Un año termina, una etapa que trajo consigo muchas satisfacciones. Así, queremos compartirlas contigo, pues has sido parte de este 2025. De este modo, nos preparamos para afrontar nuevos retos y proyectos que vendrán en el 2026.
Nuestra producción editorial empezó en enero con la publicación de Por qué escribo y otros ensayos sobre libros del ensayista británico George Orwell, bajo el sello J. M. Marthans. El libro reúne cinco textos que abren el debate sobre el trabajo editorial y la industria del libro. Esta fue una traducción propia hecha por Katherine Pajuelo Lara.
Por otro lado, en nuestro sello Buen Puerto publicamos dos novelas de autores contemporáneos: Parusía (marzo) del novelista Horacio Hidalgo Ledesma y Nada nos une (mayo) del escritor piurano Lenin Heredia, trabajos que abren un nuevo camino en la escena literaria.
En el rubro de los negocios, Pieza Clave cimentó su propuesta con tres títulos: Mi marca soy yo (mayo) de Yolanda Menéndez, Del ronroneo al rugido (julio) de Sergio Bolívar y Centauro Digital (diciembre) de Miguel de la Roca.
En tanto, en agosto aparecieron Borges: Novelista virtual de Miguel Gutiérrez y La estrella más cercana del poeta peruano José Antonio Mazzotti, libros que fortalecieron la propuesta de la casa editorial.
Por otro lado, el sello Lorem Ipsum tuvo tres títulos: Breve manual de supervivencia (marzo) de Virginia Velarde y Sin rumbo, de Luis Espinoza, y Y de repente, la luz de Edwin Mass, ambos en el mes de noviembre.
Libros del Centro de Desarrollo Editorial
Escritores a punto de cumplir un sueño
De izquierda a derecha: Dallana Pahuara, Alvaro Milla de León y Blanca Luz Izaguirre
En febrero, inició el Programa de Escritura Creativa (PEC) de la escuela Capítulo Uno, iniciativa que empezamos con mucha ilusión.
A lo largo de diez meses, los estudiantes pasaron por diversos módulos, en los que tuvieron como maestros a reconocidos escritores y profesionales del medio como Cesar Augusto López, Fernando Carrasco, Lenin Heredia, Nancy García, entre otros.
El programa ha culminado y ahora estamos a la espera de la presentación de Tiempo para escribir, libro que recoge los cuentos preparados por los estudiantes a lo largo del programa.
De esta manera, Dallana Pahuara, Alvaro Milla de León, Blanca Luz Izaguirre y Angelo Martínez verán sus historias publicadas en forma física y digital.
Finalmente, el escritor y docente peruano Jorge Eslava se sumó a la plana docente de Capítulo Uno, aportando así experiencia y lecturas en diversos cursos para escritores.
Comprometidos con la formación continua y el crecimiento profesional
En este año consolidamos nuestra oferta educativa con nuestros cursos especializados y diversos talleres que nos abrieron las puertas hacia estudiantes de otros países. De este modo, se sumaron alumnos de Canadá, Honduras, España, Estados Unidos, Panamá, México, Colombia, Ecuador, Paraguay, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Chile y Argentina. En total, este año sumamos a 470 nuevos estudiantes al Centro.
Asimismo, hemos ayudado a once empresas del sector privado y público en la formación de sus respectivos equipos de trabajo. Entidades como Osinergmin, Ministerio de Cultura, Baxel, Andina Consultando, entre otras instituciones, recibieron capacitaciones y talleres por parte de nuestra plana docente, mejorando sus habilidades de comunicación escrita.
Por otro lado, hemos consolidado diversos programas de educación continua. Por ejemplo, este año inició la vigésima promoción del Curso Integral de Corrección de Estilo (CICE), así como la vigésimo cuarta del Curso Integral de Edición de Publicaciones. Finalmente, la novena promoción del Curso Integral de Escritura Eficaz también se puso en marcha, con lo cual nuestros estudiantes fortalecerán sus capaciones de redacción, corrección y edición respectivamente.
A todos ustedes muchas gracias por acompañarnos, y a todo el equipo del Centro de Desarrollo Editorial las gracias por ser parte de cada aventura que se inicia y se mantiene en nuestra institución.
Te invitamos a permanecer con nosotros y vivir la experiencia editorial en primera fila. Feliz Navidad para todos y un próspero 2026.
En un artículo anterior, el editor Dante Antonioli inició una conversación necesaria sobre la huella de carbono editorial y por qué es urgente para el sector entenderla. Para ello, en esta segunda parte presenta un primer acercamiento técnico para entender el ciclo de la vida editorial.
Por Dante Antonioli
¿Cómo medir la huella de un libro? Parece una pregunta simple, pero detrás hay una diversidad de metodologías, normas internacionales, decisiones técnicas y, sobre todo, una manera completamente distinta de mirar el proceso editorial. Este artículo busca explicar (sin abrumar) las bases de esa medición, para que podamos avanzar hacia una comprensión más sólida y, eventualmente, hacia mediciones locales. Estudios recientes, como La huella ambiental del libro (Cerlalc, 2025), muestran que esta discusión ya se está abriendo camino en la región y que el análisis de ciclo de vida es una herramienta viable para nuestro contexto.
La herramienta utilizada a nivel internacional para evaluar la huella ambiental de un producto es el Análisis de Ciclo de Vida (ACV). Aunque parezca técnico, su lógica es sencilla: se analiza un producto desde que nace hasta que “muere”.
En el caso del libro, un ACV considera los siguientes puntos:
Extracción de materias primas
Producción del papel
Procesos de impresión y acabados
Transporte y distribución
Almacenamiento y devoluciones
Infraestructura digital (para ebooks y audiolibros)
Uso, reuso y disposición final
La fotografía completa del ciclo permite identificar puntos críticos, es decir, etapas con mayor impacto, para orientar mejoras reales.
Las normas ISO que fundamentan el análisis
Para que este tipo de evaluación sea comparable entre industrias y países, existen normas internacionales que definen exactamente cómo debe estructurarse un estudio de ACV. Las principales son:
Definen cómo estructurar un estudio: objetivos, límites del sistema, inventarios, evaluación de impactos e interpretación. Son el “esqueleto” metodológico del análisis.
Se concentra específicamente en emisiones de CO₂ equivalente y explica cómo cuantificar emisiones directas e indirectas y cómo reportarlas.
Estas normas no dicen “cuánto contamina un libro”, pero sí establecen cómo debe realizarse un estudio riguroso, independientemente del país o del tipo de industria.
El Protocolo GHG: entender dónde realmente se concentra el impacto
Además del ACV, existe una herramienta fundamental para clasificar las emisiones y entender de dónde provienen: el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero (GHG Protocol). Este método organiza las emisiones en tres alcances y permite visualizar con claridad qué parte del proceso editorial genera mayor impacto.
Lo esencial no es memorizar la clasificación, sino comprender lo que revela sobre el libro como producto cultural. Para el sector editorial, esta lectura es clave:
Alcance 1 (emisiones directas): suele ser el componente menor. Se limita a maquinaria o combustibles propios de una imprenta.
Alcance 2 (electricidad comprada): depende del consumo operativo y de la matriz energética de cada país.
Alcance 3 (emisiones indirectas de la cadena de valor): aquí se concentran casi todas las etapas intensivas del proceso editorial: producción del papel, transporte, logística, devoluciones y operación de plataformas digitales.
La evidencia internacional es consistente: la mayor parte de la huella del libro ocurre antes de que llegue al lector y sucede en actividades que tradicionalmente han quedado fuera del radar de las editoriales si no existen mecanismos de medición y coordinación.
Comprender los alcances del GHG Protocol no es un ejercicio técnico aislado: es una herramienta estratégica para identificar dónde actuar primero y cómo orientar decisiones editoriales que realmente reduzcan el impacto ambiental.
Lo que muestran los estudios internacionales
Aunque América Latina recién está empezando a medir, otros países llevan más de una década estudiando la huella del libro. Algunos ejemplos:
Reino Unido — Publishers Association: ACV comparativos entre libro impreso, ebook y audiolibro. Conclusión central: el papel y la logística concentran la mayor carga ambiental.
Francia — ADEME: estudios integrales sobre el libro como producto cultural. Destacan el impacto de las devoluciones y el peso del transporte en la huella total.
España — iniciativas de ecoedición: (Cataluña, Andalucía y Ministerio para la Transición Ecológica) pioneras en el mundo hispanohablante: criterios de diseño eficiente, uso de papeles certificados, optimización de tirajes y métricas para calcular impactos. Incluye el proyecto Greening Books, el Manual de la buena ecoedición y la guía pública EcoEdición del MITECO. El Dosier Ecoedición del Cerlalc (2022) resume estas tres líneas de trabajo españolas y las pone en diálogo con la agenda regional.
Canadá — BookNet: investigaciones sobre distribución y almacenamiento: transporte multimodal, reducción de inventarios y mejoras en eficiencia logística.
Patrón común
El mayor impacto ocurre antes de llegar al lector.
Las decisiones editoriales influyen más de lo que parece.
Algunas de las medidas más efectivas son reducir tirajes, sobreimpresiones y devoluciones.
¿Qué pasa con el libro impreso, el ebook y el audiolibro?
No existe una respuesta universal de “qué contamina más”, porque depende de contextos específicos. Pero los estudios coinciden en:
Libro impreso
Ebook
Audiolibro
Huella inicial alta (papel + impresión + logística). Huella baja en uso. Depende del destino final (reciclaje, disposición).
Huella baja por descarga/almacenamiento.Huella alta por fabricación del dispositivo (si se considera en el análisis).Se “compensa” cuando el lector utiliza mucho el e-reader.
La huella está casi totalmente en servidores, streaming y almacenamiento. Sube en función de horas de escucha y del tipo de plataforma.
Lo importante no es decidir “qué formato es mejor”, sino cómo se gestiona cada etapa del ciclo de vida.
Indicadores que podría adoptar la industria editorial peruana
Aun sin realizar un ACV completo, el sector peruano puede comenzar con indicadores simples:
Indicadores básicos (nivel 1)
kWh consumidos en impresión.
Porcentaje de papel certificado (FSC/PEFC) o reciclado.
kg de papel consumido por año.
Porcentaje de devoluciones.
Kilómetros recorridos en transporte editorial.
Indicadores intermedios (nivel 2)
Emisiones de CO₂ por tiraje.
Emisiones por tipo de papel.
Porcentaje de títulos producidos bajo POD (impresión bajo demanda).
Ratio de ejemplares vendidos / ejemplares impresos.
Indicadores avanzados (nivel 3)
ACV completo de un título representativo.
Medición integral de Alcance 3.
Benchmarking con proveedores internacionales.
Estos indicadores no solo ayudan a medir, sino también a tomar decisiones más inteligentes, eficientes y sostenibles.
Un camino posible para el Perú
Las experiencias internacionales muestran que este tema no se aborda de manera aislada: requiere coordinación entre editoriales, imprentas, distribuidores y librerías.
El Perú no necesita reinventar la rueda, pero sí adaptarla a su realidad:
Fragmentación de la cadena.
Alta dependencia de importaciones.
Tirajes pequeños.
Concentración de imprentas en pocas ciudades.
Porcentaje elevado de devoluciones.
Si entendemos cómo se mide la huella y qué se mide, podremos comenzar a construir un modelo adecuado para nuestra industria editorial.
Conclusión
Medir la huella de carbono del libro no es un ejercicio técnico, sino una nueva forma de mirar la cadena editorial. Los estudios internacionales ya ofrecen una hoja de ruta, y los avances regionales —como el reciente informe del Cerlalc— muestran que esta discusión también es posible en América Latina.
Para el Perú, el desafío está en desarrollar datos locales, construir una metodología propia y abrir espacios de coordinación sectorial. En próximos artículos profundizaremos en los requerimientos técnicos, los actores clave y los pasos iniciales para un estudio piloto nacional.
La sostenibilidad del libro también se construye midiendo.
Un trabajo de investigación sigue ciertas normas en cuanto al citado de fuentes. Pero ¡atención! No todos los sistemas son iguales.
Conocer los diferentes sistemas de citación no solo es primordial para llevar una investigación por el mejor camino, sino que además le da un gran valor agregado al investigador.
Cuando se conocen y dominan los estilos de citación, el profesional es capaz de elegir el más adecuado, de acuerdo a la disciplina y el tema que aborda. A continuación te dejamos una lista de los principales sistemas de citado de información.
APA (American Psychological Association)
Este sistema es predominante en la mayoría de trabajos y el más conocido. Se emplea en ciencias sociales como Psicología, Sociología, Educación, Economía y Derecho.
Su base es el sistema autor-fecha, usado para facilitar la identificación rápida de la fuente en el texto y que el lector pueda consultar la referencia completa al final. Por ejemplo, en un texto se citaría de la siguiente manera: (González, 2020).
Chicago
Este sistema tiene dos variantes. La primera es el sistema de notas con bibliografía. Es común encontrarlo en humanidades, especialmente Historia, Literatura y artes, donde las fuentes se citan en notas a pie de página o de fin de texto.
Un ejemplo de esta primera modalidad podría ser el siguiente: David García, Historia de la literatura española (Madrid: Ediciones Clásicas, 2017), 129. Muy recomendado para citar ibros, artículos, documentos, fuentes electrónicas y archivos históricos
Por otro lado, tenemos el sistema autor-fecha, usado especialmente en ciencias naturales y sociales.
Vancouver
Suele usarse en Medicina y Ciencias de la Salud. Emplea un sistema numérico que asigna un número correlativo a cada fuente citada, que se repite cuando se vuelve a citar. Por ejemplo, tenemos el siguiente enunciado: El estudio muestra una mejora significativa (1). Por tanto, la referencia sería:
Smith J, Brown P. Clinical trials in cardiology. Journal of Medicine. 2018;12(3):123-30. Este sistema facilita la lectura de textos densos en citas bibliográficas y se adapta muy bien a publicaciones científicas.
MLA (Modern Language Association)
Utilizada en Literatura, Lingüística y estudios culturales, la cita en el texto incluye el apellido del autor y el número de página, sin coma ni año: (Gómez 102). En la bibliografía, una referencia podría ser: Gómez, Luis. Teoría literaria contemporánea. Ediciones Babel, 2019. Es común para citar textos literarios, ensayos y fuentes que necesitan una referencia precisa a páginas, siendo muy usada en análisis detallado de textos.
Poca es la discusión en el país en torno a los efectos ambientales que genera la producción de un libro. En este artículo, el editor Dante Antonioli abre el debate, tomando como punto de partida las fases iniciales del proceso editorial.
Por Dante Antonioli
Durante muchos años he trabajado en distintos frentes del mundo editorial: edición de mesa, corrección, diseño, maquetación, acompañamiento de autores, comercialización, consultorías, formación y proyectos de investigación. Siempre he intentado ver la industria en su conjunto y anticipar hacia dónde se mueve. Dentro de este movimiento, había un tema ineludible que decidí investigar hace muy poco: la huella de carbono y el impacto ambiental del libro.
Empecé a leer materiales dispersos, experiencias internacionales, reportes técnicos que apenas mencionaban a la industria cultural. Pero la verdadera claridad llegó recientemente, cuando el Cerlalc (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe) publicó La huella ambiental del libro, un estudio exhaustivo que analiza el ciclo de vida completo de un libro producido en Colombia (https://acortar.link/gfabXV).
El documento, riguroso y metodológicamente sólido, confirmó varias intuiciones que ya venía explorando: nuestros libros tienen un impacto ambiental real, medible y complejo; y todavía sabemos muy poco sobre él.
Este artículo nace, justamente, de ese proceso personal: de ir encontrando piezas sueltas, de intentar comprender este tema en un sector que casi no lo discute y de la convicción de que el Perú necesita empezar a conversar, y pronto.
¿Qué es la huella de carbono editorial?
La huella de carbono editorial evalúa las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a todas las etapas del ciclo de vida del libro, desde la extracción de materias primas hasta su disposición final. Esto incluye lo siguiente:
La producción del papel, tintas, colas, cartones y empaques
La impresión, los acabados y los procesos industriales
El transporte, almacenamiento y distribución
Las devoluciones y los libros destruidos
El uso, el reciclaje o la disposición final
La infraestructura digital que sostiene ebooks, audiolibros, plataformas y servicios en la nube.
En otras palabras, no se trata solo de la impresión, no se limita al papel, ni se resuelve cambiando un insumo por otro. El libro no es solo un objeto cultural, sino también un objeto material que deja una huella ambiental en cada paso.
El aporte del estudio del Cerlalc
El análisis realizado por el Cerlalc representa, quizá, el primer estudio sistemático y de alcance nacional que se publica en América Latina sobre el tema. Y sus hallazgos son clave para entender por dónde empezar. Analicemos algunas de ellos.
El mayor impacto está en las materias primas, especialmente en la fabricación del papel.
La impresión digital y offset no muestran diferencias tan grandes por ejemplar como solemos imaginar; el tipo de papel pesa más que la tecnología.
Muchos impactos ambientales no tienen que ver con emisiones de CO₂, sino con categorías como toxicidad humana, eutrofización o agotamiento de recursos.
La recolección de datos es difícil, pero posible, si hay colaboración entre editoriales e imprentas.
Las decisiones de diseño editorial y la planificación de tirajes influyen más de lo que pensamos.
Que exista este estudio colombiano es una buena noticia: contamos con una base sólida desde la cual el Perú puede comenzar a aprender, comparar y adaptar.
Por qué este tema importa para el Perú
Nuestro mercado editorial enfrenta limitaciones estructurales: tirajes reducidos, altos costos logísticos, devoluciones frecuentes, infraestructura desigual, papel importado, procesos heterogéneos entre imprentas y una cadena del libro muy fragmentada. Todo ello significa que no conocemos nuestra propia huella y, sin medición, no hay diagnóstico; sin diagnóstico, no hay mejora.
Además, los lectores jóvenes son cada vez más sensibles a temas ambientales, las regulaciones internacionales ya están cambiando, como el Reglamento Europeo sobre Productos Libres de Deforestación (https://acortar.link/ed8bxE), que afectará directamente las cadenas globales de papel y derivados) y las industrias culturales del mundo están incorporando la sostenibilidad como criterio básico de gestión. El Perú no puede quedarse fuera de esta conversación.
Mitos que debemos abandonar
A medida que profundizo en el tema, encuentro ideas que necesitan matices:
El libro digital no contamina. No es tan simple: depende del uso, de los dispositivos y de la infraestructura digital.
El impacto está solo en la imprenta. El papel, el transporte y las devoluciones pesan muchísimo.
Lo sostenible es más caro. A veces sí, pero muchas veces implica simplemente planificar mejor.
No podemos hacer nada. Siempre hay puntos de mejora; incluso los más pequeños suman.
¿Por dónde empezar? Pasos alcanzables para la industria peruana
No se trata de transformar todo de un día para otro, sino de comprender y avanzar gradualmente. A continuación, les dejo algunas acciones iniciales:
Dialogar con proveedores sobre papeles certificados o alternativas renovables.
Optimizar tirajes y reducir sobreproducción.
Disminuir devoluciones mediante planificación más fina.
Evaluar el uso de POD (print on demand) para ciertos títulos.
Capacitar equipos en ecoedición y sostenibilidad aplicada al libro.
Son pasos modestos, pero abren camino.
Hacia una conversación más profunda
Mi intención es explicar de manera clara qué significa medir la huella de un libro, qué metodologías sirven, cómo interpretarlas y qué podrían hacer las editoriales peruanas —grandes, medianas y pequeñas— para prepararse.
Si el estudio colombiano muestra algo, es que necesitamos datos locales, acuerdos sectoriales, diálogo entre imprentas y editoriales y una agenda que mire la sostenibilidad no como un obstáculo, sino como un camino de mejora.
El libro tiene un enorme valor cultural. Cuidar su impacto también es cuidarlo a él.
El evento literario más tradicional y emblemático de Lima llega en una nueva edición, con diversos eventos para todo tipo de lectores.
La Feria del Libro Ricardo Palma celebrará dentro de poco su edición número 46 en el parque Kennedy de Miraflores. Del 21 de noviembre al 9 de diciembre, lectores de todas las edades encontrarán miles de títulos, así como más de 150 actividades culturales en las que podrán participar de manera libre.
Por ejemplo, por primera vez se presentarán clubes de lectura, lo cual supone una oportunidad para aquellos lectores que gustan de comentar lecturas y conocer a nuevos autores de la escena literaria.
En tanto, las presentaciones de libros, así como conversatorios y talleres estarán presentes en esta edición que contará con invitados especiales como Alonso Cueto, Karina Pacheco, Cecilia Bákula, Ricardo Sumalavia, José Carlos Yrigoyen, entre otros.
A su vez, en la feria se le rendirá un tributo a Gaby Cevasco, periodista y escritora autora de tres libros de cuentos y un poemario, recientemente fallecida.
La feria abrirá sus puertas de lunes a domingo, de 11:00 a.m. a 10:00 p.m. Las actividades culturales y presentaciones comenzarán desde el mediodía.
Constituido por más de siete mil entradas distribuidas entre artículos temáticos y específicos, esta obra continúa siendo un material de consulta imprescindible en la industria editorial.
En el año 2005, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) publicaron el Diccionario panhispánico de dudas (DPD) con el objetivo de resolver y aclarar algunas dudas frecuentes sobre el uso correcto de la lengua española.
Las entradas que lo componen tratan algunas cuestiones generales como acentuación, puntuación o uso de mayúsculas, así como temas específicos sobre construcciones que generan vacilaciones. También incluye apéndices acerca de conjugaciones verbales, abreviaturas, símbolos, gentilicios y glosarios de diversos términos lingüísticos.
En la actualidad, el DPD es respaldado por las 23 academias asociadas y ha sido adoptado como norma básica por medios de comunicación de España y América. A veinte años de su publicación, se ha convertido en material de consulta indispensable en el trabajo de editores y correctores de textos.
Antes de su aparición, los profesionales del sector editorial absolvían sus dudas mediante diccionarios normativos o publicaciones que no siempre recogían las problemáticas del momento o fenómenos lingüísticos fijados fuera de la norma. Por ello, el Diccionario panhispánico de dudas cubrió esta necesidad, pues reflejaba el estado actual de la lengua.
La nueva edición del Diccionario Panhispánico de Dudas
En junio de 2025, por los veinte años de su aparición, la RAE presentó la segunda edición ampliada y actualizada del DPD. Esta nueva edición contiene 370 nuevas entradas, de las cuales 368 son artículos no temáticos (con neologismos y extranjerismos) que reflejan los cambios lingüísticos de los últimos años. En tanto, ocho de ellos (temáticos) resuelven dudas en torno a gerundios y prefijos.
En total, se citaron 3260 obras y 399 publicaciones periódicas, abarcando diversos territorios como Filipinas y Guinea Ecuatorial. En su vigésimo aniversario, se destaca la vitalidad y capacidad del DPD para adaptarse a los diversos cambios que afectan al español, con un fuerte arraigo panhispánico.
• Fab Morvan, exmiembro del controvertido dúo que desató polémica en 1990, ha sido nominado a los Grammy 2026, lo que ha dejado atónito a más de uno.
El 21 de julio de 1989, en la ciudad de Connecticut, Fab y Rob Morvan, vocalistas de la banda Milli Vanilli, ofrecieron un concierto que determinaría el final de la banda. Durante la interpretación del tema «Girl You Know It’s True», el sistema de sonido falló, lo cual reveló ante el público que el dueto utilizaba playback en sus presentaciones. Por si fuera poco, ambos artistas obtuvieron el Grammy de 1990 en la categoría al mejor artista revelación, sin embargo, la organización de los premios les quitó el galardón.
De derecha a izquierda: Rob y Fab Morvan cuando recibieron el Grammy en 1990
Los años pasaron y ahora Fab Morvan ha vuelto por la puerta grande a los Grammy. Y es que el artista ha sido nominado en la categoría de Mejor Audiolibro, Narración y Grabación, por sus memorias Sabes que es verdad: la verdadera historia de Milli Vanilli. En dicha categoría, Morvan compite con el Dalai Lama (Meditaciones: reflexiones de su santidad el Dalái Lama), Kathy Garver (Elvis, Rocky & Me: The Carol Connors Story), entre otros
Sabes que es verdad: la verdadera historia de Milli Vanilli, el audiolibro de Fab Morvan
En el rubro editorial los audiolibros han tomado relevancia, debido a que se han convertido en una opción de lectura alternativa. Así, desarrolladores de contenido echan mano de este soporte para adaptar obras ya existentes o crear material original. Por ejemplo, la aplicación Natural Reader permite leer tanto un documento en PDF como un libro físico y destaca por ofrecer al usuario una gran variedad de voces creadas con IA, con distintos tonos y matices. Es evidente que el rubro de los audiolibros se encuentra en crecimiento constante.
Que los Grammys hayan creado una categoría exclusiva para esta producción, demuestra que hay mucho campo para explorar, crecer y aprender. Y también sea quizá una oportunidad dorada (tal vez la última) para que Morvan se redima ante un público que mira con expectativa su nominación en los premios.
Hoy se cumple un año de la partida de una de las voces más importantes de la poesía peruana. A modo de homenaje, el poeta Manuel Liendo recuerda vivencias y anécdotas vividas con José Antonio Mazzotti. Aquí les dejamos la transcripción del discurso que preparó para la presentación del poemario La estrella más cercana.
Por Manuel Liendo
El año pasado había terminado de dar clases y sonó mi teléfono. Era una llamada de José Antonio. Contesté y le dije: «Maestro, ¡qué sorpresa!, me llamas a esta hora. ¿Qué pasa, maestro?». Del otro lado, me contesta Barbara, su esposa: «Manuel», dijo, acongojada. «Barbara, ¿cómo estás?», le dije. «Ha pasado algo, Manuel. Se fue José Antonio», respondió. Me quebré, sin más.
Lo cierto es que desde ese momento comencé a ver a José Antonio en todas partes y tuve muchas conversaciones en silencio con él. Lo primero que hice fue llamar a Raúl (Mendizábal), porque Barbara me encargó dar la noticia. Sin embargo, cada vez que la daba me iba quebrando más y más.
El tema es que yo sabía de esta situación, pero no quería admitirlo. Me acuerdo que cada vez que José Antonio llegaba a Lima y terminaban las reuniones, yo pensaba: «José Antonio se está yendo». Las últimas veces que lo vi ya no podía subir escaleras y le faltaba el aire. La última cena que hubo en casa con los amigos, José Antonio prácticamente se despidió de nosotros.
Tengo muchas escenas de él en la memoria. Su figura en el patio de letras de San Marcos, un muchacho que siempre tenía un maletín azul lleno de libros y poemas. Ese era José Antonio, siempre atento a lo que sucedía. Y era Mazzotti, no José Antonio. Era Mazzotti la palabra que sonaba en San Marcos: el que sabía todos los cursos, el que discutía con los profesores, el que te decía cuál era el mejor curso o qué curso no llevar.
A veces teníamos clases que empezaban a las cuatro de la tarde y terminaban a las tres o cuatro de la mañana, porque nos invitaban a sus casas Antonio Cisneros, Paco Carrillo, Carlos Germán Belli, Pablo Guevara… en fin, muchos otros. Washington Delgado era un espectáculo dictando clases sobre el siglo de oro.
José Antonio era parte de estos grupos en los que siempre él terminaba con la parte teórica y, por supuesto, la poesía. Siempre con su parker en el bolsillo, anotando, escribiendo versos y discutiendo, sobre todo eso, discutiendo en el mejor sentido de la palabra. No creo haber conocido un mejor anfitrión que José Antonio: tú llegabas a su casa y podía haber el peor caos, una gran bulla, es decir, el mayor movimiento, pero José Antonio siempre era pausado, recogía, llevaba, servía, «¿qué quieres?», nos decía. Y a todos complacía, a todos le daba. Ese era José Antonio. Es más, en una oportunidad pasábamos por una tienda y le dije: «Oye, me voy a comprar una camisa». «No, vas a gastar mucho, gástalo en invitar a los amigos», me decía. Ese era mi amigo José Antonio.
Y, por otro lado, hubo una etapa muy interesante de José Antonio en la que ayudó a mucha gente organizándoles recitales. Por ejemplo, hizo muchos recitales en Harvard y él no participaba. La gente le decía: «oye, ¿ya no escribes?». «No yo sigo escribiendo, pero estoy mostrando la poesía peruana», respondía con amabilidad. Además, viajamos mucho con él, especialmente a los congresos que hizo por Europa, como por ejemplo en España, en Francia, en Portugal, en La Habana, en Cuba. Es decir, era una persona que tenía una gran energía que nos dejó hasta el día de su muerte.
Dirigió la Revista deCrítica Literaria Latinoamericana, que fue el legado de Antonio Cornejo Polar: una de las revistas más importantes de Latinoamérica, una revista fundacional, una crítica literaria latinoamericana, nada eurocentrista. Recuerdo que él decía: «Hay muchos textos que no los podemos estudiar con una base teórica específica, tenemos que crear nuestra propia base. Tenemos que crear nuestras propias bases». Así, llevó por lo alto al Inca Garcilaso de la Vega, a César Vallejo, a la poesía peruana e Hispanoamericana. Permítanme leer un breve textoacerca del libro que nos convoca: La estrella más cercana,«La inmensa poesía».
La partida de José Antonio ha dejado un enorme vacío en nuestra generación. Sin lugar a dudas, tenía la mente más brillante de la generación de los ochenta. No solo desarrolló una obra poética consagrada a la palabra, sino al oficio de converger versos en categorías significativas. Dueño de una voz poética transbarroca, Mazzotti nos canta poesía para callarse, en su hora, ante los mosquitos de la vida, dixit José Antonio.
Incansable académico, aportó una bibliografía numerosa y consistente para el estudio de autores como el Inca Garcilaso de la Vega y César Vallejo, así como para la poesía peruana e hispanoamericana contemporánea Apreciado por su bonhomía y desprendimiento vital, Mazzotti reunía a lo más graneado de la academia mundial a través de eventos nacionales e internacionales.
Su último poemario, La estrella más cercana, es como una despedida. Aparentemente podemos decir que es un diario de muerte, pero el poemario de muerte está en los Poemas posthumanos, que es el libro anterior donde avisaba que ya se iba. José Antonio renace preparando la muerte para estar próximos al fulgor de una estrella que alumbra su memoria, la continua erosión del olvido. Su calor se chorrea en el baúl, para luego recaer en la infancia, en la vorágine del tiempo que deja de girar. Un viaje transbarroco a la semilla desde el desempeño vital de las flores, hasta secarse en galaxias separadas con velos ardiendo de continuo.
Domingo de Ramos y Manuel Liendo
En la poesía de José Antonio la vida relampaguea en tecnicolor donde nadie es dueño de nada, congelando cenas familiares, evocando la infancia, sus primeras caídas, golpes y heridas sangrantes. De ahí los caminos fáciles, José Antonio, de ver el cielo con manchitas rojas capaces de engullir el más precoz deseo, sabiendo que todos están vivos a pesar del Cuco. La madurez tanto en la vida como en una película. La ciudad ejemplificada evoca los huariques, el torito de Surco Viejo donde se come bien. José Antonio tenía un gran diente. Se disfruta el ambiente de vendimia, el olor a uvas, la provincia que ya no es, para estar a tiro de piedra del progreso. Los versos variados para Raquel, su primera profesora de nido, nos ayudan con la pintura de Zurbarán a imaginar su mito, su belleza, su luz y contraluz, su presencia idealizada que solo puede venir del cielo.
Y en el poema «Mar-vientre» retoca el tópico humanista de la vita flumen, toda vida es un río, con la diferencia que la vida regresa al mar. Recordarán dijo Manrique: «Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir». Machado también, Javier Heraud también de una u otra forma lo dicen, pero acá José Antonio hace este giro: en lugar de ir a la muerte regresa al mar que ya no es la muerte, sino es el vientre donde se recibe otra vez la vida. Un tempus fugit irreparable, la fugacidad del tiempo irreparable que convive para seguir entre nosotros es en realidad susurrado siempre por Céfiro, que es el dios del viento. Magnífico poema que reconfigura los tópicos desde su núcleo.
En la casa en Santa Clara evoca al chiquillo de alquitrán y paja, de obediencia, de una docilidad enorme, irreflexión con la esperanza menguada. Recuerda que la primera novia, la imagen indesmayable del amor que resiste agolpándose ante todas sus preguntas. En «Chosica» la casa del abuelo se convierte en refugio de un nazi. Ahí aparecen los primeros morbos, las calatas de Playboy y el plumazo que lo cambia todo.
En «El buscador de estrellas», su padre Luis es demiurgo de las constelaciones con sus mapas, su astrolabio, el abecedario de los cuerpos celestes. Y su madre, Rosa, tenemos que mencionar a Rosita porque José Antonio fue un hijo extraordinario, siempre venía a verla, siempre estaba expectante para saber qué pasaba con Rosita. Y Rosita era realmente como nuestra segunda madre: íbamos, la engreíamos y siempre estábamos con ella. Tenía una lucidez impresionante. Nunca faltaron las llamadas de Rosita, y se fue prácticamente un año atrás, unos meses. Ella, quien abre todas las puertas se convierte en poesía misma para José Antonio.
«Tarapoto» es el nombre de nuestro ambiente donde vivió nuestro niño. Su padre fue militar, así que él estuvo en varias partes del Perú y también vivió un tiempo en Polonia. Un mundo elocuente e imperecedero a pesar de sus lágrimas. En «Blefuscu» y la playa hondable cerca de Ancón surgen imágenes que enternecen: orquestas naturales, murallas de hielo bajo el sol chillante y ella mirándolo. Así conoció el amor, en atardeceres donde las tardes terminan incendiándose.
Finalmente, el poema doce, con final intrínseco, regresa a su amada como altar, avanzado para convertirse en estrella, gozando su carne y hueso hasta el final de sus días. José Antonio Mazzotti nos conmueve con el cierre poético de su trayectoria y nos guía hasta la estrella más cercana de su inmensa poesía.
El escritor piurano Lenin Heredia Mimbela analiza el ensayo Borges: Novelista virtual, planteando diversas hipótesis sobre lo que el ensayista Miguel Gutiérrez escribió acerca de Jorge Luis Borges. Aquí les dejamos la transcripción de la presentación que realizó sobre el libro.
Por Lenin Heredia Mimbela
Me gustaría empezar comentando algo que me parece interesante, respecto a la vigencia de Miguel Gutiérrez. El año pasado se reeditó algo que se denominó la edición definitiva de La violencia del tiempo. Más allá del título, es bastante valioso que se haya reeditado esta gran novela que efectivamente, como lo mencionó Marcela Robles, es una edición hermosa de más de mil páginas que se une ya a las otras ediciones de dos o tres tomos que tenía esta novela.
En este contexto particular, valida también la vigencia de Miguel Gutiérrez la reedición de La destrucción del reino, una de sus novelas de 1993. Por tanto, me parece especialmente elogiable que una editorial independiente haya optado por la misión de reeditar sus ensayos. Pues nos muestra a otro Miguel, pues lo conocemos bien por sus novelas, pero pienso que también estuvo muy interesado en que conociéramos también dicha faceta: la de ensayista.
Recuerdo que leí con muchísimo gusto su ensayo La invención novelesca, que es más o menos una fundición de varios otros ensayos publicados previamente. En dicho libro hay un epígrafe que me parece muy interesante: «pasión por las ideas, amor por las palabras». Eso es en realidad el ensayo.
De derecha a izquieda: Leni Heredia, Mendis Inocente y Marcela Robles
Y cuando uno lee Borges: novelista virtual, lo primero que surgen son varias preguntas y expectativas. Cuando descubrí que Miguel Gutiérrez tenía un ensayo sobre Borges pensé, ¡vaya!, escribir un ensayo sobre Borges. Y es que Borges es un objeto de estudio difícil, acaso un objeto de difícil análisis; o es que escribir sobre Borges es sumamente complejo, porque no solamente era un escritor oceánico, titánico y amplio. ¿Quién se atreve, o quién se atreviera, o quién podría atreverse a escribir sobre Borges sin defraudar? Sin duda alguna, como bien nos hace notar este libro, esa persona es Miguel Gutiérrez, hombre culto y de muchas lecturas.
Eso es lo primero que me gustaría rescatar: este ensayo de Miguel Gutiérrez plantea varias cuestiones al mismo tiempo. Por un lado, es una especie de ruta de lectura de Borges, que es lo más básico. Y nos ayuda, creo yo, a mirarlo desde otra perspectiva. Estas cuestiones que nosotros no habíamos visto, o que habíamos leído en los cuentos de Borges, pero no habíamos terminado de entender en ciertos aspectos. Lo segundo es que Gutiérrez nos acompaña o nos pide que lo acompañemos en su análisis, es decir en su lectura de Borges. Sin embargo, esto no es tarea fácil, pues nos deja la valla muy alta, ya que, si bien menciona algunos textos conocidos en su estudio, también hace referencia a otros textos que podrían sentirse lejanos. De algún modo, el lector objetivo son personas apasionadas por la lectura y la literatura, pero para un mayor disfrute, el lector ideal sería alguien que no solo ha leído a Borges, sino todos esos otros textos a los que hace mención Gutiérrez cuando discute, por ejemplo, la influencia de Borges en la novela latinoamericana.
La segunda cuestión va por el título del ensayo. Han transcurrido casi 25 años desde la publicación de Borges: Novelista virtual, y en la actualidad tenemos otra idea de lo que es o lo que podría ser lo «virtual». No me sorprendería que algún joven piense que ser un «novelista virtual» tenga relación con el internet o el ciberespacio. Obviamente el tema no va por ahí, pero de cualquier forma es interesante percibir las distintas concepciones en torno a ello.
Ahora bien, es muy seductora la hipótesis que plantea Miguel Gutiérrez respecto a que Borges solo escribió cuentos y no novelas; y ¿por qué no escribió novelas? Esa es la pregunta central del libro. En el primer capítulo se plantea lo que el autor denomina como una «herejía borgeana», para hacernos notar cómo es que Borges rechazaba la idea de la novela o, por lo menos, la imagen que Borges había construido todo el tiempo de sí mismo. Y es que los escritores hacen eso también: crean una imagen pública de sí mismos y con sus declaraciones —ya Marcela nos ha hecho notar el talante de las declaraciones de Borges— había planteado una especie de rechazo hacia la novela. Una de las primeras ideas que discute Miguel Gutiérrez en este ensayo es que quizá ese rechazo que Borges decía sentir por la novela no era tal. Por tanto, intenta hacer un rastreo de por qué no era tal y nos dice «en primer lugar, Borges ha influido por supuesto por el lenguaje que utiliza, que les enseñó a los escritores la precisión en la palabra». Cabe mencionar que Gutiérrez lo dice respecto de sí mismo, a la par de otros escritores latinoamericanos.
Por otro lado, el ensayo plantea que Borges fue una especie de precursor —vamos a llamarlo de ese modo— o que preparó el terreno para lo que luego vendría a ser y la nueva novela latinoamericana. Hay que ser muy avezado para señalar tal cosa. Pero Miguel Gutiérrez empieza a trazar las referencias entre una y otra cuestión; por ejemplo, desde el punto de vista técnico él abre el camino y lo otros lo siguen, pero también desde el punto de vista temático, desde el punto de vista de mirar la realidad peruana desde otra óptica. Eso que detestaba Borges, dice Miguel Gutiérrez. Quizá Borges lo que en realidad detestaba era eso que se podía llamar un realismo limitante, por decirlo de alguna forma, pues él creía que la realidad era mucho más compleja.
Sobre la interrogante de por qué Borges no escribió una novela, Gutiérrez nos plantea varias hipótesis. Tal vez no lo hizo por cuestiones teóricas, tal vez no lo hizo por cuestiones estéticas, tal vez no lo hizo por cuestiones sociales, porque creía que la novela era una cuestión más burguesa y Borges no se asumía así mismo como tal. O tal vez no lo hizo por cuestiones ideológicas, por ejemplo, pero resulta tan persuasivo el ensayo, que primero Miguel Gutiérrez nos esboza estas hipótesis. Y a continuación en el siguiente capítulo, que se llama justamente «Borges: novelista virtual», no lo dice de forma explícita, pero apunta muy bien a la tesis que está defendiendo en este ensayo. Es decir que Borges no necesitaba escribir una novela porque sus cuentos en sí mismos son síntesis de varias novelas en distintos niveles. Sería válido pensar entonces, y Gutiérrez lo traza también de ese modo, para qué necesitamos escribir tal o cual novela si la podemos resumir de la forma en que Borges lo hacía en un cuento. Creo que es la hipótesis central de este texto.
Para lograr su cometido analiza varios otros textos, por ejemplo, «Pierre Menard, autor del Quijote», «Examen de (la obra de) Herbert Quain», entre otros. A propósito de ello, una de las cuestiones que me interesó mucho de este libro fue esta idea de que aún cuando Miguel Gutiérrez escribió este libro a inicios de este siglo, tenía mapeados a varios autores que, según dijo, no por imitación, sino por creación habían tomado la posta de Borges o de alguna forma habían sentido una influencia creativa a partir de su obra. Este es el caso de Italo Calvino, de Umberto Eco y, por supuesto, el de Cortázar. Por ello, el ensayista señala que en determinado momento Borges deja de ser una especie de gran secreto entre los lectores y se hace mucho más conocido.
Una última cuestión rescatable del ensayo es lo planteado en el último capítulo, donde Gutiérrez cuenta básicamente su experiencia respecto a Borges y los escritores peruanos que pueden o podrían haber recibido una influencia borgeana. En este punto me parece decisivo hablar sobre la técnica de Gutiérrez como ensayista. El escritor utiliza una estrategia bastante adecuada, porque inicia mencionando cuestiones analíticas que pueden ser un poco lejanas para el lector, pero concluye su ensayo con temas más personales, por ejemplo, ese vaivén que sintió Gutiérrez por la obra de Borges y por el autor; esa especie de descubrimiento y entusiasmo inicial con la lectura pausada que hacía Luis Jaime Cisneros de los cuentos «El Aleph» y «Hombre de la esquina rosada». Por otra parte, están también las tensiones que solemos tener con algunos escritores, quizás con los que más nos gustan, que versan en el acercamiento y el alejamiento. Luego, con la madurez, uno vuelve a ellos.
Como bien sabemos, estamos ante una interesante colección de ensayos. Ya tenemos el de Kafka, está también el ensayo sobre Ribeyro y en este último sobre Borges, en las páginas finales del texto, Gutiérrez señala que lo que él está realizando es una relectura de estos autores y señala que «hay algunos autores que sostienen una relectura, es decir, que quedan de pie después de una relectura y otros que no tanto». Si bien no menciona a estos que «no tanto», es categórico en señalar que Borges si lo resiste y que eso es lo que más le apasiona. Considero que esta fue la razón para que le dedicara un ensayo de este tipo.
Finalmente, si bien Gutiérrez no menciona esta cuestión en el ensayo, pero me parece importante decirlo, es que siento que el autor hizo una especie de homenaje a Borges, no sé si de forma directa o indirecta. Lo simpático del ensayo es que el autor puede presentarse haciendo acto en primera persona, mostrarnos sus dudas y la forma en cómo relaciona sus ideas. Hay una parte en la que Gutiérrez parece decir «¡bingo!» o «¡eureka!», pues halló una idea que le pareció genial y que luego retoma. Ya explicaré cómo.
Para ello, me permito tomar esta pequeña cita de la página 107, a propósito del cuento y la novela de Italo Calvino Si una noche de invierno un viajero: «Cuántos novelistas habrán acariciado el sueño de ser Herbert Quain, de ser Borges». Y luego entre signos de admiración dice: «¡Escribir una novela incesante, infinita, tener los atributos de todos los novelistas para poder realizarlo, que extraordinario reto, tal vez varios lo pensaron, pero tal vez retrocedieron ante lo que juzgaban una fantasía irrealizable!».
En efecto, Miguel Gutiérrez no lo dice, pero percibo que él se sintió retado por la figura de Borges. Si evaluamos la obra de Gutiérrez y pensamos, por ejemplo, en la novela publicada en 1969 El viejo saurio se retira o en esta especie de western Hombres de caminos, o en La violencia del tiempo, novela que incluye varias novelas, en ellas hay varios escritores distintos que son Miguel Gutiérrez. Es decir, él mismo asume el reto de Borges de escribir distintas novelas.
Y en su última etapa, que llega justo con el nuevo siglo, Gutiérrez sintió que debía asumir a plenitud su vocación como escritor, narrador y novelista, por lo que hizo todo lo posible por explorar todos los géneros posibles; por ejemplo, tenemos Una pasión latina, novela de corte policial sobre un asesinato; luego está Kymper, novela más bien de tintes políticos. Me permito decir que he leído toda la obra de Miguel Gutiérrez con enorme placer y lo considero un escritor definitivamente admirable.
Queda claro entonces que en Borges: novelista virtual, Gutiérrez lee a Borges, deduce a Borges, nos envía una tesis sobre Borges, la demuestra y nos traza el camino, pero a un nivel personal e íntimo en el que asume el reto y lo cumple, o procura cumplirlo dentro de todas sus expectativas. Sabemos que Miguel Gutiérrez hasta el final estuvo dedicado a la novela y me parece que sin duda este ensayo es un homenaje a Jorge Luis Borges, más Gutiérrez en su propia obra rindió un tributo que es muchísimo mayor.
En el marco de los 126 años del nacimiento del escritor argentino Jorge Luis Borges, les dejamos la transcripción de la presentación que realizó Marcela Robles, poeta y periodista, sobre el ensayo Borges: Novelista virtual, del ensayista piurano Miguel Gutiérrez.
Por Marcela Robles
Traigo algunas ideas anotadas después de pasar un par de semanas con Borges y Miguel Gutiérrez en la cabeza. Espero que en algún momento ambos me permitan articular algunas palabras propias en lugar de las suyas, que son inminentemente maravillosas.
Este rescate literario —respecto a Borges: Novelista virtual— merece seguir adelante para no olvidar a Miguel Gutiérrez, escritor piurano extraordinario que nos trajo una de las palabras más increíbles y estimulantes de la literatura peruana.
En lo personal, este ensayo me ha servido, entre muchas otras cosas, para reencontrarme con Borges a través de relecturas que siempre descubren algo nuevo de nuestros autores favoritos; sobre todo en esta época en que la hondura, la sabiduría y el riesgo parecen haberse desvanecido. Esperemos que temporalmente, porque salvo honrosas excepciones, que por supuesto las hay, lo superficial, lo meramente descriptivo, lo insustancial parecen haber tomado el lugar de la reflexión y la originalidad en la literatura actual. Así que este reencuentro con Borges se lo debo a Miguel Gutiérrez y a su clara y deslumbrante prosa. Les recomiendo encarecidamente que lean este bello libro, porque es de lectura imprescindible.
He tomado nota de las reflexiones, ideas, emociones y asociaciones, que es lo que hace de alguna manera Miguel, porque cruza a Borges con absolutamente todo. Y, ¡por Dios!, atreverse a decir que Borges si bien no escribió novelas fue prácticamente el precursor de la novela latinoamericana, pues equivale a algo tan temerario como aventarse de un precipicio. Sin embargo, creo que consiguió su objetivo.
Lo fascinante de los buenos escritores es que al descubrirnos su universo nos remiten a grandes temas y descubrimientos que trascienden, y esto es importantísimo para todo escritor: que trascienden incluso a los protagonistas o temas principales de sus historias. Esa mirada abarcadora que va más allá de su propia percepción y que generosamente —con muchísima sabiduría— nos cuestiona, nos alimenta, nos incomoda y nos fascina, pero sobre todo nos eleva. Precisamente para no quedarse solo en la superficie o en lo meramente anecdótico. Escritores que no se jactan ni se complacen consciente o inconscientemente de sus capacidades, dejando a la vez un margen para nuestro propio juicio y, sobre todo, dando rienda suelta a tres cosas fundamentales: la imaginación, la curiosidad y el asombro. Tres condiciones que, a pesar del apocalipsis que vivimos, nos mantienen vivos e interesados. Como dice el dicho: «Es mucho mejor estar interesados, que ser interesante».
Gutiérrez, en el prólogo la colección que tituló Biblioteca para el siglo XXI, afirma que en su doble condición de lector impenitente de ficciones sigue siendo un autor que aún no ha perdido la esperanza de escribir una buena novela. Imagínense, esto lo escribió Gutiérrez en 1999 y se publicó en el 2000 si no me equivoco. Es decir, nueve años después de publicar La violencia del tiempo. Solo le queda la esperanza de escribir una buena novela. Entonces me preguntó yo: ¿Qué será de nosotros, pobres mortales, tratando de escribir algo decente cuando él se sentía inseguro de la obra magistral que había escrito?
Y esto demuestra una vez más que casi todos los escritores padecen de alguna u otra manera del famoso síndrome del impostor: esa inseguridad que hace dudar de su potencial hasta a los más notables de la tribu, evidentemente. Me acuerdo, por ejemplo, de una carta famosa y hermosísima de Ernest Hemingway, publicada en Cartas memorables, que le escribe a su amigo Scott Fitzgerald, nada menos. Fitzgerald, que ya había publicado El gran Gatsby en ese entonces, le manda el borrador de la primera copia de Tender is the night, Tierna es la noche —prefiero Tierna es la noche, que Suave es la noche, como lo traducen algunos—y Hemingway lo destroza. Eran muy amigos y, por supuesto, Hemingway lo critica con cariño, con respeto y de alguna manera, con delicadeza, pero fue sumamente crítico. Hablando del síndrome del impostor, si Scott Fitzgerald dudaba de su talento, entonces, como repito, mejor nos dedicamos a la repostería; pero Hemingway le dice: «Scott, estoy completamente seguro de que tú en este momento ya eres capaz de cualquier cosa. Tú puedes escribir lo que quieras en este momento. Tú puedes hacer lo que quieras con tu literatura. Entonces déjate de tonterías y de rodeos y ponte a escribir». Por supuesto, nueve años le tomó a Fitzgerald escribir Tierna es la noche. ¡Y miren lo que resultó!
En verdad, cuando a uno le piden una opinión sobre el trabajo que está realizando un amigo, que quizás esté escribiendo una novela, una debe ser honesto, porque los aplausos no sirven de nada, no hacen más que alimentar un ego que no sirve para nada. Sería bueno aprender esa lección memorable que nos dio Hemingway.
No sé si Borges tenía aquel síndrome. Pienso que no, porque cuando la gente menciona a Borges parece que les salieran plumas de la cabeza. Pero hay que aprender a desacralizar a los clásicos, a nuestros autores favoritos y a los grandes escritores. Hay que aprender a bajarlos a tierra y hacerlos más cercanos a nosotros. Pero lo que sí sé —dicho por el mismo en sus entrevistas, que son una delicia— es que era sumamente crítico de sí mismo y de su escritura. Ustedes lo deben saber. Incluso escribió varios libros que decidió no publicar porque le parecían insuficientes, o que consideraba no debían llegar a los lectores porque no merecían la pena. Era un genio. Excepto, naturalmente por algunos desubicados que van por el mundo sin rumbo buscando los aplausos y la gloria, el éxito es efímero, pero no les haremos ningún caso.
Gutiérrez dice en este maravilloso libro Borges: Novelista virtual que no tiene un carácter académico ni erudito, sino hedonístico, personal y desacralizado; aunque sin detrimento del necesario rigor que la lectura de un texto literario exige, lo siguiente: «Mis clásicos, los he circunscrito al área de occidente del cual de una u otra manera forma parte Latinoamérica. El objetivo que me he propuesto es ofrecer a los lectores una introducción relativamente completa de la novela de este siglo que culmina, pero que a la vez implique un balance y una apertura y proyección a los años iniciales del siglo XXI». Vaya tarea la que se impuso nuestro querido Miguel, piurano de pura cepa, que representa emblemáticamente la literatura regional de nuestro país a los que todos deberíamos volver y no olvidar nunca.
Este libro no solo trasciende fronteras, sino que se convierte en una especie de guía indispensable para recorrer no solo literatura borgeana, sino a todos los escritores influenciados por ella. Y, además, por la cantidad de información minuciosa y extensa contenida en los anexos —que prácticamente son un libro aparte— es un gran instrumento de consulta en cualquier biblioteca. No exagero al decir que los apéndices parecen la enciclopedia británica.
Por supuesto, no podemos dejar de escuchar las palabras de Borges. Atribuyo sus grandes libros a la labor de comunidades, a personajes de los mismos libros, a dioses, a héroes o simplemente al tiempo. Una de las principales obsesiones borgianas es el tiempo. Tales atribuciones son, por supuesto, meras evasiones o juegos, no así la última.
Nadie puede condenar una antología que sea mucho más que un museo de sus simpatías y diferencias, pero el tiempo acaba por evitarlas. Espero que esta especie de antología que Miguel trataba de armar el tiempo la recuerde eternamente. Lo que un hombre no puede hacer, las generaciones lo hacen. Los infolios de Calderón dejan de abrumarnos y perduran; nueve o diez páginas de Coleridge, uno de los poetas favoritos de Borges, borran la gloriosa obra de Byron y el resto de la obra de Coleridge. No hay antología cronológica que no empiece bien y no acabe mal. El tiempo ha compilado el principio y el doctor Marcelino Menéndez y Pelayo el fin. En breve, sigue Borges, la cifra de mis años será setenta. El tiempo, cuya perspicacia crítica he ponderado, en recordar dos textos: «Fundación mítica de Buenos Aires» y «Hombre de la esquina rosada». Que curioso que él mencione este cuento. Si los he incluido aquí, dice Borges, es porque los espera el lector. Lo cual refleja el respeto que Borges tenía por sus lectores.
Quién sabe, añade, qué virtud oscura habrá en ellos. Naturalmente prefiero ser juzgado por —y nombra sus cuentos— «Límites», «La intrusa», «El golem» o «Junín». Sospecho que un autor debe intervenir lo menos posible en la elaboración de su obra, fundamental. Debe de tratar de ser un amanuense del espíritu o de la musa, ambas palabras son sinónimas, no de sus opiniones, que son lo más superficial que hay en él. Así lo entendió Rudyard Kipling, el más ilustre de los escritores comprometidos. A un escritor, decía Kipling, le está dado inventar una fábula, pero no la moralidad de esa fábula. Ojalá las páginas que he elegido prosigan su intrincado destino en la conciencia del lector. Mis temas habituales están en ellos: la perplejidad metafísica, los muertos que perduran en mi memoria, la germanística, el lenguaje, la patria, la paradójica suerte de los poetas.