Con algo más de un centenar de páginas, el escritor mexicano logró impresionar al mundo entero y, desde su debut, renovó por completo la forma de hacer literatura.
Un día como hoy, 7 de enero, hace 35 años, el escritor de El llano en llamas (1953), Pedro Páramo (1955) y El gallo de oro (1980) dejó este mundo. La profundidad y el impacto que estas tres obras causaron fue suficiente para que destacadas figuras del ambiente literario lo admiraran, tanto como para seguir hablando de él —quien solía decir poco.
Hubo en Rulfo dos personas: el autor de aquellas historias soberbiamente construidas que había asimilado de manera astuta y sutil la lección de los grandes narradores: de Joyce a Faulkner, de Proust a Virginia Wolf. De otro lado, el hombre humilde, provinciano, medio perdido y sonámbulo en la gran urbe y la vida moderna, enfermo de nostalgia y soledad.
Mario Vargas Llosa.
El escrutinio a fondo de la obra de Juan Rulfo me dio por fin el camino que buscaba para continuar mis libros, y que por eso me era imposible escribir sobre él, sin que todo esto pareciera sobre mí mismo; ahora quiero decir, también, que he vuelto a releerlo completo para escribir estas breves nostalgias y que he vuelto a ser la víctima inocente del mismo asombro de la primera vez.
Gabriel García Márquez
Los temas que trató Rulfo no han dejado de tener una importancia capital. Vemos la dolorosa actualidad de sus temas en relatos como “Paso del Norte” (de El llano en llamas), que termina en una balacera en la que los migrantes arriesgan su vida. Este tipo de historias cobran relevancia en tiempos de Donald Trump.
Juan Villoro
Juan Rulfo tiene una visión única, los personajes que narra son poderosos. Hay que leerlo para saber cómo desarrollar personajes, lo leo antes de calentar motores para escribir.
Werner Herzog
Rulfo emplea términos del castellano viejo conservados por el campesino y fundidos con palabras que ha deformado a su modo, fundidos en una sintaxis que requiere del genio para hacer de ella un medio de expresión tan poderoso o más que el castellano culto que tiene siglos al servicio de la invención humana.
José María Arguedas
Rulfo no crece hacia arriba sino hacia adentro. Más que hablar rumia su incesante monólogo en voz baja, masticando bien las palabras para impedir que salgan. Sin embargo, a veces salen. Y entonces Rulfo revive entre nosotros el procedimiento de ponerse a decir ingenuamente atrocidades, como un niño que repitiera las historias de una nodriza malvada.
Elena Poniatowska
Me considero un drogadicto de la página en blanco como lo fuera el propio Juan Rulfo, que se negó a escribir más de lo estrictamente necesario.
Nicanor Parra
La novela de Rulfo no sólo es una de las obras maestras de la literatura mundial del siglo XX, sino también uno de los libros que más influyó a otros en este siglo.
Susan Sontag
A través de Pedro Páramo, podemos encontrar en el hilo que nos conduce a la nueva novela latinoamericana y a su relación con los problemas que plantea la llamada crisis internacional de la Novela.
Carlos Fuentes.
Gracias a Pedro Páramo entré en el maravilloso bosque de la literatura latinoamericana. Averigüé que Rulfo había influido en García Márquez, así como en algunos otros escritores de su generación.
Tahar Ben Jelloun
Pedro Páramo, en concreto, me paraliza, quizás porque leerlo fue una experiencia literalmente extraordinaria, parecida a la que tenemos cuando un sueño es tan intenso —más intenso que la vida— que acaba convirtiéndosenos en incomunicable para los demás.
Enrique Vila-Matas
Juan Rulfo dijo lo que tenía que decir en pocas páginas, puro hueso y carne sin grasa, y después guardó silencio.
Eduardo Galeano
Encuentro de Jorge Luis Borges con Juan Rulfo en México, 1973.
Jorge Luis: Imagínese, don Juan, lo desdichado que seríamos si fuéramos inmortales.
Juan: Sí, verdad. Después anda uno por ahí muerto haciendo como si estuviera uno vivo.
Jorge Luis: Le voy a confiar un secreto. Mi abuelo, el general, decía que no se llamaba Borges, que su nombre verdadero era otro, secreto. Sospecho que se llamaba Pedro Páramo. Yo entonces soy una reedición de lo que usted escribió sobre los de Comala.
Juan: Así ya me puedo morir en serio.
Conversación entre Juan Rulfo y Jorge Luis Borges en 1973
Cada año, cuando faltan pocos días para que acabe, nos detenemos a ver quiénes han partido y buscamos recordarlos a manera de homenaje. Y a pesar de que la muerte es una condición de la vida misma, siempre nos entristece la partida de personas que han formado parte de nuestras vidas, nuestras lecturas y nuestros pensamientos.
El 7 de enero de este año falleció a los 52 años Elizabeth Wurtzel, autora neoyorquina de un bestseller que logró identificarse con gran parte de la generación noventera y con los problemas que presentaban: Nación Prozac. El 9 de ese mismo mes, a los 90 años, el historiador peruano Pablo Macera murió, dejando como legado casi medio centenar de obras.
El 3 de febrero falleció el notable intelectual, ensayista y crítico literario francés George Steiner, uno de los pensadores más relevantes de las últimas décadas. El 24 de ese mes murió otro importante personaje del siglo XX, el filósofo y científico argentino Mario Bunge partió a los 100 años.
El primer día de marzo, el sacerdote, poeta y teólogo nicaragüense Ernesto Cardenal falleció a los 95 años. Cardenal formó parte del Frente Sandinista de Liberación Nacional y fue ministro de Cultura de Nicaragua luego de la caída de Somoza. El 17 de marzo murió el escritor y político ruso Eduard Limónov a los 77 años, quien con su obra dio un giro a la literatura de su país. Enemigo declarado de Putín, su vida fue recogida por Emmanuele Carrère en Limónov.
El 4 de abril falleció el cantautor español Luis Eduardo Aute a los 76 años. El 15 de ese mismo mes, el notable escritor brasilero Rubem Fonseca murió a los 94 años. Al día siguiente, víctima del Covid-19, falleció el escritor chileno Luis Sepúlveda a los 70 años, luego de estar hospitalizado por casi mes y medio. Y el 18 de abril murió la narradora mexicana Amparo Dávila, quien tenía 92 años.
En 9 de junio falleció el gestor cultural peruano Luis Repetto a los 66 años. El 19 de ese mes murió el admirado Carlos Ruiz Zafón a los 55 años, autor español del bestseller universal La sombra del viento con más de 15 millones de copias vendidas, así como merecedor de una larga lista de premios internacionales. Y el 27 de junio falleció la editora española Belén Bermejo a los 51 años.
El 18 de julio nos enteramos de la noticia de la muerte, a los 87 años, del notable escritor español Juan Marsé, una de las plumas más importantes del siglo XX, autor de obras como Últimas tardes con Teresa y Noticias felices en aviones de papel.
El 16 de agosto falleció el editor español Manuel Arroyo-Stephens, fundador de la notable editorial Turner y autor de Pisando ceniza, donde narra su vida en torno al mundo de los libros.
El 30 de septiembre, a los 88 años, falleció el argentino Quino. El creador de personajes entrañables como Mafalda —y sus amigos— falleció en la ciudad de Mendoza. El estilo de su obra se caracterizó por la crítica social directa y reflexiva.
El 12 de diciembre tuvimos que despedir a John le Carré. El escritor británico falleció a los 89 años. Le Carré a lo largo de su vida desarrolló su obra en torno a historias de espionaje, sobre todo en la Guerra Fría, por lo que tuvo que dar un giro de timón cuando las relaciones entre Rusia y Estados Unidos se calmaron. Muchas de sus obras fueron llevadas al cine.
En estos días, Stan Lee habría cumplido 98 años. El creador de Marvel revolucionó el mundo de los cómics al traer al mundo, desde su posición de editor,un nuevo tipo de superhéroes..
Escribe Juan Molina
Stan Lee fue uno de los forjadores de la actual industria editorial del cómic, no solo para Estados Unidos, sino para Occidente en general. Fue el creador de las historias de los Fantastic Four, Spiderman, X-Men y varios vengadores: Iron-Man, Thor, Black Panther, Ant-Man o Scarlett Witch. En honor a su onomástico, repasemos sus orígenes dentro del mundo editorial de los cómics.
La historia de Stan Lee empieza en su juventud. Entonces tenía el sueño de ser un gran escritor, al igual que sus ídolos sir Conan Doyle y Robert Louise Stevenson, por lo que reservaba su nombre original —Stanley Lieber— para el momento en el que lograra alcanzar la fama con su primera novela. Como tenía apenas quince años, pasó algún tiempo dentro de la industria trabajando para una de las editoriales que creó su tío político, Martin Goodman. Allí escribió breves historias para el personaje del Capitán América, creado por el editor del entonces Timely Comics, Joseph «Joe» Simon y el dibujante Jack Kirby.
En 1941, Joe Simon es despedido y Stan asume el puesto de editor jefe cuando tenía dieciocho años. Sus labores en este puesto se verán temporalmente interrumpidas para participar de forma voluntaria en la Segunda Guerra Mundial. A su regreso, cuatro años después, la llamada «edad de plata» de los cómics había acabado y las historias de superhéroes empezaron a perder la popularidad ganada entre los lectores, siendo reemplazada por historias cómicas y con animales antropomórficos como protagonistas. Además, la aparición del ensayo Seduction Of The Innocent (1954) del psiquiatra Fredric Wertham terminó por catapultar el descenso de esta rama editorial. La tesis de este texto se basaba en que los cómics son los principales culpables de todos los males sociales como la delincuencia, el alcoholismo y la drogadicción.
Un poco antes de la publicación del ensayo, Goodman cambió el nombre de la editorial por Atlas Comics con el objetivo de renovar la imagen de la empresa. Stan se hizo con los jóvenes ilustradores Jhon Romita (Sr.) y Steve Ditko, quienes trabajaron como colaboradores externos; pero las ventas apenas alcanzaban para cubrir los gastos de impresión y distribución.
No será hasta 1961 cuando la editorial adoptaría el nombre de la primera revista que lanzaron tres décadas atrás: Marvel Comics. En ese año, Stan pensaba retirarse de este mundo. Estaba aburrido de historias tan simples y mal vistas por otros sectores editoriales. Por su parte, Goodman vio que la empresa Detective Comics (Ahora DC Comics) publicaba una de las historias más ambiciosas para la época: La Liga de la Justicia, y le pidió a Stan que clonara la fórmula. Él no estaba convencido de poder hacerlo; fue su esposa quien le dijo que, si se iba a retirar de todas formas, hiciera una historia como a él le gustara.
Así fue como Stan escribió el primer número de los Fantastic Four, acompañado de los dibujos de Jack Kirby. Con aquella publicación empezaron los cambios positivos para la futura «Casa de las Ideas». El leitmotiv de aquel cómic era borrar la imagen plana de superhéroes y brindar profundidad psicológica a los personajes, a la vez que eran enmarcados en un contexto más real. El éxito de este número hizo que repitiera la idea con más personajes.
El interés que Stan Lee tenía por mostrar a los superhéroes como seres humanos marcó el derrotero que al día de hoy se sigue. También resalta la idea de mantener a los personajes de cada título —y a la editorial en general— cercanos a los lectores, logrando posicionar a la naciente Marvel Comics, la cual se ha mantenido como una gran marca a través del tiempo, a pesar de las duras épocas que tuvo que pasar.
La literatura peruana se ha caracterizado por inmortalizar los momentos más resaltantes en la vida de los ciudadanos, y la Navidad no ha sido una excepción. Este es un breve repaso por textos clásicos de las letras peruanas que han marcado nuestro espíritu navideño.
La Navidad es una fiesta para unirse con la familia y rememorar en una cálida cena los mejores momentos que hemos pasado a lo largo del año. José Carlos Mariátegui escribió un lúcido ensayo titulado originalmente como Navidad en nuestra época (1923) y luego recopilado por Alberto Tauro como Divagaciones de Navidad (1948). En él, hace mención que en Europa y Estados Unidos esta fiesta tiene un carácter íntimo: «no es, consiguientemente, una fiesta de la calle sino una fiesta intima. Navidad se festeja en el hogar». Nuestras letras nacionales coinciden con este espíritu y brindan a los lectores diversas obras literarias que es necesario recordar. Dejemos un momento de lado la Canción de Navidad de Charles Dickens o el Cascanueces de Ernst Hoffman y prestemos atención a las siguientes joyas navideñas.
Poesía
La lírica peruana ofrece a los lectores una diversidad de emociones que acompañan a esta época. Te presentamos un par de los poemas más bellos.
«Nochebuena» (Los heraldos negros, 1919)
Al callar la orquesta, pasean veladas
sombras femeninas bajo los ramajes,
por cuya hojarasca se filtran heladas
quimeras de luna, pálidos celajes.
Hay labios que lloran arias olvidadas,
grandes lirios fingen los ebúmeos trajes.
Charlas y sonrisas en locas bandadas
perfuman de seda los rudos boscajes.
Espero que ría la luz de tu vuelta;
y en la epifanía de tu forma esbelta
cantará la fiesta en oro mayor.
Balarán mis versos en tu predio entonces,
canturreando en todos sus místicos bronces
que ha nacido el niño-Jesús de tu amor.
Abrimos la lista con el poeta peruano más universal. César Vallejo nos entrega el poema «Nochebuena», donde las metáforas ensalzan a la mujer a través de flores en los versos: «sombras femeninas bajo los ramajes», y luego «grandes lirios fingen ebúmeos trajes». La mujer se confunde con el lirio, símbolo de pureza. Por ello, no es gratuito que el último verso sea: «que ha nacido el niño-Jesús de tu amor». La voz poética reconoce la pureza de la mujer a la que se dirige, pues del amor de ella ha nacido Dios.
«Navidad» (Amauta N.°10, 1927)
Tus ojos
unen las manos
como las madonas
de Leonardo.
los bosques de ocaso,
las frondas moradas
de un Renacimiento sombrío
El rebaño del mar
bala a la gruta
del cielo, llena de ángeles.
Dios se encarna
en un niño que busca los juguetes
de tus manos.
Tus labios
dan el calor que niegan
la vaca y el asno.
Y en la penumbra,
tu cabellera mulle sus pajas
para Dios Niño.
Martín Adán también avanza por un camino similar a Vallejo: «Y en la penumbra / tu cabellera mulle en pajas / para Dios Niño». Se revela ante el lector una relación entre la mujer y la divinidad, cuyo resultado es el enaltecimiento de su papel como Virgen y la cercanía que ella presenta con Cristo.
Prosa
La prosa peruana también está atenta a las fiestas navideñas. A diferencia de la poesía, la prosa refleja el otro lado de la Navidad: la que se escapa de la unión e intimidad familiar, brindado un interesante contrapunto al señalar el espacio público como el más navideño y las vicisitudes que pueden atravesar los niños.
«El mes de diciembre en la antigua Lima» (Tradiciones peruanas, 1883).
En Navidad en nuestra época de Mariátegui, también se revela que estas fiestas en Perú no se parecen a las de Europa y Estados Unidos. En Perú, la Navidad es una «fiesta de la calle». En esta tradición, Palma cuenta cómo la clase aristocrática y el pueblo se divertían alrededor de las plazas; las misas podían durar hasta dos horas e incluían los ya conocidos villancicos: «Arre, borriquito, / vamos a Belén, / que ha nacido un niño / para nuestro bien. / Arre, borriquito, / vamos a Belén, / que mañana es fiesta; / Pasado también». Bailes populares como la zamacueca y los nacimientos especialmente armadas durante este mes eran acompañados con «un vaso de jora, chicha motada […] bautizadas con el nada limpio nombre de orines del Niño». Sin duda, desde hace siglos, diciembre y la Navidad han cautivado a todos los peruanos.
El cuchichancho (El cuento peruano, 1959-1967 [compilación], 1984)
El cuento de Felipe Sanguinetti empieza en algún lugar de Barrios Altos, donde existe un tamalero singular. Con la clásica fórmula que distingue y dignifica este oficio, el cuchichancho pregona: «tamales, con orejas de muchacho». Frase simple, y poderosa arma de los padres contra niños traviesos. Será durante la Navidad que uno de estos niños pide a Papá Noel que cambia su pelota de cuero con el número 5, si mata al cuchichancho porque es malo y «mi mamá dice que me va a entregar a él cuando venga y yo no quiero que me lleve». El final de la historia hará que más de un niño vuelva a pensar en pedir la muerte del tamalero.
Si uno de tus deseos para este 2020 fue cambiar los clásicos filmes que se transmiten todos los años, aquí te ayudamos a lograrlo. Conoce cinco películas estrenadas en los últimos años con el clásico motivo navideño.
Cada año, las personas solemos repetir las incansables películas navideñas. No importa al género que pertenezcan, animación, live-action, drama, comedia o terror, lo importante es que en la pantalla aparezcan los insignes colores rojo y blanco, los árboles nevados o un recuento de la vida de Jesucristo. Sin embargo, este 2020 ha sido irrepetible, y brinda la excusa perfecta para renovar el catálogo de películas que podemos ver por Navidad.
Crónicas de Navidad (EE. UU. Clay Kaytis, 2018)
Acompaña a los hermanos Pierce en una aventura completamente inesperada. Luego de la muerte de su padre, Teddy pierde el espíritu navideño y su hermana Kate será la encargada de convertirlo en un «creyente verdadero» para mantener el legado familiar. El método: grabar al mismísimo Papá Noel; el problema: estrellar su trineo. Lo más resaltante del filme es la reinterpretación del mito de Noel: su origen, la entrega de regalos y la razón por la que es avistado en algunas ocasiones.
Krampus: El terror de la Navidad (EE. UU. Michael Dougherty, 2015)
Si creíste que los Gremlins son las únicas criaturas que pueden arruinar la Navidad, es hora de conocer a la sombra de Santa Claus. Max y su familia han perdido el espíritu de estas fiestas en medio del centro comercial y una obra de teatro. La llegada inesperada de la tía Linda en compañía de su impresentable esposo e hijos maleducados obligará al protagonista a tomar la peor decisión de su vida: romper su carta a Santa Claus y decir que odia la Navidad. Poco a poco, la familia quedará aislada y acechada por Krampus, una criatura infernal cuya única razón de existir es llevarse a las familias que han perdido el espíritu navideño.
La noche buena es mi condena (Brasil. Roberto Santucci, 2020)
Cuando naces en Navidad, tus padres creen que eres el mejor regalo que la vida les puede dar. Pero desde la perspectiva del cumpleañero esto puede llegar a ser una tortura para toda su vida. Acompaña a Jorge a resolver sus problemas con la fiesta predilecta de las familias cuando se ve atrapado en un bucle temporal que solo le permite tener conciencia de lo que pasa durante esta época del año.
La primera Navidad (Italia. Salvatore Ficarra y Valentino Picone, 2019)
En un pequeño pueblo de Italia, el padre Valentino está empecinado, como cada año, en realizar un nacimiento viviente. Por ello, realiza audiciones anuales para seleccionar a la Sagrada Familia. Salvo, un ladrón de poca monta y carente del espíritu cristiano de la Navidad, decide postular para representar a José. Dentro de la parroquia existe una antigua estatua de Jesús que Salvo desea vender, pero no contaba con ser descubierto en pleno robo por el padre Valentino. En plena persecución, una extraña muchacha los guiará hacia unos matorrales que los transportará por el tiempo y el espacio hasta el año del nacimiento de Jesús, dando lugar a situaciones entreveradas mientras buscan la manera de regresar a su época.
Klaus (España. Sergio Pablos, 2019)
En este filme animado español se tiene a Jesper, el hijo de una familia acomodada que debe su fortuna a sus labores de mensajería. Cuando el padre de Jesper observa que él no tiene interés en el negocio familiar (y en ningún otro, de hecho), decide enviarlo a una lejana isla del círculo polar ártico con la misión de enviar más de 6000 cartas en un año o será desheredado. El muchacho encontrará su primera piedra al ver que en la isla viven dos clanes que están peleados desde tiempos remotos, razón por la que no se envían cartas. También se encuentra un solitario leñador llamado Klaus, quien tiene en su casa cientos de juguetes hechos por él mismo. Todo comenzará a moverse cuando un niño está muy triste porque su padre no lo deja salir de casa. Enternecido por esta crueldad, Klaus obligará a Jesper a llevarle un patito de madera para alegrar al pobre niño. ¿Podrá Jesper jugar con todos estos recursos a su disposición para iniciar la tradición de enviar cartas?
Mientras el mundo entero estará buscando juguetes, artículos tecnológicos, ropa o joyas para regalar por Navidad, en Islandia el regalo preferido es un libro.
La lectura, en general, no ha sido una prioridad desde que apareció la tecnología para distraernos. Es más sencillo ver una película o una serie que leer un libro. Sin embargo, hay un país donde los libros siguen manteniendo un lugar importante dentro de la población, y este lugar privilegiado destaca más al llegar las fiestas navideñas. Esto ocurre en Islandia, donde se rinde culto a los libros en el Jólabókaflóð.
La palabra literalmente significa «río de libros en Navidad». Esta práctica surgió durante la Segunda Guerra Mundial, donde hubo fuertes limitaciones en los artículos importados. Uno de los pocos que no tuvo tantas restricciones fue el papel, por lo que los libros fueron el regalo de Navidad predilecto durante la guerra, dejando de lado las muñecas y los trenes. Desde entonces, regalarse libros la noche del 24 de diciembre forma parte de la tradición navideña entre las familias islandesas.
La Asociación de Editores de Islandia envía un catálogo impreso de las nuevas publicaciones a cada vivienda de la isla. Así, de la misma forma que la puesta del árbol navideño en los centros comerciales indica el comienzo de diciembre, la llegada de este catálogo a los hogares marca el inicio de las fiestas de fin de año para los habitantes de Islandia.
Bókatíðindi, el catálogo de las novedades de libros que se envía cada año a los hogares de todos los islandeses.
La celebración de esta fiesta indica el gran hábito lector que existe entre los islandeses. De acuerdo a la BBC, uno de cada diez islandeses publicará un libro a lo largo de su vida. Asimismo, la isla cuenta con 83 bibliotecas para sus 360 000 habitantes. Como consecuencia, casi el 100% de la población es alfabetizada, y ocupa un lugar muy importante entre los niveles de educación en el mundo.
En los últimos años el ingreso de plataformas de streaming incrementó la pasión por las series. Hoy estas han tomado nueva vida y se han convertido en éxitos en las librerías.
Escribe Talía Chang
Los libros, tanto clásicos como bestsellers, han sido una fuente de inspiración para crear películas y series desde los inicios del cine. Piezas emblemáticas del séptimo arte como Lo que el viento se llevó (1939), El padrino (1974)o El exorcista (1973) se basaron en clásicos y bestsellers del siglo veinte. Netflix no ha sido la excepción. Sin embargo, en los últimos años la enorme base de fans que ha reunido la plataforma logró crear el efecto opuesto: libros basados en la ficción creada por estas series.
Si bien antes de estas publicaciones se habían escrito libros sobre series, en todos se las trataba como objeto de estudio, ya sea desde el punto de vista de la comunicación audiovisual, la fotografía, el guion, etc. La diferencia con estas nuevas publicaciones es que estos libros están hechos para los fans. Entre sus páginas se continúa la ficción para crear historias paralelas, revelar detalles extras para conocer más sobre la elaboración de la serie o para realizar estudios desde diversas disciplinas basándose en el universo creado.
Estos libros pueden considerarse como parte del merchandizing de la serie. Sin embargo, no hay que disminuir su valor de novedad editorial, y el valor comercial que tienen dado que su base de compradores es nada menos que los millones de seguidores de estas series.
La casa de papel. Escape book, de Ivan Tapia (Lunwerg Editores, 2019)
Basado en la serie La casa de papel (Netflix, 2017)
Se cuenta la historia de Sergio Marquina antes de convertirse en el Profesor y el líder del mayor asalto en la historia de España. Un personaje importante de este libro es el mejor amigo de Sergio, Jero Lamarca. Después del asalto a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, Jero recibe un paquete del Profesor con pistas para encontrar su parte del botín. Un libro para los más grandes fanáticos de la serie, pero también un tributo a cómo una historia bien contada puede expandir los límites de la imaginación.
Fanbook. La casa de las flores, de Elena Neyra (Libros Cúpula, 2019)
Basado en La casa de las flores. Netflix, 2018.
Este libro escrito para los fans de la serie abre las puertas para revelar todos los secretos y curiosidades de la familia De la Mora. Recoge todo el contenido, el lenguaje y la ambientación de la serie, así como entrevistas y fotos inéditas para que los fanáticos disfruten y recuerden los mejores momentos de las dos primeras temporadas.
Fanbook. Élite, de Elena Neyra (Libros Cúpula, 2019)
Basado en la serie Élite. Netflix, 2018.
Otra de las obras que Neyra ha hecho para los fans es este libro basado en la serie juvenil del colegio privado Las Encinas y todo el drama que se lleva a cabo dentro y fuera de sus aulas. El libro está ilustrado con fotos inéditas y entrevistas a los actores. Asimismo, los lectores podrán conocer un poco del proceso de creación de la serie, con el guion, los personajes, los decorados o el vestuario.
Todas deberíamos ser Miranda. Lecciones para la vida del personaje más infravalorado de Sexo en Nueva York, de Chelsea Fairless y Lauren Garroni. (Libros Cúpula, 2020)
Basado en la serie Sex and the City. HBO, 1998.
Este libro no trata exactamente sobre la serie. La esencia de esta obra está en la exploración del personaje de Miranda Hobbes, una de las mejores amigas de Carrie Bradshaw, y cómo refleja esa imagen progresista de las mujeres empoderadas que han decidido romper con lo que la sociedad espera de ellas. Un libro para los amantes de la serie, pero también para los feministas.
Breaking Bad. 530 gramos (de papel) para serieadictos no rehabilitados, de Sergio Cobo y Víctor Santaolalla (ed.) (Errata Naturae, 2013)
Basado en la serie Breaking Bad. Sony Pictures Television, 2008.
Breaking Bad es una de las series más aclamadas de la televisión moderna. Walter White y su conversión al magnate de la droga Heisenberg ha capturado a millones de fanáticos a lo largo del mundo, y muchos años después del último capítulo de la serie todavía hay personas adictas a ella.
El volumen reúne a una veintena de autores que analizan la serie desde varios puntos de vista, pasando por la teoría de la comunicación, la sociología, la política, la literatura, el periodismo o la historiografía de las drogas. Entre los autores se encuentra Vince Gilligan, el creador de la serie, que ofrece una amplia entrevista.
Este libro forma parte de una colección de la editorial Errata Naturae sobre las mejores series de la televisión y su relevancia en la cultura contemporánea. Otros volúmenes incluyen estudios sobre las series The Wire, True Detective y Twin Peaks.
La necesidad de nuevos contenidos para atender el entorno virtual generado por la pandemia ha presionado a muchos a conseguirlos de manera apresurada y sin mayor cuidado; sin embargo, respetar el trabajo de otros y reconocerlo es parte de nuestra responsabilidad moral y profesional.
Escribe Dante Antonioli
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Por lo general, el plagio se ha asociado al ambiente académico, al reproducir en contenidos propios contenidos de otros sin reconocer la fuente de la información utilizada (o citar correctamente) haciéndola pasar como original. Esto es bastante común en trabajos de investigación universitarios o escolares.
Adicionalmente, no pocas veces ha ocurrido que, bajo el concepto de «contenidos para uso educativo», se han recopilado contenidos de distintos sitios y se ha «construido» un «nuevo» contenido, sin mencionar a ninguna de las fuentes que han dado origen a este. Muchas veces, también, estos «nuevos» contenidos se han editado, publicado y distribuido en forma impresa o digital como contenidos «originales».
Lo anteriormente descrito son formas de plagio consideradas como delito en la legislación penal peruana (Código Penal, artículo 219) y pueden ser sancionadas hasta con ocho años de cárcel, sin importar el beneficio económico obtenido.
Dante Antonioli
Economista por la Pontificia Universidad Católica del Perú, ha seguido cursos de postgrado en edición (UNESCO), evaluación de proyectos y planeamiento estratégico (BID). Se ha desempeñado como editor académico durante más de 25 años y como gerente comercial de Pearson Educación entre 2012 y 2021. Es docente de Derechos de Autor y Gestión Editorial en la Escuela de Edición de Lima. Es consultor en temas editoriales y planeamiento estratégico para diversas organizaciones, ha participado en diversos congresos, foros y debates sobre el libro y la lectura en Perú y América Latina. Por encargo del Congreso de la República del Perú, participó de la revisión de las autógrafas de las leyes del libro de 2003 y 2020. Es autor de Derecho de autor para autores y editores (EEL, 2019) y de artículos que han aparecido en diversos medios de Hispanoamérica.
Los 250 años de su nacimiento crean el momento preciso para hacer un repaso por la vida, obra y herencia que nos otorga uno de los compositores más importantes de la cultura occidental: Ludwig van Beethoven.
Escribe Juan Antonio Molina
El romanticismo es el paso que sigue, en la historia del arte universal, a la perfección de las formas y el enaltecimiento del pasado grecolatino que propagó al clasicismo. Surgido durante la Alemania del siglo XVIII, es una etapa marcada por la exaltación del individualismo, las tensiones con la naturaleza y una búsqueda de la libertad. Como movimiento cultural tuvo manifestaciones en diversas artes: literatura, arquitectura, pintura o música. En esta última, su nacimiento se encuentra en la figura de Ludwig van Beethoven.
No se sabe con certeza su fecha de nacimiento, pues no está documentada. Sin embargo, un documento fija su bautismo el 17 de diciembre de 1770 en la ciudad alemana de Bonn, por lo que se asume que nació un día antes: el 16 de diciembre.
Descendiente de un linaje de músicos, su padre lo educó para continuar el legado familiar. Desde temprana edad hizo que Ludwig aprendiera piano, órgano y clarinete con la idea de seguir el ejemplo de otro niño prodigio, Wolfgang Amadeus Mozart. El fuerte interés de su padre hizo que en repetidas ocasiones mintiera sobre la edad de su hijo y causara cuestionamientos acerca de la edad que tuvo Beethoven cuando debutó como pianista en marzo de 1778, con tan solo siete años.
Serán las figuras de W. A. Mozart y J. Haydn (quien fuera su maestro junto a Salieri) las columnas que sostendrán el primer período de la música de Beethoven. Sin embargo, su espíritu rebelde e iconoclasta lo llevó rápidamente a renegar de la armonía, la simetría y las formas repetitivas que ofrecía el clasicismo. A partir de esta disyuntiva, empezó a desarrollar nuevas maneras de expresar los sentimientos y el alma humana a través de la música.
El camino hasta lograr esta experimentación del lenguaje musical se divide en tres etapas, según la división propuesta originalmente por el escritor Wilhelm von Lenz, y la cual se ha mantenido a lo largo del tiempo con pequeñas variaciones. Durante la etapa temprana (1782 – 1802), son claras las influencias que ejercen los compositores del clasicismo europeo en su obra (Mozart y Haydn); en este periodo se identifica la composición de su dos primeras sinfonías, o los tres tríos para piano, violín y violonchelo (Opus 1) que dedicó a su maestro Haydn, a pesar de no coincidir musicalmente con él.
Durante la segunda etapa (1803 – 1814) se dieron los primeros síntomas de su terrible sordera. Esto a su vez permitió a Beethoven experimentar con fuertes contrastes dinámicos, acentos explosivos y la extensión de los movimientos de las obras. Los cambios que propuso el compositor fueron tan profundos que aparecieron nuevas formas musicales: el elegante minueto se transformó en un scherzo enérgico y que daba la sensación de estallidos. Entre las obras más destacadas de este periodo está el estreno de su única ópera Fidelio, y de las Sinfonías N.° 7 y 8. Al inicio de esta etapa se ubica su famoso Testamento de Heiligenstadt, donde reconocía la profunda depresión que lo embargaba al perder la audición hasta el punto de querer suicidarse, así como sus ganas de superar este mal a como diera lugar.
La última etapa (1815 – 1827), marcada por su avanzada sordera, se define como el momento de mayor introspección a su persona, lo que permitió al músico profundizar en formas totalmente novedosas para la época. Asimismo, en estos años se inician los cambios más profundos en lo que respecta a la función de los músicos dentro de la sociedad. Beethoven obtuvo la libertad de componer a gusto propio gracias a un trato que hizo con sus mecenas. El trato consistía en un pago mensual de 4000 libras esterlinas a cambio de quedarse en Viena. Este fue el hito que inició la independización de los músicos, quienes, antes de él, se veían forzados a vivir como sirvientes de las familias aristocráticas o morir en la extrema pobreza, como sucedió con Mozart. Los últimos años verán el estreno de sinfonías como La Heroica — dedicada inicialmente a Napoleón, pero luego su nombre fue tachado de la partitura luego de que este se nombrara como Emperardor—, sus últimas sonatas para piano y la famosa «Novena sinfonía», donde incluía una voz humana.
La obra del compositor romántico, 250 años después, sigue teniendo un gran impacto en la cultura popular, siendo adaptada innumerables veces para distintos medios como películas (X-Men Apocalipsis), dibujos animados (Fantasía de Walt Disney), himnos (la Novena fue adaptada a pedido de la Unión Europea y renombrada como Himno de la Alegría), y otros géneros como el rock y la salsa. A nivel tecnológico, también tuvo una gran influencia: se dice que los primeros CD-ROM fueron diseñados por un equipo impulsado por el famoso director de orquesta Herbert von Karajan para durar 74 minutos y 33 segundos (en vez de los 60 minutos previstos inicialmente) con la única intención de lograr reproducir la «Novena sinfonía». Aunque este dato no está confirmado, los rumores señalan que esta sinfonía era la referencia que Norio Ohga, presidente de Sony de ese entonces, usaba para saber cuál era la extensión necesaria para las grabaciones en el novedoso formato.
Como última curiosidad, la crisis sanitaria que ha atravesado la humanidad a lo largo de este año ha permitido que las personas puedan vivir, de una forma que baila entre la ironía y la justicia poética, el aislamiento que tuvo que pasar Beethoven debido a aquella sordera que lo fue alejando de lo único para lo que aprendió a vivir.
Fotografía de Victoria Guerrero por Rosana López-Cubas
[…] el hecho de que la palabra vuelva al espacio público y vuelva a la voz de los y las jóvenes, junto con este sentido de dignidad que es tan importante, le devuelve cierto fuego y el poder subversivo que había perdido por este uso retórico y deshonroso que había hecho el poder de ella.
Conversamos con Victoria Guerrero acerca de Y la muerte no tendrá dominio (Fondo de Cultura Económica, 2019), libro ganador del premio Nacional de Literatura 2020 en la categoría de No Ficción. Asimismo, hace un recuento de su poesía desde el inicio de su carrera, la forma en que esta ha ido cambiando, el feminismo presente en su poética y en su activismo y algunos de sus escritores más queridos. También remarca la fuerza que volvió a ganar la palabra a raíz de las últimas protestas por la crisis política.
Victoria Guerrero Peirano nació en Lima el 14 de marzo de 1971. Es escritora, investigadora, activista feminista y docente universitaria. Es fundadora del Comando Plath, una plataforma virtual que, junto a otras escritoras, artistas e intelectuales, define su campo de acción desde la expresión artística y la visualización del trabajo de creadoras peruanas. Ha publicado los poemarios De este reino (Los Olivos, 1993), El mar, ese oscuro porvenir (Santo Oficio, 1996), Berlín (Intermezzo Tropical, 2011), Cuadernos de quimioterapia (Paracaídas, 2012), la plaqueta Diario de una costurera proletaria (2013) y el libro compartido con Raúl Zurita llamado Zurita+Guerrero (Fondo de Animal, 2014). También es autora de la novela Un golpe de dados. Novela sentimental pequeñoburguesa (Kodama Cartonera, 2015).
Tu poesía ha abarcado desde la resistencia y las luchas en los primeros poemarios, y luego un poco sobre el desencanto, la muerte y el dolor de la pérdida en el último libro. ¿De qué manera han cambiado tus libros a lo largo del tiempo?
En primer lugar quisiera aclarar que el libro ganador del último premio es un libro mixto, hibrido, de ensayo, se nutre de varias artes, como de la fotografía, y también tiene poesía. Pero como tengo muchos amigos poetas, en cierta forma todos buscan que sea un poemario. Se adapta a la lectura de cada uno, pero no es propiamente un poemario.
¿Cómo ha ido cambiando mi poesía? Yo empecé a escribir en los años noventa. Publiqué mi primer libro a inicios de esa década, se titula De este reino, y está basado en personajes de la Biblia, pero los temas que plantea son temas sociales. Hace visibles las injusticias. Es un poemario más polifónico, de un estilo más conversacional, más narrativo. Y cuando me fui a estudiar a los EE. UU. mi poesía comenzó a cambiar por las lecturas, las bibliotecas a las que puedo acceder, y porque me conectó más con mis propios deseos. También era una escritora joven en los noventa, lo que escribía se confrontaba con lo que había escrito antes, en los ochenta, época en la que hubo todo un boom de la poesía escrita por mujeres, y los centros y ejes eran el cuerpo, aunque cada una tenía sus propios temas. En los años noventa queríamos dar una mirada distinta y creo que cuando uno se aleja de este contexto del Perú, que puede llegar a ser un poco encorsetado —hay muchas demandas sobre la poesía peruana, ya que es muy importante en América Latina y tiene una tradición grande en el siglo xx—, tenía todo el peso de la tradición. Entonces el hecho de que viajara y tomara esa distancia del país y de mis profesores fue importante para mí porque empecé a escribir otros libros. Uno que fue una especie de bisagra fue El mar, ese oscuro porvenir, y luego vinieron otros libros más densos, como Ya nadie incendia el mundo, que tiene como eje central la violencia política, pero también el cuerpo de la mujer como una metáfora. Luego vino Berlín y Cuadernos de quimioterapia cuando ya estoy de vuelta en el Perú. Pero ya esa poética había cambiado totalmente, creo que tenía un carácter, una voz que en los noventa no se había afianzado de esa manera; en esa época creo que era más titubeante, de explotación.
Mi último poemario, Diarios de una costurera proletaria, es quizás otro tipo de experiencia dentro de todo ese recorrido. La poesía es como la música para mí, uno puede tener diferentes líneas donde puede desarrollar un proyecto, y creo que ese gran proyecto fue Ya nadie incendia el mundo, Berlín y Cuadernos de quimioterapia, que se encuentran en este libro llamado Documentos de barbarie, porque estos tres poemarios tienen un hilo narrativo que está condensado en esa publicación. Este también contiene algo de El mar, ese oscuro porvenir, por lo que se puede decir que son tres libros y medio. Son poemarios publicados a inicios del siglo xxi. Y creo que se cerró con ellos el ciclo de ese tipo de poética.
Y la muerte no tendrá dominio (FCE, 2019), libro ganador del Premio Nacional de Literatura 2020.
¿Qué temas exploras en este libro nuevo?
El tema de la relación madre-hija, exploro el tema de la muerte, la burocratización de la muerte en los hospitales, la seguridad social, y también, digamos, la muerte en su sentido más amplio: la relación de poder, la figura materna ideal frente a la materna real, y todos estos arquetipos que se han construido sobre esta figura materna en occidente. Pero, sobre todo, exploro el pasar por ese duelo y cómo este duelo va adquiriendo ciertas dimensiones a partir de ciertas lecturas que hice sobre ese tema. Por ejemplo, Barthes tiene un libro sobre la muerte de su madre. Muchos autores hablan de la muerte del padre, pero yo quise hablar de la muerte de la madre, que era la que más me preocupaba y obsesionaba por mi propia experiencia. Y luego la frustración por esta muerte a causa de la burocracia y la frialdad de ella, la injusticia de estos procesos fue algo que también afloró en este texto.
¿La visión feminista está siempre presente en tu escritura?
Creo que fue cuando viajé a los EE. UU.; me acerqué otra vez al feminismo allí. Cuando entré a la universidad lo sentí muy cercano, pero cuando ingresé a la facultad me volví a alejar de ello, y eso ocurrió en los años noventa. La universidad es como una pequeña visión del universo, y es sabido que en los noventa hubo una total despolitización de la gente: la gente estaba harta, y también había una represión muy fuerte, hubo lo que se llamó «apagón cultural». Todavía había rezagos de las movidas contracultura de los ochenta, y luego después del autogolpe, desde el año 92 en adelante; no es que no se produjeran libros, pero el fervor con el que había comenzado esta época no estaba presente. Hacia principios de los noventa estaba muy conectada, pero luego se fue perdiendo, no solo por mi parte sino que en general ya no hubo tanto interés. Además, para ese tiempo el feminismo dejó un poco las calles y pasó a una vida más institucional, se creó el Ministerio de la Mujer en la época de Fujimori. Más bien, quedabas como un personaje aislado frente a esas reivindicaciones. Pero cuando fui a EE. UU. hubo nuevamente una conexión, estaba en un espacio bastante democrático en muchos sentidos. También tuve la oportunidad de leer mucha teoría y eso hizo que mi poesía, de alguna manera muy intuitiva ―porque no metía directamente la teoría en mi poesía― fuera un canal para interiorizar estas lecturas. Mis lecturas de Monique Wittig, Hélène Cixous y de Judith Butler, fueron entrando de alguna u otra manera para pensar el poemario Ya nadie incendia el mundo, para pensar en el cuerpo femenino como una escisión, pero también en el cuerpo de la nación. Esas reflexiones que se habían hecho en estos libros pudieron asentarse bien en mi poética. Así fue como me volví a conectar. Tiempo después, cuando hubo esa vuelta a Perú y América Latina, en general, de las mujeres a la calle, de salir de las instituciones para exigir reivindicaciones, es en ese contexto que surge el Comando Plath para, sobre todo, revisar el material y las relaciones diferenciadas entre los géneros en el campo de la literatura y la invisibilización de las mujeres en este ámbito.
De la mayoría de escritores y escritoras de los últimos años (década de los ochenta y noventa), los que son más conocidos y difundidos son hombres. Estas historias tratan sobre la existencia, la vida y la experiencia masculina. Casi no hay experiencias femeninas en narrativa.
En los años ochenta y noventa recién aparecen algunas voces femeninas en narrativa, pero muy al final, y son muy pocas. En poesía hay muchas más, aparece Carmen Ollé, Mariela Salas, pero no se comparan con el número de voces de hombres que hay. Recién en estos tiempos se está rescatando a Pilar Dughi, Laura Riesco. Ellas no escribieron mucho, pero lo que escribieron no tuvo la difusión que sus pares hombres.
Hablemos un poco sobre Louise Glück. ¿Crees que el hecho de que una poeta haya ganado el premio Nobel le da un impulso comercial a la poesía? ¿Consideras que esto le devuelva la mirada a la poesía?
La poesía siempre ha tenido un lugar marginal dentro de los géneros de la literatura por diferentes razones. En los últimos años, la poesía ha sido puesta en el banquillo del repechaje a partir del siglo xxi por otras cuestiones que habría que analizar, que tienen que ver con el mundo editorial, las grandes trasnacionales y los grandes conglomerados que terminan engullendo a las pequeñas editoriales donde se producía literatura y poesía muy diversas. Aunque la poesía siempre sigue su camino, siempre sigue el camino de la autogestión, siempre está presente.
Sí es cierto que ha perdido un poco de su poder simbólico, porque la poesía en el siglo xx tuvo mucho poder simbólico, nunca poder económico pero sí un poder simbólico muy potente. Entonces, el hecho de poner en el centro la poesía y la palabra creo que es importante, porque otra vez se dimensiona esta fuerza y este poder disruptivo que puede tener la palabra. No es necesario entenderlo al cien por ciento, los poemas no siempre se entienden al cien por ciento porque parte de otras leyes, de otras intuiciones; es muy subjetivo. Y por eso decía en otras entrevistas que, por ejemplo, en estas marchas me ha llamado mucho la atención la forma en que se construyeron los carteles de las protestas. Muchos tienen poesía, otros juegan con las metáforas, con las ironías. Otra vez la palabra tiene un peso. Siento que la palabra ha sido totalmente desgastada con la política, porque para muchos jóvenes desde los noventa en adelante, la palabra del poder no valía ni servía, y la palabra del otro no era importante. Pero el hecho de que la palabra vuelva al espacio público y vuelva a la voz de los y las jóvenes, junto con este este sentido de dignidad que es tan importante, le devuelve cierto fuego y el poder subversivo que había perdido por el uso retórico y deshonroso que había hecho el poder de ella. Siento que se está dando ese proceso, y quizá dentro de este proceso el hecho de que Louise Glück haya ganado el Nobel también adquiere otro sentido. Significa este volver a la palabra, a su densidad, a su peso, y que se ponga antes que toda esta arrolladora y muchas veces aplanadora que pueden ser muchas de las ficciones que leemos, que salen al mercado en masa, y en verdad muchas veces estas ficciones no nos dicen nada. ¿Cuántas ficciones en verdad tienen peso, tienen densidad, realmente nos conectan con las cosas que están pasando? Realmente no hay muchas. El hecho de que el mercado y la economía sean quienes dirijan el mundo nos ha metido en este túnel, y siento que ahora veo esa luz donde la palabra está otra vez volviendo, y vuelven los poemas de Vallejo en plena plaza San Martín, están en el jirón Quilca, están en estos altares para Inti, para Bryan, para nuestros jóvenes que han fallecido —o han asesinados, más bien—, entonces eso me parece valioso, la poesía no era inútil finalmente, tiene valor.
Entonces, tal vez no va a cobrar más valor comercial, pero ha vuelto a tomar un lugar en la sociedad.
No, nunca ha tenido un valor comercial. Siempre se ha fotocopiado, se ha pasado de mano a mano, sobre todo entre los poetas. Pero quizá podría recuperar su valor simbólico, el que obtuvo en el siglo xx. Cualquier persona más o menos leída sabía quién es Vallejo, quién es Blanca Varela, y por diversos motivos eso se ha ido perdiendo en los últimos treinta años. Entonces creo que ahora puede volver a tener esa posibilidad.
¿Y cuáles son los poetas que más admiras y qué poetas nacionales actuales puedes resaltar?
Una poeta que para mí es como una madre literaria es Carmen Ollé. Yo he leído no solo Noches de adrenalina, sino casi toda su obra narrativa. Es una poeta con la que hago clic en todo, es una poeta que se lanza en el campo literario, se conecta con su cuerpo, se conecta con las palabras, es una poeta muy valiosa, muy importante, como poeta y como prosista. Para mí ha sido una poeta muy importante en mi literatura.
Podría nombrar a muchos otros porque soy muy ecléctica, como Emily Dickinson, Silvia Plath y también a otros que caen en tu vida. Por ejemplo, en una época leía a Juan Ramírez Ruiz, un poeta de Hora Zero, que estuvo muy cercano a mí durante el tiempo en que escribía Berlín. Ahora puedo decirte que leo un poco de Anne Carson, una poeta muy interesante; aunque mi poesía no va mucho por su línea, me dice muchas cosas a partir de ciertos versos.
Sobre los poetas nacionales actuales, a mí me gustan en particular dos poetas jóvenes: una es Myra Jara y otra es Valeria Román Marroquí. Valeria es muy joven, muy potente, además es activista, es política y es una gran poeta. Tiene veinte años y es una filósofa de San Marcos, dentro del campo de la poesía es muy conocida, el año pasado ganó el premio de la Asociación Cultural Peruano Japonesa. Es muy joven y muy talentosa.