar examen o lees para que te evalúen lo que has leído. No como una estrategia de animación lectora, sino como un curso pedagógico enfocado en la nota y no en un desarrollo de hábitos. La escuela peruana no está enfocada en lo que necesita realmente, aun cuando curricularmente debería estarlo en el desarrollo de competencias, de habilidades y destrezas. Eso es lo que teóricamente debe hacer, y en la práctica lo que hace es seguir produciendo el clásico modelo del estudiante que memoriza textos de un libro porque tiene la obligación de recordarlo, porque si no recuerda, no sabe. Esa educación es la del tercer mundo y es la que tenemos nosotros.

CDEYC: Con respecto a esta propuesta que hiciste en el 2006, ¿se puede decir que las editoriales la han tergiversado a su beneficio?

J. A.: No es así. La escuela tiene una estructura de la que no se mueve. Las editoriales someten a sus demandas a la escuela privada. El Plan Lector, desde las editoriales, no ocurre para la escuela pública, solo en la privada. En esta última nunca se ha leído la norma, y nunca les interesó. Fue un impacto publicitario para ellos y una meta. Fue allí cuando hubo todos estos líos donde demandaron a los colegios porque había acuerdos entre los directores y las editoriales. El director cobraba su viaje a Miami para hacer que compren cualquier libro. Estaba pensado solo para que los compren, no para que los lean. Luego, el profesor obligaba a los niños a leer porque «por algo compraron». Esto hacía que en lugar de lograr un círculo virtuoso fuera un círculo vicioso. A pesar de ello, el Plan Lector Nacional fue lo único que impactó en las cifras de ventas anuales de las editoriales. Si tú miras las cifras del 2006 y las de ahora, la compra de libros tiene una diferencia extraordinaria; tanto para los títulos, las editoriales y los autores, ese año fue fabuloso.

CDEYC: ¿Cómo se realiza un proyecto de fomento de la lectura?

J. A.: He tenido muchas acciones de promoción de lectura. Trabajo principalmente en tres áreas: incidencia política, impacto mediático e intervención directa. En cuanto a la incidencia política, donde diseñé el Plan Lector Nacional en el 2006, en el 2009 descubrí que el Ministerio de Educación no tenía una Dirección Nacional de Bibliotecas Escolares. Yo no lo sabía. Era inconcebible, yo no lo podía creer; cuando lo he contado en otros países nadie lo podía creer. En ese momento montamos tres bibliotecas con un financiamiento hecho por la empresa Rímac Seguros, que nos brindó 50 000 dólares. Lo hicimos con un programa que se llama Un Millón de Niños Lectores, que luego se independizó para ser manejada por otra empresa que creé con mi exesposa. Ella se quedó al frente del proyecto.

CDEYC: Actualmente, los jóvenes tienen mucho entusiasmo para apoyar al fomento de la lectura. ¿Qué sugerencias darías a las actuales generaciones?

J. A.: Como te decía, mi trabajo es en tres campos: en incidencia política, en impacto mediático y en intervención directa. Me meto a una escuela o una biblioteca, busco financiamiento y la pongo a trabajar. Yo no quiero vivir de montar bibliotecas o hacer ciudades de promoción de lectura; las hago enfocado en una política: tiene que producirse. Estas funcionan, más que nada, bajo mi intervención directa; para que las instituciones me hagan caso debo tener impacto mediático; y cuando aparece en los medios de comunicación porque es algo bacán, los funcionarios quieren participar y te prestan atención, eso pasa porque haces presión social. Lo que yo le digo a cualquier promotor, es que no haga cualquier tontería como si le hiciera un bien al mundo. Las buenas acciones son tontas. Tienen que estar enfocadas en una política, llamar la atención con una actividad. Por ejemplo, hay un proyecto que se llama Biblioteca de la Confianza. Llamar «biblioteca» a una casita con libros empieza a deteriorar el concepto muy maltratado en este país de lo que es una biblioteca. El ciudadano peruano común ignora qué es una biblioteca. Si tú pones una estantería con cuatro libros lo llama «biblioteca»; Promolibro distribuyó unos paneles con treinta libros y también los llamó «biblioteca», y dijo que creó mil bibliotecas en este país. Llamar a todo eso «biblioteca» es como si yo tuviera una carretilla con una sartén para hacer arroz chaufa y dijera que tengo un chifa. Por eso ahora hablo específicamente del servicio de biblioteca que debe existir. Un servicio es una cosa muy compleja: espacio, presupuesto para adquisición de materiales, un plan de acción. En este último, en el plan de acción de promoción de lectura, es donde se han quedado todos. Hacen actividades a cada rato. Si yo pongo libros en un parque no es para pasarme veinte años promoviendo la lectura en ese espacio, es para exigir que existan bibliotecas. Si pongo libros en el parque es para que me miren. Pero los promotores tienen que tener un norte, un objetivo; y este objetivo tiene que ser uno político y a la vez ciudadano. Si no lo tienen claro, pueden hablar conmigo. Es crucial tener esto en claro; de lo contrario convierten la lectura en cosas como «hago mi librito y se lo regalo a los niños pobres», eso es una tontería con la que no vamos a llegar a nada. Yo les digo a todos que nosotros no somos los que tendríamos que hacer estas cosas. Promolibro ponía esos módulos de lectura en cualquier casa. Imagínate que podría pasar si algún pedófilo se acerca y ofrece su casa. De pronto tiene una veintena de niñitos leyendo en su sala. Entra una niña a esa casa y la pueden hasta violar. No puede ser. Esta clase de servicio tiene que nacer de la municipalidad con su biblioteca, igualmente de un colegio, con el cuidado que deben tener los niños cuando se acercan a estos lugares. No puede ser cualquiera.

CDEYC: Tiene que ser un establecimiento con las medidas adecuadas, con las funciones para cada persona y sus normas básicas adecuadamente reglamentadas.

J. A.: Como cualquier servicio. Tú no vas a un chifa si el dueño no cumple con ponerte un baño. Todos los servicios tienen un estándar de calidad. En este país, el estándar de calidad educativo no existe. Tú puedes montar tu colegio sin patio y sin biblioteca, sin laboratorio de química o sin instrumentos musicales, con un salón, carpeta y pizarra. Eso es inaceptable, pero eso ocurre porque a las instituciones no les interesa la educación de los peruanos. Este es un país controlado por mafias de droga y piedras. Al ciudadano común le importa un bledo, y quien pone a los presidentes son los consultores, los mineros y la industria de la coca. A ellos no les importa tu hijo o el mío, no les importamos absolutamente nada; solo somos consumidores de algo. Por eso el transporte público es miserable, donde la gente pierde su vida entera viajando, encima es ultrajada abollada, gritada, ultrajada por un sujeto que apenas sabe hablar. Lo más triste es que la gente le hace caso, le dicen que avance y avanza. Es una locura. Debemos exigir que existan bibliotecas es una demanda necesaria.

Si hay gente animada a promover la lectura, que se comuniquen conmigo porque vamos a remecer todo. Exigiremos a la próxima presidencia que para el 2025 no exista ninguna escuela sin una biblioteca, para que los niños ejerzan su derecho a leer. En este momento estoy buscando nueva gente que se preocupe por este país, para ello hay que formarla, agruparla y lanzarla con organizaciones que lo puedan soportar. Con los representantes que tengo en las siete regiones tengo una estrategia que será debatida. Ellos son profesionales con bibliotecas, con sus experiencias en promoción de lectura, con sus módulos, son personas que ya han hecho algo. Son los primeros por sus logros cosechados, luego de ellos vendrán todas las personas que quieran participar. Yo pienso que es más fácil formar líderes como mi exesposa, con quien hemos ganado premios internacionales en Inglaterra. El mundo empieza a mirarte cuando haces cosas, por eso tienes que empezar a hacerlas.

Más allá del Plan Lector

Es estas semanas, con una Ley del Libro prácticamente estrenada y que cuenta con nuevas perspectivas, se ha hablado acerca de cómo afectará a la lectura. El escritor y promotor cultural Javier Arévalo nos habla sobre la importancia de la lectura, su fomento para el desarrollo del país y el Plan Lector.

El fomento a la lectura es uno de los principales objetivos que todo país debe tener en cuenta para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Gracias a la lectura se desarrolla la concentración, el sentido crítico y se fortalece la libertad creativa. Por ello, la realización de proyectos que se enfoquen en su desarrollo es de vital importancia para la actividad cultural nacional.

Tuvimos la oportunidad de conversar con Javier Arévalo, escritor de amplia trayectoria y uno de los iniciadores del Plan Lector. El Estado debe «formar un sujeto que desee leer, o que sepa hacerlo, y desee la experiencia y el beneficio que le da leer», nos dice, por lo que la promulgación de la nueva Ley del Libro a inicios del mes ha sido un gran avance para la formación de ciudadanos con estas características. También nos señala que en la anterior ley del libro, la atención estuvo centrada en los beneficios económicos y tributarios que ella ofrecía para editoriales e importadoras de material bibliográfico. Por su parte, los lectores beneficiados bajo este marco legal eran personas selectas que contaba con los recursos suficientes para desarrollar este esencial hábito. En contraposición, la actual ley permite el desarrollo de todos los agentes que participan en la cadena de producción de la industria.

Arévalo reconoce que el camino para lograr un cambio sustancial en el fomento de la lectura es largo, y en este se encontrará una gran variedad de problemas.

Javier Arévalo: «En lo cultural, el Mincul no tiene ninguna orientación política. Hacen actividades, pero no hay una guía definida».

Arévalo reconoce que el camino para lograr un cambio sustancial en el fomento de la lectura es largo, y en este se encontrará una gran variedad de problemas. Entre las dificultades ―que se deben solucionar por parte del Estado― está la entrega de tablets sin una estrategia que permita su adecuado uso. En ese momento saltan a la luz las siguientes preguntas: «¿Qué libros has conseguido?, ¿qué bibliotecas virtuales has contratado para que los niños puedan acceder a alguna lectura?». Esto evidencia la falta de un mayor interés por parte de las instituciones encargadas de fomentar la lectura.

Otro problema a resolver, en el corto plazo, es el del Homo videns —este término acuñado por Giovanni Sartori que representa a «una criatura que mira pero que no piensa, que ve pero que no entiende»—. Si bien el escritor dice que esto es un síntoma global, también destaca que el problema en el Perú «es que no [se] desarrollaron las habilidades y destrezas necesarias, el vocabulario necesario para poder leer algo de profundidad». En este sentido, la cercanía de ambos problemas (las tablets y el Homo videns) se han vuelto un mal cada vez más incontenible que alejan a los niños de regiones apartadas de su derecho a la lectura.

Arévalo hace mención a la importancia de las bibliotecas y realiza serios cuestionamientos acerca del concepto que se tiene de ellas en el Perú. De acuerdo con él, la idea de una biblioteca se ha ido desvirtuando por varios factores, entre los que destacan la falta de interés de las autoridades, los grupos de poder hegemónicos y la carencia, por mucho tiempo, de un verdadero sistema de bibliotecas. A esto, añade que el Plan Lector no debió ser entendido como un sinónimo de leer únicamente obras literarias, sino que es una estrategia pedagógica para fomentar el hábito y el gusto a la lectura. Por ello, lo que permitirá el desarrollo completo de un buen Plan Lector es la inclusión de lecturas con corte científico y de divulgación.

Y es que la promoción de la lectura no debe ser simplemente hacer pequeñas actividades, sino que estas tengan un objetivo claro y a largo plazo. Para ello, brinda algunos consejos a los jóvenes interesados en la promoción de la cultura y gestión de proyectos. Si deseas conocer cuáles son estos consejos, te invitamos a leer la entrevista que le hicimos en el siguiente enlace: Javier Arévalo: «En lo cultural, el Mincul no tiene ninguna orientación política. Hacen actividades, pero no hay una guía definida».

La Biblioteca Nacional del Perú se prepara para cumplir 200 años

En medio de la crisis sanitaria, y a puertas del bicentenario de la República, la Biblioteca Nacional del Perú se encuentra preparando una extensa propuesta cultural que será llevada a todo el país. Conversamos con Ezio Neyra, jefe de la BNP para que nos cuente acerca de los proyectos que tiene dicha institución, que está por cumplir 200 años.

Las bibliotecas públicas y municipales deben ser agentes culturales muy activos. En algunos países, donde es evidente el compromiso del Estado con el desarrollo cultural, las bibliotecas son espacios en los que se brinda al público servicios como mediatecas, visitas guiadas a las instalaciones, talleres artísticos diversos, una nutrida agenda cultural, e incluso están interconectadas con otras bibliotecas locales. Y conforme la oferta de actividades se incrementa, se convierten en espacios que son más que silenciosas estanterías, se transforman en ejes sociales y culturales integrados entre sí. Lamentablemente, en nuestro país este servicio se ha visto bastante abandonado, especialmente para aquellas personas que viven más alejadas de las ciudades más grandes. Ezio Neyra, jefe institucional de la Biblioteca Nacional del Perú, no es ajeno a esta realidad y concibe a las bibliotecas como un motor de desarrollo con una gran influencia en la sociedad, de tal manera que puedan cerrar grandes brechas sociales e incluso «llegar a mejorar la salud de las personas y ayudar a reducir la pobreza».

De acuerdo con Neyra, las bibliotecas deben brindar materiales bibliográficos y documentales, considerando «las necesidades de formación que tiene la comunidad específica a la que atiende». Un ejemplo práctico de este concepto se está desarrollando en las llamadas Estaciones de Bibliotecas Públicas, que actualmente se ubican en los distritos de El Agustino, Rímac o La Victoria. Esta última se encuentra cerca del emporio comercial de Gamarra, por lo que se tiene planeado realizar una serie de servicios y talleres específicos que aporten al desarrollo de los pequeños empresarios de la zona. Para lograr esto, es fundamental la realización de un estudio de usuarios potenciales, que permita conocer las necesidades informativas que sean más urgentes para esta comunidad.

La Biblioteca Nacional también tiene un gran proyecto que involucra la descentralización del conocimiento, con miras a establecer un Sistema Nacional de Bibliotecas para poder abarcar todo el país. Para llegar a esta meta, se realizarán diversas labores como el envío de funcionarios de la Biblioteca Nacional a cinco regiones del Perú o la puesta en marcha de bibliotecas móviles en Lima y dos ciudades de otros departamentos.

Otra forma de ampliar sus fronteras es la integración del mundo digital a los recursos que dispone la Biblioteca Nacional. En este sentido, se digitalizará todo el material bibliográfico que posee, para luego unificarlo en un catálogo virtual. También se creará el portal web Memoria Perú: Recorridos por el patrimonio de la BNP, donde se propone la revaloración del patrimonio bibliográfico nacional. Pero todo esto es a futuro. En el presente, la Biblioteca Nacional ha lanzado desde hace dos meses su Biblioteca Pública Digital, con más de 6000 archivos entre libros y audiolibros de la literatura contemporánea en castellano.

Por otra parte, Ezio Neyra hace hincapié en la actitud a ser tomada por las autoridades municipales para fomentar las bibliotecas a su cargo, que deben ser concebidas como espacios de cultura con objetivos diferentes a los que puede plantear las estaciones de bibliotecas públicas y la Biblioteca Nacional. También recalca que «la sociedad civil tiene un papel muy importante que jugar en favor de las bibliotecas públicas. Los vecinos no se pueden desentender de esta responsabilidad». En este sentido, resalta la preponderancia del público, sea lector recurrente o no, sobre la calidad en los servicios que las bibliotecas ofrecen.

En cuanto a la nueva Ley del Libro, Neyra señala una diferencia que existía con la del 2003: «Esa sí era una ley que principalmente tenía que ver con la industria editorial y partían de una premisa equivocada, la premisa de que para hacer del Perú un país de lectores, necesitamos una industria editorial fortalecida». La nueva ley del libro otorga un fondo de 16 millones de soles para el fomento de la lectura de forma permanente. Además de ello, la Biblioteca Nacional ha solicitado un millón de soles adicionales para la compra de libros destinados a las cinco estaciones de bibliotecas públicas y para la Gran Biblioteca Pública de Lima. Todo esto resalta la nueva actitud tomada por el Gobierno para mejorar el nivel educativo y cultural de los peruanos.

Además, hay cuatro estrategias que se desarrollan con motivo de los 200 años de creación de la Biblioteca Nacional. Estas se centran en la mejora de la infraestructura, el fortalecimiento del acceso a la información, la implementación del Sistema Nacional de Bibliotecas y la modernización de los procesos bibliotecológicos. Estas estrategias están divididas en más de treinta proyectos, entre los cuales se hallan los cinco programas académicos que ofrece actualmente, así como la remodelación de la Gran Biblioteca Pública de Lima, el lanzamiento de la revista Libros y Ciencia —coeditada con el Concytec—, así como la Gaceta Bibliotecaria del Perú, considerada por Neyra como «el órgano comunicacional de las bibliotecas públicas». De igual forma se piensa realizar la bibliografía peruana de los últimos años que había sido dejada de lado.

Si quieres enterarte de más detalles sobre estos temas te invitamos a revisar la entrevista completa en el siguiente enlace: Ezio Neyra: «Una biblioteca pública debe estar en capacidad de atender a todos los grupos sociales y con servicios de calidad».