Recomendaciones para publicar tu primer libro con un final feliz

Autores decepcionados con las empresas con las que publicaron sus primeros libros, son algo común. Quizá las expectativas son muy altas para los autores, y por otro hay empresas de autopublicación que ofrecen demasiado por desembolsos ridículos. Por eso, hay que tener clara la diferencia entre una empresa de servicios editoriales (ESE) y una editorial tradicional; además hay que ser conscientes de qué se trata una autopublicación, sus riesgos y saber que el éxito no siempre está asegurado. Juan Miguel Marthans, director de la Escuela de Edición de Lima, nos brinda algunos consejos importantes a tener en cuenta.

Por Juan Miguel Marthans

Quizás al leer estas líneas percibas pesimismo, pero es todo lo contrario; es el deseo de que sepas qué esperar y minimizar riesgos. Todo sea para que ese primer libro tenga un final feliz.

Cuidado con quién trabajas.  Siempre es recomendable hacer una búsqueda de antecedentes y ver si la empresa —o la persona— está verdaderamente en posición de cumplir todo lo que te ofrece. Hay muchas empresas de servicios editoriales (ESE) que asumen compromisos que escapan totalmente de sus manos: como colocar a un autor nuevo en todas las librerías y todas las vitrinas, o bien una cobertura mediática en prensa. Una ESE lo más seguro es que tenga poca rotación de mercadería debido a que son autores nuevos, y la ESE no es dueña de los medios como para asumir la responsabilidad de cumplir con una amplia cobertura.

Abre los ojos y siempre duda de las opiniones favorables de una ESE. Si pagas, lo más seguro es que todas las ESE te dirán que tu obra es genial y marcará un antes y un después en la literatura mundial. Si así fuera, arriesgarían como una editorial tradicional. Pero no. Es evidente que tu libro necesitará muchos ajustes, y todo eso es parte del proceso. Más bien, confía en quienes tengan opiniones críticas a tu obra y te den soluciones reales, o bien te digan que lo vuelvas a intentar y que aún no es el momento para publicar tu trabajo. Y, sobre todo, desconfía de las palmaditas en la espalda que llegan acompañadas de un presupuesto sospechosamente económico.

Jamás termines de cancelar por un trabajo que no esté terminado o por salir. Se sabe de ESE que te ofrecen incluso descuentos por «pronto pago» o pagos anticipados. Una empresa que está desesperada por tener caja, lo más seguro es que quiera mover tu dinero para cumplir con compromisos ya demorados de otros autores. Y, así, tendrás que esperar a que lleguen nuevos autores a quienes les dirán lo mismo para que tu libro pueda salir.

Aunque parezcas desconfiado, siempre pide ver el tiraje de los libros. Es común encontrar empresas que hacen tiradas muy por debajo de lo pactado. Esto se pone en evidencia fácilmente, más ahora que hay imprentas que pueden hacer tiradas muy bajas. Si tiras quinientos, seguro te dirán algo así: «Te doy cien para ti y los otros cuatrocientos van a librerías y te voy reportando conforme se vendan». Luego te darás con la sorpresa de que solo está en tres librerías y dejaron cinco ejemplares en cada una.

Nunca aceptes un presupuesto demasiado bajo por parte de una ESE. De hacerlo, es posible que tu libro no salga nunca. El trabajo de producción de un libro no es barato. La mayoría de costos en el trabajo editorial son fijos, por lo que producir un libro nunca será económico. Editor, corrector, diseñador, maquetador… es un equipo grande, y cada uno tiene un presupuesto asignado más allá del tiraje que pactes. Si es económico es porque se están obviando algunos agentes o porque están necesitando caja para, en el mejor de los casos, liberar algún título pendiente.

Evita la imagen de coedición autor-editor. No existe tal cosa. La gente cobra y debe cobrar por su trabajo. Es lo normal. Decirle a un autor nuevo y desconocido y que vive en un país con un mercado cultural contraído que uno va a ganar un porcentaje por la venta del libro… ¿es creíble? ¿Cuántos libros debería venderse para cubrir la inversión de la ESE en edición, corrección, diseño, distribución, marketing, prensa, control de ventas, etc.? ¿Cien o quinientos? Lo único que pasará es que se generará un hueco en el presupuesto que será cubierto con el porcentaje del autor y con lo que se le está cobrando desde un inicio. Luego el autor dirá: «Me deben mis “regalías”».

Goza el momento. Trabajar tus primeros libros debería ser la suma de momentos agradables, de conversaciones, debates, aportes y sugerencias entre el autor y el —o los— responsable del texto. Si percibes indiferencia y un trabajo tan solo a nivel técnico, el texto no se mejorará. La indiferencia y la limitación a las tildes y uno que otro problema de puntuación, no basta para obtener el mejor resultado. Y esta indiferencia, es evidente, se dirigirá también al plano comercial. Lo más gratificante de las primeras publicaciones es pasarla bien y que el libro salga lo mejor posible y digno de tentar suerte con algunos lectores.

Reflexiona acerca de cuál es tu público objetivo. Si crees que el mercado va a responder a un autor nuevo que se está autopublicando, podría ser que funcione. Pero hay que ver cuál es el porcentaje de éxito en estos casos. Pensar que la gente te pedirá autógrafos o te esperará en el aeropuerto, no pasará. Te lo aseguro. Mover un primer libro es un proceso muy lento y que seguro irá de la mano de un segundo trabajo. Y si la ESE no te ha comentado eso, duda. A algunas personas que han escuchado eso argumentan casos de éxito de dos o tres nombres en un océano inabarcable de millones de personas autopublicadas en Amazon. Con ese pensamiento, no habrá final feliz. Los malentendidos estarán al acecho permanentemente.

Agradece a quienes sean sinceros contigo, a los amigos que te hayan leído y criticado, a los profesionales con los que has trabajado, a quienes te han abierto las puertas en algunos medios y en espacios de venta. Así no te guste lo que escuches, agradécelo. En este trabajo, un comentario negativo vale más que cien aplausos. Sé consciente de que tus amigos y familiares son el primer círculo donde circulará tu libro y quienes tendrán en sus manos una importante difusión de tu trabajo. Piensa en que los que no te conocen no tienen ningún interés en tu libro. Y esto me lleva a invitarte a hacerte esta pregunta: ¿Has ido a una librería y comprado motu proprio el libro de un desconocido? Si no lo has hecho, ¿por qué lo tendría que hacer otro por ti? Así que si conoces el caso de alguien que de manera espontánea haya comprado tu libro sin saber quién eres, agradécele más que a todos.

Editar para la escuela

Diego Barros, sociólogo de la Universidad de Buenos Aires y docente del curso Edición de Libros y Materiales Educativos de la Escuela de Edición de Lima, define algunos conceptos básicos acerca de la edición de productos del sector educativo, así como la complejidad implícita que eso supone.

Por Diego Barros

Fue tal vez Oscar Wilde quien mejor definió el rol del editor al sentenciar que «… no es más que un intermediario útil». Con la sagacidad y la ironía que siempre lo caracterizó, el escritor no hizo sino ir al hueso de la incumbencia más decisiva del oficio editorial: la de la intermediación. En efecto, ubicado exactamente en el medio entre el autor y lector, el editor se define, tal como lo hace el historiador del libro y la lectura Roger Chartier, «…por su papel como coordinador de todas las selecciones que llevan a un texto a convertirse en libro, y al libro en mercancía intelectual, y a esta mercancía intelectual en un objeto difundido, recibido y leído».

En tanto práctica intelectual, la edición logró consolidarse en las últimas décadas como un campo teórico y metodológico propio dentro de las ciencias humanas, aunque siempre bajo una mirada pluridisciplinar. Si bien dicha consolidación del saber editorial lo habilitó para aplicar su «caja de herramientas» más allá de los productos de que se trate, no puede dejar de reconocerse que cada uno de ellos tiene también sus propias especificidades.

Este es el caso de la edición de libros y materiales destinados a la escuela, en la que entre otras características propias se encuentra el particular lugar que ocupan los procesos de intermediación. De allí que los libros de texto, los de literatura infantil y juvenil de prescripción escolar y las plataformas digitales educativas —la llamada edición escolar—sea uno de los segmentos más complejos del variado universo de productos editoriales.

Una complejidad bien compleja

En primer lugar, la edición escolar impone una complejidad única y tiene que ver con el hecho de que sus productos deben pasar por el tamiz de la currícula que impone la autoridad educativa. Como ningún otro producto del variado universo editorial, sus contenidos —científicos o literarios— deben atravesar por una doble “aduana”. Por un lado, deben responder a los lineamientos curriculares pero, además, sus contenidos —especialmente los científicos— deben ser intervenidos didácticamente —porque serán utilizados en situaciones de enseñanza-aprendizaje— y también procesados o adaptados a las diferentes edades de los lectores a lo largo de la vida escolar.

Sean los libros cuya finalidad es la de enseñar a leer y a escribir o los de materias como Matemática, Física o Química propias de la escuela secundaria; sea la necesidad de cubrir —también según las edades— la variedad de los géneros propios de la literatura, todo catálogo de materiales destinados a su uso en las aulas plantea exigencias específicas que los editores deben atender.

En segundo lugar y por lo dicho anteriormente, todos los productos editoriales escolares demandan un atento cuidado de sus aspectos visuales y materiales. Así, por ejemplo, la enseñanza de las ciencias exige que la edición intervenga no solo sobre los textos sino que también opere con la amplísima gama de recursos visuales indispensable para ello (ilustraciones, cartografía, fotografías, documentos, gráficos, cuadros, tablas, etc.).

Por su parte, la literatura infantil reclama siempre la convocatoria a ilustradores, lo cual le exige al editor cuidar los aspectos visuales tanto como los textuales. En ambos casos, la incorporación de estos recursos gráficos debe contemplar un envase, o maqueta, que los contenga funcional y estéticamente y, a su vez, una cuidada plasmación material final de los productos, sea física o digital.

Pero la complejidad que convierte a la edición para la escuela en una de las más exigentes —también desde el punto de vista de su inversión económica—, reside en la particularidad única de su lector, como se sabe, razón última tanto de autores como de editores. También aquí, cualquiera de los géneros editoriales destinados a la escuela plantea a sus editores la particularidad de pergeñar un producto e intervenir editorialmente en él teniendo delante de sí la paradoja de que el lector final de sus productos no será quien lo elija.

En efecto, en todos los productos de la edición escolar existe un lector final (el alumno) pero, también, el que podría denominarse como “lector interviniente”. Se está haciendo referencia aquí al docente —individual, grupal o institucionalmente considerado según los casos—, que es quien selecciona el material que considera más adecuado para el trabajo con sus alumnos, los lectores finales.

Sea por expresar el indispensable encuentro entre contenido científico adaptado editorialmente con perspectivas didácticas; sea por la demanda que pesan sobre sus piezas desde el punto visual y material o, finalmente, por la complejidad en la figura de sus lectores, la edición escolar reúne característica que le son bien propias.

Conocer sus implicancias puede resultar de gran utilidad tanto para los autores como para los usuarios. Pero analizar y tener presente la significación de sus «razones editoriales», resulta decisivo para quienes deben ponerlas en práctica: los editores.     

Amistades que trascienden las aulas (y el tiempo)

Ricardo Meinhold, Gloria Cabrejos y Cinthya Carbonell y André del Águila, exalumnos de la Escuela de Edición de Lima, junto a Juan Miguel Marthans, director de la EEL, se juntaron en el marco del Día de la Amistad para recordar los mejores momentos que pasaron en la institución, donde forjaron un vínculo que se mantiene hasta hoy.

¿Cuál es el recuerdo más importante que tienen respecto a su amistad forjada en la Escuela de Edición de Lima?

Ricardo Meinhold: Con Gloria, editar la revista que trabajamos junto a un grupo de amigos «letraheridos» de la Escuela. Con Cinthya, su buen gusto recomendando libros y actividades culturales.

Gloria Cabrejos: Recuerdo mucho el tiempo en el que nos reuníamos para realizar el proceso editorial completo de dos de las revistas de la Escuela —Una revista de libros y Beppo— las cuales eran trabajadas íntegramente por alumnos y profesores. Fueron reuniones de trabajo voluntario extremadamente divertidas y gratificantes, en las que todos aprendíamos de todos, pues como equipo teníamos que dividirnos las tareas para lograr el objetivo: publicar una revista con contenido de calidad.

Cinthya Carbonell: Para mí es la participación en Corcho Libro. Ahí los escuché, los conocí más y aprendí de ellos y de todos los demás integrantes.

André del Águila: Las parrilladas en el primer local de la EEL, en Mariano Odicio. Todos congregados alrededor de un fuego diminuto, pero que era la excusa perfecta para conocer gente y charlar por horas sobre libros.

Juan Miguel Marthans: La Escuela de Edición de Lima lleva casi nueve años operando y una pandemia de por medio. Por lo que muchas cosas han pasado. Antes de la pandemia hubo proyectos que buscaban que los alumnos y profesores se acercaran entre ellos. Un proyecto que nació ahí por el 2016 fue Corcho Libro, el cual mutó de un ser un club de lectura a ser un grupo de buenos amigos lectores. Hasta hoy nos reunimos y hacemos actividades, conversamos de libros e intercambiamos lecturas. Esperamos que pronto se puedan plantear ideas que generen nuevos espacios como Corcho Libro.

¿Podríamos decir que el amor por los libros y la labor editorial también fue un aliciente para fortalecer su amistad?

RM: Desde luego. Compartir gustos o visones relacionadas con la cultura —palabreja tan maltratada— era un lujo no muy común en estos tiempos de TikTok e influencers.

GC: Por supuesto. Si bien nuestras carreras son distintas, el punto en común de nuestra amistad gira alrededor de nuestro amor por los libros, por la lectura y por la escritura. Debido a nuestra pasión por los libros, la Escuela creó un club de lectura al que llamamos Corcho Libro. Lo bonito de este club no solo era que todos los que participábamos escogíamos un mismo libro para leer, sino que también nos reuníamos —y lo hacemos hasta la fecha— para intercambiar puntos de vista. Fue interesante también habernos reunido con algunos escritores peruanos como Carlos Schwalb y Antonio Gálvez Ronceros para hablar sobre sus obras. 

CC: Sí, todas las personas de la EEL que conocí durante estos siete años aman los libros y hablan con gran entusiasmo de los contenidos, los autores, las novedades literarias y las ferias.

AA: Definitivamente. Encontrar gente con intereses similares a los tuyos que pese a tener un trabajo diario de ocho hora a más y con labores completamente disímiles, llegaban a la Escuela y compartían su verdadera pasión. Creo que es uno de los aspectos que más destaco. La EEL fue un oasis para muchos de nosotros.

JMM: El amor por el trabajo editorial es un punto en común muy fuerte dentro de la Escuela. Y no solo es amor por los libros sino también pasión, tanto para leerlos como hacerlos. Así que ¿qué puede ser más fuerte que una pasión para cultivar buenas amistades?

¿Se mantienen en contacto después de tanto tiempo y haber compartido aulas juntos?

RM: Como las buenas amistades —hemos pasado en poco tiempo vivencias tan intensas— nuestra amistad perdura a pesar de los largos intervalos.

GC: Siempre. Cada vez que podemos nos reunimos. Cabe mencionar que una reunión infaltable una vez al año es nuestro clásico intercambio de regalos que, para nosotros, siempre es un intercambio de buenos libros.

CC: Sí, nos comunicamos a través de Corcho Libro y por mensajes. 

AA: Sí. Con algunos hemos viajado juntos. Tratamos de reunirnos cada vez que podemos y procurando que coincida la mayoría. Llevamos más de siete años haciéndolo.

JMM: Hasta el día de hoy nos reunimos. Quizá no con la frecuencia de antes, pero eso hace que cada reunión sea sumamente especial. Al final, Corcho Libro terminó siendo un grupo de grandes amigos.

Para ustedes ¿cuál es el significado de la amistad?

RM: Si la amistad es el reflejo de nuestras personalidades, de nuestras diferentes formas de ver la vida, ellas representan mi mejor reflejo.

GC: Para mí, la amistad es pensar en una persona con cariño y aunque no la vea con regularidad siempre será un placer encontrármela nuevamente, tomarnos un café y conversar largo y tendido. Pienso que la amistad se mide en función al tiempo de calidad que pasamos con personas con las que estamos a gusto y con las que podemos conversar de todo y de nada a la vez.

CC: La honestidad, la lealtad y la empatía. 

AA: Compañeros de aventuras y pasiones. Una mano que siempre estará tendida para cuando la necesites.

JMM: La amistad… complicado encontrar un significado exacto, pero sí se puede hacer un listado de cualidades en torno a ella como la pasión, el cariño, el respeto, la honestidad y la solidaridad. Ya sobre eso se pueden construir cosas extraordinarias y descubrir personas que consideres verdaderos amigos.

Martín Adán: 115 años de cartón

Un día como hoy, en 1908, nació Ramón Rafael de la Fuente Benavides, conocido por su seudónimo de Martín Adán. A 115 años de su natalicio, les presentamos un breve repaso de su vida y obra.

Se dice que el mítico poeta estadounidense Allen Ginsberg tenía una fuerte admiración por la obra de Martín Adán. Por ello, al ser invitado al Perú por Sebastián Salazar Bondy, se encontró con Adán en Lima en mayo de 1960. En 1963, tras la publicación del poemario Reality Sandwiches, destacó uno de los poemas mas celebrados de Ginsberg: To an Old Poet in Peru (A un viejo poeta en Perú), dedicado enteramente a la reunión que sostuvo con el poeta nacional.

Y es que Martín Adán es considerado como uno de los máximos representantes de la literatura vanguardista de Latinoamérica. Desde muy joven frecuentó los círculos literarios de la época. Mucho antes de terminar el colegio, asistía asiduamente a la casa de su amigo José María Egurén —de quien recibió una fuerte influencia poética—, donde se juntaban autores de la talla de Percy Gibson, Mariano Brull, entre otros.

Tras terminar sus estudios escolares, Adán se dedicó a colaborar con diversas revistas. Una de ellas fue Amauta, de José Carlos Mariátegui. Según corrobora el mismo Estuardo Núñez, fue el amauta quien lo animó a adoptar el seudónimo de Martín Adán, como un símbolo de reconciliación entre la teoría darwiniana de la evolución y el creacionismo religioso. Sin embargo, Adán refirió que el seudónimo data de las tertulias literarias en casa de Eguren.

En fino cartón

La casa de cartón, su obra más celebrada, fue auspiciada por Mariátegui, quien quedó impresionado por la calidad literaria de Martín Adán. Por otro lado, la edición del libro estuvo a cargo de Luis Alberto Sánchez. El libro salió publicado en julio de 1928, con un tiraje de 300 ejemplares. Cabe mencionar que la primera edición no fue puesta a la venta, pero fue tal su difusión que los círculos literarios posaron su atención en los trabajos de Adán. En 1958 salió una segunda edición del libro, la cual si fue comercializada.

El autor consideraba que dicha obra no era novela, tal como se le conoce hoy en día, sino fragmentos sueltos que retrataban el balneario de Barranco, donde pasó su infancia. No hay argumento definido, a lo largo de los 39 pasajes que componen un retrato de la infancia y adolescencia del autor.

Excesos, últimos trabajos y fallecimiento

A partir de 1935, la vida de Martín Adán transcurriría entre hospitales y sanatorios, a los que ingresaba de forma voluntaria debido a su alcoholismo. Desde el internamiento escribía poemas de corte existencial, que evidenciaba una búsqueda perpetua de identidad. Entre dichos vaivenes, en 1950 publica el poemario Travesías de extramares, auspiciado por el Ministerio de Cultura

Luego de dicha publicación, Martín Adán entraría en silencio literario por cerca de una década. En 1961, publica Escrito a ciegas, así como otros poemarios: La mano desasida y Canto a Machu Picchu (1964) y La piedra absoluta (1966).

En 1963 se interna en una clínica psiquiátrica de forma permanente, de la cual saldría veinte años después. En 1985 fallece en el hospital Arzobispo Loayza, tras un shock posoperatorio.

Publicarán los diarios y cartas de Amy Winehouse

La publicación denominada Amy Winehouse: In Her Words, contendrá los diarios personales de la cantante, junto con mensajes, cartas, letras de canciones y fotografías. La editorial lanzará el libro al mercado este 31 de agosto.

Según se supo, el dinero recaudado de las ventas serán destinados a la fundación Amy Winehouse. En el libro están plasmados los anhelos que la artista manifestaba desde muy joven. Uno de los puntos interesantes del libro es que manifestó su deseo de convertirse en actriz antes que en cantante.

Incluso, en uno de los pasajes se revela que deseaba trabajar en una producción junto al legendario actor Steve Buscemi (Tony Blundetto en la serie Los Soprano). Por otro lado, la publicación recoge cartas y notas que revelan no solo la vocación artística de Winehouse, sino también su entrega completa a la música.

Asimismo, en Amy Winehouse: In Her Words también se hace referencia a las adicciones que padeció la cantante y a las etapas que definieron su camino hacia la consolidación como uno de los referentes máximos de la música contemporánea. Por otro lado, algunas notas apuntan a que Winehouse padeció de problemas alimentarios poco antes de su fallecimiento en el 2011.

Cinco libros sobre descanso y vacaciones

El tiempo de ocio es uno de los más esperados de todo el año. En las historias presentadas, las vacaciones son el escenario central.

Cada vez se hace más difícil poder ocuparse de algo más que no sean las obligaciones diarias. El mundo de hoy exige no solo trabajar, sino capacitarse constantemente, hacer proyectos alternos, e incluso mantener más de un trabajo para sobrevivir. Con todo este tiempo ocupado, es muy difícil encontrar un tiempo para lo que nos gustaría hacer. Por eso, para muchos, las vacaciones son el momento perfecto para leer.

Las historias en esta lista se tratan precisamente de ese tiempo, días largos de descanso y ocio que transcurren de forma paralela a la cotidianidad. Los personajes descubren la naturaleza, se encierran del mundo o se enfrentan a enredos personales que en otro espacio-tiempo no habrían podido encontrar. En estas obras ―cuatro novelas y una obra de teatro―, los protagonistas se encuentran de vacaciones.

Mi año de descanso y relajación, de Ottessa Moshfegh (2019)

Alfaguara, 2019.

La narradora de esta novela decide encerrarse un año en su departamento, ubicado en una de las zonas más exclusivas de Manhattan. Gracias a una buena herencia, se permite pasar la mayor parte del tiempo con fármacos, durmiendo todo lo que puede y viendo películas de Whoopi Goldberg y Harrisson Ford. El tiempo de la historia se da entre el 2000 y 2001, por lo que, al tiempo que ella sale de su largo descanso, la ciudad que la rodea y el mundo despiertan de sus respectivas individualidades con la caída de las torres el 11 de septiembre.

El libro del verano, de Tove Jannson (1972)

Compañía Naviera Ilimitada (Argentina) publicó una traducción el 2018.

Sophia pasa largos veranos en una isla del archipiélago finlandés junto a su abuela y su padre. Los días se van en descubrimientos de la caprichosa naturaleza de la zona, discusiones entre la niña y la abuela, una persona solitaria, y excursiones con el padre hacia el mar Báltico.

Crónica de San Gabriel, de Julio Ramón Ribeyro (1962)

Pesopluma publicó una edición el 2014.

En la primera novela de la carrera del autor, un adolescente limeño es obligado a pasar sus vacaciones en San Gabriel, una hacienda en la sierra peruana. Pasado el aburrimiento que implica no estar rodeado de nada de lo que acostumbra y verse en un espacio solitario, rural y antiguo, Lucho descubre el racismo, el clasismo, las diferencias sociales, y comienza a descubrir el amor y la atracción.

La gaviota, de Anton Chéjov (1896)

Por su extensión, La gaviota suele publicarse junto a otras obras del autor.

El escenario de esta obra de teatro es una casa en el campo, adonde acuden varios personajes para pasar una temporada de verano. Entre estos se encuentran un escritor famoso que trabaja en su próxima gran obra, también amante de la hermana del dueño de la casa. Al transcurrir el tiempo vemos las complejas relaciones amorosas entre todos los personajes, y ninguno es totalmente correspondido.

La muerte en Venecia, de Thomas Mann (1912)

Debolsillo, 2020.

Gustav Aschenbach es un escritor reconocido y mayor que va de vacaciones a Venecia. Llega en busca de inspiración y para reflexionar en un entorno idílico. En el hotel conoce a Tadzio, un joven polaco que también está de vacaciones con su familia. Este chico se convierte en su objeto de deseo; desde que lo ve, Gustav se dedica a la contemplación estética del muchacho y a sufrir por el amor imposible.

El Ateneo Grand Splendid: Veinte años del teatro que se llenó de libros

En Buenos Aires, sobre lo que alguna vez fue el Teatro Nacional Norte, se levantó el cine-teatro Grand Splendid. Inaugurado en 1919, ayudó a consolidar la trayectoria de personajes como Carlos Gardel y Roberto Firpo. Es ahí donde, el 4 de diciembre del 2000, se inauguró una de las más bellas librerías del mundo: El Ateneo Grand Splendid.

En el barrio Recoleta de la capital argentina, en la avenida Santa Fe, se encuentra la librería El Ateneo Grand Splendid, la que podría ser una de las más espectaculares, al nivel de la portuguesa Lello e Irmão o la Selexyz Dominicanen en Holanda, que habita en una iglesia de más de 700 años.

Sobre lo que por casi 80 años fue un cine-teatro cargado de historia, la cadena El Ateneo decidió abrir en el 2000 un local que generaría un cambio sin igual en una ciudad que siempre ha albergado una gran cantidad de librerías. Con un espacio de 2000 metros cuadrados —que la convierte en la librería más grande de Latinoamérica—, cuenta con la más variada carta editorial, estratégicamente ordenada a lo largo de lo que alguna vez estuvo copado principalmente por butacas. En el sótano, el visitante puede encontrar libros infantiles, música y películas; en la planta baja encontrará libros de ficción y no ficción; si sube una planta más, verá que donde estuvieron los palcos se han acondicionado espacios que funcionan como salas de lectura; y en el último piso podrá encontrar música clásica. Cabe destacar que en lo que fue el escenario donde Carlos Gardel se presentó en varias ocasiones, se encuentra un café-restaurante desde donde se disfruta de la vista total de la librería mientras revisas tus nuevos libros.

El Ateneo Grand Splendid, desde una inauguración, se convirtió en un ícono y colocó a Buenos Aires en la ruta de las librerías más hermosas del mundo, manteniendo con fuerza más de 100 años de vida cultural bonaerense.

Esa sí que, amigo lector, es necesario visitarla por lo menos una vez en la vida.

El libro ante la crisis del Covid-19

Escribe Dante Antonioli Delucchi

Se ha comentado mucho sobre cómo la pandemia transformó nuestras vidas en varios aspectos. Luchamos por acostumbrarnos al encierro durante los primeros meses, «aprendimos» a lavarnos las manos con mucha más frecuencia que la habitual, peleamos con las mascarillas y los protectores faciales, nos percatamos más de las personas que caminaban a nuestro lado, reorganizamos nuestros horarios para comer y trabajar. Volvimos a casa y, muchas veces, tal vez, nos sentimos extraños en ellas. Con el Covid-19 también apareció la crisis económica, el desempleo y la reducción de ingresos.

El mundo del libro no ha sido ajeno a todos estos cambios. Al igual que todas las actividades económicas y culturales, también sufrió un severo impacto. En efecto, no pocas empresas editoriales, imprentas, librerías, distribuidoras, así como profesionales vinculados al sector, se han visto fuertemente afectados por las consecuencias del Covid-19. Desde la paralización casi total hasta la implementación de protocolos para el reinicio de actividades, algunas empresas cerraron y muchos profesionales quedaron desempleados. Aunque todavía no contamos con datos «oficiales» sobre el efecto de esta crisis en el mercado del libro, los cálculos más conservadores estiman una reducción de la actividad económica de entre 40% y 50% respecto del año pasado.

En el recorrido de este ya largo camino, surgieron transformaciones que, de alguna manera, permitieron que los negocios continúen operando con distinto éxito.

Transformación del trabajo (home office).

Esta ha sido la primera y más generalizada de las transformaciones ocurridas en el sector (y en casi todos los sectores). Desde que se dictaron las medidas de restricción del tránsito de personas y de actividades económicas, las empresas implementaron distintas modalidades de trabajo a distancia, buscando una solución inicial ante las medidas promovidas debido a la cuarentena.

Sin embargo, al paso del tiempo surgieron no pocos inconvenientes. En muchos casos, los empleados no contaban con equipos apropiados para el trabajo desde casa (o no los tenían) y/o su plan doméstico de Internet no tenía el ancho de banda suficiente para realizar vídeo llamadas. Adicionalmente, el uso masivo de Internet en distintas zonas de la ciudad colapsó el servicio o lo hizo extremadamente lento. El trabajo en casa, en simultáneo con las clases escolares y universitarias a distancia, todo ello funcionó como «potenciador» de los problemas indicados líneas atrás.

Esta situación ha ido estabilizándose; el tiempo transcurrido nos ha permitido organizarnos mejor y optimizar algunos de nuestros recursos. Todavía nos falta.

Las nuevas librerías (ecommerce) y la expansión del delivery.

La restricción de actividades económicas y culturales que implicaban reunión de personas impactó de inmediato a las librerías y a otros espacios de comercialización del libro. Aunque unas pocas contaban con tiendas virtuales, el negocio de la venta de libros en muchos de nuestros países había sido, tradicionalmente, presencial.

La pandemia impulsó el desarrollo de plataformas para la venta por Internet, no pocas librerías y editoriales lanzaron sus tiendas virtuales para movilizar sus stocks y algunas pudieron acelerar el desarrollo de contenidos digitales. Sin embargo, dado que la actividad librera no fue considerada esencial por nuestros gobiernos, estas iniciativas debieron enfrentarse a la restricción del tránsito de vehículos motorizados. En un primer momento, la venta de libros y contenidos digitales a través de soluciones ecommerce fue la única opción.

Para superar esta restricción, se implementaron sistemas de entrega a pie o en bicicleta. Si bien el volumen inicial no permitió recuperar las ventas pre Covid-19, en los meses posteriores, con la modificación en las condiciones de inamovilidad y la apertura de varios sectores de la economía, la solución inicial se complementó con el uso de los servicios motorizados de las empresas de recojo y entrega a domicilio.

Inicialmente utilizada para el envío de comida rápida y algunos productos del rubro regalos, la entrega por delivery de libros llegó para quedarse, fortaleciendo, de esta manera, un canal que había tenido uso limitado en Latinoamérica.


La crisis del sector del libro aún está muy lejos de resolverse. Las ferias en su modalidad virtual no han logrado cubrir el espacio y el alcance que antes tenían; los niveles de facturación de antes de la pandemia difícilmente se recuperarán hasta que no se defina el retorno a clases o la continuidad de la virtualidad; la expansión de los catálogos digitales de los editores está limitada a sus disponibilidad de recursos. El consumidor tiene que desarrollar una mayor confianza en las transacciones en línea y acceder a mecanismos de protección de fraude rápidos y efectivos.

La implementación de soluciones durante esta grave crisis sanitaria ha sido un proceso complejo de «prueba y error», adaptando, innovando, rediseñando, arriesgando. Pero, ¿acaso no ha sido así siempre?


Dante Antonioli

Economista por la Pontificia Universidad Católica del Perú, ha seguido cursos de postgrado en edición (UNESCO), evaluación de proyectos y planeamiento estratégico (BID). Se ha desempeñado como editor académico durante más de 25 años y como gerente comercial de Pearson Educación entre 2012 y 2021. Es docente de Derechos de Autor y Gestión Editorial en la Escuela de Edición de Lima. Es consultor en temas editoriales y planeamiento estratégico para diversas organizaciones, ha participado en diversos congresos, foros y debates sobre el libro y la lectura en Perú y América Latina. Por encargo del Congreso de la República del Perú, participó de la revisión de las autógrafas de las leyes del libro de 2003 y 2020. Es autor de Derecho de autor para autores y editores (EEL, 2019) y de artículos que han aparecido en diversos medios de Hispanoamérica.

Tendencias que marcarán el camino del sector editorial

Por Leyles Rubió León

En los últimos meses, a medida que el virus continúa propagándose, millones de personas viven aisladas, los viajes han quedado restringidos y la crisis económica global se intensifica y genera incertidumbre.

Los nuevos retos solo dejan una elección para el sector editorial: acelerar. No hay tiempo para prepararse mucho; se debe correr considerando las nuevas tendencias, que van de la mano con la transformación digital. Lo que sigue es entender los grandes ejes que guiarán los próximos años. A continuación algunos ejemplos.

  • Big Data e Inteligencia Artificial: La interpretación de datos a través de IA ayudará a entender los gustos y necesidades de los lectores. Optimizará mensajes, personalizará campañas o comunicaciones para clientes.
  • Bot-marketing: La interacción entre clientes y bots crecerá, pues estará disponible 24 horas, los 7 días de la semana. Así las  librerías, por ejemplo, podrán recortar gastos y, además, aumentarán su eficiencia. A través de los robots conocerán mejor a sus clientes.
  • Comunicación más humana: Los consumidores cambian, el contenido y las herramientas también evolucionan. Pero no la esencia. El storytelling ayudará a llegar mejor a las personas. Lo mismo que sus variables como el storydoing, o lo que llamo el datatelling.
  • Comercio omnicanal: El e-commerce se volverá una práctica común. No solo desde la web o aplicativos, sino también en blogs, redes sociales o con la comunicación activa con los usuarios. Esto ya no es una opción.
  • Influencers: Los genuinos serán los aliados del momento para expandir el alcance online. Ideales a medida que crece el engagement con contenido del «mundo real».

El confinamiento ha incrementado el consumo de historias (a través de plataformas streaming o libros). El hogar se ha vuelto el centro de interacción para muchas familias. Hay que aprovechar eso.   


Leyles Rubio León

Nació en el Callao en 1986. Tiene estudios en marketing, comunicación y responsabilidad social para empresas multinacionales y un diplomado de Creatividad Literaria de la UTP (Panamá). Es autor del libro Bailando descalzo por Madrid (2016) y algunos cuentos divulgados en diversas antologías, revistas y publicaciones digitales. Enseña talleres de escritura, storytelling, comunicación y cursos de liderazgo y maneja un sello para servicios editoriales llamado León de Abril.

Javier Arévalo: «En lo cultural, el Mincul no tiene ninguna orientación política. Hacen actividades, pero no hay una guía definida».

Javier Arévalo es escritor, periodista y promotor cultural. Tuvimos la oportunidad de hablar con él para que comparta su visión acerca de los hábitos de lectura en nuestro país, las limitaciones que tiene el Plan Lector para revertir estos problemas y lo que se podría aplicar para redireccionarlo.

CDEYC: ¿Qué agentes de la industria editorial se quedaron fuera de la nueva Ley del Libro?

Javier Arévalo: La nueva Ley del Libro no está enfocada directamente —como en las anteriores—, a vender la idea que con beneficios tributarios o con exoneraciones de impuestos vamos a generar más lectores. La industria lo que necesita son lectores. Los lectores de todo el país son formados en las escuelas, donde los niños tienen acceso al libro y a la lectura. El Estado tiene como meta hacer que cada niño en este país tenga acceso a una biblioteca. Ese es un objetivo que impacta en toda a industria editorial.

CDEYC: ¿Qué beneficios brinda esta nueva Ley del Libro?

J. A.: He trabajado desde hace diez años para que esta ley tenga el enfoque de ahora. El impulso de la industria es que tenga clientes, o que se vea beneficiada hasta que logre tenerlos. Por ejemplo, para que una industria como la del teatro o de la lectura logre tener un público, ese público tiene que ser educado en el uso y en el deseo de su producción. La lógica desde el Estado no es colaborar con una industria, es formar un sujeto que desea leer o que sabe y desea la experiencia y el beneficio que le da leer. Hasta ahora eso no había ocurrido. Si tú piensas en 50 000 escuelas públicas y 100 000 escuelas privadas, y en todas ellas se logra tener una biblioteca con estándares de calidad internacional, entonces habrá editores, libreros, bibliotecarios, promotores de lectura, maestros. Y los demás usuarios estarán beneficiados, incluso la industria editorial. Esto es porque los libros tienen que comprárselos a alguien; los autores tienen que hacer los libros; los diseñadores tienen que ilustrarlos y diagramarlos; las imprentas imprimirlos. Toda la cadena está atada a una sola visión: que un ciudadano peruano, en general, y un niño, en especial, tengan acceso a una biblioteca. Ese es el verdadero foco. La industria debería verse así. Las exoneraciones jamás han formado un solo lector en nuestro país.

Javier Arévalo: La verdad es que el país tiene tantos problemas para comprender en qué consiste una biblioteca, que cree que una tablet es una biblioteca.

CDEYC: ¿Ha habido algún tipo de estímulo dirigido al sector cultural como para superar la crisis debido al covid-19?

J. A.: Hubo varias actividades enloquecidas para soltar dinero. La última compra de libros se hizo sin consulta y sin orientación alguna. Solo para repartir dinero entre un grupo de personas de la industria. Precisamente eso es lo que ocurre alrededor de la gestión cultural, ha estado tan abandonada que no tiene foco. Todos esos libros que van a comprar ahora ¿a dónde van a ir?, ¿qué sistema de bibliotecas tenemos para que los recepcione? Han comprado imprudentemente. En lo cultural, el Mincul no tiene ninguna orientación política. Hace actividades, pero no hay una guía definida.

CDEYC: ¿Esto se debe a problemas ocasionados por la antigua ley del libro?

J. A.: Hemos tenido una ley del libro enfocada en disminuir el pago a los importadores y ofrecer beneficios tributarios a la industria. Terrible. Esa lógica es la que nos tiene atados a un país donde siete de cada diez adolescentes no comprenden lo que leen. El foco no es darme a mí, como importador de libros, el beneficio dudoso de no pagar el 18%. Como editor, he sido beneficiado por la ley del libro. He colocado libros de animación a la lectura por el Grupo La República. Esto fue más atractivo para los socios porque nos devolvían el IGV. Con esto, el editor podía recuperar mucho del dinero. En especial cuando se vende más de quince millones de libros, como yo. ¿Eso hizo posible que haya más lectores? Los libros que vendí eran de bajo costo, precisamente pensando que serían usados dentro del Plan Lector. Mientras tanto, las editoriales que han publicado mis novelas con un tiraje de mil ejemplares están beneficiadas por el retorno del IGV. ¿Quién más se beneficia con esto? Algunos pocos lectores. Es cierto que las importaciones del libro benefician a los lectores, pero ¿quiénes son lectores en este país? Siempre son grupos favorecidos, con recursos para desarrollar su hábito lector y su comprensión de lectura; han tenido una mayor instrucción, un mayor respaldo de la familia que los ha provisto de libros. Ese sector es pequeño. Esa lógica tenía que cambiar, y ya cambió.

CDEYC: ¿Cómo ha afectado esta pandemia en el fomento de la lectura en niños y jóvenes?

J. A.: Hubo un impacto mediático de algunas acciones realizadas por gente independiente que han publicado libros y que han llamado la atención sobre la necesidad de que los niños tengan acceso al libro en cualquier situación, y más en una situación de encierro. La municipalidad de Pueblo Libre, en una pequeña iniciativa de un grupo de promotores y generadores de cultura, en poco más de tres meses, ha llevado más de cinco mil libros en préstamos a niños del distrito. Además, en medio de la pandemia se aprobó la Ley del Libro. Su impacto dentro de la pandemia ha sido bueno para los niños.

CDEYC: ¿Han existido otros canales? ¿O solo se ha llevado libros impresos a los niños y jóvenes?

J. A.: Hay un gravísimo problema respecto a la distribución de tablets. Primero, es necesario aclarar que el problema no fue las tablets y la corrupción que se insinuó que hubo. Sobre ese tema no tengo mucho conocimiento. La verdad es que el país tiene tantos problemas para comprender en qué consiste una biblioteca, que cree que una tablet es una biblioteca. Nadie realiza estas preguntas al Estado: ¿Qué libros has conseguido? ¿Qué bibliotecas virtuales has contratado para que los niños puedan acceder a alguna lectura? Eso no lo preguntan, solo ven al aparato como si fuera mágico y los condujera directamente a libros que puedan leer. Otro problema es el analfabeto funcional digital, que es muchísimo más grave que el analfabeto funcional analógico. Tenemos un grave problema de concepción de lo que es acceder a la lectura. Acceder a la lectura no es tener una computadora o un celular. Este país tiene dos o tres celulares por habitante, pero no lee. No usa el celular para leer, y quienes leen en el celular, leen algo que corresponde con la pobreza de su lenguaje y la pobreza de su curiosidad.

CDEYC: Se está viendo que plataformas como YouTube o Spotify están empezando a crear espacios de diálogo para los lectores. ¿Crees que se lograrán aprovechar las nuevas tecnologías de forma adecuada para el fomento de la lectura?

J. A.: Uno se hace lector desarrollando gusto y hábito lector en determinado momento. Nosotros tenemos una población que es Homo videns de memes, de figuritas de calatas y calatos, de jueguitos. Pero no lee, y no porque no le guste leer. El problema con el peruano es que no desarrolló las habilidades y destrezas necesarias, el vocabulario necesario para poder leer algo de profundidad. Solo ve; como te digo, es un Homo videns. Los vídeos y los memes los satisface. Esto no es únicamente el caso peruano, es un mundo entero que ha cedido al Homo videns tan naturalmente como la aparición de los memes. En la actualidad, la misma universidad peruana se basa en la lectura de sumillas. Por ejemplo, el profesor reparte sus sumillas entre sus alumnos y sobre eso estudian; no usan libros, ni textos completos. Solo sumillas o resúmenes que sirven al alumno para memorizar algunas cosas y dar el examen. Eso es porque no hay lectores, hay reproductores y memoristas de textos. Un lector es un sujeto altamente competente que devora información continuamente, cuyo vocabulario se expande en función del desarrollo neurológico al tejer nuevas conexiones neuronales, lo que le permite procesar toda esa información veloz y críticamente. Eso no tenemos. Tú le puedes otorgar celulares o tablets a todo el mundo, pero no lo usarán para leer porque no tienen el hábito.

CDEYC: En la industria del libro hay muchas propuestas que alientan el Plan Lector y cada editorial tiene una selección propia para este proyecto. Ante tanta variedad, ¿cuáles crees que deberían ser los lineamientos a considerar para la gestación de un buen Plan Lector?

J. A.: Se deben tener dos consideraciones cuando hablamos en este país sobre el Plan Lector. La primera: el Plan Lector Nacional, que yo diseñé en el 2006, supone una meta nacional de lectura de un libro al mes para el alumno y su maestro, que se realiza en biblioteca. Un Plan Lector es una estrategia pedagógica que adopta una escuela para promover la lectura dentro de la escuela entre los alumnos, sus maestros y la comunidad. En ese sentido, un Plan Lector empieza a estar atado a diferentes consideraciones por parte de la escuela. Inicialmente, muchas de ellas creían que el Plan Lector está enfocado en la literatura. Pero el Plan Lector, como estrategia pedagógica, lo que busca es desarrollar hábito y gusto. El modelo que se ha instalado en las escuelas es el que proponen las editoriales con libros para niños, púberes y adolescentes normalmente anclado en literatura. No tendría que ser así. Si una editorial quiere innovar tendrá que remar en contra de lo que ya está establecido. Yo siempre recomiendo a los colegios que adopten libros de ciencia y divulgación porque el Plan Lector no es el curso de Literatura, ni de Comunicación. Pero muy difícilmente lo entienden y esto es así porque no son lectores. Tenemos seis de cada diez maestros que no comprenden lo que leen. Si tú trasladas eso al mundo escolar, vas a encontrar una escuela paporretera donde la lectura es escolarizada. Es decir, lees para dar examen o lees para que te evalúen lo que has leído. No como una estrategia de animación lectora, sino como un curso pedagógico enfocado en la nota y no en un desarrollo de hábitos. La escuela peruana no está enfocada en lo que necesita realmente, aun cuando curricularmente debería estarlo en el desarrollo de competencias, de habilidades y destrezas. Eso es lo que teóricamente debe hacer, y en la práctica lo que hace es seguir produciendo el clásico modelo del estudiante que memoriza textos de un libro porque tiene la obligación de recordarlo, porque si no recuerda, no sabe. Esa educación es la del tercer mundo y es la que tenemos nosotros.

CDEYC: Con respecto a esta propuesta que hiciste en el 2006, ¿se puede decir que las editoriales la han tergiversado a su beneficio?

J. A.: No es así. La escuela tiene una estructura de la que no se mueve. Las editoriales someten a sus demandas a la escuela privada. El Plan Lector, desde las editoriales, no ocurre para la escuela pública, solo en la privada. En esta última nunca se ha leído la norma, y nunca les interesó. Fue un impacto publicitario para ellos y una meta. Fue allí cuando hubo todos estos líos donde demandaron a los colegios porque había acuerdos entre los directores y las editoriales. El director cobraba su viaje a Miami para hacer que compren cualquier libro. Estaba pensado solo para que los compren, no para que los lean. Luego, el profesor obligaba a los niños a leer porque «por algo compraron». Esto hacía que en lugar de lograr un círculo virtuoso fuera un círculo vicioso. A pesar de ello, el Plan Lector Nacional fue lo único que impactó en las cifras de ventas anuales de las editoriales. Si tú miras las cifras del 2006 y las de ahora, la compra de libros tiene una diferencia extraordinaria; tanto para los títulos, las editoriales y los autores, ese año fue fabuloso.

CDEYC: ¿Cómo se realiza un proyecto de fomento de la lectura?

J. A.: He tenido muchas acciones de promoción de lectura. Trabajo principalmente en tres áreas: incidencia política, impacto mediático e intervención directa. En cuanto a la incidencia política, donde diseñé el Plan Lector Nacional en el 2006, en el 2009 descubrí que el Ministerio de Educación no tenía una Dirección Nacional de Bibliotecas Escolares. Yo no lo sabía. Era inconcebible, yo no lo podía creer; cuando lo he contado en otros países nadie lo podía creer. En ese momento montamos tres bibliotecas con un financiamiento hecho por la empresa Rímac Seguros, que nos brindó 50 000 dólares. Lo hicimos con un programa que se llama Un Millón de Niños Lectores, que luego se independizó para ser manejada por otra empresa que creé con mi exesposa. Ella se quedó al frente del proyecto.

CDEYC: Actualmente, los jóvenes tienen mucho entusiasmo para apoyar al fomento de la lectura. ¿Qué sugerencias darías a las actuales generaciones?

J. A.: Como te decía, mi trabajo es en tres campos: en incidencia política, en impacto mediático y en intervención directa. Me meto a una escuela o una biblioteca, busco financiamiento y la pongo a trabajar. Yo no quiero vivir de montar bibliotecas o hacer ciudades de promoción de lectura; las hago enfocado en una política: tiene que producirse. Estas funcionan, más que nada, bajo mi intervención directa; para que las instituciones me hagan caso debo tener impacto mediático; y cuando aparece en los medios de comunicación porque es algo bacán, los funcionarios quieren participar y te prestan atención, eso pasa porque haces presión social. Lo que yo le digo a cualquier promotor, es que no haga cualquier tontería como si le hiciera un bien al mundo. Las buenas acciones son tontas. Tienen que estar enfocadas en una política, llamar la atención con una actividad. Por ejemplo, hay un proyecto que se llama Biblioteca de la Confianza. Llamar «biblioteca» a una casita con libros empieza a deteriorar el concepto muy maltratado en este país de lo que es una biblioteca. El ciudadano peruano común ignora qué es una biblioteca. Si tú pones una estantería con cuatro libros lo llama «biblioteca»; Promolibro distribuyó unos paneles con treinta libros y también los llamó «biblioteca», y dijo que creó mil bibliotecas en este país. Llamar a todo eso «biblioteca» es como si yo tuviera una carretilla con una sartén para hacer arroz chaufa y dijera que tengo un chifa. Por eso ahora hablo específicamente del servicio de biblioteca que debe existir. Un servicio es una cosa muy compleja: espacio, presupuesto para adquisición de materiales, un plan de acción. En este último, en el plan de acción de promoción de lectura, es donde se han quedado todos. Hacen actividades a cada rato. Si yo pongo libros en un parque no es para pasarme veinte años promoviendo la lectura en ese espacio, es para exigir que existan bibliotecas. Si pongo libros en el parque es para que me miren. Pero los promotores tienen que tener un norte, un objetivo; y este objetivo tiene que ser uno político y a la vez ciudadano. Si no lo tienen claro, pueden hablar conmigo. Es crucial tener esto en claro; de lo contrario convierten la lectura en cosas como «hago mi librito y se lo regalo a los niños pobres», eso es una tontería con la que no vamos a llegar a nada. Yo les digo a todos que nosotros no somos los que tendríamos que hacer estas cosas. Promolibro ponía esos módulos de lectura en cualquier casa. Imagínate que podría pasar si algún pedófilo se acerca y ofrece su casa. De pronto tiene una veintena de niñitos leyendo en su sala. Entra una niña a esa casa y la pueden hasta violar. No puede ser. Esta clase de servicio tiene que nacer de la municipalidad con su biblioteca, igualmente de un colegio, con el cuidado que deben tener los niños cuando se acercan a estos lugares. No puede ser cualquiera.

CDEYC: Tiene que ser un establecimiento con las medidas adecuadas, con las funciones para cada persona y sus normas básicas adecuadamente reglamentadas.

J. A.: Como cualquier servicio. Tú no vas a un chifa si el dueño no cumple con ponerte un baño. Todos los servicios tienen un estándar de calidad. En este país, el estándar de calidad educativo no existe. Tú puedes montar tu colegio sin patio y sin biblioteca, sin laboratorio de química o sin instrumentos musicales, con un salón, carpeta y pizarra. Eso es inaceptable, pero eso ocurre porque a las instituciones no les interesa la educación de los peruanos. Este es un país controlado por mafias de droga y piedras. Al ciudadano común le importa un bledo, y quien pone a los presidentes son los consultores, los mineros y la industria de la coca. A ellos no les importa tu hijo o el mío, no les importamos absolutamente nada; solo somos consumidores de algo. Por eso el transporte público es miserable, donde la gente pierde su vida entera viajando, encima es ultrajada abollada, gritada, ultrajada por un sujeto que apenas sabe hablar. Lo más triste es que la gente le hace caso, le dicen que avance y avanza. Es una locura. Debemos exigir que existan bibliotecas es una demanda necesaria.

Si hay gente animada a promover la lectura, que se comuniquen conmigo porque vamos a remecer todo. Exigiremos a la próxima presidencia que para el 2025 no exista ninguna escuela sin una biblioteca, para que los niños ejerzan su derecho a leer. En este momento estoy buscando nueva gente que se preocupe por este país, para ello hay que formarla, agruparla y lanzarla con organizaciones que lo puedan soportar. Con los representantes que tengo en las siete regiones tengo una estrategia que será debatida. Ellos son profesionales con bibliotecas, con sus experiencias en promoción de lectura, con sus módulos, son personas que ya han hecho algo. Son los primeros por sus logros cosechados, luego de ellos vendrán todas las personas que quieran participar. Yo pienso que es más fácil formar líderes como mi exesposa, con quien hemos ganado premios internacionales en Inglaterra. El mundo empieza a mirarte cuando haces cosas, por eso tienes que empezar a hacerlas.