Juan Mejía Baca y aquella vieja librería

Uno de los referentes editoriales más importantes que tiene el Perú es Juan Mejía Baca, quien fue librero, editor y promotor cultural. De su librería, un paso obligado para los miembros del ambiente intelectual nacional, ya no quedan rastros, pero vive la historia misma como homenaje a quien fue Juan Mejía Baca.

Escribe: Ricardo Meinhold

La calle Huérfanos no es muy larga. Puedes recorrerla de principio a fin en pocos minutos; llevo muchos más buscando un sitio que hace setenta años era casi mítico y hoy nadie recuerda.

—Cerró hace muchos años —me comenta el dueño de una de las muchas imprentas informales que parecen haber devorado esta histórica calle de una Lima que no se va—. Ya se fue.

Miro a mi alrededor y solo encuentro una gran puerta cerrada en el jirón Azángaro número 722.

Hace frío y el olor a tinta es muy fuerte. Cansado, me dirijo al único testigo de mi búsqueda: la panadería llamada —curiosamente también— Huérfanos. Pido un café y una empanadita caliente y me siento en la pequeña mesa junto a la puerta de la esquina a ver a la gente pasar: vendedores, obreros, gente sin hogar, empleados.

Me siento frustrado. Miro nuevamente mi celular para sorprenderme otra vez observando una de las pocas fotos donde se ve, en el umbral de una librería, al gran escritor Martín Adán. En ella aparece animado, casi diría contento, en esta misma calle que en la fotografía parece de otro tiempo. Junto a él, su amigo entrañable Juan Mejía Baca: librero, editor y uno de los promotores culturales peruanos más importantes del siglo xx, cuya librería —o lo que queda de ella— es objeto de mi pesquisa.

Juan Mejía Baca, Martín Adán y Raúl Porras Barrenechea en la librería ubicada en Los Huérfanos a mediados de la década de 1950.

De padres lambayecanos, quienes estimularon en el futuro librero-editor el gusto por las artes y la música, nació en Piura en 1912. Estudió en el colegio nacional San José de Chiclayo, bajo la dirección del educador alemán Karl Weiss, quien influyó definitivamente en sus estudiantes. Decidido a convertirse en médico, estudió en la universidad de San Marcos, pero tuvo que dejarla por motivos económicos. Luego intentó seguir la carrera de Letras y Ciencias Políticas, pero tampoco concluyó por las mismas razones. Fue entonces que tuvo que ganarse la vida como músico tocando en orquestas; llegó a destacar en el violín. Incluso acompañó a Libertad Lamarque la primera vez que vino al Perú en 1934. Alguna vez comentó: «Como músico gané más dinero que en ninguna actividad posterior».

Pero lo suyo eran los libros y, en 1945 ―con el dinero obtenido con la música― fundó una librería. Su carisma y generosidad convirtieron el lugar en un imán para intelectuales que no solo iban a comprar libros sino a intercambiar ideas. Es difícil imaginar ahora que en las décadas de los cincuenta y sesenta esta librería no solo era muy conocida, era parada obligatoria para cualquier intelectual de entonces.

Pido otra taza y recuerdo haber leído que este sitio era una suerte de sucursal de la librería donde las tertulias se remataban con un café, similar al que estoy saboreando y, seguramente, con alguna otra bebida más espirituosa.

Cuando Mejía Baca se sorprendió con la dificultad que significaba entonces para un autor peruano publicar, cambió su función de librero a editor con el libro Cuentos andinos de Enrique López Albújar. El resto, como suele decirse, sería historia: publicó a más de 140 autores peruanos, con grandes tirajes, incluyendo a Martín Adán, César Vallejo, Luis Alberto Sánchez, Haya de la Torre y Luis E. Valcárcel. También editó diccionarios, importantes enciclopedias y hasta promovió festivales del libro. Crítico de su tiempo, a él debemos la famosa frase: «Para quemar un libro se necesitan sólo dos cosas: un libro y un imbécil», aludiendo a la orden de un funcionario del gobierno para requisar y quemarlibros considerados «subversivos» a finales de los años sesenta.

Pero como estamos en el Perú, esta aventura editorial llegó a su fin en los años ochenta. No obstante, él continuó con su misión de darle a los libros un espacio en la vida de los peruanos. Entre 1986 y 1990 fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, y aprovechó el cargo para obtener el terreno en el distrito de San Borja, donde actualmente se encuentra la nueva sede. Lamentablemente, un ataque al corazón acabó su vida en 1991, y no pudo verla.

Veo la cuadra siete del jirón Azángaro sin amor, como en la novela de Vargas Llosa (quien cuando era estudiante universitario venía cada semana a perderse en sus estantes buscando las novedades). Mirando su deterioro, su abandono, su peligro latente, entiendo por qué aquel sitio estaba condenado a desaparecer. Al igual que él y su visión romántica de la edición.

Un poco aquí y en todas partes el negocio de los libros es eso: un negocio. No es malo. Pero si es «solo eso», algo inevitablemente se pierde. Porque el editor, además de ser la cabeza del proceso editorial ―desde el autor y el manuscrito hasta el libro impreso―, también es el que cuida al lector editando un libro que, independientemente de la moda o no, estará allí para ser descubierto.

Para ello, quienes somos editores debemos recordar lo que Mejía Baca alguna vez dijo: «Siempre fui un lector. De lector pasé a librero, y de librero, a editor. Es casi lo mismo, es sólo como subir una grada; luego pasé a la Biblioteca Nacional. No quiero decir que esto sea una carrera o un camino: ha sido sólo mi vida. El libro ha sido siempre muy importante para mí, tanto que me he permitido a través de él hacer una definición más del ser humano. El hombre es el único animal que lee. El loro puede hablar, el mono puede jugar, la hiena se ríe, pero no hay ningún animal que lea».

Termino mi café y noto que todos se están yendo. Es tarde ya. Yo también me voy y ya no lamento que nadie recuerde aquella vieja librería.

Los 20 años del Manual de diseño editorial de Jorge de Buen

Una rápida revisión a un clásico infaltable en la biblioteca de todo editor

Este año, uno de los libros más conocidos del mundo editorial cumple veinte años. El Manual de diseño editorial, de Jorge de Buen Unna, se considera una de las guías más completas referida al trabajo editorial. La tercera edición consideró una serie de cambios que De Buen trabajó durante ocho años y, tomando como base el libro publicado por Santillana en el 2000, fue publicada por Trea en el 2008. En la contra de esta primera edición a cargo de Trea se lee: «El resultado de todas esas idas y venidas de información se vierte en nuevos textos que se mezclan con rastros de los anteriores, y su fruto es el libro más completo y sólido en su tipo». Es así que este libro, ha crecido y madurado, hasta convertirse en un referente imprescindible para todos los profesionales del sector editorial.

A lo largo de los quince capítulos de este manual —y señalemos que la edición de Santillana tenía tres capítulos menos— Jorge de Buen desarrolla cada uno de los puntos que toda persona vinculada al mundo editorial debe conocer acerca del libro y su proceso de elaboración. De Buen propone una mirada transversal que revisa desde la organización del texto hasta la ortografía, pasando por temas de maquetación, asuntos tipográficos, así como la estructura del libro como tal, además siendo reflexivo en cuanto a la importancia del editor para obtener buenos resultados.

Manual de diseño editorial, luego de veinte años, sigue siendo funcional y logra que el nuevo profesional del libro conozca el proceso integrado de forma total.

Hay que señalar que este libro no ha sido ajeno al tiempo pues, luego de dos décadas, algunas de sus propuestas toman una nueva visión si se abre la mirada a la era digital, la que nos presenta nuevos formatos y procesos, inimaginables dispositivos y plataformas de lectura, y ciberespacios de interacción para lectores. Y es así que hoy en día, el trabajo editorial tiene ante sí diversos caminos por seguir; ya cada editor decidirá cuáles tomará, pero hay que reconocer que las bases de toda buena publicación podrían encontrarse en un título que con una veintena de años encima se resiste a envejecer.

Pablo Cotrina: «Haber logrado que haya una extensión por tres años ya es positivo».

Pablo Cotrina es el jefe de Contenido Digital y Alianzas de la ONG Worldreader. En la presente entrevista nos ofrece su punto de vista acerca de la aprobación de la nueva Ley del Libro, y señala algunas de sus ventajas y limitaciones.

CDEYC: Una pregunta obligatoria. ¿Qué piensas acerca de la aprobación de esta nueva Ley del Libro?

PABLO COTRINA: Es un salto cuantitativo positivo. La ley anterior tenía algunos incentivos, pero eran principalmente para exonerar el I.G.V. —que es la parte más significativa—, incentivos para la importación de insumos y la producción editorial —de la que se beneficiaban pocos actores—. El gran salto cualitativo es que ahora se beneficiarán varios actores del ecosistema del libro. La nueva ley está pensada para que beneficie a bibliotecas, a lectores, a editores y a autores también. Tú ves que ahí se ha pensado más en el conjunto de actores del sector, no únicamente —como en el pasado— en exportadores, impresores y algunas editoriales grandes. Ahí está la principal contribución.

CDEYC: ¿Te parece correcta la exoneración del I.G.V. del comercio del libro por tres años?

P. C.: Lo que ocurre es que es difícil lograrla por más tiempo. Por supuesto, todos los actores del sector, en especial los que están involucrados con la comercialización que son un grupo muy grande en el Perú, hubieran querido que esta exoneración sea por más tiempo. Es complejo lograrlo. El Perú es un país que está tratando de recaudar más impuestos para hacer más obras y ampliar la base tributaria. Entonces, cuando vienen iniciativas como las nuestras a decir: «Queremos que la exoneración sea por mucho tiempo», pues las personas que están en el Ejecutivo alzan un poco la ceja y dicen: «Oye, este sector hay que ayudarlo, está bien. Pero quiere una exoneración tributaria por mucho tiempo». Creo que el haber logrado que ya haya una extensión por estos tres años es bastante positivo. Si tú me preguntas si estoy completamente de acuerdo, te diría que sí; pero no creo que sea factible conseguirla por tanto tiempo como fue con la ley pasada, principalmente porque las autoridades del Ministerio de Economía están viendo siempre cómo se puede recaudar más impuestos. Sí, el sector editorial requiere incentivos para su funcionamiento y demás, pero es difícil conseguir períodos largos de exoneración.

CDEYC: Willy del Pozo señaló que esperaba una inafección permanente al I.G.V.

P. C.: Eso es difícil, muy difícil. Ese es un mensaje que lo examinan los lectores, los editores, los sectores culturales y nadie va a discutir que el libro es un gran vehículo de educación, de entretenimiento, para mejorar la calidad de las personas, la libertad y demás. Pero al final, el libro es un producto y, como tal, tiene que tener algunas beneficios, pero que sean de forma permanente es difícil lograrlo, porque una ley se aprueba en el ámbito político y legislativo.

CDEYC: Si se pudiera cumplir esta inafección, ¿qué retos se deben superar?

P. C.: Durante estos años el sector, la Cámara del Libro, el Ministerio de Cultura y el Congreso han podido hacer un trabajo consensuado y eso hay que valorarlo, porque esta ley ha sidos preparada por varias personas durante mucho tiempo y se ha logrado tener un diálogo con el Estado, algo que no ocurría hace un buen tiempo en el sector. Antes se había hablado, básicamente, de asuntos que no estaban tan alineados con los objetivos que se tenían como sector. El principal desafío va a ser continuar un desafío con las autoridades de los órganos del Estado para lograr las mejores medidas para nuestro sector. Por mucho tiempo, eso no lo hemos tenido. En este momento hay un trabajo articulado, los congresistas saben que hay un sector que está organizado y que se cuenta con interlocutores que hablan por nosotros. Mantener ese diálogo me parece lo más importante. A veces cuando las personas pasan, las relaciones se cortan; lo que significa empezar de cero. Para cualquier cosa que venga en el futuro, mantener un diálogo permanente con el Ejecutivo, con el Legislativo, sí es un desafío. Por mucho tiempo eso no lo hemos tenido, y eso se reflejó en que las leyes no recogían las necesidades del sector. Allí está el verdadero desafío.

CDEYC: Mencionas que desde hace un tiempo se está planeando esta ley. ¿Cómo ha sido todo este proceso?

P. C.: Convocar una mesa de diálogo ha demorado unos cuatro años, más o menos. Se invitó a los actores de sector, se llegaron a juntar los equipos del Ministerio de Cultura, de la Cámara Peruana del Libro, algunas bancadas del congreso anterior. Se hizo el trabajo de recoger a varios de estos actores que conforman el sector, y cuando ves los objetivos que tiene esta ley en su primera página, recoge las necesidades de varios de ellos. Allí sí hubo un gran avance porque se ha podido llevar a una norma las necesidades de varios actores que necesitan medidas para que su trabajo se asegure, exista, y que puedan tener actividades que los sostengan en el tiempo. En la anterior ley, eso no se hizo. Ahora sí se ha hecho un gran consenso, a diferencia del pasado.

CDEYC: Se sabía desde el año pasado que se venía una nueva Ley del Libro, porque la anterior ya vencía, ¿cómo esperaba el sector editorial esta nueva ley? 

P. C.: Si te fijas en las iniciativas que se han dado, las prórrogas y las extensiones que ha habido, sí se esperaba que haya una nueva ley. Nunca se han negado a apoyar a un sector tan importante como el del libro en el Perú. La expectativa de todos era —la extensión se iba a aprobar, no sabíamos por cuanto tiempo— que se pongan en la norma varias medidas que sí iban a ayudar a varios factores. Genera optimismo para el futuro ver que hay incluidas medidas para los bibliotecarios, para los editores, algunas para los autores, mediadores de la lectura, entre otras. Se veía con expectativa porque esto iba a traer financiamientos o incentivos ante los cuales podían acceder todos los actores del sector. En el futuro van a seguir participando de estos incentivos que han sido muy exitosos, que hasta el momento han sido las ayudas para los actores, las premiaciones, la compra o renovación de colecciones anuales en bibliotecas. La principal consecuencia de esta ley es que vamos a beneficiarnos todos los actores del sector a través de programas que ahora están en la norma. Antes eran iniciativas que se lograban a través del Ministerio de Cultura, pero no estaban en una norma. Con la ley, ahora, hay mecanismos e incentivos para que todos los actores se beneficien.

Es importante valorar que hay una ley consensuada que beneficia a varios actores. Parece que todo el mundo estaba esperando más a extensión tributaria, pero eso, como te digo, por cuestiones políticas y legislativas es difícil. Entonces, hay que aprovechar lo que ya está en la ley para beneficio del sector.

Dante Antonioli: «El problema del libro no solo está en el I.G.V. y en su precio final, también está en la promoción de la lectura».

Dante Antonioli es country manager de Pearson en Bolivia, Chile, Ecuador y Paraguay y autor del libro Derecho de autor para autores y editores (EEL, 2019). En esta entrevista comparte sus puntos de vista acerca de la nueva Ley del Libro recién promulgada. Asimismo, enfatiza en la importancia de fomentar la lectura y la adquisición de libros, y cómo esta práctica debería ir de la mano con el avance de esta ley.

CDEYC: La pregunta de rigor: ¿Qué te ha parecido esta nueva ley del libro?

DANTE ANTONIOLI: Es positivo que, después de varios proyectos que han estado allí en el Congreso desde años atrás, se haya decidido retomarlos. Extrae lo mejor y más consistente de los proyectos anteriores. Se ha propuesto un documento que, para comenzar, complementa, o reemplaza, algunos de las acciones que había en la ley anterior, que en el 2020 cumplía 17 años de promulgada. Había unos temas que corregir, y quedan otros pendientes por resolver. Es interesante ver una propuesta donde los beneficios tienen tiempo. Por ejemplo, la exoneración del I.G.V. tiene tres años, y anualmente se va a evaluar. Esto genera muchos beneficios. El gremio pensaba que se iba a exonerar, pero esta vez por tiempo indefinido. Pero esto obedece a que tanto el MEF como la Sunat tenían opiniones muy contrarias acerca del beneficio real que había producido la ley en estos años. Por eso se ha propuesto una evaluación anual de los resultados que se tienen respecto a los beneficios. Eso es interesante porque plantea un reto. No es solo tener un beneficio y gozar de ello, sino demostrar efectivamente que la ley funciona en un sector que ha tenido claramente una expansión dentro de los últimos años. No es solo un tema de devolución de impuesto, y esto es algo que comenté en algún momento en la Comisión de Cultura en las últimas semanas. Una ley del libro debe promover a todo el sector del libro y a todos los sectores colaterales que forman parte de sector editorial. Una ley debe ser un conjunto de medidas que promuevan un sector desde el lector hasta los productores de libros, editores, profesionales vinculados al diseño gráfico y la edición. Eso es un interesante punto de partida para mejorar las condiciones y la profesionalización del sector.

CDEYC: La gestión cultural también influiría mucho. Por ejemplo, la gestión de proyectos editoriales.

D. A.: Sí, hay algunos temas que se mantienen. Por ejemplo, la posibilidad de que medianos y pequeños editores puedan gozar de algunos de los beneficios, como la exoneración de I.G.V. Para la presentación de proyectos editoriales se mantuvo en 1 UIT el valor de la I.G.V. y la suma de diversas facturas de varios proyectos que se pudieran gestionar. Justo lo comentábamos en algún momento de esta discusión, que según la información que proveyó la Sunat para los beneficios de la ley, no era muy grande la cantidad de editores que habían pedido la devolución de impuestos. Esto tenía dos lecturas. La primera era la mirada de supervivencia de algunas editoriales independientes o pequeñas que no permitían que pudieran acumular el I.G.V. en proyectos editoriales en menos de un año, y la segunda podría apuntar a que hay un nivel de informalidad en el sector. Eso también es importante para formalizar algunos editores que trabajan de manera independiente o limitada en términos de tamaño de proyectos.

Además, es interesante que los autores hayan recuperado la exoneración del impuesto a las regalías. Eran los únicos no beneficiados por la ley. Y esto tiene mucho tiempo. Sus beneficios se vencieron en la ley anterior, al sexto año de vigencia.

Quedan temas pendientes: la promoción de comercio nacional, considerando que después de la pandemia la crisis en las librerías ha sido brutal. Se han empezado a diseñar nuevos mecanismos para la comercialización de libros, como los delivery, el uso de los canales formales de las empresas que hacen entregas a domicilio, entre otros. No sé si allí o en otro reglamento falta añadir alguna otra medida, como el promover el consumo interno de libros. No solo en librerías, sino también en las casas. Yo he querido comprar un libro y durante la pandemia no he podido, por ejemplo, y salen estas propuestas nuevas de llevarte el libro a tu casa, que estaban en manos de algunas empresas grandes, y no en cualquier librería. Es necesario que se promueva el comercio interno, el comercio electrónico —que todavía no está muy claro en esta ley—. Además deberían darse iniciativas con cierto respaldo del Ministerio de Cultura. Porque las ferias no resuelven todo. Se ha visto, y no solo en el Perú, sino en todo el mundo, que el punto débil y la parte más compleja para las ferias virtuales ha sido la de resolver la compra de los usuarios virtuales. La forma de comprar y cómo era la logística para la entrega. Esto tiene que ver mucho con las nuevas modalidades de compra. Por allí andamos bien, pero todavía muy lento. Todos reconocemos que durante la pandemia el consumo digital ha crecido bastante, pero en tema de libros aún falta.

CDEYC: Como dices, hubo muchos problemas. ¿Cómo ha estado el sector editorial ante la espera de una nueva ley? ¿Cómo han estado los escritores, los editores y las editoriales ante la llegada de esta nueva ley del libro?

D. A.: La principal preocupación de la mayoría de la gente del sector ha estado asociada a perder este beneficio de exoneración del I.G.V. y la devolución de impuestos. Es cierto que el número de proyectos editoriales ha disminuido o se ha transformado en este año para aquellos que han tenido que establecer medidas drásticas de supervivencia. Pero la ley no altera esta mirada de la pandemia. El Estado no va a resolver estos problemas del Covid-19 respecto al sector. Entonces, la espera que ha producido esta discusión de la nueva ley no iba a resolver los problemas que el Covid-19 nos ha traído, no solo al sector editorial, sino a la mayoría de sectores «prioritarios». Y lo digo entre comillas porque los que estamos en el sector consideramos al libro como un bien indispensable, pero para la gente que ha perdido el trabajo, para la gente que ha reducido su sueldo en sus empleos normales, el comprar libros ha pasado a ser una segunda o tercera prioridad. No hubo mucho impacto en ese aspecto.

Otro de los temas más interesantes de esta ley es la asignación de un fondo para compras del Estado que no existía formalmente. En el papel sí, pero no se había implementado, que es este fondo de S/16 000 000 supuestamente para compras para las bibliotecas. Esperemos que sea así. Por otro lado, hay una oportunidad de estudios sectoriales, es decir, que haya un estudio del libro cada cierto tiempo, cosa que no había existido. Más allá de las referencias que se hacen a un estudio que hizo hace unos años atrás la Universidad del Pacífico, no ha habido estudios vinculados al sector porque básicamente había una imposibilidad de datos. ¿Cómo haces un estudio de si las librerías impactan o no en el consumo del libro si no tienes información? ¿Cómo sabes que somos competitivos a nivel regional si nadie se sienta con la información recogida a trabajarla y compararla con respecto a otros países? Eso es interesante, como un tema de estudios del libro. Antes se aludía a la publicación de beneficiarios de la ley. Yo iba pensando que periódicamente se publican en algunos portales del Estado quiénes son los beneficiarios de los tratamientos especiales de la minería y de la pesca, ¿por qué en el libro era un secreto? Ahora se permite, en la nueva ley, que Sunat y el MEF publiquen periódicamente quiénes son los beneficiarios de la ley. Esto nos va a ayudar a saber, por ejemplo, si las empresas grandes siguen siendo las principales beneficiarias, quiénes son las [editoriales] más pequeñas, si algunos proyectos editoriales se presentan de manera conjunta entre dos o más editoriales, o si hay proyectos que empiezan a destacar a nivel regional.

La ley también ayudó que algunos focos de provincias empezaran a surgir, tales como Trujillo, Huancayo, Arequipa —que siempre fueron espacios de impresión—, y que entrasen a ser espacios de edición. Esto es uno de los elementos que, aunque no es tangible desde el punto de vista de beneficios monetarios, es importante dado que cualquier usuario o cualquier persona del sector podrá ver cómo marcha el sector cada cierto tiempo —esperemos que sea anual o bianual— y saber dónde invertir. Porque para poder tomar una decisión, gente que está fuera del mundo editorial, tiene que tener información de cómo va ese sector que le interesa. En cualquier negocio pasa lo mismo.

CDEYC: ¿Cómo ha sido todo el proceso para llegar a esta ley? ¿Cómo se ha ido dando?

D. A.: Como pasa normalmente en el Congreso, las diferentes bancadas presentan varios proyectos de ley. Estos proyectos de ley, o propuestas, tienen que manejar diferentes niveles de sustento y entran a la comisión que le corresponde. En este caso, entran a la Comisión de Cultura, y este Congreso que empieza este año recibe los proyectos como una «herencia» de la comisión anterior. Durante los últimos meses la Comisión de Cultura estuvo conversando con diferentes personas del sector, conversaron con la Cámara Peruana del Libro, con editoriales independientes y fueron sometiendo a opinión la propuesta que ellos habían elaborado. Entonces, hacen la presentación, va a la Comisión de Economía, tienen las opiniones de Sunat y de MEF y, más o menos a fines de agosto, se tiene un documento definitivo. Luego, aprobado por la Comisión de Cultura y la de Economía, entra a pleno del Congreso, que es lo que ha ocurrido hace unos días.

CDEYC: ¿Te ha parecido suficiente esta prórroga de tres años que ha brindado el Congreso a la ley?

D. A.: Aquí hay que tener mucho cuidado. No es que sea una prórroga de tres años, es que esta ley modifica la anterior en ese sentido. Lo que ocurre es que el I.G.V. estaba exonerado en la ley anterior, y la ley mencionaba un plazo de doce años para el beneficio de la exoneración. Por cuestiones de principios de Código Tributario hay exoneraciones que no se pueden prorrogar por mucho más tiempo. Pero detrás de estos tres años que se mencionan en esta ley, está la necesidad de que anualmente el Ministerio de Cultura emita un informe de los resultados de ese beneficio. Hay muchos detractores del otorgamiento de esta exoneración en la economía. Algunos dicen que no es bueno porque no genera competencia; otros dicen que sí; otros que genera corrupción. En este caso, la solución ha sido: «Promulgaremos una exoneración de tres años y vamos a mirar anualmente cómo va». No se ha cerrado la posibilidad de que se prorrogue. La posibilidad de que continúe la exoneración está abierta en función de los resultados que produzca la ley. ¿Qué indicadores se van a usar para medir los resultados? Eso no lo sabemos en este momento, lo definirá el Ministerio de Cultura oportunamente. Un indicador puede ser la cantidad de libros vendidos en el mercado o la estabilización de precios en comparación con los de otros países con productos del mismo tipo, o los textos escolares que siguen siendo la piedra en el zapato de todos en el tema de análisis de beneficios. Uno mira que la novela de un autor conocido a nivel regional cuesta más o menos lo mismo en cada país —las canastas de lecturas deben costar casi lo mismo para todos—, si los precios que está pagando el Estado son cada vez mejores. Puede haber muchos indicadores que digan que la Ley del Libro está generando un mayor consumo, está generando un ahorro en el consumidor, esta mayor venta (de un libro) está provocando que haya más librerías. Debería de haber una suma de indicadores que nos diga: «De acuerdo, este año ha estado todo correcto. Hemos dado el paso correcto». Luego se hace un análisis del segundo año y, si es positivo el balance, porque algunas cosas no serán buenas supongo—, en el tercer año se puede promulgar una prórroga. El problema es que el Código Tributario solo permite hasta dos veces la prórroga, habría que ver si es suficiente. Lo otro es que muchas veces nosotros decimos: «Ningún país de América Latina paga ningún I.G.V.», y eso no es tan cierto. Es cierto que la mayoría no paga, pero países como Chile u Honduras sí pagan el impuesto a las ventas. Habría que preguntarse cómo va la industria editorial allí, si los libros caros promueven la piratería, como se ha dicho siempre. El I.G.V. no es solo el problema a resolver; hay que resolver otras medidas como el auspicio de ferias distritales o provinciales. Creo que el problema del libro no está solo en el I.G.V. y en su precio final, también está en la promoción de la lectura. ¿De qué te sirve tener una industria súper protegida, con muchos beneficios, si la gente no lee? Creo que también aquí el tema es que se olvidan de que es la Ley del Libro y la Promoción de la Lectura, y la parte de la lectura es la más débil de este espacio y es muy importante que también se trabaje estos aspectos de la creación de bibliotecas, el fortalecimiento de bibliotecas escolares, la actualización del padrón del Sistema Nacional de Bibliotecas. La pandemia seguramente ha impedido que algunas bibliotecas distritales o nacionales —que son pocas además— hayan recibido recursos, el mantenimiento de estas bibliotecas, la apertura de nuevas salas de lectura. Todo esto es importante porque si no hay lectores no va a haber esa mejora.

CDEYC: Por último, aparte de estos retos que has mencionado, ¿qué otros existen?

D. A.: Siempre hay retos. Uno de los mayores dolores de cabeza —y en esto coinciden todos los editores— que tiene el sector es la organización de la comercialización del libro. La gran dificultad siempre gira alrededor de las librerías. Todos los editores de Latinoamérica mencionan que no hay suficientes librerías, y ese es un concepto bastante amplio. Sobre todo, en estos meses de pandemia y cierre de negocios, la pregunta es: ¿estamos hablando de una librería física?, ¿no hay suficientes librerías físicas?, o ¿no hay suficientes espacios de comercialización de libro?

CDEYC: ¿Querrás agregar algo más?

D: A.: Sí, me lo comentó alguien de la Comisión de Cultura hace unos días. Cuando se promulga una ley de beneficios no todos ganan, pero es cierto que no todos pierden. Aquí no hay perdedores, lo que debemos hacer es revisar con mucho cuidado —porque además viene el reglamento que debe aprobarse en un máximo de 120 días, y seguro se va a parecer mucho al vigente solo que ajustando algunas cosas— por qué no conseguimos la exoneración definitiva y de largo plazo del I.G.V. No significa que fracasó la negociación. Los resultados son bastante buenos. Lo que hay que hacer es aprovechar al máximo los beneficios que nos da. Otra cosa muy importante de parte de los editores es que nuestro trabajo no es solo vender libros, sino promover lectores, y esta es la tarea principal. Si no tenemos lectores no vamos a tener mercado.

Carlos Vela: «Todavía no se termina de entender que la lectura, el libro y las industrias culturales en general también generan desarrollo, tanto económico como social».

Carlos Vela es presidente de la Asociación de Escritores Independientes del Perú (EIP) y socio fundador de la editorial Pesopluma. En esta entrevista comenta sus impresiones sobre la aprobación de la nueva Ley del Libro y sobre el futuro de las industrias culturales en el Perú.

CDEYC: ¿Qué te ha parecido la aprobación de esta nueva ley?

CARLOS VELA: Definitivamente es un avance respecto del marco legal que existía hasta el momento. Sin embargo, hay bastante que trabajar en el mediano plazo para perfeccionar el mismo marco legal.

CDEYC: El Congreso ha dado tres años más de exoneración. ¿Crees que es tiempo suficiente?

C. V.: Lo que el sector estaba trabajando, sugiriendo y en lo que hay un consenso es que debe establecerse un horizonte más amplio para trabajar en el mediano y largo plazo. Por eso, la propuesta de nosotros como gremio es que se trabaje sobre la inafectación del I.G.V. De modo que de acá a tres años —que es un horizonte bastante corto— no tengamos que entrar en la misma discusión. Lamentablemente no se ha podido, pero es mejor tres años a que esto haya sido dejado de lado.

CDEYC: ¿Qué retos hay que superar para que de una vez se haga una inafectación permanente para el I.G.V. del libro?

C. V.: Hay varios aspectos a trabajar. No solo hay que entender la importancia de la industria editorial, sino de la industria cultural en general para el país. A nivel político, lo que nosotros hemos visto en varios años de trabajo es que todavía no se termina de entender que la lectura, el libro y las industrias culturales en general también generan desarrollo, tanto económico como social. Nos ayudan a construir una nueva ciudadanía. La lectura ayuda a que las personas desarrollemos otro tipo de capacidades, con las cuales vamos a estar mejor preparados para tomar decisiones más acertadas. Ese trabajo todavía no termina de calar en las autoridades, quienes son las que finalmente están tomando las decisiones, en este caso en el legislativo. Tenemos que trabajar para que terminen de entender la relevancia y la importancia de hacer un marco legal a largo plazo para que las industrias culturales se consoliden como una industria. Actualmente en el Perú no lo son. Ese trabajo hay que hacerlo; y hacerlo pronto en distintas esferas de los organismos públicos. En el marco de la ley del libro se ha hablado mucho de esto, y se ha aprobado en el Congreso. Sin embargo, hay responsabilidad de otras instancias: de los ministerios, y no solamente de Cultura, el cual, efectivamente, está encabezando esta lucha porque está bajo su rectoría. Todos los temas relacionados con el libro y las industrias culturales deberían trabajarse de manera intersectorial y transversal. Deberían involucrarse el Ministerio de la Producción; también el de Transportes y Comunicaciones para trabajar en la circulación del libro; asimismo, los gobiernos locales y regionales, que tienen una rectoría para el establecimiento de bibliotecas públicas, que han sido muy descuidadas durante los últimos diez años. Entonces, hay distintas instancias en las que todavía se debe insistir para articular todos estos esfuerzos, nuevamente, con una mirada a largo plazo que no termina resolviéndose en tres años.

CDEYC: ¿Cómo ha estado el sector editorial con respecto a esta nueva ley en el período desde junio hasta esta semana que se dio la nueva ley? ¿Hubo mucha expectativa? ¿Qué les preocupaba?

C. V.: Nosotros, como Asociación de Editoriales Independientes del Perú, venimos trabajando por lo menos desde hace cuatro años junto con la Biblioteca Nacional del Perú, el Ministerio de Cultura y la Cámara Peruana del Libro en un proyecto más o menos consensuado entre todas las partes sobre lo que debería ser una ley del libro integral. En este camino, y más durante este año, hemos venido insistiendo para que esto se trabaje no sobre la marcha —como ha sucedido en los últimos años— ya estando muy cerca a la fecha de vencimiento. Nosotros insistimos desde abril. Claro, se ha cruzado con la pandemia y una serie de crisis que ha afectado al país en general, a todos los sectores, pero sí hemos estado atentos. Parte de este trabajo ha incluido reuniones con la Comisión de Cultura del Congreso, con el fin de alcanzarles alguna información de casuística muy específica que si no estás en el sector no la conoces. Hemos cursado información con el Ministerio de Economía, de Educación, con la Biblioteca Nacional. Esta combinación ha incluido no solo nuestra voz, que muchas veces puede suponerse que es parcializada, sino que hemos tratado de trabajar en conjunto con otros agentes, de modo que se ha pensado el marco legal en beneficio de los ciudadanos. Si nosotros solamente pensamos como un beneficio de la oferta, y no hay demanda, no es un trabajo que pueda generar resultados en el largo plazo, que es lo que queremos. Felizmente, sí hubo articulación durante el año, y ha salido un proyecto de ley mejor que el que se estaba formulando al inicio del año. Definitivamente ha tenido sus frutos. Ha podido ser mejor, pero ha tenido buenos resultados.

CDEYC: ¿Quisieras agregar algo?

C. V.: Sí, desde Editoriales Independientes del Perú (EIP) insistimos que la ley del libro es uno de los ejes que busca el desarrollo del sector editorial y generar el hábito de la lectura. Pero no es el único. Nosotros creemos que la ley sola no va a generar nada. La ley tiene que venir de la mano de un proceso de compras públicas de parte del Estado, que sea transversal, inclusivo y descentralizado. Otro eje es la política nacional del libro, la lectura y las bibliotecas. Esta política nacional viene trabajándose por lo menos desde hace tres años, pero todavía no termina de concretarse, y lo que te permite es tener un horizonte de diez años para que la estrategia del libro y la lectura no dependa de la autoridad de turno, sino que haya un camino de seguir más allá de los puestos del Estado. Si bien la ley es un paso importante, todavía falta que los otros ejes se concreten. Con ello, recién vamos a poder tener resultados en el mediano y largo plazo. Por otro lado, un apunte que destacamos del trabajo que se ha hecho es que se ha podido incluir un fondo para el libro que no existía antes. Este es importante para que se generen compras públicas para las bibliotecas. También es importante que se haya incluido el tema de la estadística para poder medir cuáles son los resultados de lo que se está sacando ahora y hacer los ajustes necesarios sobre la marcha. En este momento, cualquier estadística es usada tanto a favor como en contra, dependiendo de quién lo mida. Nosotros hemos insistido bastante que se mida sobre lo que se está proponiendo. Y si hay que hacer ajustes, que se hagan durante la marcha para obtener los resultados que se estaban esperando. Además, hay un aspecto de la ley que se ha hablado mucho, que es la inafectación y la exoneración del I.G.V. Hay un beneficio tributario, que es la devolución de I.G.V. de las facturas de gasto por la producción del libro. Durante los diecisiete años de la Ley del Libro (anterior) hubo una barrera administrativa impuesta por Sunat, por la cual solo obtenían este beneficio las grandes empresas editoriales. Lo que se ha hecho es irse al otro extremo. Ahora mismo, se ha establecido un techo para que solo puedan acceder las microempresas editoriales. El techo es muy bajito y no permite que, en un proceso de crecimiento constante, más empresas puedan acceder. Yo creo que se ha pecado un poco de irse al otro extremo y no se ha evaluado un punto medio. Ese es un efecto que había que corregir pronto, pensando de aquí a tres años según las métricas que se arrojen. Además, si bien se ha aprobado la ley ahora en octubre, falta que el Ejecutivo lo promulgue y esperamos que sea esta semana. Para que haga efecto, esta ley tiene que reglamentarse. El año pasado, en octubre también, se realizó la prórroga del libro. El reglamento salió hasta junio de este 2020. Nosotros vamos a insistir para que eso no vuelva a ocurrir, porque eso es un horror. Estuvimos seis meses sin que los grandes beneficios que se habían logrado con la prórroga del año puedan usarse, sin que las empresas pudieran acceder a las mismas. Por otro lado, otro de los grandes puntos a favor que tenía la prórroga del año pasado fue un fondo de S/16 000 000, que por primera vez incluía una prórroga de la Ley del Libro, pero estos fondos no se trasladaron hacia el Ministerio de Cultura hasta el mes de setiembre. En vez de que Cultura haya tenido un año para ejecutar ese presupuesto, está teniendo tres meses y medio. En el caso de otros S/16 000 000 que hay para el Ministerio de Educación, entendemos que aún no han llegado y no sabemos si van a llegar. Ese dinero estaba destinado a la compra de libros para bibliotecas escolares. Entonces, de cara a esta nueva ley, nosotros lo que esperamos es que —y en esto vamos a insistir— el Ejecutivo promulgue el reglamento y salga de todas maneras este año. De modo que podamos empezar el 2021 con una ley que pueda aplicarse, y no solo un discurso. Lo otro es que los fondos se trasladen también a inicios de años para que Cultura pueda desarrollar, a lo largo de doce meses, el presupuesto de manera eficiente. Finalmente, es importante tener estas cosas en el radar para que la ley pueda concretarse de manera eficiente y se trabaje con tiempo durante el año.

Nueva Ley del Libro 2020

La aparición de una nueva Ley del Libro abre una era de cambios e inclusiones que fortalecerán a la industria editorial.

A pocos días que expire la última prórroga, la Comisión de Economía del Congreso decidió aprobar —con 124 votos a favor, 0 en contra y 0 abstenciones— una nueva Ley del Libro y Fomento de la Lectura.

Esta decisión no ha sido tomada de manera improvisada, sino que surge de una ardua gestión y esfuerzo conjunto entre representantes del sector editorial, el Gobierno y algunos parlamentarios. La necesidad de una ley que regule el fomento a la lectura se puso nuevamente sobre la mesa el pasado mes de junio, cuando se otorgó una prórroga al Decreto de Urgencia Nro. 003-2019 hasta la quincena de octubre próximo.

Esta nueva Ley del Libro y Fomento de la Lectura exonera por tres años el pago del I.G.V. al sector editorial bajo los conceptos de importación y venta de libros. Así también, a FondoLibro se le asignará un presupuesto de S/ 16 000 000 (dieciséis millones de soles), de los cuales el 40% será destinado para la compra de libros y el fortalecimiento del Sistema Nacional de Bibliotecas.

Willy del Pozo, presidente de la Cámara Peruana del Libro (CPL), señaló que «es un gran logro, un momento de alegría como hace 10 años nos dio Vargas Llosa al obtener el Nobel». Aunque hay que recalcar que el presidente de la CPL esperaba una inafectación permanente, en vez de «estar peleando cada tres años por algo que debería ser perpetuo».

Acerca de este deseo de la exoneración del I.G.V., Carlos Vela, presidente de Editoriales Independientes del Perú (EIP) menciona que «ha salido un proyecto de ley mejor que el que se estaba formulando al inicio de año. Definitivamente ha tenido sus frutos. Ha podido ser mejor, pero ha tenido buenos resultados». Con esto, se observa que el camino a una ley integral del libro ha comenzado su marcha con el pie derecho y a paso firme.

En el aspecto económico y legal, el beneficio tributario que ofrece la exoneración de I.G.V. es importante para un sector aún en crecimiento como lo es el editorial. Sin embargo, la ley va mucho más allá y ofrece otros beneficios. Pablo Cotrina, jefe de Contenido Digital y Alianzas de Worldreader, afirma que «se ha podido llevar a una norma las necesidades de varios actores que necesitan medidas para que su trabajo se asegure, exista y, además, puedan tener actividades que los sostengan en el tiempo». Esto revela un enorme cambio en las condiciones de trabajo para la industria del libro, donde gracias a esta ley existirá una mayor cabida a los lectores, bibliotecarios, escritores, promotores del libro, entre otros, que desde ahora verán reconocidos sus esfuerzos en un marco legal inclusivo, en vez de una ley que estaba pensada casi en exclusividad para «exportadores, impresores y algunas editoriales grandes».

Dante Antonioli, country manager de Pearson para Bolivia, Chile, Ecuador y Paraguay, añade que «tenemos una industria gráfica muy competitiva que todavía no la hemos aprovechado al máximo. En la región tenemos cada vez mejores servicios de impresión a precios competitivos». Como se observa, la participación de actividades colaterales a la producción de los libros es un buen síntoma del desarrollo industrial que el sector editorial está atravesando, y esto se mantendrá así siempre y cuando exista una constante cooperación entre los diferentes agentes que participan del sector, directa e indirectamente.

Este trabajo no compete solo a los editores y a los libreros; es indispensable la participación permanente de muchos agentes, como el MEF en lo económico, el Congreso en lo político, o el Ministerio de Cultura en la gestión y promoción, y así la lista se hace interminable.

Si deseas conocer la opinión completa de Carlos Vela, Dante Antonioli y Pablo Cotrina, te invitamos a revisar las entrevistas en los enlaces.

Las nobel de la historia

El panorama literario alrededor del premio Nobel ha sido preferentemente masculino. Si uno se pone a pensar en figuras representativas que han obtenido este galardón, tanto polémico como ansiado, salen en primera fila nombres de Albert Camus, Gabriel García Márquez o Peter Handke, ganador del año pasado. Luego de mucho esfuerzo, aparecen los nombres de algunas ganadoras del insigne premio. Este año, la Academia celebra a Louise Glück como la décimo sexta mujer en obtenerlo; por ello, es necesario hacer un recuento de las antecesoras de la poeta estadounidense. Sin más, estas son las nobel.

1. Selma Lagerlöf

La primera mujer en ganar el nobel de Literatura, y la quinta en ganar un Nobel, nació en 1858 en Suecia. Su premiación se dio en 1909 con las siguientes palabras: «En reconocimiento al elevado idealismo, la vívida imaginación y la percepción espiritual que caracterizan sus escritos». Su obra más conocida es El maravilloso viaje de Nils Holgersson (1906), inspirada en la obra de Rudyard Kipling.

2. Grazia Deledda

Escritora italiana, nació en 1871. Su premiación se dio en 1926, diecisiete años después del de Selma. Acerca de su obra, la Academia dijo que se le otorgaba «Por sus escritos inspiradamente idealistas, que con claridad plástica dibujan la vida en su isla natal y que con profundidad y simpatía tratan los problemas humanos en general». Se especializó en narrativa y estudios de poética, tuvo catorce publicaciones hechas en vida y dos obras póstumas.

3. Sigrid Undset

La escritora noruega ganó el galardón dos años después, en 1928. En aquella ocasión se dijo que su producción literaria era merecedora del premio «Principalmente por sus poderosas descripciones de la vida de los nórdicos durante la Edad Media». Entre sus obras más conocidas se encuentran Kristin Lavransdatter (1920-1922) y Olav Audunssön (1925-1927); en ellas, la autora explora el conflicto permanente entre el amor terrenal y el divino. 

4. Pearl S. Buck

Fue la primera mujer estadounidense en obtener el Nobel. Su premiación se dio en 1938. La mitad de su vida se desarrolló en China, aspecto que se resalta en sus obras. El jurado de la Academia dijo que se le otorgaba el galardón «Por sus descripciones ricas y verdaderamente épicas de la vida campesina en China y por sus obras maestras biográficas». Tiene más de ochenta libros en su historial distribuidos entre el relato, el teatro, el guion cinematográfico, la poesía, la literatura infantil, la biografía y hasta un libro de cocina.

5. Gabriela Mistral

Es la primera latinoamericana y poeta en obtener el premio, el cual se dio en 1945. Su verdadero nombre fue Lucila Godoy Alcayaga. La razón que motivó a la Academia para otorgarle la distinción fue «Su poesía lírica que, inspirada por poderosas emociones, ha hecho de su nombre un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano». También es reconocida por su labor política en Brasil y por sus enseñanzas en las escuelas de su natal Chile.

6. Nelly Sachs

En 1966 el galardón regresa a Suecia, de la mano de esta gran poeta que desarrolló la problemática del pueblo judío. Obtuvo el premio Nobel junto al israelí Samuel Agnon. Fue gran amiga la nobel Selma Lagerlöf. Su obra recibió el premio «Por su destacada escritura lírica y dramática, que interpreta el destino de Israel con fuerza conmovedora».

7. Nadine Gordimer

Fue la primera sudafricana en obtener este premio. Escribió sus primeros relatos a los nueve años, y su primera publicación la realizó a los quince años. En 1943, con veintiséis años publicó su primera historia larga, titulada Face to Face, en la cual desarrollaría temas sobre la degeneración humana a través del problema social en África. Gano el Nobel en 1991, casi treinta años después desde la última ocasión que esto sucedió.

8. Toni Morrison

En 1993, el premio se entregó por segunda vez a una mujer estadounidense. Fue una activa defensora de la lucha en contra de la discriminación racial, centrándose en los problemas que rodean a la mujer afroamericana. La Academia señaló sobre ella: «Quien en novelas caracterizadas por su fuerza visionaria y transcendencia poética, da vida a un aspecto esencial de la realidad estadounidense».

9. Wisława Szymborska

Esta poeta polaca recibió el premio en 1996. Sobre su obra, se dijo que merecía el galardón «Por la poesía que con precisión irónica permite al contexto histórico y biológico salir a la luz en fragmentos de la realidad humana». El discurso que dio durante la premiación del Nobel fue publicado bajo el título de No sé qué gente, y publicado al año siguiente.

10. Elfriede Jelinek

Fue la primera ganadora del Nobel del presente siglo. Su premiación estuvo rodeada de polémica luego de la renuncia de uno de los miembros del jurado al conocerse el resultado en 2004. Posee una muy basta producción en diversos géneros como la novela, teatro, radioteatro, ensayo, libretos par ópera, guiones de cine, y la traducción.

11. Doris Lessing

La escritora británica pero nacida en Irán fue la ganadora del Nobel en 2007. Se especializa en el género autobiográfico, donde resalta sus experiencias en África, su vida de infancia y sus desengaños personales, políticos y sociales. La crítica tuvo una posición dividida acerca de su premiación. Escribió casi medio centenar de libros, de los cuales el jurado resaltó: «La narradora épica de la experiencia femenina, quien con escepticismo, ardor y poder visionario ha sometido a una civilización dividida al escrutinio».

12. Herta Müller

Novelista, ensayista y poeta rumana, quien obtuvo el galardón en 2009. Su estilo ha sido considerado como una prosa poética, en la cual predomina la repetición de figuras retóricas como la elipsis y una repetición constante de palabras. Al entregarle el premio, la Academia dijo que su obra «Con la concentración de la poesía y la franqueza de la prosa, describe el paisaje de los desposeídos».

13. Alice Munro

Cuentista canadiense, destacada como una de las más importantes en lengua inglesa. También es conocida por realizar una reescritura constante de sus historias. El jurado le otorgó el premio en 2013, luego de denominarla una «Maestra del cuento contemporáneo».

14. Svetlana Aleksiévich

La escritora y periodista bielorrusa fue la primera periodista en ganar el Nobel en Literatura, lo que sigue ocasionando gran controversia entre los más puristas. La Academia, al darle el premio, mencionó que se le otorgaba «Por sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y valor en nuestro tiempo».

15. Olga Nawoja Tokarczuk

La penúltima ganadora del Nobel es ensayista, poeta y psicóloga. Obtuvo la condecoración en 2018 «por su imaginación narrativa que con pasión enciclopédica representa el cruce de fronteras como una forma de vida». Debutó en 1979 bajo el pseudónimo de Natasza Borodin. Su primera premiación se dio en 1993 con su novela El viaje de los hombres del Libro, publicada en ese mismo año.

16. Louise Glück

Es la tercera mujer que centra su escritura en la poesía, ganadora del Nobel de este año. Nació en 1943, en el seno de una familia estadounidense. Ha publicado más de una decena de libros, de los cuale, siete han sido traducidos al español por la editorial española Pre-textos. El jurado ha calificado su obra con las siguientes palabras: «Por su inconfundible voz poética que con austera belleza hace universal la existencia individual».

Conoce a Louise Glück, ganadora del premio Nobel de Literatura 2020

Louise Glück es la décimo sexta mujer de la historia en conseguir el premio Nobel. La Academia Sueca le otorgó el máximo galardón en la literatura «por su inconfundible voz poética que, con una belleza austera, hace universal la existencia individual». Entérate más sobre ella y su obra en esta nota.

Este año 2020, las sorpresas han estado a la orden del día. Aunque la mayoría han sido malas, hay ciertas luces que nos alumbran gratamente. Una de ellas brilla el día de hoy. Se trata de Luise Glück, la segunda representante de la poesía desde 1996, cuando Wisława Szymborska recibió el premio. La poeta estadounidense nació en abril de 1943 en la ciudad de Nueva York, y es la décimo quinta ganadora mujer del aclamado galardón, que será acompañado con más de un millón de dólares este año.

Sus inicios en el mundo de las letras se remontan a su niñez más íntima, donde comenzó a hacer libros desde muy joven. La poeta revela, en una entrevista del 2012, que: «a mi padre le gustaba escribir versos. Así que sus hijos, que éramos dos, comenzamos a escribir libros muy pronto. Los imprimía y nosotros los ilustramos, y muchas veces el texto estaba en verso». Durante su infancia se consideraba una niña extraña, los otros niños de su edad no se relacionaban mucho con ella, lo que le ocasionó graves problemas de peso y de confianza. Sin embargo, nunca perdió de vista la meta de convertirse una gran artista.

En la adolescencia, trató de publicar poemas en diversas revistas de su localidad, sin mucho éxito. No sería hasta 1968 que la dedicación y la persistencia darían sus primeros frutos en la forma de su primera publicación, Firstborn. En 1985, el Círculo Nacional de Críticos de Libros (National Book Critics Circle) le entregaría su primer premio a The Triumph of Achilles, publicado ese mismo año; mientras que en 1993 le concederían el premio Pulitzer por su poemario The Wild Iris (1992). Este año ha logrado obtener, además del premio Nobel, el premio Tranströmer, que se otorga cada dos años por el municipio sueco de Västerås.

Entre los tópicos que rodean la obra de Glück está la historia y la mitología clásica, el recuerdo de su infancia, y la universalización de la individualidad. Actualmente, es miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras, y profesora en el Williams College. La crítica señala que la pluma de Glück es una austera belleza, con mucha precisión y negrura para tratar los temas que más le interesan. Las imágenes que describe son apasionantes, mostrándose con crudeza o exuberancia muy vibrantes. El crítico Steven Ratiner menciona que su poesía: «se parece más al registro de una sobreviviente de un naufragio que intenta aceptar la tensión del aislamiento y el horizonte desolado de su isla. El lenguaje es el único refugio del náufrago».

Gluck ha publicado más de una decena de libros entre poemarios y colecciones, así como un libro de ensayos de poesía titulado Proofs and Theories: Essays on Poetry (1994). Su obra ha sido traducida al español desde el 2006 por la editorial Pre-textos; en la edición participó el poeta peruano Eduardo Chirinos.       

Premio Nobel 2020: los eternos candidatos

Entre los favoritos de este año se puede observar algunos que siempre han sido voceados. ¿Será al fin la oportunidad de estos, o se lo llevará alguno de los candidatos nuevos?

El 8 de octubre se llevará a cabo el anuncio del nuevo ganador del Premio Nobel de literatura. A pesar de los cambios por las últimas acusaciones realizadas contra uno de los miembros del jurado el 2018, y la coyuntura actual de la pandemia, los organizadores del premio han decidido llevar acabo el evento de manera virtual. Como todos los años se pueden observar nuevos rostros, pero no faltan los eternos favoritos.

Las apuestas apuntan a que, por fin, uno de los eternos candidatos al Nobel será quien se hará con el galardón. El primero de ellos es, por supuesto, Haruki Murakami, novelista y traductor japonés. Sus novelas son consideradas magníficas a partir de la interrelación que tienen con el lector, efecto muchas veces considerado como «inspirador». Entre sus novelas más importantes está Tokio blues (Norwegian Wood) (1987), novela que lo lanzó a la fama internacional y que se adaptó luego al cine.

Asimismo, el nombre del escritor español Javier Marías ha sido señalado constantemente como favorito para recibir el ansiado premio. La crítica especializada señala que su mayor aporte se refleja en el estilo de narración que posee, la cual ofrece nuevas perspectivas que atrapan al lector en un proceso de cuestionamiento y reflexión. Algunas de sus obras más conocidas son Mañana en la batalla piensa en mí (Anagrama, 1994) y la compilación titulada Tu rostro mañana (Alfaguara, 2009), que se compone de tres obras.

Finalmente, Milan Kundera también es considerado —nuevamente— como favorito para ganar el Nobel de este año. Su obra maestra fue publicada en 1984, con el título de La insoportable levedad del ser (1984), donde se explora la existencia del ser mismo, dentro de las líneas del «eterno retorno» planteado por Nietzsche.

Los nuevos candidatos

Varios medios han apostado porque el Nobel de literatura será para un escritor/a no europeo. Entre los candidatos nuevos se encuentra Jamaica Kincaid, nacida en Antigua y Barbuda en 1949, pero nacionalizada estadounidense. Otro nombre que suena con fuerza es el de Maryse Condé, nacida en la isla Guadalupe y nacionalizada francesa. Las obras de ambas exploran temas como el colonialismo, el racismo, el clasismo y las diferencias de género.

Finalmente, otros nombres que están circulando entre los favoritos son los americanos Joyce Carol Oates, que ganó hace poco el premio Cino del Duca, y Margaret Atwood, escritora del libro El cuento de la criada (1985), que inspiró la famosa serie con el mismo nombre.