Editar para la escuela

Diego Barros, sociólogo de la Universidad de Buenos Aires y docente del curso Edición de Libros y Materiales Educativos de la Escuela de Edición de Lima, define algunos conceptos básicos acerca de la edición de productos del sector educativo, así como la complejidad implícita que eso supone.

Por Diego Barros

Fue tal vez Oscar Wilde quien mejor definió el rol del editor al sentenciar que «… no es más que un intermediario útil». Con la sagacidad y la ironía que siempre lo caracterizó, el escritor no hizo sino ir al hueso de la incumbencia más decisiva del oficio editorial: la de la intermediación. En efecto, ubicado exactamente en el medio entre el autor y lector, el editor se define, tal como lo hace el historiador del libro y la lectura Roger Chartier, «…por su papel como coordinador de todas las selecciones que llevan a un texto a convertirse en libro, y al libro en mercancía intelectual, y a esta mercancía intelectual en un objeto difundido, recibido y leído».

En tanto práctica intelectual, la edición logró consolidarse en las últimas décadas como un campo teórico y metodológico propio dentro de las ciencias humanas, aunque siempre bajo una mirada pluridisciplinar. Si bien dicha consolidación del saber editorial lo habilitó para aplicar su «caja de herramientas» más allá de los productos de que se trate, no puede dejar de reconocerse que cada uno de ellos tiene también sus propias especificidades.

Este es el caso de la edición de libros y materiales destinados a la escuela, en la que entre otras características propias se encuentra el particular lugar que ocupan los procesos de intermediación. De allí que los libros de texto, los de literatura infantil y juvenil de prescripción escolar y las plataformas digitales educativas —la llamada edición escolar—sea uno de los segmentos más complejos del variado universo de productos editoriales.

Una complejidad bien compleja

En primer lugar, la edición escolar impone una complejidad única y tiene que ver con el hecho de que sus productos deben pasar por el tamiz de la currícula que impone la autoridad educativa. Como ningún otro producto del variado universo editorial, sus contenidos —científicos o literarios— deben atravesar por una doble “aduana”. Por un lado, deben responder a los lineamientos curriculares pero, además, sus contenidos —especialmente los científicos— deben ser intervenidos didácticamente —porque serán utilizados en situaciones de enseñanza-aprendizaje— y también procesados o adaptados a las diferentes edades de los lectores a lo largo de la vida escolar.

Sean los libros cuya finalidad es la de enseñar a leer y a escribir o los de materias como Matemática, Física o Química propias de la escuela secundaria; sea la necesidad de cubrir —también según las edades— la variedad de los géneros propios de la literatura, todo catálogo de materiales destinados a su uso en las aulas plantea exigencias específicas que los editores deben atender.

En segundo lugar y por lo dicho anteriormente, todos los productos editoriales escolares demandan un atento cuidado de sus aspectos visuales y materiales. Así, por ejemplo, la enseñanza de las ciencias exige que la edición intervenga no solo sobre los textos sino que también opere con la amplísima gama de recursos visuales indispensable para ello (ilustraciones, cartografía, fotografías, documentos, gráficos, cuadros, tablas, etc.).

Por su parte, la literatura infantil reclama siempre la convocatoria a ilustradores, lo cual le exige al editor cuidar los aspectos visuales tanto como los textuales. En ambos casos, la incorporación de estos recursos gráficos debe contemplar un envase, o maqueta, que los contenga funcional y estéticamente y, a su vez, una cuidada plasmación material final de los productos, sea física o digital.

Pero la complejidad que convierte a la edición para la escuela en una de las más exigentes —también desde el punto de vista de su inversión económica—, reside en la particularidad única de su lector, como se sabe, razón última tanto de autores como de editores. También aquí, cualquiera de los géneros editoriales destinados a la escuela plantea a sus editores la particularidad de pergeñar un producto e intervenir editorialmente en él teniendo delante de sí la paradoja de que el lector final de sus productos no será quien lo elija.

En efecto, en todos los productos de la edición escolar existe un lector final (el alumno) pero, también, el que podría denominarse como “lector interviniente”. Se está haciendo referencia aquí al docente —individual, grupal o institucionalmente considerado según los casos—, que es quien selecciona el material que considera más adecuado para el trabajo con sus alumnos, los lectores finales.

Sea por expresar el indispensable encuentro entre contenido científico adaptado editorialmente con perspectivas didácticas; sea por la demanda que pesan sobre sus piezas desde el punto visual y material o, finalmente, por la complejidad en la figura de sus lectores, la edición escolar reúne característica que le son bien propias.

Conocer sus implicancias puede resultar de gran utilidad tanto para los autores como para los usuarios. Pero analizar y tener presente la significación de sus «razones editoriales», resulta decisivo para quienes deben ponerlas en práctica: los editores.     

El amor en los tiempos de la Escuela

Luis Espinoza y Andrea Doria se conocieron hace algunos años en la Escuela de Edición de Lima. Hoy, comprometidos y junto a su pequeña Emilia, compartieron con nosotros una tarde en la que recordaron los momentos más felices que pasaron en la EEL. Por el Día de San Valentín, les dejamos esta entrevista que sella una bella historia de amor que nació en las aulas de la Escuela.

Por Marco Fernández

Ustedes se conocieron en la Escuela de Edición de Lima ¿Cómo se dio ese primer encuentro?

Luis Espinoza: ¿Quieres su versión o la mía? [risas]. Yo fui tu profesor.

Andrea Doria: No, mentira, no fue mi profesor. El curso final era el de proyectos, lo dictaba otro docente llamado Erick. No sé qué ocurrió, pero lo llamaron a Luis no para enseñar, sino para evaluar proyectos.

Luis Espinoza: Erick me invitó para evaluar los proyectos.

Andrea Doria: Así es. No era el profesor, simplemente fue a comentar los proyectos.

Luis Espinoza: Era profesor…

Andrea Doria: Pero no nuestro [risas].

De todas maneras, quieres decir que fuiste su profesor.

AD: Quiere la historia del profesor y la alumna, pero no le va a ligar. Ahí nos vimos, fueron como dos o tres veces.

LE: Cuatro fines de semanas. Yo me quedaba después de mi clase media hora más para evaluar los proyectos.

AD: Después vino fin de año, se dio el intercambio de libros de la Escuela y ojitos van y ojitos vienen.

LE: Alguien se despidió con un medio piquito.

Entonces, si fue en el truequetón de la Escuela, podría decirse que los unió los libros.

AD: Claro, no me tocó ni su libro, ni mi libro le tocó a él, pero había ojitos ahí. En verdad, yo le había echado el ojo desde antes, pero ahí fue cuando empezó todo. Lo agregué a Facebook y empezamos a conversar. No había Instagram en aquel entonces. Luego pasamos a mensajearnos por WhatsApp.

Si bien se conocieron en la EEL, donde nació el amor, ¿compartían muchas cosas en común, como la pasión editorial?

LE: Curiosamente, no. Yo era profesor de marketing editorial; si bien me gustan los libros, mi pasión es vender. No es que yo sea un lector ávido, más bien ella es la lectora ávida que tiene cincuenta mil libros en la casa. Yo tengo los libros tipo coffee table, como mis libritos de Tarantino, de Zelda, de videojuegos con portadas hermosas. He retomado el tema de la lectura, más que todo digital, pero Andrea es la apasionada por los libros.

AD: En verdad, cuando comenzamos más unían las películas que los libros.

LE: Nos unían bastantes cosas. De hecho, sí los libros, porque a mí me gustan mucho las novelas de terror, soy muy fanático de Edgar Allan Poe, Lovecraft y Stephen King. Justamente en ese tiempo estaba leyendo el último libro de Pablo de Santis de aquel entonces, El enigma de París, que ganó el Premio Planeta. Siempre comentábamos acerca de ese libro y sobre cómo escribía De Santis, por lo que, si bien hemos tenido ganchos literarios, más fue el tema de la música, la comida, series de televisión y películas lo que nos llevó a congeniar.

De algún modo comparten cosas en común, ¿alguna vez han trabajado juntos un proyecto?

AD: Una hija [risas]. La verdad, ninguno.

LE: En algún momento quisimos lanzar una editorial para niños, pero llegó la pandemia y todo se estancó.

AD: Nunca fue una idea de nosotros juntarnos para hacer algo. Yo tenía un trabajo, él tenía el suyo. Nos unían otras cosas. Nos conocimos en la Escuela y ese fue el punto de partida.

Digamos que fue el destino, entonces.

LE: En verdad, fue bastante suerte.

AD: Si no nos conocíamos ahí, no nos hubiéramos conocido en ningún otro lado.

LE: Yo llego a los libros porque conseguí un trabajo como jefe de marketing en una editorial. Ahí empieza mi afición por la edición, no es que yo lo haya buscado estar ahí, sino que se dio la oportunidad. En la Escuela conocí a Andrea y a todas las personas involucradas. Antes de eso no tenía ninguna experiencia editorial, no sabía cómo se hacían los libros, no sabía que Garamond era la fuente más recurrente para la impresión. Esas cosas las aprendí en el día a día. Si no hubiera sido por el trabajo en la Escuela, por esa oportunidad de enseñar, no habría tenido otro momento para conocer a Andrea.

AD: No teníamos amigos en común, ninguno. Si no hubiera sido por la Escuela, nunca nos hubiéramos conocido.

Andrea acaba de decir algo muy importante: «si no hubiera sido por la Escuela, nunca nos hubiéramos conocido». En cierta forma, es su evento canon.

AD: ¡Sí! Es más, inscribirme en la Escuela también fue una cuestión de suerte. Yo estaba en la playa y de pronto vi una publicidad en Facebook de que se iban a abrir cursos. No es que yo estuviera buscando estudiar eso, simplemente lo vi, me pareció interesante y me metí.

LE: En mi caso, una de las personas que estaba en la editorial era parte de la Escuela y me dijo que tenía un proyecto y que necesitaba a una persona que se encargara de las actividades de marketing. Acepté y me empapé del tema, porque si bien tenía una estrategia para ver temas de revistas y de editoriales, tuve que aprender cómo se hacen los libros, cómo se comercializan o cómo es la rentabilidad. Fue una experiencia muy bonita aprender la parte comercial del sector editorial, qué hace a un libro rentable, qué hace a un libro más atractivo para la compra, cómo puedo lograr que más gente visualice el contenido en una portada realmente genial. Gracias a ello he tenido la oportunidad de trabajar en varios proyectos muy buenos. Uno de los pocos que vieron la luz fue Libertad y prejuicio, de Yesenia Alves, que trata acerca de los prejuicios contra la comunidad LGTB acá en Perú. Me gustó bastante porque fue un proyecto que salió de la Escuela y se vio materializado. Fue bastante bonito que la autora me hiciese llegar el libro con una dedicatoria bonita por las enseñanzas de la Escuela.

Nunca imaginaron terminar juntos y con una hija.

LE: Todo fue tema de suerte. Yo llego a Comunica porque un amigo es amigo de un amigo y es amigo de otro amigo. Tuve que estudiar en la universidad que estudié para conocer a ese amigo para llegar a ese trabajo, sin el cual nunca hubiera llegado a la Escuela de Edición de Lima.

AD: Por eso te decía que, si no fuera por la Escuela, esto no hubiera sucedido.

Luis, dile algo bonito a Andrea.

LE: Qué tan cursi quieres que sea [risas]. Lo mejor que me pudo pasar en la Escuela fue Andrea. Fue una aventura muy bonita y mira, quedó materializada en nuestra hija.

Ahora tú, Andrea.

AD: Mi proyecto, por más bueno que fue, no salió, pero de ahí llegó el mejor proyecto de vida de ambos, lo cual agradezco infinitamente.

La Escuela los unió, que la Escuela los bendiga para siempre.

AD: ¡Así es! Una vez pasamos por el local antiguo de Miraflores (en Mariano Odicio) pero la casa estaba abandonada.

LE: Nos dio pena, pero ahí nos acordamos de que algún día tendremos que pedir esa casa para hacer la recepción de nuestro matrimonio, porque ahí fue donde nos conocimos. ¡Sería algo paja!

Amistades que trascienden las aulas (y el tiempo)

Ricardo Meinhold, Gloria Cabrejos y Cinthya Carbonell y André del Águila, exalumnos de la Escuela de Edición de Lima, junto a Juan Miguel Marthans, director de la EEL, se juntaron en el marco del Día de la Amistad para recordar los mejores momentos que pasaron en la institución, donde forjaron un vínculo que se mantiene hasta hoy.

¿Cuál es el recuerdo más importante que tienen respecto a su amistad forjada en la Escuela de Edición de Lima?

Ricardo Meinhold: Con Gloria, editar la revista que trabajamos junto a un grupo de amigos «letraheridos» de la Escuela. Con Cinthya, su buen gusto recomendando libros y actividades culturales.

Gloria Cabrejos: Recuerdo mucho el tiempo en el que nos reuníamos para realizar el proceso editorial completo de dos de las revistas de la Escuela —Una revista de libros y Beppo— las cuales eran trabajadas íntegramente por alumnos y profesores. Fueron reuniones de trabajo voluntario extremadamente divertidas y gratificantes, en las que todos aprendíamos de todos, pues como equipo teníamos que dividirnos las tareas para lograr el objetivo: publicar una revista con contenido de calidad.

Cinthya Carbonell: Para mí es la participación en Corcho Libro. Ahí los escuché, los conocí más y aprendí de ellos y de todos los demás integrantes.

André del Águila: Las parrilladas en el primer local de la EEL, en Mariano Odicio. Todos congregados alrededor de un fuego diminuto, pero que era la excusa perfecta para conocer gente y charlar por horas sobre libros.

Juan Miguel Marthans: La Escuela de Edición de Lima lleva casi nueve años operando y una pandemia de por medio. Por lo que muchas cosas han pasado. Antes de la pandemia hubo proyectos que buscaban que los alumnos y profesores se acercaran entre ellos. Un proyecto que nació ahí por el 2016 fue Corcho Libro, el cual mutó de un ser un club de lectura a ser un grupo de buenos amigos lectores. Hasta hoy nos reunimos y hacemos actividades, conversamos de libros e intercambiamos lecturas. Esperamos que pronto se puedan plantear ideas que generen nuevos espacios como Corcho Libro.

¿Podríamos decir que el amor por los libros y la labor editorial también fue un aliciente para fortalecer su amistad?

RM: Desde luego. Compartir gustos o visones relacionadas con la cultura —palabreja tan maltratada— era un lujo no muy común en estos tiempos de TikTok e influencers.

GC: Por supuesto. Si bien nuestras carreras son distintas, el punto en común de nuestra amistad gira alrededor de nuestro amor por los libros, por la lectura y por la escritura. Debido a nuestra pasión por los libros, la Escuela creó un club de lectura al que llamamos Corcho Libro. Lo bonito de este club no solo era que todos los que participábamos escogíamos un mismo libro para leer, sino que también nos reuníamos —y lo hacemos hasta la fecha— para intercambiar puntos de vista. Fue interesante también habernos reunido con algunos escritores peruanos como Carlos Schwalb y Antonio Gálvez Ronceros para hablar sobre sus obras. 

CC: Sí, todas las personas de la EEL que conocí durante estos siete años aman los libros y hablan con gran entusiasmo de los contenidos, los autores, las novedades literarias y las ferias.

AA: Definitivamente. Encontrar gente con intereses similares a los tuyos que pese a tener un trabajo diario de ocho hora a más y con labores completamente disímiles, llegaban a la Escuela y compartían su verdadera pasión. Creo que es uno de los aspectos que más destaco. La EEL fue un oasis para muchos de nosotros.

JMM: El amor por el trabajo editorial es un punto en común muy fuerte dentro de la Escuela. Y no solo es amor por los libros sino también pasión, tanto para leerlos como hacerlos. Así que ¿qué puede ser más fuerte que una pasión para cultivar buenas amistades?

¿Se mantienen en contacto después de tanto tiempo y haber compartido aulas juntos?

RM: Como las buenas amistades —hemos pasado en poco tiempo vivencias tan intensas— nuestra amistad perdura a pesar de los largos intervalos.

GC: Siempre. Cada vez que podemos nos reunimos. Cabe mencionar que una reunión infaltable una vez al año es nuestro clásico intercambio de regalos que, para nosotros, siempre es un intercambio de buenos libros.

CC: Sí, nos comunicamos a través de Corcho Libro y por mensajes. 

AA: Sí. Con algunos hemos viajado juntos. Tratamos de reunirnos cada vez que podemos y procurando que coincida la mayoría. Llevamos más de siete años haciéndolo.

JMM: Hasta el día de hoy nos reunimos. Quizá no con la frecuencia de antes, pero eso hace que cada reunión sea sumamente especial. Al final, Corcho Libro terminó siendo un grupo de grandes amigos.

Para ustedes ¿cuál es el significado de la amistad?

RM: Si la amistad es el reflejo de nuestras personalidades, de nuestras diferentes formas de ver la vida, ellas representan mi mejor reflejo.

GC: Para mí, la amistad es pensar en una persona con cariño y aunque no la vea con regularidad siempre será un placer encontrármela nuevamente, tomarnos un café y conversar largo y tendido. Pienso que la amistad se mide en función al tiempo de calidad que pasamos con personas con las que estamos a gusto y con las que podemos conversar de todo y de nada a la vez.

CC: La honestidad, la lealtad y la empatía. 

AA: Compañeros de aventuras y pasiones. Una mano que siempre estará tendida para cuando la necesites.

JMM: La amistad… complicado encontrar un significado exacto, pero sí se puede hacer un listado de cualidades en torno a ella como la pasión, el cariño, el respeto, la honestidad y la solidaridad. Ya sobre eso se pueden construir cosas extraordinarias y descubrir personas que consideres verdaderos amigos.

Jon Fosse: ¿qué libros del autor han sido traducidos al español?

La obtención del Premio Nobel de Literatura 2023 por parte del autor ha despertado el interés de los lectores por su obra. Aquí te dejamos algunos títulos traducidos al español.

Trilogía (2018)

Fue publicada por la editorial De Conatus. En esta novela, Fosse cuenta las peripecias de una pareja de adolescentes que, a punto de tener un hijo, busca la manera de sobrevivir en un mundo que les ha dado la espalda. Esta obra recibió críticas generalmente positivas. En el portal web de De Conatus, se dice que: «con esta historia entendemos qué significa la indefensión y nos hacemos conscientes de la mirada despiadada de la sociedad, pero también revivimos de forma exquisita el primer amor, la experiencia de empezar la vida».

Septología (2019)

Publicada también por De Conatus, es una novela dividida en siete partes, las cuales relatan la vida interior de Asle, un famoso y hermético pintor que vive solo. Cada libro que compone esta saga empieza con un pensamiento de Asle sobre el cuadro reciente que acaba de pintar y termina con una especie de oración. Lo interesante es que en cada parte se revelan datos que van preparando al lector para la revelación final: ¿por qué Asle se convirtió en una especie de ermitaño?

Si bien son historias autobiográficas, a diferencia de Karl Ove Knausgård, discípulo de Fosse y considerado como el rey noruego de la autoficción, que busca en sus historias una forma de expresión y visibilidad, Fosse parece ensayar historias para desaparecer a través de sus personajes. No por algo declaró que «escribir era como rezar». Es decir, algo que se hace específicamente en secreto.

Mañana y tarde (2023)

Nórdica y De Conatus lanzarán este título al mercado el próximo 9 de octubre, lo cual genera desde ya una gran expectativa. La historia narra el nacimiento de un niño que llevará por nombre Johannes. En otro lugar, muere un anciano llamado también Johannes. Sobre estos hechos, Jon Fosse aborda el tema de la vida en su totalidad: origen y final, niñez y ancianidad. Según comentarios de la editorial recogidos por el portal web del diario El País, «Mañana y tarde es una obra sobre el hermoso sueño de nuestras vidas. Los momentos a lo largo de la novela son sencillos y cotidianos, pero la prosa rítmica de Fosse guía hábilmente a los lectores a través del pasado y el presente».

Luis Miguel Espejo: «La página nunca está en blanco. En realidad, ya está escrita y terminada»

El temor de muchos redactores es la página en blanco, esa que parece mirar desde el abismo hacia los ojos del escritor. Luis Miguel Espejo, redactor, corrector y docente de la Escuela de Edición de Lima y del Centro de Desarrollo Editorial y de Contenidos, en esta entrevista, nos comenta acera de cómo darle la vuelta a este problema, empezar desde cero y evitar los bloqueos.

¿Existe el bloqueo de los escritores o es a veces solo una excusa para procastinar?

Te voy a hablar desde mi propia experiencia como redactor y también como profesor atento a los comentarios de mis estudiantes. Es decir, no quisiera generalizar los casos. El bloqueo en la redacción es real y, en cierto sentido, hasta normal, porque es un ejercicio que depende de la mente, y por experiencia sabemos que nuestra mente puede distraerse, ensimismarse e incluso saturarse. Pero claro, si el oficio es escribir y uno tiene un bloqueo, los problemas surgen como mala hierba… Sentimos que no avanzamos y nos dejamos ahogar por la urgencia, cuando lo que necesitamos es tranquilidad mental. Los bloqueos no son eternos; y si somos personas propensas a ello, debemos recordar que los bloqueos son siempre temporales. No se van a quedar.

También existe la procrastinación, incluso desde antes de los distractores electrónicos modernos, como las redes sociales, la tele o los videojuegos. A su modo, la procrastinación es una negación, una postergación de un destino ineludible; es casi como intentar sacarle la vuelta a los designios de los dioses: tenemos que trabajar y nadie nos va a eximir de esta responsabilidad. Tampoco deberíamos recurrir a los duendes, porque si les pedimos favores, estaremos en problemas aún más graves. En serio. Las famosas musas de la inspiración también son cosa de cuidado. No vale la pena esperar (de ‘esperanza’) a que lleguen, porque hay musas a las que simplemente no les da la gana de llegar. Y nunca llegan.

¿Por qué le tememos a la página en blanco?

Debe haber varias explicaciones para esto, ¿no? Fechas límite, contratos, entregas, la palabra ‘urgente’, que nos ha malacostumbrado a tener todo «para ayer». Ver una página en blanco suele dejar una sensación de fracaso adelantado, como si esa página en blanco fuese ya el resultado de un trabajo serio. Pero eso es un disparate. Todavía no hemos empezado a trabajar, ¿y ya estamos sentenciándonos al fracaso? ¿De dónde hemos sacado permiso para sentirnos mal si aún no hemos terminado de darle forma a esa página? ¡No nos adelantemos! Este ritmo de lo urgente, para ayer, es muy dañino y lo estamos normalizando. Un bloqueo se puede explicar por motivos muy diversos, desde los personales hasta los ambientales, económicos, sociales y políticos. Nuestra mente es vulnerable a las sobrecargas, y la tranquilidad necesaria para organizar ideas entra en conflicto con estos embates de la coyuntura. Pero debemos recordar que todo bloqueo es temporal, va a pasar y nos sentiremos mejor cuando sea parte de nuestro pasado.

Sabemos que hay muchas maneras de ejercitar la redacción. En tu opinión, ¿cuál sería una de las formas más eficientes para afrontar el síndrome de la hoja en blanco?

Yo aplico un truco personal que funciona conmigo, y no necesariamente es útil para todos los que alguna vez sufrimos de bloqueos o procrastinaciones. Yo he dicho esto algunas veces en clase: la página nunca está en blanco. En realidad, ya está escrita y terminada; solo falta aplicarle el trabajo necesario para ver esas palabras. Es como retroceder en el tiempo y ver un campo de cultivo, que 200 años después va a albergar a millones de personas en una ciudad. Solo había que dejar pasar el tiempo. Así pues, esta consciencia del “viaje” al futuro me tranquiliza para superar la crisis; pero igualmente debo organizar mis ideas, hacer un esquema y darles forma a los párrafos uno por uno hasta que tenga suficiente material escrito para editar. Así es como yo puedo superar los bloqueos temporales.

¿Podríamos asegurar entonces que ser conscientes de nuestras limitaciones evitaría este temor hacia la página en blanco?

Sí, claro. Esto sí suena muy razonable. Tiene mucho sentido y no solo para la redacción. Sirve como primer paso para la superación de todo obstáculo: ser conscientes de que estamos experimentando un bloqueo temporal, que va a pasar, y que luego de superarlo ya podremos descubrir lo que esa página en blanco estaba ocultando. Mientras más y mejor me conozca a mí mismo, mejor podré definir mis límites y esfuerzos. Es importantísimo el autoconocimiento, la familiaridad con nuestros propios bloqueos, pero sobre todo la conciencia de que son pasajeros y no eternos.

¿Cuál es el método más eficiente para superar estas crisis?

Cada persona puede proponerse un método particular. En mi caso y muchos otros, la disciplina ayuda bastante y también tener un método. Por ejemplo, si yo ya hice un esquema ordenado, puedo empezar a elaborar los párrafos. Pero si aún no he organizado mis ideas y ni siquiera las he dejado en un papel, ¿cómo voy a trabajarlas?, ¿con qué material voy a construir mi texto? Yo necesito tener palabras, ideas, frases al frente y con estas puedo confeccionar algo más elaborado; a otras personas con mayor dominio de ideas o con mayor claridad les basta con escribir directamente, como quien toma nota de un dictado mental. Yo no puedo hacer eso; necesito las palabras mentales convertidas en palabras físicas (en papel o en pantalla) antes de trabajar con ellas. La memoria nos hace más bromas que el destino. Por eso, tener un método para organizar ideas y lograr un esquema previo y ordenado facilita el proceso y nos ayuda a ser un poco más disciplinados.

Luis Miguel Espejo estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Ha publicado colecciones de cuentos infantiles y es autor del libro Manual básico de redacción: la página en blanco (2018). Actualmente comparte sus labores como docente con la redacción, la traducción y la corrección.

Día de la fundación de Arequipa: cinco autores célebres de la Ciudad Blanca

Arequipa está de fiesta. Hoy se cumplen 483 años de la fundación de una de las ciudades más importantes del Perú y cuna de grandes escritores del canon literario nacional. En la siguiente nota, te presentamos a algunos de los autores arequipeños más destacados.

Mario Vargas Llosa

Considerado uno de los novelistas y ensayistas más relevantes de la literatura contemporánea peruana, es orgullo de su ciudad natal por sus logros literarios, especialmente por la obtención del Premio Nobel de Literatura en el 2010. En distintas ocasiones ha manifestado su cariño por Arequipa, pese a que permaneció allí hasta antes de cumplir dos años. Asimismo, en el 2017 donó cerca de cinco mil libros a la biblioteca de la ciudad, la cual lleva su nombre.

Oswaldo Reynoso

Profesor, escritor y miembro de la llamada «Generación del 50». Es autor de obras entrañables como Los inocentes, En octubre no hay milagros, entre otras. A diferencia de Vargas Llosa, Reynoso pasó su niñez y adolescencia en Arequipa, para luego abandonarla en 1950. En el 2015, el autor regresó a su tierra y recorrió los lugares que marcaron los principales pasajes de su vida. En su obra Arequipa, lámpara incandescente (2014) a modo de un intercambio epistolar con un joven aspirante a escritor, Reynoso habla sobre el origen de sus obras y coloca a la Ciudad Blanca como inspiración de sus principales creaciones.

Teresa Ruiz Rosas

Escritora, traductora literaria y docente arequipeña. Es hija del poeta José Ruiz Rosas y autora de obras como la colección de cuentos El desván (1989) y la novela El copista (1994), la cual fue finalista del Premio Herralde. En el 2020, su novela Estación delirio fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura.

Gamaliel Churata

Fue un novelista, escritor periodista y filósofo arequipeño. Se le considera como el exponente máximo del vanguardismo y el indigenismo extendido en América Latina. Su obra, además, es calificada como una de las complejas de la cultura occidental. Su trabajo cumbre es El pez de oro (1957) la cual fue publicada en el 2012 pese a haber sido escrito muchos años antes. Es una mezcla de hayllis, harawis, poemas y fragmentos narrativos, con la que Churata intenta recrear las leyendas y mitologías de la región del Collao. Actualmente, esta obra viene siendo estudiada, puesto que resulta casi imposible de clasificar.

Mariano Melgar

Poeta y revolucionario independentista peruano. Es conocido por haber popularizado los yaravíes, cantos sentimentales de origen popular. El tema central de su obra es el amor por Silvia, la cual se convierte en dolor y despecho. La crítica coloca a Melgar como precursor del romanticismo en América. En Arequipa se le recuerda como un poeta enamorado, pero también como uno de los forjadores de la independencia del Perú.

Un curso para hacer de la palabra escrita la mejor carta de presentación

La Escuela de Edición de Lima y el Centro de Desarrollo Editorial y de Contenidos lanzan un curso que potenciará tus habilidades y destrezas de escritura, lo cual te permitirá elaborar textos correctos en todos los registros. Conoce todos los detalles en el siguiente artículo.

Uno se pregunta para qué perfeccionar la redacción si el trabajo que ejercemos —y donde nos movemos— dista mucho del ámbito de las letras. ¿Para qué conocer las reglas si tengo personas que hacen ese trabajo por mí? ¿Cuál es el uso práctico de la buena redacción? Pues bien, el Curso Integral de Escritura Eficaz (CIEE) está diseñado precisamente para atender estas y otras dudas, para que puedas desenvolverte con la palabra escrita de forma correcta en todo momento.

Esta asignatura está dirigida a todos los profesionales y estudiantes hispanohablantes que busquen perfeccionar sus técnicas de redacción, lo cual ayudará a plasmar lo que realmente se quiere decir en un escrito. Para lograr los objetivos, será necesario adquirir una serie de herramientas que te dotarán de la experiencia necesaria.

A lo largo de 160 horas teóricas y prácticas, comprenderás que una buena redacción es la mejor carta de presentación en todo ámbito, sobre todo el laboral, así como un recurso capaz de brindar soluciones en diversos momentos. A través del análisis de bibliografía especializada y el desarrollo de casos prácticos de redacción, obtendrás una base concreta sobre la cual aplicar la normativa castellana y la creatividad, elemento indispensable en todo proceso de escritura.

¿Estamos en la capacidad de redactar un texto sólido y coherente? Definitivamente, todos podemos aprender. Es así que este curso te permitirá conocer de primera mano los elementos que componen el proceso de escritura, interiorizándolos y adaptándolos a tu proceso personal.

El Curso Integral de Escritura Eficaz cuenta con diez materias, dictadas a lo largo de cinco módulos, de dos meses de duración cada uno. El CIEE se impartirá de manera sincrónica (en línea y en directo) a través de nuestra plataforma virtual.  

Para más información puedes contactarte al siguiente enlace: wa.link/gb8ory. También puedes escribirnos a comercial@escueladeediciondelima.com y a comercial@cdeyc.com

Comunicación personal: letras a una joven correctora

El trabajo del corrector de estilo es una carrera de largo aliento. Por ello, Katherine Pajuelo Lara, docente de la Escuela de Edición de Lima, nos entrega esta comunicación para aquellos que busquen consejos y recomendaciones en torno al oficio de la corrección.

Estimada X:

Agradezco infinitamente tu tiempo y paciencia con mi artículo. Me permito tutearte por este medio, aunque creo que también se me escapó en los comentarios formales en el Drive, espero no te moleste. Me parecieron brillantes todas tus observaciones; me pregunto si cada sugerencia tuya fue espontánea o, como dices cargada de humildad, representó para ti un desafío. Estamos iguales: escribirlo fue todo un desafío para mí. Si bien tus sugerencias de cambio en el estilo eran magníficas (y también fueron muchas, muchísimas), mi respuesta a casi todas fue «Sugerencia no aceptada», y esto se debió a que si las aceptaba, ese texto iba a dejar de ser mío. Una vez le dije a mi asesor de tesis que a mí me costaba mucho usar el estilo académico, peco de directa, quizás. Lo quiera o no, mi estilo en formación me ha hecho batallar en la redacción de mi tesis; no se escribe de la noche a la mañana, cuesta. A ti, sin embargo, como a él, te sale natural. No obstante, fuera de la tesis, me doy la libertad de vestir ideas con estructuras menos acartonadas.

En cuanto a las comas, esas cuya ausencia te espantaba (lo notaba) en las oraciones de orden envolvente, te diré que aprendí que había una puntuación cerrada y otra más flexible. Soy partidaria de esta última. Y es que con la literatura aprendí también que, en ocasiones, las comas estorban, que son como piedras en una acequia, bloquean la fluidez de las ideas. Espero no haber sido una libertina con mi falta de comas al inicio de mis enunciados, pero, sabes, interrumpían. Sentía que (im)ponerlas porque era lo estrictamente correcto le restaba sentido —sí, sentido— a lo que venía después.

Sobre tu estilo de corrección, ahora me toca a mí, si me lo permites, darte mis sugerencias: 1) corrige lo necesario. Si un enunciado funciona sin coma, déjalo. Léelo y reléelo, fíjate el matiz que le da la coma o le quita, entonces sabrás si la dejas o no. 2) Evita dejar comentarios al autor. Hazlo solo cuando el texto corra el riesgo de no ser entendido o percibes que le falta información, que hay información errada o cuando sospechas que un fantasma malo copipegó párrafos de otro texto mientras el autor dormía. Solo lo puntual. Olvídate del «Sugiero que le agregue un espacio», «Sugiero que justifique», «Sugiero…», porque si sugieres, entonces es optativo y estaríamos frente a una lucha de subjetividades. Reduce tus comentarios a lo estrictamente necesario (ojo, yo también agrego comentarios) y corrige de frente, sin miedo, sin pedir permiso por aquello que realmente está mal. 3) No me parece prudente que corrijas en el Drive, porque se vuelve un espiral. Mientras yo te contestaba, tú ya me estabas respondiendo. En esa inmediatez, a ti o al autor se les puede pasar un comentario, porque él también querrá responderte al instante. Que tú respondas mientras el autor responde es un elemento distractor.

Por último, la sugerencia que siempre doy sin que nadie me la pida es leer. Lee. Lee literatura. Por lo general, los expertos en lengua que se dedican a la corrección son cuadraditos: la norma dice, blanco y negro, punto, sanseacabó. Lee con la intención no solo de disfrutar de las letras, sino también de entender; pregúntate por qué el autor escribió así. Sé crítica. Lee los Monólogos de Gálvez Ronceros, pregúntate qué corregirías ahí. Lee a Saramago, por ejemplo, El hombre duplicado o Ensayo sobre la ceguera, por mencionar solo algunitas, y pregúntate cómo harías si te dan un texto suyo, donde escasean los puntos seguidos, los puntos y coma, las rayas de diálogo. Los diálogos los separa con comas, en un mismo párrafo y después de la coma empieza con mayúscula. Lee mucho. Sorpréndete con Yo he de amar una piedra, de Lobo Antunes, ódialo, ámalo, pregúntate qué se corrige. Lee El Espía del Inca, de Dumett, ¿cómo harías? ¿Cómo lo hizo? ¿Cómo se hace? Qué se hace, qué se toca, qué se deja. Pero, sabes, sobre todo, disfruta del camino, que recién empiezas.

Por último, me honras al decirme que no sabías si ibas a estar a la altura de mi escrito. Exagerada. Tienes todas las herramientas a tu favor y un par de ojos de lince acechante. Estás muy bien encaminada, joven caminante. Habías escuchado eso de que para romper las reglas, primero hay que conocerlas, ¿verdad? Tú ya las conoces, date permiso a volar cada tanto. Esas alas te las da la literatura.

Agradecida,

Katherine

Gislene Coloma: «Después de llevar el Curso Integral de Corrección de Estilo, puedo decir que soy una correctora profesional»

Comunicadora, escritora y ahora correctora. Gislene Coloma comparte sus impresiones acerca del Curso Integral de Corrección de Estilo, el cual se encuentra pronto a concluir.

¿Cómo inició tu vínculo con los textos, la redacción y los libros?

Soy comunicadora de profesión y tengo un máster también en comunicación y dirección de contenidos. Leo desde muy chica, eso lo heredé de mi mamá, quien tenía una gran biblioteca. Era de las chicas «raras», a la que premiaban con libros. Cuando tuve que escoger una carrera, me di cuenta de que quería crear cosas distintas con las palabras. La redacción creativa me encantaba, pero no había una carrera dedicada solo a ello. Vi que en la carrera de comunicaciones podía desarrollar esa vocación y el talento que yo creía tener para escribir. Empecé trabajando como guionista y productora de dos programas en Univisión de Costa Rica. Luego regresé a Perú y entré a trabajar como redactora creativa en una multinacional, lo cual me permitió vivir tranquila, criar a mis hijos y estudiar otros temas relacionados a mis aficiones. Sin embargo, sentía que me faltaba una formación profesional, pues todo se basaba simplemente en mi destreza como lectora, pero no conocía las reglas exactas.

Actualmente estás cursando el Curso Integral de Corrección de Estilo en la Escuela de Edición de Lima. ¿Cuál es tu experiencia en el curso? ¿Cómo ha sido este perfeccionamiento y de qué forma lo vienes asimilado?

Me siento mucho más segura para sustentar lo que antes era instintivo. Empecé con un taller de corrección de estilo, el cual me abrió todo un mundo lleno de posibilidades. En aquel entonces yo ya había escrito un libro de haikus y quería escribir más. A decir verdad, me la paso corrigiendo todo lo que leo, así que pensé que tenía alma de correctora. Además, por lo que me enteré, la Escuela de Edición de Lima era la única que daba esa formación. En el 2022 entré al Curso Integral de Corrección de Estilo, que ofrece una formación de casi un año. Puedo asegurarles que me siento más segura al sustentar cualquier cambio hecho por el autor o cualquier variación en la redacción. Sabemos que los autores somos muy sensibles con nuestros textos, pero estoy en la capacidad de mejorarlos y sustentarlos con conocimiento de causa. Conozco las reglas, sé por qué se tiene que escribir de una manera y no de otra. Hoy en día trabajo como consultora de comunicaciones y he incursionado ya en el tema de la corrección profesionalmente. Estoy corrigiendo una novela para una autora que vive en Estados Unidos. A medida que corrijo aprendo más, practico más y me agrada el hecho de que puedo hacerles consultas a los profesores. Me falta muy poco para terminar el Curso Integral de Corrección de Estilo, pero puedo decir que ya soy una correctora profesional.

Dices que la plana docente de la Escuela de Edición de Lima te ha ayudado con tus consultas, es decir, ¿consideras que la formación y el vínculo con los profesores es algo que se ha fortalecido en este tiempo?

Estoy encantada con los profesores. Cada docente es una fuente de sabiduría que yo no me imaginaba que existía. Son muy buenos, la selección de profesores es extraordinaria e impecable. Tal es así que, si pierdo una clase, siento que se me escapa algo importante, porque cada clase descubro nuevas cosas. El nivel de los profesores es muy alto, lo cual me ha dejado gratamente sorprendida. Creo que todo aquel que trabaje con las palabras debería tomar esta formación en corrección de estilo. Lo recomiendo totalmente.

¿Cómo ha sido tu experiencia al llevar el curso de manera virtual?

Sí funciona. Hay algunos temas un poco más pesados que otros, porque hay que leer bastante. Ahora estamos en una etapa en la que leemos mucho, analizamos y corregimos sobre lo que está en pantalla, cosa un poco más densa. Pero más son las ganancias, porque, por ejemplo, cuando llevé el primer curso en la Escuela de forma presencial, me era difícil llegar a la hora. Con la virtualidad, en cambio, es excelente. No lo tomaría de otra manera.

En algunas promociones ingresan también estudiantes de otros países, quienes comparten sus experiencias en el salón.

Sí, es súper interesante. Tengo compañeros de México, de Chile, de Colombia y es muy enriquecedor compartir con ellos, lo cual no podría ser posible en la presencialidad.

Tú eres comunicadora y te asumes como una correctora de estilo profesional. ¿Qué importancia tiene redactar bien en el trabajo? ¿Cómo aplicamos el tema de la redacción y la corrección en el trabajo, después de adquirir las herramientas en el Curso Integral de Corrección de Estilo?

En principio, debemos entender que la corrección no es redactar. Pasa mucho que te dan textos mal redactados para corregir y eso supone ya otro trabajo, pues implica no solo revisarlos sino, en ocasiones, reescribirlos. Puedes corregirlos, obviamente, pero si la casa está mal construida, por más que la pintes, la tarrajees o le pongas un nuevo techo, la base seguirá endeble. Cuando recibo textos, los leo por completo para saber si voy a pintar la casa o a cambiar tuberías, pues encuentro que muchas personas no saben redactar, que es lo primero. El corrector está para descubrir lo errores sobre algo que está más o menos bien redactado. Este curso de corrección me ha servido para saber identificar esos puntos.

Hay personas que dicen: «Soy de otra carrera, por lo tanto, no tengo la obligación de redactar bien». Desde tu punto de vista como redactora, ¿esto es un error?

Todos tenemos que aprender a redactar. Ahora, no es que estudias un curso de redacción y listo, ya sabes redactar. Hay todo un bagaje de lectura detrás. En una oportunidad fui jefa de redacción y luego gerente de contenidos, y lo que me más me costaba encontrar era buenos redactores. En principio, porque no hay una carrera específica de redacción y porque el redactor es una rara avis que lee mucho y que no sabe canalizar todo ese conocimiento. El redactor no nace con un solo curso; se macera con los años, la lectura y la práctica. Un buen redactor se nutre de lecturas, hasta que alcanza su perfeccionamiento. No tiene que ver con la carrera sino con haber leído mucho.

Quisiéramos saber tus impresiones finales sobre la escuela, los profesores, los compañeros.

Bueno, la Escuela me parece maravillosa, los profesores excelentes, me encantaron las clases. Estoy muy orgullosa por la certificación que voy a obtener. Gracias a este curso he despertado la curiosidad por investigar qué otras actividades sobre corrección hay en otros países. He descubierto que hay un gran universo de correctores. Pero, además de corregir, también quiero escribir y creo que ahora puedo hacerlo mejor. Asimismo, creo que se abre para mí un mundo que yo creía que no existía, la verdad no sabía que podían generarse ingresos corrigiendo textos. Tengo la posibilidad de trabajar en corrección, escribiendo mejor, sustentar cualquier cosa que haga en el campo de la comunicación e, incluso, en la docencia. Gracias a la Escuela, he descubierto todo este abanico de posibilidades.

Libros (y autores) imprescindibles para celebrar fiestas patrias

En el marco de las fiestas patrias, también hay lugar para la buena literatura hecha en Perú. Aquí te dejamos una lista de libros para alegrar el espíritu peruano.

En octubre no hay milagros – Oswaldo Reynoso

Librazo de aquellos. Se trata de la primera novela del laureado poeta y narrador Oswaldo Reynoso, la cual causó gran controversia, tras su publicación en 1965, al ser considerada como «inmoral y grosera». La historia narra las peripecias de una familia que precisa de un milagro para solucionar un gran problema. Irónicamente, el hecho ocurre durante las festividades del Señor de los Milagros.

La conciencia del límite último – Carlos Calderón Fajardo

Esta novela es una joya. De la pluma de uno de los escritores peruanos más talentosos surge esta historia que narra el quehacer de un reportero de noticias policiales que debe cubrir muertes a diario para rellenar la primera plana de un diario sensacionalista. De pronto, empieza a imaginar dichos crímenes, lo cual genera una colisión entre realidad y ficción. Desde su publicación en 1990, se ha convertido en un referente de la novela negra peruana.

Perro con poeta en la taberna – Antonio Gálvez Ronceros

La primera y única novela del maestro del cuento peruano. Un poeta limeño llega a la ciudad de Huancayo para participar en un recital. Al no encontrar el local donde se llevará a cabo el evento, entra en una taberna a conversar y beber en compañía de un enigmático perro que habla y camina en dos patas. Esta novela representa un mordaz crítica al ambiente literario nacional, especialmente a la esfera poética y los poetas. Por las páginas de este libro discurre un humor fino y un exquisito trabajo del lenguaje.

La horda primitiva – Pilar Dughi

Dicen que encontrar es libro es como hallar un Santo Grial. Pero, para un lector avispado, no hay ejemplar que se le resista. Esta colección presenta trece relatos en los que Pilar Dughi explora los dilemas que marcan el ritmo de la vida. Asimismo, el azar y la experiencia de los seres humanos frente a esos problemas dotan a estos cuentos de una sensibilidad por demás atrapante. Lo curioso de este libro es que muchos de los cuentos se dirigen al lector en primera persona, revelando así las miserias, la soledad y la desesperanza que los abate. Vale la pena buscarlo y conocer un poco más acerca de la obra de Dughi ya que, lamentablemente, no gozó de las reimpresiones debidas.

Conversación en La Catedral – Mario Vargas Llosa

Un clásico de la literatura peruana. Según Vargas Llosa, ninguna otra de sus obras le dio tanto trabajo en cuanto a revisiones y reescrituras. La pregunta medular de esta novela se ha convertido en una de las frases más recordadas: «¿En qué momento se había jodido el Perú?». Esta interrogante nace del pesimismo de Santiago Zavala (Zavalita) protagonista y alter ego del autor, quien es incapaz de comprender la realidad peruana. La historia es una revisión cruda de la corrupción moral y la represión política durante la dictadura de Manuel Odría.

La palabra del mudo – Julio Ramón Ribeyro

Cerramos esta lista con una de las colecciones de cuentos más entrañables. Desde su publicación en 1972, cada edición amplió la cantidad de relatos hasta completar toda la producción cuentística de Ribeyro. Por ejemplo, por los 90 años de esta obra magna, la editorial Seix Barral lanzó una edición conmemorativa, con un interesante prólogo de la escritora española Sara Mesa. En el año 2021, Alfaguara publicó todos los relatos de La palabra del Mudo como parte de su colección Cuentos completos. Si gustan de los relatos cortos, echar mano de Ribeyro siempre será una excelente opción.

Kafka: Seres inquietantes – Miguel Gutiérrez

Uno de los ensayos más celebrados del autor piurano. Esta segunda edición rescata un estudio pormenorizado del canon literario del escritor checo Franz Kafka (1883-1924), el cual comprende un análisis crítico de sus cuentos y novelas, a partir de los distintos personajes que pueblan sus historias. Este ensayo busca acercar tanto a lectores versados como a aquellos que se introducirán por primera vez en el universo kafkiano. Libro de cabecera, pues, desde la mirada de uno de los autores peruanos más célebres, se profundiza en el complejo universo kafkiano.